39440(26-06-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

                            JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                            Aprobado Acta No. 195   

Bogotá,  D. C., veintiséis (26) de junio de  dos mil trece (2013).   

ASUNTO  

Estudia la Corte la posibilidad de admitir la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de BLAS MIGUEL SALGADO DÍAZ  contra  el  fallo  de  segunda  instancia proferido por el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Cartagena,  en  el cual confirmó la pena de 25 años de  prisión  que  le  impuso  a  la  referida  persona el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  de  Descongestión  de  dicha  ciudad  como responsable de la conducta  punible de homicidio agravado.   

SITUACIÓN    FÁCTICA    Y    ACTUACIÓN  PROCESAL   

1. El 25 de mayo de  1996,  en  horas  de  la  noche,  tres  sujetos se subieron a un bus de servicio  público  que  se  desplazaba por el barrio El Líbano de Cartagena. Como una de  esas  personas  llevaba  consigo  un  arma  de fuego, amenazaron al ayudante del  conductor,  exigiéndole que les entregara dinero. Éste se resistió, empujó a  uno   de  ellos  e  intentó  escabullirse.  La  reacción  de  los  atracadores  consistió  en  disparar  de  forma indiscriminada a los pasajeros. Un proyectil  impactó  la  cabeza  de  Yacira  Esther  Flórez  Díaz,  circunstancia  que le  ocasionó la muerte.   

Acompañaba  a la fallecida su esposo, Walter  Antonio  Padilla  Ramos.  Él  identificó  a  BLAS MIGUEL SALGADO DÍAZ como el  asaltante  que  accionó  el  arma  de  fuego, a quien ya lo había visto en los  autobuses hurtando a otras personas.   

2. Debido a ello, la  Fiscalía  General  de la Nación ordenó la apertura del proceso y, después de  practicar  el  testimonio  de  Walter  Antonio  Padilla Ramos, vinculó mediante  declaratoria   de   reo   ausente   a  BLAS  MIGUEL  SALGADO  DÍAZ.   Agotada  la  instrucción,  calificó el  mérito   del  sumario  el  30  de  agosto  de  2002,  acusándolo  por el delito  de        homicidio        agravado,  según  lo  previsto  en los artículos 103 y 104 numeral 7 de la  Ley  599  de  2000, actual Código Penal, en aplicación del principio de la ley  más favorable.   

3. Ejecutoriado el  pliego   de   cargos   el   5   de  julio  de  20031, le  correspondió  asumir  la  etapa    siguiente   al  Juzgado  Tercero Penal del  Circuito  de  Cartagena.  Sin embargo, por una medida de depuración   adoptada   por  la  Sala  Administrativa  del  Consejo   Superior   de  la  Judicatura,  las  diligencias  fueron  remitidas al Juzgado    Segundo    Penal    de    Descongestión   del   mismo circuito.   

Este   despacho  condenó  a  BLAS MIGUEL SALGADO DÍAZ por la conducta  punible  imputada a 25 años de prisión, así como de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas.   Igualmente,   le   negó  tanto  la  suspensión  condicional  de  la ejecución de la pena  privativa   de   la   libertad   como   la  prisión  domiciliaria.   

4.  Apelada  la  decisión por la  defensa, el  Tribunal      Superior      del      Distrito  Judicial de Cartagena la confirmó en lo que fue objeto de  debate.  No  obstante,  la  modificó en el sentido de  declarar    que    la  sanción  accesoria de ley  debía  reducirse al máximo permitido por el anterior  Código    Penal,   esto   es,   a   10   años   de  inhabilitación.   

5.  Contra  el  fallo  de  segundo  grado,  presentó  el  abogado  de BLAS MIGUEL SALGADO DÍAZ el  recurso  extraordinario      de      casación.   

