37453(23-05-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 37453  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

APROBADO ACTA N°. 198-  

Bogotá, D.C., veintitrés (23) de mayo de dos  mil doce (2012)   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

La  Sala  examina  las  bases  jurídicas  y  lógicas  de  la  demanda  de casación presentada por la defensa de   Edwin   Díaz   Martínez,   contra  la  sentencia  proferida  el  12  de  abril  de 2011, por la Sala Penal del Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Barranquilla,  que  confirmó  la condena  impartida  el  18 de diciembre de 2009 por el Juzgado 6 Penal del Circuito de la  misma  ciudad,  al hallarlo responsable de los delitos de homicidio agravado, en  concurso con homicidio agravado en el grado de tentativa.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  En  la madrugada del 19 de junio de 2005,  barrio  La  Manga  de  la  ciudad  de  Barranquilla, Víctor Manuel y Renzo Stip  Hernández                  Jiménez1 sostuvieron una discusión con  una  persona  conocida  con  el alias de “Kiko grande”, sujeto que dio aviso  inmediato  a  William  Alberto Macenett y a Edwin Díaz  Martínez,  alias  “cungo”,  quienes dispararon en  contra  de  la  humanidad  de  los  hermanos  Hernández Jiménez, provocando la  muerte inmediata de Víctor Manuel.   

2.  El  18  de  junio de 2005, la Fiscalía 8  Seccional  de  la  Unidad  de  Vida  de  la  ciudad  de Barranquilla2, dio inicio a  la  investigación  previa  y  el  30  de  junio  del mismo año, la Fiscalía 2  Delegada  ante  los  Juzgados Penales del Circuito de la misma ciudad dispuso la  apertura  de  investigación  y  la vinculación mediante indagatoria de William  Alberto    Macenett    Ahumada    y    Edwin   Díaz  Martínez3.   

3. El 18 de enero de 2007, la Fiscalía 32 de  la    Unidad    de    Vida    acusó    a William Alberto  Macenett  Ahumada  y a Edwin Díaz  Martínez  como coautores de los delitos de homicidio,  agravado,  en  concurso  con  homicidio  agravado  en  el  grado  de  tentativa,  previstos  en  los  artículos  103  y  104.7  de la Ley 599 de 20004.   

4. El juicio correspondió al Juzgado 6 Penal  del  Circuito  de  Barranquilla,  autoridad  que  el 18 de diciembre de 2009 los  condenó  a  la  pena  principal  de  30  años  de prisión y a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por 20  años.  Les  impuso  el pago de 100 salarios mínimos legales mensuales vigentes  por     concepto     de     perjuicios    morales5.   

5.  El  fallo  fue  apelado por la defensa de  Díaz  Martínez  y el 12 de  abril  de 2011, la Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de esa  ciudad     confirmó    la    condena    impuesta6.   

7.  El    apoderado    de   Díaz   Martínez  interpuso  y  sustentó  el  recurso extraordinario de  casación que le fue concedido.   

LA DEMANDA  

Al  amparo  del  artículo 207 del Código de  Procedimiento  Penal  de 2000, el defensor del procesado formula un cargo por la  senda  de  la causal primera, violación indirecta de la ley sustancial derivada  de   errores   de  hecho  y  derecho  por  falsos  juicio  existencia.  Así  lo  desarrolla:   

Cargo    único:    Falso    juicio   de  existencia   

Luego de citar que en el fallo se incurrió en  violación  indirecta  producto  de un “error   de   hecho   o   de   derecho7”        enuncia          a          título          de         “ACLARACION” el precepto que consagra  la  tentativa  y  sostiene que si en los hechos investigados, el señor Macenett  Ahumada  reivindicó  su  autoría  en  la  muerte  de Víctor Manuel Hernández  Jiménez,      a      su     representado     Díaz  Martínez  solo  se  le  puede imputar el homicidio en  grado  de  tentativa, luego la sanción a imponer es la prevista en el artículo  27,     inciso     2     del     Código    Penal8.   

