37303(21-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     nº  37303   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 340.  

Bogotá D.C., septiembre veintiuno (21) de dos  mil once (2011).   

VISTOS  

Acomete  la  Sala  la  constatación  de las  exigencias  de  argumentación  lógica  y  suficiente en la sustentación de la  demanda  casacional presentada por el defensor de EDWIN  YAIR  HERNÁNDEZ,  contra  la  sentencia  proferida en  segunda  instancia por el Tribunal Superior de Ibagué el 25 de febrero de 2011,  a  través  de  la  cual confirmó el fallo dictado por el Juzgado Primero Penal  del  Circuito  del  Espinal  el  30  de  septiembre  de  2008, por cuyo medio lo  condenó  como  autor  penalmente  responsable  del concurso de delitos de hurto  calificado   agravado   y   porte   ilegal   de   arma   de   fuego  de  defensa  personal.   

HECHOS  

En el fallo de segundo grado fueron resumidos  de  manera  adecuada  los sucesos motivo de este averiguatorio en los siguientes  términos:   

“En  horas de la  noche  del  25  de mayo de 2005, cuando el agente de la Policía Nacional CARLOS  ANDRÉS  CALDERÓN  NIZO  se  encontraba verificando una dirección en el barrio  San  Luis  de  la  localidad de Flandes acompañado de su compañero de patrulla  LUIS  ALFONSO CASTIBLANCO ÁLVAREZ, fueron asaltados por tres individuos, dos de  ellos  con  arma  de fuego, quienes luego de intimidarlos le hurtaron a éste un  celular  y  la suma de ochenta mil pesos. Como Carlos Andrés Calderón intentó  huir  cuando los facinerosos hurtaban a su compañero, le dispararon hiriéndolo  en  el  tercio  medio del muslo izquierdo, lesión que le causó una incapacidad  médico legal de 12 días sin secuelas”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Con fundamento en la denuncia presentada por  Carlos  Andrés Calderón, la  Fiscalía   Seccional   del   Espinal  dispuso  la  correspondiente  indagación  preliminar,  y  luego  de  practicar  algunas  diligencias  declaró  abierta la  instrucción,   en  desarrollo  de  la  cual  vinculó  mediante  indagatoria  a  EDWIN   JAIR   HERNÁNDEZ,  resolviéndole   su   situación   jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  sin  derecho  a libertad provisional, como posible autor  del  concurso  de delitos de hurto calificado agravado y porte ilegal de arma de  fuego de defensa personal.   

Clausurada  la  fase instructiva, el mérito  del  sumario  fue  calificado  el  27  de  diciembre  de 2005 con resolución de  acusación  en  contra  del procesado como posible autor del concurso de delitos  que sustentó la medida de aseguramiento.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado Primero Penal del Circuito del Espinal, despacho que una vez surtido  el  rito  pertinente  profirió  fallo  el 30 de septiembre de 2008, mediante el  cual  condenó  a  EDWIN  JAIR  HERNÁNDEZ  a  la  pena  principal de cincuenta (50) meses de prisión y a las  accesorias  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas,  y prohibición de porte o tenencia de armas por el mismo lapso, como  autor  penalmente  responsable  del  concurso  de  delitos  de  hurto calificado  agravado y porte ilegal de arma de fuego de defensa personal.   

En  la  misma  decisión  le  negó tanto el  subrogado   de   la   condena   de  ejecución  condicional,  como  la  prisión  domiciliaria sustitutiva de la intramural.   

Impugnada  la  sentencia  por la defensa, el  Tribunal  Superior  de  Ibagué la confirmó mediante fallo del 25 de febrero de  2011,  contra  el  cual  se  dirige ahora el recurso extraordinario de casación  interpuesto  por  el defensor del acusado, cuya admisibilidad se estudia en esta  providencia.   

