38267(08-02-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 38267  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº  031  

Bogotá, D.C., ocho (8) de febrero de dos mil  doce (2012)   

V    I   S   T   O  S   

La  Sala se pronuncia sobre los presupuestos  de  lógica  y  debida fundamentación de la demanda de casación presentada por  el  apoderado  de  la  parte  civil,  en representación de los familiares de la  víctima  Luis Felipe Daza Bolaños, en contra del fallo del 13 de septiembre de  2011,  a  través  del  cual  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Buga  revocó   la   sentencia  condenatoria  de  primer  grado emitida por el Juzgado Cuarto Penal del Circuito  de   Palmira   en   contra  de  Henry  Iván  Zambrano  Guaitarilla   y,   en   su   lugar,  lo  absolvió  por  la  conducta  punible  de  homicidio culposo.   

H E C H O S  

El     ad  quem los resumió de la siguiente manera:   

“El  día 11 de diciembre de 2004, siendo  las  11:00  p.m.  aproximadamente,  en  la  vía que del Municipio de Candelaria  conduce  al  de  Palmira,  en  inmediaciones  del sector conocido como Alianza o  Zainera,  colisionaron  la  volqueta  de placas SDN 544, conducida por el señor  Henry  Iván Zambrano Guaitarilla, con la motocicleta de placas KLE-82, manejada  por  el  señor  Luis  Felipe  Bolaños  Assa,  quien  murió en el lugar de los  hechos,  producto  de  los  múltiples  traumas que recibió a nivel de cráneo,  tórax  y  abdomen,  que  la  causaron  lesiones  a  nivel  cerebral y visceral,  derivados  del  fuerte  golpe  que  sufrió contra el mencionado automotor en el  accidente.   

Como resultado del siniestro, la motocicleta  quedó  reducida  a  pedazos sobre la vía, al tiempo que se prendió en llamas,  suerte  que  también  corrió  el  cuerpo de Luis Felipe Bolaños Aza, quien al  incinerarse sufrió quemaduras de 2º y 3er grado.   

A N T E C E D E N T E S  

1. Por los hechos anteriores, la Fiscalía 31  Seccional  de  Candelaria (Valle), tras admitir como parte civil a Julio César,  Gerardo  Antonio,  James,  Gloria  Nayibe, Víctor Manuel y Carlos Aza Bolaños,  mediante    resolución    del   25   de   noviembre   de   2005,   acusó  a  Henry  Iván  Zambrano  Guaitarilla como presunto autor de la  conducta  punible  de homicidio culposo (artículo 103 y 109 del Código Penal).  La  anterior  providencia  fue  recurrida  en reposición por los apoderados del  tercero  civilmente  responsable  y de la firma aseguradora llamada en garantía  y,  de  manera  subsidiaria,  en  apelación. Negada la reposición a través de  resolución   del   16   de  marzo  de  2006,  la  acusación  fue  confirmada  por  la Fiscalía 1ª Delegada  ante   el   Tribunal   Superior  de  Cali,  según  decisión  del  17 de abril de 2007.   

La  causa  fue avocada por el Juzgado Cuarto  Penal  del Circuito de Palmira, despacho que corrió a los sujetos procesales el  traslado  del  artículo  400  de  la  Ley 600 de 2000 y celebró las audiencias  preparatoria  y  pública  del  juicio.  Cumplido  lo  anterior,  el funcionario  judicial,  el  30  de  junio  de 2011, profirió sentencia de primera instancia,  mediante  la  cual  condenó a  Henry   Iván   Zambrano   Guaitarilla   a  las  penas  principales  de  2  años  de  prisión y multa de 20  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  así como a las accesorias de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas por 2 años  y  privación del derecho a conducir vehículos automotores y motocicletas por 3  años, como autor del delito de homicidio culposo.   

Así mismo, lo condenó solidariamente, junto  al  tercero  civilmente  responsable y a la aseguradora llamada en garantía, al  pago  de  los perjuicios civiles de orden moral derivados de la ejecución de la  conducta  punible  en  cuantía  de  360  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  al  tiempo que se abstuvo de condenarlo por el pago de los perjuicios  materiales.  Por  último,  el a quo le concedió el subrogado de la suspensión  condicional   de   la   ejecución   de   la   pena   por  un  término  de  dos  años.   

La decisión del a  quo  fue  apelada  por  los  apoderados  del  tercero  civilmente  responsable  y  el  defensor del procesado; fue así que el Tribunal  Superior  de  Buga, en fallo del 13 de septiembre de 2011, revocó integralmente  la   decisión   de   primera   instancia   y,   en   su   lugar,   absolvió a Henry  Iván  Zambrano  Guaitarilla del delito por el que fue  acusado.    