LA DEMANDA  

1.  Propuso  el  recurrente  tres  cargos, todos al amparo de la causal  primera  cuerpo  segundo de casación, por  violación  indirecta de la ley sustancial derivada de errores de  derecho  en  la  valoración  de la prueba,  lo  que condujo a la afectación del principio de presunción de  inocencia.  Sustentó  su  postura  de  la  siguiente  forma:   

1.1. Falso     juicio    de    convicción.  El Tribunal hizo suyos los  yerros  de  la  primera  instancia  al  tener  como elementos de convicción las  declaraciones  de  Walter  Antonio  Padilla  Ramos  y Deivis Martínez Zabaleta,  ambas  con  fecha  25 de mayo de 1996, así como la diligencia de reconocimiento  fotográfico    practicada    el    31    de    mayo   siguiente.   Dichos    actos   surgieron   de   unas  diligencias  previas  que  por  propia iniciativa adelantó la policía.   Por  consiguiente,  sólo  podían  utilizarse como criterios orientadores de la investigación.   

1.2. Falso    juicio    de    convicción.  El  ad  quem sostuvo que  tanto  el  acta  de  levantamiento  del  cadáver como el protocolo de necropsia  servían  de  soporte  a  la  condena.  Esta  apreciación  es  equivocada,  en  tanto  tales pruebas, por  sí   mismas,   no  apuntan  a  demostrar  la  responsabilidad  penal  del  procesado.  También arguyó el  Tribunal  apoyarse  en  la  declaración  de  Walter  Padilla Salgado. Pero esta  diligencia es una denuncia y, por lo tanto, tiene un  estricto valor informativo, carente de entidad probatoria.   

1.3. Falso        juicio        de        legalidad.       El juez plural le dio al testimonio de  Walter  Antonio Padilla Ramos practicado ante la Fiscalía un valor legal que no  le  correspondía.  Ello es así, porque en  éste  se practicó una especie de  reconocimiento  fotográfico, pero no estuvo presente un profesional del derecho  que  protegiese los derechos de BLAS MIGUEL SALGADO DÍAZ, tal como lo disponía  el artículo 369 del Decreto 2700 de 1991 entonces vigente.   

1.2.   En  consecuencia,  solicitó  a  la  Corte  casar la sentencia  del    Tribunal    y    “proceder   según   las  consideraciones    del    artículo    217    de   la   Ley   600/00”2.   

CONSIDERACIONES  

1. La casación es un  recurso  extraordinario  que permite cuestionar, ante la máxima autoridad de la  justicia  ordinaria, la correspondencia de una sentencia de segundo grado con el  orden jurídico.   

Dicha  confrontación  repercutirá  si  se  descubre   en  el  fallo  un  error  de  juicio  o  de  trámite  jurídicamente  trascendente,  ya  sea  propuesto por el recurrente o advertido de oficio por la  Corte.   

Una  decisión  ajustada  a  derecho,  por el  contrario,  es  aquella  que  logra  sobrevivir  racionalmente  a  la  crítica.   

La  crítica  será  irrelevante  si no logra  refutar  la  providencia,  es  decir,  si  no  demuestra,  bajo  los parámetros  jurisprudenciales,  que  riñe  en  aspectos  sustantivos  con  la Constitución  Política, la ley o los principios que las rigen.   

Un alegato de instancia, por el contrario, no  necesariamente  está  basado  en  la  lógica del error. El sujeto procesal, en  esos  casos,  le  expone  a  los  jueces  de  primer y segundo grado una postura  fáctica  o  jurídica susceptible de resolver o de explicar los temas debatidos  en  el  proceso.  Pero  en  ningún  momento está obligado a establecer que las  decisiones  precedentes  (resolución  de  acusación  o  sentencia  del  a quo)  estuvieron determinadas por equivocaciones relevantes.   

