37668(30-05-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     nº  37668   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta N° 206.  

Bogotá  D.C.,  mayo  treinta (30) de dos mil  doce (2012).   

VISTOS  

La  Sala se pronuncia de fondo, en sede de  casación,  sobre  la  eventual violación de garantías fundamentales suscitada  dentro  del  proceso  seguido  en  contra  de GELSAÍN  CASTILLO  RODRÍGUEZ  por  el delito de actos sexuales  con  menor  de  14 años agravado, en concurso homogéneo y sucesivo, a quien el  Tribunal  Superior  de  San  Gil  el  pasado  19 de agosto condenó, confirmando  la     sentencia  dictada  el  5 de julio anterior por el Juzgado  Primero   Penal   del  Circuito  de  Socorro,  como  autor  de  tales  conductas  delictivas.   

HECHOS Y ACTUACION PROCESAL  

          El  supuesto fáctico que originó la actuación fue sintetizado por  esta Sala, de la siguiente forma:   

         

“El señor Gerardo Saavedra, padre de las  menores        A.P.S.N.       y       J.T.S.N.1,  formuló  denuncia penal en  contra   de   GELSAÍN  CASTILLO  RODRÍGUEZ,  quien  convivía  con  su  ex  compañera  Patricia Nova Cala, por haber sometido a sus  aludidas  descendientes,  durante el año 2008 y comienzos del año siguiente, a  tocamientos   en   sus   zonas   genital  y  anal”.   

Con   fundamento   en   la   notitia  criminis,  un juez de control de  garantías    ordenó   la   captura   de   CASTILLO  RODRÍGUEZ,  la cual se materializó el 26 de abril de  2011.   

Al  día  siguiente  se  celebró  audiencia  preliminar  ante  el Juzgado Tercero Promiscuo Municipal con Función de Control  de  Garantías  del  Socorro,  en  cuyo  desarrollo  se legalizó la captura del  mencionado,  en  contra de quien la Fiscalía formuló imputación por el delito  de  actos sexuales con menor de 14 años agravado (art. 209 del C.P., modificado  por  el  5° de la Ley 1236 de 2008 y 211-2), en concurso homogéneo y sucesivo,  por  los cuales se le dictó medida de aseguramiento de detención preventiva en  establecimiento carcelario. El imputado aceptó el cargo.   

En virtud del allanamiento, la actuación se  remitió  al  juzgado  de  conocimiento  a  efectos  de  verificar su legalidad,  correspondiéndole  al  Primero  Penal del Circuito de la misma localidad, donde  se dispuso la realización de audiencia para tal fin.   

El  acto  tuvo lugar el 30 de mayo de 2011 y  tras   identificarse  las  partes  e  intervinientes  procesales  presentes,  el  imputado   GELSAÍN  CASTILLO  RODRÍGUEZ  manifestó  su  deseo  de retractarse de la aceptación, arguyendo  incomprensión  del  cargo  para  ese momento debido a un golpe en la cabeza que  habría  sufrido  poco  antes de su desarrollo y ante la deficiente información  brindada por parte de su defensor.   

El titular del juzgado consideró legalmente  improcedente  la  solicitud  de  retractación  e  impartió  aprobación  a  la  aceptación.  Acto  seguido,  dispuso  la   realización de la audiencia de  individualización  de  pena  y  emisión  del  sentido  del  fallo, conforme al  trámite  previsto  en el artículo 447 del estatuto procesal penal, cumplido lo  cual  anunció  el sentido condenatorio del fallo y fijó fecha para su lectura.   

El  5  de julio ulterior se dio lectura a la  sentencia  mediante  la  cual  se  condenó a GELSAÍN  CASTILLO  RODRÍGUEZ  a la pena principal de veintidós  (22)  años de prisión y a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos   y  funciones  públicas  por  el  lapso  de  veinte  (20)  años,  al  encontrarlo  autor  penalmente  responsable  del  delito  aceptado.  En la misma  determinación,  le negó la suspensión condicional de la ejecución de la pena  y el sustitutivo de la prisión domiciliaria.   

   

Inconforme  con la decisión, la defensa del  procesado  interpuso  en  su contra recurso de apelación, del cual se ocupó el  Tribunal  Superior  de  San  Gil  el  pasado  19  de  agosto,  en  el sentido de  confirmarla.   

Contra esta última determinación, la misma  parte   interpuso  recurso  extraordinario  de  casación,  sustentado  mediante  demanda,  la  cual  fue  inadmitida  por  la  Sala mediante auto del pasado 7 de  diciembre.   Sin  embargo,   previno  sobre la posible vulneración de  garantías    fundamentales   que   le   asisten   al   procesado   GELSAÍN  CASTILLO RODRÍGUEZ, por lo cual  se  dispuso  que  una  vez se surtiera, en caso de interponerse, el mecanismo de  insistencia,  retornara  la actuación al Despacho de la Magistrada ponente para  pronunciarse sobre el asunto.   

Como   quiera   que  contra  la  decisión  inadmisoria  de la demanda no se promovió el mecanismo referido, regresaron las  diligencias para el proferimiento del fallo de rigor.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         Conforme  a  la  reseña  de la actuación procesal contenida en el  acápite  que  precede,  se tiene que en desarrollo de la audiencia concentrada,  cuya  realización  tuvo  lugar  el  27  de  abril  de 2011 ante el Juzgado  Tercero  Promiscuo  Municipal  con  Función  de Control de  Garantías      del      Socorro,     GELSAÍN  CASTILLO  RODRÍGUEZ se allanó  a  los  cargos imputados por la Fiscalía por el delito  de  actos  sexuales  con  menor  de  14 años agravado, en concurso homogéneo y  sucesivo, contando para el efecto con la asistencia de un defensor.   

Acto  seguido  el  proceso  se  remitió  al  juzgado de conocimiento para  la  realización  de  la  respectiva  audiencia de control material y formal del  acto  de  aceptación,  correspondiéndole  al  Primero  Penal  del Circuito del  Socorro.  La  audiencia,  como también ya se dejó anotado, se llevó a cabo el  30 de mayo de 2011.   

Ese  día,  luego  de  que  el  titular  del  despacho  judicial  otorgara  la palabra al representante de la Fiscalía con el  objeto  de  que  concretara la imputación aceptada por el implicado, conminó a  este último, en los siguientes términos:   

“Señor GELSAÍN CASTILLO RODRÍGUEZ acaba  de  escuchar  usted  a  la  Fiscalía  … dígale al despacho si los cargos que  acaba  de  señalar  el  fiscal  fueron  los  mismos  que  le  formularon  en la  diligencia  de  imputación  y que usted los aceptó en audiencia llevada a cabo  en  el juzgado tercero promiscuo municipal con función de control de garantías  el     día     abril     27     del     2011”2.   

A tal requerimiento, el procesado respondió  textualmente:   

“Su  señoría, aclaro que el día que me  trajeron  aquí  para  la  imputación  de  cargos  al  momento  de subirme a la  camioneta  de  la  policía  la puerta de atrás me cayó encima de la cabeza me  abrió  un  roto, los señores auxiliares de policía me limpiaron la sangre con  un  simple  papel  higiénico, yo llegue aquí trastornado con dolor de cabeza y  como  yo soy hipertenso y tengo aceleramiento del corazón y por decir la verdad  el  señor  asesor mío de oficio lo único que me decía era que dijera que sí  que  sí  y  yo en esas circunstancias no le entendí muy claro las imputaciones  que  me  hacía  el  señor  fiscal, ahora las entiendo claro porque ya estoy un  poco    más    o    menos    mejor   en   mis   cinco   sentidos   entonces  yo  me  retracto porque en esas  imputaciones   hay   mucha  mentira  entonces  yo  me  retracto    de    haber    aceptado    los    cargos  (…).   

         Perdón  su  Señoría  aclaro que yo únicamente tenia amistad con  la  niña  J.,  la  niña  A.P.  conmigo  nunca  hubo charla con… nunca, nunca  conmigo  tuvo  ninguna  clase  de  amistad  porque  decía  que  yo era un negro  horrible  con  la  mamá  y  ella  conmigo  nunca tuvo ninguna clase de amistad.  Solamente  yo  jugaba  como  juega  un  padrastro  o un padre de familia con los  niños,  con la niña pequeña ella se me sentaba en las piernas a jugar delante  de  la  mamá  y en ningún momento la mamá vio las cosas malas cuando la mamá  se  iba  a  trabajar,  ella se iba a trabajar a las 8 de la mañana y las niñas  iban  para  el colegio a las 6 de la mañana; entonces, por ahí se desprende…  entonces  yo  jugaba  con  ellos como juegan éstos, mas no con cosas morbosas y  porque  las  niñas  no le dijeron a la mamá las cosas y fueron a decírselas a  una  simple  madrastra por allá a Bucaramanga. Vuelvo y repito: yo con la niña  mayor  nunca  tuve  nada  de  amistad solamente me llamaba a mí para pedirme la  plata  de  las  onces  por  medio  de  la hermana de ella dígale que me dé las  onces,  mas nunca me dirigía a mí la palabra…”3          (subrayas fuera de texto).   

         Acto seguido, el titular del juzgado adujo:   

         “Eee..Don  GELSAÍN  el problema radica  aquí  que  por  disposición expresa de la ley usted no puede retractarse de lo  que    aceptó…”4          (subraya fuera de texto).   

          Ante  la  insistencia  del  implicado  en  cuanto a que no estaba en  plenitud  de  condiciones físicas y mentales para el día de la aceptación, el  juez manifestó:   

         “Eee…  entonces  pasa  lo siguiente, esto es en el derecho y en  el  derecho  es  probando,  si  usted  puede  demostrar que efectivamente en ese  momento  recibió  ese  golpe  y  ese  golpe  le  produjo  un traumatismo de esa  naturaleza,  que  usted  todas  esas cuestiones entonces ya será un aspecto que  habría  que  mirar  con posterioridad y me imagino que eso es lo que va a hacer  el  señor  defensor  al  solicitar la nulidad pero mientras la situación no se  puede  dar entonces la cuestión aquí, es que si esa es la acusación que se le  hizo  y  esa fue la que a usted le leyeron y estaba en presencia de su abogado y  usted  se  allanó  yo  no tengo otra alternativa que  seguir  adelante con el proceso porque eso es disposición de la ley,  si  existe  una  nulidad  se  decretará  en su momento procesal  pero  en  este  momento  yo  tengo  que seguir con el  trámite    de    la    audiencia…”5 (subrayas  fuera  de  texto).   

Más  adelante,  el  defensor intervino para  solicitar   “la  prueba  del  juicio”,  anunciando la  interposición  de  recurso  de  apelación de no accederse a su petición, a lo  que el director de la audiencia replicó:   

“Pues yo realmente discrepo mucho, este es  un  sistema  totalmente  diferente  y  esto  no  nos  podemos  salir nosotros ni  inventarnos  trámite  ni  absolutamente  nada.   Y  aquí  yo  le  hago la  pregunta  al  señor  es  si esos son los cargos yo tengo con qué confrontarlos  porque  aquí  hay  un  registro,  que aquí hay un algo un acta que sacarle, el  registro  es  si  no  confrontarlo  y  mirar  si  es cierto o no es cierto a eso  fue   a lo que vine no vine absolutamente a más nada.  Esta audiencia  no  tiene  ninguna apelación de ninguna índole, lo que yo decida aquí eso es,  el  sistema  penal  acusatorio  es  un sistema totalmente diferente y  como se hace es por etapas preclusivas lo anterior ya pasó y la  norma  es  clara  y  ahí dice el Código… y pueden examinarlo en la parte que  dice  allanamientos  y  ahí  clarito  está  diciendo  que una vez se allane la  persona  no  puede retractarse del allanamiento; yo lo  que  le estoy preguntando es que si son los mismos cargos porque si él lo llega  a  cambiar  a variar tiene que hacer el sustento de la variación en los cargos,  pero  si  el  cargo  es  el  mismo  no  tenemos  nosotros  aquí  a  que  entrar  (sic)   a   divagar   esa  situación.   

Eee  el  despacho  confrontará  con  las  grabaciones  magnetofónicas  que  están  al  respecto  y  de ahí deducirá si  efectivamente   fue  el  querer  del  señor  GELSAÍN  CASTILLO  RODRÍGUEZ  al  allanarse,  mientras  tanto  seguiré con el trámite  del  447.  Tiene la palabra la fiscalía para que  nos  haga  saber  sobre  las  condiciones  familiares, sociales, modo de vivir y  antecedentes  de  todo  orden  del  acusado y si lo considera conveniente podrá  referirse    a    la   probable   determinación   de   la   pena”6   (subrayas  fuera de texto).   

    

         De  esa  manera,  según  lo advirtió, se continuó con el trámite  consagrado  en  el  artículo  447 del estatuto procesal, otorgando la palabra a  las  diferentes  partes  para  que  se  refirieran a las condiciones personales,  familiares  y  sociales del implicado y apreciaciones relacionadas con la pena a  imponer.   

Tras  culminar  las  intervenciones, el juez  anunció  el  sentido  condenatorio  del  fallo  y señaló fecha y hora para su  correspondiente lectura, cuyos términos ya fueron compendiados.   

De singular importancia resultaba la anterior  reseña  procesal por encontrar la Sala que en la tramitación de esta audiencia  de  verificación  de  legalidad  del allanamiento se incurrió en irregularidad  que  amerita  su  intervención  oficiosa  para  salvaguardar  las garantías al  debido  proceso  y  derecho  de  defensa,  pues el implicado estaba dentro de la  oportunidad  legal  para  retractarse  del allanamiento expuesto en la audiencia  preliminar concentrada.   

     

i. La retractación en el proceso penal  acusatorio:     

Empiécese por indicar en tal sentido que del  tema  se  ocupa  el  artículo  293  de  la Ley 906 de 2004, cuyo texto original  disponía:   

“Procedimiento  en caso de aceptación de  la  imputación. Si  el  imputado,  por  iniciativa propia o por acuerdo con la  Fiscalía  acepta  la  imputación,  se  entenderá que lo actuado es suficiente  como acusación.   