Inconforme con la sentencia del Tribunal, el  apoderado   de   la   parte   civil   interpuso   oportunamente  el  recurso  de  extraordinario  de  casación, el cual sustentó a través de la correspondiente  demanda.    

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El    apoderado   de   la   parte  civil,  en representación de Julio  César,  Gerardo  Antonio,  James,  Gloria  Nayibe,  Víctor Manuel y Carlos Aza  Bolaños,  hermanos  del  hoy  occiso  Luis  Felipe  Aza  Bolaños, presenta una  censura  al  amparo  de  la  causal  de casación de que trata el artículo 207,  numeral  1, cuerpo segundo, de la Ley 600 de 2000, a través de la cual acusa al  sentenciador  de  haber  violado,  de  manera  indirecta,  la ley sustancial, al  incurrir  en  error  de  hecho  por falsos juicios de existencia, de identidad y  falso raciocinio.   

En  sustento  del  reproche,  asegura que el  juzgador  desconoció  e  ignoró  pruebas  que  demostraban  la  estructura del  indicio  que,  como  así  lo  declaró la decisión condenatoria emitida por el  juez   de   primera  instancia,  demostró  la  responsabilidad  del  procesado.   

Lamenta,  entonces,  que  el  ad  quem desconociera la existencia de una  prueba  directa,  particularmente  el  dicho  de  un  testigo  que presenció el  momento  de  la  colisión, el cual permite establecer que el procesado invadió  el   carril   por   donde  transitaba  la  víctima,  situación  que  configura  “la        prueba        indiciaria        de  responsabilidad”,   evaluación   contraria   a  lo  concluido  por  el Tribunal que dedujo la duda probatoria, favorable al acusado.   

Avanza  en  su crítica, manifestando que la  segunda  instancia  desconoció  “muchos  medios de  prueba”  existentes  en  el  proceso  que permitían  deducir  la  responsabilidad  del  procesado,  al  tiempo  que expresa que no se  requiere   de   prueba   directa   para  verificar  la  estructura  lógica  del  indicio.   

En  estas  condiciones,  asegura  que de las  declaraciones  de  los  patrulleros  Julián  Oswaldo  Argote Pupiales y Germán  Darío  Añasco  Barco,  del  guarda  vías Jhon Jairo Quintero Pimentel y de la  inspección  judicial  realizada el 20 de abril de 2005, se infiere cuál fue el  punto  de  impacto  de los vehículos que colisionaron y, por lo tanto, cuál de  los  dos  conductores  invadió  el  carril  contrario.  Así  mismo, dentro del  proceso  está demostrado que el procesado abandonó injustificadamente el lugar  de   los   hechos,   lo  que  configura  un  indicio  de  huida  “que    necesariamente   tiene   vocación   de   cargos”,   pues   tal   comportamiento   resulta   ser   “una     actitud     propia    de    quien    quiere    evadir    la  responsabilidad”,     porque     “lo  que  indica  la lógica y la experiencia es que la persona que,  en  su  conciencia  tiene que ha obrado bien no huye del lugar donde ocurrió un  homicidio”,  sin  que su explicación, en el sentido  de  que  los  policiales  lo autorizaron a abandonar el lugar, resulte creíble,  “toda  vez que ningún policía en esas condiciones  daría dicha autorización”.    

Con   fundamento   en   los   anteriores  razonamientos,  el demandante le pide a la Corte que case la sentencia impugnada  y,  en  consecuencia,  ordene  el  pago  de los perjuicios materiales y morales.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  La Corporación anticipa su decisión de  inadmitir   la   demanda   de   casación,   toda   vez   que   no   cumple  con  los  requisitos  de  debida  fundamentación  y  trascendencia, consagrados en el artículo 212 de la Ley 600  de   2000,  en  asocio  con  el  205,  inciso  tercero,  del  mismo  estatuto  y  desarrollados ampliamente por su jurisprudencia.   

2.  El  libelista,  en representación de la  parte  civil,  incurre  en un importante yerro de postulación, en la medida que  pasa  por  alto que en este caso el recurso extraordinario de casación (el cual  no  versa  sobre el monto de la cuantía de los perjuicios, sino que se encamina  a  demostrar la responsabilidad penal del encausado) solamente es procedente por  vía   de   su   modalidad   discrecional,  según lo establece el último inciso del artículo 205 de la Ley  600  de  2000  (Código  de  Procedimiento  Penal  vigente para la época de los  hechos  y  que  rigió  el  devenir  procesal de la actuación), toda vez que la  conducta  punible  de  homicidio  culposo  que  motivó  el  fallo  condenatorio  (artículo  106  de  la  Ley  599  de 2000) lleva aparejada una pena de prisión  máxima  de  6  años, guarismo inferior a los 8 que se requieren para acceder a  la casación por la vía ordinaria.   

