38213(22-02-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 38213  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

         

MAGISTRADO PONENTE  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

APROBADO ACTA No. 48-  

Bogotá,  D.C., veintidós (22) de febrero de  dos mil doce (2012)   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

La  Sala  examina  las  bases  jurídicas  y  lógicas  de  la  demanda  de casación presentada por el señor apoderado de la  parte  civil,  contra  la sentencia proferida el 13 de septiembre de 2011 por la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  que confirmó la absolutoria  emitida  el  31  de marzo del mismo año por el Juzgado 16 Penal del Circuito de  esta  ciudad,  por  cuyo  medio  se  absolvió a Oscar  Fabián     Sanabria     Gómez    y    Silvia  Isabel Fonseca Farfán, del delito  de usurpación de marcas y patentes.   

HECHOS     Y     ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1.  En  diciembre  de  2004, el señor Daniel  Ernesto  Leguizamón  Ballén,  en  su  condición  de representante legal de la  Sociedad  INVERSIONES  FEMA  S.A.,  legalmente  constituida  y  con domicilio en  Bogotá,  propietaria  de  la  enseña  comercial  “PICOLIN  La  Ternura de su  Descanso”,    formuló    denuncia    penal    en   contra   de   Oscar    Fabián    Sanabria    Gómez,  Silvia    Isabel    Fonseca    Farfán  y  Margarita  Rodríguez, por el presunto delito de usurpación de  marcas  y  patentes,  al  señalar  que éstos usurpan flagrantemente la enseña  comercial,  pues  sin autorización alguna abrieron establecimientos de comercio  que  se  denominan  “COLCHONES  PICOESLIN”,  apropiándose  no  sólo  de la  expresión  que  les  es  ajena,  sino  del  logotipo  que se caracteriza por un  canguro sobre las letras P Y C.   

Esta situación conlleva error en el público  consumidor y  un provecho ilícito.   

2.  Mediante resolución del 10 de febrero de  2005,  la  Fiscalía  71  de  la  Unidad de Delitos contra el Orden Económico y  Social,  profirió  resolución  de  apertura  de  investigación  y  dispuso la  vinculación,   a   través   de   indagatoria,  de  los  señores  Oscar    Fabián    Sanabria    Gómez,  Silvia    Isabel    Fonseca    Farfán      y      Margarita     Rodríguez  Fonseca1.   

3.  El  mérito  del sumario se calificó con  resolución  de acusación del 27 de noviembre de 2006 en contra de Oscar    Fabián   Sanabria   Gómez   e  Silvia    Isabel    Fonseca    Farfán,  como  responsables del delito de usurpación de marcas y patentes,  libro  segundo,  título X, capítulo I, artículo 306 de la Ley 599 de 2000. Al  tiempo  se precluyó la investigación a favor de Margarita Rodríguez Fonseca y  como  medida  provisional  se  ordenó  la  suspensión de la marca y la enseña  Picoeslin2.  La decisión fue recurrida y confirmada el 31 de mayo de 2007 por  la  Fiscalía  19  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior de Bogotá3.   

4. Mediante sentencia del 31 de marzo de 2011  el   Juez   16   Penal   del   Circuito  de  Bogotá  absolvió  a  Oscar    Fabián   Sanabria   Gómez   y  Silvia    Isabel    Fonseca    Farfán  del  cargo  que  les  fuera  formulado4.   

5.  Inconforme  con  el  fallo  de  primera  instancia,  el  apoderado de la parte civil interpuso recurso de apelación, que  la  Sala  Penal del Tribunal Superior de Bogotá desató el 13 de septiembre del  mismo  año  en  el  sentido  de  confirmar  la  sentencia impugnada5.   

6.  El  señor  apoderado  de  la  parte  civil  interpuso  y  sustentó  el  recurso extraordinario de  casación6 por lo que el asunto fue remitido a la Corte.   

LA DEMANDA  

El   recurrente  formula  dos  cargos  contra  la  sentencia de segundo  grado,  advirtiendo de entrada que se vulneró el artículo 306 de la Ley 599 de  2000.   

Primero: Violación  directa de la ley sustancial.   

