38083(18-04-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 38083  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

          Aprobado Acta N° 139.   

Bogotá D.C., abril dieciocho (18) de dos mil  doce (2012).   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Sala acerca de la admisibilidad de la demanda de  casación    presentada    por    el   defensor   del   procesado   ERNESTO  PAVA  CAMELO contra la sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá, de fecha agosto 24 de 2011,  mediante  la  cual  confirmó la dictada el 26 de octubre de 2010 por el Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Descongestión  de  la  misma  ciudad, que lo  condenó  como  autor  de los delitos de falsedad material en documento público  agravada por el uso, en concurso homogéneo y sucesivo, y estafa.   

ANTECEDENTES  

Los  hechos que dieron origen a la presente  actuación    fueron    declarados    por    el   ad  quem,    de la siguiente forma:   

“La  presente actuación tuvo su génesis  en  la denuncia instaurada por Jaime Ráquira Osorio contra ERNESTO PAVA CAMELO,  dando  a  conocer  que el 4 de junio de 2001, le compró una camioneta Chevrolet  Blazer,  modelo  1993,  placas BCO-129, en la suma de $ 16.500.000, sin embargo,  el  11 de junio de 2002, al acercarse a la Secretaría de Hacienda a cancelar el  impuesto  del  año  2002,  le informaron que el formulario de pago de impuestos  del  año  2000  que  PAVA  CAMELO  le  había  entregado  junto  con los demás  documentos  del  automotor  contenía sellos falsos, además la camioneta debía  impuestos   desde   el   año  1997  y  como  si  fuera  poco  las  placas  eran  gemeliadas.            

Al buscar a ERNESTO PAVA CAMELO para que le  explicara  lo sucedido, éste aceptó las anomalías presentadas, proponiéndole  la  resolución  del contrato de compraventa, acordando que volverían las cosas  a  su estado anterior, no obstante PAVA CAMELO ya no le entregaría la suma de $  16.500.000  sino  $  18.000.000,  razón por la cual éste le giró dos cheques,  títulos  que  fueron  devueltos por encontrarse la cuenta cancelada y la cuenta  corriente  pertenece  a  otra  persona”.              

Con    fundamento    en   los   sucesos  anteriores,  se dispuso la  correspondiente  apertura de investigación, a la cual fue vinculado    ERNESTO   PAVA   CAMELO,   mediante  declaratoria de persona ausente.      

         Cerrado   el  ciclo  instructivo,  se  impartió  calificación  al  mérito  del  sumario  el 14 de octubre de 2009 con resolución de acusación en  contra  del implicado por los delitos de falsedad material en documento público  agravada  por  el  uso,  en  concurso  homogéneo y sucesivo, y heterogéneo con  estafa,  decisión  confirmada  por  la  fiscalía de segunda instancia el 15 de  marzo de 2010.   

Para  adelantar  la  fase  del  juicio,  la  actuación  se  asignó     al Juzgado Segundo Penal del Circuito  de  Descongestión  de  Bogotá,  ante  el  cual  se  tramitaron  las audiencias  preparatoria  y de juzgamiento, a cuya finalización dictó, el 26 de octubre de  2010,  sentencia  de  primer  grado  mediante  la  cual  condenó  al  procesado  PAVA  CAMELO  como  autor  penalmente  responsable  de  los  delitos por los cuales fue acusado a las penas  principales  de  cincuenta  (50)  meses de prisión y multa por valor de sesenta  (60)   salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  en  el ejercicio de derechos y funciones públicas por un lapso  igual al de la privativa de la libertad.   

En  la misma sentencia también condenó al  implicado  al  pago  de  perjuicios  y  le  negó el subrogado de la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y  el  sustitutivo de la prisión  domiciliaria.   

En    desacuerdo    con   la   anterior  determinación,    la   defensa   de   PAVA   CAMELO  interpuso  recurso  de  apelación,  sobre el cual se  pronunció  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  confirmando  el fallo mediante  providencia del 24 de agosto de 2011.   

Dentro  del  término  de  ejecutoria de la  providencia,  el  mismo  sujeto  procesal  promovió  recurso  extraordinario de  casación,  posteriormente  sustentado  mediante  libelo allegado oportunamente,  cuyo  estudio  de  admisibilidad  asume  la  Sala  a  través de este proveído.   

