39324(14-08-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ   MUÑOZ   

Aprobado Acta N°. 300  

          Bogotá   D.C.,   catorce   (14)   de   agosto   de  dos  mil  doce  (2012).   

VISTOS  

La  Sala  decide  sobre  la admisión de la  demanda  de  casación presentada por el defensor de los procesados LUIS  VENÚ  ÁLVAREZ  GUERRERO,  NICASIO  ANTONIO  PÉREZ ALARCÓN  y  LÉNER  ÁVILA  MENDOZA  con  el  objeto  de sustentar el recurso de casación  interpuesto  contra  la  sentencia de segunda instancia proferida el 26 de enero  del  año en curso por el Tribunal Superior de Yopal, mediante la cual confirmó  la  dictada  el  20  de  septiembre  anterior  por el Juzgado Penal del Circuito  Especializado      Adjunto de Descongestión del mismo lugar  que  condenó al último de los mencionados como coautor del delito de concierto  para  delinquir  agravado y a los dos primeros en la misma calidad por el delito  de terrorismo.     

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

         Los    primeros,    fueron   compendiados   por   el   a     quo,     de     la    siguiente  forma:   

“El Comandante de la Estación de Policía  del  municipio  de  Monterrey (Casanare) presenta informe donde narra los hechos  ocurridos  el  veintisiete  (27) de abril de dos mil cinco (2005), a las 7:30 de  la  noche,  en  los  cuales resultó afectada la vivienda ubicada en la calle 19  No.  11-88  barrio  Los Lanceros, municipio de Monterrey, de propiedad de Omaira  León  Aguirre, cuando fue arrojada una granada de fragmentación tipo IM-26 por  dos  sujetos  que  inicialmente fueron identificados por los afectados como Luis  Armando  Gómez  Vega,  alias Sebas, y otro conocido como LÉNER ÁVILA MENDOZA,  alias  Caifás,  individuos  que son sindicados de pertenecer a las Autodefensas  Campesinas  del  Casanare, entre cuyos comandantes se encuentran NICASIO ANTONIO  PÉREZ   ALARCÓN,   alias   Potasio,  y  LUIS  VENÚ  ÁVAREZ  GUERRERO,  alias  Pistolete”.        

Los acontecimientos anteriores sirvieron de  sustento  para  que  se  dispusiera  la apertura formal de instrucción, en cuyo  curso  fueron  vinculados,  entre  otros,  LUIS VENÚ  ÁLVAREZ  GUERRERO,  NICASIO ANTONIO PÉREZ ALARCÓN y  LÉNER   ÁVILA  MENDOZA,  respecto  de quienes se calificó el mérito del sumario mediante interlocutorio  de 16 de agosto de 2006.   

En   dicha  determinación  se  profirió  resolución   de      acusación  en  contra  de   NICASIO  ANTONIO  PÉREZ  ALARCÓN  y  Luis     Armando    Gómez    Vega    por   el   delito   de   terrorismo;   en  contra  de  LUIS  VENÚ  ÁLVAREZ  GUERRERO  por los  punibles  de  concierto  para delinquir agravado y terrorismo y, en perjuicio de  LÉNER        ÁVILA        MENDOZA,    por  concierto  para  delinquir  agravado.   En  cuanto a este último, además,  precluyó investigación por el ilícito de terrorismo.   

Impugnado  el  anterior  proveído  por  el  defensor  de ÁVILA MENDOZA,  la  Fiscalía  de  segunda  instancia  lo confirmó el 9 de noviembre siguiente.   

Para  la  fase del juicio la actuación fue  asignada  al  Juzgado Penal del Circuito Especializado de Yopal, ante el cual se  surtieron  las audiencias preparatoria y de juzgamiento. Entre tanto, el acusado  LUIS    VENÚ    ÁLVAREZ   GUERRERO   aceptó   su  responsabilidad  por  el  delito  de  concierto  para  delinquir  agravado,  motivo  por el cual se rompió la unidad procesal respecto  de este punible.   