1. En lo que título demostración del cargo,  se  dedicó  in  extenso  a  desarrollar  un  estudio sobre los signos distintivos, entre estos, la marca, el  nombre  comercial y la enseña comercial, infiriendo luego, que en el tipo penal  de   usurpación   de   marcas   y  patentes,  concurre  un  error  “pues  realmente en ello no se describe la usurpación DE MARCAS,  si  no  que  ambos  se  ocupan  de  la  USURPACION DE SIGNOS DISTINTIVOS (Nombre  comercial,  enseña  y marca) y NUEVAS CREACIONES (PATENTE DE INVENCIÓN, MODELO  DE      UTILIDAD,      diseño      industrial)7,         yerro  que  a  su modo de ver ha sido tradicional en el ordenamiento  jurídico  colombiano,  merced  al desconocimiento en relación con la propiedad  intelectual,  aceptando,  que  si  bien el título no hace parte de la norma sí  orienta al intérprete en la tarea de comprender su descripción.   

2. Aborda luego, los elementos del tipo, su  condición   de   norma   penal   en  blanco,  la  antijuridicidad  (sólo  pueden  ser  punibles  aquellos  usos  realizados con fines  comerciales8)  así  como  la  definición  de nombre  comercial9  y  enseña  comercial,  lo  que  le  permite precisar que comparte  ampliamente  la  postura  de la fiscalía en el sentido de que existió conducta  fraudulenta,  “es decir, la utilización de un logo  y  un nombre comercial similar al protegido sin autorización del titular de tal  derecho  utilizando de manera indebida un nombre comercial protegido10”;  tesis  que  se  dedica  a  defender  y  que lo lleva a  determinar    la    responsabilidad   de   los   acusados,   pues   “[E]s   evidente   la   usurpación   que  en  forma  fraudulenta  realizaron  y  continúan realizando los sindicados de la etiqueta o logo que en  forma  característica  ha  usado mi representado dentro del mercado11”.   

3.  Para finalizar su libre disertación,  informa  que  el señor Oscar  Fabian   Sanabria   Gómez  prestó  sus servicios en la Sociedad Industrias Picolín Ltda., escenario donde  nace  su  idea  criminal  y  el  posterior  aprovechamiento  para  crear no solo  confusión en el consumidor sino un provecho ilícito.   

    

1. Son estas las razones que lo llevan  a  solicitar  que  se  case  el  fallo  injusto  y  en su lugar se condene a los  acusados.     

Segundo,     subsidiario:  artículo  207  numeral primero de la Ley 600 de 2000: manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y  apreciación de la prueba.   

1.   En lo que denomina la demostración  del  reproche  hace  referencia  al  artículo 10 del Código de Comercio que se  refiere  a  la  condición  de  comerciante, a las actividades que se consideran  como  mercantiles  (artículo  19  ejusdem)  y  las obligaciones que les asisten  (artículo  20),  concluido  ello  y  sin ilación alguna, aduce que si bien los  acusados  aportaron  abundante  material  probatorio  que demuestra “presuntamente”   el   uso   de   la  expresión  Picoeslin  desde  el  año  2001,  a  tales probanzas se le opone la  existencia  de  la  enseña comercial Picolin La Ternura de su descanso desde el  19  de  octubre  de  1.998  y  la  trasferencia  que  se realizara a la Sociedad  Inversiones  Fema  S.A.,  lo que demuestra en forma contundente, que tal como lo  prevé  la  ley,  existe  una  prueba  del primer uso por parte del señor Jaime  Alirio Parada Rivera.   

Entonces   “no  existe  (sic)  razones  de  hecho  y  de  derecho  para que los documentos antes  aludidos  y  que  obran  al  interior  del  plenario,  hayan sido valorados como  pruebas12”, por lo que existe un falso juicio de  legalidad en la apreciación por parte de los juzgadores.   

2. Seguidamente, menciona el artículo 381 del  Código       de       Procedimiento      Penal13  respecto  a  la  prueba  de  referencia;  indica  que,  toda  vez que los fallos de instancia partieron de la  base  de  que  los  sindicados  hicieron  un  primer  uso del signo Picoeslin La  Ternura  de  su  descanso,  ello constituye un falso juicio de convicción, cita  para  el  efecto  la  sentencia  dictada dentro del radicado 34258 de la Sala de  Casación Penal.   

3.    Peticiona   por   tanto   casar  parcialmente  el  fallo  y  en  su lugar condenar a los acusados e imponerles la  pena máxima establecida en la ley para este tipo de delitos.   

