38128(03-07-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Aprobado: Acta No. 208-  

Bogotá.  D.C.,  tres (3) de julio de dos mil  trece (2013)   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

La   Sala  examina  las  bases  lógicas  y  jurídicas  de la demanda de casación presentada por la defensa de    Víctor          Manuel          Suárez         Vanegas,     contra  la  sentencia  proferida  el  7  de septiembre de 2011, por medio de la cual la Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Tunja  revocó el fallo absolutorio del 6 de  agosto  de  2010 a cargo del Juzgado Penal del Circuito Especializado Adjunto de  la  misma  ciudad, y, en su lugar, declaró la prescripción de la acción penal  por  el  delito  de  cohecho  y  lo  condenó como autor del delito de tráfico,  fabricación o porte de estupefacientes.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1. El Tribunal resumió la cuestión fáctica  así:  

“El 13 de septiembre de 2005, el comandante  de  la  Estación  de Policía de Otanche (Boyacá) comunicó que en la vía que  de  Otanche  conduce a Santa Bárbara, en el puesto de control de la Policía se  registró  el  camión  Dodge  D-300  de  placas SNA-237, conducido por Fernando  Beltrán  Garzón  en  el  que  se  encontraron  62  paquetes envueltos en papel  plástico con contenido de coca en un peso bruto de 137 kilogramos.   

   

Al lugar de los hechos hizo presencia Víctor  Manuel  Suárez  Vanegas  quien se movilizaba en un vehículo Montero rojo marca  Mitsubishi,  de placas BHZ 460, quien al ver inmovilizado al camión de Policía  intentó  comprar  a los agentes ofreciéndoles la suma de $20.000.000.00 con el  propósito de dejar pasar el camión con el cargamento de coca.   

Señalaron  los  uniformados  que  Fernando  Beltrán  dijo  que  Víctor  Suárez  Vanegas  era el encargado de custodiar el  cargamento    transportado   en   el   camión.”1   

2.  Con  resolución  del 14 de septiembre de  2005,  la  Fiscalía  1  Especializada  de  Tunja  ordenó  la  apertura  de  la  instrucción2  y  la  vinculación  de  Víctor  Manuel  Suárez  Vanegas  y Fernando Beltrán Garzón mediante  diligencia de indagatoria.   

3. El 17 de mayo de 2006, previa solicitud de  los  procesados,  se llevó a cabo audiencia de formulación de cargos en la que  Fernando   Beltrán   Garzón  manifestó  su  deseo  de  acogerse  a  sentencia  anticipada; por tanto, se dispuso la ruptura de la unidad procesal.   

4.  Clausurada  la  fase instructiva, el 6 de  julio  de  20063  la  Fiscalía  calificó el mérito del sumario con resolución de  acusación   en   contra  de  Víctor  Manuel  Suárez  Vanegas,  como  presunto autor del delito de tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes  en  concurso, con cohecho por dar u  ofrecer,  tipificados  en  los artículos 376 y 407 del Código penal, decisión  contra  la  que  se  interpuso  recurso  de reposición que fue negado el 25 del  mismo   año4.   

5.  La  etapa de la causa le correspondió al  Juzgado  Penal  del  Circuito Especializado de Tunja, autoridad que adelantó el  juicio,  sin  embargo,  en  cumplimiento  de  las  medidas de descongestión, el  proceso  fue  asignado  para  fallo  al Juzgado Penal del Circuito Especializado  Adjunto  de  la  misma  ciudad,  autoridad  que el 6 de agosto de 2010 profirió  sentencia   absolutoria  a  favor  de  Víctor  Manuel  Suárez  Vanegas5.   

6.  La decisión fue recurrida y revocada por  la  Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Tunja  el      7      de     septiembre     de     20116,  al  condenar  a Suárez  Vanegas, como autor del delito de  tráfico,  fabricación o porte de estupefacientes, le impuso una pena principal  de  130  meses  de prisión, multa de 12.564 salarios mínimos legales mensuales  vigentes  y  la  inhabilitación  de  derechos  y  funciones públicas por igual  período  al  de  la sanción privativa de la libertad. Le negó el sustituto de  la  suspensión  condicional  de la pena y la prisión domiciliaria. En la misma  decisión  declaró  la  prescripción  de  la  acción  penal y la cesación de  procedimiento frente al delito de cohecho por dar u ofrecer.   

