37497(26-10-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 37497  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado  acta Nº  382   

Bogotá,  D.C.,  octubre veintiséis (26) de dos  mil once (2011).   

V   I   S   T   O  S   

Procede  la  Corte  a resolver acerca de la  admisibilidad  de  las  demandas  de  casación  presentadas  por el defensor de  Antonio     Chaparro    Montaña    y  directamente  por  Carlos  Enrique  Albadán,    quien   ostenta   la   condición   de  abogado,    contra   la  sentencia  dictada  por  el  Tribunal  Superior de Neiva, el 17 de mayo de 2011,  mediante  la  cual  confirmó  la  proferida  por  el  Juzgado Segundo Penal del  Circuito  Adjunto  de  la  misma  ciudad,  el  16 de septiembre de 2010, que los  condenó  como  coautores  de  la  conducta  punible de ejercicio ilícito de la  actividad monopolística de arbitrio rentístico.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                      

1.  Los primeros fueron sintetizados por el  juzgador de segundo grado de la siguiente manera:   

“…Sucedieron el 24 de octubre de 2006  en   esta  capital  (Neiva),  cuando  se  recibió  información  acerca  de  la  comercialización  ilegal de chance en uno de los locales comerciales del Centro  Comercial  Santa  Ana, ubicado en la calle 9, entre carreras 5 y 6, oficina 201,  haciendo  entrega  de  talonarios a diferentes personas para su venta ambulante,  recogiendo   en   las  horas  de  la  tarde  el  dinero  producto  del  expendio  diario”.   

2.  Por los anteriores hechos, la Fiscalía  General  de  la  Nación,  el  30  de  octubre de 2007, profirió resolución de  acusación,  entre  otros,  contra  Antonio  Chaparro  Montaña  y  Carlos Enrique  Albadán   por  la  conducta  punible  de  ejercicio  ilícito  de  actividad  monopolística de arbitrio rentístico, providencia que  al ser recurrida fue confirmada el 24 de septiembre de 2009.   

3.  El  expediente pasó al Juzgado Segundo  Penal  del Circuito Adjunto de Neiva, autoridad que el 16 de septiembre de 2010,  profirió  sentencia  de  primera  instancia  en  la  que condenó a los citados  procesados  a  la pena principal de 36 meses de prisión y multa de 100 salarios  mínimos  legales mensuales vigentes y a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por un periodo igual de la sanción  privativa   de   la   libertad,   como   coautores  de  del  punible  citado  en  precedencia.   

4.  Apelado  el  fallo  por el defensor, el  Tribunal  Superior  de  Neiva,  el  17  de  mayo  de  2011,  lo  confirmó en lo  relacionado con los mencionados acusados.   

Contra la anterior decisión, Carlos Enrique  Albadán  y  la  defensa  técnica  de  Antonio Chaparro Montaña, interpusieron  recurso de casación.   

L      A  S        D    E    M    A    N   D   A   S      

         Libelos  presentados a nombre de Chaparro Montaña y Carlos Enrique  Albadán, este último quien ostenta la calidad de abogado   

         Como   quiera   que   los   escritos  guardan  unidad  temática  y  conceptual,  en  cuanto a los cargos que postulan contra la sentencia de segunda  instancia,  la  Corte  hará un solo resumen, haciendo las salvedades a que haya  lugar.            

Basados  en las causales tercera y primera,  según  la  sistemática  reglada  en  la Ley 600 de 2000, presentan dos cargos,  así:   

         Primer cargo   

         Acusan  que  la  sentencia  se  profirió  en  un juicio viciado de  nulidad,  con  detrimento  de  lo  estipulado  en  los  artículos 13 y 29 de la  Constitución  Política,  puesto que no comparten la manera como se desarrolló  la  diligencia  de  allanamiento y registro, así como la captura de los citados  procesados.   