Alegatos del sujeto no recurrente.  

1.  La  defensa  de  los  acusados  concurre  oportunamente   al   trámite  y  empieza  su  argumentación  con  señalar  la  improcedencia  del recurso por la vía ordinaria, toda vez que el delito que dio  lugar  a  la  investigación,  consagrado en el artículo 306 del Código Penal,  tiene  consagrada una pena máxima de cuatro años, lo que le imponía al sujeto  recurrente acudir a la casación excepcional.   

Siendo  por ello, que le resultaba forzoso al  casacionista,  demostrar  la necesidad de un pronunciamiento de la Corte para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales,  carga que no fue satisfecha.   

2.  Adicional a ello, la demanda incurre  en  notables  errores  formales y de fondo que impiden su estudio, los primeros:  (i) en la exposición de los  hechos  se  limita  el  recurrente  a  exponer  su propia versión, (ii)  no se identifica a quienes actuaron  como  representantes  de  la  Fiscalía  y  el Ministerio Público; (iii)  no  señala  los fundamentos de la  sentencia    contra    la    cual    encamina    la    casación,   (iv)   la  presentación  del  cargo  es  ininteligible;   (v)   no  explica   cómo   los   errores  probatorios  incidieron  en  la  sentencia,  y,  (vi) el escrito es propio de  un alegato de instancia.   

3.   Indica que, en el “remotísimo”  evento  en  que  la  Corte  la  admitiera  y entrara a emitir pronunciamiento de  fondo,  a  través  del  proceso se pudo establecer que el derecho alegado nunca  fue   infringido   pues   se   demostró   que  Oscar  Sanabria  tiene  un derecho sobre la enseña comercial  Colchones  Picoeslin  La  Ternura  de  su  descanso, por haber demostrado un uso  público,   continuo   y   real   en  el  mercado,  previo  a  la  fecha  de  la  denuncia.   

También  indica el no recurrente que, previo  al  proceso  valorativo,  los  juzgadores  de  instancia  determinaron que en el  trámite     no    se    demostró    que    Inversiones    Fema    “tenga  o  haya  tenido un derecho sobre el signo “Picolin  La Ternura de su descanso”, ya  sea  como  marca  notoria,  nombre  comercial  o  enseña  comercial14”;  sin  embargo,  acepta el libelista,  que  bien  pudo  haberlo  ejercido  sobre la expresión Picolin la Ternura de su  descanso,  sin  embargo,  aquél  desapareció  de  la  vida jurídica y así el  derecho  que  pudiera  alegar,  pues el uso de un signo distinto en desuso no es  reprochable.   

Son  estas  las  razones,  que  lo  llevan  a  solicitar que la demanda no sea admitida.   

LAS CONSIDERACIONES  

I. De la casación discrecional.  

1.  Según  lo establece el artículo 205 del  Código  de  Procedimiento  Penal  del  2000,  la  casación  procede contra las  sentencias  “proferidas en segunda instancia por los  tribunales  superiores  de  distrito  judicial  (…)  en  los  procesos  que se  hubieren  adelantado  por  los delitos que tengan señalada pena privativa de la  libertad      cuyo      máximo     exceda     de     ocho     años”.   

Del  mismo  modo,  prevé que sólo de forma  excepcional,  esta  Corporación  puede  admitir  la demanda de casación contra  fallos  de  segundo grado distintos a los mencionados, siempre que se cumpla una  cualquiera  de  las  dos  condiciones  reseñadas  en  la  norma,  esto  es,  el  desarrollo   de   la   jurisprudencia   o   la   garantía   de   los   derechos  fundamentales.   

2. El mérito del sumario fue calificado con  resolución  de  acusación  por  el  delito de usurpación de marcas y patentes  descrito  en  el artículo 306 de la Ley 599 de 200015,   calificación   que   no  sufrió  ningún  tipo  de  modificación  y  en  cuya  redacción  original  se  sancionaba  la  conducta  con  pena de 2 a 4 años de prisión, multa entre 20 a  2000 salarios mínimos legales mensuales vigentes.   

