38129(18-01-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 38129  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº  007  

Bogotá, D.C., dieciocho (18) de enero de dos  mil doce (2012)   

V    I   S   T   O  S   

La  Sala se pronuncia sobre los presupuestos  de  lógica  y  debida fundamentación de la demanda de casación presentada por  el  defensor  de  la  procesada  Amanda  Lucía Tocora  Delgado,  en  contra  del fallo del 7 de septiembre de  2011,  a  través  del  cual  la  Sala  Penal  del  Tribunal Superior de Ibagué  confirmó  la  sentencia  de  primera  instancia  del  Juzgado  Sexto  Penal del  Circuito  de  la  misma  cuidad,  que condenó a la mencionada por las conductas  punibles de estafa y falsedad material en documento privado.   

H E C H O S  

El sentenciador de segundo grado los resumió  de la siguiente manera:   

“Mediante  denuncia instaurada por Álvaro  Riaño  Mahecha,  se  da  a conocer que, para el año 2004, los señores Néstor  Darío  Betancourt,  representante de Citizenz Inc. para Colombia, Ana de Jesús  Ramírez     de     Vargas,     directora    de    la    agencia    ‘Pijaos’,  dependiente de Caribe Internacional  y  Amanda  Lucía Tocora Delgado, quien se desempeñaba como agente vendedora de  Citizenz    de    la    sucursal    ‘Pijaos’,  le  ofrecieron  que  financiara  el valor de las pólizas que ellos vendían, con el  objeto  de  captar  clientes, obteniendo como ganancia el 4.5% sobre el valor de  dicha financiación.   

Es así como Amanda Lucía Tocora Delgado le  informa  sobre  el  interés de financiación de diferentes clientes de Citizenz  Inc.  y  previo  el  desembolso del dinero le entregó letras de cambio firmadas  por  dichos  clientes  por  el  valor  de  lo  adeudado, como también una letra  firmada  y autenticada por ella, por el valor total de la deuda para cada uno de  los  negocios,  en total trece, figurando como clientes de la agente vendedora y  deudores del señor Riaño, los siguientes:   

Carmenza  Lopera, Nayibe Gutiérrez Murillo,  Yolanda  Ariza,  Olga  Lucía Guzmán Gómez, Wilfer Fabián Parra, Nohora Díaz  de  Rodríguez,  Ivonne  Castillo  Pilimur,  Luis  Guillermo Osorio Gallego, Luz  Adriana  Castro  Ramírez,  Luis  Roberto  Posada y Armando Lagos, obteniendo el  préstamo solicitado.   

Inicialmente los clientes cancelaban a tiempo  las  cuotas de los préstamos, pero cuando empezaron a incurrir en  mora se  comunicó  con  los  mismos, quienes adujeron no tener negocio alguno con Amanda  Lucía  Tocora.  Igualmente,  por  estos  hechos  denunciaron Luz Adriana Castro  Ramírez   y   Luis   Guillermo  Osorio  Gallego,  supuestos  clientes,  quienes  desmienten  precisamente  haber realizado negociaciones con la denunciada, de lo  cual  tuvo confirmación el denunciante al informársele por parte de la asesora  Ana  de Jesús Ramírez que efectivamente no había radicado las pólizas de los  precitados en la compañía.”   

A N T E C E D E N T E S  

1. Por los hechos anteriores, la Fiscalía 16  Seccional  de  Ibagué,  a  través  de  resolución  del 19 de octubre de 2006,  acusó   a   Amanda  Lucía Tocora Delgado como presunta  autora  de  las  conductas  punibles  de  estafa y falsedad en documento privado  (artículos   246   y   289   del  Código  Penal),  en  concurso  homogéneo  y  heterogéneo.  Dicha  providencia,  tras  ser  apelada  por  la  defensa  de  la  investigada,    recibió    confirmación  por  parte  de  la  Fiscalía  Primera  Delegada  ante el Tribunal  Superior  de  Ibagué,  mediante  resolución del 19 de  enero de 2007.   

