39104(27-06-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº 239  

Bogotá, D. C., veintisiete (27) de junio de  dos mil doce (2012)   

VISTOS  

La  Corte  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de  Luis  Enrique  Rojas  Pedraza,  contra  la  sentencia dictada por el Tribunal Superior  de  Bucaramanga,  el  23 de marzo de 2012, mediante la cual revocó la proferida  por  el  Juzgado  Primero Penal Municipal de la misma ciudad, el 27 de diciembre  de  2011, y lo condenó como autor de la conducta punible de lesiones personales  culposas.   

HECHOS  

Fueron  sintetizados  por  el  juzgador  de  segunda instancia, así:   

“El  27  de  marzo  de  2007  el  señor  Policarpo  Pico  Martínez-  mientras  descendía  del  bus  conducido  por Luis  Enrique  Rojas  Pedraza,  el  cual  cubría  la ruta que comprende los barios de  Caracolí  a Bosconia de esta ciudad- sufrió graves lesiones que le ocasionaron  una  incapacidad  médico  legal  definitiva de 70 días, deformidad física que  afectó  su  cuerpo de forma permanente y perturbación funcional del órgano de  la locomoción de carácter transitoria”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  el anterior acontecer, la Fiscalía  General  de  la  Nación  presentó  escrito  de  acusación contra Luis  Enrique  Rojas  Pedraza por el delito  de lesiones personales culposas.   

2.  Celebradas  las  audiencias    preparatoria    y    del   juicio  oral,       el       Juzgado       Primero  Penal  Municipal  con      funciones      de     conocimiento     de     Bucaramanga,  el   27  de  diciembre     de     2011, dictó sentencia de primera instancia  a   través  de  la  cual  absolvió   a  Luis    Enrique    Rojas   Pedraza   del  punible                 atribuido   en   la    acusación.    

3.  Apelado  el fallo por la fiscalía y el  apoderado  de  la  víctima, el Tribunal Superior de Bucaramanga, el 23 de marzo  de  2012,  al  desatar  el  recurso,  lo  revocó  y,  en  su  lugar, condenó a  Luis    Enrique    Rojas   Pedraza   a  las  penas principales de 8 meses de  prisión,  multa  de  7,3425  salarios  mínimos legales mensuales vigentes y 13  meses  15  días  de privación del derecho de conducir vehículos automotores y  motocicletas  y  a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos  y  funciones  públicas  por el mismo lapso de la privativa de la libertad, como  autor de la conducta punible de lesiones personales culposas.   

Contra la anterior decisión, el defensor del  procesado interpuso recurso de casación.   

L   A      D  E  M  A  N  D  A   D E   C A S A C I Ó N   

Al amparo de las causales segunda y tercera,  según  la  sistemática  reglada  en  la Ley 906 de 2004, en escrito farragoso,  presenta tres cargos, así:   

Primer cargo  

Acusa al Tribunal de haber dictado sentencia  en      un     juicio     viciado     de     nulidad     por     “desconocimiento  de  la  estructura  del  debido  proceso por   afectación  de  la  garantía debida al encartado, por omisión de la Fiscalía  de  presentar  algunos  medios  de  convicción  con  la  acreditación  de  una  situación  favorable  a  los intereses del procesado sin valorarla en la debida  dimensión de su válida aducción”.   

Enuncia,  en  su criterio, las preguntas que  “debió  formular  la  fiscalía  a los testigos de  cargo”, su trascendencia por no haberlo hecho según  su  propia percepción,  y en lo que llamó “el  rigor  lógico  de  lo  que  fue  tenido  en  cuenta por el juzgador”,  en  cuanto  a  Policarpo Pico Martínez, acota que a él se le  debió  interrogar  acerca  de  la talla, peso y si sufrió alguna lesión en su  pie  izquierdo,  aprisionado por la puerta, para controvertir la credibilidad de  la  víctima,  “respecto  de que iba volando sujeto  del  pie  cómo  hecho  de naturaleza inverosímil o increíble”, que  de  haberse  practicado derrumbarían la decisión erigiéndose  la invalidación de la actuación.   