Luego,  el  proceso  fue  reasignado,  en  cumplimiento    de    medida   de   descongestión1,  al  juzgado  adjunto  a ese  despacho,  el cual dictó sentencia de primer grado el 20 de septiembre de 2011,  por  cuyo  medio  condenó  a  LÉNER  ÁVILA MENDOZA  a las penas principales de setenta y cinco (75) meses  de  prisión  y multa por valor de 2.000 salarios mínimos legales mensuales y a  LUIS     VENÚ    ÁLVAREZ    GUERRERO,     NICASIO     ANTONIO     PÉREZ  ALARCÓN  y  Luis  Armando  Gómez  Vega  a las de ciento veinticinco (125) meses  de  prisión  y  multa  por  valor 1.000 salarios mínimos legales mensuales; al  primero,  tras  encontrarlo  coautor  del  delito  de  concierto  para delinquir  agravado   y,  a  los  demás,  en  la  misma  calidad  por  el  de  terrorismo.   

En  la  misma  decisión,  les  negó  el  subrogado  de  la  condena  de  ejecución  condicional  y  el sustitutivo de la  prisión  domiciliaria,  al  tiempo  que  se  abstuvo  de condenarlos al pago de  perjuicios.   

Por  razón  del  recurso  de  apelación  promovido  por la defensa conjunta de los sentenciados  LUIS  VENÚ  ÁLVAREZ  GUERRERO,  NICASIO  ANTONIO  PÉREZ ALARCÓN y   LÉNER  ÁVILA  MENDOZA  contra  el  fallo  anterior,  el  Tribunal  Superior  de la misma  ciudad,    el    26    de    enero    del    año   en   curso,   le   impartió  confirmación.   

Contra  esta  última  decisión,  el mismo  sujeto   procesal   interpuso  recurso  extraordinario  de  casación,  el  cual  sustentó  mediante  libelo allegado oportunamente, cuya admisibilidad procede a  estudiar la Sala.   

LA DEMANDA  

Contiene  un  cargo  contra  la  sentencia  impugnada,  con  soporte  en  la  causal  tercera  de  casación  prevista en el  artículo  207 de la Ley 600 de 2000, por estimar que fue proferida en un juicio  afectado de nulidad.   

En  sustento  de  la pretensión, el censor  sostiene  que  si  bien el fallo fue proferido por funcionario competente, no se  ciñó  al  rito  preestablecido y a la plenitud de las formalidades propias del  juicio   “por   no   haberse   notificado  algunas  providencias  en  debida  forma, desde el inicio de la actuación”.   

Así, recuerda cómo en los artículos 177 a  180  del  estatuto  procesal  penal  se  señala  a  quiénes  se debe notificar  personalmente  las  decisiones  y,  “de no lograrlo  dentro  de  los  tres  días siguientes, dispone hacerlo por estado o por edicto  cuando se trate de una sentencia”.   

En   ese  orden,  prosigue,  “es  necesaria  la notificación personal al sindicado privado de  la  libertad,  al  fiscal  y  al procurador judicial, pero si dentro de los tres  días  siguientes  no se ha notificado a los restantes sujetos procesales, entre  los   cuales   está   el   defensor,   se   debe  realizar  por  estado  o  por  edicto”.   

De  ese  modo señala que en este caso hubo  “ausencia  de  notificación”  de la resolución de cierre de investigación  del  21  de  junio  de  2006,  pues “por encontrarse  privados  de  su  libertad  era necesario su notificación personal (sic)  de los encausados señores LÉNER  ÁVILA  MENDOZA, LUIS VENÚ ÁLVAREZ GUERRERO y NICASIO ANTONIO PÉREZ ALARCÓN,  una  vez  agotadas  las notificaciones personales a los sujetos procesales, cuya  notificación  personal era obligatoria, a los que no se han notificado y en las  que    aparezca    el    envió    (sic)  de la comunicaciones (sic) respectivas,     con     constancia    de    envió    (sic)  por  parte  del  correo,  la  ley  prevé  la  notificación  por  estado,  pero  esto jamás aconteció, ya que el  encausado  LUIS  VENÚ  ÁLVAREZ  GUERRERO, no aparece constancia de que se haya  notificado  de  esta  trascendental  decisión  a  sabiendas  que  se encontraba  privado  de  su  libertad,  las  notificaciones  comunicaciones  que recibió no  aparece  (sic) con claridad  sobre  qué  tema  era  el  que  versaba,  por  lo  tanto  se debe tener como no  notificadas              (sic)”.   

