37353(28-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 37353  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº 351  

Bogotá,  D.C., veintiocho (28)  de septiembre de dos mil once (2011)   

V   I   S   T   O  S   

La  Sala  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Rafael         Ángel         Manjarrés        Charris,  contra  la  sentencia  del  6  de  abril  de  2011,  dictada  por  el  Tribunal  Superior de  Barranquilla,  por  medio de la cual confirmó la proferida por el Juzgado Penal  del  Circuito  de  Soledad, el 28 de mayo de 2009, que lo condenó como autor de  la    conducta    punible   de   contrato   sin   cumplimiento   de   requisitos  legales.   

  H   E   C   H   O  S   

El  juzgador  de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“El entonces Alcalde de Palmar de Varela  (Atlántico),  del  año de 1996 (ciudadano Rafael Manjarrés Charris), declaró  la  urgencia manifiesta en varias ocasiones en ese municipio en atención al mal  estado  en  el  que  se  encontraba  el  sistema  de  aguas servidas, por lo que  adjudicó  directamente  una  serie  de contratos con el objeto de construir las  etapas  1a,  2a  y  3a  del  alcantarillado  de  la población, desconociendo la  normativa vigente en materia de contratación pública”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Por  los  anteriores hechos, la Fiscalía General de la Nación, el  10  de  junio  de  2004, profirió resolución de acusación contra Rafael  Ángel  Manjarrés Charris por el  delito  de  contrato  sin cumplimiento de requisitos legales, providencia que al  ser recurrida fue confirmada el 12 de marzo de 2007.   

2. El expediente pasó al Juzgado Penal del  Circuito  de  Soledad  que,  el  28  de  mayo  de  2009, condenó a Rafael  Ángel  Manjarrés  Charris a la  pena  principal  de  5  años de prisión, multa de 10 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  e  interdicción  del  ejercicio  de  derechos  y funciones  públicas  por  el  mismo lapso de la privativa de la libertad, como autor de la  conducta    punible    de    contrato    sin    cumplimiento    de    requisitos  legales.   

3.  Apelado  el  fallo por el defensor y el  apoderado  de  la  parte  civil,  el  Tribunal Superior de Barranquilla, el 6 de  abril de 2011, lo confirmó en su integridad.   

Contra  la  anterior  decisión, la defensa  técnica interpuso recurso de casación.   

LA    DEMANDA  DE   CASACIÓN      

Con base en la causal primera de casación,  presenta dos reproches contra la sentencia, así:   

Primer cargo  

Acusa  al  Tribunal  de  haber  violado, de  manera  directa,  la ley sustancial “por aplicación  indebida,  numeral 1° del artículo 207 del Código de Procedimiento Penal (Ley  600 de 2000)”.   

Como   normas   vulneradas   enuncia  los  artículos  2°  y  29 de la Constitución Política, 24, literal f, 41, 42 y 43  de  la  Ley 80 de 1993, 3° del Decreto 855 de 1994, 5°, numeral 1°, de la Ley  57  de  1887,  2° de la Ley 153 de 1887 y 7°, 8°, 12, 15, 16, 18, 24 y 26 del  Código de Procedimiento Penal.   

Aduce que la Ley 80 de 1993 y el Decreto 855  de  1994  no  son  aplicables  a  la  contratación  directa,  en los eventos de  declaratoria de urgencia manifiesta.   

Después  de reseñar apartes de los fallos  de  instancia, comenta que las aseveraciones de los juzgadores no concuerdan con  las  disposiciones  aplicables  a  este  caso,  dado  que la obtención de las 2  ofertas  como  requisito  previo para contratar es aplicable a todos los eventos  de  contratación  directa,  relacionados  en dicha normatividad, menos en donde  sea  declarada  la  urgencia manifiesta, la cual permite adjudicar los contratos  de  manera  directa para adquirir bienes, obras o servicios, cuando se presenten  circunstancias  fácticas  que  requieran una pronta solución, en aras a evitar  que  se vea afectado el interés público o se suspenda la prestación del   servicio.   