A  reglón  seguido, menciona que a Jennifer  Pérez  Reyes  se  le  debió  preguntar  “¿Cuánto  duraron  los  hechos  propios particulares y concretos del accidentes lesionante  de  Pico  Martínez y ¿cómo  puede  en  el mismo instante de tiempo que sube unas gradas para llegar al nivel  de  la vía donde presuntamente se dan los hechos, ver el letrero de la ruta que  el  bus  cubría,  el  número  interno del vehículo, las placas del mismo, ver  medio  cuerpo  por fuera y medio por dentro…” etc.,  lo  anterior  para determinar la capacidad de la testigo para percibir, recordar  o  comunicar  el  acontecer,  además  de  la  credibilidad  y  veracidad  de su  versión.   Dice   que   al  no  cumplirse  lo  anterior  ésta  “pudo   especular   con   todo   lo   que   consideró   que  vio  e  hizo”,  quedando   su  testimonio  “inmaculado”.   

Así  mismo,  se duele de que no se hubiesen  realizado  algunas  preguntas  a  Robinson Pérez Peña y Henry Lagos Rueda, las  cuales,  en  su  sentir,   demostraban  las contradicciones “en  el  contenido  de  las  declaraciones,  para concluir que   varios  de  los  testigos  por  la  misma razón pueden ser mandaces”.    

Anota  que la falta del deber objetivo de la  fiscalía  condujo  a  que  se afectaran las garantías del procesado, la cuales  tenían  la  capacidad  de incidir favorablemente a su favor, configurándose la  inocencia  de  Rojas  Pedraza  o  una  situación  favorable  a  sus  intereses,  vulnerándose con ello el principio de in dubio pro reo.   

Segundo cargo  

Acusa  al Tribunal de haber transgredido, de  manera  indirecta,  la ley sustancial “a causa   de  una omisión en la apreciación de la prueba documental allegada validamente  al   proceso,   sin   valorarla   en   la   debida   dimensión  de  su  válida  aducción”.   

Después  de  referirse a la “planilla  de la ruta Juventud” del 27 de  marzo  de  2007,  acota  que el artículo 161 del Código Sustantivo del Trabajo  establece  8  horas  laborales  diarias, las cuales con autorización pueden ser  ampliadas  a  dos  más,  según lo dispuesto en el artículo 22 de la Ley 50 de  1990.  Por tanto, si el procesado inició su jornada a las 7:15 a.m y terminó a  las  6:15  p.m,  con  una  hora  de  almuerzo,  cumplió su jornada laboral y no  como   lo  concluyó  el Tribunal, en cuanto a que no hay certeza acerca de  la   

hora  de  terminación del recorrido del bus  021,   y  “que  la planilla demuestra la forma  laxa     en     que     se     desarrollaban    los    recorridos”.   

Recalca que, de acuerdo con lo anteriormente  expuesto  y  dado  que  no  está  demostrada la existencia de violaciones a las  normas   que   regulan   la    jornada   máxima  laboral,  “es  apenas  lógico  concluir que Rojas Pedraza no se encontraba en  el  lugar  de  los  hechos  para  la  hora  en  que  se señala  que fueron  causados”,  llevando  así  a  la duda respecto a su  responsabilidad,     desconociendo     el     juzgador    las    “reglas    de    la    sana    crítica,    la    lógica    y    la  experiencia”.   

Tercer cargo  

Acusa al Tribunal de haber transgredido, de  manera  indirecta,  la  ley  sustancial  por  “falso  raciocinio  en  la  apreciación  de  los  hechos que aparecen en el expediente,  valorándolos  de  manera  discriminaría  con la profesión desempeñada por el  acusado”.   

Comenta  que  la  decisión  del juzgador de  segundo  grado, “fue producto de una predisposición  contra  los conductores de vehículos del servicio urbano colectivo de pasajeros  y   no   tanto,   lo   que  las  pruebas  indicaban  respecto  de  la  verdadera  responsabilidad o no de aquél que se enjuicia”.   

Sostiene que no se demostró por parte de la  Fiscalía  que  Rojas  Pedraza  en  sus  25  años de servicio como conductor de  Transcolombia S.A. hubiese causado otro siniestro.   

Acota  que  se ignoraron ostensiblemente las  circunstancias  de  tiempo,  modo y lugar  “que  la  inmediación  de  las  pruebas  refulgen como inocultables, como son que los  hechos  materia  de  investigación son permeados por la dudad  en cuanto a  la  presencia”  de  su  defendido  en la hora de los  hechos.   