3.  Es así que el disenso debía orientarse  por  el  sendero de la casación discrecional, (como bien lo anotó el sujeto no  recurrente)  para  lo  cual  le  correspondía  al  censor  atender el contenido  normativo  del  inciso 2° del artículo 205 del Código de Procedimiento Penal,  es  decir,  demostrar  la  necesidad  de que la Corte avoque el conocimiento del  asunto      “para  el   desarrollo   de  la  jurisprudencia       o      la      garantía     de     los     derechos     fundamentales”.   

Ninguno   de  estas   exigencias  fue  atendida  por  el  libelista a pesar de constituir presupuesto de procedibilidad  de la demanda para acudir a la casación discrecional.   

4. No está de más señalar, que únicamente  después  de  que  estén plenamente fundamentadas las razones que justifican el  conocimiento  del  asunto  en  sede  de  casación en aquellos eventos en que el  monto  de  la  pena  del  delito  por el que se procede no supera los 8 años de  prisión,  es  posible  invocar  los motivos concretos de disenso conforme a las  causales  previstas en el artículo 207 de la Ley 600 de 2000, argumentos unos y  otros que deben guardar cabal coherencia.   

5.  Como el censor ignoró el presupuesto de  mínima  argumentación  para  la  procedencia  del  recurso excepcional, porque  abandonó  la  tarea  de  motivar  cuál  es  la  tesis  jurídica  que debe ser  modificada  o  mejorada  por  la  Corte  y  tampoco  estableció la necesidad de  restablecer   alguna   garantía   fundamental,   no   es   viable   admitir  el  libelo.   

6. Ahora bien, aunque lo dicho en precedencia  sería  suficiente para inadmitir la demanda, en tanto la acreditada ausencia de  fundamentación  del  reparo discrecional así lo condiciona, oportuno se ofrece  dilucidar  que los cargos intentados tampoco superan el juicio lógico jurídico  de   admisión,   compartiendo   así   la   Sala   la  postura  del  sujeto  no  recurrente.   

II.  De  la  inadmisión  de  la  demanda.   

1.  De  entrada,  la  Sala  advierte  que  la  totalidad  del  libelo se limita a mostrar en forma desordenada e incoherente la  inconformidad  del  recurrente  con  la  apreciación  judicial de la prueba y a  oponer  su  personal  apreciación.  Igual, se desatendieron principios que  orientan    el   régimen   casacional   tales   como:   taxatividad16,  especificidad17,               suficiencia18   y  autonomía19.    

2.  El  censor  no  se  ocupó  de  precisar  –lo  que  le  resultaba  forzoso-  cuál  de  los  fines  consagrados  en el artículo 206 del Código de  Procedimiento    Penal,    Ley    600    de   200020  es  el  perseguido  con  el  libelo.   

3.  No  basta,  en  consecuencia,  afirmar que se ataca la sentencia por  ser  violatoria  de  una  norma  de derecho sustancial, se impone seleccionar de  manera  específica la causal, el motivo, el sentido del ataque y los argumentos  que  servirían  de  fundamento;  es  decir,  confeccionar  la  demanda,  en  un  todo.   

Precisamente     porque    “la  Corte  no  podrá  tener  en  cuenta  causales  de casación  distintas    a    las    que    han    sido   expresamente   alegadas   por   el  demandante”  (artículo 216 Código de Procedimiento  Penal  de  2000), y además se ha de observar que uno de los requisitos formales  del  libelo  consiste  en  “la  enunciación  de la  causal  y  la  formulación  del  cargo  indicando  en forma clara y precisa sus  fundamentos  y  las  normas  que el demandante estime infringidas”  (artículo  212-3  ibídem);  exigencias  que  en  este caso no se  cumplieron.   

4. No es por tanto,  permitida   la   alegación  indiscriminada  de  enfoques  propios  de  diversas  causales,  en  cuanto  cada  una  de  ellas  no sólo obedece en su postulación  teórica  a  supuestos  propios,  sino que metodológica y jurídicamente exigen  desarrollo  independiente.   Esto,  por cuanto el casacionista al pretender  desarrollar   el  cargo  subsidiario  de  falso  juicio  de  legalidad,  mezcló  indebidamente  lo  que  anunció  como un yerro por falso juicio de convicción.   

El  disenso  así  formulado,  quebranta  el  principio  lógico  de  no  contradicción  porque los dos tipos de censura, que  sintetiza    en    un    solo   reparo   parten   de   supuestos   esencialmente  distintos.   