La  causa  fue avocada por el Juzgado Quinto  Penal  del Circuito de Ibagué, despacho que corrió a los sujetos procesales el  traslado  del  artículo  400  de  la  Ley 600 de 2000 y celebró las audiencias  preparatoria  y  pública del juicio; la realización de esta última actuación  culminó  ante  el Juzgado Sexto de la misma denominación y localidad. Así, el  último  de  los  funcionarios mencionados, el 15 de diciembre de 2010 profirió  sentencia   de   primera   instancia,   a   través   de  la  cual  condenó a Amanda  Lucía  Tocora  Delgado  a las penas principales de 50  meses  de  prisión y multa de 100 salarios mínimos legales mensuales vigentes,  así  como  a  la  accesoria  de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por término igual al de la pena privativa de la libertad,  como  autora  de  las  conductas  punibles  de estafa, en concurso homogéneo, y  falsedad en documento privado.   

Así  mismo,  la  condenó  al  pago  de los  perjuicios  civiles derivados de la ejecución de los hechos punibles y le negó  el  subrogado  de  la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena y el  sustituto de la prisión domiciliaria.    

La  decisión  de  condena,  luego  de  ser  apelada por el defensor de la  procesada,     recibió    confirmación  por  parte del Tribunal Superior de Ibagué, a través de fallo de  segundo  grado  del  7 de septiembre de 2011.  En contra de lo decidido por  el  ad  quem, el apoderado de  Tocora  Delgado  formuló el  recurso  extraordinario  de casación, el cual sustentó oportunamente a través  de la correspondiente demanda.    

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El  defensor  de  la  procesada Amanda  Lucía  Tocora  Delgado acude a la  casación excepcional, con el  fin  de  proteger  el  derecho  de  aquella  a  la  presunción  de  inocencia e  in  dubio  pro  reo.  Así,  formula  un  cargo  único  que  apoya en la causal de casación que describe el  artículo  207,  numeral 1, cuerpo segundo, de la Ley 600 de 2000, por medio del  cual  alega  que el sentenciador violó de manera indirecta los artículos 29 de  la  Constitución Política y 7° y 232 de la Ley 600 de 2000, como consecuencia  de incurrir en falsos raciocinios.   

Sostiene,  en  apoyo de su tesis, que es tan  evidente  el  estado  de  incertidumbre  probatoria  que   el  ad   quem  admitió  que  el  a    quo    cometió   errores   en   la  argumentación  de  la  sentencia, en especial, en la construcción de la prueba  indiciaria.   

Critica que el juzgador incurriera en falsos  raciocinios  al  apreciar  la  denuncia  y  las  declaraciones de Álvaro Riaño  Mahecha,  pues  lo que éste afirma no corresponde a la realidad y riñe con los  postulados  de  la  lógica  y  la  experiencia.  Dice  que  el  citado yerro se  configuró  cuando  el  Tribunal  infirió  a  partir  del  dicho  de aquél que  Tocora  Delgado  falsificó  varias  letras  de cambio, con el fin de engañarlo, para así apropiarse de los  dineros entregados.   

Aduce que dicha conclusión es errada porque  el  propio  deponente  aceptó  que cada negocio era respaldado solamente por la  hoy  procesada,  motivo por el cual ésta firmó una letra de cambio a su favor,  con  autenticación  notarial de su firma; dicha circunstancia, indica, descarta  la  inducción  a  error, la cual fue el producto de suposiciones que desconocen  los postulados de la lógica y la experiencia.   

En  cambio,  asegura,  las  explicaciones de  Amanda Lucía Tocora Delgado,  aparte  de  que no fueron desvirtuadas, sí son lógicas y razonables, de suerte  que  impiden la declaratoria de certeza deducida por el fallador; lo anterior es  así,  porque  de  aquellas  se infiere que las letras de cambio autenticadas en  notaría  y  entregadas  al  denunciante  solamente tenían por objeto servir de  garantía   para   el  cumplimiento  del  negocio.  Para  reforzar  la  anterior  conclusión,  el  demandante  sostiene  que  el  juzgador  nunca  consideró  la  ausencia  de acciones legales por parte del denunciante contra la denunciada, ni  desvirtuó  la  exculpación  de  esta  última,  en el sentido de que tenía la  tenencia  de  los  títulos  valores  ‘para  su  control  personal’ y nunca los utilizó para fines ilegítimos.   

Por  otra parte, el defensor denuncia que el  sentenciador  no  configuró  los  indicios  de  tenencia, oportunidad y mentira  conforme  lo  dispuesto  por  la  dogmática,  sino que estos son el producto de  apreciaciones personales.   

Asegura  que  riñe con los postulados de la  sana  crítica  admitir  que  el  denunciante, por su condición de comerciante,  hubiera             entregado            $120.000.000            “presuponiendo”  la  existencia  de otros  deudores, sin indagar quiénes eran.   

