37693(20-10-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso nº 37693  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Luis  Guillermo  Salazar  Otero   

Aprobado Acta No.  377  

Bogotá, D. C., veinte (20)  de octubre de dos mil once (2011)   

V    I    S   T   O  S   

La Sala se pronuncia sobre la viabilidad de la  demanda,      sustento     del     recurso     de     casación     discrecional          interpuesto          por         el  apoderado  del     procesado     GERSON    ALBERTO    CAICEDO  CONTRERAS  y decidir acerca  de  la  declaratoria  de desierto de la impugnación  extraordinaria que en  igual  sentido  presentara la apoderada del    tercero   civilmente   responsable,  contra    el   fallo   del   11   de   mayo       de       2011,  por  medio  del  cual  el  Tribunal  Superior    de   Cúcuta  revocó   la   sentencia  absolutoria  proferida  el  19    de    julio    de  2010   por   el  Juzgado  Quinto    Penal    del  Circuito,   Adjunto,   de   esa   ciudad,   y   en   su   lugar,   lo  condenó  a  prisión de veinticuatro  (24)  meses,  multa  de 20  salarios  mínimos mensuales vigentes, inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicos por un período igual al  previsto   para   la   pena   privativa   de   la  libertad  y  le  concedió  la suspensión condicional de  la  ejecución  de  la  pena,  como autor responsable del delito de homicidio culposo.   

LOS HECHOS  

El 25 de marzo de 2003, aproximadamente a las  12:10  p.m.,  en  la  avenida  Libertadores  frente al inmueble con nomenclatura  urbana  7B-24  de  la  ciudad  de Cúcuta, el bus de servicio público de placas  UVE-088,   conducido   por   GERSON  ALBERTO  CAICEDO  CONTRERAS,  afiliado  a  la  empresa extra rápido Los  Motilones,  arrolló  la  bicicleta  tipo montañera, color verde, en la cual se  movilizaba   Freddy  Luna  Carvajal,  quien  horas  más  tarde  fallecería,  a  consecuencia de las lesiones causadas por el citado automotor.   

El 26 de mayo de 2004, la Fiscalía Segunda de  la  Unidad  de  Vida  ante  los Jueces Penales del Circuito de Cúcuta, acusó a  GERSON    ALBERTO   CAICEDO   CONTRERAS,  como  autor  del  delito  de homicidio culposo; acusación que la  Fiscal  3ª Delegada ante el Tribunal Superior de esa ciudad, confirmó el 30 de  octubre   de   2006   1.   

FUNDAMENTOS DE LA IMPUGNACIÓN  

Demanda   a   nombre   de   Gerson         Alberto         Caicedo        Contreras.   

Cargo Primero. Con  sustento  en la causal primera del artículo 207 de la ley 600 de 2000, alega la  violación  indirecta de la  norma     de     derecho    sustancial,   por  falso  raciocinio.   

Expresa  que  el  Tribunal           al           valorar  la  prueba,   desconoce  los  principios  de la sana crítica y deja de aplicar  la  duda   probatoria,  reconocida  por  el  a quo.   

El       error       emerge  de  los  testimonios  de  Fredy  Escalante   Durán,   Alirio   Obregón  Quintero  y  del  informe  policial,  al  atribuir  la  calidad  de  “determinador”  al  acusado  e ignorar la relación  existente  “entre personas en el caso de los amigos  del  occiso”,  sin tener en cuenta la condición de  salud  de la víctima, y que  los    mismos   fueron  desvirtuados   por   la  defensa.   

Advierte   que   el   proceso  deductivo,  es  contrario      a     principios     de     la     lógica     y    la    experiencia,             por     otorgarles     “el    mérito    de    certeza”,  señalando   a   continuación   que   el  Tribunal  desconoció  el principio de igualdad y el debido proceso, como el de legalidad,  mientras    que   las  manifestaciones,  huellas  y  rastros  no  coinciden,  sin  que  tampoco obre el  croquis o levantamiento del accidente.   