5.   La   Corte   se   ha  detener  en  las  inadvertencias   más  relevantes  entre  las  múltiples  observadas,  pues  al  convertir  el censor la demanda de casación en un alegato de libre factura, son  variados los desaciertos.   

Los cargos  

1. Cuando la censura se postula por la vía de  la  infracción  directa  de  la  ley sustancial, el casacionista acepta que los  hechos  y  las pruebas declaradas como probadas en el fallo fueron correctamente  apreciadas,  razón  por  la cual el debate se circunscribe a la aplicación del  derecho,  sin que tengan cabida aspectos relacionados con la credibilidad de los  elementos de juicio y del acontecer fáctico.   

Consecuente  con  lo  dicho,  la  labor  de  demostración  de  la  trascendencia  del  vicio  deberá  estar  sustentada  en  evidenciar  que  el  juzgador  seleccionó  una  norma  que  no era la llamada a  gobernar  el asunto, omitió otra que sí resolvía los extremos de la relación  jurídico  procesal  o,  habiéndola  escogido  correctamente, le dio un alcance  interpretativo que no se deriva del texto de la ley.   

2.  De  los  citados  argumentos  ausente se  encuentra  el  yerro  de  selección  normativa  denunciado,  trasluciéndose el  planteamiento  en  solo  una  forma  personal  de  ver  los  hechos,  obviamente  contrario  al  sentenciador,  a  través  del  cual  en forma velada concluye la  tipicidad  de la conducta y, por ende, la responsabilidad de los acusados.   Las  incorrecciones  denotadas  en  precedencia,  conducen  a la inadmisión del  reproche.   

3. Frente al segundo  cargo, la Sala tiene dicho que la violación indirecta  de  la  ley  sustancial  a  causa  de  un  error  de derecho por falso juicio de  legalidad,  es  un  vicio que presupone la valoración de una prueba que ha sido  incorporada  al  proceso con desconocimiento de los requisitos legales. O lo que  es  lo mismo, se le otorga validez al medio que no lo tiene o se le niega al que  si  la  satisface.   Apunta a la existencia jurídica de la prueba, no a su  existencia   material,   ni  al  contenido  objetivo;  tampoco  a  su  capacidad  demostrativa.   

Establecido  el  yerro,  se  impone al censor  determinar   la  incidencia  del  mismo  en  relación  con  los  hechos  y  las  conclusiones  del  fallador,  debiendo para el efecto analizar integralmente los  distintos  medios  probatorios  acopiados, excluyendo la prueba ilegal, esto con  el  fin  de  demostrar que los restantes no se ofrecen suficientes para mantener  la presunción de acierto y legalidad que cobija el fallo.   

4.  Estos  presupuestos le permiten a la Sala  descalificar  el  desarrollo  de los cargos por parte del casacionista, como que  confinó  su  argumentación  a  confrontar  los  distintos medios de prueba y a  otorgarles  su  propia  capacidad  probatoria.  Una  muestra de ello21:   

“…Es   claro  que  la  documentación  probatoria  aportada  que  (sic)  demuestra  un primer uso del signo distintivo,  PICOESLIN  LA  TERNURA  DE  SU  DESCANSO,  carece  de  validez,  por  lo cual su  consecuencia probatoria al interior del proceso es inválida”.   

5.  Adicional  a ello y dentro del desarrollo  del  mismo, enunció –a eso  limitó  su  argumentación- alternativamente un falso juicio de de convicción,  lo  que  se  le  imponía  realizar en forma separada para cada uno, y a más de  ello, demostrar la trascendencia.   

Fácil es advertir, que el censor confunde el  falso        juicio       de       convicción22,  referido a la tarifa legal  determinada  por  la  ley  a  la  que  hace  caso  omiso el juzgador23, y el falso  juicio  de  legalidad,  referido a la existencia jurídica de la prueba, las que  en  uno  u  otro  caso  exigen  cargas  distantes  en  su  demostración en sede  extraordinaria.  El  impugnante  pretende que sin desarrollo alguno, tal vez con  la  pretensión  de  que  la  Corte  desentrañe  el  verdadero  sentido  de sus  propuestas  se  atiendan sus súplicas. No de otra manera se comprende, cómo, a  la  manera  de un alegato libre de formalidad, más propio de las instancias que  de  casación  bajo  un único supuesto de ataque entremezcle reparos distintos.   