Examinado  por  el  juez de conocimiento el  acuerdo  para  determinar  que  es voluntario, libre y espontáneo, procederá a  aceptarlo  sin  que  a partir de entonces sea posible la retractación de alguno  de  los  intervinientes,  y convocará a audiencia para la individualización de  la   pena  y  sentencia”  (subraya fuera de texto).   

Esta  norma fue recientemente modificada por  el artículo 69 de la Ley 1453 de 2011, de la siguiente forma:   

“Procedimiento  en caso de aceptación de  la  imputación. Si  el  imputado,  por  iniciativa propia o por acuerdo con la  Fiscalía  acepta  la  imputación,  se  entenderá que lo actuado es suficiente  como  acusación. La Fiscalía adjuntará el escrito que contiene la imputación  o   acuerdo   que   será   enviado   al   Juez  de  conocimiento.  Examinado  por  el  juez de conocimiento el acuerdo para determinar  que  es voluntario, libre y espontáneo, procederá a aceptarlo sin que a partir  de  entonces  sea  posible  la  retractación de alguno de los intervinientes, y  convocará   a   audiencia   para   la   individualización   de   la   pena   y  sentencia.   

Parágrafo. La  retractación por parte de  los  imputados  que acepten cargos será válida en cualquier momento, siempre y  cuando   se   demuestre   por   parte   de   estos  que  se  vicio  (sic)   su   consentimiento  o  que  se  violaron  sus  garantías  fundamentales”  (subrayas  fuera de texto).   

Ahora  bien, es necesario precisar que para  la  fecha  en  que  se  realizó  la audiencia de verificación de legalidad del  allanamiento  en  este diligenciamiento, esto es, el 30 de mayo de 2011, aún no  había  entrado  a  regir la modificación introducida por la Ley 1453 del mismo  año,   hecho   que  tuvo  concreción  el  24  de  junio  siguiente7.    En  consecuencia,  el  análisis  que  se emprenderá sobre el tema en este acápite  versará   inicialmente   sobre   la  disposición  original;  sin  embargo,  se  plasmarán   consideraciones   y   comentarios   acerca   del   alcance   de  la  modificación.   

          Elucidado  lo  anterior,  recuérdese  cómo el texto original de la  norma,  particularmente  el  inciso  segundo  del artículo 293 de la Ley 906 de  2004,   es   claro   en   el   sentido   de   que   el   procesado  puede  retractarse  de  su allanamiento inicial hasta que haya sido  “examinado por el juez de  conocimiento   el   acuerdo   para   determinar   que  es  voluntario,  libre  y  espontáneo”.   

Tal  facultad  de  retractación  tiene  su  génesis  en la Ley 906 de 2004, porque el anterior estatuto procesal  nada  señalaba  sobre  el  particular  frente a la sentencia anticipada (art. 40), lo  cual  condujo  a  que  por  vía  jurisprudencial se hablara del principio de no  retractación    o    irretractabilidad   frente   a   lo   aceptado8, sirviendo de  guía  para  establecer  si  asistía  interés  para  impugnarla,  en tanto, se  recuerda,   la   misma   disposición  restringía  al  procesado  y  a su defensor a sustentar la inconformidad exclusivamente respecto  de  la  dosificación  de  la  pena,  los  mecanismos  sustitutivos  de  la pena  privativa  de  la  libertad y la extinción del dominio sobre bienes9.        

Es  más, la figura del control posterior a  cargo  del juez sobre el acto de aceptación fue evolucionando, al estimarse que  no  se  trataba  de  un  simple control formal sino que comportaba una revisión  material,  en  donde  se  verificaba  que  el  acto  no se hubiera producido con  vulneración  de  garantías  fundamentales  o  vicios  en  el consentimiento e,  incluso,  exigiendo  que  en  todo  caso debía contar con soporte probatorio en  punto   de   la   materialidad   de   la   conducta  y  la  responsabilidad  del  procesado10.   

En   el   Proyecto  de  Ley  “por  el  cual se expide el Código de  Procedimiento  Penal” presentado ante el Congreso de  la  República  por  el  Fiscal  General  de  la  Nación  el  20  de  julio  de  200311,   tampoco   aparecía   la   posibilidad   de  retractación  del  allanamiento,  como  se  evidencia  en  el  inciso segundo del artículo 363. El  texto de dicho precepto era el siguiente:   

“Artículo 363.  Sentencia  anticipada.  Si  el imputado, por iniciativa propia o por acuerdo con  la  fiscalía  acepta la imputación, se entenderá que lo actuado es suficiente  como  acusación  y  para que el juez del conocimiento convoque a audiencia para  individualización   de   la   pena  (sic).   

         Aceptado  el  acuerdo, no es posible la retractación de ninguno de  los    intervinientes”  (subraya fuera de texto).   

Sin embargo, en el Informe de Ponencia para  Primer  Debate  en  el  Senado  del  proyecto  (01  de 2003 Cámara, 229 de 2004  Senado)12,  “Se cambia  el  nombre del artículo; se incorpora en el segundo inciso la función del juez  de  examinar  el  acuerdo  previamente  a  aceptarlo  y  la  consecuencia  de la  aceptación  que  ha de ser convocar a audiencia de individualización de pena y  sentencia   regulada   en   el   artículo   479   que   se   modificó   en  lo  pertinente”.  Al cabo de  dicho  debate, se aprobó la propuesta y el artículo en cuestión, ahora con el  número 364, quedó del siguiente tenor:   

“Artículo  364. Procedimiento en caso de  aceptación  de  la  imputación.  Si  el  imputado, por iniciativa propia o por  acuerdo  con la Fiscalía acepta la imputación, se entenderá que lo actuado es  suficiente como acusación.   

Examinado     por    el    juez    de  conocimiento  el  acuerdo  para  determinar  que  es  voluntario,  libre  y  espontáneo,  procederá  a aceptarlo sin que a partir de  entonces  sea  posible  la  retractación  de  alguno  de  los intervinientes, y  convocará   a   audiencia   para   la   individualización   de   la   pena   y  sentencia” (subraya fuera de texto).   

La  disposición, durante su trámite en el  Congreso,  no sufrió más variaciones y corresponde a la disposición final del  ya reseñado artículo 293 de la Ley 906 de 2004.   

Así,  es  evidente  que  la  intención del  legislador  al introducir la modificación al texto original del proyecto de ley  iba  dirigida  a:  i)  en  contraste  con  la disposición inicial que no hacía  claridad  sobre  el  particular,  determinar  que  el  acto  de verificación de  legalidad  correspondía al juez de conocimiento y ii) permitir la retractación  del  allanamiento,  siempre  y cuando se realizara antes de que este funcionario  lo  aprobara.  No  sobra  recordar  que  la  Corte  Constitucional  declaró  la  exequibilidad,  sin  ningún  tipo de condicionamiento,  de esta normativa,  mediante  la  sentencia  C-1195  de  22 de noviembre de 2005.             

          En  dicha  determinación,  ese Tribunal, al analizar en concreto la  exequibilidad   de   la   expresión   contenida   en   la   norma  “sin  que  a  partir  de entonces sea posible la retractación de  alguno    de    los    intervinientes”,  en cuanto el demandante consideraba que  con  tal  limitante temporal se conculcaban derechos reconocidos en instrumentos  internacionales  “como es el que tiene el procesado  de  ser  oído  y  vencido  en  juicio,  el  cual debe ser garantizado de manera  efectiva  hasta  antes  de  dictarse  sentencia,  por  cuanto  ni  en estados de  excepción  puede  ser  restringido”, con lo cual se  obstruía   injustificadamente   su  derecho  de  retractación  y  “a   la   última   palabra”,  adujo:   

“A  este  respecto  debe  destacarse  que  en   la   verificación   del  cumplimiento  de  los  mencionados  requisitos  de la manifestación de voluntad, el juez debe poner en  conocimiento  del  imputado en forma previa y clara las consecuencias jurídicas  de la misma.   

Así mismo, no puede perderse de vista que,  en  el caso de los acuerdos, la manifestación de voluntad del imputado concurre  con   la   del  Fiscal  y  por  ello  la  introducción  de  la  posibilidad  de  retractación  del primero implicaría la disolución de aquellos, desconociendo  la  voluntad del Estado expresada a través de la Fiscalía. En este sentido, es  significativo   que   la   expresión   impugnada   prohíbe   la  retractación  ‘de   alguno   de  los  intervinientes’,  o sea,  también  la de esta última entidad, precisamente por tratarse de un acuerdo de  voluntades con efectos vinculantes u obligatorios para las partes.   

En  este  orden  de  ideas,  la  garantía constitucional del derecho de defensa del imputado no  puede  traducirse  en que la terminación anticipada del proceso en virtud de la  aceptación  de  responsabilidad  por  parte  de aquel, con o sin acuerdo con la  Fiscalía,  quede  condicionada  a nuevas manifestaciones de voluntad del mismo,  de  modo  que  la  primera  manifestación  sería  visiblemente precaria y a la  postre  el  proceso  no  podría  terminar  anticipadamente,  eliminando así la  entidad  y  la  utilidad  de  dicho  mecanismo, que es esencial dentro del nuevo  procedimiento,  y  contrariando también el principio de seguridad jurídica, de  singular   relevancia   en   un  Estado  de  Derecho.   

En este aspecto cabe señalar que si bien el  llamado  ‘derecho  a  la  última   palabra’  del  imputado  o  acusado,   previsto en algunas legislaciones, como por ejemplo  en  el  Art.  739  de  la  L.  E.  Crim.  Española13,  el  cual  constituye  una  expresión  clara del derecho de defensa y está contemplado también en algunas  disposiciones    de    la    Ley   906   de   200414,  no  puede  racionalmente  entenderse  en  el  sentido  de  que  el  desarrollo  del  proceso y por ende la  voluntad  punitiva  del  Estado  a  través  de  la  jurisdicción  penal queden  subordinados  a la voluntad de aquel, ya que la razón de ser de dicha modalidad  del  derecho  de  defensa  es  la  garantía  de que imputado o acusado tenga la  posibilidad  de  controvertir  todas  las razones o argumentos expuestos por los  demás  sujetos  del  proceso,  en  las  oportunidades  en  que  las  normas  de  procedimiento  prevén  su confrontación, lo cual lógicamente sólo es posible  mediante   la   intervención   en   último   lugar   en   cada  una  de  tales  oportunidades.   

Por estos motivos el cargo formulado contra  la  expresión  ‘sin que a  partir   de   entonces   sea   posible   la   retractación  de  alguno  de  los  intervinientes’ no puede  prosperar”  (subraya  fuera  de  texto).   

De  lo plasmado por la Corte Constitucional,  con  respecto  a  los  argumentos concretos expuestos por el demandante ante esa  sede,  queda  claro  que no se precisa de un acto de reiteración al interior de  la  audiencia  de verificación de legalidad frente a la aceptación inicial con  el  fin  de  revalidarla  o  refrendarla,  práctica  que  incorrectamente se ha  generalizado  en  el  medio  judicial, pues, como lo señala ese mismo Tribunal,  éste  no  tiene  carácter  precario,  ante  lo  cual  basta con que el juez de  conocimiento  prevenga al procesado acerca de las consecuencias jurídicas de la  figura,  quedando  a  salvo  la facultad que de forma indiscutible otorga la ley  para  retractarse  hasta  antes  de  que  se  apruebe  o  imparta  legalidad  al  allanamiento               por              el              juez              de  conocimiento.           

          A  pesar  de  la claridad que ofrece el texto legal, en cuyo caso no  le  es  permitido  al  intérprete  desatender  su  tenor  literal a pretexto de  consultar           su           espíritu15,   menos  aún  cuando  esa  interpretación   tiene   carácter   restrictivo,   sobre   la  posibilidad  de  retractación  que  asiste  para  quien  ha  aceptado  su  responsabilidad en la  formulación de imputación, esta Sala adujo:   

“1.2.1.  La  aceptación de los cargos.   

“Es  de  la  esencia  del  proceso  penal  acusatorio  que  un juez imparcial decida en un juicio público con inmediación  y  controversia  probatoria  acerca  de  la responsabilidad del procesado, en el  contexto  de  un  sistema  que  da  cabida,  de  una parte, a la aplicación del  novísimo  principio de oportunidad, y de otra, a trámites que permiten decidir  anticipadamente  sobre  el  objeto  del  proceso  sin controversia probatoria ni  juicio.   

La aceptación de cargos es precisamente una  de  las  modalidades  de  terminación  abreviada del proceso, que obedece a una  política  criminal cifrada en el objetivo de lograr eficacia y eficiencia en la  administración  de  justicia  mediante  el  consenso de los actores del proceso  penal,  con  miras  a  que  el  imputado  resulte beneficiado con una sustancial  rebaja  en  la  pena  que  habría  de imponérsele si el fallo se profiere como  culminación  del  juicio  oral,  de  una parte, y de otra, que el Estado ahorre  esfuerzos y recursos en su investigación y juzgamiento.   

En  tal  actuación  y  en  el  marco  del  principio  de lealtad que las partes deben acatar, por  surgir  la aceptación de cargos de un acto unilateral del procesado, que decide  allanarse  a los que le fueron formulados en la audiencia imputación con el fin  de  obtener una rebaja significativa en el quantum de la pena  –como  ocurre en este caso–,  no  hay  lugar  a controvertir con  posterioridad  a  la  aceptación  del  allanamiento  por  parte  del  Juez,  la  lesividad  del  comportamiento,  o  a  aducir  causales  de  justificación o de  inculpabilidad.   

En    otras   palabras,   luego   de   que  el  Juez  de  control  de  garantías  acepta  el  allanamiento  por  encontrar  que  es  voluntario,  libre  y  espontáneo, no es  posible  retractarse  de  lo  que  se ha admitido y el Juez de conocimiento debe  proceder  a señalar fecha y hora para dictar sentencia e individualizar la pena  (artículos  131  y  293   de  la  ley  906  de  2004). En consecuencia, es  incompatible  con el principio de lealtad, toda impugnación que busque deshacer  los  efectos  del  acuerdo  o  la  aceptación de la responsabilidad.   