     

LA DEMANDA  

Propone   tres  cargos  contra  el  fallo  impugnado.  El  primero,  con  sustento  en  la  causal  primera  prevista en el  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000,  por  violación  directa  de la ley  sustancial y, los dos restantes, por violación indirecta.   

Para  mejor  comprensión  y  con el fin de  evitar  la  reiteración innecesaria, en el siguiente acápite considerativo, se  sintetizará  el  contenido  de  los  cargos  y,  de inmediato, se expresará el  criterio de la Sala sobre su admisibilidad.   

1.   Primer  cargo  (principal).   Violación directa de la ley sustancial:   

Para el censor se violaron los artículos 4,  13,  29 y 250, de la Carta Política; 5, 6 y 24 de la Ley 600 de 2000 y el 40 de  la  Ley  153 de 1887, por inaplicación, en el presente asunto, del principio de  favorabilidad de la ley penal.   

Tras  recordar  los  pasajes  del  fallo de  segunda  instancia en donde se le dio la razón al apelante en el sentido de que  para  establecer  el  momento  consumativo  del  delito  de falsedad material en  documento  público  no  es  incidente  el  uso,  por  ser un evento posterior e  independiente  de  la  conducta,  señala que “si lo  presupuestado  por  las  instancias  de  conocimiento  era de darle (sic)   aplicación   al  principio  de  favorabilidad  este  ha debido acudir primero a la época de los hechos, lo que,  como  lo  contemplaron  en  algún momento nos deja frente a la comisión de una  conducta   punible  acaecida  antes  de  entra  (sic)  en vigencia la ley 599 de 2000, es decir se ha debido  tipificar    de   conformidad   (sic)   lo  establecido  en el Decreto 100 de 1980, pues de no hacerlo así  se  está vulnerando de manera objetiva el mencionado principio de favorabilidad  al  momento  de  dosificar  la pena aplicable al delito de falsedad en documento  público,  ya  que  conforme  a  lo previsto en la ley y en la jurisprudencia el  delito  se  cometió  en  marzo  de  2000,  tal cual aparece en el documento que  prueba  la  conducta,  es  decir en el sticker que se presenta para acreditar el  pago  del impuesto del año 2000; con respeto me permito hacer alusión a que lo  que  se  ha  debido  calificar  es el delito contemplado en el artículo 222 del  Decreto  100  de  1980, en el entendido que existe el documento espurio y se uso  (sic).  Pero  no  existe  prueba  alguna  que demuestre que PAVA CAMELO fue quien falsificó el mencionado  documento”.   

De   acuerdo  con  lo  anterior,  añade,  “si   la   conducta  se  tipifica  conforme  a  lo  establecido  en  el  artículo  220  del Decreto 100 de 1980, este contempla una  sanción  de  dos  (2)  años  a  ocho  (8)  años de prisión, por principio de  favorabilidad  no  es  aplicable  el artículo 287 de la ley 599 de 2000, ya que  esta   tiene   un  agravante  contemplado  en  el  artículo  290  de  la  misma  ley”.   

En     consecuencia,     “al  tipificar  el delito conforme al artículo 287 de la Ley 599  de   2000,  este  tiene  una  sanción  de  seis  (6)  años,  mas  (sic)  el agravante del artículo 290. Lo  que  deja  el  máximo  en  nueve  (9)  años que es superior al contenido en el  artículo   220   del   Decreto   100   de   1980   que  lo  fija  en  ocho  (8)  años”.   

En  razón a la violación del principio de  favorabilidad referida, solicita casar la sentencia impugnada.   

Consideraciones de la Corte:  

En  la  estructuración  del cargo el actor  incurre  en  confusión,  lo  cual  determina  que las premisas sobre las cuales  cimienta  su  pretensión  sean incorrectas, situación que, desde luego, incide  en  la  conclusión  que  extrae. Tales defectos de argumentación conducen a la  inadmisión del reparo.   

