38174(11-12-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    Radicación No. 38174  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Aprobado Acta No. 419-  

Bogotá, D. C., once (11) de diciembre de dos  mil trece (2013)   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

La Sala examina los presupuestos jurídicos,  lógicos  y  argumentativos  expuestos  por el apoderado del señor César  Augusto  Duque Zuluaga,  con el fin de resolver sobre la admisión  de  la  demanda  de  casación  propuesta  contra  la  sentencia  dictada por el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Bogotá el 27 de julio de 2011, que  confirmó  la  condenatoria  proferida  por  el  Juzgado  5  Penal  del Circuito  Especializado de la misma ciudad el 16 de diciembre de 2010.   

HECHOS  

Fueron   narrados   por   el   Tribunal,  así:   

“…El  contexto  más amplio del concurso  criminal   que   aquí   se   juzga  tiene  que  ver  con  las  secuelas  de  la  desmovilización  de  diferentes  bloques de las denominadas Autodefensas Unidas  de  Colombia  “AUC”  que operaban actividades ilícitas en la zona norte del  territorio   nacional,   lo   cual   dio   origen   al   surgimiento  de  bandas  delincuenciales.   

Fue  así como durante los años 2006 y 2007  se  constituyó un grupo criminal emergente denominado “La Empresa” o “Los  40”  en  los espacios dejados por las desmovilizadas autodefensas en la ciudad  de   Cartagena  y  otros  municipios  circunvecinos,  dedicada  a  la  comisión  indiscriminada  de  delitos,  con  énfasis  en  homicidios  selectivos o de mal  llamada  limpieza  social,  hurto  de  hidrocarburos y extorsión a comerciantes  bajo  la modalidad de intimidación y venta de protección. Aquella era dirigida  por  Javier  Eduardo  Coronado  Sarmiento  y como jefe de sicarios y finanzas se  desempeñaba  Domingo  Eduardo  Gándara  Romero (a. Domingo o Iván); a su vez,  Francisco  Javier  Ramos (a. Tolimita) cumplía funciones de ejecutor directo de  los  homicidios,  bajo las órdenes de los anteriores, y escoltaba al segundo de  los mencionados.   

En el caso que ahora convoca la atención del  Tribunal  se  acusó  a  los  aquí procesados Ronie Hartman Garizabal (a. “El  loco”)  y  César  Augusto  Duque Zuluaga (a. César) como miembros activos de  dicha  organización  ilícita,  quienes  habrían  realizado  al  menos  cuatro  homicidios en la ciudad de Cartagena.   

A  la  empresa se le atribuyen 18 homicidios  cometidos  en  la  capital  bolivarense  durante  los  meses  de julio de 2006 a  febrero  de 2007, cuyas víctimas fueron: Roger Enrique Acosta García, Philippe  Pierre  Thiriez Varley, Lucas Gabriel Otero Espinel, Edwin Enrique Juco Pájaro,  Javier  Martínez  Vargas,  Dubissay  Marrugo González, Delmiro González Ruiz,  Gregorio  Tuirán  Correa,  Richard  José  Cabarcas Monroy, Yonny Cabarcas  Román,  Luis Rey Polo Gutiérrez, Deyanira Jaramillo López, Andrés Rodríguez  Otero,  Juan  Carlos  Valverde  Domínguez,  Willinton  Vidal  Herrera, Mauricio  Javier  Carvajalino  Mendoza,  Wilson  Manuel  Cano y Wilfredo Zaín Guerra  Cayón.   