6.    El    apoderado   de   Víctor  Manuel Suárez Vanegas interpuso y  sustentó    el    recurso    extraordinario    de    casación   que   le   fue  concedido.   

LA DEMANDA  

Al  amparo  de  la causal primera (violación  indirecta  de  la  ley  sustancial)  prevista en el artículo 207 del Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  600 de 2000), el casacionista formuló dos cargos en  contra  de  la  sentencia  de segundo grado, los que desarrolló de la siguiente  manera:   

Falso juicio de legalidad.  

   

1. El error de derecho en que incurrieron los  juzgadores,  consistió  en  conferir  valor  probatorio a unos medios de prueba  carentes  de  autenticidad,  lo que apareja la vulneración de los artículos 29  de  la  Carta  Política,  5,  7,  232,  235,  254,  288  y  289  del Código de  Procedimiento Penal.  

2. Tras explicar in  extenso  las finalidades y las exigencias que se deben  respetar  en  la  recolección  de  la  evidencia  física  y  de  los elementos  materiales  probatorios  para  garantizar su legalidad y autenticidad, considera  que  el  Tribunal  le  otorgó  mérito  a  unos  equipos  celulares  que fueron  manipulados,  pues  no  se siguieron los protocolos que regulan el procedimiento  para  su  incautación  y la cadena de custodia prevista en la Ley 600 de 2000 y  la  resolución  1890  del  5  de  noviembre  de  2002, emitida por la Fiscalía  General  de  la  Nación,  quebrantándose  así  los  principios de legalidad y  autenticidad.  

3.  Con  la pretensión de demostrar el yerro  advertido,  relaciona  distintos  medios  de  prueba7,  los  que en su sentir, no se  reputan   auténticos,   pues   los   funcionarios   que   participaron  en  los  procedimientos  desconocieron las formalidades establecidas, como fácilmente se  advierte  de  la  declaración  rendida  por  el  Capitán  Bruno Toscano, quien  reconoce  que  el  día  de la captura se extrajo información de los celulares,  así  como del informe pericial SIA número 143 del C.T.I., que establece cómo,  después de la captura se efectuaron llamadas de aquellos equipos.  

4.  La  trascendencia del error radica en que  ante  el  desconocimiento de la cadena de custodia, se imponía el proferimiento  de     un    fallo    absolutorio,    por    cuanto    resultaba    impertinente     e     inconducente8  realizar  cualquier  tipo  de  análisis  sobre  los equipos; tampoco se podía inferir vínculo o conexión de  criminalidad  entre  su  representado  y el señor Fernando Beltrán, que fue el  sujeto capturado con el cargamento ilícito.   

5.  Insiste, por tanto, en que el Tribunal al  haber  dotado  de  credibilidad y eficacia a las pruebas censuradas, les asignó  un  “merito probatorio en grado de certeza, sin que  eso            hubiese            acaecido9”,  desconociendo   las   exigencias  que  permiten  verificar  la  identidad  y  la  inalterabilidad de los medios de conocimiento.  

6.  Solicita  casar  la sentencia impugnada y  dictar  fallo de remplazo absolviendo a Suárez Vanegas del cargo por el que fue  condenado.   

Falso juicio de identidad.  

1.  Anuncia la vulneración de los artículos  29  de la Carta Política, 5, 7, 23 y 254 del Código de Procedimiento Penal, al  considerar  que  el  Ad quem  “ha  rechazado la existencia de duda respecto de lo  debatido10”.  Con el propósito de fundamentarlo,  realiza  un  estudio  dogmático sobre el principio de presunción de inocencia,  lo  que  le  permite  concluir  que  al  interior  del  expediente  solo existen  “conjeturas      o      hipótesis11”  que no superan el grado de probabilidad y que demandan  la aplicación de la mencionada norma rectora.  

