39404(01-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado Acta No. 364  

Bogotá D.C., primero (1°) de octubre de dos  mil doce (2012).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de casación presentada por los defensores de los acusados Juan  Manuel  Meza  Nieves y José Santiago González Angarita, contra la sentencia de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de Bogotá, el 20 de  febrero  del  año  que trascurre, a través de la cual confirmó la dictada por  el  Juzgado 1º Penal del Circuito de Descongestión, el 15 de noviembre de 2011  que  condenó  al  primero  como  autor  del  delito  de  estafa  agravada en la  modalidad  de tentativa y al segundo como autor del punible de falsedad material  en   documento   público   en   concurso  con  tentativa  de  estafa  agravada.   

ANTECEDENTES  FÁCTICOS   

          El  22  de  octubre  de  2002,  la  señora  Blanca  Marisol  Campos  adquirió  un  inmueble  ubicado  en  el municipio de Tocancipá al señor Roger  Antonio Hernández Gutiérrez por valor de $80.000.000.   

          El  14  de  agosto  de 2003, el señor Darío Alejandro Melo García  bajo  engaño adquirió supuestamente el susodicho bien de Blanca Marisol Campos  por  valor  de  $180.000.000,  sirviendo de intermediarios Javier Iván Momoli y  Juan  Manuel Meza Nieve, quienes le adeudaban a Darío Alejandro Melo la suma de  $97.000.000  que  pagarían  con  el predio en mención, debiendo el señor Melo  García cancelar la diferencia.   

          Ese  mismo  día,  este  último acudió ante las autoridades con el  fin  de  denunciar que lo estaban suplantando como aparente dueño del inmueble,  pues  terceras  personas  lo estaban ofreciendo en venta, concretamente Santiago  González se estaba haciendo pasar por Darío Alejandro Melo.   

          Como   consecuencia  de  esta  denuncia,  fueron  capturados  en  el  establecimiento  comercial  del señor Melo García, Lina Yineth Joya y Santiago  Angarita  cuando  pretendían  finiquitar  la  negociación  sobre el predio, la  primera  haciéndose  pasar por Blanca Marisol Campos y el segundo por Alexander  Mena, exhibiendo para el efecto cédulas de ciudadanía falsas.   

          El  21  de abril de 2004, Blanca Marisol Campos denunció penalmente  a  Darío  Alejandro  Melo  al  enterarse  que  el  inmueble de su propiedad fue  vendido  a  este  señor  sin  que  ella  consintiera  la  celebración de dicha  negociación.   

         

ANTECEDENTES    PROCESALES    RELEVANTES   

          1.  Por los hechos antes narrados, fueron vinculados al proceso Lina  Yineth  Joya  y Santiago González, a quienes se les endilgó el cargo de estafa  agravada,  al tiempo que se ordenó la vinculación de Juan Manuel Meza Nieves y  Javier Iván Momoli Guevara.   

          2.  Mediante  resolución  del 12 de diciembre de 2006, se profirió  resolución  de  acusación  contra  Santiago González como autor del delito de  falsedad  material  en  documento  público  agravada por el uso en concurso con  estafa  agravada en la modalidad de tentativa, también como cómplice de estafa  agravada,  mientras que Juan Manuel Meza Nieves y Javier Iván Momoli Guevara lo  fueron  como  coautores del punible de estafa agravada. La procesada Lina Yineth  Joya se acogió a sentencia anticipada.   

          3.  El  pliego  acusatorio  fue  impugnado  por  la  defensa  de los  acusados,   siendo   confirmado   en   su   integridad   el   24   de  enero  de  2008.   

          4.  La  etapa  de  juicio fue adelantada por el Juzgado 23 Penal del  Circuito,  pero por medidas de descongestión, la sentencia de primera instancia  fue  proferida por el Juzgado 1º Penal del Circuito de Descongestión que el 15  de  noviembre  de  2011,  condenó a Santiago González Angarita a la pena de 48  meses  de  prisión,  multa  de  25 SMLMV e inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo término que la pena de prisión,  como  autor  de los delitos de falsedad material en documento público, agravada  por el uso y estafa agravada en la modalidad de tentativa.   