No  obstante,  según lo explicó la señora  Jueza  con  base  en  la resolución acusatoria, y por lo tanto a tales injustos  circunscribió  su decisión, a los señores  Hartman y Duque se les llamó  a  juicio por los homicidios agravados de Roger Enrique Acosta García, ocurrido  el  24  de agosto de 2006 en el barrio 13 de Junio (sic); de Lucas Gabriel Otero  Espinel,  acaecido  el  26 de septiembre de 2006 en la  Placita de Telecom;  de  Javier  Martínez Vargas, acontecido el 1 de septiembre de 2006 y de Delmiro  González  Ruiz,  ocasionado  el 26 de septiembre de 2006 en el barrio Fredonia;  se itera, de la ciudad de Cartagena”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  A  través  de  la resolución del 21 de  febrero  de  20071,  la  Fiscalía 36 Delegada ante los Jueces Penales del Circuito de  Cartagena  de  la  Unidad  de  Delitos  contra  la  vida  y  otros,  ordenó  la  vinculación  mediante  indagatoria  de  Cesar Augusto  Duque  Zuluaga y Ronie          Thomas          Hartan          Garizabal.   

2.   El  18  de  febrero  de  2008,  la  Fiscalía  18  Delegada  ante  los  Jueces  Penales  del Circuito Especializados  adscrita  a  la  Unidad  Nacional  de  Derechos  Humanos y Derecho Internacional  Humanitario   profirió   resolución   de   acusación   en  contra  de,  entre  otros2,  y  para  los efectos que interesan a esta decisión, Ronie Thomas  Hartman  Garizabal  y  César  Augusto  Duque Zuluaga,  como  presuntos  coautores de los delitos de homicidio  múltiple  agravado,  en  concurso  homogéneo  y,  en concurso heterogéneo con  concierto  para  delinquir  agravado  (artículos 104,  numerales  5,  7  y  8  del  Código  Penal  y 340 inciso 2 ibídem)3.   

Esta  decisión  fue  objeto  del recurso de  apelación  y  recibió  confirmación integral el 15 de julio de 2008 por parte  de  la  Fiscalía  45  Delegada ante el Tribunal Superior de Bogotá4.   

4.   Una  vez  evacuada  la  etapa  del  juicio,   el  16  de  diciembre  de  2010,  el  Juzgado  5  Penal  del  Circuito  Especializado  de  esta  ciudad  profirió  sentencia  condenatoria en contra de  César     Augusto     Duque    Zuluaga, como coautor de  los  delitos  de  homicidio agravado, en concurso, homogéneo y heterogéneo con  concierto  para  delinquir  agravado  y  de Ronie Thomas Hartman Garizabal, como  coautor   del  delito  de  homicidio  agravado,  en  concurso  heterogéneo  con  concierto   para   delinquir.  Le  impuso  una  pena  principal  a  César  Augusto  Duque Zuluaga, de 32 años  de  prisión  y  multa  de 1500 S.M.L.M.V.; a Ronie Thomas Hartman Garizabal, lo  sancionó  con  31  años  de  prisión y multa de 1.500 s.m.l.m.v.. A ambos los  sentenció  a  la  accesoria  de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  un  término  de  20 años5   y   al  pago  solidario  de  perjuicios.  Así mismo les negó la suspensión condicional de la ejecución de  la pena y la prisión domiciliaria.   

5. La decisión fue recurrida por la defensa  de  los  acusados  y  confirmada  por  la  Sala  de Decisión Penal del Tribunal  Superior  de  la  misma  sede  el 27 de julio de 20116.   

6.    El    defensor   de   Duque  Zuluaga,  interpuso  y sustentó el  recurso extraordinario de casación, que le fue concedido.   

LA    DEMANDA   

1.    El   demandante,  tras  exhibir  in  extenso  su  particular  visión  de  la  forma  como  sucedieron  los  hechos,  afirma  que “el  señor CESAR AUGUSTO DUQUE ZULUAGA aseguro (sic) que el no ha  llamado  a  nadie  de  los  supuestos  integrantes de la Banda los Cuarenta o la  Empresa,  el no conoce a la señora declarante LUZ MARBEL ARROYO, que conoció a  RONIE    THOMAS    HARTMAN    GARIZABAL   el   día   que   lo   subió   a   su  mototaxi”7,  siendo  esta  la  circunstancia por la que se encuentra preso, lo  cual  atenta contra sus derechos porque la Fiscalía no demostró que se hubiera  concertado con los otros detenidos.   