2.  A continuación, enlista los elementos de  prueba  de  carácter  testimonial y documental recaudados, para señalar que la  sentencia  de  segunda  instancia  “no se encuentra  concordante  con  la  prueba técnica, ni con los testimonios rendidos dentro de  la                 investigación”12,    pues    en    aquella  “se  hacen agregados no sucedidos, ni aprehendidos,  haciéndole  decir  a  varios medios de prueba, conclusiones que no expresan, no  reflejan,           ni           evidencian13”.   

   

3.  El  censor  insiste en que lo que se debe  establecer  es  la relación entre su representado y la persona que transportaba  el  estupefaciente,  así  como  su  ayuda  en la ejecución del comportamiento,  aspecto  frente  al cual no era posible apreciar los teléfonos encontrados pues  al  vulnerarse  la  cadena  de  custodia,  la  debilidad  de  la prueba se torna  evidente por su ausencia de autenticidad.   

   

4. Destaca, además, que sin la posibilidad de  valorar  los  equipos de comunicaciones incautados, queda tan solo el indicio de  la  presencia  en  el  lugar  de  los hechos “que no  ofrece   seguridad   alguna   en   su  creación”14,  pues  la  “inferencia lógica se derrumba por el sin  número  de  contradicciones  que  a  lo  largo  de  la investigaciones (sic) se  recaudaron”15.  

5.   Agrega   que   en   las  declaraciones  incorporadas  al  proceso  no  se  infiere  relación  alguna  entre      Suárez     Vanegas   y   el  sujeto  que  transportaba  el  alcaloide;  por  el  contrario,  con  las versiones del capitán Bruno Toscano y  María  Matilde  Forero  se  demuestra que la presencia de su representado en el  sitio se debió al requerimiento que le hicieron dos policías.  

6. De otro lado, considera que la concurrencia  de  Suárez Vanegas como autor  del  delito  de  tráfico  de  estupefacientes  se  quedó  en  el  “rango           conjetural16”  sin  que  exista certeza sobre la ejecución de cualquier comportamiento del que  se pueda inferir algún grado de participación.   

   

7.  Para finalizar concluye que: i)  no cabe inferencia razonable sobre el  indicio    de    responsabilidad;    ii)  no  se  encuentra  probada  la  conexión  entre su representado y  Fernando  Beltrán,  iii) la  valoración  probatoria  se  controvierte  por  la  violación  de  la cadena de  custodia,  iv) no obra medio  de  conocimiento  que  habilite  algún  juicio  de reproche contra Suárez  Vanegas y, v) tampoco se probó la  forma de coparticipación criminal.  

Demanda  casar  la  sentencia  impugnada  y  proferir fallo absolutorio de remplazo.  

CONSIDERACIONES  

La inadmisión de la demanda  

   

1.  Cualquiera  sea  la  causal  invocada, la  demanda  de  casación  no  es  un  escrito  de libre elaboración en tanto debe  cumplir  con  los  requisitos  establecidos  en  el artículo 212 del Código de  Procedimiento  Penal,  como  citar  las  normas  que  se consideren infringidas,  determinar  la  clase  de quebrantamiento, indicar los fundamentos completos con  claridad,  precisión  y  lógica,  en  armonía  con  la  naturaleza  del vicio  reprochado,   además   de   demostrar   la   trascendencia   del  yerro  en  la  decisión.   

   

2.  La  Corte,  de  tiempo  atrás, ha venido  insistiendo  en  que  el  juicio  de  admisibilidad  de una demanda de casación  comprende  el  estudio  de  dos  aspectos,  (i)  la idoneidad formal, que guarda  relación  con  el  cumplimiento  de  las  exigencias de claridad, concreción y  debida  fundamentación requeridas por la ley y la lógica de la causal aducida,  y  (ii)  la  idoneidad  sustancial,  que apunta a la aptitud del escrito para la  realización  de  los  fines del recurso en los precisos términos señalados en  el  artículo  206  de  la  Ley  600  de  2000, normatividad bajo cuya égida se  desarrolló el presente proceso.  