3.  Como  consecuencia  de  lo  anterior, el  censor  incurre  en  evidentes  deficiencias  de  fundamentación, por cuanto no  advierte  que  la  casación discrecional y,  por  lo  tanto,  los razonamientos que la sustentan,   está   orientada   exclusivamente  al  desarrollo    de    la    jurisprudencia,  esto  es  a  que la Sala unifique posturas, revise la doctrina, o  bien  aborde  un  tópico  aún  no  resuelto, con la demostración que la nueva  postura  debe servir a ese propósito y, a la vez, para la solución del caso; o  bien,     a    la    protección    de    garantías  fundamentales,  pretensión que le exige al impugnante  demostrar  de  manera fehaciente la materialidad del vicio y su incidencia en el  debido  proceso  o  el derecho de defensa, todo lo cual debe ir precedido de una  argumentación  encaminada  a  justificar  a  la  Corporación  las razones para  admitir   el   libelo,   de   manera   excepcional1.   

Nada  de lo anterior lo cumple el impugnante  y,  en su lugar, limita su discurso a enfrentar las valoraciones probatorias del  juzgador  con  sus  personales  opiniones,  y  a reclamar que en esta sede se le  conceda  un  mejor mérito a los razonamientos del juez de primera instancia. De  esta  manera,  el casacionista pierde de vista que su deber no es el de proponer  a  la  Sala sus apreciaciones subjetivas de la prueba, por muy plausibles que le  parezcan,  sino enseñarle de qué manera el sentenciador de instancia incurrió  en  yerros  de  apreciación  probatoria  al  elaborar aquellos que sustentan la  decisión,   con  la  acreditación  de  su  incidencia  en  el  sentido  de  la  providencia.   

4.  Pero ni siquiera el reproche se presenta  correctamente desarrollado, por las siguientes razones:   

4.1.  El  demandante  acude  a la violación  indirecta  de  la  ley sustancial, pero al mismo tiempo omite el más básico de  los  presupuestos  que  exige  dicha modalidad de ataque, cual es la mención de  las  normas  supuestamente  violadas;  menos  aún  precisa  el  sentido  de  la  violación,  es  decir,  si  consistió  en  la aplicación indebida, exclusión  evidente  o  interpretación  errónea de la ley. Dichas falencias configuran un  desconocimiento   a   los  principios  de  precisión,  claridad  y proposición jurídica completa, situación  que  le  impide  a  la  Corporación  comprender  a  cabalidad  el argumento del  recurrente.    

4.2. Si a lo anterior se agrega que el censor  anuncia  un error de hecho, el cual, según dice, consistió simultáneamente en  falsos  juicios  de  existencia,  de  identidad y falso raciocinio, yerros estos  naturalmente  excluyentes entre sí, al menos cuando, como ahora, se predican de  las  mismas pruebas y se alegan en el mismo cargo, lo que se tiene es un escrito  carente  de  lógica  y  rigor jurídico y, por lo mismo, inocuo para satisfacer  las pretensiones del impugnante.   

4.3.  En  efecto,  el  recurrente  reprocha  inicialmente  que  el Tribunal ignoró un conjunto de testimonios, crítica que,  por  demás,  carece  de todo asidero, pues lo que se observa en la sentencia es  que  las  declaraciones  supuestamente  omitidas  sí  fueron tenidas en cuenta,  solamente  que no a favor de los intereses de la parte civil. Pero más adelante  recrimina  que  las  pruebas  que inicialmente presentó como ignoradas hubieran  sido  apreciadas en contravía de reglas de la lógica y la experiencia, para lo  cual  solamente  ofrece su propia apreciación de los hechos. De esta manera, el  argumento  resulta  evidentemente ilógico, pues la violación de máximas de la  sana  crítica  solamente  puede  predicarse  de pruebas en cuya apreciación no  recaen vicios de existencia o identidad.   

4.4.  El  escaso  razonamiento  que  aparece  plasmado  en  el  escrito de demanda consiste en cuestionar las conclusiones del  ad  quem,  para  quien  la  prueba  testimonial  no  permite  deducir  las  causas  del  accidente y, por el  contrario,  apoya  las  exculpaciones  del  procesado, apreciación de la que el  censor   difiere,  a través de un ejercicio argumentativo apenas propio de  las  instancias,  que  no  demuestra de manera fehaciente el error del juzgador,  menos  aún  respeta  las  exigencias  que  ha  fijado la jurisprudencia de esta  Colegiatura  cuando  de  atacar  la  configuración  de  los indicios en sede de  casación se trata:    

“El impugnante  debe  informar  si  la  equivocación  se  cometió respecto de los medios   demostrativos   de  los  hechos  indicadores,  la   inferencia   lógica  ,  o  en  el proceso  de  valoración   conjunta     al     apreciar     su     articulación,   convergencia   y   concordancia   de  los  varios   indicios   entre   sí,  y  entre  éstos  y   las    restantes    pruebas,    para   llegar   a   una         conclusión         fáctica       desacertada.”   