Por lo mismo, y es una primera conclusión,  la   demandante   carece  de   interés   para   controvertir   en   sede   de  casación  (y desde luego también en las instancias)  aspectos   relacionados   con   el   injusto   y  su  responsabilidad.   En   consecuencia,  la  Corte  se  abstendrá   de   considerar,   por   esas   razones,  el  tercer  cargo  de  la  demanda.   

Ahora bien, si la aceptación de los cargos  corresponde  a  un  acto  libre,  voluntario  y espontáneo del imputado, que se  produce  dentro  del  respeto  a sus derechos fundamentales y que como tal suple  toda  actividad  probatoria  que  permite  concluir  más  allá  de  toda  duda  razonable  que  el procesado es responsable de la conducta, el Juez no  tiene  otra  opción  que dictar sentencia siendo fiel al marco  fáctico   y   jurídico  fijado  en  la  audiencia  de  imputación”16         (negrillas   tomadas   del   texto   original,   subrayas  fuera  de  texto).   

          Esta  postura  contraría  expresamente  el  texto  claro del inciso  segundo  del  artículo  293  de la codificación procesal, en cuanto minimiza y  subvalora  el papel que desempeña el juez de conocimiento al momento de ejercer  el  control  de  legalidad  sobre  la aceptación, asignándole el rol de simple  fedatario  de  lo  realizado  ante  el  juez  de  control  de  garantías y cuya  actividad  se  restringe  prácticamente a fijar la pena, razón por la cual con  posterioridad   fue  variada  por  la  Sala  recabándose  en  que  el  acto  de  verificación  comprende  un  verdadero  control formal y material, como así se  puntualizó, entre otras, en la siguiente decisión:   

“2.4.1.  Facultades  de  control  del  juez  con  funciones  de conocimiento.   

Un  estudio  sistemático  de  la  nueva  normatividad  procesal  penal  permite  afirmar que el  Juez  de  conocimiento,  en  ejercicio  del control de legalidad de los actos de  aceptación  de  cargos  por  iniciativa  propia o por  acuerdo  previo  con  la  Fiscalía, debe realizar, en  principio,  tres  tipos  de constataciones: (i) que el acto de allanamiento o el  acuerdo  haya  sido  voluntario,  libre, espontáneo y debidamente informado, es  decir,  que  esté  exento de vicios esenciales en el consentimiento17,  (ii) que  no  viole  derechos  fundamentales,  y (iii) que exista un mínimo de prueba que  permita  inferir  la  autoría  o  participación  en  la conducta imputada y su  tipicidad.   

La   facultad   de   verificar   que  el  allanamiento  a  cargos  esté exento de vicios, se infiere del contenido de los  artículos 8° literal i), 131, 293 y 368 inciso primero, (…)   

La  potestad  del  Juez de examinar que la  aceptación  de  cargos por iniciativa propia o por acuerdo con la Fiscalía, no  desconozca  los  derechos  fundamentales,  surge del contenido de los artículos  10°, 351 y 368 inciso segundo, (…)   

Y la obligación de verificar que exista un  mínimo  de  prueba  que  permita  inferir  razonablemente  la  tipicidad  de la  conducta  imputada  al  procesado,  y  su  autoría  o  participación  en ella,  proviene    nítida    del    contenido   de   los   artículos   7°,   381   y  327,…”      18    (subrayas    fuera   de  texto).   

          Es  más,  la  Corte  Constitucional,  cuando realizó el estudio de  exequibilidad  del  literal  a  del  artículo  8º  de  la  Ley  906  de  2004,  relacionado   con  la  renuncia  a  los  derechos  de  no  autoincriminación  y  adelantamiento   de  un  juicio  público,  oral,  contradictorio,  concentrado,  imparcial,  con  inmediación  probatoria  y sin dilaciones injustificadas, hizo  hincapié sobre la labor de dicho funcionario:   

“no viola las garantías constitucionales  propias  del  debido  proceso,  en  la  medida  en que debe surtir el control de  legalidad   del  juez  correspondiente  y  deben  ser  aprobados  por  el  juez  de  conocimiento,  verificándose  la no violación de  derechos  fundamentales  y el cumplimiento del debido proceso, y que se trata de  una  decisión  libre,  consciente, voluntaria, debidamente informada, asesorada  por  la  defensa,  para lo cual es imprescindible el interrogatorio personal del  imputado   o   procesado   así   como   que   se   actuó   en   presencia  del  defensor.  Lo  anterior,  por  cuanto aceptado por el  procesado  los  hechos  materia  de  la investigación y su responsabilidad como  autor  o partícipe, y existiendo en el proceso además suficientes elementos de  juicio  para  dictar  sentencia condenatoria, se hace innecesario el agotamiento  de  todas  y  cada  una  de las etapas del proceso, por lo que procede dictar el  fallo  sin  haberse  agotado  todo  el  procedimiento, a fin de otorgar pronta y  cumplida  justicia,  sin  dilaciones  injustificadas,  según  así  también se  consagra  en  el  artículo  29 de la Constitución resulta obvio afirmar que la  aceptación,  además  de  voluntaria,  es  decir,  sin  presiones,  amenazas  o  contraprestaciones,  debe  ser  cierta  y  estar  plenamente  respaldada  en  el  material  probatorio  recaudado.  El funcionario competente, en cada caso, puede  desvirtuar   la   confesión,  por  existir  vicios  en  el  consentimiento  del  implicado,  por  pruebas  deficientes,  por error, fuerza, o por cualquiera otra  circunstancia   análoga  que  aparezca  probada  en  el  proceso”19  (subraya    fuera    de    texto).      

         Pero  además,  porque  el acto definitivo de la actuación procesal  está  a  cargo  del juez de conocimiento y no de ninguna otra autoridad, por lo  tanto  es  a  él  a  quien corresponde determinar si efectivamente en el asunto  sometido   a   consideración   hay  mérito  para  condenar  en  los  términos  del   inciso  1º  del artículo 38120  (control  material)   y   con   los  alcances  establecidos  por  esta  Sala  y  la  Corte  Constitucional,  entre  otras,  en  las  decisiones cuyos apartes pertinentes se  vienen de transcribir.   

Igualmente,  dado  que  en  el marco de un  verdadero  Estado  Social  y Democrático de Derecho es necesario reivindicar el  derecho     constitucional     que     asiste    al    procesado    a    no   auto   incriminarse    consagrado    en   los         artículos  8º  de la  Ley   906   de   2004,  con  carácter  de  principio  rector,  y que su renuncia,  en  caso de aceptación de responsabilidad  de  los  cargos, obedece precisamente a  un  acto libre y voluntario,  función   que,   de   acuerdo   con   lo  expuesto,  atañe  verificar  tanto  al  juez  de  control  de  garantías  como al de conocimiento, de modo que si no  se  acepta  la  retractación  antes  de  que  el segundo funcionario le imparta  aprobación,  se  estaría  dando  apariencia  de  legalidad  o  a  un  acto que  en  verdad  no la tiene, por decisión misma de quien  ha     manifestado    la    aceptación,   desconociéndose  así  la  primacía del derecho sustancial sobre el formal establecida en  el  artículo  228  de la Carta Política.   

          Ello  ha llevado a que la Sala haya reconocido implícitamente, y en  no  pocas  oportunidades,  la posibilidad de retractación en atención al texto  contundente  del  multicitado  inciso  segundo  del artículo 293 procesal, como  cuando sostuvo:   

          “Así   las  cosas,  a  partir  de  la  verificación   de  legalidad  del  allanamiento  o  del  acuerdo,  superada  la  inexistencia  de  irregularidades  limitativas de las garantías del imputado no  es  posible  la  retractación  de  los intervinientes  —prohibición    que  también   cobija   a   la   Fiscalía—,   procediéndose   seguidamente   a  adelantar  la  audiencia  de  individualización  de pena y sentencia, la cual será de carácter condenatorio  ante    la    asunción    de   responsabilidad   del   procesado”21   

(subraya fuera de texto).  

También cuando indicó:  

“La aceptación o el acuerdo no sólo es  vinculante  para la fiscalía y el implicado. También lo es para el juez, quien  debe  proceder  a dictar la sentencia respectiva, de conformidad con lo aceptado  o  convenido  por las partes, a menos que advierta que  el  acto  se  encuentra afectado de nulidad por vicios del consentimiento, o que  desconoce  garantías  fundamentales,  eventos en los cuales debe anular el acto  procesal  respectivo para que el proceso retome los cauces de la legalidad, bien  dentro  del  marco  del  procedimiento  abreviado,  o  dentro  de los cauces del  juzgamiento  ordinario.        

Y  si  bien es cierto que por estos mismos  motivos,  es  decir,  cuando  el proceso abreviado se adelanta con fundamento en  una  aceptación  o  acuerdo  ilegal,  o  con  quebrantamiento de las garantías  fundamentales,   los  sujetos  procesales  están  legitimados  para  buscar  su  invalidación  en  las  instancias  o  en  casación, también resulta claro que  estas  nociones  difieren sustancialmente del concepto  de  retractación,  que  implica,  como se ha dejado visto, deshacer el acuerdo,  arrepentirse   de   su  realización,  desconocer  lo  pactado,  cuestionar  sus  términos,  ejercicio  que  no  es  posible efectuar cuando su legalidad ha sido  verificada   y  la  sentencia  dictada”22  (subrayas    fuera    de    texto).   

Y  cuando  ha  dejado   en   claro,   en   otras  ocasiones,  que:   

“…el  principio  de  no  retractación, además, encuentra consagración expresa en el  inciso  segundo  del  referido  artículo  293 de la Ley 906 de 20004, según el  cual  luego de que el juez de conocimiento acepta el  acuerdo   le   está   vedado   a   los   intervinientes   retractarse   de  sus  términos”23    (subraya   fuera   de  texto).   

Es  evidente,  entonces,     que    si    de    conformidad   con  el  texto  legal  la prohibición de retractarse opera luego de verificada la  legalidad    de   la   aceptación,   es   procedente   para   el   interregno  anterior comprendido entre  ella  y  este  último  acto.  Por lo mismo, una manifestación posterior en tal  sentido,  esto  es,  después  de aprobada por el juez de conocimiento, se torna  inviable,  como  consecuencia de los principios de preclusividad y progresividad  de las actuaciones procesales.   

Ahora   bien,   es   necesario  ahondar  en  punto  del  contenido  de esta retractación, en  tanto   surge   el   interrogante   de   si   debe   ser  justificado         o        argumentado,  verbigracia,  invocando  problemas  en  la  capacidad  de  comprender o en el  consentimiento  (inducido,  fruto  de una incorrecta  información  o  bajo coacción, etc.) o el         quebranto   de   garantías  fundamentales  o  si  basta con que el acto  sea   puro   y   simple,   es  decir,  sin  que  sea indispensable esbozar  un  motivo para revocar la  aceptación            inicial.   

La  Sala  se  inclina  por  la  segunda  hipótesis,    esto    es,    la    facultad    otorgada   en   el   inciso  segundo del artículo 293 del estatuto procesal para  retractarse  del  allanamiento  hasta  antes  de que se le imparta aprobación o  legalidad  por el juez de conocimiento no requiere de  justificación   alguna,  pues  el  relacionado  con  vicios  de  consentimiento  o  situaciones similares  al  momento de expresarlo  o  por  transgresión de  garantías   fundamentales   puede  ser  alegado  en  cualquier   estadio   de   la   actuación   procesal,   incluso   en   sede  de  casación    o   de   revisión,   de   llegar   a  configurarse,   claro  está,  alguna  de las causales consagradas de forma  taxativa      para     tal     efecto24.   

No de otra forma se concebiría, además,  que  el  legislador  haya  establecido  el  referido  interregno   procesal  específico  para expresar         la        retractación       al       señalar       que       “Examinado     por     el    juez  de  conocimiento  el  acuerdo para determinar que es  voluntario,  libre  y  espontáneo,  procederá  a aceptarlo sin que a partir de  entonces  sea posible la retractación”, lo cual da  cuenta     de     un     preciso     espacio    procesal    para    manifestar  la  retractación  comprendido  entre el momento de la  aceptación    y    el    de    su    aprobación    posterior,  a cargo  del juez de conocimiento.   

A  partir  de  este  último peldaño          procesal,   agréguese,  sólo   se   podrán   alegar   vicios  relacionados  con  el  consentimiento, lo  cual  no  implica  que  se           puedan             invocar     luego de la  aceptación,    como  decidió dejarlo en claro  el  legislador  al  modificar  el texto original del  artículo  293  a través  del  artículo  69 de la  Ley  1453  de  2011,  incluyendo  un  parágrafo del  siguiente tenor:   

“Parágrafo.  La retractación por parte  de  los  imputados que acepten cargos será válida en  cualquier  momento,  siempre  y  cuando  se  demuestre por parte de estos que se  vicio  (sic)  su    consentimiento    o    que   se   violaron   sus   garantías  fundamentales”  (subraya  fuera de texto).   

Es  de destacar, eso sí, que el legislador  incurre  en  un  error  conceptual,  pues  propiamente en estos casos no resulta  apropiado  referir  a  una  retractación,  entendida  como el acto voluntario y  libre   de  arrepentimiento  frente  a  la  aceptación  de  la  responsabilidad  delictiva  al que nítidamente refiere el inciso segundo del artículo 293 de la  Ley  906 de 2004 (ahora inmerso en el primer inciso del 69 de la Ley 1453 que lo  modificó),  sino a un vicio que afecta la validez de dicho acto y que, además,  no  requiere  para su perfección de la mera manifestación del incriminado como  sucede  con  la  retractación,  ante  el  cual,  se  estima, vale decir, que el  funcionario  judicial  no  se  puede  oponer, sino que necesariamente impone una  declaración  judicial  a partir del estudio de las circunstancias alegadas para  sustentar  el  vicio  que  supuestamente  afectó  el  consentimiento  o erigió  vulneración de garantías fundamentales.   