Acusa  al  Tribunal  de  hacer un análisis  sesgado  y  parcial  de  las pruebas, soslayando los hechos y las circunstancias  probatorias que impiden declarar la certeza.   

Cargo  Segundo.  Aduce  igualmente un falso  raciocinio,  en  cuya  demostración cita apartes de las declaraciones de Freddy  Escalante  Durán  y  Alirio Obregón Quintero, para señalar que el Tribunal no  tuvo  en  cuenta  los  postulados  de  la  sana  crítica,  de  la  lógica,  al  interpretar el contenido objetivo de los testimonios  sin tener en cuenta las condiciones personales de los testigos.   

En su opinión, hubo vulneración de normas  sustanciales  de carácter legal y constitucional, en la medida que los testigos  son  “personas  con  limitaciones y condiciones de  disminución  física para hacerlo”, de modo que al  otorgarle relevancia a la acusación, genera inseguridad jurídica.   

CONSIDERACIONES DE  LA CORTE   

El  artículo  205  de  la  ley  600 de 2000,  normatividad  aplicable a este asunto, prevé que la impugnación extraordinaria  procede  contra  las sentencias dictadas en segunda instancia por los Tribunales  superiores  y el Tribunal penal militar, en los procesos adelantados por delitos  cuya  pena  máxima  prevista  sea  superior  a  ocho (8) años de prisión, aun  cuando se hubiera impuesto una medida de seguridad.   

De  igual  manera,  consagra  la  denominada  casación  discrecional  contra los fallos emitidos en segunda instancia por los  juzgados  penales  del circuito, sin importar el quantum punitivo señalado para  los  delitos  investigados, y por los tribunales mencionados, cuando el monto de  la  pena  privativa  de  la libertad sea inferior o igual a ocho (8) años, cuya  procedencia  queda  sujeta  a la manifestación de la necesidad de intervención  de  la  Corte  en  el caso, con el propósito de desarrollar la jurisprudencia o  proteger los derechos fundamentales.   

De suerte, que siendo el delito investigado el  de  homicidio  culposo,  cuya  pena  máxima,  prevista  en el artículo 109 del  Código  Penal,  es prisión de seis (6) años, únicamente procede la casación  discrecional,  en  tanto,  el  incremento  previsto  en  la  ley  890 de 2004 es  inaplicable  a  este asunto, como también en razón del artículo 1º de la ley  1326 de 2009.   

Se  tiene  dicho,  que  compete  sustentar en  capítulo  independiente  de  los  cargos  postulados  o  en el desarrollo de la  demanda  o que pueda deducirse de su motivación y fundamentación, la causa por  la cual estima indispensable el pronunciamiento de la Corte.   

La  observancia  de las reglas elaboradas con  fundamento  en  la  normatividad  vigente, impide que la casación discrecional,  sea  convertida  en un recurso adicional, en aquellos asuntos donde la ordinaria  resulta  improcedente,  contrariando  no  sólo  los fines de la casación, sino  también  atentando contra la presunción de acierto y legalidad que acompaña a  la sentencia.   

A pesar que el impugnante solicita admitir la  demanda  como  casación  discrecional, en ninguna parte de la misma, señala el  motivo  o motivos que hacen necesaria la intervención de la Corte en este caso,  razón  por  la que tampoco los fundamenta, ni de su contenido se infiere alguno  de   ellos,   desconociéndose   si   lo  pretendido  es  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia   o   la   protección   de   los   derechos   y  garantías  del  procesado.   

En  este sentido, es insuficiente la mención  al  desconocimiento  de  principios  como  el  de  igualdad,  debido  proceso  y  legalidad,  a  partir  de la transcripción parcial de sentencias de tutela y de  constitucionalidad,   o  del  derecho  de  defensa,  como  también  lo  es,  la  manifestación  acerca  de  la  vulneración de normas sustanciales de carácter  constitucional,  sin  tener  en  cuenta  que  son  las garantías desconocidas o  lesionadas  en  el  desarrollo  del  proceso  y  no  las afectadas en razón del  fallo.   

