39713(03-07-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Luis Guillermo Salazar Otero  

Aprobado Acta No. 208  

Bogotá,  D.C.,  tres (3) de julio de dos mil  trece (2013).   

ASUNTO  

La Sala se pronuncia sobre la admisibilidad de  la  demanda  sustento  del  recurso  de casación interpuesto por el defensor de  FERNANDO  ARCILA  CALDERÓN,  contra  la  sentencia  del  25  de  abril  de 2012  proferida  por  el  Tribunal  Superior de Ibagué, mediante la cual confirmó la  emitida  el  15 de diciembre de 2011 por el Juzgado Cuarto Penal del Circuito de  esa  ciudad  que  lo  condenó  a ciento treinta y dos (132) meses de prisión y  multa  equivalente  a  mil  (1000) salarios mínimos legales mensuales vigentes,  como coautor del delito de tráfico de estupefacientes.   

HECHOS  

El   6   de   abril   de   2005,     ante     información de fuente  humana,  sobre  la  posible negociación de sustancias  alucinógenas  en  el café  internet  “Llamanet.com”  ubicado  en  la  carrera  octava  entre  calles  24 y 25 de Ibagué,  miembros  de  la  policía judicial se  desplazaron    al    lugar    indicado,   observando  cuando  frente  al  mismo  se  estacionaban     una    motocicleta    y    un  vehículo   Mazda   con   placas  MYF-73  y  BAM-263  respectivamente.   

Después  de  un  diálogo  entre  una  persona que se acerca a pie con  los  ocupantes  del  automóvil y del conductor de la  moto   con   estos,   los  cuales luego se reúnen con  dos  individuos  que permanecen cerca al establecimiento, desciende del  Mazda  un  joven con una canasta en  cinta   sintética,   la  cual  contenía  7  panelas  de  cocaína. En el lugar,  entre   otros,   fue   detenido   FERNANDO     ARCILA     CALDERÓN.   

ANTECEDENTES  

El  6  de  abril de  2005,    la            Fiscalía  21   Seccional  de  la  Uri  de  Ibagué,  declara  la  apertura  de instrucción  contra  ARCILA  CALDERÓN y  otros1.   

El   7   de   abril   de   2005,  rinde indagatoria y el 22 del mismo  mes  y  año, le es impuesta medida de aseguramiento       de      detención  preventiva.   

El    25   de   agosto   de   2006,   la  Fiscalía     9    Seccional    acusó   a  ARCILA  CALDERÓN  en  calidad  de  coautor  del  delito  de  tráfico de estupefacientes,  resolución  que el 23 de julio de 2007 es confirmada  por    la    Fiscalía   Primera   Delegada ante el Tribunal.   

FUNDAMENTOS DE LA IMPUGNACIÓN  

Con  sustento  en la causal 1ª del artículo  207  de  la  ley  600 de 2000,  denuncia  la  violación  indirecta  de la ley sustancial por error de hecho por  falso juicio de identidad.   

A  su  juicio,  el  Tribunal  distorsionó,  cercenó  y  adicionó   la prueba documental y testimonial enunciada en la  demanda,  lo  cual  llevó  a la vulneración mediata de los artículos 238, 277  del  código  de  procedimiento  penal  e  inmediata  del 376 del Código Penal,  reformado por el 11 de la ley 1453 de 2011.   

Luego  de  transcribir  dos  apartes  de  la  sentencia  y criticar al Tribunal por la credibilidad que otorga a las versiones  de  Pedro  Moreno,  José  Javier  Ibáñez, Omar Cubillos, Pedro David Vargas y  Edith  Reyes,  las  que considera consistentes y serias, el casacionista expresa  que   con   ellas   no   puede   darse   por   cierta   la  responsabilidad  del  acusado.   

Estima equívoca la afirmación de acuerdo con  la  cual  las  declaraciones de Cubillos Castilla e Ibáñez Gutiérrez, agentes  del   Das   que   participaron   en   la   incautación  de  la  droga,  no  son  contradictorias,  como también advierte que si el Director del Operativo con su  posición  privilegiada,  no  se  percató  de  la  entrega  o  negociación del  alcaloide,  es  porque  del  vehículo  conducido  por  el  acusado no salió la  droga.   