Empiécese  por  señalar  que,  según  el  censor,  el fundamento de aplicación del principio de favorabilidad del Decreto  Ley  100  de 1980 radica en que la conducta contra la Fe Pública por la cual se  condenó  a  su  defendido  no  es  la  de  falsedad  material  de particular en  documento  público  agravada  por el uso, contemplada en el artículo 220, sino  la  de  “uso de documento  público    falso”,    sancionada    en    el   artículo   222   ibídem,  en  el entendido de no estar demostrado que haya sido  quien  materialmente elaboró los documentos espurios, cuya pena es más benigna  que  la  de  la Ley 599 de 2000 impuesta, habiendo prescrito dicha acción en la  fase instructiva.   

Amén   de   que   el   actor  no  es  lo  suficientemente  claro  en  su  planteamiento, suficiente ello para inadmitir la  censura,  su  pretensión  tampoco  encasilla directamente en la invocación del  principio  de  favorabilidad,  sino  en un error de calificación de la conducta  con  incidencia en la aplicación de la garantía pretextada, al cual se habría  llegado  por  un  error en la valoración de las pruebas, como así se extrae de  su  afirmación  según  la  cual  “no existe prueba  alguna  que  demuestre  que  PAVA  CAMELO  fue  quien  falsificó  el mencionado  documento”.   

Es  decir  que, sea lo primero destacar, la  vía  correcta  para  enderezar  el reproche no era la violación directa de las  normas  que  regulan el principio de favorabilidad, sino la indirecta por alguno  o  alguno  de  los  yerros  de valoración probatoria con la entidad de mutar el  fallo  (de  hecho  por falsos juicios de existencia, identidad o raciocinio o de  derecho  por falsos juicios de legalidad o convicción), cuya ocurrencia habría  conducido  a  la aplicación indebida del tipo penal por el cual se lo sancionó  y  a  la  falta de aplicación del que considera atinado, con incidencia ello en  el  principio de favorabilidad, pero, como nada dijo respecto a lo primero, esto  es,  al  error  de  apreciación  probatoria,  apelando a una simple afirmación  genérica  (“no  existe prueba alguna que demuestre  que  PAVA  CAMELO  fue  quien  falsificó  el  mencionado  documento”),  termina  por  dar  por sentada la conclusión (no es un tipo  penal  sino  otro), mediante un ejercicio argumentativo evidentemente incompleto  que, desde luego, da al traste con su aspiración.   

De  cualquier  modo,  como  ya  se dijo, la  premisa  sobre  la  cual  edifica  la aplicación del principio de favorabilidad  resulta  errada,  en  tanto  no  es cierto que sea más favorable, en materia de  prescripción  de  este  punible,  el  Decreto Ley 100 de 1980 que la Ley 599 de  2000.   

Ello, porque la situación constitutiva del  uso  de  documento  por  quien también lo elaboró materialmente, en uno u otro  ordenamiento,  erige  una  circunstancia de agravación que, también en los dos  casos,  incrementa  la  pena  en  la  mitad. En el ordenamiento actual según el  artículo  290  y,  en  el  anterior,  conforme  al cuerpo segundo del artículo  222.    

De modo que sobre la pena básica, a efectos  de  establecer  la  prescripción  de la acción penal, se reitera, en el actual  estatuto  a  la  sanción  máxima  establecida  de  seis (6) años de prisión,  según  el artículo 287, se incrementa tal proporción, lo cual arroja un monto  de  nueve  (9)  años,  procedimiento que correctamente realizó el ad   quem,  para  descartar  pretensión  similar  elevada por el mismo defensor al sustentar el recurso de apelación que  interpuso   contra   el   fallo   de  primer  grado1.   

Por su parte, en la anterior codificación,  a  la  pena  máxima  establecida  en  el  artículo  220,  de ocho (8) años de  prisión,  se  aumenta  esa misma cantidad, para un total de doce (12) años, lo  cual  desvirtúa  la premisa del actor en cuanto a que este ordenamiento es más  favorable, en esta específica materia, que el vigente.   

Los  defectos  argumentativos señalados en  precedencia determinan la inadmisión del cargo.   

2.   Segundo cargo (subsidiario).   Violación indirecta de la ley sustancial:   

Se incurrió, señala el libelista, en error  de  hecho  por  falso  raciocinio  “toda vez que se  arrimó  a  una  inferencia  que no es lógica, por lo que se atentó contra las  reglas  de  la  sana  crítica,  como  son:  las  reglas de la experiencia o del  sentido común”.   