Todo  lo  anterior,  afirma  el  impugnante,  impide  deducir  la  certeza  para  condenar e impone el deber de absolver, tras  reconocer    la   ‘duda  razonable’,  pues  de  no  haber   incurrido   el   fallador  en  los  yerros  de  apreciación  probatoria  denunciados   habría   declarado   la   ausencia   de   responsabilidad  de  la  procesada.   

Con  sustento en las anteriores reflexiones,  el  casacionista  le  pide a la Sala que case el fallo recurrido y, en su lugar,  absuelva  a  Amanda  Lucía Tocora Delgado.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  La Corporación anticipa su decisión de  inadmitir   la   demanda   de   casación,   toda   vez   que   no   cumple  con  los  requisitos  de  debida  fundamentación  y  trascendencia, consagrados en el artículo 212 de la Ley 600  de   2000,  en  asocio  con  el  205,  inciso  tercero,  del  mismo  estatuto  y  desarrollados ampliamente por su jurisprudencia.   

2. Como enseguida se enseña, el recurrente,  con  los  argumentos  que  expone  en  el libelo, pierde de vista que el recurso  extraordinario  de  casación, cuando se intenta por la  vía    discrecional,   debe   estar   orientado   al  desarrollo    de    la    jurisprudencia,  esto  es  a  que la Sala unifique posturas, revise la doctrina, o  bien  aborde  un  tópico  aún  no  resuelto, con la demostración que la nueva  postura  debe servir a ese propósito y, a la vez, para la solución del caso; o  bien,     a    la    protección    de    garantías  fundamentales,  pretensión que le exige al impugnante  demostrar  de  manera fehaciente la materialidad del vicio y su incidencia en el  debido proceso o el derecho de defensa.   

Lo  anterior significa que, como lo ha dicho  la      jurisprudencia      de      la     Corte1,   las  razones  que  han  de  justificar   la   admisión   discrecional  de  la  demanda  no  siempre  pueden  confundirse  con  el desarrollo de los cargos concretos que se formulan, pues si  así   se   hiciera   no   existiría  ninguna  diferencia  entre  la  casación  discrecional    y    la    casación    ordinaria2.   

En otras palabras, no basta la postulación y  desarrollo  de  la  causal de casación para enseñar a la Corporación por qué  debe  admitir  el  escrito,  sino  que  esto  último  debe  abordarse  antes de  emprender  la  fundamentación  del  denunciado yerro que configura la causal de  casación  seleccionada.  En este sentido, téngase en cuenta que el reproche de  error  de  hecho por falsos raciocinios que alega el libelista es  también  una  causal  que  cabe invocar por la vía ordinaria; pero cuando se orienta por  la  modalidad  excepcional,  su  sustento ha de ir precedido por un razonamiento  encaminado  a  enseñar  a  la  Colegiatura  las  razones  por  las  cuales debe  discrecionalmente admitir el escrito.   

Ello  implica  que  el  estudio  acerca  del  aspecto   formal   de   la  demanda  se  efectuará  a  posteriori, siempre y cuando previamente la Corte haya  encontrado  suficientes  elementos  de convicción -con apoyo en el discurso del  impugnante-  para  tramitar,  por  excepción, el recurso extraordinario para la  protección  de  las  garantías  fundamentales  o  con  miras  a desarrollar la  jurisprudencia3.   

En  cualquier  caso,  el discurso casacional  debe  plasmarse a través de razonamientos lógicos, sistemáticos y coherentes,  sujetos  a  un desarrollo argumentativo claro y preciso, que no deje dudas sobre  la  materialidad  de  los  presupuestos  que exige esta especial modalidad de la  casación  y su incidencia, pues, como así lo ha fijado la jurisprudencia de la  Colegiatura,   el   recurso   extraordinario   no   está  destinado  a  reabrir  injustificadamente  etapas  procesales  ya superadas, ni a enfrentar los juicios  probatorios  y  jurídicos  del  juzgador  con  los del impugnante, menos aún a  denunciar   cualquier   clase   de   irregularidad,   pues  ante  irritualidades  insustanciales  y  de escasa trascendencia el proceso puede mantener su validez.   