EL LIBELO  

          Apoyado  en  el  artículo  207 de la Ley 600 de 2000, el demandante  afirma  que  los  falladores erraron “en la actividad  probatoria,  en  la  producción y aducción de los elementos de juicio, algunas  se  desconocieron  y a otros se les otorgó un mérito distinto al reconocido en  la  ley.  También  hubo  error de hecho en materia probatoria, en el sentido en  (sic)  que se trasgredió la  información  suministrada  por  los declarantes en las pruebas que se arrimaron  al  proceso  las  pruebas  testimoniales  suministradas por el SR MIGUEL ANTONIO  GALEANO   MURILLO   Y   EL   SR  JOSÉ  ARIEL  LEAL  ALDANA,  se  distorsionaron  colocándolos  a  decir  lo  que  su texto no dice, haciéndole expresar, lo que  objetivamente no dijo, ni demuestra”.   

          También   dice   que   “se  apartó  el  juzgador  de  segunda instancia, de los medios de convicción, de los postulados  de  la  sala (sic) crítica de  la  ley  de  la  lógica,  de  la  experiencia  y del sentido común”.   

          De  otra  aparte afirma que el Tribunal otorgó a las entrevistas de  Niny  Johana  y Sandra  Lievano, realizadas por parte de la  policía,  un valor que no tenían, pues conforme al artículo 314 de la Ley 600  de  2000  sólo  sirven  como  criterios  orientadores  de la investigación, de  manera que se incurrió en un falso juicio de convicción.   

          Añade  que no hay contradicción entre lo dicho por las mencionadas  entrevistadas      y      el      testigo     Edwin  Hernández,   pues  “este  deponente  no  manifiesta  haberse  enterado  siquiera, que en su cuadra, la SRA  NINY   JOHANA   LIEVANO   GUARÍN,   se   halla  (sic)  enfermado   como   consecuencia   de   sus  molestias  halla  (sic) sido llevada al  centro  de  salud,  ya  había  pasado el incidente de los disparos, luego no se  encuentra  contradicción  ninguna  entre  lo narrado por el SR JOSÉ ARIEL LEAL  ALDANA,  y  lo  efectivamente  sucedido,  pues el (sic)  refiere  es  que  10  o  15 minutos después vio al SR  EDWIN     en     ese     sitio    acompañado    de    su    señora”.   

          “El  SR  JOSÉ ARIEL ALDANA, quien si se  entero  (sic) de la enfermedad  y  el  traslado  de  la SRA NINY JOHANA LIEVANO GUARÍN, al centro de salud, por  que  (sic) lo vio cuando este  (sic)   tomo  (sic)   un   taxi   con  la  muchacha,  y  manifiesta   que   el  (sic)  salió  de  su  casa  en compañía e la abuela, y vio a los vecinos, que él se  entro  (sic),  y  su  abuela  quedo  (sic) afuera, pero a el  SR   EDWIN   no   lo  vio  por  ahí,  muy  posiblemente  por  que  (sic)  aún  no  había regresado; una vez  que    el    tan    solo   salió,   según   se   desprende   en   (sic)  su declaración un corto tiempo, un  valor que la ley no asigna”.   

          “Existió un falso juicio, de existencia  por  que (sic) el juzgador de  primera  instancia,  supuso  la  existencia de una prueba, que no obstante obrar  como      entrevista      del      proceso      le      otorgo      (sic),   un   valor  que  la  ley  no  le  asigna”.   

          “Un falso juicio de identidad, en el que  pudo  incurrir  el  sentenciador de segunda instancia, cuando en la apreciación  de  las  pruebas  testimoniales  de  el SR MIGUEL ANTONIO GALEANO MURILLO, folio  número  78,  79  y  el  SR JOSE ARIEL LEAL ALDANA, folio numero 80, 81 les hace  decir,  lo  que  ellos  objetivamente  no  dijeron,  creando una distorsión del  contenido   material   de  su  declaración,  por  que  (sic)  los coloca a decir lo que el texto no encierra,  expresando   lo   que   objetivamente   no   demuestra   la   prueba”.   