         Comenta  que  el  instructor desvinculó de la actuación al señor  Weimar  Rivera,  sin  que se hayan conocido las razones, lo cual en su criterio,  perjudica su situación procesal.   

         Indican  que  en este trámite igualmente se dejó de investigar al  revisor  fiscal  y contador, persona que pudo dar explicaciones de los libros de  cuentas,  “además este señor es socio, y lo que le  favorece    a    él   también   le   favorece   a   mi   defendido”.   

         Después  de  insistir  en lo anteriormente expuesto, sostienen que  la  probanza  que  obra  en  el  proceso,  esto  es,  el acta del allanamiento y  registro,  la  cual se realizó a las dos horas siguientes de haberse abierto el  establecimiento público, fue sin orden de autoridad judicial.   

         Como  otro  yerro,  señalan  que  al  proceso  no  se  allegó  el  testimonio  del  revisor fiscal, así como que se dejó de vincular a los demás  coasociados  de  la  empresa  ADESCOM,  elementos  de  juicio  que llevarían al  conocimiento,  en  cuanto  a  que el negocio no generaba utilidades, asociación  que     se     encuentra    debidamente    registrada    ante    las    oficinas  correspondientes.   

         Por  lo  expuesto, deprecan a la Corte casar la sentencia impugnada  y  en  su  lugar, invalidar lo actuado a partir de la resolución de acusación,  en   orden   a   restablecer   la   garantía   de  los  derechos  fundamentales  avasallados.   

Segundo cargo  

            

De manera subsidiaria, piden que se analice  si  el  sentenciador  incurrió en un error de hecho, en tanto en sus personales  opiniones,   el   juez   de  primera  instancia  transgredió  el  principio  de  inmediación   al   romper   la  unidad  procesal,  protegiendo  “la  omisión,  el  descuido  de  la  administración de justicia, y  ésto  perjudica  a  mi  defendido  y  a  los  demás  implicados…”.   

           Acotan que hubo una violación de la ley sustancial, en razón al  mencionado error de apreciación probatoria.   

         Manifiestan  que  el  fiscal  atentó  contra  lo  indicado  en  el  artículo  312  del Código Penal, cuando resolvió una petición elevada por la  defensa  de  Argote  Ordóñez,  en  tanto  él  realizaba la misma actividad de  Carlos Enrique Albadán.   

En  consecuencia, solicitan a la Sala casar  la  sentencia  impugnada   y  consecuentemente,  absolverlos  de los cargos  atribuidos en la acusación.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

1.  De  conformidad  con  lo previsto en el  artículo  205  de  la  Ley 600 de 2000, que rige esta actuación, al recurso de  casación se accede de dos maneras, a saber:   

a)  La  ordinaria,  que  procede contra las  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas  por los Tribunales Superiores de  Distrito  Judicial  y  el  Tribunal  Militar,  por  delitos sancionados con pena  privativa de la libertad superior a 8 años; y   

b)  La  excepcional, que procede contra los  fallos  de segunda instancia dictados por las mismas corporaciones por conductas  punibles  castigadas  con  pena  privativa  de  la libertad igual o inferior a 8  años,  y por los jueces penales del circuito por cualquier delito, evento en el  cual  la  Sala  podrá  admitir  la  demanda cuando lo considere preciso para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales,  siempre que reúna las demás formalidades.   

En el supuesto que ocupa la atención de la  Corte,  resulta  claro  que la conducta punible por la que se condenó a Antonio  Chaparro  y  Carlos  Enrique  Albadán, esto es, ejercicio ilícito de actividad  monopolística  de  arbitrio rentístico, contempla pena máxima privativa de la  libertad  que  no supera los 8 años, según así lo prevé el artículo 312 del  Código  Penal,  razón  por la cual en este evento sólo procedía la casación  excepcional.   