2.  Con  fundamento  en  los  presupuestos  reseñados,  puede afirmarse, entonces, que la demanda que ocupa la atención de  la  Sala  adolece de numerosas y ostensibles falencias que impiden su admisión,  así:   

2.1.  El  casacionista  omite todo argumento  encaminado  a  convencer  a la Sala sobre las razones para admitir la demanda de  casación  de  forma  discrecional; de manera equivocada, el impugnante pretende  cumplir  con  dicha  finalidad  a  través  de  la  invocación  de  los  mismos  argumentos  con  los  que  intenta demostrar, de manera poco exitosa, los falsos  raciocinios,  discurso  que adoba con la reiterada mención de los principios de  la   presunción   de   inocencia   e   in  dubio  pro  reo.   

Así, aún cuando el casacionista insiste en  citar  la  violación  a  los  principios  reseñados,  pierde  de  vista que la  conculcación  del debido proceso no se evidencia con la mera mención de alguna  de  las  garantías  que lo desarrollan, sino a través de un discurso que lejos  de   configurar  apreciaciones  probatorias  subjetivas,  demuestran  de  manera  fehaciente la existencia de un vicio ostensible y relevante.   

2.2. El libelista se aparta del principio de  proposición  jurídica  completa,  pues  aún  cuando  es cierto que orienta su  crítica  como una violación indirecta de la ley sustancial, por vía del error  de  hecho, también lo es que omite la mención de todas las normas sustanciales  supuestamente  infringidas: en este caso particular, los artículos 246 y 289 de  la   Ley   599   de   2000,   los   cuales  describen  los  supuestos  de  hecho  correspondientes  a  los  delitos de estafa y falsedad en documento privado, por  los  cuales  la  procesada  fue  acusada  y condenada, así como el 31 del mismo  estatuto  que define la figura del concurso de delitos y fija la correspondiente  regla de punibilidad.    

La  omisión  mencionada  no  es  de  poca  trascendencia,  pues  si  acaso la demanda fuere admitida y, además, prosperara  el  cargo formulado con esa sustentación, la Sala se hallaría en una posición  ilógica  y  de difícil solución, pues, por una parte, habría de reconocer la  violación  de  los  principios  de  presunción  de  inocencia  e  in  dubio  por  reo que alega el impugnante  y,  al  mismo  tiempo,  dado  que no le está dado corregir las deficiencias del  escrito  de  casación  por  expresa  prohibición que le impone el principio de  limitación,  admitir  que  los  artículos  246  y 289 del Código Penal fueron  correctamente aplicados.   

Por otra parte, el demandante cita como norma  sustancial  violada  el  artículo 232 de la Ley 600 de 2000, norma que, como la  Sala   lo   ha   precisado,   no   es   de   naturaleza   sustancial4, toda vez que  consagra  lo  referente  a la necesidad de la prueba y la certeza para condenar,  lo  que  no  corresponde  a  lo  que  la  jurisprudencia  ha  fijado  como norma  sustancial,   cuya   violación  sea  susceptible  de  denunciar  en  esta  sede  extraordinaria   

2.3.  En  similar sentido a la equivocación  descrita,  dígase  que  el  recurrente  tampoco le precisa a la Corporación el  sentido  de  la  violación  normativa  que  pregona,  pues no especifica si las  normas  sustanciales  que  enuncia  fueron  violadas  por  aplicación indebida,  exclusión  evidente  o interpretación errónea, falencia que, una vez más, la  Colegiatura  no  puede  subsanar,  impidiéndole  acceder a las pretensiones del  demandante.   

2.4. Aún cuando la Corte pasara por alto las  equivocaciones  anteriores, de todos modos encuentra que el argumento del censor  carece  de  toda idoneidad para acreditar el vicio probatorio que denuncia, pues  no  pasa  de  configurar  la  personal  apreciación  probatoria  del recurrente  enfrentada  a  la  del juzgador, la cual llega a esta sede amparada por la doble  presunción de acierto y legalidad.   

En  efecto; el censor pierde de vista que al  invocar  el  falso  raciocinio  era su deber enseñarle a la Sala cuáles fueron  las  reglas  de  la  sana  crítica  empleadas por el juzgador para sustentar su  conclusión  y,  al  mismo  tiempo, demostrar cómo aquél las aplicó de manera  errónea  al  caso concreto, cuál era la máxima de la lógica, de la ciencia o  de  la  experiencia que debió aplicar y cómo, con la corrección del yerro, el  fallo  necesariamente  habría  de  mutar  su  sentido,  presupuesto  éste  que  necesariamente   debe   desarrollarse   con   la  consideración  de  todos  los  fundamentos  probatorios  que  condujeron  al juicio de responsabilidad, incluso  aquellos  que no son objeto de reproche, para así poner de manifiesto que junto  al    vicio    alegado   la   lógica   del   fallo   no   puede   mantener   su  vigencia.   

