37973(27-02-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     nº  37973   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado    Acta  No.57   

Bogotá  D.C.,   veintisiete  (27)  de  febrero de dos mil doce (2012).   

VISTOS  

Se   pronuncia   la  Sala  acerca  de  la  admisibilidad  de  los  fundamentos lógicos y de apropiada argumentación de la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de  LIDIA   ESPERANZA  TORRES  CASTRO  contra   la   sentencia   de  27  de      septiembre      de    2011  mediante  la  cual  el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Popayán       confirmó  la  emitida por el Juzgado  Penal del Circuito de Patía -El Bordo-  Cauca,  por  cuyo  medio  la condenó, conjuntamente con William Andrés Gaviria  Torres, como coautores del  delito      de      fabricación,     tráfico     o     porte     de  estupefacientes.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El  aspecto  fáctico  fue  presentado  por  el           Tribunal           así:   

“…el  27  de  abril  de  2010,  aproximadamente  a  las  9:20  horas, personal de la SIJIN, en  desarrollo  de  diligencia  de allanamiento y registro ordenado por la Fiscalía  001     Seccional     de     Bolívar-Cauca,  al  inmueble ubicado en la calle 11 N° 7-98 del  Barrio Las Villas de Bolívar Cauca, en  donde   fueron   atendidos   por   la  señora  LIDIA  ESPERANZA  TORRES,  y  se  encontraba  el  señor WILLIAM ANDRÉS GAVIRIA  TORRES,  encontraron  en diferentes lugares de dicho inmueble 121 envolturas con  sustancia  que  luego se establecería correspondía a cocaína base con un peso  neto  de  35  gramos  y  una envoltura con canabis sativa, con un peso neto de 3  gramos,   razón   por  la  cual  fueron  capturados  aquellos”.   

El 28 de abril de 2010 ante el Juez Promiscuo  Municipal   con  Funciones  de  Control  de  Garantías  de  Bolívar-Cauca,  la  Fiscalía  les  formuló  imputación  a  título  de  coautores  del  delito de  fabricación,     tráfico     o     porte     de  estupefacientes,  al  tiempo  que  solicitó les fuera  impuesta  medida  de  aseguramiento  de  detención preventiva. Los imputados no  aceptaron  los  cargos  y  se  les  afectó  con la medida cautelar de carácter  personal  deprecada,  la  cual  fue sustituida por detención domiciliaria sólo  respecto de LIDIA ESPERANZA TORRES CASTRO.   

Presentado el escrito de acusación el 27 de  mayo  de  2010, el 28 de junio siguiente se allegó un preacuerdo suscrito entre  la   Fiscalía   y   los  incriminados,  en  el  que  a  cambio  de  aceptar  su  responsabilidad  en  los  hechos  obtendrían  rebaja de una tercera parte de la  pena a imponer.   

Tal acuerdo fue aprobado el 7 de diciembre de  la  anualidad  en  cita  por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito del Bordo-Cauca,  emitiendo  en  consecuencia  fallo  acusatorio en contra de ellos, al imponerles  cuarenta  y  dos  (42)  meses,  veinte  (20)  días  de prisión y multa de 1,78  salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes al año 2010, sin concederles la  suspensión   condicional   de   la   ejecución  de  la  pena  ni  la  prisión  domiciliaria.   

En virtud del recurso de apelación formulado  por  el  defensor  de  los procesados, el Tribunal Superior de Popayán mediante  decisión  de  31  de  marzo  de  2011  ordenó  al  a  quo  que en  sentencia complementaria argumentara  respecto  de  la  revocatoria  o  no  de  la medida sustitutiva de la detención  preventiva  que  le  había  sido  otorgada  a  la  procesada  en el curso de la  actuación,  razón  por  la  cual  el  juzgado,  en  providencia  de 13 de mayo  siguiente,  consideró  que  esa  detención domiciliaria privilegiada perdería  sus  efectos  al  quedar  en  firme  la  sentencia, debiendo cumplir la prisión  intramural,  y  que  como no había mediado petición de las partes referente al  otorgamiento  de  la  prisión domiciliaria, ni había pruebas para tal estudio,  ese asunto correspondería al juez de ejecución de penas.   

Al  recavar  el  defensor en la impugnación  ordinaria,  el  Tribunal  a  través  de  sentencia  de 27 de septiembre de 2011  confirmó  el  fallo, y por ello insiste el mismo profesional en representación  de  LIDIA ESPERANZA TORRES CASTRO con  el recurso de casación allegando la  respectiva    demanda.    Acerca   de   su   admisibilidad   se   pronuncia   la  Corte.   