Por  lo expuesto, solicita a la Corporación  casar     el    fallo    impugnado    y,    consecuentemente,    “cesar    los   efectos   de   la   sentencia   proferida   por   el  Tribunal…”.   

CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE   

1.   En el sistema procesal de 2004, la  casación se concibe como un medio   

de control constitucional y legal que procede  contra  las sentencias dictadas en segunda instancia en los procesos adelantados  por delitos cuando afectan derechos o garantías procesales.   

De  manera  que  se  puede  colegir que este  recurso  fue  concebido como control constitucional, dada la función que ejerce  la  Corte  Suprema  de  Justicia como Tribunal de Casación, según lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De acuerdo con lo que estatuye la citada Ley  906,  para  que la demanda sea admitida se requiere que el libelista, además de  contar  con  interés,   acredite  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,  para  lo  cual  también  deberá  formular  y  desarrollar  los  correspondientes   cargos   y,   por  supuesto, demostrar la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte  para  lograr  algunos  de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  Sala,  son  los  mismos  del  proceso  penal,  lo que explica que las  causales   de   casación   tengan   un   diseño   dirigido   a   lograr   esos  fines.   

Por    ello,    “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la casación”.1   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con el debate fáctico y jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado  proceso,  razón por la cual no es procedente  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia adicional a las  ordinarias  del trámite, sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente  y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente  señalados   en   la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o  de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador,  procediendo a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia,  para de esa  manera  concluir  que  la  sentencia no es acorde con el ordenamiento jurídico,  cuya desvirtuación, se reitera, compete al libelista.   

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,  surge  nítido que el censor no cumplió con los anteriores presupuestos,  en  tanto  no  demostró  la existencia de los vicios que denuncia y, menos, los  conectó  con  los  fines  que  informan la casación, de acuerdo con el sistema  consagrado en la Ley 906 de 2004.   

En primer lugar, surge oportuno recordar que  este  recurso  fue  estatuido  para  denunciar  vicios de derecho o de actividad  cometidos  en la construcción de la sentencia o en el trámite judicial, según  el  caso. De ahí que al casacionista compete postular el yerro a través de las  causales  de  casación  contempladas para el efecto, demostrando cómo el mismo  logra  resquebrajar  el fallo, al punto que se impone su quebrantamiento, con el  objeto  de cumplir con los fines estatuidos en el artículo 180 de la Ley 906 de  2004.   

2.1  En  lo  relativo  a los presupuestos de  lógica  y debida fundamentación de la  nulidad,  la  Sala   ha     puntualizado     que     si     bien    la   acreditación de esta   

causal de casación es menos exigente que la  demostración  de  las otras, lo cierto es que impone al demandante proceder con  precisión,   claridad  y  nitidez  a  identificar  la  clase  de  irregularidad  sustancial  que  determina la invalidación, plantear sus fundamentos fácticos,  indicar  los  preceptos  que  considera  conculcados  y expresar la razón de su  quebranto,  especificar  el  límite  de  la  actuación  a partir de la cual se  produjo  el  vicio,  así  como  la  cobertura  de  la  invalidez, demostrar que  procesalmente  no existe manera diversa de restablecer el derecho afectado y, lo  más   importante,  evidenciar  que  la  anomalía  denunciada  tuvo  injerencia  perjudicial  y  decisiva  en  la  declaración de justicia contenida en el fallo  impugnado  (principio de trascendencia), dado que este recurso extraordinario no  puede   fundarse   en   especulaciones,  conjeturas,  afirmaciones  carentes  de  demostración o en situaciones ausentes de quebranto.   

2.2 Por su parte, los errores en la actividad  probatoria  pueden  tener  como  génesis  yerros  de  hecho  o  de derecho. Los  primeros,  relacionados  con  la  contemplación  o  apreciación  del  medio de  prueba,  en tanto que se excluye un medio de convicción allegado validamente al  juicio  oral,  o  se  supone   otro,  se  tergiversa  su contenido material  haciéndose  derivar  una  verdad que no emerge del mismo o cuando se aprecia en  abierta contrariedad con las reglas que rigen la sana crítica.   

En  cambio, el error de derecho se configura  en  dos momentos, a saber: cuando en el proceso de producción y aducción de la  prueba  se  desconoce el rito establecido en la ley que condiciona su validez, y  en  el  evento  en que el juzgador al valorar la probanza se aparta de la tarifa  legal de pruebas o se inventa una no regulada en la ley.   