Lejos  de cumplir con lo anterior, el censor  apenas  deja ver en su argumento que, en su sentir, es más plausible considerar  que  un  comerciante no cae fácilmente en una inducción a error como la que se  le  atribuye  a  la  hoy  procesada  y  que  el  hecho  de que aquél no hubiera  formulado  las  acciones  civiles  contra  esta  última  es  una  prueba  de su  inocencia,  apreciación  que  solamente  enseñan  la  personal interpretación  probatoria   de  su autor, mas no un yerro de falso raciocinio ostensible y  con incidencia para modificar el sentido de la decisión recurrida.   

2.5. Además de lo anterior, el argumento del  casacionista  deviene  en  intrascendente  por  desconocimiento  de  la realidad  procesal.   

Lo  anterior es así porque, al contrario de  lo  que  denuncia  el  recurrente,  el  Tribunal no declaró que el a  quo  hubiese  incurrido en ‘errores   al  momento  de  la  debida  argumentación   de   la   sentencia,   en   la   construcción   de  la  prueba  indiciaria’,  sino que el  fallo  de  primer grado, aún cuando no constituía un modelo de motivación, de  todos  modos ‘dio respuesta  a  las  alegaciones  y,  apoyada  en  la  credibilidad de la prueba testimonial,  enseñó  al  procesado  y  a  las  partes  la  razón  por  la  cual  profirió  condena’,   razón  que  compartió  el  superior,  como  se  desprende  de  la  decisión  confirmatoria  adoptada,  al  tiempo  que,  al igual que hoy lo hace esta Colegiatura, señaló  que  los  razonamientos  de  apelación de la defensa son apenas contrapuestos a  los del a quo, en punto de la conformación de los indicios.   

Así  mismo,  el  impugnante  se equivoca al  señalar  que el Tribunal no consideró el argumento según el cual, la ausencia  de  acciones  legales  civiles del denunciante contra la hoy procesada es prueba  de  su  ausencia  de  responsabilidad.  Dicho razonamiento, además de parecerse  más  bien  a  un  falso  juicio  de  existencia  y no a un falso raciocinio, no  corresponde  a la realidad, toda vez que en la providencia del juez colegiado se  menciona  que  esa circunstancia no desdibuja la configuración de las conductas  punibles,  conclusión  de  la  cual  no  se avizora yerro de raciocinio alguno,  aparte   de   la   apreciación   distinta   con   la   que   la   enfrenta   el  demandante.   

2.6.  Por  último,  el libelista critica la  manera  en  que el sentenciador edificó los indicios de tenencia, oportunidad y  mentira,  pero  al  mismo  tiempo  incumple  con las exigencias que ha fijado la  jurisprudencia   de  la  Sala  para  atacar  en  esta  sede  extraordinaria  ese  particular medio de prueba:   

“El impugnante  debe  informar  si  la  equivocación  se  cometió respecto de los medios   demostrativos   de  los  hechos  indicadores,  la   inferencia   lógica  ,  o  en  el proceso  de  valoración   conjunta     al     apreciar     su     articulación,   convergencia   y   concordancia   de  los  varios   indicios   entre   sí,  y  entre  éstos  y   las    restantes    pruebas,    para   llegar   a   una         conclusión         fáctica       desacertada.”   

“De manera que,  si   el   error  radica  en  la  apreciación  del  hecho  indicador,  dado  que  necesariamente  éste  ha  de  acreditarse  con  otro  medio  de  prueba  de los  legalmente  establecidos,  necesario resulta postular si el yerro fue de hecho o  de  derecho,  a  qué expresión corresponde, y cómo alcanza demostración para  el caso.”   

“Y si el error  se  ubica  en el proceso de inferencia lógica, ello supone partir de aceptar la  validez  del  medio  con  el  que se acredita el hecho indicador, y demostrar al  tiempo  que  el  juzgador  en  la  labor  de asignación del mérito suasorio se  apartó  de  las  leyes de la ciencia, los principios de la lógica o las reglas  de  experiencia,  haciendo  evidente  en  qué  consiste y cuál es la operancia  correcta   de   cada   uno   de   ellos,   y   cómo   en   concreto   éste  es  desconocido.”   