De  manera que es claramente identificable,  cuando  el  acto  de  aceptación  a  los  cargos  se  produce  en  la audiencia  preliminar   de   formulación  de  imputación  ante  el  juez  de  control  de  garantías,     un     interregno     procesal  comprendido  entre  este acto y el posterior por medio del  cual  el  juez  de  conocimiento  le  imparte  aprobación  a la manifestación,  durante  el cual, según el claro entendimiento del inciso segundo del artículo  293  del  estatuto  procesal  es viable la retractación en su expresión pura y  simple, esto es, sin que sea preciso invocar justificación alguna.   

Por  razón  de  lo  expuesto, encuentra la  Corte  que  en  el caso concreto cuando el juez de conocimiento en desarrollo de  la  audiencia  de  verificación de legalidad del allanamiento no dio trámite a  la  retractación  expresada  por  GELSAÍN  CASTILLO  RODRÍGUEZ, so pretexto de que la ley no lo permitía,  vulneró  el  debido proceso, pues el sentido diáfano de la ley apunta hacia la  interpretación contraria, como aquí se ha pregonado.   

También  socavó  su  derecho  de  defensa  porque  le  impidió  acceder a toda una fase procesal y, en especial, al juicio  oral,  escenario  basilar  de  la  sistemática  del proceso penal con tendencia  acusatoria  implementado  en  el  país,  como  así  incluso  se subrayó en la  exposición   de   motivos   del   proyecto   del   Acto   Legislativo   03   de  2002:   

“…mientras  el  centro de gravedad del  sistema  inquisitivo  es  la  investigación,  el centro de gravedad del sistema  acusatorio  es  el  juicio  público,  oral,  contradictorio y concentrado. Así  pues,  la  falta  de  actividad  probatoria  que  hoy  en  día  caracteriza  la  instrucción  adelantada  por  la  Fiscalía,  daría un viraje radical, pues el  juicio  sería  el  escenario  apropiado  para  desarrollar el debate probatorio  entre  la  fiscalía y la acusación. (sic) Esto permitirá que el proceso penal  se  conciba  como la contienda entre dos sujetos procesales -defensa y acusador-  ubicadas  en  un  mismo plano de igualdad, al final del cual, como resultado del  debate  oral  y  dinámico,  el  tercero  imparcial  que es el juez, tomará una  decisión.  Mediante el fortalecimiento del juicio público, eje central en todo  sistema  acusatorio,  se  podrían  subsanar  varias  de  las  deficiencias  que  presenta el sistema actual (…).”   

Esta  corporación  se  ha  pronunciado  en  similares términos sobre el particular:   

“…aunque  el legislador ha contemplado  múltiples  etapas en la averiguación de la verdad en el proceso tramitado bajo  los  lineamientos  de  la  Ley  906  de  2004, cada una de ellas con sus propias  características,  aquéllas,  en toda su dimensión,  se  concentran  en  el  juicio  oral,  dado  que, los resultados de la actividad  investigativa  de  la Fiscalía y la defensa en las fases anteriores al mismo no  tienen  el  carácter  de “prueba” en sentido estricto, naturaleza que sólo  se  adquiere  cuando  los  elementos  de  conocimiento son aducidos en el debate  público, con total respeto de los principios arriba enunciados.   

Por  lo  tanto,  a  diferencia del sistema  procesal  regulado en la Ley 600 de 2000, la etapa del  juicio  en el procedimiento consagrado en la Ley 906 de 2004 se constituye en el  centro  de  gravedad  del  proceso  penal. Como ha de  recordarse,  en  el  esquema  de  la primera, al comenzar el juicio ya existe un  recaudo  probatorio  importante con vocación de permanencia, pues es durante la  etapa  de  la  investigación  a  cargo  exclusivo  de  la  Fiscalía  donde  se  practican,  por  lo  general,  la mayoría de las pruebas que luego sirven en el  juicio para sustentar el fallo respectivo.   

En tanto que, en el régimen plasmado en la  segunda  normatividad,  la  construcción  probatoria  cambia  de  escenario, se  abandona  el  principio de permanencia y en su lugar se activan con rigor los de  oralidad,  publicidad,  inmediación,  contradicción  y concentración. En este  contexto,  prueba  es  la  que  se  practica  en  el juicio oral ante el juez de  conocimiento,  y  sólo ella puede suministrar el fundamento de la sentencia sea  absolutoria  o  condenatoria, la cual, valga agregar, será dictada por el mismo  funcionario ante quien se recaudó la misma.   

De  tal forma que los elementos materiales  probatorios  y  las  evidencias físicas recaudadas en las anteriores etapas del  proceso  -indagación  e investigación-, si bien sirven de soporte para imponer  medidas  de aseguramiento o medidas cautelares, o para restringir otros derechos  fundamentales,  no  tienen efecto por sí mismos en el juzgamiento, es decir, no  sirven  para  fundamentar  una  sentencia,  pues  ésta, se reitera, ha de estar  soportada  en  las  pruebas  aducidas  durante el juicio oral, de acuerdo con el  principio  de  inmediación inserto en el ya citado artículo 379 del Código de  Procedimiento      Penal      de      2004…”25.   

De suerte que cuando el juez de conocimiento  incurrió   en   la   errónea  interpretación  legal  negando  a  GELSAÍN   CASTILLO  la  posibilidad  de  retractarse  de su allanamiento a los cargos también lo privó, a la par, de la  posibilidad  de  acceder a un juicio oral, público, concentrado y con todas las  garantías  en  donde podría haber demostrado su inocencia, como se infiere era  su  propósito a partir de su intervención en la audiencia de verificación del  allanamiento,  cuyos apartes pertinentes se transcribieron al inicio de la parte  considerativa de esta decisión.   

Sólo  en  dicho  escenario,  se  reitera,  podría  hacer  valer las pruebas en respaldo de su proclamada inocencia, por lo  que  al cercenársele su acceso a esa etapa procesal se le vulneró, como el que  más,  el  derecho  de  defensa, cuyo restablecimiento, junto con el del proceso  como  es debido, se impone oficiosamente, mediante la declaratoria de nulidad de  la  actuación  a  partir  de  la  decisión  adoptada  durante  la audiencia de  verificación  de  legalidad  del  allanamiento  ante  el  juez  de conocimiento  celebrada  el  30 de mayo de 2011 de negar la retractación y disponer continuar  con  el  trámite previsto en el artículo 447 del estatuto procesal penal, como  así se declarará.   

     

i. Consecuencias del decreto de nulidad  frente a la libertad del implicado:     

El  decreto  de  nulidad  de  la  presente  actuación  procesal  a partir de la audiencia de verificación de legalidad del  allanamiento  ante  el  juez de conocimiento puede repercutir en la libertad del  implicado  GELSAÍN CASTILLO RODRÍGUEZ, de  conformidad  a  lo establecido en el artículo 317 de la Ley 906  de  2004, modificado por los artículos 30 de la Ley 1142 de 2007 y 61 de la Ley  1453 de 2011.   

Sin  embargo,  no  se  debe  olvidar que se  procede  por  un  delito  contra  la  libertad, integridad y formación sexuales  cometido  sobre  dos  menores  de  edad,  respecto del cual pesa la prohibición  contenida  en  el  artículo  199  de  la  Ley  1098  de 2006, en los siguientes  términos:   

“7.  No  procederán las rebajas de pena  con      base      en      los     ‘preacuerdos  y  negociaciones  entre  la  fiscalía y el imputado o  acusado’,  previstos  en  los artículos 348 a 351 de la Ley 906 de 2004.   

“8.  Tampoco  procederá  ningún  otro beneficio o subrogado judicial o administrativo, salvo  los  beneficios  por  colaboración  consagrados  en el Código de Procedimiento  Penal,  siempre  que esta sea efectiva” (subraya fuera de texto).   

La  Sala,  en  pretérita  oportunidad,  se  refirió  al  alcance  de  esta  preceptiva precisando que el descuento punitivo  previsto  por  razón  del  allanamiento  a cargos también está incluido en la  prohibición.  Dentro  de  la argumentación expuesta en aquella oportunidad, se  dijo:   

“En   su  interpretación  natural  y  obvia,  es  claro  que el precepto atrás destacado  (artículo  199  del Código de la Infancia y la Adolescencia, Ley 1098 de 2006)  busca  cerrar  cualquier  puerta que en la delimitación exhaustiva de los siete  numerales  anteriores  pueda  quedar abierta, haciendo  inequívoco  el  interés del legislador en que a la persona imputada, acusada o  condenada  por esos delitos señalados en el inciso primero del artículo 199 de  la  Ley  1098  de  2006,  que  arrojen como víctimas a infantes y adolescentes,  no se les otorgue ningún tipo de beneficio, rebaja o  prebenda  legal,  judicial  o  administrativa,  con  la  sola excepción, porque  expresamente  se  dejó  sentada  ella,  de  los  beneficios  por  colaboración  eficaz.   

Y basta verificar el contenido íntegro del  artículo  199  en  cita,  en  particular  sus 8 numerales y el parágrafo, para  definir  inconcuso  el querer del legislador, que se extiende al inicio mismo de  la  investigación  penal,  en punto de las medidas de aseguramiento a imponer y  su  imposibilidad  de  sustitución; el desarrollo de la misma, con limitaciones  respecto  del  principio  de oportunidad y las formas de terminación anticipada  del  proceso;  el  contenido del fallo, restringiendo la posibilidad de conceder  subrogados;  y  la fase ejecutiva de la pena, impidiendo la libertad condicional  o    la    sustitución    de    la    sanción”26         (subraya fuera de texto).   

Con   sustento   en  esta  hermenéutica, funcionarios judiciales  han  negado  la libertad provisional por vencimiento de términos en casos donde  las  víctimas  son  menores  de  edad  y se procede  por   los  delitos  específicamente establecidos  en  la  disposición.  Es  más,  en  virtud  de  la  interposición     del     derecho    de    habeas  corpus  por algunos      afectados,   el   asunto   ha   sido   abordado  por  esta  Colegiatura a  través   de   decisiones   unipersonales   coincidentes   en  señalar  que  la  prohibición   se   extiende  a  la  libertad  provisional  por  vencimiento  de  términos, de la siguiente forma:   

“…el   Magistrado  del  Tribunal  de  Sincelejo  recalcó  en el contenido del numeral 8 del artículo 1991   del  estatuto  en  mención  y  lo  ponderó    al    lado    del    parágrafo   de   dicho   artículo2  y  la decisión del 17 de septiembre  de  2008,  como  también  de  las  consideraciones atinentes a la protección y  prevalencia  de  los intereses de los menores, según lo ordena la Constitución  Política,  y  fue de esta manera como concluyó, entonces, en que la intención  del  legislador  fue  la  de  excluir de cualquier prebenda a los procesados por  ciertas  conductas  punibles – entre ellas las constitutivas de abuso sexual- en  perjuicio  de  los  menores,  motivo por el cual debe  entenderse   incluida  la  concesión  de  la  libertad  provisional”27         (subraya fuera de texto).   

En  oportunidad posterior se recalcó que  ese  ha sido el entendimiento de la Sala en relación con el punto:   

“Con  todo,  aceptando  en  gracia  de  discusión  la procedencia del mecanismo de amparo, es  claro  que  la  libertad  provisional  no era viable en favor del procesado, por  así  disponerlo  el  art.  199  de  la Ley 1098 de 2006, toda vez que entre los  delitos  atribuidos se encuentra el de secuestro simple en perjuicio de un menor  de  edad,  de  suerte  que  no  era  aplicable  ningún  beneficio al procesado,  argumento    que    precisamente    se    adujo    en    el   auto   objeto   de  impugnación.   

Sobre el particular, ciertamente la Sala en  la  decisión  que  sirvió de fundamento para negar el derecho a la liberación  perseguido28,  señaló  que cuando se trate de delitos de homicidio o lesiones  personales  bajo  modalidad  dolosa,  delitos  contra  la libertad, integridad y  formación  sexuales o secuestro cometidos contra niños, niñas y adolescentes,  se   aplicarán   las   distintas   exclusiones  de  beneficios  excarcelatorios  contemplados  en el Código de la Infancia y la Adolescencia contenido en la Ley  1098  de  2006,  bajo el entendido que el precepto 199  también  comprende  las  concernientes  a  la  libertad provisional,  que  en  virtud de la prevalencia de los derechos de los menores  (art.  44  de la Constitución Política), se ve restringida por así disponerlo  el  numeral  8  y  parágrafo  de  esta  norma,  en forma tal que a las personas  imputadas,  acusadas  o  condenadas  por esa clase de reatos en que como se dijo  sean  sujetos  víctimas  infantes  y adolescentes, no les sea concedido ningún  tipo  de  beneficio,  rebaja  o  prebenda  legal  o  administrativa,  salvo  los  beneficios   por   colaboración   eficaz   únicos   admitidos  por  la  propia  ley”29   

(subraya fuera de texto).  

La       Sala      encuentra    acertado   el   anterior   criterio,  por las siguientes razones:   

     

i. En  cuanto  es compatible con  el  concepto  de interés  superior  del  menor,  por  encontrarse  en  un proceso formativo físico y mental que requiere una especial  protección,  ante  lo  cual,  como lo indica expresamente el artículo 44 de la  Carta  Política,  sus  derechos prevalecen sobre los demás y, por lo tanto, su  interés    se    maximiza   en   la   vida   jurídica.         

Frente   a   ese   concepto,   la   Corte  Constitucional puntualizó en la sentencia T-408/95, lo siguiente:   

“El     denominado     ‘interés     superior’  es  un concepto de suma importancia  que   transformó  sustancialmente  el  enfoque  tradicional  que  informaba  el  tratamiento  de  los  menores  de  edad.  En el pasado, el menor era considerado  ‘menos    que    los  demás’    y,    por  consiguiente,  su  intervención y participación, en  la  vida  jurídica  (salvo  algunos  actos  en  que  podía intervenir mediante  representante)  y,  en  la  gran  mayoría  de  situaciones  que  lo  afectaban,  prácticamente   era   inexistente  o  muy  reducida.   