Como  también  lo  tiene  dicho  la Corte,  cuando  de  este  medio  de impugnación excepcional se trata el demandante debe  exponer, así sea de manera  sucinta  pero clara, qué es  lo  que  pretende con el recurso, teniendo como norte que solamente procede para  el   desarrollo   de   la   jurisprudencia   o   para  garantizar  los  derechos  fundamentales.   

En tratándose del primer punto, esto es, el  desarrollo  de la jurisprudencia, el casacionista debe mencionar en el libelo si  con  la  impugnación  de  la  sentencia  de segunda instancia persigue unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina, ora para abordar un tópico  aún  no desarrollado, precisando la manera en que la decisión solicitada tiene  la  utilidad  simultánea  de  brindar  solución al asunto y a la par servir de  guía a la actividad judicial.   

Y,  respecto  de  la  protección  de  los  derechos   fundamentales,   el  recurrente  está  obligado  a  desarrollar  una  argumentación  lógica  dirigida  a  evidenciar el desacierto, siendo imperioso  que  demuestre  el  desconocimiento  de  una garantía por quebrantamiento de la  estructura  básica  del  proceso  o por violación de un derecho fundamental, e  indicar  las  normas  constitucionales  que  protegen  el  derecho invocado y su  concreto conculcamiento con la sentencia.   

Además,  las  razones  que  debe aducir el  demandante  para  persuadir  a la Corte sobre la necesidad de admitir la demanda  deben  guardar  correspondencia  con los cargos que formule contra la sentencia.   

En  otras  palabras,  debe  haber  perfecta  conformidad  entre  el  fundamento de la casación excepcional (desarrollo de la  jurisprudencia  y/o  protección  de  garantías  fundamentales), el cargo o los  cargos  que se presenten contra el fallo y, por consiguiente, la postulación de  los mismos.   

2. En lo que atañe a las demandas objeto de  examen,  la  Sala  advierte  que los casacionistas no indicaron el motivo por el  cual  acudieron  a  este  recurso extraordinario, esto es, la protección de los  derechos  fundamentales  y/o  el  desarrollo de la jurisprudencia, habida cuenta  que  sin  realizar una presentación al respecto, procedieron a postular las dos  censuras  contra el fallo del Tribunal, según se desprende del resumen hecho de  los mencionados escritos.   

3.  De igual forma, desde el punto de vista  de  lógica  y  debida  fundamentación,  la Corte también advierte que los dos  cargos   presentados  no  reúnen  los  requisitos  de  claridad  y  precisión.  Veamos:   

         En  primer lugar, en lo atinente al reproche dirigido por la causal  tercera,  valga  reiterar que si bien la Sala ha dicho que es menos exigente que  la  demostración  de  las otras, lo cierto es que impone al demandante proceder  con  precisión,  claridad  y  nitidez  a  identificar la clase de irregularidad  sustancial  que  determina la invalidación, plantear sus fundamentos fácticos,  indicar  los  preceptos  que  considera  conculcados  y expresar la razón de su  quebranto,  especificar  el  límite  de  la  actuación  a partir de la cual se  produjo el vicio, así como la cobertura de la nulidad.   

Del  mismo  modo,  se  debe  evidenciar que  procesalmente  no existe manera diversa de restablecer el derecho afectado y, lo  más   importante,   comprobar  que  la  anomalía  denunciada  tuvo  injerencia  perjudicial  y  decisiva  en  la  declaración de justicia contenida en el fallo  impugnado  (principio de trascendencia), dado que este recurso extraordinario no  puede   fundarse   en   especulaciones,  conjeturas,  afirmaciones  carentes  de  demostración o en situaciones ausentes de quebranto.   

De otro lado, de acuerdo con los postulados  que  informan  la violación indirecta de la ley sustancial (causal primera), al  demandante  también  incumbe  indicar  a  la  Sala  la  clase  de  error  en la  apreciación  probatoria,  es  decir,  si  fue  de hecho o de derecho y el falso  juicio  que  lo  determinó,  esto  es, si de existencia, identidad, raciocinio,  legalidad y/o convicción.   