“Si   lo    pretendido    es    denunciar    error   de   hecho   por   falso   juicio   de  existencia  de   un   indicio   o   un   conjunto  de  ellos,   lo   primero   que   debe  acreditar  el  censor es la existencia  material  en el proceso de medio con el cual se evidencia el hecho indicador, la  validez   de   su  aducción,  qué  se  establece  de  él,  cuál  mérito  le  corresponde,  y  luego  de realizar el proceso de inferencia lógica a partir de  tener  acreditado el hecho base, exponer el indicio que se estructura sobre él,  el   valor   correspondiente   siguiendo   las   reglas  de  experiencia,  y  su  articulación  y  convergencia  con  los  otros  indicios  o  medios  de  prueba  directos.”   

“Además, dada la naturaleza de este medio  de  prueba,  si el yerro se presenta en la labor de análisis de la convergencia  y  congruencia entre los distintos indicios y de éstos con los demás medios, o  al  asignar la fuerza demostrativa en su valoración conjunta, es aspecto que no  puede  dejarse de precisar en la demanda, concretando el tipo de error cometido,  demostrando   que   la  inferencia  realizada  por  el  juzgador  indicando  los  postulados  de  la  sana  crítica, y acreditando que la apreciación probatoria  que  se propone en su reemplazo, permite llegar a conclusión diversa de aquella  a  la  que  arribara  el sentenciador, pues no trata la casación de dar lugar a  anteponer  el  particular  punto  de  vista del actor al del fallador, ya que en  dicha  eventualidad  primará  siempre  éste,  en  cuanto la sentencia se halla  amparada  por  la  doble  presunción  de  acierto y legalidad, siendo carga del  demandante  desvirtuar  con  la  demostración  concreta de haberse incurrido en  errores  determinantes de violación en la declaración del derecho.”   

“Es     en     este   sentido    que   el   demandante   debe   indicar   en    qué   momento    de    la    construcción   indiciaria    se   produce,   si   en   el   hecho  indicador  o  en  la  inferencia por violar las reglas de la sana crítica,  para  lo  cual  ha  de señalar  qué en concreto el medio demostrativo del  hecho  indicador, cómo hizo la  inferencia el juzgador, en qué consistió  el  yerro, y qué grado de  trascendencia tuvo éste por su repercusión en  la    parte    resolutiva    del    fallo”.5   

Nada   de   lo   anterior   demuestra   el  casacionista.   En  su lugar, se limita a asegurar que las explicaciones de  la  procesada  son  creíbles,  en  cuanto  dijo no haber incurrido en maniobras  engañosas  y tener en su poder las letras del cambio espurias para ‘su    control   personal’,  apreciaciones  estas  que solamente  son   distintas  a  las  del  funcionario  judicial.  Así,  los  argumentos  de  casacionista  no  son  más que su pedimento para que en esta sede se privilegie  su   apreciación   sobre   la  judicial,  sin  demostrar  a  cabalidad  ninguna  equivocación   evidente  y  trascendente  en  la  ponderación  probatoria  del  último.   

3.  Conclusión   

Por  las  razones precedentes, la demanda de  casación   formulada   por   el   defensor   de   la   procesada   Amanda  Lucía Tocora Delgado carece de una  debida  fundamentación  y,  por  lo  mismo, será inadmitida, sin que, por otra  parte,  la  Corte  evidencie  del  estudio  de  las diligencias, la necesidad de  superar  los  defectos  del  libelo  con  el  fin de corregir de manera oficiosa  alguna violación a las garantías fundamentales.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         

R E S U E L V E  

INADMITIR la   demanda  de  casación  presentada por el apoderado de la procesada Amanda Lucía Tocora Delgado.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

          JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                               JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                                                                                                             

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                         AUGUSTO J.  IBÁÑEZ     GUZMÁN                          

                                                                                                                Permiso   

LUIS   GUILLERMO   SALAZAR    OTERO                     JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA             

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, auto del 11 DE MARZO DE 2011,  radicación No. 34609.   

2 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, auto del 28 de abril de 2010,  radicación No. 33318.   

3 Corte  Suprema     de    Justicia,    Sala    de    Casación    Penal,    ibid.   

4 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Penal, auto del 18 de agosto de 2010,  radicación No. 33434.   

5  Sentencia  de casación del 2 de agosto de 2001, radicación 12062, reiterada en  auto de 6 de marzo de 2008, rad. 28539     

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