          En  otro  aparte  dice que “las reglas de  la   experiencia,   el   sentido   común,  el  instinto  de  conservación,  la  instrucción  recibida  por los policiales, el instinto de conservación del ser  humano,  la  prestación  del servicio policial que se cumplía al momento de la  ocurrencia  de  los  hechos, indican que los policiales CARLOS ANDRÉS CALDERÓN  NIZO  Y LUIS ALFONSO CASTIBLANCO ÁLVAREZ, deberían estar previstos  (sic) de armas de fuego, el desarrollo de  los  hechos,  prender  el  carro  y  andarlo  mas (sic)  o  menos  una cuadra para recoger al otro policía, el  correr  una cuadra, recibiendo disparos, sugieren (sic)  el  uso de armas de fuego, por parte de los policiales  como  mecanismo  defensivo,  hecho  que  no  se por que  (sic),  en  la  denuncia  no  se  menciona”.   

          A  partir  de lo expuesto, el demandante solicita a la Sala casar el  fallo  atacado,  para  en  su lugar proferir sentencia absolutoria a favor de su  asistido.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Cuestión inicial   

Antes  de adoptar alguna decisión en punto  de   la   admisibilidad   del  libelo  casacional  presentado  por  el  defensor  del  procesado  EDWIN JAIR  HENÁNDEZ,   advierte   la   Sala  que  es  necesario  pronunciarse acerca     de     la     prescripción   de   la   acción  penal  derivada  del delito de porte ilegal de arma de fuego  de defensa personal.   

Para  tal  cometido  impera  señalar  que  de  acuerdo  con lo establecido en el artículo 83 de  la  Ley  599 de 2000, durante la etapa instructiva la acción penal prescribe en  un  término  igual al máximo de la pena establecida en la ley, pero en ningún  caso  en  un  término  inferior  a cinco (5) años. En la etapa de la causa tal  lapso  comienza a contarse  de  nuevo  a  partir  de  la  ejecutoria  de la resolución de acusación por un  tiempo  igual  a  la mitad del establecido para la fase de instrucción, sin que  pueda tampoco ser inferior a cinco (5) años.   

En cuanto atañe al referido delito contra la  seguridad  pública  el  artículo  365  de  la  Ley  599 de 2000 sanciona dicho  comportamiento  con  una  pena  de  uno  (1)  a cuatro (4) años de prisión, en  consecuencia,  de  acuerdo con la norma citada en precedencia, sin dificultad se  advierte  que  si  como  ya  se  dijo, durante la fase del juicio el término de  prescripción  de  la  acción  tiene  su  inicio  desde  la  ejecutoria  de  la  resolución  de  acusación  por un tiempo igual a la mitad del establecido para  la  fase  de  instrucción,  sin  que  pueda  ser inferior a cinco (5) años, es  evidente  que  si  en  la  Ley  599 de 2000 se dispuso una pena máxima para tal  comportamiento  de  cuatro  (4)  años  de  prisión,  en  la  etapa de la causa  prescribe  en  cinco  (5)  años,  término  mínimo dispuesto por el legislador  cuando el quantum, como en este caso, es inferior a dicho rubro.   

Ahora, dado que la resolución de acusación  cobró  ejecutoria el 27 de marzo de 2006, es claro que el término de cinco (5)  años  se  cumplió  el  27 de marzo del año en curso, esto es, cerca de un mes  después  de la fecha en la cual fue proferida la sentencia de segunda instancia  por  parte del Tribunal de Ibagué (25 de febrero de 2011) y antes que el asunto  arribara  al  despacho  de  la  Magistrada  Ponente  para  pronunciarse sobre la  admisión del libelo casacional (30 de agosto de 2011).   

La  referida  circunstancia impone declarar  prescrita  la  acción penal derivada del delito  de  porte ilegal de arma de fuego  de     defensa     personal    por    el  cual  se  acusó  al  procesado  y,  por  tanto,  cesar el procedimiento adelantado contra  EDWIN       JAIR  HERNÁNDEZ en razón de dicha conducta.   