DEMANDA  

Postula      dos      censuras por violación directa de la ley  sustancial.   

Primer  cargo:  Falta de aplicación de los  artículos  38  de  la  Ley  599  de  2000,  307,  308  y  315  de la Ley 906 de  2004.   

Denuncia  que pese a tener competencia para  ello,   el   juzgador  de  primer  grado  se  abstuvo  de  resolver  de fondo la  solicitud  de  prisión  domiciliaria y el Tribunal al  confirmar   el   fallo  señaló  que  el  estudio  de  tal          figura         correspondía      al      juez       de      ejecución       de       penas.   

Luego      de      transcribir   el   artículo  38  del  Código  Penal  aduce que en la  etapa  del  juicio  quien debe resolver es el juez de conocimiento, y   como   en   este   caso   a  él  se  le     elevó     la  petición,     tenía  que    pronunciarse   al  respecto.   

Segundo  cargo  (subsidiario):             “Violación de la ley sustancial por la  causal  segunda  establecida  en  el  artículo 181 de la ley 906 de 2004 por el  desconocimiento  del  derecho  al  debido  proceso  de  la procesada”            —sic—.   

Pregona  que  el  Tribunal infringió   el  artículo  29  de  la  Constitución  Política  en  relación  con  el artículo 38 de la Ley    599    de    2000,   porque   habiendo   pedido   para   su  asistida  la             prisión          domiciliaria        con  documentos  que  acreditaban su condición de madre cabeza de  familia,  al  tener tres  niñas  menores de edad, estar su señora madre postrada en una silla de ruedas,  y  sin tampoco observar el  seguimiento  que  el  Instituto  Colombiano  de  Bienestar  familiar  le  estaba  haciendo    a    las   menores,   el   juzgado  de  conocimiento estimó que  el   tema  debía   ser   de   competencia    del    juez    de    ejecución   de   penas.   

Por  lo  tanto,  solicita a la Corte casar  parcialmente   el   fallo   a  fin  de  conceder  a  la  procesada  la  prisión  domiciliaria.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Los  lineamientos que perfilan el recurso de  casación  bajo  la égida del sistema acusatorio implementado con la Ley 906 de  2004  lo  instituyen  como  mecanismo  de  control constitucional y legal de las  sentencias  de  segunda instancia en los procesos adelantados por delitos cuando  se  afecten  los  derechos  o  garantías  fundamentales  de las partes o de los  intervinientes,  de  acuerdo  con las causales legal y taxativamente señaladas,  siempre  que  se  satisfagan  los fines para los cuales está previsto, a saber:  buscar  la efectividad del derecho material, el respeto de las garantías de los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a éstos, así como la  unificación de la jurisprudencia.   

Con  esa  perspectiva,  la  pretensión  del  demandante  ha  de  estar  demarcada  por el carácter teleológico del recurso,  debiendo  acreditar  tal  afectación  de  derechos  o garantías fundamentales,  señalar  la causal por la que opta con el desarrollo adecuado de los cargos que  le  dan  sustento  y  demostrar la necesidad del fallo de casación, so pena que  por su incumplimiento el libelo no sea admitido.   

Ese  control  constitucional  y  legal de la  sentencia   de   segundo   grado   le   imprime   al  recurso  su  carácter  de  extraordinario,  de  ahí  que  no escapen a él la observancia de las reglas de  coherencia,  precisión  y  claridad  que  conduzcan  al cabal entendimiento del  reparo,   por   ello,  además  de  los  fundamentos  de  lógica,  de  adecuada  argumentación  y  de  contenido  que  la  Corte  debe  verificar  al momento de  estudiar  la demanda, ha de analizar la necesidad de su intervención en sede de  casación  con  miras a cumplir alguna de sus finalidades, porque si advierte la  imperiosa  protección  o  restauración  de  un  derecho fundamental y por ello  precisarse  de  fallo,  deberá  superar  las  falencias  técnicas del libelo y  ordenar   su   admisión,   adquiriendo   así   prevalencia   los   fines   del  recurso.   