De  ahí  que  la  demanda de casación nunca  podrá  equipararse a un alegato de instancia, máxime cuando los artículos 212  y  213 de la Ley 600 de 2000 (Código de Procedimiento Penal aplicable para este  asunto)  exigen una presentación lógica y adecuada a las causales establecidas  en  el  artículo 207 de tal estatuto, así como el desarrollo de los cargos que  por  los  yerros  de  trámite  o de juicio haya propuesto el recurrente, con la  demostración    de    su    importancia    para   efectos   de   la   decisión  adoptada.   

2.  En este asunto,  ninguno  de  los  tres  cargos propuestos por el defensor de BLAS MIGUEL SALGADO  DÍAZ  cuenta  con  los  fundamentos necesarios para probar la configuración de  algún   yerro  susceptible  de  ser  estudiado  por  la  Corte,  e  incluso  el  recurrente,   en  la  sustentación  de  los  reproches,  partió  de  supuestos  contrarios a la realidad de lo decidido.   

Cuando  en  sede  de  casación se propone la  violación   indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error  de  derecho  en  la  valoración  de la prueba, el demandante tiene la carga procesal de (i)  precisar la modalidad del vicio, que  puede  obedecer  a  un  falso juicio de legalidad y, de manera excepcional, a un  falso   juicio  de  convicción;  (ii)  indicar  el  precepto  desconocido  o  vulnerado  por  el ad quem; y  (iii)  demostrar  que  el  error  determinó  o  suscitó  la  decisión  de  la  parte  resolutiva  de  la  sentencia,   de   modo   que   sin   aquél   hubiera   debido  proferirse  otra  distinta.   

Acerca del falso juicio de legalidad, la Sala  tiene  dicho  que  se  da  cuando  el juzgador le otorga validez jurídica a una  prueba,  equivocándose  al considerar que cumple con las exigencias formales de  producción   e   incorporación,   o  cuando  le  niega  validez  al  medio  de  convicción, a pesar de haber observado tales requisitos.   

Y,  en  lo que al falso juicio de convicción  atañe,  éste  ocurre  cuando  el juzgador le niega a la prueba el valor que la  ley  le  asigna  o  cuando le da uno que legalmente no le corresponde. Y como el  ordenamiento  jurídico colombiano obedece al sistema de la persuasión racional  o  de  libre  valoración de la prueba, sólo se presentaría en contados casos,  como  cuando  el  juez  desconoce  la  tarifa  legal  negativa que el legislador  consagra  en el artículo 314 de la Ley 600 de 2000, relativa a los informes que  la     policía     judicial    elabora    en    las    labores    previas    de  verificación.   

En  este  caso,  el  defensor  de BLAS MIGUEL  SALGADO  DÍAZ  partió,  en  el primer reproche, del supuesto según el cual el  Tribunal  le  dio valor probatorio a las actividades realizadas por los miembros  de  policía  judicial.  Lo  anterior no es cierto. Los únicos medios de prueba  que  apreció  el  ad  quem  en  su  fallo  fueron  el  acta de levantamiento de  cadáver,  el  protocolo  de  necropsia  y  las declaraciones de Wilfrido Rafael  Flórez  Martínez  (tío  de  Yacira  Esther  Flórez  Díaz), Deivis Martínez  Zabaleta  (ayudante de conducción) y Walter Antonio Padilla Ramos (esposo de la  víctima),   de   cuyo   testimonio   destacó   “el  inequívoco   señalamiento   que   hizo  del  autor  del  homicidio”3,  debido a que “se  encontraba  en una posición excepcional que le permitía captar  lo  que  en  su  alrededor  ocurría  y  sin  que  asomara ningún interés para  deformar   la  verdad”4.   En   otras   palabras,  lo  consideró   el  principal  testigo  para  derivar  respon-sabilidad  penal.  El  reproche, por consiguiente, es infundado.   

En cuanto al segundo cargo, el demandante, por  una  parte,  ni siquiera se atuvo a la naturaleza y concepto del falso juicio de  convicción,  porque  en  lugar  de  referirse a un precepto legal que de manera  excepcional  limitase  el principio de libertad probatoria, simplemente reclamó  porque  el  Tribunal  tuvo  en  cuenta el acta de levantamiento de cadáver y el  protocolo de necropsia como sustentos de su decisión.   