2.    Considera   que   “se  cometieron  errores y hubo ligereza por parte de la Fiscalía  en        la        parte        investigativa8”;  luego, con el  propósito  de  desarrollar  el planteamiento, aborda el tema relacionado con el  peritazgo     de     absorción     atómica,     examen     que    “supuestamente      llego      (sic)     extemporáneo9”;  enseña,  igualmente,  que el arma utilizada en  la muerte de Lucas Otero Espinel era  distinta  a  la  que  Ronie  Thomas  Hartman Garizabal  portaba al momento de su captura.   

3. Indica que no se explica cómo el órgano  acusador   sin   tener  certeza  jurídica,  con  abierta  vulneración  de  los  artículos   232   y   238   del  Código  de  Procedimiento  Penal  y  sin  las  correspondientes       investigaciones,      realizó      imputaciones      sin  fundamento.   

4.  En  el  mismo  segmento,  se  opone a la  acusación  frente  al delito de concierto para delinquir, pues sostiene que las  supuestas   llamadas   que  le  sirvieron  a  la  Fiscalía  para  acusar  a  su  representado  no  le  fueron  puestas  de presente a la defensa en las distintas  audiencias.   

A continuación, alude otro error que, en su  criterio,  vulnera  el  derecho  a  la  defensa  de  su asistido y es que aquél  indicó  no  haber  llamado  a  ningún integrante de la Banda los Cuarenta o la  Empresa,  tampoco  sabe  quién  es  la  señora  Luz  Marvel  Arroyo  y además  justifica  la  forma  en que conoció a Ronie Thomas Hastman Garizabal, esto es,  el  día  que  lo  subió  a  su  motocicleta  para  prestarle  el  servicio  de  mototaxismo,  circunstancia última que a su juicio, constituye la razón por la  que se encuentra detenido.   

5.  Bajo el título de consideraciones de la  defensa  técnica,  señala  que su asistido carece de antecedentes penales y de  policía,  y el día de la captura no portaba armas de ninguna clase, además no  “se pudo probar por parte de la Fiscalía General de  la  Nación  que  alguno  de  ellos  hubiera  podido haber disparado el arma que  último  (sic) al señor LUCAS GABRIEL OTERO ESPINEL10”.    

6.   Solicita,  por  tanto, que la Sala  valore  las  circunstancias  en  que sucedieron los hechos teniendo en cuenta la  presunción  de  inocencia  y los planteamientos realizados, para que se revoque  la  sentencia condenatoria y se exonere al señor Cesar  Augusto  Duque  Zuluaga  de  cualquier responsabilidad  penal.   

CONSIDERACIONES  

I. Inadmisión de la demanda.  

1. Serios son los reparos que la Sala habrá  de  destacar  en sus apartes más sobresalientes, los que impiden la prosperidad  en  la  pretensión, pues dígase para empezar, que ni tan siquiera se detuvo el  demandante  en  señalar cuál era la senda escogida para atacar la sentencia de  segundo grado.   

2. No basta afirmar que se ataca el fallo por  considerarse  injusto  o  ilegal, se impone seleccionar de manera específica la  causal,  el  motivo,  el  sentido  del ataque y los argumentos que servirían de  fundamento; es decir, confeccionar la demanda, en un todo.   

Lo anterior, precisamente porque “la  Corte  no  podrá  tener en cuenta  causales  de casación distintas a las que han sido expresamente alegadas por el  demandante” (artículo 216  Código  de  Procedimiento  Penal),  y  además se ha de observar que uno de los  requisitos      formales     del     libelo     consiste     en     “la  enunciación  de  la  causal  y la  formulación  del cargo indicando en forma clara y precisa sus fundamentos y las  normas      que      el      demandante      estime      infringidas” (artículo 212-3 ibídem); exigencias  que en este caso no se cumplieron en lo más mínimo.   