A  continuación,  aduce  que  “las  decisiones  del  fiscal  son  tan confusas que a folio 171,  ordena  sin  que  correr  traslado  (sic) de  los  términos del artículo 393 del C.P.P. sobre decisiones de  providencias  que  jamás  ha expedido véase (auto del 19 de julio de 2006), es  decir  no  hay concreción sobre las decisiones que adoptó con posterioridad al  haber   presumiblemente   cerrado   la  investigación,  corre  traslados  sobre  libertades  al  parecer, notifica decisiones diferentes, se corre traslado sobre  tema  ajenos (sic)al cierre,  para  finalmente,  adoptar  una  decisión irregular como es la emitida el 21 de  julio  de  2006  (folio  171  c.o. N. 3), dejando en firme la del 19 de julio de  2006  (folio  160 a 163 c.o. N. 3), sin que haya cobrado ejecutoria; es decir el  fiscal  adoptó  su  propio procedimiento en forma caprichosa, desconociendo las  previsiones  de  nuestra Ley Procesal Penal, cuando dispone la ritualidad de las  formas  propias  del procedimiento, es tan de bulto que omite las notificaciones  personales,  ha  de entenderse que con base en sus propios caprichos califica el  mérito  del  sumario,  con  posterioridad  al  haberse apelado la calificación  (sic)…”.   

Con  fundamento en lo expuesto, señala que  deben  revocarse las sentencias de instancia y, en su lugar, decretar la nulidad  de  lo  actuado  a  partir  de la notificación del cierre de investigación, en  cuanto  se  afectó  la  estructura básica del proceso y el derecho de defensa,  pues  no  se  obtuvo el fin que se persigue con las notificaciones, a la vez que  se  desconocieron  los  términos  de ejecutoria y se reanudaron, a capricho del  instructor,  los  términos  para  alegar de conclusión del 24 de julio al 2 de  agosto    de    2006,   en   todos   los   casos   sin   verificar   constancias  secretariales.     

En los anteriores términos, solicita casar  la sentencia impugnada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

De  conformidad  con  el  numeral  3°  del  artículo  212  de  la Ley 600 de 2000, la demanda de casación deberá contener  “La enunciación de la causal y la formulación del  cargo,  indicando  en  forma clara y precisa sus fundamentos y las normas que el  demandante  estime  infringidas”.   Igualmente,  en  el  siguiente  numeral  de  la  misma  preceptiva,  también  se  exige  que  “si  fueren  varios  los cargos, se sustentarán en  capítulos    separados”   y   que   “es   permitido   formular  cargos  excluyentes  de  manera   subsidiaria”.     

La  presentación  de  la  demanda de forma  clara   y   precisa   en  los  términos  de  esta  normativa  legal,  ha  dicho  reiteradamente  esta  Colegiatura,  está relacionada con la carga para quien la  suscribe,  en  atención  al  carácter  rogado  del  recurso extraordinario, de  esbozar  una  argumentación  coherente,  comprensible  y  lógica,  pues  no le  corresponde    desentrañar    confusos,    ambivalentes    y    contradictorios  planteamientos.   

En la única censura planteada en la demanda  allegada  por  el  defensor  de  LUIS  VENÚ ÁLVAREZ  GUERRERO,   NICASIO   ANTONIO   PÉREZ   ALARCÓN   y  LÉNER  ÁVILA  MENDOZA  se  propone  la  nulidad de la actuación procesal por violación del debido proceso  y  del derecho de defensa, como consecuencia de que el Tribunal no se sujetó al  rito   legal   establecido,   fundamentalmente  en  materia  de  notificaciones.   

El  punto propuesto impone evocar que, como  se  ha  sostenido  de  manera  reiterada  por  esta Colegiatura, la propuesta de  nulidad,  sustentada  en  la causal tercera de casación del artículo 207 de la  Ley  600  de  2000,  exige  un  mínimo  de  requisitos  para  que  se tenga por  adecuadamente formulada.   

         Así,  es  preciso que se identifique claramente el motivo sobre el  cual  gira  la  irregularidad  advertida,  la causal de nulidad que procede como  consecuencia   de  ese  defecto,  las  normas  que  apoyan  la  pretensión,  la  trascendencia  que genera, bien en el marco de la estructura del proceso o en el  de  las  garantías  fundamentales  de  quien la invoca, y el momento procesal a  partir  del  cual  se debe invalidar la actuación, así como la indicación del  funcionario           judicial           al           cual           corresponde  rehacerla.           