Para  demostrar  el  aserto,  indica  que  “el        a        quem        (sic)  en  mi criterio jurídico no tuvo  en  cuenta  las  pruebas  que aporte (sic)  al  momento de presentar el recurso de apelación, documentos que  provienen  de  entidades  públicas,  entidades  que  aparecen afectadas en este  proceso”.   

Con dichas probanzas, añade, se acredita el  pago   de   impuestos   por  el  automotor  de  placas  BCO  129,  especificando  “desde    que   (sic)  momento   y   que   (sic)  entidades   recibieron   estos  pagos”.  Así  las cosas, le sorprenden manifestaciones de dicho juzgador  en   punto   de  la  falsedad  de  tales  documentos;   además,  concluye,  “estamos  frente  a  una  falsedad burda, ya que la  señora  María  Deisy,  afirma  que  la  oficina 001 que aparece en el adhesivo  relacionado no existe para el banco”.   

Por     lo     tanto,    “resulta  claro  su  señoría  que  las  pruebas  no  llenan los  requisitos   formales   y   menos   los   legales   que   la   ley  (sic)  exige  para  que ellos obren como  pruebas  fehacientes  de  que PAVA CAMELO falsificó el mencionado formulario de  impuestos”.   

Consideraciones  de  la  Corte:    

Este  cargo  también se inadmitirá por no  cumplir  con  los  requisitos  establecidos en el artículo 212 de la Ley 600 de  2000,  dado  que  tampoco desarrolla de manera lógica y debidamente argumentada  la propuesta.      

         Al  respecto,  dígase que contiene planteamientos disímiles, cuyo  desarrollo ha debido abordar de forma independiente o por separado.   

         En  efecto,  el  demandante  acude a la causal primera de casación  del  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000, por violación indirecta de ley  sustancial,  sustentado  en  que  el fallo impugnado incurre en errores de hecho  por falso raciocinio en la apreciación probatoria.   

De  acuerdo con la jurisprudencia reiterada  de  la Sala, se incurre en esta modalidad de yerro cuando el juzgador aprecia la  prueba  desconociendo  las  pautas  de  la  sana  crítica,  esto es, postulados  lógicos, leyes científicas o máximas de la experiencia.   

Ante tal supuesto, en orden a satisfacer la  carga  argumentativa  mínima  requerida  para demostrarlo, el demandante estaba  compelido  (i)  a  identificar  la  prueba  sobre la cual recae el yerro; (ii) a  establecer  el  mérito  que  se  le  otorgó  al  medio  de  convicción  en la  sentencia;  (iii) a señalar cuál es el postulado de la sana crítica que en su  criterio  fue  vulnerado,  esto  es,  el  principio  lógico,  la  máxima de la  experiencia, o la regla científica quebrantada.   

Acto   seguido:   (iv)   a  vincular  esa  apreciación  con  la  regla  aludida demostrando en dónde radica el desvío y,  finalmente,  (v)  a  precisar  la  trascendencia  del  error  frente  a  la  ley  sustancial,  lo  cual imponía exponer los argumentos dirigidos a corroborar que  la  sentencia  impugnada  se debía modificar en favor del interés representado  como                  consecuencia                 necesaria                 del  error.           

         

No  obstante  lo  anterior, el casacionista  señala  que  el  error  de  apreciación  probatorio denunciado se desencadenó  porque  el  Tribunal  no tuvo en cuenta documentos que aportó con el recurso de  apelación  que  promovió  contra  el  fallo  de primer grado que, a su juicio,  acreditan  el  pago  de  los  impuestos  del vehículo involucrado en el negocio  realizado  entre su defendido y el denunciante, lo cual, concluye, corrobora que  “las  pruebas  no  llenan los requisitos formales y  menos  los  legales  que  la  ley  (sic) exige  para  que  ellos  obren como pruebas fehacientes de que PAVA  CAMELO   falsificó   el   mencionado   formulado   de  impuestos”.   

A  más  de las significativas falencias de  redacción  que  exhibe  la censura y que impiden su cabal comprensión, resulta  evidente  que  el  casacionista,  de  un lado, según las directrices vistas, no  desarrolla  el error invocado y, de otra, que incorpora otras especies de yerros  de  valoración  probatoria,  los  cuales  apenas  enuncia, incurriendo en total  confusión y contradicción.      