A  la falta de una debida sustentación de la  casación  discrecional,  que por sí sola da al traste de la demanda, se une la  ausencia  de los requisitos de contenido y de forma, porque en la proposición y  desarrollo  de los dos cargos, el actor desconoce la técnica de la impugnación  extraordinaria,  requerida  en  el  numeral 3 del artículo 212 de la ley 600 de  2000,  que  impone  la  obligación  de  expresar  en  forma clara y precisa los  fundamentos   por   los   cuales   los   invoca,   mediante  una  argumentación  lógica.   

Cuando se denuncia un error de hecho por falso  raciocinio,  el  censor queda obligado a mostrar lo que objetivamente expresa el  medio  probatorio  cuestionado,  las inferencias que el juzgador extrajo de él,  el  mérito  suasorio otorgado, señalando luego, la regla de la experiencia, el  principio  de  la  lógica o de la ciencia ignorados, cuál era la correctamente  aplicable,   para   finalmente  demostrar  la  trascendencia  del  error  en  la  sentencia.   

La  proposición  de  esta  clase  de reparo,  impone  el  deber  al  actor  de  probar,  que  a  él  se  llegó,  mediante la  trasgresión  de  las  reglas  de  la  sana  crítica  en la apreciación de las  pruebas,  sin  que  en esta sede, sea admisible la discusión de criterios entre  el  fallador  y  el  impugnante,  acerca  del  valor  probatorio  que  merece un  determinado medio de convicción.   

Una  consideración  de tal naturaleza, tiene  fundamento  en  la  doble  presunción  de acierto y de legalidad, que ampara al  fallo  de  segundo grado, en la medida que el análisis probatorio realizado por  el  juzgador,  prevalece sobre el que realicen los sujetos procesales, en razón  a  la  libertad  relativa de la cual goza en el sistema de persuasión racional,  siempre que no se aparte de las reglas de la sana crítica.   

El  falso  raciocinio en el cargo primero, el  actor  lo  hace  recaer  en  la credibilidad otorgada a los testimonios de Fredy  Escalante  Durán,  Alirio Obregón Quintero y al informe policial, sin tener en  cuenta  el  Tribunal  la “relación existente entre  personas  en el caso de los amigos del occiso”, y que  sus  afirmaciones,  fueron  desvirtuadas por la defensa, proceso deductivo que a  su  juicio  es  contrario a los principios de la lógica, sin indicar cuáles de  estos, son los traicionados.   

Entiende, vulnerados los postulados de la sana  crítica,  lógica  y  experiencia, señalando enseguida la violación indirecta  de  los  artículos  238 de la ley 600, apreciación de las pruebas, y 220 de la  ley  599  de  2000,  injuria;  advirtiendo  luego,  que  el análisis probatorio  vulneró  los  artículos  13 y 29 de la Carta Política, con lo cual no muestra  en qué consistió el falso raciocinio.   

Por eso, de manera confusa, manifiesta que de  acuerdo  con  lo probado, las manifestaciones, huellas y rastros no convergen, y  al  echarse  de  menos el croquis del accidente, se supone la frase “reina”        del  informe  policial,  que  “se erige  como   un   fallo   ejecutoriado”,  evidenciando  su  inconformidad  con  la  sentencia  y  no el error de juicio que le atribuye a la  misma.   

Afirmaciones,   tales  como,  el  análisis  probatorio  es  sesgado  y  parcial,  los  hechos  y  circunstancias  no  pueden  declararse  con  certeza,  el  Tribunal desconoce los desarrollos doctrinarios y  jurisprudenciales  en materia de valoración integral del indicio, la falacia de  falsa   relación   causal   viola   el   principio   lógico   de  “implicación”,   no   constituyen  fundamentación ni argumentación del reparo.   