         A  efectos  de su admisión, también debe aflorar que se justifica  acudir  a  este  remedio  extremo  por  cumplirse los principios que orientan su  declaratoria,   a   saber,   taxatividad,   instrumentalidad   de   las  formas,  trascendencia,  protección,  convalidación  y  residualidad,  previstos  en el  artículo 310 de la Ley 600 de 2000.   

Por  tanto,  sólo  en  cuanto se verifique  que    la  censura  reúne  los  anteriores  condicionamientos,  se  podrá  concluir  que  se ajusta a los requisitos formales previstos en el artículo 212  ibídem,   para   así  admitirla  de  conformidad  con lo dispuesto en el siguiente artículo del mismo  estatuto.    

         Pues  bien, luego de examinar el contenido del reproche, lo primero  que  se  advierte  es  que  carece  de una sustentación clara e inteligible que  permita  comprender  a  cabalidad  la  argumentación,  como  se evidencia de la  transcripción  casi integral de su contenido por la que se optó en el apartado  previo a fin de corroborar este aserto.   

         Lo  anterior,  por  razón de dos circunstancias, a saber:  en  primer  orden,  en  virtud de la confusa e incoherente redacción empleada y, en  segundo   lugar,  porque  en  su  interior  abarca  temáticas  que  aun  cuando  configuran   yerros   in   procedendo   son   conceptualmente   diversas   y,  por  lo  tanto,  han  debido  postularse  por separado, tal como lo exige de forma taxativa el numeral 4° del  mencionado artículo 212 del ordenamiento procesal.   

         

Precisamente en relación con esto último,  dígase  que  a  pesar de que al comienzo del escueto reparo el censor refiere a  la  indebida  notificación  de  la  providencia  por cuyo medio se clausuró la  investigación;  acto  seguido,  de  manera  abrupta  y  entremezclada,  alude a  irregularidades  en  las  que se habría incurrido en el trámite seguido por el  instructor  a  partir  de ese momento y hasta antes de impartir calificación al  mérito sumarial.   

Tal  postura  atenta  contra principios que  rigen  el  medio extraordinario de impugnación en procura de conseguir demandas  que  satisfagan  sus exigencias argumentativas y de lógica; entre otros, los de  sustentación  suficiente,  limitación,  crítica vinculante, autonomía de las  causales,  coherencia,  no  exclusión  y  no  contradicción.      

         Los   dos   primeros   principios   (sustentación   suficiente   y  limitación),  cabe  recordar, son consecuentes con el carácter dispositivo del  recurso  e  implican  que la demanda debe bastarse a sí misma para propiciar la  invalidación  del  fallo,  al  paso  que  la Corte no puede entrar a suplir sus  vacíos, ni a corregir sus deficiencias.   

         El  de  crítica  vinculante,  por  su  parte,  exige de la censura  fundarse  en  las  causales  previstas  taxativamente y someterse a determinados  requisitos  de  forma y contenido dependiendo del motivo invocado. Y, conforme a  los  de  autonomía,  coherencia,  no  exclusión y no contradicción, sobre los  cuales  mucho  ha  insistido  la  Sala,  se  proyectan  en  el sentido de que el  discurso  debe  mantener  identidad  temática  y ajustarse a los requerimientos  básicos de la lógica.   

Lo expuesto es suficiente para dar al traste  con  la posibilidad de admitir el reparo, pero otras circunstancias confluyen en  el mismo sentido, reafirmando esa conclusión.   

Así,  por  ejemplo,  porque  sometida  a  revisión  la actuación ninguna irregularidad se detecta ni en el procedimiento  empleado  para notificar el cierre de investigación2,  ni  en el trámite previo a  la  calificación del mérito sumarial, máxime cuando, como ya se había dicho,  los  argumentos  que  sustentan  tales pretensiones difícilmente se extraen por  carecer de una redacción coherente.   

Señala  el  actor  que  la  resolución de  cierre  de  investigación, en contravía con lo dispuesto en los artículos 177  a  180  del  estatuto  procesal  penal,  no  fue  notificada personalmente a sus  defendidos  a  pesar de que se encontraban privados de su libertad; sin embargo,  tal  afirmación  no  se  compadece  con  la  realidad  del  proceso  y,  por el  contrario,  constituye  afrenta  al  principio de corrección material, también  regente  en  esa  tese,  que  así lo exige, defecto craso de argumentación que  conduce, obviamente, a la inadmisión del reparo.   