En  su  opinión, ese hecho hace relevante la  declaración  de Lina María Bernal Rodríguez, para quien la persona que estaba  cargando  la  droga no fue capturada, mientras enseña las contradicciones entre  la  versión  inicial de Ibáñez con la rendida en el juicio, para concluir que  los   juzgadores  le  dieron  una  “interpretación  forzada  a  esta  declaración”, la cual no puede ser  el   punto   de   partida   para   atribuirle    responsabilidad  penal  al  procesado.   

Finalmente  señala que debe diferenciarse el  indicio  de  la  sospecha,  e  insiste en que en la contemplación material a la  prueba  se  le  pone  a  decir  lo  que objetivamente no aparece en su contexto.   

CONSIDERACIONES  

La  demanda  falta  a  los  presupuestos  de  técnica  exigidos  en esta sede, dado que el cargo propuesto contra el fallo de  segunda  instancia se queda en su simple enunciación, al omitir el casacionista  en  su  desarrollo  indicar en forma clara y precisa sus fundamentos, conforme a  la  exigencia  prevista  en  el  numeral  3º del artículo 212 de la ley 600 de  2000.   

En efecto, aun cuando el recurrente señala la  causal,  la forma de violación de la ley, la clase de error y su especie, en su  desarrollo  omite  las  exigencias  requeridas  para su demostración, en cuanto  deja  de  reproducir  lo  dicho  por  la  sentencia  respecto de cada una de las  pruebas  citadas  en  la  demanda  que  considera  tergiversadas, precisar cómo  fueron   adicionadas, alteradas, distorsionadas o mutiladas y la incidencia  del error en la sentencia.   

En  ninguna  parte  de  la  demanda confronta  literalmente  el  fallo  con  las pruebas sobre las cuales predica el error, con  excepción   de   lo   manifestado   por   el   testigo  José  Javier  Ibáñez  Cifuentes,   no para hacer visible su tergiversación sino para mostrar las  contradicciones   en   su   dicho,   lo   cual   no  se  aviene  con  el  reparo  propuesto.   

Señalar  que el Tribunal hace decir una cosa  distinta  al informe del Das 02218, a las versiones del acusado ARCILA CALDERÓN  y  de  los  declarantes José Javier Ibáñez, Pedro Moreno, Pedro David Vargas,  Omar  Cubillos, Luis Alberto Ceballos, Lina María Bernal y Edith Suderly Reyes,  sin  mostrar  en  el  libelo lo dicho literalmente por la prueba, es enunciar el  cargo.   

El   error    no  es  evidente  ni  se  estructura,    porque   el   Tribunal   diga   que   el   a   quo   “Fundamentó  los  argumentos  de  la condena en la coincidencia,  credibilidad  y  seriedad que ofrecen el informe y los testimonios enunciados en  la  hipótesis  delictiva”, y luego refiera cómo los  acusados  son  sorprendidos  en  el  momento  de  la  entrega  y  recibo  de  la  droga.   

Tampoco     al    darle    “plena    credibilidad”    a    las  aseveraciones  de  los  testigos  Moreno  Rosero,  Ibáñez Gutiérrez, Cubillos  Castilla,  Vargas Santander y Reyes Ocampo, o al repetir lo dicho por el juez de  primera  instancia  sobre  el  momento en que llega al lugar el vehículo blanco  conducido  por ARCILA CALDERÓN, el casacionista demuestra el error reprochado a  la sentencia.   

Menos  cuando  critica  la  atribución  de  responsabilidad  al  procesado,  a partir de lo dicho por varios deponentes, sin  precisar  cuáles,  quienes  manifestaron  que González Jiménez fue la persona  que  descendió  del  vehículo y entregó la droga a Cruz Vélez, y la falta de  uniformidad  de  los agentes que participaron en el operativo en el recuento del  supuesto fáctico.   

Esta  manera  de  sustentar el cargo, deja al  descubierto  la  inconformidad  del  demandante con la valoración probatoria de  las  instancias  y  no  el  error  de  juicio postulado en el escrito, con mayor  razón  cuando  a  continuación  agrega que es inadmisible que los funcionarios  del   Das   “digan   una   cosa   y   otros  digan  otra”,     frente    a   las   circunstancias  relacionadas  con  la  materialidad y el grado de participación de las personas  acusadas.   