En el punto de la postulación de la censura,  el  actor  debe  enseñar a la Corte la clase del error y el falso juicio que lo  determinó.  De  igual manera, respecto a la trascendencia del vicio,  debe  evidenciar  cómo  los  medios  de prueba de haber sido incorporados y valorados  correctamente,  necesariamente  el  fallo habría sido favorable a los intereses  que representa.   

Y,  por último, también indicar a la Corte  cómo  el  mentado vicio incidió en la aplicación del derecho, esto es, que se  seleccionó  una  norma  que  no  era la llamada a gobernar el asunto  o se  excluyó   otra   que   sí   resolvía  todos  los  extremos  de  la  relación  jurídico-procesal.   

3.   En  lo  que  atañe  al  primer  cargo, que el libelista postula por  la  vía de la causal de nulidad por violación del debido proceso, se advirtió  que  se  quedó en el simple enunciado, falencia que la Corte no puede suplir en  virtud  al  principio  de  limitación que rige esta impugnación, razón por la  cual el mismo se inadmitirá.   

De acuerdo con el enunciado, la crítica que  eleva  el  libelista,  consiste  en que la Fiscalía omitió presentar evidencia  física  favorable al acusado y elaboró preguntas incorrectas a los testigos de  cargo y a otros deponentes,   

no  evidencian  un  resquebrajamiento  de la  estructura  del  proceso,  máxime  cuando  no se presentaron líneas en orden a  demostrar el enunciado.   

Era  que  no podía cumplir con dicha carga,  máxime  cuando  su  teoría del caso, con apoyo en las pruebas deprecadas en la  oportunidad  procesal correspondiente, fue la que salió avante, ejercicio en el  cual  se  respetaron  las formas propias del juicio, sin que tampoco se hubiesen  agredido las garantías del acusado.   

En  tales condiciones, la Sala no avizora en  qué  consistió  el error que le atribuye al juzgador, ni entiende las criticas  que  postula  contra  el  representante  del Fiscal General de la Nación, en la  medida  en  que  este funcionario no hizo otra cosa que cumplir con su función,  de acuerdo con su rol diseñado en la Ley 906 de 2004.   

Con    relación    al    segundo  cargo,  que el demandante postula  por  la vía de la violación indirecta de la ley sustancial por falso juicio de  existencia,  en  vez  de  enseñar  la trascendencia de las pruebas que califica  como  omitidas  en  el  acto  de  apreciación probatoria con relación al fallo  recurrido,  procede  a presentar personales opiniones respecto al mérito dado a  los  elementos de juicio incorporados validamente a la actuación, puesto que en  su  sentir,  de  ellos no emerge el grado de conocimiento de certeza, en orden a  proferir    un    fallo    de    naturaleza    condenatoria    en   contra   del  procesado.   

Así  las  cosas,  el actor desconoce que la  simple  discrepancia  de  criterios en torno a la credibilidad de las pruebas no  se  erige  en  un  motivo  para  acudir  a  la casación, en la medida en que el  juzgador  goza  de  libertad  para justipreciarlas, únicamente limitado por los  postulados  que  informan  la  sana  crítica,  evento  que  no  ocurre  en esta  censura.   

Por  último, en lo atinente al tercer  reproche, que igualmente funda por  la  vía de la violación indirecta de la ley sustancial, por error de hecho por  falso raciocinio, carece de la correspondiente demostración.   

En  torno  al  falso  raciocinio,  la  Sala  advierte  que  el  demandante  desconoce  los  parámetros  de  lógica y debida  fundamentación,  pues  no  enseña  cuál  fue  la  regla  de  la sana crítica  agredida  en  el  acto de estimación de los elementos de juicio, de qué manera  lo  fue y su incidencia con la parte dispositiva de la sentencia con relación a  las plurales decisiones adoptadas en el fallo recurrido.   

Recuérdese  que  el  falso  raciocinio  se  presenta  cuando  a  una  prueba  que  existe  legalmente  y  es  valorada en su  integridad,  el  juzgador  le  asigna  un  mérito  o  fuerza de convicción con  transgresión  de los postulados de la sana crítica. Esta especie de desacierto  exige  al  demandante  indicar el postulado científico, de la lógica o máxima  de  la  experiencia  desconocido  por  el  juez y cómo incidió en el resultado  final del proceso.   