Asegura  que: “el  sentenciador  omitió apreciar las declaraciones y pruebas como manda el Art 277  del  C.P.P.,  que  precisa  hacerlos  con  base  en  los  principios  de la sana  crítica,   el   estado   de   sanidad   del   sentido   por   los  cuales  tuvo  percepción9”,  puesto  que  no  se  puede dotar de  plena  validez el relato de Renzo Stip Hernández Jiménez, quien al dedicarse a  la   actividad   delincuencial  tiene  una  personalidad  con  la  que  pretende  “ganar  puntos”  con su  relato.   

No  obstante  lo anterior, para el recurrente  convergen  aspectos  trascendentales  en la declaración de Renzo Stip, esto es,  que  fue  Macenett  Ahumada  quien  le  disparó  al  occiso  y que Díaz  Martínez  fue  la  persona  que le  descargó  el revolver en seis oportunidades pero no lo lesionó; por tanto, las  dos  investigaciones  se  debían  haber  adelantado  en  forma  separada  al no  concurrir razones para conservar la unidad procesal.   

Asoma luego lo relacionado con el principio de  investigación  integral,  el que alega no se respetó, pues no se indagó sobre  la  calidad  de  vida  de  los  sindicados  y  su  personalidad, lo que impidió  “hacer   justicia   al   mejor   nivel10”,  situación   que   a  la  postre  generó   “el   desconocimiento   de   las   probanzas  y  su  No  (sic)  valoración11”.   

Luego, invadiendo otro escenario, destaca que  los  falladores  no valoraron las declaraciones de Maceneth Ahumada y Renzo Stip  como  lo  ordena  la  ley,  lo  que  los llevó a incurrir en un “error  de  hecho  por falso juicio de existencia de tales probanzas  debido  a que estas tienen un valor exacto para la puntual decisión de castigar  cada   conducta  endilgada  a  uno  y  otro  sujeto12”.   

A   continuación,   sostiene   que   va  a  “[d]emostrar  en firme lo que esperan con ansiedad.  El  caso  de  la  ignoración  (sic)  flagrante de las probanzas por parte de la  Sala13”;  y  con  tal  propósito,  advierte,  que   en  este  evento  se  desconoció  que  Maceneth  Ahumada pertenece a una organización criminal y por  tanto,  cada  conducta  se  debía  investigar  por separado, lo que se explica,  “cuando  en la comisión  del   punible   intervenga  una  persona  para  cuyo  juzgamiento  exista  fuero  constitucional           o           legal14”.   

Por   el   contrario,  su  representado  en  condición  de  obrero,  no  contaba con un buen manejo de armas, pues solo ello  aclara  que  la  haya disparado seis veces apuntando a la cabeza del hermano del  occiso  y  no  le  haya  causado ningún tipo de lesión, circunstancia que a la  postre  serviría  igual  para  exculparlo  por  cuanto  la  tentativa  exige la  ocurrencia de cualquier tipo de herida.   

Acomete,  seguidamente, un nuevo análisis de  la  declaración  de  la  víctima Renzo Stip Hernández Jiménez, para concluir  que  aquel  claramente narró como Macenett Ahumada ultimó a su hermano Víctor  Manuel  en  tanto  Edwin  Díaz  Martínez  fue quien atentó contra su vida, por tanto, se deben deslindar el  homicidio de la tentativa en cada uno de los sentenciados.   

Como  normas infringidas citó los artículos  1,  11,  12  y 228 de la Carta Política; 1 y 13 del Código Penal; 16, 20, 24 y  238 del Código de Procedimiento Penal.   

Finaliza su argumentación, insistiendo en que  se   vulneró   el   debido   proceso   pues  a  Díaz  Martínez, solo se le podía aplicar la pena señalada  en   el   inciso   2  del  artículo  27  del  Código  Penal  que  consagra  la  tentativa.   

CONSIDERACIONES  

La inadmisión de la demanda  

1.-  Cualquiera  sea  la  causal invocada, la  demanda  de  casación  no es un escrito de libre elaboración en tanto que debe  cumplir  con  los  requisitos  establecidos  en  el artículo 212 del Código de  Procedimiento  Penal,  como  citar  las  normas  que  se consideren infringidas,  determinar  la  clase  de quebrantamiento, indicar los fundamentos completos con  claridad,  precisión  y  lógica,  en  armonía  con  la  naturaleza  del vicio  reprochado,   además   de   demostrar   la   trascendencia   del  yerro  en  la  decisión.   