Una  vez  cumplido  con lo anterior y en el  punto  de  la  trascendencia,  así mismo compete demostrar cómo el yerro en el  acto  de  estimación  de  los medios de convicción condujo a aplicar una norma  extraña  al  debate  y/o a excluir otra que resultaba pertinente con los hechos  objeto de  controversia.   

De  manera  que  si  no  se  cumple con los  anteriores derroteros, sin duda, deviene la inadmisión del libelo.   

            Con   relación   al   primer  cargo,  de verdad que los demandes postulan varios reparos, a  saber:  la ilegalidad de la diligencia de allanamiento y registro, la ruptura de  la unidad procesal y la omisión en la práctica de varias pruebas.   

         Sin  embargo,  en  cuanto  al  primer  motivo,  desconocen  que  la  ausencia  de  los  presupuestos legales en el proceso de producción y aducción  de  los  medios  de  conocimiento,  por  ser  un  error  de derecho, corresponde  postularse  a  través  de  la  causal primera de casación y no por la tercera,  censura  en  la  que  se  indicará  cuáles  fueron las normas agredidas en ese  trámite  y  la  trascendencia  del  vicio  frente al juicio de responsabilidad,  según los planteamientos esgrimidos en el fallo.   

         Respecto  a  la  segunda  inconformidad  planteada,  en  torno a la  ruptura  de  la  unidad  procesal,  los  libelistas  la  dejaron  en  el  simple  enunciado,  en  tanto  no  demostraron  cómo  esa  actuación  trajo consigo un  perjuicio  en  contra  de  los  aquí  procesados,  toda  vez  que  el  discurso  argumentativo  lo  centraron  en  dolerse  de  esa  situación,  pero  no dieron  razones,   en   orden   a   fundamentar   el   pedido   de   invalidez   de   la  actuación.   

         Por  último, en lo que atañe a la posible agresión del principio  de  investigación  integral,  desconocen  igualmente  que  era  de  su resorte,  señalar   la   prueba   omitida  en  la  actividad  probatoria,  su  fuente  de  pertinencia,  conducencia  y  utilidad,  así  como  su  trascendencia frente al  resultado  adverso  del  fallo,  ejercicio  en  cual resulta indispensable   tenerse  en  cuenta  los demás elementos de juicio en los que se fundamentó la  decisión,  con  relación a la existencia del hecho y la responsabilidad de los  acusados.   

             El   segundo   cargo   tampoco  fue afortunado en su elaboración, puesto que no indicaron  cuál  fue  el  elemento  de  conocimiento  mal  apreciado,  el falso juicio que  determinó  el  denunciado  error de hecho, esto es, si lo fue el de existencia,  identidad y/o raciocinio.   

           Así  mismo,  no  presentaron argumento respecto a la manera como  ocurrió  la  infracción  del  artículo  312  de Código Penal, dado que sólo  atinan  a  reclamar  la  absolución, pero sin ningún discurso que sustente ese  pedido.   

         Ante  el  incumplimiento  de  los  anteriores presupuestos, deviene  necesariamente la inadmisión de los libelos.   

           Resta  señalar  que  no se observa que con ocasión del fallo impugnado o dentro de la  actuación  se  hayan  violado derechos o garantías de los intervinientes, como  para  que tal circunstancia imponga superar los defectos de la demanda, en orden  a  decidir  de  fondo,  según  lo  dispone  el  artículo  216 de la Ley 600 de  2000.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

         INADMITIR         las           demandas  de  casación  presentadas         por        el defensor de  Antonio   Chaparro   Montaña   y  por  el  procesado  Carlos  Enrique  Albadán.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Cópiese,   comuníquese   y   cúmplase.  Devuélvase al Tribunal de origen.   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                           JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                        SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ             AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                      

LUIS       GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                 JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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