Ciertamente, en el expediente no sólo obran  los  oficios  enviados  a  los establecimientos carcelarios donde se encontraban  recluidos  para ese entonces los implicados LUIS VENÚ  ÁLVAREZ  GUERRERO,  NICASIO ANTONIO PÉREZ ALARCÓN y  LÉNER  ÁVILA  MENDOZA con  el  objeto  de  notificar  personalmente el cierre de investigación3,  sino  que  obran   físicamente  las  respectivas  constancias  de  notificación  personal  realizadas       en       dichos       centros4.   

Es  más, contra esta decisión el defensor  del   último   en   mención   interpuso   recurso  de  reposición5,  coadyuvada  por  quien  fungía  en  la  misma condición respecto del procesado        ÁLVAREZ        GUERRERO6, el  cual  fue resuelto por el ente instructor el 19 de julio siguiente en el sentido  de  no reponerla7,  decisión  que  también  fue  notificada  personalmente  a  los  procesados  en sus lugares de privación de libertad8   

.  

De  otro lado, ninguna irregularidad dimana  del  procedimiento  surtido  después  el  cierre  de  investigación  frente al  reproche  del  demandante  en el sentido de que fue confuso e ilegal en tanto se  ocupó  de temáticas ajenas a éste, cuando lo que en verdad se constata es que  todas     las     determinaciones     adoptadas     en     dicho    interregno   fueron   propiciadas   por  defensores  de  los  implicados  o  bien  en demanda de su libertad, y por tanto  imponían  una  respuesta  inmediata o, según ya se dijo, por razón de haberse  interpuesto  recurso  de reposición contra esta decisión, como ocurrió con el  remembrado  interlocutorio  del  19  de  julio de 2006 del que ahora se duele el  actor,  providencias  que,  precisamente  para garantizar el debido proceso y el  derecho  de  defensa  de sus prohijados, fueron debidamente notificadas, sin que  se  desconociera  el  rito  legal  previsto  en  el  artículo  393 del estatuto  adjetivo    penal    previo    a   impartir   calificación   al   mérito   del  sumario.   

           

Corolario de los defectos de argumentación  expuestos  que  exhibe  las censura objeto de estudio,  la  Sala  dispondrá  su  inadmisión,  dado  que  el  principio   de   limitación   que   regenta  a  este  medio  extraordinario  de  impugnación  y  que  por vía legal encuentra consagración en el artículo 216  de la Ley 600 de 2000, impide subsanarlos.   

A ello se procederá, además, en cuanto no  se  observa que durante el trámite del proceso o con ocasión del proferimiento  del  fallo  se hubiera incurrido en vulneración de garantías fundamentales que  ameriten intervención oficiosa.   

                

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

         INADMITIR   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  de  los procesados LUIS  VENÚ   ÁLVAREZ   GUERRERO,   NICASIO   ANTONIO  PÉREZ  ALARCÓN  y   LÉNER  ÁVILA  MENDOZA,     por     las    razones    consignadas    en    la    anterior  motivación.   

         Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

JOSÉ     LEONIDAS     BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                     FERNANDO                       ALBERTO                       CASTRO  CABALLERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ               MUÑOZ          LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO     

JULIO             E.             SOCHA  SALAMANCA                        JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1  Implementada    mediante    Acuerdo    PSAA10-6793    expedido   por   la   Sala  Administrativa   del  Consejo  Superior  de  la Judicatura el 8 de marzo de  2010.   

2  A  fol. 109 del c.o. No. 3.   

3 Cfr.  fols.     110     a     112     ibídem.   

4  De  LÉNER        ÁVILA        MENDOZA,  a fol. 116;  de    LUIS   VENÚ   ÁLVAREZ   GUERRERO,  a fol. 159 y de NICASIO ANTONIO PÉREZ  ALARCÓN       a       fol.178      ibídem.    

5 Fol.  126 ibídem.   

6 Fol.  176 ibídem.   

7  A  partir fol. 160 ibídem.   

8  A  NICASIO   ANTONIO   PÉREZ   ALARCÓN   y  LÉNER  ÁVILA  MENDOZA  a  fol.  187  y  a  LUIS  VENÚ ÁLVAREZ  GUERRERO      a     fol.     192     ibídem.     

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