Dice  que  es  cierto que los montos de los  contratos  de  las obras de alcantarillado del municipio de Palmar de Varela, se  ubican  en  los  de  menor   cuantía, pero  se  celebraron   bajo   la   figura   de  urgencia manifiesta, la cual no exige el  cumplimiento  de  las formalidades plenas para  la  celebración   de    los   contratos,  sosteniendo  que  “por  tratarse  de  una  norma  posterior  -literal  f ibidem-, y por ser un asunto de  carácter  especial  -urgencia  manifiesta-,  debe  dársele  preferencia a esta  disposición  legal  sobre  el  precepto  normativo  que regula la contratación  directa    respecto   de   los   contrato   de   menor   cuantía   –literal a) Ley 80 de 1993”.   

Por  lo  expuesto, pide a la Corte casar la  sentencia impugnada y, en su lugar, absolver a su representado.   

Segundo cargo  

Acusa  al  Tribunal  de  haber  violado, de  manera  directa, la ley sustancial por interpretación  errónea,  numeral 1° del artículo 207 del Código de Procedimiento Penal (Ley  600 de 2000)”   

Como   normas   vulneradas   enuncia  los  artículos  2°  y  29 de la Constitución Política, 24, literal f, 41, 42 y 43  de  la  Ley 80 de 1993, 3° del Decreto 855 de 1994, 5°, numeral 1°, de la Ley  57  de  1887,  2° de la Ley 153 de 1887 y 7°, 8°, 12, 15, 16, 18, 24 y 26 del  Código de Procedimiento Penal.   

Valga  aclarar  que las censuras propuestas  contra  el  fallo  de  segundo  grado,  se  fundamentaron  en  el  salvamento de  voto   

Después  de reseñar apartes de los fallos  de  instancia, advierte que el Tribunal “no entró a  considerar  el  cumplimiento  del  segundo axioma requerido por el tipo penal de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos legales, reglado en el artículo 146  ejusdem,  como  lo  es,  que  el  procesado  haya  ejecutado  la  acción con el  propósito  de  obtener un provecho ilícito para si, para el contratista o para  un  tercero,  quedando  corta  la  interpretación  realizada  por los jueces de  instancias,  quienes  sólo  se  limitaron  a cerciorarse del incumplimiento por  parte   de   mi   defendido   de   los   requisitos  esenciales  al  momento  de  contratar…”.   

Considera  que  si  no  se hubiera dado por  demostrada  la  tipicidad  objetiva  del hecho investigado, la sentencia habría  sido  absolutoria.   

Por lo anterior, solicita a la Sala casar la  sentencia  impugnada y, en su lugar, absolver a Rafael  Ángel Manjarrés Charris.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

1.  Recuérdese  que  dado  el  carácter  extraordinario  de  la  casación, compete al libelista elaborar la demanda bajo  los   estrictos   parámetros  contemplados  en  la  ley  y  decantados  por  la  jurisprudencia.  De  ahí  que  no  basta  con  afirmar que en la sentencia o al  interior  del  proceso  se cometió un error de derecho o de actividad, en tanto  debe  demostrar la existencia del vicio y su trascendencia frente a las plurales  decisiones adoptadas en el fallo.   

Cuando la censura se postula por la vía de  la  infracción  directa  de  la  ley sustancial, el casacionista acepta que los  hechos  y  las pruebas declaradas como probadas en el fallo fueron correctamente  apreciadas,  razón  por  la cual el debate se circunscribe a la aplicación del  derecho,  sin que tengan cabida aspectos relacionados con la credibilidad de los  elementos de juicio y del acontecer fáctico.   

En esa medida, la labor de demostración de  la  trascendencia  del  vicio  deberá  estar  sustentada  en  evidenciar que el  juzgador  seleccionó  una  norma  que  no  era la llamada a gobernar el asunto,  omitió  otra  que sí resolvía los extremos de la relación jurídico procesal  o,  habiéndola  escogido  correctamente le dio un alcance interpretativo que no  se deriva del texto de la ley.   

De  manera  que  si  no  se  cumple con los  anteriores    derroteros,    sin    duda,   se   impone   la   inadmisión   del  libelo.   

2. En el supuesto que ocupa la atención de  la    Corte,    resulta    claro    que    los   dos  cargos  presentados  por  el  demandante  contra  la  sentencia  de  segunda instancia, no reúnen los anteriores presupuestos, razón  por la cual, desde ya, se anuncia su inadmisión.   