Con la consolidación de la investigación  científica,   en   disciplinas  tales  como  la  medicina,  la  sicología,  la  sociología,  etc.,  se  hicieron patentes los rasgos y características propias  del  desarrollo  de  los  niños,  hasta  establecer  su carácter singular como  personas,  y  la  especial relevancia que a su status debía otorgar la familia,  la  sociedad y el Estado. Esta nueva visión del menor se justificó tanto desde  una    perspectiva   humanista     -que   propende   la   mayor  protección  de quien se encuentra en especiales condiciones  de  indefensión-,  como desde la ética que sostiene  que  sólo  una  adecuada  protección  del  menor garantiza la formación de un  adulto  sano, libre y autónomo. La respuesta del derecho a estos planteamientos  consistió  en  reconocerle  al menor una caracterización jurídica específica  fundada  en  sus intereses prevalentes. Tal reconocimiento quedó plasmado en la  Convención  de  los  Derechos  del  Niño (artículo 3°) y, en Colombia, en el  Código  del  Menor  (Decreto  2737  de  1989).  Conforme a estos principios, la  Constitución  Política  elevó  al niño a la posición de sujeto merecedor de  especial  protección por parte del Estado, la sociedad y la familia (artículos  44 y 45)”30   

. (subrayas fuera  de texto ).   

Tales nociones no pueden relegarse al plano  de  la  abstracción; por el contrario, deben tener manifestaciones concretas en  el  mundo  jurídico  y  de ello no está alejado el ámbito penal.  De esa  forma,  se  ha  sostenido  que en las actuaciones de esta naturaleza en donde se  vea  involucrado  un  menor,  bien  como  acusado  o como víctima, es necesario  brindarle  una  protección  especial.   Y precisamente cuando sean sujetos  pasivos  de  conductas  punibles  sexuales,  ello  se  traduce, como también lo  resalta             la            Corte            Constitucional,            en  que:                 

“Las   autoridades   judiciales   que  intervengan  en  las  etapas de investigación y juzgamiento de delitos sexuales  cometidos  contra  menores  deben abstenerse de actuar  de  manera  discriminatoria  contra  las víctimas, estando en la obligación de  tomar  en  consideración  la situación de indefensión en la cual se encuentra  cualquier    niño    que   ha   sido   sujeto   pasivo   de   esta   clase   de  ilícitos.   

En  efecto, en la mayoría de estos casos,  los  responsables  del  abuso  sexual  son personas allegadas al menor, aún con  vínculos  de  parentesco,  lo  cual dificulta enormemente la investigación del  ilícito.  Es usual asimismo que la víctima se encuentre bajo enormes presiones  psicológicas   y   familiares   al  momento  de  rendir  testimonio  contra  el  agresor.   

De   tal   suerte   que   constituiría  acto de discriminación cualquier comportamiento del  funcionario   judicial   que   no   tome  en  consideración  la  situación  de  indefensión  en  la  que  se  encuentra  el menor abusado sexualmente, y por lo  tanto  dispense a la víctima el mismo trato que regularmente se le acuerda a un  adulto,     omita     realizar    las    actividades    necesarias    para    su  protección,  asuma  una  actitud  pasiva  en materia  probatoria,  profiera  frases o expresiones lesivas a la dignidad del menor o lo  intimide  o  coaccione  de  cualquier  manera  para que declare en algún u otro  sentido  o  para  que  no  lo  haga.  Tales  prácticas  vulneran  gravemente la  Constitución  y  comprometen  la  responsabilidad  penal  y  disciplinaria  del  funcionario que las cometa.   

En  este  orden  de  ideas,  el  interés  superior  del  niño conduce necesariamente a que los  funcionarios  judiciales  modifiquen  su actitud pasiva frente al menor víctima  de   delitos   sexuales   en   el   curso  de  un  proceso  judicial,        absteniéndose        de        cualquier        práctica  discriminatoria”31         (subrayas fuera de texto).   

La permisión  de  la  libertad  frente  a  las  conductas punibles  establecidas  en  el  artículo 199 de la Ley 1098 de  2006  pone  en riesgo la  integridad      fiscal      y      mental     de     los     menores, distanciándose del deber que asiste  a  los  funcionarios  judiciales  de adoptar medidas en aras de su protección y  seguridad.  Con  mayor  razón en este caso porque se  posibilitaría el retorno del sindicado al  entorno  familiar,  pues  no  debe  olvidarse  que  se  trata  del padrastro   de  las  menores,   quien  puede  tomar retaliaciones en su  contra.      

La  prohibición  de  tal  gracia, de otro  lado,  permite  enviar  un  mensaje contundente a la sociedad, a la familia y al  Estado  de  que  la  vida,  la  dignidad y la integridad de los niños, niñas y  adolescentes  son  bienes,  como  ya se dijo, de superior y mayor jerarquía que  deben  ser  tutelados  con  especial  consideración  y en el sentido de que las  violencias  de  género  no  son  “delitos  de  bajo  impacto”, sino, por el  contrario,  delitos  de  altísimo impacto pues atentan contra la posibilidad de  construir  un proyecto democrático de convivencia, de inclusión y de ejercicio  real de los derechos de nuestra infancia y adolescencia.   

       

i. La  prohibición de conceder el  beneficio   de   libertad,   además,  se  acompasa  con  instrumentos  internacionales  suscritos  por el  Estado  colombiano  en  esta  materia,  a  partir de  los     cuales    surge    imperativo  la  protección  especial que se debe  brindar  a  los  menores,  especialmente   cuando  son  víctimas  de  delitos:     

Así,  empezando  por  el artículo 7 de la  Carta  Internacional  de  Derechos  Humanos, de acuerdo con el cual “Todos  son  iguales  ante  la  ley  y  tienen,  sin distinción,  derecho  a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección  contra  toda  discriminación  que  infrinja  esta  Declaración  y  contra toda  provocación a tal discriminación”.   

Igualmente,   el   artículo   19  de  la  Convención   Americana   sobre   Derechos   Humanos,   en  cuanto  “Todo  niño  tiene  derecho  a las medidas de protección que su  condición  de  menor  requieren  por  parte de su familia, de la sociedad y del  Estado”,  puesto que es obligación de este último,  a  través  de  sus  instituciones  y  autoridades,  garantizar  las medidas que  tiendan a proteger a los menores por su condición de inferioridad.   

De  la  misma  forma,  el artículo 2 de la  Declaración  de  los  Derechos del Niño de la Asamblea General de las Naciones  Unidas de 1959, según la cual:   

“Art. 2: El niño gozará de protección  especial   para   que   pueda   desarrollarse   física,  mentalmente,  moral  y  socialmente,  en condiciones de libertad y de dignidad, sea cual fuere su color,  sexo, idioma, religión, etc”.   

También el artículo 3° de la Convención  sobre  los  Derechos del Niño, Asamblea General de las Naciones Unidas de 1988,  al estipular:   

“Art.   3:   En   todas   las  medidas  concernientes  a los niños que tomen las instituciones públicas o privadas, se  atenderá      el      interés      superior      del      niño”.   

Así  mismo,  la Declaración de Ginebra de  1924  sobre los Derechos del Niño; los artículos 23 y 24 del Pacto de Derechos  Civiles  y  Políticos  de  1966  y  el  artículo  10  del  Pacto  de  Derechos  Económicos, Sociales y Culturales.   

De la misma manera, desarrolla instrumentos  internacionales  que  velan  por  la  protección  de  las  mujeres  cuando  son  víctimas  de  delitos,  como  el  artículo  7,  literal  b,  de la Convención  Interamericana  para  prevenir,  sancionar  y  erradicar  la violencia contra la  mujer, de acuerdo con la cual:   

“los  Estados  partes condenan todas las  formas  de  violencia  contra  la  mujer  y  convienen en adoptar, por todos los  medios  apropiados y sin dilaciones, políticas orientadas a prevenir, sancionar  y   erradicar   dicha  violencia  y  llevar  a  cabo  lo  siguiente:   

(…)  b)  Actuar con la debida diligencia  para    prevenir,    investigar    y    sancionar   la   violencia   contra   la  mujer”.   

También     la     “Convención  Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la  violencia  contra la mujer”, adoptada mediante la Ley  248  de  1995,  al establecer que los Estados firmantes adquieren los siguientes  deberes:   

“Artículo 7. Los Estados partes condenan  todas  las formas de violencia contra la mujer y convienen en adoptar, por todos  los  medios  apropiados  y  sin  dilaciones,  políticas  orientadas a prevenir,  sancionar  y  erradicar  dicha  violencia y en llevar a cabo lo siguiente: (…)   

b)  Actuar  con  la debida diligencia para  prevenir, investigar y sancionar la violencia contra la mujer;   

(…)  

d)   Adoptar  medidas   jurídicas   para  conminar  al  agresor  a  abstenerse  de  hostigar,  intimidar,  amenazar, dañar o poner en peligro la vida de la mujer de cualquier  forma  que  atente  contra  su  integridad o perjudique su propiedad;   

e)  Tomar  todas  las  medidas apropiadas,  incluyendo  medidas  de  tipo  legislativo,  para  modificar  o  abolir  leyes y  reglamentos  vigentes, o para modificar prácticas jurídicas o consuetudinarias  que  respalden  la persistencia o la tolerancia de la violencia contra la mujer;   

f) Establecer procedimientos legales justos  y  eficaces  para  la  mujer  que  haya sido sometida a violencia, que incluyan,  entre  otros,  medidas de protección, un juicio oportuno y el acceso efectivo a  tales   procedimientos;  (…)”  (subraya  fuera  de  texto).   

Además,  está  a  tono con el preámbulo,  así  como  con  los  artículos  1,  2 y 13 de la Constitución Política, pues  resquebrajaría  la  efectividad  de  los  derechos  de  los  menores y rompe la  función  otorgada  a  las  autoridades no proteger adecuadamente sus derechos y  libertades.  Adicionalmente,  tiene en cuenta que por ser las víctimas personas  menores  de edad, requieren un análisis sobre la igualdad material para, según  el  artículo  13  de la Constitución Política, protegerlas de forma especial,  atendiendo sus condiciones de inferioridad.   

         iii)  La  prohibición extendida a la libertad provisional obedece a  una  interpretación  del numeral 8° del artículo 199 de la norma en cuestión  al  advertir  que  “Tampoco procederá ningún otro  beneficio” y fruto de una hermenéutica sistemática  del  precepto  para los asuntos regidos por la Ley 906 de 2004, en tanto sí fue  contemplada  para  los  tramitados por la Ley 600 de 2000, como se señala en su  parágrafo transitorio:   

“En  donde  permanezca  transitoriamente  vigente  la  Ley  600  de 2000, cuando se trate de  delitos  a  los  que se refiere el inciso primero de este artículo no   se   concederán   los  beneficios  de  libertad  provisional  garantizada  por  caución, extinción de la acción  penal   por   pago   integral   de  perjuicios,  suspensión  de  la  medida  de  aseguramiento  por  ser mayor de sesenta y cinco (65) años, rebajas de pena por  sentencia   anticipada   y   confesión;   ni   se  concederán  los  mecanismos  sustitutivos  de  la  pena  privativa  de  la  libertad de condena de ejecución  condicional  o  suspensión  condicional  de  ejecución  de  pena,  y  libertad  condicional.  Tampoco procederá respecto de los mencionados delitos la prisión  domiciliaria  como  sustitutiva  de  la prisión, ni habrá lugar a ningún otro  beneficio  subrogado  legal, judicial o administrativo, salvo los beneficios por  colaboración  consagrados en el Código de Procedimiento Penal siempre que esta  sea efectiva” (subraya fuera de texto).   

Recuérdese    que    situación   similar   ocurrió   con  el  descuento  punitivo  por  aceptación  de  cargos  no incluido expresamente en el numeral 7 de la norma en  comento,    al    señalar   que   “no  procederán  las  rebajas  de pena con base en los ‘preacuerdos  y  negociaciones entre  la  fiscalía  y el imputado o acusado’,  previstos  en  los  artículos  348  a  351  de  la  Ley 906 de  2004”,  pero  la  Corte, con los mismos criterios,  llegó  a la conclusión de que el querer del legislador también iba encaminado  a   su   inclusión,  como  así  se  estableció  en  el  citado  auto   de   septiembre   17   de   200832.   

Por     lo     expuesto,      la      Sala      declarará  improcedente la libertad provisional por vencimiento  de  términos  a  favor  del  aquí  procesado  como  consecuencia  del decreto  de  nulidad de la actuación procesal con sujeción a  lo aquí indicado.   

En          suma, la Sala  casará  oficiosamente  el fallo impugnado, en el sentido de decretar la nulidad  de  todo lo actuado a partir, inclusive, de la decisión adoptada por el juez de  conocimiento   durante   la   audiencia   de   verificación  de  legalidad  del  allanamiento  celebrada  el  30  de  mayo  de  2011  de negar la retractación y  disponer  la  continuación  del  trámite  previsto  en  el  artículo  447 del  estatuto   procesal   penal  para,  en  su  lugar,  se  pronuncie  frente  a  la  retractación  según  los  términos señalados en esta decisión y se disponga  continuar     con     la     actuación     conforme    a    los    presupuestos  legales.          

              En  mérito  de  lo expuesto, la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

         1.-   CASAR   OFICIOSAMENTE  la  sentencia  impugnada,  expedida  por  el Tribunal Superior de de San Gil el 19 de agosto de  2011.   

2.-  DECLARAR  la  nulidad  de  la actuación a partir, inclusive, de la decisión adoptada por  el  juez  de conocimiento durante la audiencia de verificación de legalidad del  allanamiento  celebrada  el  30  de  mayo  de  2011  de negar la retractación y  disponer  la  continuación  del  trámite  previsto  en  el  artículo  447 del  estatuto   procesal   penal  para,  en  su  lugar,  se  pronuncie  frente  a  la  retractación  según  los  términos señalados en esta decisión y se disponga  continuar   con   la   actuación   conforme  a  los  presupuestos  legales,  en  consideración   a   las   razones   expuestas   en  la  parte  motiva  de  esta  providencia.   