          A  Juan  Manuel Meza Nieves y Juan Iván Momoli Guevara los condenó  a  la sanción de 30 meses de prisión, multa de 25 SMLMV e inhabilitación para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por 30 meses, como coautores del  punible de estafa agravada en la modalidad de tentativa.   

          5.  Contra  la  anterior decisión, los defensores de José Santiago  Angarita  y Juan Manuel Meza, interpusieron el recurso de apelación el cual fue  resuelto  por  una  Sala de Decisión del Tribunal Superior de Bogotá que el 20  de febrero pasado lo confirmó en su integridad.   

          6.  El fallo de segunda instancia fue recurrido en casación por los  apoderados de Juan Manuel Meza y José Santiago González Angarita.   

LA DEMANDA  

          1.   Libelo   presentado   a   favor  de  Juan  Manuel  Meza  Nieves   

          1.1  Acudiendo a la violación indirecta de la ley sustancial por el  sendero  del error de hecho por falso juicio de existencia por omisión, señala  el  censor  que  los falladores de instancia ignoraron pruebas que obraban en el  proceso.   

          Precisa  que  no  se  tuvo  en  cuenta  que  los sindicados Santiago  González  y  Yineth Joya señalaron en sus indagatorias que no conocían a Juan  Manuel  Meza  e  Iván Momoli, lo cual es demostrativo que el hecho criminal fue  cometido exclusivamente por los dos primeros.   

            

          Añade  que  dentro  del  proceso  obran  dos cheques con los que se  demuestra  que  Juan Manuel Meza canceló la deuda que tenía con Carlota Ramos.   

          También  concreta  la  omisión probatoria en el interrogatorio que  rindió  Juan  Manuel  Meza  durante  el  desarrollo de la audiencia pública de  juzgamiento,  al  señalar que mientras estuvo recluido en la cárcel Modelo por  un  hecho  distinto al de este proceso, estuvo incomunicado por un amotinamiento  que  se  presentó en el penal, además del señalamiento de Iván Momoli acerca  de  que  no  conocía a Carlota Ramos ni a Darío Alejandro Melo y por lo tanto,  nunca realizó negociación alguna con ellos.   

          En  palabras  del  censor:  “Así  el H.  Tribunal  omite  el  hecho de que si el señor Juan Manuel Meza Nieves le debía  una  deuda  de  tan alta cuantía a la señora Carlota Ramos, tal y como obra en  el  plenario,  sería  ilógico que el señor Iván Momoli acudiera a esta misma  señora  para  solicitar  otro  préstamo  a favor de mi prohijado, es así como  absurdo  sería  pensar  que  el  señor  Meza Nieves mandaría a Iván Momoli a  solicitarle  dinero  a  un  acreedor  como  así  lo era Carlota Ramos, pues sus  pretensiones  no prosperarían con esta prestamista”.   

          Y  sostiene que así se hubiera solicitado dicho préstamo a Carlota  Ramos  sin  el  consentimiento de Juan Manuel Meza, dicho negocio no se realizó  según  lo  indicó  Iván  Momoli  en  diligencia  del  20  de  junio  de 2006,  circunstancia  demostrativa  de  que  éste  nunca le mostró a Darío Alejandro  Melo  ningún  predio  ubicado  en  la localidad de Tocancipá, pues la deuda se  tenía  era  con  Carlota  Ramos  y  se  canceló  con la entrega de un inmueble  localizado  en  Chinauta,  sin que jamás haya existido vínculo comercial entre  el procesado y el denunciante Darío Alejandro Melo.   

          Concluye  que  todo obedeció a una artimaña de este último sujeto  para  aprovecharse  de  la  buena  fue de Juan Manuel Meza, quien sólo realizó  negocios  con  Carlota  Ramos que para cumplirlos tuvo que hipotecar su finca de  Chinauta y no en Tocancipá.    

          Arguye  que  la  responsabilidad endilgada a Juan Manuel Meza Nieves  es  el  producto  de una confusión de hechos que no guardan relación y que los  negocios  que  hizo Iván Momoli fueron realizados sin consentimiento de aquél.   