Ahora,  si  este  doble  escrutinio  arroja  resultados  negativos,  ya  sea porque se advierte que la demanda desatiende las  exigencias  mínimas  de contenido formal que la normatividad y la teoría de la  casación  exigen  para  poder  transitar hacia su estudio de fondo, o porque de  entrada  se  establece  que  el  escrito  es inidóneo para el fin propuesto, la  decisión  deber ser la de inadmisión, ello con el propósito de resguardar los  principios de economía procesal y de eficacia de la justicia.  

3.  Con  nada  de  ello cumple el impugnante,  quien  si  bien  menciona un falso juicio de legalidad y uno de identidad, en su  obligatorio  desarrollo  y  demostración,  no  supera  el examen propuesto, por  tanto se han de inadmitir. Las razones:   

Falso juicio de legalidad.  

1. El casacionista anuncia que su  pretensión es demostrar la   imposibilidad   de   valorar   los  elementos  probatorios  aducidos  por el Tribunal por vulnerar los principios de  legalidad  y autenticidad ante las falencias  en la cadena de custodia; y de ahí la  censura por falso juicio de legalidad.   

   

2.  Frente  a un  reproche  como  este,  a la Sala se le ofrece oportuno  destacar,  que el proceso de cadena de custodia no es  un     fin    en    si  mismo,  sino  un  medio  a  través  del  cual se busca  asegurar  la autenticidad del elemento probatorio o la evidencia física  en  el  proceso  penal;  de  tal  manera  que si el protocolo  establecido   se  cumple  correctamente,  la  normatividad procesal presume que el elemento o la evidencia  que  se  pretende  hacer  valer  en  el  juicio,  son  genuinos.   

   

Ahora  bien, ello  no  significa –como    pareciera   entenderlo   el  demandante-    que    si    no    se   satisface  el  procedimiento,  o  no  se  lleva  a  cabo  en  la  forma  correcta,  el  elemento probatorio o la evidencia  física    se    afecten   de   ilegalidad  por  este  solo  motivo y deban por ello marginarse del acervo  probatorio.  

3. De entrada, la  Sala  advierte  que  el  censor equivocó   la   senda   del   ataque   pues  las  irregularidades   acaecidas   en   la   recolección,  envío, manejo, análisis y  conservación     de     los     elementos    materiales   de   prueba   o   evidencia   física    (esto    es,    la    cadena   de   custodia   —Ley  600  de  2000, artículos    288    y    289—),  inciden en el poder suasorio que de tales pruebas pueda extraer  de   manera   directa   o   indirecta   el   juez,   y   no   en  el  juicio  de  legalidad.  

4.  Y  es que si  bien  la Corte,    en    pretéritas    oportunidades  había  indicado  que  los  defectos  en la cadena de custodia podían estructurar  falsos   juicios   de  legalidad,  tal  criterio  fue  recogido    para    reconocer    que   fallas    de    tal    naturaleza    no  conllevarían       la      exclusión  probatoria  sino      que      por     tener     incidencia    en    el   poder   suasorio   de   los   medios   de  prueba,   deben   ser  alegados  por  vía del falso raciocinio:   

   

“La cadena de  custodia,       la      acreditación   y   la  autenticación     de     una     evidencia,     objeto,    elemento    material  probatorio,   documento,   etc.,   no   condicionan  –como si se tratase de  un  requisito de legalidad- la admisión de la prueba  que  con  base  en  ellos se practicará en el juicio  oral;   ni   interfiere   necesariamente   con   su   admisibilidad   decreto  o  práctica    como    pruebas    autónomas. Tampoco se trata de un problema  de   pertinencia.   De   ahí  que,  en  principio,  no  resulta  apropiado discutir, ni siquiera en sede  casacional,   que  un  medio  de  prueba  es  ilegal  y  reclamar  la  regla  de  exclusión, sobre la base de cuestionar su cadena de  custodia,  acreditación o  autenticidad.   

   

Por  el  contrario, si llegare a admitirse  una  prueba respecto de la cual, posteriormente, en el debate oral se demuestran  defectos   en   la   cadena  de  custodia,  indebida  acreditación  o  se  pone  en  tela  de  juicio  su  autenticidad,     la     verificación   de  estos  aspectos  no  torna  la  prueba  en  ilegal  ni  la  solución   consiste   en   retirarla   del  acopio  probatorio.  