De   cualquier  manera,  el  recurrente  se  respondió  a sí mismo su inquietud en el desarrollo del reproche, pues arguyó  al  respecto  que  si  bien  “tales  pruebas por sí  mismas    no    sirven    para   apuntalar   responsabilidad   penal”5,  reconoció  no  obstante que  “son únicamente la prueba objetiva de la existencia  del  reato de homicidio”6.  Por  lo  tanto,  sí tenían  cierto  mérito  como  “soporte a la condena de BLAS  MIGUEL    SALGADO”7.  Y  el  que  no demuestren de  manera  directa  la  responsabilidad  penal  del  procesado  obedece  a  un dato  irrelevante,  porque,  como  ya  se  anotó, aquélla la extrajo el Tribunal del  testimonio  inequívoco de Walter Antonio Padilla Ramos, esposo de la fallecida,  ante la Fiscalía General de la Nación.   

Por   otra  parte,  esto  último  también  repercute  respecto  de  lo relatado por Wilfrido Rafael Flórez Martínez (tío  de  la víctima), de quien el profesional del derecho aseguró que apenas tenía  valor  informativo,  porque  se trataba de una simple denuncia penal. Así fuera  ajustado  a  la  verdad que lo señalado por esta persona no podía ser valorado  como  prueba, el recurrente no explicó las razones por las cuales ello tendría  trascendencia,  ya  que, en cualquier caso, la decisión de los jueces seguiría  apoyada  en  la  declaración  del  testigo  principal  Walter  Antonio  Padilla  Ramos.   

Finalmente,   en  el  tercer  reproche,  el  demandante  cuestionó la legalidad del testimonio de este último, porque en su  criterio  se  adelantó  allí  una  diligencia  de  reconocimiento fotográfico  irregular, por no contar con la presencia del defensor.   

Esta  postura  también  es  insostenible. La  Sala,  de  tiempo atrás, ha precisado que no tiene la calidad de reconocimiento  fotográfico  el  acto  que  busca  establecer  la  identidad de una persona con  registros  fotográficos,  razón por la cual no se necesita de abogado defensor  para practicarlo:   

“La diligencia  de  reconocimiento  a  través  de  fotografías,  cuya  práctica  regulaba  el  artículo  369  del Código de Procedimiento Penal entonces vigente (hoy 304 del  nuevo  estatuto),  presupone  la  existencia  de  un  imputado,  de  una persona  conocida,  a  quien  se  le  atribuye  el hecho, y de quien se tiene un registro  fotográfico.  Es lo que surge del contenido de la norma, donde se establece que  el  reconocimiento  deberá  hacerse sobre su fotografía, acompañada de por lo  menos  seis  fotografías  más.  En  tratándose  de esta prueba, la diligencia  requiere  para  su  validez  la  presencia  del  defensor  del imputado (persona  conocida) y un representante del Ministerio Público.   

”Cuando no se  tiene  imputado conocido, y de lo que se trata es de establecer su identidad con  la  ayuda  de  registros  fotográficos,  no es necesario el cumplimiento de las  referidas  exigencias,  por  no  estarse  frente a un reconocimiento propiamente  dicho  (de  un  imputado),  sino  frente a un simple acto de constatación de su  identidad,  y  porque  la  intervención  del defensor sólo tiene sentido en la  medida  que  exista  una  persona  debidamente determinada a quien representar o  asistir   en   el   curso  de  la  diligencia.  La  designación  de  defensores  ‘en  abstracto’,  ha  sido  dicho  por  la  Corte,  no  tiene  cabida  en el procedimiento penal”8.   