          Con  base  en  esta censura, solicita el casacionista que se case la  sentencia,  emitiéndose  el  fallo  de  reemplazo  en el que se absuelva a Juan  Manuel Meza de todos los cargos por los que fue condenado.   

         

Soporta  la necesidad del fallo de casación  en  la  naturaleza  y  gravedad  del  yerro, puesto de presente en el libelo que  desvirtúa  la  tesis  de la coautoría, al igual que se vele por la importancia  de una correcta valoración probatoria.   

1.2   Como   segundo  reparo,  plantea  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error  de  hecho  por falso  raciocinio por desconocimiento de las reglas de la experiencia.   

La  máxima  de la experiencia presuntamente  trasgredida  la  hace  consistir en que no es explicable que un comerciante como  Darío  Melo  pueda  desembolsar  una  gran  cantidad  de  dinero  a un presunto  desconocido  para realizar un negocio de títulos valores extranjeros, sin hacer  firmar   alguna   letra   como   garantía,   pese   a   lo  riesgoso  de  estas  transacciones.   Además  de  que  tampoco  el proceso arroja prueba de que  Darío  Melo  le  haya  entregado  algún  dinero  a  Juan Manuel Meza o a Iván  Momoli.   

Citando una decisión de esta Corte, señala  el  censor  que  dada  la condición de comerciante de Darío Alejandro Melo, le  era  exigible  un  mayor  grado de diligencia que la de un ciudadano del común,  por  lo  que  resulta  inexplicable que no haya dejado constancia de la presunta  entrega  de  dinero  a  Juan  Manuel  Meza,  pese  a  lo  cual  se otorgó total  credibilidad al dicho del señor Melo García.   

Agrega  que  tampoco  existe  prueba  de  la  supuesta  venta  del  lote  de  Tocancipá,  al  menos  una  promesa  de  venta,  añadiendo  que  sí  se  acredita  la inexistencia de dicha transacción con el  hecho  de  que  para  la fecha en la que Darío Melo adquirió ese predio, 14 de  agosto  de  2003, el procesado se encontraba privado de su libertad, pero que de  haberse   materializado,  él  sería  el  más  interesado  en  obtener  algún  documento  con  el  que  se  acreditara  que  estaba  a  paz  y  salvo  con Melo  García.   

Para   el   libelista   las   anteriores  circunstancias  llevan  a  dudar  de  la  veracidad de los hechos narrados en la  denuncia  por  parte  de  Darío Melo, por lo que el fallo debe ser de carácter  absolutorio.   

2.  Demanda presentada a nombre de José  Santiago González Angarita   

2.1  Acudiendo a la violación directa de la  ley  sustancial  por  aplicación  indebida del artículo 287 del Código Penal,  señala  que  su  procurado  no  debió  ser condenado por el delito de falsedad  material  en  documento  público  agravada  por  el uso, en la medida en que no  existe   prueba   de  que  Santiago  González  haya  alterado  una  cédula  de  ciudadanía.   

Añade  que las formas de violación directa  concurren  en  la  decisión  del  Tribunal,  pues se condenó al acusado por un  delito  que  nunca  cometió, dado que su conducta se adecua a la descrita en el  artículo  291  del  Código  Penal,  esto  es, uso de documento público falso.   

Indica   que  tampoco  concurre  medio  de  convicción  que  acredite  la  utilización  de  una cédula falsa por parte de  Santiago  González  con  el  fin  de  identificarse, según así lo acredita la  declaración  del  patrullero  Carlos Andrés Correa Garzón, para luego afirmar  que  el delito que se configura es uso de documento público falso y no falsedad  material en documento público.   

2.2  Señala que se configura una violación  directa  de  la  ley  sustancial  por aplicación indebida del artículo 246 del  Código Penal que regula el delito de estafa.   

Expone  los  elementos  que  configuran este  punible  para indicar que el sindicado no incurrió en este comportamiento, para  lo  cual cita apartes de varias de las declaraciones que rindió Darío Melo, en  orden  a concluir que esta persona no pagó ninguna suma de dinero por el predio  del  municipio  de Tocancipá “sino por el contrario,  las  sumas  de  dinero  correspondían  a una deuda que tenían con anterioridad  Juan  Manuel  Meza e Iván Momoli con el denunciante y por un negocio totalmente  distinto al lote de terreno”.   