         Como   consecuencia   de   la   anterior  determinación    corresponde    marginar   de   la  dosificación  punitiva  establecida en el fallo la pena impuesta al acusado por  el  delito  de porte ilegal  de arma de fuego, como sigue.   

En  la sentencia de primer grado, confirmada  íntegramente  en segunda instancia, se dosificó la pena principal en cincuenta  (50)  meses  de  prisión, decisión en la cual se precisó que por el delito de  hurto  calificado  agravado  tasaba la sanción en cuarenta (40) meses, y por el  punible  de porte ilegal de arma de fuego de defensa personal en diez (10) meses  más.   

Por tanto, al descontar la pena impuesta por  el  delito  contra  la  seguridad  pública,  cuya  acción  penal  se encuentra  prescrita  y  por  el cual se impone cesar procedimiento a favor del acusado, la  sanción  que  le corresponde es de cuarenta (40) meses de prisión. En el mismo  quantum  se  dosifica  la pena accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos y funciones públicas.   

          Ahora,  también  se  establecerá la pena accesoria de prohibición  de  porte  o  tenencia  de  armas en el mismo tiempo, pues pese a que la acción  penal  derivada  del  delito  de  porte  ilegal  de  arma  de fuego se encuentra  prescrita,  lo cierto es que en la comisión del punible contra el patrimonio se  utilizó  un revólver, circunstancia por la cual se configuró la calificación  de  tal  comportamiento, esto es, por la violencia ejercida sobre las personas y  por colocar a las víctimas en condiciones de indefensión.   

          Admisibilidad de la demanda de casación   

Ab   initio  es  pertinente   señalar   que  en  el  estudio  de  los  libelos  casacionales  es  obligación  de  la  Sala  constatar que los recurrentes formulen sus reparos de  conformidad  con  las exigencias de crítica lógica y suficiente argumentación  definidas  por  el  legislador  y  desarrolladas  por  la jurisprudencia, con el  propósito  de  evitar  que  esta  impugnación  se  convierta  en una instancia  adicional  a  las  ordinarias.  Dichos  requisitos  pretenden conseguir demandas  presentadas  dentro de unos mínimos lógicos y de coherencia en la postulación  y  sustentación  de  los cargos propuestos, de manera que resulten inteligibles  en  cuanto  precisos  y  claros,  pues  no  corresponde a la Sala en su función  constitucional   y   legal  develar  o  desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

Como  el  recurrente  denuncia la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  derivada  de  errores  por  falso juicio de  convicción   respecto  de  las  entrevistas  de  Niny  Johana     y     Sandra  Lievano,  oportuno resulta señalar que tal especie de  yerro  de  derecho  se  presenta  cuando el legislador señala previamente a los  funcionarios  judiciales  el  valor que deben otorgar a cada uno de los diversos  medios  probatorios  de  conformidad  con  la  tarifa  legal definida en la ley,  siempre  que  se niegue a la prueba el valor que la legislación le ha conferido  o  le  sea  otorgado un mérito diverso al atribuido legalmente, caso en el cual  es  del  resorte  del  impugnante  acreditar  la vulneración de dicha tarifa de  valoración,  y  lo  más  importante, demostrar su injerencia en el sentido del  fallo,   labor   que   no   acometió   de  manera  alguna  en  este  asunto  el  defensor.   

En efecto, el demandante procedió a ofrecer  consideraciones   imprecisas  y  vagas,  amén  de  deshilvanadas,  de  difícil  comprensión  y  sin sujeción a las reglas que pautan la postulación del yerro  anunciado.   

A su vez se tiene, que también el impugnante  afirma  que  se presentó un falso juicio de existencia por omisión respecto de  las   referidas   entrevistas,   caso   en  el  cual  incurre  en  una  evidente  contradicción  lesiva  del  principio lógico de identidad, en cuya virtud algo  no  puede ser y no ser al mismo tiempo, pues predica de aquellas un falso juicio  de  existencia por omisión y un falso juicio de convicción, sin percatarse que  si  ocurrió  el  primer  yerro,  los  falladores  las  marginaron por completo,  mientras  que  si  tuvo  lugar  el  segundo  equívoco,  los  sentenciadores las  apreciaron, pero no les otorgaron el valor dispuesto en la ley.   