Las  anteriores  precisiones conceptuales le  permiten  a  la Corporación indicar que en este caso el libelo no satisface los  requisitos  formales,  ni  tampoco  se  precisa  emitir  un  fallo  de fondo que  permitiera  superar  sus  defectos  en atención al carácter teleológico de la  casación, como se verá:   

De  manera  preliminar,  se  advierte que el  impugnante  pese  a  escindir  los  cargos: uno por violación directa y el otro  (aunque  titulado  por  la  misma  causal  lo presenta por infracción al debido  proceso),  abordan  aristas  de  un mismo fenómeno, lo cual se corrobora con la  identidad  argumentativa  y  de  pretensiones  respecto  de la aplicación de la  prisión   domiciliaria   para   su   defendida,  situación  que  implicaba  la  formulación de una sola censura.   

La naturaleza rogada propia del sistema   de   partes  del  procesamiento  acusatorio  colombiano,  conlleva  a que la intervención del aparto judicial se  produzca  o  motive en la solicitud de cualquiera de las partes, por ello, a fin  de  habilitar  al  juez para emitir un pronunciamiento, aquéllas deben formular  peticiones  claras  y precisas, debidamente argumentadas y soportadas ya que les  corresponde la carga de la prueba.   

Y  ese  fue  el  sentido que el demandante  desdeñó  en  su labor defensiva en cuanto en sus alegaciones finales tan sólo  de  forma  ambigua  y  por  demás  lacónica  pidió  al  juez  respecto  de su  representada  que:  “se  siga  beneficiando  de la  prisión   domiciliaria”,   de  ahí  que  el  funcionario  judicial  al  analizar  tal  pedimento  dudara    acerca    de    si    se   trataba   de   la   prisión   domiciliaria  contemplada   en   el   artículo  38  del  Código  Penal o la prisión domiciliaria privilegiada cuando  se  relaciona con la madre  cabeza de familia.   

Para  dilucidar  en  lo posible tal asunto  tras de poner de presente  el  a quo que no se había  demostrado  si  la  procesada  en verdad estaba a cargo de su progenitora, ni la  edad  y  ubicación  de  sus hijos,  negó la prisión domiciliaria en  cuanto  el  aspecto  objetivo  o cuantitativo no se cumplía por superar la pena  mínima  del  delito en estudio los cinco años de prisión, dejando en libertad  a  la  defensa  para  acudir  ante  el  juez de ejecución de penas y medidas de  seguridad para solicitar la prisión privilegiada o especial.   

Al  respecto,  la  Sala  ha insistido en las  características   ontológicas   y   teleológicas   que    identifican  y  diferencian  la  prisión  domiciliaria  de  la  detención domiciliaria, cuando  ésta  se  da al interior del trámite procesal y sólo para sustituir la medida  de  aseguramiento  de detención preventiva analizando factores relacionados con  la   finalidad  de  la  restricción  provisional  de  la  libertad,  evitar  la  obstrucción  de  la justicia, asegurar la comparecencia procesal, proteger a la  comunidad,  entre  otras, en tanto que la prisión tiene que ver con la forma de  ejecutar  la  pena  para  lo  cual  se  deben  atender las funciones que de ella  estableció  el  legislador, de ahí que los fines de la detención domiciliaria  y   su   excepcionalidad   de   la   restricción   de   la  libertad,  difieran  ostensiblemente  de  los  fines  de  la  pena de retribución justa, prevención  general y especial, reinserción social, etc.   

Precisamente,       por       haber      sido  beneficiada         LIDIA        ESPERANZA  de  la  detención  domiciliaria  en  el  curso  de  la  actuación,  el  Tribunal  instó  al juzgador de primer grado para pronunciarse  expresamente respecto de esa sustitución de la medida, pues:   

“Ciertamente, en este caso, no procede la  prisión  domiciliaria  establecida  en el mencionado artículo 38, pero ello no  implica  que  por  tal conclusión, sin otro análisis, quede revocada la medida  sustitutiva  de  detención  preventiva que se le había concedido a aquella, la  detención  especial o privilegiada, y que la cobijaba hasta la ejecutoria de la  sentencia.   

“Es posible que se pueda revocar, como lo  hemos  consignado,  pero para ello, deberán expresarse las razones que llevan a  adoptar  dicha  medida  y  la  decisión  tendrá  que  consignarse  en la parte  resolutiva  de  la sentencia, o en una complementaria según el caso, para poder  garantizar  que  se  pueda  hacer  uso del recurso pertinente en el evento de no  compartir lo decidido”.   

Por         ende,   el  a  quo  complementó el numeral segundo de la sentencia  al  declarar  que  la  detención  preventiva  privilegiada o especial de la que  gozaba  la  incriminada  se  prolongaría  hasta  la ejecutoria de la sentencia,  momento  en  el cual perdería sus efectos jurídicos, ratificando de otro lado,  que  como  no  se  habían hecho peticiones específicas respecto de la prisión  domiciliaria   “con   soporte   argumentativo   y  probatorio,  esta instancia queda relegada de hacer un estudio y análisis de lo  no peticionado”.   