2.  La  Corte,  de  tiempo  atrás, ha venido  insistiendo  en  que  el  juicio  de  admisibilidad  de una demanda de casación  comprende  el  estudio  de  dos  aspectos,  (i)  la idoneidad formal, que guarda  relación  con  el  cumplimiento  de  las  exigencias de claridad, concreción y  debida  fundamentación requeridas por la ley y la lógica de la causal aducida,  y  (ii)  la  idoneidad sustancial, que apunta con la aptitud del escrito para la  realización  de  los  fines del recurso en los precisos términos señalados en  el  artículo  206  de  la  Ley  600  de  2000, normatividad bajo cuya égida se  desarrolló el presente proceso.   

Ahora,  si  este  doble  escrutinio  arroja  resultados  negativos,  ya  sea porque se advierte que la demanda desatiende las  exigencias  mínimas  de contenido formal que la normatividad y la teoría de la  casación  exigen  para  poder  transitar hacia su estudio de fondo, o porque de  entrada  se  establece  que  el  escrito  es inidóneo para el fin propuesto, la  decisión  deber ser la de inadmisión, ello con el propósito de resguardar los  principios de economía procesal y de eficacia de la justicia.   

3.  Como del mismo planteamiento del cargo se  observa  que  la  demanda no supera el examen propuesto, se ha de inadmitir. Las  razones:   

El falso juicio de existencia.  

(I)  Lo  que  el  casacionista  presenta como  desarrollo  del cargo consiste única y exclusivamente en su particular tesis, a  través  de  frases,  las  más  de  las  veces  deshilvanadas, de que la única  realidad  de lo sucedido apunta a que su defendido solo puede ser juzgado por el  delito  de  homicidio  en  el  grado  de  tentativa, y no por el concurso con el  delito   de   homicidio   agravado   consumado   por   el   que   también   fue  condenado.   

(II) Ese tipo de análisis, que eventualmente  puede  ser  admitido  en  las  dos  instancias,  resulta  extraño  en  sede  de  casación,  como  que  ésta  no  estructura  una  tercera  instancia,  donde el  afectado  pueda  acudir  libremente  a reabrir debates probatorios ya superados,  con  la  esperanza de que su personal y subjetiva forma de valorar las pruebas y  la  normatividad  aplicable al asunto, se contraste con la de los jueces y se la  haga prevalecer.   

(III)  El  censor  se limitó a trascribir un  segmento  de  la  norma  escogida  e  invocó  la  causal  primera  de casación  consagrada  en  el  artículo  207  de  la  ley  600  de  2000,  argumentando la  violación  indirecta  de  la  ley  por  errores de hecho y de derecho, y aunque  invoca un falso juicio de existencia no lo desarrolló.   

Así,  si se trata de violación indirecta de  la  ley  sustancial,  le  resultaba forzoso atacar la prueba rechazando en forma  parcial  o  total  los  hechos  y  de  esa manera, precisar si en la valoración  probatoria  el  juzgador  incurrió  errores  de  hecho  por:  falso  juicio  de  existencia,  falso  juicio  de  identidad,  o  falso raciocinio, en cuyo caso le  competía  cuestionar técnicamente el proceso de apreciación probatoria; o si,  por  el  contrario,  la  equivocación  fue  producto de errores de derecho, por  falso  juicio  de convicción, o falso juicio de legalidad, tenía que demostrar  que  se  le  negó a la prueba el valor que la ley le otorga, o se desconocieron  los  requisitos  para  su  aducción.  Ninguno  de  tales deberes cumplió en la  demanda.   

(IV)  También faltó a la técnica cuando en  su  confusa  argumentación  dirigió la demostración del error a cuestionar la  apreciación  del  testimonio  de Renzo Stip Hernández Jiménez, para anteponer  su  personal  forma  de  evaluarlo  por  encima  del  valor que le otorgaron los  falladores.   

Al  cuestionar  el  grado  de  credibilidad,  cometió   un  grave  error  conceptual  pues  cuando  se  reprocha  el  mérito  persuasivo   que   se  le  concede  a  determinado  medio  de  conocimiento  por  transgredir  los  postulados  que  gobiernan la sana crítica, el ataque se debe  dirigir por vía del falso raciocinio.   