En  cambio, los comprobados defectos de la  cadena  de  custodia, acreditación o autenticidad de  la       evidencia      o      elemento      probatorio,      podrían   conspirar  contra  la  eficacia,  credibilidad  o  asignación  de  su mérito  probatorio, aspectos éstos a los  que   tendrá   que   enfilar  la  crítica la parte contra la cual se aduce.   

   

La última es la  solución    adoptada   por   el   Código   de   Procedimiento   Penal   (Ley   906   de   2004),  al  sentar  en el artículo 273  los criterios de valoración:   

   

“La  valoración  de los elementos materiales probatorios  y    evidencia    física   se   hará  teniendo  en  cuenta  su legalidad, autenticidad, sometimiento a  cadena  de  custodia  y  grado  actual de aceptación  científica,  técnica o  artística  de  los  principios  en  que se funda el  informe.”  

Con  todo,  se  insiste,  si se demuestran  defectos  en  la  cadena de custodia, acreditación o  autenticidad  y,  pese  a  ello,  la prueba se practica, dicha prueba no deviene  ilegal  y no será viable  su  exclusión; sino que, debe ser cuestionada en su  mérito   o   fuerza   de   convicción por la parte contra la cual se aduce.  

En síntesis, la  regla   de   exclusión  aplica  contra  los  medios  probatorios  ilícitos o ilegales; y no sobre medios  probatorios  respecto  de  los  cuales se discuta la  cadena   de   custodia,   la   acreditación  o  la  autenticidad” (subraya  la      Corte      en     esta     oportunidad)17.  

4.          Así    las    cosas,   surge  improcedente  la  propuesta  del  libelista al reclamar   en   esta   instancia   la  ilegalidad  de  los medios de prueba que relaciona en  la  demanda  alegando  anomalías  en  la  cadena de  custodia,      puesto      que,     cuando    la   discusión     descansa     en     la     autenticidad    y    preservación  del elemento material probatorio examinado, lo que se  impone es controvertir su eficacia probatoria.  

5.  Adicional  a las falencias advertidas,  incursiona   el   libelista   en   críticas  a  la  apreciación de    las    pruebas    efectuadas  por  el Ad quem    por  deducir  un  vínculo  o  conexión     de     criminalidad    entre    los  procesados. Esta forma de  argumentar      hace     contradictorio   su  discurso,  pues  peticiona  a  la  Sala que  las excluya de valoración,  al  tiempo que reclama, se tenga en  cuenta      la  declaración del capitán  Bruno   Toscano,  quien  reconoció que el día de  los   hechos   se   manipularon   los   equipos   de  comunicaciones,    así   como   el   informe            pericial           SIA           número143 que  demuestra  que  después de la captura se realizaron  llamadas   de  aquellos  equipos,  pretensiones  que  se  tornan  excluyentes  entre            sí           cuando,  como  en  este evento, son  formuladas    en    el    mismo    cargo,    lo    que    vulnera   además  el  principio  de  autonomía  que  rige  el  recurso  extraordinario,  que  le imponía formular los distintos reparos en forma separada,  pues   la  apreciación  probatoria  supone  necesariamente la inexistencia de  vicios   que   persigan   la   exclusión   de  las  pruebas.  

6. Tan equívoca resulta su argumentación que  el  libelista  considera  vulnerados los artículos 5, 7, 232, 235, 288 y 289 de  la  Ley  600  de  2000,  sin  percatarse,  que  aquellas  normas,  no  tienen la  condición  de preceptos sustanciales, en cuanto no definen conductas delictivas  o  hacen  referencia  a  la  punibilidad  o a la responsabilidad, sino que sólo  sirven  como  medio  o instrumento para arribar a los fines de las disposiciones  sustantivas,  falencia  que  ignora  lo previsto en el numeral 1º del artículo  207   del   estatuto   procesal   de   2000,   según   el  cual,  la  casación  procede   “cuando   la  sentencia   sea  violatoria  de  una  norma  de  derecho  sustancial18”.  