6. De igual manera, oportuno es recordar que  el  sentenciador  está  en libertad de apreciar las pruebas en conjunto, con el  límite  que  le  imponen  las reglas de la sana crítica, a partir de la cuales  queda  facultado  para  otorgar  mérito  a  los medios de prueba, los elementos  materiales   probatorios   o  las  evidencias  físicas  que  le  ofrecen  valor  demostrativo,   y   para   negárselo   a   las  que  no  tienen  la  virtud  de  persuadirlo.   

7.  Sin  embargo, su desatención no se queda  allí,  pues amparado en hechos sofísticos lo que finalmente está cuestionando  es  la  credibilidad otorgada por el juzgador, postura que se ofrece refractaria  al recurso extraordinario.   

8.  Como  la revisión del expediente permite  inferir  que no se ha incurrido en notorias causales de nulidad ni en flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales,  la  Corporación no puede penetrar de  oficio al fondo del asunto.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero.  Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada por el señor apoderado de la parte civil  contra  la sentencia del 13 de septiembre de 2011, dictada por la Sala Penal del  Tribunal Superior de Bogotá.   

Segundo.   Contra  esta  providencia  no  procede  recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO   FERNANDO  ALBERTO CASTRO CABALLERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ         MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ   

                                                                     Excusa justificada   

AUGUSTO        J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                 LUIS     GUILLERMO     SALAZAR    OTERO   

JULIO        ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA          JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria  

    

1 Cfr.  folio 38 cuaderno original 1 de la fiscalía.   

2 Cfr.  folios 19-37 cuaderno original 2 de la fiscalía.   

3 Cfr.  folios 3-13 del cuaderno de segunda instancia de la fiscalía.   

4 Cfr.  folios  279-315 original 2 del juzgado.   

5 Cfr.  folios 3-29 del cuaderno del Tribunal.   

6 Cfr.  folios 40-61 ibídem   

7 Cfr.  folio 48 cuaderno del Tribunal.   

8 Cfr.  folio 50 ib.   

9 Cfr.  folio  51  ib.  Así  los  presentó  el  recurrente:”identifica una actividad  industrial   o  comercial,  es  decir  identifica  al  empresario  como  tal”.  “ENSEÑA  COMERCIAL:  Identifica principalmente al establecimiento de comercio  propiedad  del  comerciante,  se  visualiza  principalmente  en el  aviso y  puede o no coincidir con el nombre comercial…”.   

10 Cfr.  folio 51 ib.   

11  Ib.   

12  Cfr. folio 59 ib.   

13  Léase ley 906 de 2004.   

14  Cfr. folio 78 cuaderno del Tribunal.   

15  Oportuno  se  le ofrece a la Sala destacar que el nomen iuris fue modificado por  virtud  del artículo 4 de la Ley 1032 de 2006 por el de Usurpación de derechos  de    propiedad    industrial   y   derechos   de   obtentores   de   variedades  vegetales.   

16 Las  causales  de  casación están expresamente señaladas por la ley, por lo que se  impone a quien acude al mecanismo extraordinario su cabal respeto.   

17 Se  quebranta  cuando  en  un  mismo  cargo  se  postulan violaciones distintas, sin  precisar cómo se materializa cada una de ellas.   

18 La  demanda debe bastarse a sí misma para demostrar el yerro.   

19 Al  interior  de  un  mismo  cargo  no  se pueden mezclar ataques correspondientes a  causales  distintas,  pues cada una tiene características y reglas técnicas de  demostración      diferentes      y     producen     diversas     consecuencias  jurídicas.   

20  “…La  casación  debe  tener por fines la efectividad del derecho material y  de  las  garantías  debidas  a  las  personas  que intervienen en la actuación  penal,  la  unificación  de la jurisprudencia nacional y además la reparación  de    los    agravios    inferidos    a    las    partes    con   la   sentencia  demandada…”.   

21  Cfr. folio 60 del cuaderno del Tribunal.   

22  Violación indirecta de la ley sustancial por error de derecho.   

23  Como  excepción  en la Ley 906 puede considerarse como tarifa legal negativa la  prohibición  de  sentencias condenatorias apoyadas exclusivamente en pruebas de  referencia.     

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