En efecto, al anunciar que no se apreciaron  algunas  pruebas  asimila  su  propuesta  a la del denominado error de hecho por  falso  juicio de existencia por omisión, excluyente con el falso raciocinio si,  como  aquí  se advierte, recae en las mismas pruebas. Y luego, al concluir, sin  demostración  alguna y de manera genérica, que las pruebas sobre las cuales se  sustentó  la  afirmación  de que los documentos entregados por su representado  al  denunciante  carecen  de  autenticidad  y,  por  lo  tanto,  no  cumplen los  presupuestos  legales  y  formales,  da  a  entender  que también incurre en el  denominado error de derecho por falso juicio de legalidad.   

Como  si  fuera  poco,  el  actor  también  refiere   que   la   falsedad   cometida   fue   burda,   esto  es,  carente  de  antijuridicidad,  propuesta no sólo conceptualmente diversa sino contradictoria  con las anteriores.   

Al  margen  de esta amalgama de propuestas,  suficiente  para dar al traste con la pretensión del libelista, también cae en  grave  imprecisión  sustancial  cuando  pretende  sacar  avante  su pretensión  mediante  documentos  allegados  con  el escrito de sustentación del recurso de  apelación,  respecto  de  los  cuales los demás sujetos procesales no tuvieron  oportunidad de ejercer contradicción.   

Basten  las anteriores consideraciones para  colegir la anunciada inadmisión de esta censura.   

   

3.   Tercer  cargo (subsidiario).   Violación indirecta de la ley sustancial:   

A su juicio del actor, la sentencia incurre  en  yerro  de hecho “debido a que se comete un error  en   la   declaración  de  los  hechos,  por  lo  que  se  investiga  el  deber  constitucional  y legal de investigar tanto lo favorable como lo desfavorable al  imputado  y  a respetar sus derechos fundamentales”,  situación  que  condujo  a  la  violación  de los artículos 4, 13, 29, 33, 55  (num.  10)  y  250  de  la  Constitución  Política,  39,  234,  327  y 331 del  ordenamiento procesal penal.   

Acto  seguido,  sostiene  que “como  parte  del  debido  proceso  cada  uno de los funcionarios  tendrá  la  obligación  de  hacer manifestaciones jurídicas por las cuales se  considera  afectado  o no un proceso, consideraciones que tanto el a quo como el  a  quem (sic) hicieron en el  momento  procesal  oportuno  …Consideración jurídica que no han debido hacer  en  atención  a  que  la  obligación  de investigar tanto lo favorable como lo  desfavorable no se había cumplido”.   

Lo  anterior,  anota,  en relación con la  manifestación  en  el sentido de que el procesado era imputable, consignada por  los  dos funcionarios, pues “si se hubiese obedecido  lo  preceptuado  en  la Constitución y la ley hubieran encontrado que con fecha  05  de  diciembre  de  1987,  oficio 2.308 el Juzgado 6° Civil del Circuito, se  decreto    (sic)    la  interdicción  definitiva  del  señor ERNESTO PAVA CAMELO, en razón a que a la  fecha  no  poseo  (sic) otra  información  me  permito dejar a su disposición el original del registro civil  de  nacimiento  de  ERNESTO  PAVA  CAMELO,  expedido  en  la Notaría Primera de  Ibagué”.                               

    

Consideraciones  de  la  Corte:    

Como ya se había precisado al analizar el  cargo  precedente, según lo dispuesto en el numeral 3° del artículo 212 de la  Ley  600  de  2000,  la  demanda  de  casación  deberá  contener  “La  enunciación  de  la  causal  y  la  formulación del cargo,  indicando    en   forma   clara   y   precisa   sus  fundamentos  y  las  normas  que el demandante estime  infringidas”  (subraya  fuera de texto).   De  otra parte, en el siguiente  numeral   de   la   misma   preceptiva,   también  se  exige  que  “si  fueren  varios  los  cargos,  se  sustentarán en capítulos  separados”  y  que  “es  permitido       formular       cargos      excluyentes      de      manera   subsidiaria”.     