Con  base  en  las  trascripciones  de  la  declaración  de  Darío  Melo, sostiene el censor que se evidencia que Santiago  González  no  realizó  ninguna  transacción  con  aquél,  ni recibió dinero  alguno por parte de éste.   

Solicita  el  libelista  que  se  case  la  sentencia  y  por tanto, se absuelva a Santiago González de los delitos por los  que fue condenado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Cualquiera sea la causal invocada, la demanda  de  casación  no  es un escrito de libre elaboración en tanto que debe cumplir  con  los requisitos establecidos en el artículo 212 de la Ley 600 de 2000, como  citar  las  normas  que  se  consideren  infringidas,  determinar  la  clase  de  quebrantamiento,  indicar  los  fundamentos completos con claridad, precisión y  lógica,  en  armonía  con  la  naturaleza  del  vicio  reprochado,  además de  demostrar la trascendencia del yerro en la decisión.   

          Calificación de las demandas   

    

1. Libelo presentado a favor de Juan Manuel Meza     

El   recurrente   plantea  dos  cargos  de  violación  indirecta  de  la ley sustancial, uno por la vía del error de hecho  por   falso   juicio   de   existencia   por   omisión   y   otro   por   falso  raciocinio.   

          1.1     La    Sala    ha    precisado  reiteradamente, en punto de  la   violación   indirecta   de   la  ley  sustancial  por  errores  de  hecho,  que   la   misma   puede  presentarse  en  los  siguientes  casos, a saber: falso  juicio  de  existencia,  falso  juicio  de  identidad  y falso raciocinio. En el  primer  caso, el  juzgador  se  equivoca  al  apreciar la prueba, bien sea porque  obrando   en   el   proceso   omite   valorarla,   o  porque  sin  figurar  en  la  actuación, supone que allí aparece y la tiene en  cuenta   en   su   decisión;   el   segundo  error,  alude  a  la distorsión del contenido de la probanza  cercenándola,         adicionándola        o  tergiversándola;    y    el    tercero, trata de que  el  juzgador  deriva  del  medio   probatorio   deducciones   que   contravienen  los  principios  de  la  sana  crítica,  esto es, los  postulados  de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  las  reglas  de la  experiencia.   

         El  denominado  error  de  hecho por falso juicio de existencia, no  puede  adoptar  sino  dos  características:  suposición  u  omisión  y  es de  naturaleza   puramente   objetiva,  pues  ocurre  en  el  plano  lógico  de  la  aprehensión  material  de  la  prueba durante el proceso de construcción de la  sentencia,    escenario    supuesto    en    el    cual    el   juez,  olvidando  las  reglas legales, omite  considerar  una  que  está dentro del plenario o incluye en sus consideraciones  una   que   no   fue  nunca  recaudada,  esto  es,  hace  uso  del  conocimiento  privado1.   

En cuanto al primero de los vicios alegados,  es  evidente  que  el mismo se funda en el mero desacuerdo del libelista con las  conclusiones  a  las  que  arribó  el  Tribunal,  más  no a una omisión en la  apreciación  de  medios  de  convicción  que  sin lugar a  dudas habrían  llevado a la absolución de los sindicados.   

Consideró el ad quem que no era creíble el  planteamiento  de  Juan  Manuel Meza acerca de que no tenía negocios con Darío  Alejandro  García,  pues  le  otorgó  mérito  a  las  manifestaciones de este  último,  de  donde  no se puede decir que el sentenciador de segundo grado haya  dejado  de  apreciar  lo  depuesto  por  el  procesado,  sólo que no le otorgó  credibilidad.   

                                                                                                

Y  sobre  el  estado  de  reclusión de Meza  Nieves,  también  se  pronunció  el  juzgador, señalando que éste encargó a  Iván  Momoli  y  Fabián  Ortíz  para  que  continuaran  con las negociaciones  mientras se encontraba detenido.   