3.     El     escrito     –en         sus        diversas  acometidas-   contrario   a   lo   decantado  por  la  jurisprudencia,  se  asoma  más  a  un  memorial de instancia, confeccionado de  manera  libre,  genérica y vaga, en donde se ignoraron presupuestos mínimos de  dialéctica  casacional;  desajustes  que  constituirían motivo suficiente para  concluir la ineptitud del libelo.   

4.  La  Corte  insiste en que formulación y  sustentación   del   recurso   extraordinario  de  casación  no  es  de  libre  postulación.  Se  trata  de  una  impugnación sometida a exigencias formales y  sustanciales  de  cuya  observación pende la facultad de la Sala para emitir un  pronunciamiento   de  fondo,  principalmente  porque  se  trata  de  un  recurso  rogado.   

Tales exigencias obedecen a lo especialísimo  del  mismo,  como  quiera  que su finalidad es la de derruir los cimientos sobre  los  cuales  está  edificada  la  sentencia  impugnada,  protegida por la doble  presunción  de  legalidad  y  acierto.  De  manera  que es tarea del recurrente  desvirtuar   una  de  aquellas,  o  ambas,  mediante  la  demostración  lógico  jurídica  de  la  concurrencia de alguna de las causales de casación previstas  por  el  legislador,  cuya  argumentación en ningún caso se puede limitar a la  exposición  de opiniones subjetivas, diversas a las asumidas por los falladores  que es justamente a lo que se contrae el libelo.   

En  efecto,  los  argumentos  expuestos a lo  largo  del escrito –resulta  impropio  catalogarlo  de  demanda-  y,  por ende, los  errores  en  los  que  supuestamente incurrieron los jueces de fallo,  revelan desconocimiento de la técnica  casacional.   

5.  El  censor tampoco se ocupó de precisar  –lo  que  le  resultaba  forzoso-   cuál  de  los  fines  consagrados  en  el  artículo  206  del  Código de Procedimiento Penal, Ley 600 de 200011,   es   el  perseguido  con  el  libelo,  limitándose  tan  sólo  a  sostener –tímidamente-  que se debe respetar el principio de presunción de inocencia.   

6.  El  demandante limitó su disertación a  exhibir  su  personal  y parcializada valoración sobre algunos medios de prueba  aportados  al  proceso,  sin detenerse a precisar por cuál de las tres causales  en  sus  distintas  modalidades  dirigía  su ataque: causal primera (violación  directa  e  indirecta,  causal segunda (congruencia) y causal tercera (nulidad).   

Recuérdese que, en la violación directa se  han  de  respetar  los  fundamentos  fácticos  y  probatorios  de la decisión,  debiéndose  concentrar  la  atención  exclusivamente en el error de juicio que  recae  sobre  la  norma  sustancial  y se presenta de tres maneras: i)  falta  de  aplicación  de  la  ley,  ii) aplicación indebida, y,  iii)    interpretación  errónea de la ley.   

En tanto que en la violación indirecta de la  ley,  se  parte  de  que el vicio derivó de la errada apreciación de  las  pruebas,  es  decir,  que  el  yerro en la aplicación del derecho fue de manera  mediata.  Se  manifiesta  a  través  de:  error  de derecho por falso juicio de  legalidad  y  falso juicio de convicción; y, error de hecho, por falsos juicios  de  existencia,  identidad  o  raciocinio.  Cada  uno  de estos defectos difiere  sustancialmente del otro.   

Ahora,  cuando para cuestionar una sentencia  se  escoge  la  vía  de  la  causal  tercera  del  artículo 207 del Código de  Procedimiento  Penal es imprescindible que el censor identifique de manera clara  cuál  es  la  clase  de  nulidad  que  invoca, exhiba los fundamentos en que se  apoya,  exprese  cómo la irregularidad denunciada repercutió indefectiblemente  en  la  afectación  del trámite surtido, determine cuál es su trascendencia y  señale   desde   qué   momento   procesal   se  debería  declarar12.   