La  presentación  de  la demanda de forma  clara   y   precisa   en  los  términos  de  esta  normativa  legal,  ha  dicho  reiteradamente  esta  Colegiatura,  está relacionada con la carga para quien la  suscribe,  en  atención  al  carácter  rogado  del  recurso extraordinario, de  esbozar  una  argumentación  coherente,  comprensible  y  lógica,  pues  no le  corresponde    desentrañar    confusos,    ambivalentes    y    contradictorios  planteamientos.   

En tal categoría caben los libelos que en  su  seno desarrollan propuestas disímiles o conceptualmente contrarias, pues la  entremezcla  argumentativa  repercute  en  detrimento  de su entendimiento, como  así  lo  exigen los principios de autonomía y crítica vinculante, regentes en  esta sede.   

Así, el de crítica vinculante exige de la  censura   fundarse  en  las  causales  previstas  taxativamente  y  someterse  a  determinados  requisitos  de  forma y contenido dependiendo del motivo invocado.  Y,  conforme  al  de autonomía, el discurso debe mantener identidad temática y  ajustarse a los requerimientos básicos de la lógica.   

        En  la  censura  objeto de estudio se incurre en desconocimiento de  estos  postulados,  pues  si bien la propuesta apunta a desarrollar la causal de  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial a consecuencia de un “error   de  hecho”,  como  así  lo  señala  en  el  enunciado, no lo es menos que su desarrollo invade los terrenos  de otra causal de casación.   

Tal  situación  se  advierte cuando en su  desarrollo  se  aparta  de  tal  propósito  para, acto seguido, sostener que se  desconoció  el  principio  de  investigación  integral en cuanto al tema de la  imputabilidad.   

Es  evidente que esa pretensión no guarda  relación  con  la causal pretextada, en tanto erigiría vulneración, según lo  ha  precisado recurrentemente la Sala, tanto del debido proceso como del derecho  de  defensa,  cuya  senda  apropiada de discusión en esta sede es a través del  motivo  tercero  del  artículo  207  de  la  Ley  600 de 2000, la cual, para su  adecuada  comprensión,  conforme  lo  exige  el  numeral  3° del artículo 212  ibídem y en atención a su  evidente  diversidad  conceptual,  ha debido plantearse por separado, a tenor de  lo exigido en el numeral siguiente del mismo precepto.   

De  esa  forma, se entremezclan propuestas  antagónicas,  como  lo  es la violación indirecta de la ley sustancial, cuando  señala  que  se  incurrió  en  errores  en  la apreciación probatoria, con la  nulidad,  porque  en  el  primer  caso  se  acepta  la  validez de la actuación  procesal,   por  cuanto  el  ataque  se  circunscribe  a  errores  de  juicio  o  in  iudicando  en  los que  incurre  el  sentenciador  al  momento  de  fallar,  mientras  que en el segundo  precisamente   se   discute   ese  aspecto  a  través  de  yerros  in       procedendo       o      de  procedimiento.   

Es  tan  notoria la confusión en el cargo  que  de  su  contexto  no  se  logra establecer si la inconformidad deriva de no  haberse  investigado  en  torno  a  la  posible  inimputabilidad  del procesado,  constitutivo  ello  de  violación  a  la  garantía  aludida,  o por no haberse  valorado  el  oficio  expedido  por  un  juzgado  civil,  donde supuestamente se  informa  sobre  su declaratoria de interdicción (violación indirecta de la ley  sustancial),     menos    aún    cuando    pretende    demostrarlo    aportando  extemporáneamente  una  copia  del  registro civil de nacimiento del implicado,  sin  explicar  siquiera cuál es la incidencia de dicho documento frente al tema  en cuestión.   

    

Pero,  aún superando tal falencia, en sí  misma  suficiente  para  acarrear la inadmisión del reparo, la propuesta basada  en  la  violación  del  principio  de  investigación  integral no satisface el  mínimo  de  argumentación  exigida  para tenerla por adecuadamente construida.   

En  tal  sentido  recuérdese  que  dicha  garantía  estaba  consagrada  en  el artículo 250 de  la Carta Política,  antes  de  la expedición del Acto Legislativo número 3 de 2002,  y en los  vigentes   artículos  20   y   234  de  la  Ley  600,  en  cuyo  caso  corresponde  al  actor  no  sólo  indicar  que  el  juez  fue inoperante por no  decretar  las  pruebas,  sino concretar dichos medios, explicar razonadamente su  conducencia   por   estar   relacionados   directamente  con  el  objeto  de  la  investigación,  señalar  su  procedencia  y  determinar  si  era  factible  su  práctica.   