Tampoco  tuvo en cuenta que la imputación a  título  de  coautor  se  soportó  en  la  asociación  criminal que el acusado  desplegó  junto  con  Iván Momoli, sin que en la misma tuvieran que ver Yineth  Joya  y  Santiago González, como para que el hecho que resalta el censor acerca  de  lo manifestado por estas dos personas sobre que no conocían a Meza Nieves e  Iván  Momoli,  tenga  trascendencia para derruir esta forma de intervención en  el  suceso  criminal  o  su  misma ocurrencia, dado que el ad quem dilucidó con  claridad  que  en  el delito intervinieron varios sujetos en sus distintas fases  de  ejecución,  pues en la primera lo hicieron Juan Manuel Meza e Iván Momoli,  mientras  que  en  la  segunda,  es  decir, en la entrega del lote, participaron  Santiago González y Yineth Joya.   

En   esa   medida,  emerge  claro  que  la  pretensión  del  censor  lejos está de demostrar un falso juicio de existencia  por  omisión,  pues  impone  sus  propias deducciones frente a las del Tribunal  cuando,  por  ejemplo, señala que no resulta lógico que haya acudido a Carlota  Ramos  a solicitar un préstamo cuando ya existía un crédito con esta persona;  o  al  indicar  que  como  la  deuda  estaba  a favor de Carlota Ramos no había  porqué  ofrecer  el predio de Tocancipá a Darío Melo como parte de pago de la  obligación  que  existía  con  aquella, para luego afirmar que todo el proceso  fue  el  resultado  de  una  artimaña  gestada  por Darío Melo, lo que pone de  presente  aún  más  que  el  libelo  no  deja de ser la exposición del simple  inconformismo  del recurrente con el fallo de condena, con base en apreciaciones  subjetivas   y   no   con   los   argumentos  de  naturaleza  exigidos  en  sede  extraordinaria,  en  orden  a  demostrar  errores en la apreciación probatoria.   

1.2 La misma situación se reputa respecto de  la  censura  por  falso  raciocinio,  ya  que  no  precisa el censor si el error  recayó  en  el  hecho  indicador o en la inferencia lógica, simplemente que se  desconocieron  las  reglas de la sana crítica, omitiendo precisar cuál máxima  de  la  experiencia,  principio  de  la ciencia o regla de la lógica desechada.   

Su  intención  se  dirige  a  derruir  la  credibilidad  de los señalamientos de Darío Alejandro Melo, indicando que como  comerciante  debió  guardar algún soporte del negocio de compra que hizo sobre  un  predio  en  la  localidad  de  Tocancipá, ignorando el demandante que es la  escritura  pública de compraventa, debidamente incorporada al proceso, el medio  de  convicción  que  en  criterio  de  los falladores de instancia acreditó la  realización  de  la  transacción  en la que supuestamente Blanca Marisol Campo  Cruz,  transfirió el derecho propiedad a Darío Alejandro Melo García, en cuya  cláusula  quinta  se  señala  que  el precio del inmueble fue de $180.000.000,  dinero  que  según  lo  consignado  en  ese  documento,  fue  recibido  por  la  vendedora.   

Así  las  cosas,  el  argumento  sobre el  desconocimiento  a  las  reglas  de la experiencia queda sin piso, habida cuenta  que  sí  existe  soporte documental idóneo para demostrar un acto jurídico de  esa  naturaleza, de donde la afirmación del recurrente sobre la inexistencia de  la  transacción  que  dio lugar al delito de estafa también carece de soporte,  respecto  del  cual   fallidamente busca probar un falso raciocinio, que en  manera  alguna  se  advierte,  pues  las  conclusiones de la sentencia se tornan  lógicas y lejos del absurdo que comporta este tipo de vicio.   

Como se observa el libelo presentado a favor  de   Juan   Manuel  Meza,  transgrede  los  presupuestos  de  lógica  y  debida  fundamentación,  al  tratarse  de  una  exposición  desde  el  punto  de vista  personal   del   recurrente   para  quien  resultan  de  poca  credibilidad  las  sindicaciones  de Darío Alejandro Melo a las que el Tribunal dio total mérito,  al  encontrar  que se respaldaban con el abundante material probatorio recaudado  durante el desarrollo del proceso.   

Corolario  de  lo anterior, la demanda será  inadmitida.   