El  recurrente  tiene  la  obligación  de  demostrar  la existencia de una anomalía, de exponer de manera fundada cuál es  el  perjuicio que por ella sufrió el procesado y de explicar cómo se afectaron  sus  garantías  o las bases fundamentales de la instrucción o del juzgamiento.  En  esos  eventos, no se puede olvidar que para que opere la nulidad se requiere  la  producción  de  un  daño  y quien la alega tiene la carga de exhibir cuál  sería la ventaja que obtendría el procesado con su declaratoria.   

Si  la  nulidad  se  presenta  por  varias  hipótesis,  es  ineludible  que  cada  una se proponga en capítulos separados,  atendiendo  el  principio  de prioridad y sin entremezclar en forma indebida los  elementos relativos a cada error sustancial que se plantea.   

7.  El  censor  no  reparó  en que para una  adecuada  formulación  se requiere que los fundamentos sean claros y precisos y  es  justamente ello uno de sus mayores –que  no  los  únicos-  desaciertos.  Sus  planteamientos  son  confusos, repetitivos y desordenados, lo que imposibilita a  la Corte abordar su estudio.   

8. Ahora, si su pretensión estaba dirigida a  reprobar   la   actividad   probatoria,   en   tanto   afirma  que  “tampoco  se  presento  (sic) por parte de la Fiscalía pruebas de  ninguna  índole,  como  era  el experticio de absorción atómica u otro examen  científico  de  balística  en relación con los disparos, o sea que no se pudo  probar  por  parte  de  la  Fiscalía  General de la Nación que alguno de ellos  hubiera  podido  haber  disparado  el  arma  que  último  (sic) al señor LUCAS  GABRIEL            OTERO           ESPINEL13”,  es  reproche  que  le  resultaba  forzoso  plantear y desarrollar por vía de la  causal  tercera  de  nulidad  por violación al debido proceso, en su componente  del  principio  de  investigación  integral; si por otro lado, quería discutir  que  no  se  le permitió controvertir las llamadas, ha debido postular el yerro  por  esta  misma  senda de manera independiente pero por vicios de garantía, lo  que tampoco desarrolló.   

9.  Ahora,  si  lo  perseguido era atacar la  sentencia  por vía de un falso raciocinio, le resultaba proscrito cuestionar la  credibilidad  en  del  dicho  de  Marbel  Luz  Arroyo14,   exigencia   que   igual  desatendió  al  señalar  que  “la  Fiscalía en su  afán  de  presentar resultados de manera irresponsable y como un falso positivo  hace  unos  señalamientos  muy  lejanos a la verdad15”.   

10. Una censura adicional, limitada como las  demás  a  su mera enunciación: el demandante tímidamente aludió al principio  de  presunción  de  inocencia.  Al efecto y para una adecuada argumentación en  sede  de  casación,  basta  reiterar  que  la  Corte  ha señalado que se deben  distinguir dos aspectos diversos:   

(i)           Si afirma que el juez ha errado porque la  sentencia  reconoce  la  existencia  de  duda  razonable  originada  en  el  haz  probatorio,  pero  dejó  de  aplicar  el  precepto  sustantivo que reconoce ese  hecho, debe invocar violación directa; y   

(ii)          Si  encuentra  que  el  juez  ignora  la  existencia  razonable  y  manifiesta de la duda por errores en la valoración de  las  pruebas,  debe  acudir  a  la  violación  indirecta  de la ley sustancial,  especificando  la  naturaleza  del  yerro  cometido,  esto  es,  si  de  hecho o  derecho.   

En  el evento examinado, una declaración en  uno  u  otro  sentido  brilla por su ausencia, luego surge incuestionable que la  censura  radica  exclusivamente  en que se considere que el análisis probatorio  debió  plantearse  como  lo  hace  el actor, lo que, ni de lejos, estructura el  error que se reclama.   

11.  En este orden de ideas, los desaciertos  advertidos  no  permiten  dar  curso al libelo, sin que, por otra parte la Corte  evidencie  del  estudio  de las diligencias la necesidad de superar los defectos  del  libelo  con  el  fin de corregir de manera oficiosa alguna violación a las  garantías fundamentales.   