3.-  DISPONER que el procesado       GELSAÍN      CASTILLO    RODRÍGUEZ   continúe   bajo   privación   de   libertad  en  establecimiento  carcelario.   

Contra      esta     decisión    no    procede   recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese  y  cúmplase.   

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ   

Aclaro    voto   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                              FERNANDO                       ALBERTO                      CASTRO  CABALLERO           

SIGIFREDO                ESPINOSA  PÉREZ             MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ                 

               Salvo voto   

                                                                       IMPEDIDO   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN            LUIS  GUILLERMO SALAZAR  OTERO              

JULIO        E.        SOCHA  SALAMANCA              JAVIER ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

SALVAMENTO DE VOTO  

Con  el  respeto que siempre he profesado  por  las  decisiones   de la Sala, estimo necesario salvar el voto respecto  de  lo  decidido  en  el  presente  asunto,  como  quiera que, considero, no era  posible  aceptar la retractación del procesado, quien se allanó a cargos en la  audiencia  de formulación de imputación, ni tampoco, ya tomada la decisión de  anular  el  trámite,  puede  negarse  la libertad por vencimiento de términos,  aduciendo  que  se  trata,  el  examinado, de un delito de abuso sexual cometido  contra un menor de edad.   

Son dos, en consecuencia, los tópicos que  considero  necesario  abordar, a efectos de demostrar cómo lo decidido, además  de  contravenir  el debido proceso, termina vulnerando derechos inalienables del  procesado,  en  contravía  de  lo  que los Tratados suscritos por Colombia y la  misma Carta Política, consagran:   

I.  Del  término para retractarse en los  casos  de  allanamiento  a  cargos  operados  en la audiencia de formulación de  imputación   

La decisión de la cual me aparto casa el  fallo  y  anula  desde  el  momento  de  verificar  el  juez  de conocimiento la  legalidad  del  allanamiento  a  cargos, por estimar que sí podía el procesado  retractarse  de  su  aceptación,  ocurrida  en  la audiencia de formulación de  imputación.   

Ello resulta de examinar el artículo 293  de  la  Ley  906  de  2004, de cuyo inciso segundo colige que en razón a que el  Juez   de  Conocimiento  apenas  se  disponía  a  verificar  la  legalidad  del  allanamiento,  todavía  podía  retractarse,  como  hizo  y  le  fue negado, el  imputado.   

Dice  el inciso segundo del artículo 293  en  cita (previo a la modificación efectuada por el artículo 69 de la Ley 1453  de 2011, que no se hallaba vigente para ese momento):   

“Examinado  por el juez de conocimiento  el  acuerdo para determinar que es voluntario, libre y espontáneo, procederá a  aceptarlo  sin  que  a partir de entonces sea posible la retractación de alguno  de  los  intervinientes,  y convocará a audiencia para la individualización de  la pena y sentencia”.   

El  proyecto confunde la verificación de  la    legalidad    del    acuerdo   –para  examinar  que  no  viola  el  principio  de  presunción  de  inocencia  que  los  hechos  efectivamente  se  adecuan a la definición típica  despejada  o que no se vulneran garantías-, con el examen de que la aceptación  –sea   por  vía  de  acuerdo   o  allanamiento-  es  libre,  voluntaria  y  espontánea,  asunto  que  perfectamente puede ocurrir ante el Juez de Control de Garantías.   

La  norma  citada claramente remite a esa  verificación  de  la aceptación voluntaria, libre y espontánea y no al examen  del  contenido  material  del  acuerdo  o  de  los  cargos imputados u objeto de  acusación.   

Esa  verificación, cabe relevar, en caso  de  allanamiento  a cargos cuando este sucede en la audiencia de formulación de  imputación,  corre  de  cargo  del  juez de control de garantías, como así lo  establece   el   artículo   131  de  la  Ley  906  de  2004,  que  a  la  letra  reza:   

“Renuncia.  Si  el imputado o procesado  hiciere  uso  del derecho que le asiste de renunciar a las garantías de guardar  silencio  y  al  juicio  oral,  deberá  el  juez de  control  de  garantías  o  el  juez de conocimiento  verificar   que  se  trata  de  una  decisión  libre,  consciente,  voluntaria,  debidamente   informada,   asesorada  por  la  defensa  ,  para  lo  cual  será  imprescindible     el     interrogatorio     personal     del     imputado     o  procesado”.   (Las   subrayas  no  pertenecen  al  original)   

Entonces,  cuando el asunto llega al juez  de  conocimiento, este sólo debe verificar la legalidad de los cargos imputados  –tipicidad     y  presunción  de  inocencia-,  por  manera  que  ya  ante  él  no  es posible la  retractación  (el  de  control  de  garantías,  se repite, ya comprobó que la  aceptación  unilateral  es libre, voluntaria y espontánea y era en ese momento  que podía retractarse el imputado).   

Dice  el  artículo  293  citado,  en  su  redacción original:   

“Procedimiento en caso de aceptación de  la  imputación.  Si  el  imputado,  por  iniciativa  propia  o  por acuerdo con la Fiscalía acepta la imputación, se entenderá que  lo actuado es suficiente como acusación.   

Examinado   por   el    juez   de  conocimiento  el  acuerdo  para examinar que es voluntario, libre y espontáneo,  procederá  a  aceptarlo  sin   que  a  partir  de  entonces sea posible la  retractación  de alguno de los intervinientes, y convocará a audiencia para la  individualización     de     la     pena     y     la     sentencia”   

Un  análisis  sistemático  de  la norma  obliga  señalar en primer lugar que ella se refiere exclusivamente a acuerdos o  allanamientos  operados  en  el  período  de  la  investigación,  vale  decir,  después  de  la  formulación  de  imputación  y previo a la presentación del  escrito de acusación.   

Por  tal  razón la norma se ubica dentro  del  Título  III,  rotulado  “DE LA FORMULACIÓN DE  IMPUTACIÓN”,  en  su Capítulo único, y además,  expresamente  refiere  al procedimiento a seguir “en  caso        de       aceptación       de       la       imputación”.   

Ahora, como es posible que esa aceptación  de  la  imputación  devenga  de  la  relación  bilateral  propia del acuerdo o  consecuencia  de  la  decisión  unilateral inserta en el allanamiento a cargos,  son  también diferentes los jueces que pueden verificar la voluntad, libertad y  espontaneidad de la manifestación expresa del imputado.   

Es por ello, que el artículo 131, arriba  transcrito,  involucra  a  los  jueces  de  garantías  o  de conocimiento en la  verificación  del tópico y que la sistemática del artículo 293 reseña en su  segundo  inciso  los  casos  en  que  debe  intervenir  el  juez de conocimiento  –en  atención  a  lo  manifestado   utiliza  el  término  acuerdo-,  evidente  como  es  que  en  esa  transacción  bilateral  ningún  funcionario  ha  verificado que se trate de un  acto voluntario, libre y espontáneo del imputado.   

No es adecuado, lo digo con todo respeto,  señalar,   con   auxilio   del   método  histórico  de   interpretación  normativa,  que  la  finalidad  del legislador cuando introdujo el contenido del  artículo  293  examinado, fue obligar la intervención del juez de conocimiento  en  la verificación de la aceptación voluntaria, libre y espontánea, para los  casos  de  allanamiento a cargos en la audiencia de formulación de imputación,  pues,  de  un  lado,  los  antecedentes  citados  allí nunca conducen a una tal  afirmación,  y  del  otro,  como clara y expresamente lo dice el inciso segundo  del  artículo  en  mención,  necesitado de contextualización con el artículo  131,  esa  intervención  del  juez de conocimiento sólo sucede en los casos de  acuerdo y no en los de aceptación unilateral de los cargos.   

De ninguna manera, también con respeto lo  manifiesto,  la posición jurisprudencial de la Sala, consignada en la sentencia  del      20      de     octubre     de     200533,        “contraría  expresamente  el  texto claro del inciso segundo del  artículo  293  de la codificación procesal”, como  lo dice la sentencia de la cual me aparto.   

Todo lo contrario, esa postura consulta de  manera  prístina  y  contextualizada  lo  que  la  norma contiene, precisamente  porque  se advierte referido, ese inciso segundo, al acuerdo (expresamente dice:  “examinado   por   el   juez  de  conocimiento  el  acuerdo”)  y  no  al  allanamiento,  dado  que  el  artículo  131 otorga, para ese tópico de verificación, la competencia al juez  de control de garantías.      

En  el caso concreto, como el imputado se  allanó  a  cargos  en  la  audiencia  de  formulación de imputación y durante  ese    trámite   el  juez  de  control  de  garantías  verificó  que  su  aceptación  era  libre, voluntaria y espontánea, no era posible que la persona  se  retractara  en la diligencia de verificación de legalidad realizada ante el  juez  de  conocimiento,  a  no  ser  que  se  demostrara  algún  vicio  en  ese  consentimiento,  que no fue un punto desarrollado por la decisión de la cual me  aparto.   

La  sentencia  de  casación,  pese a que  abunda  en  argumentos  para  sustentar  que  en  tratándose del allanamiento a  cargos  presentado en la audiencia de formulación de imputación, es posible la  retractación  ante  el juez de conocimiento, no resuelve la cuestión referida,  conforme  lo  postulado  en  el artículo 131 de la Ley 906 de 2004, a que es el  Juez  de Control de Garantías quien verifica la aceptación libre, voluntaria y  espontánea  de  cargos,  y  a  que  el  artículo  293 expresamente permite ese  retracto   pero   únicamente   cuando  no  se  ha  hecho  la  auscultación  en  mención.   

No puede decirse apenas que en tratándose  del  Juez  de  Conocimiento, el encargado de juzgar finalmente el asunto, eso lo  habilita  para  rehacer  etapas  procesales superadas, en clara vulneración del  principio  antecedente-consecuente,  o  para  asumir competencia sobre una tarea  asignada a otro funcionario.   

Está claro que el Juez de conocimiento es  quien  resuelve  finalmente  el  asunto, pero también que el juez de control de  garantías  tiene  competencias  definidas  para  asuntos  específicos,  que no  pueden   ser   usurpadas  por  aquel.  Por  ejemplo,  sobre  la  libertad  o  la  invalidación  de  determinados  medios  de prueba (en casos de allanamientos de  morada,  entre  otros), sin que lo decidido por el juez de control de garantías  pueda ser desconocido por el de conocimiento.   

Entonces,  se  repite,  si  la  tarea  de  verificar  la  aceptación libre, voluntaria y espontánea, fue realizada por el  juez  de  control  de  garantías,  en  los  casos de allanamiento en sede de la  formulación  de  imputación,  es  ese  un  tramo  procesal  ya cubierto por el  competente   para   ello   y   el   juez  de  conocimiento  no  puede  volver  a  realizarlo.   

Es  que,  de  atenderse  a lo dicho en la  decisión  que  no  comparto, necesariamente habría que concluir en la absoluta  inanidad  de  la  tarea  que  expresamente  la  ley asigna al juez de control de  garantías,  lo  que  por contera torna superfluo el contenido del artículo 131  de la Ley 906 de 2004.   

Ya   no   es   posible,  por  ello,  la  retractación  voluntaria,  dado  que, debe dejarse claro, el artículo 293 dice  expresamente  que  opera  antes  de  que  se  examinen esos puntos específicos,  aunque,  porque así lo dice la norma, sí es posible echar abajo la aceptación  cuando se presenta violación de garantías.   

En consecuencia, debió la Sala aceptar la  negativa  de  las  instancias  a  dar  efecto a la retractación, por su abierta  extemporaneidad.   

II.  La  posibilidad  de  que una persona  procesada   por   un   delito   sexual   cometido   contra  menores,  permanezca  indefinidamente en detención preventiva   

Cuando tanto se avanzado en la definición  del  contenido  central que comporta erigirse en Estado social de derecho y bien  claro  se  tiene  que  la  libertad,  en  países que se precian de respetar los  derechos  humanos,  comporta  bien  máximo e inestable, mal puede aceptarse, lo  digo  con  el  mayor de los respetos, que se entronicen criterios absolutos para  su  restricción,  incluso pasando por alto el necesario balanceo que en caso de  confrontación   de  garantías  de  similar  tenor,  busca  hacer  operante  su  ejercicio    evitando    extremos   que   terminen   por   sacrificar   mínimos  irreductibles.   

Es  ello lo que sucede cuando, como en la  decisión  de  la que me aparto, de manera inflexible se anota que ese derecho a  la   libertad   no  solo  se  limita  sino  que,  en  la  práctica,  se  impide  absolutamente   para   alguien  que,  debo  relevarlo,  sigue  cobijado  por  la  presunción  de  inocencia  pero  puede  estar  detenido  indefinidamente, no en  razón  de  cualesquiera  de  las  finalidades que habilitan la medida, sino por  virtud del tipo de delito que se le endilga.   

Sólo  en  las  horas  más aciagas de la  represión  penal,  creo  recordar,  se  ha  llegado  al  extremo  de  impedir a  cualquier    costo    la    libertad    provisional,    facultando   detenciones  ilimitadas.   

Pero,  también lo rememoro, esas medidas  draconianas  de  normas  como  el  tristemente  célebre  Estatuto de Seguridad,  propias  de  gobiernos  autoritarios  o  verdaderas  dictaduras,  fueron siempre  matizadas  por la intervención decidida de los jueces, las más de las veces en  cabeza de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia.   

Hoy,  sin  embargo,  a  partir  de  una  interpretación  extensiva  y  contra rei  de  la  normatividad vigente, se recupera un tan extremo recurso  de  control  social, pasando por alto mínimos estándares internacionales y los  límites  que  para  el  poder estatal, representado en la justicia, consagra la  Carta Política.   