Además,   se   debe  demostrar  que  el  desconocimiento  de este principio vulnera las garantías del procesado y tenía  entidad  para  viciar  la  actuación,  pues no toda omisión en la práctica de  pruebas   es  suficiente  para  corroborar  la  vulneración  del  principio  de  investigación  integral,  en  cuanto  la omisión de diligencias inconducentes,  dilatorias,  inútiles  o  superfluas  no  constituye menoscabo del derecho a la  defensa.   

Sobre  este  último  aspecto,  se  torna  ineludible  para  el casacionista demostrar que las pruebas echadas de menos, al  ser  cotejadas  con  el  acervo  probatorio,  trastocan  las conclusiones de los  falladores,   así  como  el  sentido  de  la  sentencia,  razón  por  la  cual  resultaría  imprescindible invalidar la actuación a fin de allegarlas y contar  con la posibilidad de proceder a su valoración.   

               

Contrariando   esa   ineludible   carga  argumentativa,   el  actor  ni  siquiera  señala  cuáles  fueron  las  pruebas  omitidas,  lo  cual  refuerza  la conclusión anunciada de inadmitir la censura.   

En    suma,   la   Sala   inadmitirá  el  libelo  presentado  por el defensor de ERNESTO  PAVA  CAMELO,  por incumplir los  presupuestos  establecidos  en  el  numeral  3°  del  artículo  212  de  la  Ley 600 de 2000, de acuerdo con la consecuencia procesal  señalada  en  el  artículo  213 ibídem.  Además, por no advertir dentro  del   presente   trámite,   o  en  la  sentencia,  vulneración  de  garantías  fundamentales  que  imponga  la  activación del mecanismo oficioso de enmienda.   

Sobre  esto último encuentra la Corte que  el  a  quo,  en situación  inadvertida     por    el    ad    quem,  vulneró el  principio  de legalidad de las penas cuando dosificó la pena de prisión por el  delito  de  falsedad  material en documento público, el cual consideró como el  más  grave,  al olvidar en tal procedimiento que concurría la circunstancia de  agravación   específica   por   razón   del   uso  del  documento2, como así se  imputó  en  la  acusación  y  se  reconoció  en  la  parte  motiva de las dos  decisiones  de  instancia;  incluso, ese aspecto fue considerado por el Tribunal  para  realizar el cómputo del término de prescripción de la acción penal por  este  delito  en  virtud  del reclamo de la defensa para sustentar el recurso de  apelación  promovido  contra  la  sentencia  de  primera  instancia3.   

No  obstante, como en este caso la defensa  funge   como  único  recurrente  en  casación,  ninguna  modificación  podrá  efectuarse,  so  pena  de  vulnerar  la  prohibición  de  la  reforma  en peor,  principio  que  prevalece  sobre el de legalidad, según criterio mayoritario de  la    Sala4.   

        En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

        INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de  ERNESTO  PAVA  CAMELO, por las razones expuestas en la  anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en el  artículo  187  de  la Ley 600 de 2000, contra este proveído no procede recurso  alguno.   

Notifíquese   y  cúmplase.   

JOSÉ     LEONIDAS     BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO               FERNANDO  ALBERTO     CASTRO     CABALLERO           

SIGIFREDO                 ESPINOSA  PÉREZ             MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  MUÑOZ                 

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN            LUIS  GUILLERMO SALAZAR  OTERO              

JULIO        E.        SOCHA  SALAMANCA              JAVIER  ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

              

1  A  partir de la pág. 10 de la sentencia de segunda instancia.   

2 Ver  pág. 14 del fallo de primer grado,   

3  Págs. 16-17 de esta decisión.    

4  Impera  señalar  que de tiempo atrás los Magistrados María del  Rosario  González  Muñoz  y  Sigifredo  Espinosa  Pérez  han  considerado  en  situaciones  como  la  de  la  especie,  que el principio de legalidad prevalece  sobre  el  de  la  non reformatio in pejus,  y  así  lo  han  expresado  en  salvamentos  de  voto del 15 de  septiembre  de  2010.  Rad.  34728  y del 16 de marzo de 2011. Rad. 34849, entre  muchos otros.     

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