Respecto al primer  cargo  que  el  casacionista presenta contra el fallo  del  Tribunal,  no  obedece  a  los citados parámetros, en orden a demostrar la  infracción  directa de la ley por aplicación indebida de la norma que señala,  toda  vez que el discurso argumentativo lo centró en justificar las razones que  tuvo  el  acusado  para  no  dar cabal cumplimiento al estatuto de contratación  estatal.   

Lo  anterior no es un postura radical de la  Corporación,   puesto  que  éste  pretende  debatir  las  consideraciones  del  juzgador,  pero  no  desde  el punto de vista jurídico como correspondía, sino  que  apartándose  de  los hechos demostrados en el diligenciamiento, insiste en  que  el  ex  Alcalde  se  hallaba  ante  una  situación de urgencia, lo cual lo  llevaba a realizar una contratación directa.   

En  tales condiciones, de esas particulares  hipótesis   no   se   evidencia  en  qué  consistió  la  infracción  a  ley,  inobservancia  que  la  Corte  no  puede  corregir,  en  virtud del principio dg  limitación que rige la casación.   

Igual situación ocurre con el segundo   reproche,   puesto   que   no  demuestra  que efectivamente los hechos declarados como probados en la decisión  recurrida,  no  encajan  en  la  descripción típica del delito por el cual fue  condenado el procesado.   

El argumento principal se basa en que no se  demostró  que  el  comportamiento del acusado, tenía como fin el de obtener un  provecho  para  sí o para una tercera persona, afirmación que lo conduce a los  senderos  de  la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, puesto que está  discutiendo  el  acontecer fáctico reseñado en el fallo, lo cual constituye un  abierto   desatino   a   los   presupuestos   que  gobiernan  esta  impugnación  extraordinaria.   

En  fin, como quiera que las censuras sólo  evidencian  una  personal forma de valorar los hechos, deviene necesariamente la  inadmisión de la demanda.   

De  todas  formas,  el  juzgador dio serios  argumentos  del  por  qué  la  conducta de Manjarrés  Charris  se  adecuaba  al  punible  de  contrato  sin  cumplimiento    de   requisitos   legales,   así   como   su   responsabilidad.  Véase:   

“5.5.4.  Es este el momento oportuno para  precisarle  al  censor  que  se equivoca al afirmar que en virtud de la urgencia  manifiesta  que  el  procesado  (entonces Alcalde de Palmar de Varela) dictó el  Decreto  093  de  1996,  podía  escoger  al contratista que mejor le pareciera,  puesto  que  existía un procedimiento que era necesario agotar antes de asignar  las   obras  del  1er.  sector  del  alcantarillado  de  esa  población  y  que  desconoció.   

“Así las cosas, se tiene que la urgencia  manifiesta  es  una  de las excepciones a la regla general de selección general  de  los  contratistas (la licitación pública), y se constituye como uno de los  casos  de  contratación  directa del artículo 24 de la Ley 80 de 1993. Empero,  tal  figura  jurídica  no  releva  al  servidor  público de la aplicación del  principio   de  transparencia  tantas  veces  mencionado  -a  pesar  de  que  se  sacrifican  algunos  axiomas  fundamentales-, ya que es necesario que observe un  procedimiento  que  sirve  para  asegurar  la  debida  consecución de los fines  esenciales  del  Estado, en un marco de legalidad, objetividad y certeza, puesto  que  no  vale  realizar  un fin determinado (la obra pedida, prestar el servicio  que  se requiere o conjurar una emergencia) si se ignora la ley y los postulados  básicos  de  la  contratación. Es decir, en materia jurídica y en derecho, no  todo vale.   

“Ahora,  si  bien  el  recurrente  hizo  alusión  al  artículo  21  del  Decreto  855 de 1994, para justificar el hecho  delictivo   enrostrado   a   Rafael   Manjarrés   Charris,   pues   según   su  interpretación  en  los  casos  de  urgencia  manifiesta  no  resulta necesario  obtener  previamente  ofertas o publicar avisos que inviten a contratar, la Sala  considera  que  tal  postura  jurídica contraría las postulados básicos de la  contratación  estatal  pues  desconoce  abierta  y tajantemente el principio de  transparencia.  Nunca  un Decreto puede contrariar los postulados básicos de la  contratación  estatal  sino  que  debe  interpretarse  de  manera  armónica  y  sistemática con la normativa.   