En  ese  orden, el Tribunal al resolver la  apelación  de  fallo ratificó no sólo que el defensor no había sido claro en  su    petición    inicial    acerca    de   que   la   procesada   “se siga beneficiando de la prisión  domiciliaria”,   sino  que la institución  contemplada   en   el   artículo  38  del  Código  Penal  resultaba  improcedente  al  no  cumplirse el  presupuesto  objetivo ya que la pena mínima prevista para el delito         de        fabricación,   tráfico    o    porte   de   estupefacientes  era    de    cinco    años,   cuatro   meses   de  prisión.   

De otro lado, el  mismo  juez colegiado señaló que lo relacionado con  la   condición   de   madre  cabeza  de  familia  de  la  procesada, como no había mediado una petición  expresa  en  ese  sentido,  debía  solicitarse  ante el respectivo juez de ejecución de penas y medidas de  seguridad,  como prisión domiciliaria. De manera que  al   no   haber  pronunciamiento  del  a        quo,       carecía  de  competencia funcional en  segunda instancia.   

Así   los  integrantes  de la Sala de  Decisión  concluyeron  que:   

“…hizo   bien   el  señor  juez  de  instancia  al  no  abordar algún tipo de prisión domiciliaria que luego debía  analizar  el  señor  juez  de ejecución de penas, como quiera que —ciertamente—,   estamos  en  presencia  de  un  sistema  procedimental  penal  eminentemente  rogado,  y en segundo lugar, hasta  aquel  momento,  no se contaba con los elementos de juicio necesarios para poder  acreditar,  si  era  verdad  que  LIDIA ESPERANZA  TORRES  CASTRO  estaba  a cargo de su progenitora, y si  los  hijos  son  menores  o mayores de edad y al cuidado de quien se encuentran.  Sobre  este  aspecto,  las pruebas sobre el tema debían conocerse en la primera  instancia  y  en el momento oportuno, ya que ante la segunda instancia no existe  periodo probatorio”.   

Bajo  esta  óptica, como se concluye que el  libelo  no  será admitido, es necesario señalar que no se observa con ocasión  del  fallo  impugnado  o  dentro  de  la  actuación  violación  de  derechos o  garantías  de la procesada LIDIA ESPERANZA TORRES CASTRO o del otro incriminado  William  Andrés  Gaviria  Torres,  para motivar la intervención oficiosa de la  Corte en aras de su debida protección.   

Precisión final  

         

En  consideración a que contra la decisión  de  inadmisión  de la demanda de casación presentada por la defensa procede el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la  Ley  906  de  2004, es necesario precisar que como allí no se regula su  trámite,             la            Sala1  clarificó  su  naturaleza  y  definió  las  reglas  que  habrán  de  observarse  para  su  aplicación, como  sigue:   

1.                 La    insistencia    es     un    mecanismo     especial,   ajeno   a    la  naturaleza  impugnatoria que sólo puede ser promovido por el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la notificación de la  providencia  mediante la cual la Sala decide no admitir la demanda de casación.   

2.              La solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público  a  través  de  sus  Delegados para la  Casación  Penal, ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto a  la  decisión mayoritaria de no admitir la demanda o ante uno de los Magistrados  que  no haya intervenido en la discusión y no haya suscrito el referido auto de  inadmisión.   

3.            Es facultativo del Magistrado disidente,  del  que no intervino en los debates o del Delegado del Ministerio Público ante  quien  se  formula  la insistencia, optar por someter el asunto a consideración  de  la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en que informará  de ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

4.     El auto a través  del  cual  se inadmite la demanda de casación trae como consecuencia la firmeza  de  la  sentencia  de segunda instancia contra la cual se formuló el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia  prospere  y conlleve a la admisión del  libelo.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

1.          NO  ADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el defensor de la procesada LIDIA ESPERANZA TORRES CASTRO, por  las razones dadas en la anterior motivación.   

2.          De  conformidad con lo dispuesto en el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición  de insistencia en los términos precisados por la Sala en la presente  decisión.   

Notifíquese y cúmplase  

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ            

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO                 

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                     MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ                        

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                LUIS           GUILLERMO           SALAZAR  OTERO                                       

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                      JAVIER ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Sentencia del 12 de diciembre de 2005 Rad. 24322     

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