II. Cuestión final.  

La  Sala  observa  que el juzgador de primer  grado    (situación    no    advertida    por    el  Tribunal)  al  momento  de  proferir  la  sentencia de  primera  instancia,  omitió  en  la  parte  resolutiva  absolver a César   Augusto  Duque  Zuluaga  y  Ronie  Thomas  Hartan  Garizabal  por  el delito de homicidio agravado siendo ofendidos  Javier  Martínez y Delmiro González Ruiz (respecto al  primero),  y  Roger  Enrique  Acosta  García,  Javier  Martínez    y   Delmiro   González   (respecto   al  segundo);   aspecto  que fue debatido en la parte  motiva.   

Por  tal  razón  y  con  el  propósito  de  corregir   tal   inadvertencia,   para  los  efectos  legales,  entiéndase  que  César  Augusto Duque Zuluaga  y  Ronie  Thomas  Hartan  Garizabal, fueron absueltos por el delito de homicidio  agravado  en las personas acabadas de mencionar, sin perjuicio de la condena que  les  fue  impuesta.  Requiérase  al  fallador de instancia para que realice las  comunicaciones de ley.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero.-  INADMITIR  la  demanda  de casación presentada por el  defensor de César Augusto Duque Zuluaga.   

Segundo.-.  Para  los efectos legales entiéndase que César   Augusto  Duque  Zuluaga  y  Ronie  Thomas  Hartan Garizabal fueron absueltos por el delito de homicidio agravado en  perjuicio   de   Javier   Martínez   y   Delmiro  González  Ruiz  (respecto  al  primero),  y  Roger Enrique  Acosta    García,   Javier   Martínez   y   Delmiro   González   (frente  al  segundo); sin perjuicio de la  condena  que  les  fue  impuesta.  Requiérase al fallador de instancia para que  realice las comunicaciones de ley.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

         

José Leonidas Bustos Martínez  

José Luis  Barceló Camacho             

Fernando Alberto Castro Caballero  

Eugenio Fernández Carlier            

   

María    del    Rosario    González  Muñoz  

Gustavo Enrique Malo Fernández            

   

Eyder Patiño Cabrera  

Luis Guillermo Salazar Otero  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria  

    

1 Cfr.  folio 157 cuaderno original 1.   

2  El  pliego  calificatorio  cobijó  a  Javier  Eduardo  Coronado  Sarmiento, Domingo  Eduardo  Gandara  Romero,  Francisco  Javier  Ramos  y  Maira  Alejandra García  Escalante.   

3 Cfr.  folios 264-299 cuaderno original 6.   

4 Cfr.  folios 14-37 cuaderno de segunda instancia.   

5 Cfr.  folios 1-113 cuaderno original 11.   

6 Cfr.  folios 6-37 cuaderno del Tribunal.   

7 Cfr.  folio 73 íb.   

8 Cfr.  folio 70 íb.   

9 Cfr.  folio 71 íb.   

10 Cfr.  folio 74 íb.   

11  “…La  casación  debe  tener por fines la efectividad del derecho material y  de  las  garantías  debidas  a  las  personas  que intervienen en la actuación  penal,  la  unificación  de la jurisprudencia nacional y además la reparación  de    los    agravios    inferidos    a    las    partes    con   la   sentencia  demandada…”.   

12  Sentencia del 29 de agosto de 2000 (radicado 15.338).   

13  Cfr. folio 74 íb.   

14   “En lo referente a lo expuesto  por  la señora MARBEL LUZ ARROYO, ella habla en general y no sobra decir ya que  la  experiencia  lo  enseña,  que  lo  relatado  por  ella sea una declaración  amañada,  toda  vez  que esa señora no conoce a mi defendido y como lo dijo el  mismo  CESAR  AUGUSTO  DUQUE  ZULUAGA “Yo no conozco a esa señora, ni ella me  conoce a mi”. Cfr. folio 70 íb.   

15  Cfr. folio 69 íb.     

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