“De manera que,  si   el   error  radica  en  la  apreciación  del  hecho  indicador,  dado  que  necesariamente  éste  ha  de  acreditarse  con  otro  medio  de  prueba  de los  legalmente  establecidos,  necesario resulta postular si el yerro fue de hecho o  de  derecho,  a  qué expresión corresponde, y cómo alcanza demostración para  el caso.”   

“Y si el error  se  ubica  en el proceso de inferencia lógica, ello supone partir de aceptar la  validez  del  medio  con  el  que se acredita el hecho indicador, y demostrar al  tiempo  que  el  juzgador  en  la  labor  de asignación del mérito suasorio se  apartó  de  las  leyes de la ciencia, los principios de la lógica o las reglas  de  experiencia,  haciendo  evidente  en  qué  consiste y cuál es la operancia  correcta   de   cada   uno   de   ellos,   y   cómo   en   concreto   éste  es  desconocido.”   

“Si   lo    pretendido    es    denunciar    error   de   hecho   por   falso   juicio   de  existencia  de   un   indicio   o   un   conjunto  de  ellos,   lo   primero   que   debe  acreditar  el  censor es la existencia  material  en el proceso de medio con el cual se evidencia el hecho indicador, la  validez   de   su  aducción,  qué  se  establece  de  él,  cuál  mérito  le  corresponde,  y  luego  de realizar el proceso de inferencia lógica a partir de  tener  acreditado el hecho base, exponer el indicio que se estructura sobre él,  el   valor   correspondiente   siguiendo   las   reglas  de  experiencia,  y  su  articulación  y  convergencia  con  los  otros  indicios  o  medios  de  prueba  directos.”   

“Además, dada la naturaleza de este medio  de  prueba,  si el yerro se presenta en la labor de análisis de la convergencia  y  congruencia entre los distintos indicios y de éstos con los demás medios, o  al  asignar la fuerza demostrativa en su valoración conjunta, es aspecto que no  puede  dejarse de precisar en la demanda, concretando el tipo de error cometido,  demostrando   que   la  inferencia  realizada  por  el  juzgador  indicando  los  postulados  de  la  sana  crítica, y acreditando que la apreciación probatoria  que  se propone en su reemplazo, permite llegar a conclusión diversa de aquella  a  la  que  arribara  el sentenciador, pues no trata la casación de dar lugar a  anteponer  el  particular  punto  de  vista del actor al del fallador, ya que en  dicha  eventualidad  primará  siempre  éste,  en  cuanto la sentencia se halla  amparada  por  la  doble  presunción  de  acierto y legalidad, siendo carga del  demandante  desvirtuar  con  la  demostración  concreta de haberse incurrido en  errores  determinantes de violación en la declaración del derecho.”   

“Es     en     este   sentido    que   el   demandante   debe   indicar   en    qué   momento    de    la    construcción   indiciaria    se   produce,   si   en   el   hecho  indicador  o  en  la  inferencia por violar las reglas de la sana crítica,  para  lo  cual  ha  de señalar  qué en concreto el medio demostrativo del  hecho  indicador, cómo hizo la  inferencia el juzgador, en qué consistió  el  yerro, y qué grado de  trascendencia tuvo éste por su repercusión en  la    parte    resolutiva    del     fallo”2.   

En  lugar  de  cumplir  con  los anteriores  requerimientos,  el  casacionista  se  limita  a  asegurar  que  se configura el  indicio  de  huida y que éste “necesariamente tiene  vocación  de cargos”, apreciación apenas distinta a  la  del  sentenciador,  para quien el hecho de que el procesado hubiera prestado  su   colaboración  para  extinguir  el  incendio  producido  por  el  accidente  desestima  su intención de huida. Una tal circunstancia podrá interpretarse de  diversas  maneras,  pero  el  casacionista  no  acredita  que la escogida por el  juzgador resultara errada.     

3.  Conclusión   

Por  las razones precedentes, la demanda de  casación  formulada  por el apoderado de la parte civil adolece de una indebida  fundamentación  y,  por lo mismo, será inadmitida, sin que, por otra parte, la  Corte  evidencie  del  estudio  de  las diligencias, la necesidad de superar los  defectos  del libelo con el fin de corregir de manera oficiosa alguna violación  a las garantías fundamentales.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         

R E S U E L V E  

INADMITIR la   demanda  de  casación presentada por el apoderado de la parte civil.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO             FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                                   MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ GUZMÁN                                                            LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                                                                           JAVIER ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  auto del 11 DE MARZO DE 2011, radicación No. 34609.   

2  Sentencia  de  casación  del  2  de  agosto de 2001,  radicación   12062,   reiterada   en   auto   de  6  de  marzo  de  2008,  rad.  28539.     

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