7. La evidente confusión lógica y conceptual  imposibilita  a  la Sala acometer el estudio de la censura planteada, más aún,  cuando  el  impugnante  no  se ocupa de desvirtuar el aporte demostrativo de las  demás  pruebas  que  obran en la actuación (principio de trascendencia), y que  sirvieron  para la atribución de responsabilidad contenida en el fallo atacado,  como con acierto lo destacó el Tribunal:  

“Por  lo demás, las declaraciones de los  agentes  de policía guardan hilaridad y congruencia, las cuales se plasmaron en  el  Oficio  Nro.  093  de  13  de  septiembre de 2005 del comandante (sic) de la  estación  de  policía  de  Otanche,  dirigido  a  la  Coordinación Fiscalías  Especializadas.  No  se  encuentra  razón  alguna  en  la  falta de veracidad y  autenticidad  tanto  en  el testimonio de los patrulleros y del sargento y en el  documento  del  Oficio  Nro.  093  de  fecha  13 de septiembre de 2005 en el que  consignaron  los  hechos  y se deja a disposición dos personas, dos vehículos,  dos  celulares  y  62 paquetes de sustancia psicoactiva, elementos incautados en  procedimiento  realizado el 19 de septiembre de 2005 en el municipio de Otanche.  Además  se  observa  que  los  declarantes  no tienen interés en el proceso ni  guardan   vínculo   de   enemistad  con  los  procesados  para  comprometer  la  responsabilidad  de ellos en estos hechos, en especial de Víctor Manuel Suárez  Vanegas  o  en  cuanto  menos, de ello no se arrimó al expediente prueba alguna  por             la            defensa.”19  

    

8.  Los  anteriores  razonamientos  permiten  establecer  el  fundamento probatorio de la condena impuesta, razón por la cual  el  reproche del casacionista no consulta el verdadero contenido y alcance de la  decisión  cuestionada,  y aquello que acusa como una “violación indirecta de  la  ley sustancial por falso juicio de legalidad” no apunta a un defecto de la  sentencia,  sino  a  la  inconformidad  defensiva con las razones judiciales que  llevaron  a  encontrar  acreditado  el juicio de responsabilidad en contra de su  procurado.  

9.  Como  el  cargo  quedó  huérfano  en la  demostración  de  los  errores  atribuidos a la sentencia y la Corte, en virtud  del  principio  de  limitación,  no  puede  entrar a complementar el libelo, se  impone su inadmisión   

Falso juicio de identidad.  

   

1.  La  Sala  tiene  dicho, que este tipo de yerro se presenta cuando el  juzgador  al  apreciar  el  medio  probatorio  legal  y  oportunamente producido  distorsiona  su  expresión  fáctica,  lo  recorta  o  adiciona en su contenido  literal  poniéndolo  a  decir  lo  que  materialmente  no dice. Es de carácter  objetivo  y  su  demostración  implica  hacer  evidente no sólo que los fallos  apreciaron  la  prueba  contrariando  su  materialidad, sino que este desacierto  condujo  a  una  decisión  apartada de la ley con repercusión definitiva en la  declaración de justicia contenida en el fallo.  

No  es  suficiente,  entonces,  con citar los  medios  de  prueba  sobre  los  que  precisamente  recae  el  error, sino que es  necesario    señalar   de   qué   manera   el   Ad  quem  tergiversó,  distorsionó  o cercenó lo que la  prueba demuestra.   

   

2.  El  censor no postuló en cuál de sus distintas formas se presentó  el   error20,  aun  cuando  desde  la  perspectiva  propuesta  entiende  la Sala  –sin    pretender  complementar  la  demanda- que lo fue por adición, el  que  se  presenta  cuando  el  juzgador  al apreciar la prueba, al aprehender su  valoración  le  agrega  cuestiones  ajenas  a  su  texto,  yerro que por ser de  carácter  objetivo,  conmina  al  demandante  a  demostrar  su  real  y  único  contenido,  así  como  señalar que ello condujo a una decisión contraria a la  ley.  

3.  El  análisis  que  presenta  a  modo  de  desarrollo,  niega  el  error  anunciado, como que insiste en restarle cualquier  valor  probatorio  a los equipos de comunicación incautados tras considerar que  se  vulneró la cadena de custodia, presentación que apuntaría, no al error de  hecho  invocado,  sino a insistir en un problema de apreciación probatoria como  el que fallidamente intentó en el primer cargo.  