En esa medida, carece de fundamento las tesis  expuestas  por  el  censor,  en tanto no se evidencia una errada apreciación de  las  pruebas,  sino  una personal forma de estimar la unidad probatoria, la cual  no  constituye  yerro  para  ser  postulado  en casación, como anteriormente se  dedujo.   

De  todas  formas,  la Corte advierte que el  sentenciador  no  incurrió  en  ningún  desatino  al valorar las probanzas, en  orden  a  evidenciar  el  compromiso  penal  de  Rojas  Pedraza. Textualmente anotó:   

“7.-  Una  vez valorados todos los medios  probatorios   –   bajo   la   óptica   de   la   sana   crítica   —  refulge  evidente  que Luis Enrique  Rojas  Pedraza  ocasionó  las  lesiones del señor Policarpo Pico Martínez, ya  que  el  27  de  marzo  de 2007 – cuando éste se disponía a bajar del autobús  conducido  por  aquél-  quedó aprisionado en la puerta trasera, lo cual no fue  ocasionado  por  una  avería  mecánica,  sino  por  la conducta imprudente del  encartado,  quien  –  en  lugar  de esperar pacientemente la salida de todos sus  pasajeros  – procedió a cerrar la puerta, de tal forma que una parte del cuerpo  de  la  víctima  quedó  suspendida,  mientras  que  su pierna chocó contra el  pavimento,  tal como lo evidencian sus lesiones y lo explicó el perjudicado, el  cual    nunca    manifestó    que    su   cuerpo   fuera   arrastrado   en   su  totalidad.   

“En  este  sentido,  la cognoscente erró  gravemente  al  valorar  el  acervo  probatorio, emitir conclusiones sin asidero  jurídico  suficiente  y  omitir  las normas de la experiencia, pues no es ajeno  para  esta Corporación, ni para la comunidad en general, que los conductores de  autobuses  – en muchas ocasiones – por exceso de velocidad, falta de precaución  y  diligencia,  desconocen nuestro Código Nacional de Tránsito – en este caso,  los  artículos 55 y 63 de la codificación – y por ello lesionan o perjudican a  los  usuarios  del  transporte público, al punto de ocasionar graves tragedias,  lo  que  afortunadamente no ocurrió en este asunto, gracias a los gritos de los  demás  ocupantes  del bus y transeúntes que advirtieron al conductor de lo que  estaba  sucediendo,  pero  no  pudieron detenerlo en su escape, situación que –  lógicamente – no puede valorarse en detrimento de la víctima”.   

En  tales condiciones, ninguno de los cargos  postulados  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  ponen  de  relieve la  existencia  de  los  yerros  formulados,   razón  por  la  cual deviene la  inadmisión del libelo.   

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión   del   fallo impugnado o dentro de la actuación se violaron  los  derechos  o  las  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que tal  circunstancia  imponga  superar  los  defectos  del  libelo   para   decidir   de  fondo,   según  lo  dispone   el   inciso   3°   del   artículo  184  de   la  Ley  906 de  2004.   

Acotación final  

Habida  cuenta  que  contra la decisión de  inadmitir  la demanda de casación presentada a nombre del procesado  procede  el  mecanismo de insistencia de  conformidad  con  lo  establecido  en  el  artículo  186 de la Ley 906 de 2004,  impera  precisar que como dicha legislación no regula el trámite a seguir para  que  se  aplique  el referido instituto procesal, la Sala ha definido las reglas  que   habrán  de  seguirse  para  su  aplicación,2 como sigue:   

a)   La  insistencia  es  un mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Sala  decida  no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  ésta reconsidere lo decidido.   

También    podrá    ser   provocado   oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados  del Ministerio Público para la Casación   Penal   –siempre   que   el   recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por          el          Procurador          Judicial–,    el    Magistrado   disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya participado en los  debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)   La solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

d)   El  auto a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  Luis Enrique Rojas Pedraza.   

De   conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es viable la interposición del  mecanismo  de  insistencia  en  los  términos  precisados   atrás  por la  Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO             FERNANDO  ALBERTO CASTRO CABALLERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                        MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ           

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO       JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                         

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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