(V)   No   menos   impropia   resulta   su  argumentación  al  afirmar  que  no  se respetó el principio de investigación  integral  al  no  recaudarse  pruebas  que  acreditaran  la calidad de vida y la  personalidad  de  los sindicados. Si lo pretendido era postular en casación una  censura   por   violación  al  principio  de  investigación  integral,  debía  encaminar  su  ataque por la senda de la nulidad, indicando los medios de prueba  que  se  dicen  omitidos  así  como su conducencia, pertinencia, utilidad y los  beneficios  que  traerían  a  los  intereses  del  procesado  respecto  de  las  conclusiones del fallo cuestionado.   

Ninguna de estas exigencias establecidas para  la  adecuada  postulación  del  cargo  cumplió el libelista, pues se limitó a  considerar  que  al  no  indagarse  por la personalidad y calidad de vida de los  sindicados  no  se  logró   “hacer justicia al  mejor  nivel15”,     lo    que    a    la    postre  generó  “el  desconocimiento de las probanzas y su  No            (sic)            valoración16”;  sin  embargo,  no indicó en concreto qué medios de conocimiento  fueron  omitidos  y  por  qué los aspectos que pretendía acreditar, en caso de  ser relevantes, no fueron establecidos por otras pruebas.   

(IV) Aunado a ese desacierto, cuestiona en el  mismo  reproche  que en la sentencia impugnada se desconocieron las versiones de  Maceneth  Ahumada  y  Hernández  Jiménez  y  por  tal motivo, postula un falso  juicio  de  existencia. Ello indicaría, que el Tribunal dejó de valorar éstas  pruebas   que   obraban   en   el   proceso  con  efectos  trascendentes  en  el  fallo.   

Nótese   como,  las  palabras  del  propio  demandante  niegan  la exclusión aludida, porque renglones adelante señala que  el   sentenciador   omitió   apreciar   aquellas   declaraciones   en  aspectos  trascendentales:  la  versión de Macenett Ahumada cuando reivindica su autoría  en  el homicidio de Víctor Manuel y el testimonio de Hernández Jiménez, quien  admite  que  Díaz  Martínez  fue  la  persona  que  le  descargó  el revolver, pese a que resultó ileso, de  donde  resulta  incontrovertible  que  las  declaraciones  echadas  de menos sí  fueron  apreciadas.  Cosa  diferente,  que  no  constituye  el  falso  juicio de  existencia  denunciado,  es  que  el  recurrente  no  comparta  la  apreciación  judicial.   

La  Sala  destaca  de  otra  parte, que no es  cierto  que  sobre la participación de Díaz Martínez  en  la  muerte  violenta  de Víctor Manuel Hernández  Jiménez,  los  argumentos  judiciales  hubieran desconocido la verdad que surge  del  plenario,  esto  es  que  Macenett  Ahumada  es el único responsable en la  muerte    de    Víctor    Manuel    y    que   Díaz  Martínez,  solo  se  encuentra  comprometido  en  el  atentado  contra  la vida de Renzo Stip, pues esa no fue la conclusión a la que  llegaron  los  falladores.  Sobre  este  particular,  no se debe olvidar que las  sentencias     de    primera    y    segunda    instancia    conforman    unidad  inescindible.   

Así,   en   punto   de  la  coautoría  el  A quo destacó:   

“En  este  orden  de  ideas  no queda duda  acerca  de  la  responsabilidad  de los acusados WILLIAM MACENET AHUMADA Y EDWIN  DIAZ  MARTINEZ  en calidad de coautores, por cuanto el propósito era acabar con  los  hermanos  JIMENEZ  DIAZ, en el momento mismo de ejecutar el ilícito lo que  hubo  fue una división de trabajo, cuando MACENET le indica a su compañero que  él  se  encarga  de  VICTOR  y este persiga al hermano. Al obtener el resultado  propuesto  sólo para uno y no para el otro, los acusados deberán responder por  ambos  delitos17”   

Razonar   en   la   forma  que  propone  el  casacionista  es  desconocer  que las conductas punibles conexas se investigan y  juzgan  conjuntamente,  y  que,  en  este  evento  la  conexidad  deviene  de la  coparticipación criminal, a título de coautoría.   