4.   Y   es   que  no  satisfizo  la  carga  argumentativa  que  le  era  debida por cuanto se limitó a poner de presente su  particular   forma   de   interpretar   los   medios  probatorios  y  pretendió  –sin  lograrlo-  imprimirle  motu  proprio  su singular forma de apreciar las pruebas, lo  que   se   encuentra  proscrito  en  esta  sede,  como  cuando  rescata  por  su  importancia,  las  declaraciones del Capitán Toscano López y la señora María  Matilde   Forero,  mismas  que  el  Tribunal  expresamente  desechó21.  

En  estas  condiciones,  lo  que  pretende el  libelista,  es  que desde su personal y subjetiva óptica, se privilegie su modo  de  estimar  estos  medios  de  convicción,  alegación  libre  propia  de  las  instancias,  pero  extraña  a  la  casación,  pues  se  limitó  a  exaltar la  verosimilitud  de  aquellos,  con  miras  a  favorecer los intereses defendidos,  oponiendo esa estimación a la del Tribunal.  

5.   Al   margen   de  las  inconsistencias  anunciadas,   el   demandante   tampoco  demuestra,  cuál  fue  la  conclusión  equivocada  a  la que llegó el fallador, ni cómo en relación con la totalidad  de  las  pruebas,  las  conclusiones  perturban el sentido de la decisión, pues  aunque  se  esfuerza  en  demostrar  que no existe inferencia razonable sobre la  responsabilidad  y  grado  de  participación  de  su  representado  y que no se  encuentra  probada  la  conexión  entre aquel y Fernando Beltrán, lo cierto es  que  lo  que  expone, son inferencias personales que no consultan el contenido y  alcance del fallo.   

   

6. Ahora bien, si el demandante por vía de la  violación  indirecta de la ley sustancial tenía interés en que fuera aplicado  el   principio   del  in  dubio  pro  reo22,  debía  orientar  la  censura  a  demostrar  que  en  el  proceso gravitaba la duda y su  incidencia   en   la  parte  dispositiva  del  fallo,  asunto  que  ni  siquiera  intentó.   

   

7.  De  otro  lado,  y  desprovisto  de  toda  técnica  casacional,  ensayó  atacar  la  prueba  indiciaria,  que  se  dedujo  “por  la  presencia  del acusado en el lugar de los  hechos”,   olvidando   entonces   que  si  en  ello  concentraba  su reclamo, se le imponía postularlo en cargo separado y precisar,  si  el  yerro radicó en la prueba del hecho indicador, en la inferencia lógica  o  en  el  grado de persuasión concedido por los falladores. Como al parecer su  ataque  fue  dirigido  a  la  deducción lógica, era su deber acreditar que los  juzgadores  se  equivocaron  en la aplicación de las reglas de la sana crítica  indicando,  cuál  postulado  de  la  lógica, ley de la ciencia o máxima de la  experiencia fue desconocida, nada de lo cual atendió.  

8.  Para la Sala, lo que se oculta detrás de  este  reclamo, no es más que su afán por replantear la discusión probatoria y  el  valor  que  los falladores confirieron a las distintas pruebas, tema agotado  en  las instancias y no susceptible de ser desarrollado en la forma propuesta en  esta sede.  

9.  En  síntesis,  la  demanda  de casación  presentada  por  el  defensor  del  acusado no cumple las exigencias mínimas de  orden  formal  y  sustancial requeridas para su admisión a trámite. Por tanto,  se  inadmitirá  y  se  ordenará devolver el proceso a la oficina de origen, no  advirtiendo  violaciones a las garantías fundamentales que la Corte esté en el  deber de proteger de manera oficiosa.   

Expedición       de       copias  disciplinarias   

   

La Sala dispone la compulsa de copias ante la  Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria  del  Consejo  Seccional de la Judicatura de  Tunja,  para  que  se  investigue la conducta de los funcionarios judiciales que  conocieron  el trámite que originó la prescripción de la acción penal frente  al delito de cohecho por dar u ofrecer.  

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero:   Inadmitir la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Víctor Manuel Suárez Vanegas.  