Estimo, para ocuparnos del caso concreto,  que  negar  la excarcelación del procesado una vez se retrotrajo el asunto a la  fase  investigativa,  viola  flagrantemente  la  garantía  a  la  libertad  del  mismo.   

Es  cierto  que  la  Ley  1098  de  2006  –Código de la Infancia  y  la  Adolescencia-  ,  en  su artículo 199, prohíbe otorgar, en los casos de  delitos   sexuales   contra   menores,  beneficios  o  subrogados  judiciales  o  administrativos,     pero     resulta     bastante     extensiva    –prohibida   si   es   contra  rei-   la  interpretación  que  remite  también  la  negativa  al  derecho  (que no beneficio ni subrogado  judicial  o  administrativo)  a la libertad, que se obtiene cuando los términos  se exceden sin justificación.   

Es  que,  señalar  imposibilitada  a  la  persona  de  adquirir  la  libertad  por vencimiento de términos en los delitos  sexuales  con  víctimas  menores  de  edad,  conduce ni más ni menos a que esa  persona      pueda      estar      detenida     indefinidamente     –incluso  por  años-,  sin  que  su  situación  sea  resuelta  o  con  violación  amplísima  de los términos para  investigar  y  juzgar,  en extrema postura que, reitero, vulnera impunemente tan  caro derecho.   

Los  argumentos que se exponen para negar  la  libertad  por  vencimiento  de  términos parten de principios generales que  precisamente   por   ese   carácter  abierto  pueden  interpretarse  de  muchas  maneras.   

Así,  esa posibilidad que en los delitos  graves  cometidos  contra  menores, pueda permanecer indefinidamente detenida la  persona,  se  sustenta en la principialística patria y externa que delimitan el  interés  superior  del  niño,  pero bien poco se hace por traer a colación la  normatividad  de  igual  rango  que  propende  por  los mínimos derechos de los  procesados,  o  siquiera  por establecer un balanceo entre principios de similar  tenor para definir cuáles deben primar.   

Decir  que las normas internas y externas  propenden  por  la protección del menor termina siendo huero, pues, con ello se  habilitaría  cualquier  tipo  de vulneración de otros derechos similares, como  si  se  tratase  de hacer tábula rasa de unos mínimos estándares establecidos  en favor de quienes son investigados o juzgados.   

Ninguno  de  esos  principios de tratados  internacionales    o    Constitución    colombiana,   estatuye   explícita   o  implícitamente  que  el  procesado por un delito ejecutado en contra de menores  puede  permanecer  indefinidamente  detenido. Además, se olvida que no se trata  de  un  condenado,  sino apenas de quien está siendo investigado o juzgado para  determinar  su  responsabilidad penal y, entonces, esos criterios de protección  al  menor  o  la familia deben estar mediados por el principio de presunción de  inocencia  que,  desde luego, genera derechos para el acusado, entre ellos el de  acceder  a  un  proceso  rápido  y, cuando ello no suceda, obtener la libertad,  dado   que,   debe   resaltarse,   aún   no   ha  sido  juzgado  y  vencido  en  juicio.   

Por  lo  demás,  si  ya  el  acudir  a  principios  generales  resulta  ser  de  alguna manera impertinente –en   cuanto,   no   soluciona   la  discusión  puntual  que  plantea  la  existencia de otros principios de similar  tenor  establecidos  en  favor  del procesado-, lo es mucho más acudir a normas  que  en  nada  se  emparentan  con  lo examinado, como sucede con  tratados  establecidos para la protección de la mujer.   

Pero,  si  se tratase de discutir el tema  dentro  del  mismo  escenario  planteado por el fallo del cual me aparto, cuando  menos,  ya que se citan expresamente esas normatividades, debería decirse cómo  se  articula  la  decisión  de permitir la detención indefinida de la persona,  con  lo  postulado  en  el artículo 9°, numeral 3° del Pacto Internacional de  Derechos  Civiles  y Políticos, reiterado en el artículo 7° de la Convención  Interamericana de Derechos Humanos.   

Dice    el   Pacto,   en   la   norma  citada:   

“Toda  persona detenida o presa a causa  de  una  infracción  penal  será  llevada  sin  demora  ante  un  juez  u otro  funcionario   autorizado  por  la  ley  para  ejercer  funciones  judiciales,  y  tendrá  derecho  a  ser  juzgada dentro de un plazo  razonable  o  a  ser  puesta en libertad. La prisión  preventiva  de  las  personas  que  hayan  de  ser juzgadas no debe ser la regla  general,  pero su libertad podrá estar subordinada a garantías que aseguren la  comparecencia  del  acusado en el acto del juicio, o en cualquier momento de las  diligencias    procesales    y,   en   su   caso,   para   la   ejecución   del  fallo.”   

Y reitera la Convención:  

“5.  Toda  persona  detenida o retenida  debe  ser llevada, sin demora, ante un juez u otro funcionario autorizado por la  ley  para  ejercer  funciones  judiciales  y  tendrá  derecho  a  ser juzgada dentro de un plazo razonable o a ser puesta en libertad,  sin  perjuicio  de  que  continúe  el  proceso.  Su  libertad  podrá  estar  condicionada a garantías que aseguren su comparecencia  en el juicio.   

Es más, el Estatuto de Roma, que rige la  actuación  de  la  Corte  Penal  Internacional respecto de delitos gravísimos,  como  que  se  trata,  entre  otros, de genocidio y aquellos denominados de lesa  humanidad,  a  pesar  de la magnitud de esas conductas y sin importar la calidad  de   las  víctimas  –  dígase,  menores  de  edad  o  mujeres-  estatuye  la posibilidad de otorgar la  libertad provisional cuando el proceso se retarda sin justa causa.   

Enfáticamente,  el  artículo  60  del  estatuto de Roma, establece en su numeral 4°:   

“4.  La Sala de Cuestiones Preliminares  se  asegurará  de  que  la  detención  en  espera  de  juicio  no se prolongue  excesivamente  a  causa  de  una  demora inexcusable del Fiscal. Si se produjere  dicha  demora,  la  Corte  considerará  la  posibilidad de poner en libertad al  detenido, con o sin condiciones.”   

Las citadas, sobra anotar, sí son normas  que  se  refieren  al  caso  específico  y  de  ninguna  manera  riñen con los  principios traídos a colación en el proyecto.   

Y, si alguna norma interna dijera, como no  lo  hace,  que  la  persona  puede  ser detenida indefinidamente, apenas cabría  advertir  su  clara disonancia con los Pactos y Tratados suscritos por Colombia,  en  cuyo  caso,  en  vigencia  del  principio  Pro  Homine,  debe  aplicarse ese  catálogo  externo  por  corresponder  al  que  de  mejor  manera tutela el bien  inestimable de la libertad.   

Pero,  es que la cabal interpretación de  lo  estipulado  en  el inciso cuarto del artículo 29 de la Carta Política, que  consagra  los principios del debido proceso y presunción de inocencia, obliga a  descartar  la  posibilidad  de  prohibiciones  absolutas en punto de la libertad  provisional  o,  para  lo  que nos ocupa, de términos indefinidos de privación  preventiva de la misma.   

Es  ese, cabe destacar, el sentido que la  Corte  Constitucional  ha  dado  a  la  libertad de configuración normativa del  legislador,  en  cuanto,  advierte  que  no  es  posible establecer limitaciones  absolutas  y,  particularmente,  que  resulta  contrario a la Carta convertir la  detención  preventiva,  dada  su  duración  en  el  tiempo,  en  una  forma de  cumplimiento anticipado de la pena.   

En   concreto,   esto   dijo   la  Corte  Constitucional en la Sentencia C-622 de 2003:   

“Al  respecto  cabe precisar así mismo  que  la  jurisprudencia   de  esta Corporación a partir de la  aplicación de  los  mandatos constitucionales  ha  dado  un tratamiento diferente a aquellos  casos  en  que  se trata de  limitar o prohibir  para determinadas conductas   la  aplicación   de  subrogados penales  como la ejecución condicional de la  pena  o  la libertad condicional -en los que claramente se ha afirmado la amplia  potestad  de  configuración  del  Legislador para garantizar la eficacia de las  penas   [19]-   de  aquellos  casos  en  los  que  se  establecen normas cuyo  fundamento  está  dado   en  la  protección  del  derecho de defensa   [20]   o  en   la  razonabilidad  de  la  duración  de la detención preventiva   [21]     -supuestos  en  los  que   se  ha  hecho  énfasis en los  límites  que  impone  a la potestad de configuración del legislador el respeto  de   las   garantías   procesales    derivadas  del  debido  proceso   [22] -.   

Sobre  el particular  debe destacarse lo  dicho  en  la Sentencia C-213 de 1994  en la que  al tiempo que se declaró la  exequibilidad  del artículo 15 de la ley 40 de 1993 en cuanto a la  exclusión  de  beneficios  y  subrogados  penales,   se  declaró   por  el  contrario la  inexequibilidad  del  aparte  final  de  dicho artículo que señalaba que “La  libertad provisional sólo podrá concederse por pena cumplida”.   

Dijo  la  Corte  en  esa  sentencia  lo  siguiente:   

“D) El artículo 15 de la ley 40 de 1993  :   

“Artículo 15.- Exclusión de beneficios y  subrogados.   Salvo   lo dispuesto en el artículo  17  de este Estatuto, en el artículo 37 y la rebaja por confesión previstos en  el  Código  de Procedimiento Penal, los sindicados o condenados por los delitos  de  que  trata  esta  ley  no  tendrán  derecho  a  la  condena  de  ejecución  condicional,  libertad condicional ni a subrogados administrativos. En los casos  del  delito de secuestro, no podrán otorgarse la suspensión  de la detención  preventiva  ni de la condena. La libertad provisional  sólo       podrá       concederse      por      pena      cumplida”.   

Las mismas razones expuestas en relación  con  el  artículo  14,  permiten  deducir la exequibilidad del 15. A las cuales  cabe agregar las siguientes.   

Las  restricciones  previstas  en  este  artículo,  tienen  que  ver,  en  últimas,  con  la  duración   de  la  pena  privativa   de  la  libertad,  y  no  con garantías procesales que permitan al  sindicado  del delito de secuestro su defensa. Limitar o eliminar estas últimas  hasta  desconocer  la  presunción de inocencia, sí violaría la Constitución,  concretamente  el artículo 29. Pero, una cosa son las penas, las más graves de  las  cuales  tienen que corresponder a los peores delitos; y otra las garantías  procesales  encaminadas  a  permitir la defensa del sindicado, garantías que no  pueden  eliminarse  o  recortarse hasta hacerlas ineficaces, con mayor razón si  ello  se hace en perjuicio de quienes, por estar acusados de la comisión de los  delitos   más   graves,  enfrentan  la  posibilidad  de  las  penas  mayores.    

De  otra  parte,  esta  norma no viola el  artículo  13  de la Constitución, que consagra la igualdad, porque, se repite,  la  privación  de  la  libertad debe ser mayor para quienes cometen los delitos  más graves.   

Lo  anterior,  en  cuanto al artículo en  general.  Pero,  la  Corte  habrá de referirse a su  última  frase,  que dice: ” La libertad provisional sólo podrá concederse por  pena cumplida”.   

En  concepto  de la Sala, esta expresión  debe ser declarada inexequible, por la siguientes razones.   

Primera.-  La  ley  40  de  1993  fue  expedida  el  19 de enero de 1993, pero el estudio de la  expresión  citada, hay que hacerlo a la luz de la ley 81 de 1993, de fecha 2 de  noviembre   de   1993,   por   su  estrecha  relación  con  el   principio  de  favorabilidad  en materia penal, consagrado en el artículo 29, inciso 3o. de la  Constitución.   

(…)  

Cuarta.-  Con  la  entrada  en  vigencia  de  la  ley 81, la Corte debe declarar inexequible la  expresión   ”   La  libertad  provisional  sólo  podrá  concederse  por  pena  cumplida”,  porque  es  restrictiva  al  desconocer  otras  causales de libertad  provisional   consagradas   para  los  delitos  de  competencia  de  los  jueces  regionales,  hecho  que  en  sí  mismo desconoce el principio de favorabilidad  consagrado  en  el  artículo  29  inciso tercero de la Constitución, según el  cual  “En materia penal, la ley permisiva o favorable, aun cuando sea posterior,  se aplicará de preferencia a la restrictiva o desfavorable”.   

De  otra parte, la Corte estima que no es  razonable,  y  no  se  ajusta  a la Constitución, una norma que permita detener  indefinidamente,  y por muchos años, a una persona sindicada de la comisión de  un  delito,  sin  que  contra  ella se haya dictado sentencia condenatoria, y ni  siquiera resolución acusatoria.   

(…)  

Por  lo  expuesto,  la  Corte  declarará  exequible  el  artículo 15 acusado, salvo su última frase, que se declarará   inexequible.”   [23]. (subrayas fuera de texto).   

Dichas consideraciones  fueron reiteradas  por  la   Corte  en  la Sentencia C-762 de 2002   en la que esta Corporación  tuvo  la  oportunidad  de  referirse  al tema de la competencia legislativa para  excluir   beneficios   y   subrogados   penales,  a  propósito  del  examen  de  constitucionalidad    del   artículo   11  de  la  Ley  733  de  2002   [24],  “por  medio  de  la  cual  se  dictan  medidas  tendientes  a  erradicar  los delitos de secuestro, terrorismo y extorsión, y se expiden otras  disposiciones.”   

(…)   

Ahora   bien,   la  necesidad  de  asegurar  el respeto de las garantías procesales  a que se hace  referencia  en  las  sentencias citadas ha llevado a la Corte  a precisar  que  la  potestad   de  configuración  del Legislador  con respecto a las causales  para  la concesión de la libertad provisional, no es absoluta sino relativa, en  tanto  tiene como limitante las normas constitucionales que reconocen el derecho  al     debido     proceso      y    en    particular    la    presunción    de  inocencia.   