(V)  Por  lo demás, resulta sin sustento la  tesis  de  que en este evento se desconoció que Macenett Ahumada por pertenecer  a  un  grupo  delincuencial  mantiene  un  fuero  legal  que  imposibilitaba  el  juzgamiento  de  estas  conductas  bajo  una  misma  cuerda procesal.  El  señalamiento,  además de resultar  extraño  al  cargo  presentado,  se  muestra  como una simple especulación del  defensor,  pues  no  existe  norma  alguna  que  indique que los miembros de una  organización   criminal   ostentan   algún  tipo  de  fuero  constitucional  o  legal.   

(VIII)  En últimas, lo que se observa es una  clara  desatención  a  las  reglas  de  argumentación  que  rigen  la técnica  casacional,  pues además de los desaciertos advertidos, el recurrente finalizó  su  argumentación denunciando lesiones al debido proceso, con lo cual se revela  lo  equivocado  de  su razonamiento, pues ésta última irregularidad exige como  solución  la declaratoria de nulidad, en aras de restablecer las garantías, en  tanto  que  el error por falso juicio de existencia propuesto, comporta un fallo  de  remplazo,  y  simultáneamente  no se pueden adoptar dos decisiones opuestas  con los mismos argumentos.   

(IX) De esta manera, el desarrollo del cargo  vulnera  los  principios  de autonomía y no contradicción, sin que con ninguna  de  las reflexiones equivocadamente escogidas logre demostrar el error anunciado  y  como  quiera que la Corte, no puede entrar a complementar el libelo en virtud  del principio de limitación, se impone su inadmisión.   

Finalmente, como del estudio del proceso no se  vislumbra   violación   de   derechos  fundamentales  o  garantías  de  algún  interviniente  que  determine  el  ejercicio  de la facultad oficiosa de índole  legal    que    al    respecto   le   asiste   en   procura   de   asegurar   su  protección,  no hay lugar a  la intervención de la Corte.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia   

RESUELVE  

Primero.    INADMITIR   la demanda de casación presentada por el defensor de Edwin Díaz Martínez.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso.   

Notifíquese y cúmplase  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ LUIS BARCELÓ  CAMACHO   

            

FERNANDO ALBERTO  CASTRO CABALLERO  

SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ   

            

MARÍA  DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ  GUZMÁN             

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO  

JULIO ENRIQUE SOCHA  SALAMANCA   

            

JAVIER DE JESÚS  ZAPATA ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Según  se  conoce,  los  dos  hermanos  hacían parte de la banda delincuencial  conocida como los “tumbapuertas”   

2 Folio  5 y 6 cuaderno1.   

3  Folios 30 a 34 cuaderno1.   

4  Folios 101-108 cuaderno 1.   

5  Folios  160  a  173  cuaderno  2.  Se  precisa  que  en  la  parte  motiva de la  providencia  se  estableció  que los procesados no tenían derecho a ninguno de  los sustitutos penales (folio 172 Ibídem).   

6 Cfr.  Fl. 56-68 Ibídem.   

7 Folio  89 Id. La subraya es del texto.   

8  ARTICULO  27.  TENTATIVA.  El que iniciare la ejecución de una conducta punible  mediante  actos idóneos e inequívocamente dirigidos a su consumación, y ésta  no  se  produjere por circunstancias ajenas a su voluntad, incurrirá en pena no  menor  de  la  mitad del mínimo ni mayor de las tres cuartas partes del máximo  de la señalada para la conducta punible consumada.   

Cuando la conducta punible no se consuma por  circunstancias  ajenas  a la voluntad del autor o partícipe, incurrirá en pena  no  menor  de  la  tercera parte del mínimo ni mayor de las dos terceras partes  del  máximo  de  la  señalada  para  su  consumación,  si  voluntariamente ha  realizado todos los esfuerzos necesarios para impedirla.   

9 Folio  91 cuaderno del Tribunal   

10  Folio 93 ibídem.   

11  Ibídem.   

12  Folio 95 ibídem   

13  Ibídem.   

14  Folio 96 Ibídem.   

15  Folio 93 ibídem.   

16  Ibídem.   

17  Folio 171 y 172 cuaderno 2.     

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