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         

2.  Demanda  presentada  a favor de Santiago  González   

Frente  a  la trasgresión directa de la ley  sustancial,  que  es  el  motivo  argüido  por el defensor del acusado Santiago  González,          la          Corporación2 tiene fijado que para recurrir  en  casación  a  través de la causal primera, cuerpo primero (art. 207-1 de la  Ley  600  de  2000), se exige que el actor cumpla con los siguientes requisitos:   

Afirmar  y probar que el juzgador de segunda  instancia  ha  incurrido  en  error  ya  sea  (i)  Por  falta  de  aplicación o  exclusión  evidente,  que  se  presenta  cuando  el  funcionario judicial yerra  acerca  de  la existencia de la norma y por eso no la aplica al caso específico  que  la reclama, ignora o desconoce la ley que regula la materia y por eso no la  tiene  en cuenta habiendo incurrido en error sobre su existencia o validez en el  tiempo  o  en el espacio; (ii) Por aplicación indebida que se origina cuando el  juzgador  por  equivocarse  al  calificar  jurídicamente  los  hechos o, cuando  habiendo  acertado en su adecuación, yerra al elegir la norma correspondiente a  la  calificación  jurídica impartida. Y (iii) por interpretación errónea que  ocurre  cuando  el Juez selecciona bien y adecuadamente la norma que corresponde  al  caso  sometido  a  su consideración, pero se equivoca al interpretarla y le  atribuye  un  sentido jurídico que no tiene o le asigna efectos contrarios a su  real contenido.   

Alegar  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  errores del sentenciador en la aplicación o interpretación de  la  ley,  implica del censor, abstenerse de reprochar la prueba, pues debe   aceptar  la  apreciación  que  de ella hizo el fallador y conformarse de manera  absoluta   con  la  declaración  de  los  hechos  contenida  en  la  sentencia.   

Es  justamente  de  este  requisito  del que  carece  la  demanda presentada por el defensor de Santiago González, pues sobre  la  base  de  la inocencia de su procurado sostiene que el Tribunal incurrió en  una  transgresión  directa de la ley, siendo manifiesta su inconformidad con la  decisión  del ad quem al dar por ciertos los hechos de la acusación en los que  se  señaló  al  procesado  como  autor  de  los  delitos de falsedad y estafa.   

Tampoco se ocupa el recurrente de especificar  a  qué  tipo  de  violación  directa  corresponde su queja, si se trata de una  aplicación  indebida,  una  exclusión evidente o una interpretación errónea,  más  bien  señala  que  no  concurren  en el proceso medios de convicción que  demuestren  la  utilización  de  un  documento  público  falso  por  parte del  procesado  para  luego  indicar que el delito que debió imputarse es del de uso  de  documento  público  falso y no el de falsedad material en documento publico  agravada  por  el uso, lo cual resulta ilógico, pues si niega la existencia del  comportamiento, no puede alegar su tipificación incorrecta.   

En el mismo desatino incurre al referirse al  delito  de  estafa,  dado que por un lado indica que el acusado no cometió este  punible,  pero  por  otro  que se aplicó en forma indebida el artículo 246 del  Código  Penal,  es  decir,  vuelve  a  discutir  la  declaración de los hechos  contenida  en  la  sentencia,  en  orden  a demostrar una presunta transgresión  directa,  lo  cual es demostrativo del desconocimiento a los mínimos lógicos y  de coherencia que orientan la casación.   

3.  Por  último,  resta  señalar que no se  observa  que  con  ocasión  del  fallo  impugnado  o dentro de la actuación se  violaran  derechos  o  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que tal  circunstancia  imponga  superar  los  defectos del libelo, en orden a decidir de  fondo.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

            INADMITIR  las  demandas de casación  presentadas     a     nombre    de    Santiago   González   y   Juan Manuel Meza.   

         

         Contra   esta   decisión,   no  procede  ningún recurso.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO             FERNANDO  ALBERTO   CASTRO  CABALLERO                         

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                LIUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                           JAVIER ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Auto  del 6 de mayo de 2004.   

2 Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencias de 2 de marzo de 2005,  radicación   19627  y  de  3  de  agosto  de  2005,  radicación  19643,  entre  otras.     

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