Así lo advirtió la Corte en la Sentencia  C-392  de  2000 en la que declaró la inexequibilidad   del artículo 27 de la  Ley  504  de  1999  con  el que se reformó el numeral 3 del artículo 415  del  Código de Procedimiento Penal antes vigente.   

Dijo la Corte:  

“La norma del art. 27 establece que en  los   delitos  que  corresponda  conocer  a  los  Jueces  Penales  del  Circuito  Especializados,   cuando  se  dicte  en  primera  instancia  preclusión  de  la  investigación,  cesación de procedimiento o sentencia absolutoria, la libertad  provisional  no  procede cuando se hubiere interpuesto recurso de apelación por  el  fiscal  delegado  o el respectivo agente del ministerio público, caso en el  cual  sólo  será  concedida  “una  vez  confirmada  la  decisión  de  primera  instancia por el superior”.   

Además,  allí  se  dispone  que  si  el  recurso  no se resuelve dentro de los treinta días hábiles siguientes a partir  de  aquél  en que entre al despacho del funcionario, se “concederá la libertad  provisional”.   

Finalmente, se establece que los términos  señalados  en  los  numerales  cuarto y quinto del artículo 415 del Código de  Procedimiento  Penal,  en  aquellos  procesos de que conozcan los Jueces Penales  del  Circuito Especializados, “se duplicarán”, cuando por el vencimiento de los  mismos en estos procesos se solicite la libertad provisional.   

La libertad de configuración legislativa  con  respecto  a  las causales para la concesión de la libertad provisional, no  es   absoluta   sino   relativa,  en  tanto  tiene  como  limitante  las  normas  constitucionales.   

En  ese orden de ideas, la norma acusada,  salvo   su   parágrafo,    resulta   contraria   a  la  Carta  Política,  por  cuanto:   

Conforme   al   artículo   29   de  la  Constitución,  una  de las garantías mínimas a que tiene derecho el sindicado  de   cualquier   delito,   es   la  de  la  presunción  de  inocencia  mientras  judicialmente no se le declare culpable.   

En este caso, si se produce una sentencia  absolutoria,  o  se  precluye  la  investigación,  o se ordena la cesación del  procedimiento  conforme a la ley, a la presunción de inocencia que acompaña al  sindicado,  le  sigue  ahora  una  decisión  judicial  que  la reafirma, lo que  llevaría,  como consecuencia lógica, a la concesión inmediata de la libertad.   

Con  todo,  pese a ello, lo que la norma  en  cuestión ordena es que el sindicado permanezca privado de la libertad si la  decisión  judicial  fue  objeto  de  apelación por el fiscal delegado o por el  agente  del ministerio público, mientras el recurso no se decida confirmando lo  resuelto  en primera instancia, lo que significa que la presunción de inocencia  desaparece  para  prolongar  indebidamente  la  privación  de  la  libertad del  procesado,  lo  que  equivale a presumirlo culpable con ostensible quebranto del  artículo  29  de  la  Carta, y con  violación además, del artículo 28 de la  Constitución,    que    instituye    como    regla    general    la    libertad  personal.   

(…)  

La  Corte ha hecho énfasis igualmente en  el     carácter     eminentemente     limitado     en     el    tiempo   [27]  de  la detención preventiva y en que su finalidad no es la de   que  se dé una ejecución anticipada  de la pena que pueda llegar a imponerse,  por  lo  que   es un deber ineludible de las autoridades  evitar que la medida  se prolongue más allá de un lapso razonable.   

La  Corporación ha puesto de presente en  este  sentido la importancia  que tiene la debida aplicación de  las causales  de  libertad  provisional  establecidas en  el ordenamiento procesal penal con  las    que   se   pretende   delimitar    la   duración   de   la   detención  preventiva.   

Al  respecto  resulta pertinente recordar  las  consideraciones  hechas  en  la  Sentencia  C-  774  de  2001  en la que se  examinaron   diversas normas relativas a la detención preventiva y en la que   en  relación  con  las  normas   que  regulan  el  cómputo de la misma  y la  aplicación  de algunas de las  causales de libertad provisional  (numerales   4  y  5   del artículo 365 del Código de Procedimiento Penal)  la Corte hizo  las siguientes precisiones:   

“Los  artículos  406,  407 y 409 del  Decreto  2700  de  1991  y  los  artículos  361 y 362 de la Ley 600 de 2000, se  establecen  las figuras del cómputo de la detención preventiva, la suspensión  de  la  detención  preventiva  y la detención parcial en el lugar de trabajo o  domicilio  fueron  demandados  por su conexidad con la detención preventiva sin  que  el  actor  formule  frente  a  ellos cargos específicos distintos. Por tal  razón  la  Corte  declarará su constitucionalidad, en los términos en los que  la   misma   se   declara  para  las  demás  disposiciones  que  configuran  la  institución de la detención preventiva.   

Estima  la  Corte,  sin  embargo,  que es  necesario  precisar que en relación con el cómputo de la detención preventiva  (artículo  406 del Decreto 2700 de 1991 y artículo 361 de la ley 600 de 2000),  es  un  deber  ineludible de las autoridades judiciales en cada caso, evitar que  la medida se prolongue más allá de un lapso razonable.   

Por   ello,   aunque   la   norma   es  constitucional, se debe insistir en que la finalidad  de  la  detención  no es remplazar el término de la pena, y que la posibilidad  del   cómputo  previsto  en  la  ley,   no  genera el poder para la autoridad  judicial  de disponer de la libertad del sindicado hasta que se cumpla el tiempo  que  dura  la  pena,  ya  que  de  admitirse  esa  circunstancia, se vulneraría  flagrantemente  la  presunción  de  inocencia  y  el  debido proceso, ya que se  cumpliría  anticipadamente  una sanción sin haberse declarado judicialmente la  culpabilidad del sindicado.   

Bajo   estas   consideraciones  resulta  pertinente  reconocer  la  procedencia  de las causales de libertad provisional,  mediante  las  cuales  se  restringe  en el tiempo la duración de la detención  preventiva  (numerales  4  y  5  del  artículo  415 del decreto 2700 de 1991, y  numerales  4  y 5 del artículo 365 de la ley 600 de 2000), cuyos parámetros de  aplicación  se  encuentran estrictamente delimitados por ley. Surge entonces el  derecho  a obtener libertad provisional cuando: “vencido el término de ciento  veinte  días de privación efectiva de la libertad, no se hubiere calificado el  mérito  de  la  instrucción”,  y  “cuando  hayan transcurrido más de seis  meses  contados  a  partir de la ejecutoria de la resolución de acusación, sin  que  se  hubiere  celebrado  la  correspondiente audiencia pública o se hubiere  vencido  el  término  para  presentar  alegatos de conclusión en el juicio”,  estas  normas  permiten  delimitar  la  duración  de  la  detención cumpliendo  cabalmente  el  mandato  constitucional  de  la presunción de inocencia, de tal  manera   que   la   detención   no   se   convierta  en  un  anticipado  de  la  pena.   No   obstante,  las  citadas  disposiciones  encuentran  un  vacío  legislativo  consistente  en  que  no  existe un límite  temporal  para  obtener  la  libertad provisional en dos eventos: el primero, en  cuanto  al  término de detención que existe entre la calificación del mérito  de  la  instrucción  y  la  ejecutoria  de  la  resolución de acusación, y el  segundo,   consistente   en   el  tiempo  de  detención  que  existe  entre  la  celebración  de  la  audiencia  de  juzgamiento  y  la sentencia definitiva.”   

Tan  claro  el acopio citado, que resulta  cuando  menos  extraño  acudir  a  la  vía jurisprudencial para entronizar una  limitación  absoluta  al  derecho  de  la  libertad claramente violatoria de la  Carta  Política,  como  si  por  el  camino  de  la  decisión judicial pudiera  soslayarse lo que al legislador le está vedado.   

Ahora, si con la intervención de la Corte  se  busca  facilitar  la labor de los jueces, a través de jurisprudencia que le  permita  aplicar debidamente el valor justicia con respeto irrestricto al debido  proceso,  para  no  hablar  de  los  principios  de  presunción  de inocencia y  legalidad,  resulta  bastante  paradójico  que ahora, a través de la decisión  que  no comparto, penda sobre ellos una especie de espada de Damocles, perplejos  entre  la  disyuntiva de respetar la Constitución, los Tratados Internacionales  y  el texto íntegro de la ley, o atender los dictados del máximo órgano de la  jurisdicción ordinaria.   

        De los señores Magistrados,   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

1° de junio de 2012.  

    

1 Como  esta  providencia  puede  ser  publicada,  se omite el nombre de las menores, de  conformidad  con lo normado en el numeral 8° del artículo 47 de la Ley 1098 de  2006  “por  la  cual  se  expide  el  Código de la  Infancia y la Adolescencia”.   

2  Récord  14’04’’  c.d. contentivo de la audiencia.   

3  A  partir  14’38’’            ibídem.   

4  16’57’’.   

5  17’11’’.   

6  A  partir  22’48’’.   

7  Diario Oficial No. 48110 de junio 24 de 2011.   

8 Así,  entre  muchas, sentencias de abril 7, rad. 33117 y  febrero 21, rad. 14330,  de 2010.     

9 Cfr.  Sentencia  de  21  de febrero de 2002, rad. 14330 y múltiples autos en el mismo  sentido,  entre  muchos,  de noviembre  24 de 2008, rad. 30610, abril 20 de  2006, rad. 22540 y noviembre 24 de 2005, rad. 24282.    

10 Cfr.  entre  muchas,  sentencias de mayo 6 de 2009, rad. 24055; abril 28 de 2004, rad.  19435 y abril 10 de 2003, rad. 14337.   

11  Proyecto  de  Ley  Estatutaria  01  de 2003 Cámara, 229 Senado, publicado en la  Gaceta del Congreso No. 339 de 23 de julio de 2003.   

12  Publicado en Gaceta No. 200 mayo 14 de 2004.   

13  Según  el  Art.  739  de  la  L. E. Crim. Española,  “terminadas   la   acusación  y  la  defensa,  el  Presidente  preguntará  a  los  procesados  si  tienen  algo  que manifestar al  Tribunal.   

“Al  que  contestare  afirmativamente, le  será concedida la palabra.   

“(…)”.  

14     El  Art.  443  dispone:  “TURNOS  PARA   ALEGAR.  El  fiscal  expondrá  oralmente  los  argumentos  relativos  al  análisis  de  la  prueba,  tipificando  de  manera circunstanciada la conducta por la cual ha presentado la  acusación.   

“ A  continuación se dará el uso de la  palabra  al representante legal de las víctimas, si lo hubiere, y al Ministerio  Público,  en  este orden, quienes podrán presentar sus alegatos atinentes a la  responsabilidad del acusado.   

“Finalmente,  la defensa, si lo considera  pertinente,  expondrá  sus  argumentos  los  cuales  podrán ser controvertidos  exclusivamente  por  la  Fiscalía. Si esto ocurriere la defensa tendrá derecho  de  réplica  y,  en  todo  caso,  dispondrá del último turno de intervención  argumentativa.     Las     réplicas     se     limitarán     a    los    temas  abordados”.   

Por  su  parte,  el  Art.  447  establece:  “INDIVIDUALIZACIÓN  DE  LA  PENA  Y  SENTENCIA.  Si  el fallo fuere  condenatorio,  o  si  se aceptare el acuerdo celebrado con la Fiscalía, el juez  concederá  brevemente  y  por  una  sola  vez la palabra al fiscal y luego a la  defensa  para  que  se  refieran  a  las  condiciones  individuales, familiares,  sociales,  modo  de  vivir  y  antecedentes  de  todo  orden del culpable. Si lo  consideraren  conveniente,  podrán  referirse  a  la probable determinación de  pena aplicable y la concesión de algún subrogado”.   

En el mismo sentido, el Art. 354, relativo a  los  preacuerdos  y  negociaciones  entre  la Fiscalía y el imputado o acusado,  preceptúa:  “(…)  Prevalecerá  lo que decida el   

imputado  o acusado en caso de discrepancia  con su defensor, de lo cual quedará constancia”.   

15  Artículo  27  del Código Civil, dentro del Capítulo IV, “Interpretación de  la Ley”.   

16  Sentencia  de  octubre 20 de 2005, rad. 24026. Reiterada en decisión de octubre  5 de 2006, rad. 25248.   

17 En  la  audiencia  de  formulación  de  la  imputación, este control lo realiza en  principio  el   Juez de garantías (Cfr. Casación 25248 de 5 de octubre de  2006).   

18  Sentencia  de  30  de noviembre de 2006, rad. 25108. Así también, entre otras,  sentencia de julio 8 de 2009, rad. 31531.   

19  Corte Constitucional. Sentencia C-1260 de 5 de diciembre de 2005.   

20  “Artículo         381-.        Conocimiento    para   condenar.   Para  condenar  se  requiere  el  conocimiento,  más  allá  de toda duda, acerca del  delito    y    de    la    responsabilidad    penal    del   acusado”.   

21 Sentencia de julio 8 de 2009, rad. 31280.   

22  Auto del 18 de abril de 2007, rad. 27159.   

23  Auto  de  septiembre  21  de  2011, rad. 37413.  En el mismo sentido, entre  otros,  autos  de  noviembre 24, rad. 35105 y 23 de junio de 2010, rad. 33701, y  de julio 27 de 2011, rad. 35860.   

24  Cfr. Auto de marzo 10 de 2010, rad. 33505.   

25  Sentencia de marzo 17 de 2010, rad. 32829.   

26  Auto de septiembre 17 de 2008, rad. 30299.   

27  Auto de abril 28 de 2010, rad. 34044.   

28  Radicados 34044 de 2010, 32176 de 2009 y 30299 de 2008.   

29  Auto  de octubre 10 de 2011, rad. 37616. En idéntico  sentido, auto de junio 28 de 2011.   

30  Corte  Constitucional,  sentencia  de  tutela  T-408  del  12  de  septiembre de  1005..   

31  Corte  Constitucional,  sentencia  T-554  del  10  de julio de 2003.     

32  Rad. 30299.   

Radicado 24026    

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