En  este sentido, queda claro que el problema  planteado  no  es  de  falseamiento de la prueba sino de su valoración, en cuyo  caso la clase de error es otro.   

De  ahí  que  discuta  la  aseveración  del  Tribunal  según  la  cual,  las  declaraciones  de Cubillos Castilla e Ibáñez  Gutiérrez  no  son  contradictorias  y soportan la tesis delictiva, labor en la  que  se  esfuerza  por  mostrar  que  el  último citado a pesar de su posición  privilegiada,  que  admite  el  fallo  censurado,  no guarda coherencia entre su  versión inicial con lo declarado en juicio.   

Así   las   cosas   no  es  un  asunto  de  tergiversación  de  la  prueba,  sólo porque la sentencia de segunda instancia  desconozca  la  contradicción  en  que  incurre Ibáñez Gutiérrez, dado que a  juicio  del casacionista este testigo dijo la verdad únicamente en la audiencia  pública,  sino  porque  “en realidad de verdad los  falladores   de   instancia   le  dieron  una  interpretación  forzada  a  esta  declaración  y  llegaron  a  conclusiones que objetivamente no se desprenden de  ella”.   

Cuestiona  entonces  que  el  Tribunal  haya  acogido  la  versión  de Ibáñez Gutiérrez y la antepone a la declaración de  Lina  María  Bernal,  para  señalar sin haberlo demostrado que el “contenido  material” de la prueba fue  tergiversado,  cuando  desde  el  inicio  en  la demanda relaciona sinnúmero de  medios  probatorios  sobre  los  cuales  recae el error que ahora restringe a un  único testimonio.   

Conforme  con  lo visto y así insista en que  “no  es  una simple oposición de esta defensa a la  valoración  probatoria  efectuada  por  la Sala”, lo  cierto  es  que  el  escrito  se  asemeja  a  un alegato de instancia con el que  pretende  imponer  su  criterio  acerca  del  valor de la prueba, sin mostrar su  tergiversación en la contemplación material de ella.   

No  otra  puede  ser  la razón, cuando en la  demanda  se ocupa en diferenciar el indicio de la sospecha y afirma que también  “los falladores de instancia incurren en errores de  hecho  por  falso  juicio  de identidad en esa apreciación suasoria”,  haciéndose  evidente  la  confusión  del  casacionista en el  desarrollo del error propuesto.   

En  consecuencia,  la  Sala  inadmitirá  la  demanda  porque  no  reúne los presupuestos materiales para ordenar su trámite  ni  tampoco  dispondrá  su  intervención  oficiosa en este asunto, en tanto no  vislumbra   la   afectación  de  los  derechos  y  de  las  garantías  de  los  intervinientes.   

Finalmente  se  advierte  que  el  demandante  recibió  poder  de  José  Humberto  Sánchez Cristancho, Damián Cruz Vélez y  Luis  Enrique  González  Jiménez  para presentar el recurso de casación y aun  cuando   enuncia   en  la  demanda  ser  defensor  de  ellos,  no  sustentó  la  impugnación  extraordinaria  respecto  de  los  mismos,  por  lo  cual  en esta  oportunidad habrá de ser declarada desierta.   

En  mérito de lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

1.   Inadmitir   la  demanda  de  casación  presentada por el apoderado de FERNADO ARCILA CALDERÓN.   

2.  Declarar desierto el recurso de casación  interpuesto   por  el  apoderado  de  los  procesados  José  Humberto  Sánchez  Cristancho, Damián Cruz Vélez y Luis Enrique González Jiménez.   

Contra    esta    decisión no procede recurso alguno.   

Notifíquese  y en su oportunidad devuélvase  el expediente al tribunal de origen.   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ   LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                       FERNANDO                          ALBERTO                         CASTRO  CABALLERO                

MARIA    DEL   ROSARIO   GONZALEZ   MUÑOZ                                                     GUSTAVO       E.       MALO       FERNÁNDEZ   

LUIS       GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                                                  JAVIER    DE   JESÚS  ZAPATA ORTIZ   

                          

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  Dispuso  también  oír  en  indagatoria  a  Damián Cruz Vélez, José Humberto  Sánchez  Cristancho,  Gildardo Rodríguez Gallo, Harol Viller Trujillo Borras y  Luis Enrique González Jiménez; folio 22, cdno original 1.     

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