Son   una   suerte   de   ideas,   a  veces  incomprensibles,   opuestas   a   la   claridad  y  precisión  exigidas  en  la  formulación  de la censura, la cual, de otro lado, no cumple con las exigencias  de técnica arriba indicadas.   

El  cargo  segundo, también sustentado en la  misma  causal  y error, presenta iguales o mayores defectos en su desarrollo que  el anterior.   

Ciertamente se limita a señalar la prueba que  tuvo  en cuenta el Tribunal, esto es, los testimonios de Freddy Escalante Durán  y  Alirio  Obregón  Quintero,  reproduciendo lo dicho de ellos en la sentencia,  para  declarar  a  continuación  que  ignora  la  lógica,  al valorar sólo su  contenido,   y   dejar   de   apreciar   las   condiciones   personales  de  los  testigos.   

Señalar  que  sus limitaciones y condiciones  físicas       disminuidas,       impedían       reconocerles      “efectos  jurídicos  relevantes”, y  que  la  condena  a prisión del acusado, junto con el antecedente penal, genera  inseguridad  jurídica,  son  manifestaciones inconexas que no muestran el error  alegado en la demanda.   

Además, no indica cuál es el principio de la  lógica  que  no  permite darles credibilidad a esos testigos, sin que la simple  referencia,  a  la  obligación  de acatar lo previsto en el artículo 238 de la  ley  600  de 2000, más la necesidad de preservar los derechos fundamentales del  acusado,  constituya  argumento demostrativo del desarrollo y fundamentación de  la censura.   

Por lo demás, no adelanta ejercicio crítico  alguno  que  razonablemente le permita demostrar el error denunciado, sin que le  baste  referirse  a  las  condiciones físicas disminuidas de los testigos, sino  que  le era imperativo señalar el valor que el Tribunal le dio a esos medios de  prueba,  las conclusiones que extrajo de los mismos y cómo estas son contrarias  a los postulados de la lógica, que omite enunciar y desarrollar.   

En  consecuencia,  la  Sala  inadmitirá  la  demanda  por  las  manifiestas  falencias  de  técnica,  las  cuales  no podrá  subsanar,   corregir  o  enmendar,  en  virtud  del  principio  de  limitación,  artículo  216  de  la  ley  600  de  2000,  y  de  la  naturaleza  rogada de la  impugnación extraordinaria.   

Tampoco  dispondrá  su trámite oficioso con  fundamento  en  la misma disposición, por cuanto de la revisión del proceso no  se     observa     la     afectación     o     vulneración    de    garantías  fundamentales.   

Por  último,  la  Sala  con fundamento en el  inciso  final del artículo 224 del decreto 2700 de 1991, declarará desierto el  recurso  de  casación  interpuesto  por  la  apoderada  del  tercero civilmente  responsable,    quien    no    presentara    la    demanda   sustentatoria   del  mismo.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, Sala de Casación Penal,  administrando  justicia  en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

R E S U E L V E  

Primero.-  Inadmitir  la demanda de casación  discrecional,   presentada   por   el   apoderado   de  Gerson  Antonio  Caicedo  Contreras.   

Segundo.-   Declarar desierto el recurso  de   casación,   interpuesto   por   la   apoderada   del   tercero  civilmente  responsable.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                               JOSÉ            LEONIDAS           BUSTOS  MARTÍNEZ        

                                                                         Comisión de servicio   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                   SIGIFREDO                  ESPINOSA  PEREZ                                                                

MARIA   DEL  ROSARIO  GONZALEZ   MUÑOZ                       AUGUSTO IBÁÑEZ  GUZMÁN                                                                  

                                                                                Comisión de servicio   

LUIS       GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                                       JULIO                                  E.                                  SOCHA  SALAMANCA                               

NUBIA YOLANDA NOVA GARCIA  

Secretaria  

    

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