“Así  las  cosas,  si no se propone  una  mejor  solución  al  caso – la que no dio el recurrente -, se tiene que en  los  asuntos  sometidos  a la contratación directa por declaratoria de urgencia  manifiesta,  deben someterse al siguiente procedimiento y que la doctrina recoge  así, al analizar el artículo 41 de la ley 80/93:   

“…la secuencia es: etapa de planeación  previa  a  la  apertura  del proceso de selección, disponibilidad presupuestal;  apertura  y  desarrollo del proceso de selección; presentación de las ofertas;  Selección    o   adjudicación;   celebración   del   contrato;   y   registro  presupuestal…”.   

“5.5.5. Aterrizando lo arriba expuesto, se  tiene  que  acertó  la  Juez  de  primera  instancia al acoger las pretensiones  acusatorias  de  la  Fiscalía  y  condenar  al  encartado,  ya que existió una  abierta  violación  del  principio de transparencia de la contratación estatal  por  parte del entonces Alcalde de Palmar de Varela, al haber escogido de manera  irregular  y  sin  mediar  ninguna  otra  opción  al  ciudadano  Freddy Augusto  Santiago  Molina como interventor del proyecto de construcción de las obras del  alcantarillado  de  su  municipio,  hecho  que  se  le  reprocha, viniendo de un  servidor  público  curtido  que  sabía  de  la necesidad para aprestigiar a la  Administración   frente  a  la  sociedad  y  blindarla  de  cualquier  viso  de  corrupción.   

“Resulta deplorable que se haya valido de  la  figura de la urgencia manifiesta para favorecer a algunos particulares, y de  la  cual no tuvo ningún reparo en abusar, ya que sin mediar una razón aparente  y  lógica la decretó nuevamente el 24 de septiembre de 1997, a fin de celebrar  otros  dos  contratos  de  interventoría  con  los  ciudadanos  Ricardo Canaval  Guzmán  y  José Martínez Reyes en similares circunstancias irregulares al que  suscribió  con  Freddy Santiago y de los que ni siquiera se tiene certeza de la  fecha de su suscripción.   

“Tales irregularidades no fueron cometidas  por  un  lego  en  materia  jurídica  y  de contratación, sino por una persona  curtida  en  el  manejo de lo público, toda vez que el procesado se desempeñó  en  varias  oportunidades  como  Alcalde  de  Palmar de Varela, que además contaba con asesoría jurídica  de los funcionarios de los que se rodeaba.   

“5.5.6. No puede pasarse por alto el hecho  que  ante el irregular manejo que el procesado le dio a la figura de la urgencia  manifiesta,  la  Fiscalía  no  haya  adelantado las investigaciones de rigor en  contra  de  Manjarrés  Charris  por  el  punible  de prevaricato por acción al  proferir decretos de urgencia manifiesta sin la debida motivación.   

“Es  decir,  el Estado tampoco pudo hacer  justicia  material  sobre esas irregularidades por la falta de organización del  Fiscal  del  caso  (que no vio el asunto íntegramente sino que se quedó en las  minucias  del  caso),  que  permitió  dejar  en  firme  un decreto abiertamente  irregular  (el  decreto  de  urgencia  manifiesta  060  de  1997)  y a la postre  revistió  de  legalidad  unos  contratos  que poco o nada aportaron a Palmar de  Varela,  que  en  la actualidad carece de servicio de alcantarillado. Empero, no  resulta  viable  compulsar copias para investigar al encartado por esta conducta  punible,  ya  que  estaría  muerta  la investigación desde su inicio, pues los  hechos ocurrieron en 1997, hace más de 14 años”.   

Como  bien  puede  apreciarse,  en  estas  consideraciones  no se vislumbra los yerros demandados, rrazón por la causal se  inadmitirá la demanda.   

Resta  señalar  que  no se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado  o  dentro  de la actuación se viola derechos o  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia imponga  superar  los  defectos  del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el  artículo 216 de la Ley 600 de 2000.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de  Rafael    Ángel   Manjarrés   Charris,  por  lo  anotado en la motivación de  este proveído.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Cópiese,   comuníquese   y   cúmplase.  Devuélvase al Tribunal de origen.   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                    JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ           

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                      SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ             

                                                                                                                      

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                                      MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

                                                                                                                                 Permiso   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                                        JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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