En el presente asunto, Walter Antonio Padilla  Ramos,   en  su  declaración  ante  la  Fiscalía9,  afirmó  saber quién era el  sujeto  que  accionó  el arma de fuego contra su esposa, aunque no sabía cómo  se    llamaba    (“[s]í   lo   vi,   […]  [e]l nombre práctica-mente no se lo  sé,  pero  supe  que  le dicen el Zorra”10). Es decir,  se  trataba de un imputado no conocido, de una persona aún no identificada. Por  tal  razón, el Fiscal decidió realizar un acto tendiente a lograr la identidad  de  tal  persona, que arrojó resultados positivos. Así quedó registrado en la  diligencia:   

“Como quiera  que   el   declarante   afirma   reconocer  a  los  sujetos  descritos  por  él  anteriormente,  bien  en  forma  general o por fotografía, y dentro del proceso  existen  siete  fotos,  se le ponen de presente a fin de que informe al despacho  si  reconoce alguno de éstos como uno de los sujetos descritos por él. Diga si  usted  conoce  o  ha  visto con anterioridad a estos señores que aparecen en la  fotografía;  de  ser  así diga dónde y por qué. Constancia, al declarante se  le  ponen  de  presente las fotos antes mencionadas. Contestó. Sí reconozco al  marcado  con  el número 12053, yo lo había visto antes atracando un bus que yo  venía  de  pasajero también, eso fue en febrero del año antepasado y ahora lo  vi    otra    vez    cuando    iba    a    atracar   al   sparrin   [sic],  el día 25 de mayo a las siete  de  la  noche, el bus de Olaya Centro, ese señor era el que tenía el revólver  y  comenzó  a  disparar y cuando terminó de disparar se bajó del bus y salió  corriendo     y    los    otros    también    salieron    corriendo”11.   

Como  dicho  proceder  no es desconocedor del  debido   proceso  probatorio,  ni  de  cualquier  otro  principio  de  raigambre  judicial,   el   último   reproche,   en  consecuencia,  carece  igualmente  de  fundamentos.   

De  acuerdo  con  lo hasta ahora indicado, lo  único  que  advierte  la  Corte es la simple inconformidad del apoderado con la  decisión  del  Tribunal.  Pero  como  a  esta  altura  de  la  actuación dicha  providencia   se  presume  acertada,  así  como  ajustada  a  la  Constitución  Política  y  a  la  ley, deberá prevalecer lo decidido por el ad quem frente a  cualquier  otra  consideración  que,  como  las  del  escrito,  no  conduzca  a  demostrar  un  yerro  susceptible de ser abordado en casación. Por lo tanto, la  demanda  no  será  admitida.  Y, adicionalmente, como la Sala tampoco encuentra  violación  alguna  de  las garantías mínimas de las cuales sean titulares los  procesados,  no  hará  algún  pronunciamiento  oficioso  contra  la  sentencia  dictada por el juez plural.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE   SUPREMA   DE  JUS-TICIA, SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

NO  ADMITIR  la  demanda    de   casación   presentada   por  el  defensor  de  BLAS  MIGUEL SALGADO DÍAZ contra     el     fallo         de        segunda  instancia  emitido  por  el   Tribunal   Superior   del  Distrito  Judicial de Cartagena.   

Contra esta providencia, no procede recurso  alguno.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al  Tribunal de origen   

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS  MARTÍNEZ   

                                                                                                            

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO      FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

                                                                        Impedido   

MARÍA  DEL  ROSARIO     GONZÁLEZ     MUÑOZ     GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                JAVIER ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1   Reverso   del   folio   80  del  cuaderno  I  de  la  actuación  principal.   

2 Folio 13 del cuaderno de demanda.   

3 Folio 25 del cuaderno del Tribunal.   

4  Ibídem.   

5 Folio 9 del cuaderno de demanda.   

6  Ibídem.   

7  Ibídem.   

8 Sentencia de 24 de abril de 2003, radicación 15931.   

9  Folios 38-41 del cuaderno I de la actuación principal.   

10  Folio 39 ibídem.   

11 Folio 41 ibídem.     

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