Segundo: Expedir ante  la  Sala  Jurisdiccional Disciplinaria del Consejo Seccional de la Judicatura de  Tunja las copias ordenadas.  

Tercero: Contra esta  providencia no procede ningún recurso.  

   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

   

JOSÉ  LUIS BARCELÓ CAMACHO  

             

   

FERNANDO  ALBERTO CASTRO CABALLERO  

   

MARÍA  DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

             

   

GUSTAVO  ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO            

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

   

      

1 Folio  12 cuaderno del Tribunal.   

2 Folio  19 cuaderno 1   

3 Folio  256 a 264 cuaderno 2.   

4 Folio  280 y 281 id.   

5  Folios 139 a 155 cuaderno 3   

6  Folios 11 a 55 cuaderno Tribunal.   

7 i) El  acta  de  incautación de unos equipos celulares y unos Avantel que portaban los  capturados;  ii)  el  informe  del C.T.I. en el que certifica que no fue posible  acceder  a  la  memoria  de  los  teléfonos  por lo que fueron remitidos a otra  dependencia;  iii)  el  oficio procedente del coordinador de procesos judiciales  de  Comcel,  quien  emitió  un  reporte  sobre  las llamadas realizadas por los  teléfonos  celulares  incautados a los procesados. iv) el informe del C.T.I. en  el  que  se  reporta  que  se  desbloquearon los celulares y se relacionaron las  llamadas  entrantes  y  salientes  pero  sin  registro de fecha; v) la minuta de  guardia  en  donde  se  relaciona  el  ingreso  del  personal  capturado, de los  vehículos  y  de  distintos  documentos,  mas  no  de  los  celulares ni de los  Avantel;  vi)  informe  pericial  SIA  No.143  del  C.T.I.  mediante  el cual se  establece  el  vínculo  existente entre los celulares y los Avantel incautados;  vii)  la  ampliación del testimonio del capitán Bruno Toscano quien refiere la  forma  como  arribó  al  lugar  donde  fueron  aprehendidos los procesados y la  información  que  se  extrajo  de  los  celulares;  viii) declaración de José  Otoniel  Salamanca,  investigador  de  criminalística  del C.T.I., quien relata  cuál   fue   el  manejo  de  los  aparatos  de  comunicación  incautados;  ix)  declaración  de  Oscar  Orlando  Motta  Garavito,  técnico criminalístico del  C.T.I,   a   quien   se   indagó  acerca  del  cumplimiento  de  la  cadena  de  custodia.   

8  Folio 106 cuaderno del Tribunal.   

9 Folio  11 íd.   

10  Folio 112 íd.   

11  Folio 115 id.   

12  Folio 128 id.   

13  Id.   

14  Folio 131 id.   

15  Id.   

16  Folio 133 id.   

17  Auto  27  de  junio  de  2012,  radicado  39186, que reitera sentencia del 21 de  febrero de 2007, radicado 25920.   

18  Artículo 212 numeral 3 ley 600 de 2000.   

19  Folio 40 Id.   

20 Lo  sería  en sus tres modalidades: i) falso juicio de identidad por cercenamiento:  al  aprehender  su  contenido,  prescinde  o  suprime aspectos sustanciales; ii)  falso   juicio  de  identidad  por  adición:  le  agrega  anexa  o  complementa  cuestiones  ajenas  a  su  texto;   iii)  falso  juicio  de  identidad  pro  distorsión: tergiversa el significado de su expresión literal.   

21  Folios 40 y 42 id. El Tribunal destacó: “Por  ello tampoco merece credibilidad la versión acomodada que  rindió    la   (sic)   instancia   de   la   defensa   Doña   María   Matilde  Forero”,  y  en  relación  con el Capitán Toscano  López  señaló:  “las posibles inconsistencias en  que  incurrió el Capitán Bruno Edwin Toscano López, frente a las versiones de  los  demás  uniformados,  se deben a que éste no estaba presente en el momento  en  que  el  retén se montó y se retuvo el camión cargado de estupefacientes.  Su participación fue posterior”.   

22  Pues    invoca    la    existencia   de   la   duda  probatoria.     

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