          Es  decir, o las pruebas fueron omitidas o fueron valoradas, pero no  pueden  proponerse  a  un  mismo  tiempo  ambas  situaciones  como  lo  hace  el  casacionista.   

Adicionalmente,  si lo pretendido era alegar  un  falso  juicio  de  existencia por omisión el cual tiene lugar cuando pese a  estar  la  prueba  en el diligenciamiento no es objeto de apreciación judicial,  surgía  para  el  demandante  el  deber  indeclinable  de  indicar  el elemento  probatorio  omitido,  cuál  es  la  información objetivamente suministrada, el  mérito  demostrativo  al  que  se hace acreedor y cómo su estimación conjunta  con  el  resto  de pruebas conduce a trastrocar las conclusiones de la sentencia  impugnada, deberes cuyo cumplimiento tampoco asumió el actor.   

Dado  que  el  recurrente  postula  un falso  juicio  de  identidad  sobre  los testimonios de Miguel  Antonio  Galeano  Murillo  y  José  Ariel Leal Aldana,  conviene  recordar que dicho yerro tiene lugar cuando los falladores al ponderar  el  medio probatorio distorsionaron su contenido cercenándolo, adicionándolo o  tergiversándolo,  motivo  por el cual correspondía al demandante identificar a  través  del  cotejo  objetivo  de  lo  dicho en el elemento de convicción y lo  asumido  en  el  fallo,  el  aparte  omitido o añadido a la prueba, los efectos  producidos  a partir de ello y, lo más importante, cuál es la trascendencia de  la  falencia  en  la  parte  resolutiva  de  la  sentencia  atacada,  tópico de  improcedente  demostración  con  el simple planteamiento del criterio subjetivo  del  recurrente  sobre  la prueba cuya tergiversación denuncia, en cuanto es su  obligación  acreditar  materialmente  la  incidencia  del  yerro en la falta de  aplicación  o  la  aplicación  indebida de la ley sustancial en el fallo, esto  es,  señalar  la  modificación  sustantiva  de  la  sentencia  atacada  con la  corrección  del error y la debida valoración de la prueba, en conjunto con las  demás, obligaciones no asumidas en forma alguna por el defensor.   

Habida  cuenta que también el actor propone  el  quebranto  de  las leyes de la sana crítica, ingresa en el discurrir propio  del  falso  raciocinio,  equívoco  que acontece cuando los falladores derivaron  del  medio  probatorio  deducciones contrarias a las reglas de la sana crítica,  esto  es,  los  principios de la lógica, las leyes de la ciencia o las máximas  de  la  experiencia, caso en el cual debía el libelista establecer qué dice en  concreto  la  prueba  indebidamente  ponderada,  qué  se infirió de ella en la  sentencia  atacada,  cuál  fue  el  mérito  persuasivo otorgado, determinar el  postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima  de  experiencia  cuyo  contenido   fue   desconocido  en  el  fallo,  debiendo  a  la  par  indicar  su  consideración   correcta,  identificar  la  norma  de  derecho  sustancial  que  indirectamente   resultó   excluida  o  indebidamente  aplicada  y  finalmente,  demostrar  la  trascendencia del error expresando con claridad cuál debe ser la  adecuada  apreciación  de  aquella  prueba,  con la indeclinable obligación de  acreditar  que  la  enmienda  del  yerro  daría  lugar a un fallo esencialmente  diverso  y  favorable  a  los intereses de su representado, proceder que en este  asunto  no  acometió en debida forma, pues se quedó en el simple enunciado del  yerro   y   en   el   planteamiento   de   su   personal   percepción   de  las  pruebas.   

Las razones expuestas permiten denotar que el  casacionista  se  desentiende  de  su  obligación  de  enunciar “la  causal  y  la  formulación  del  cargo,  indicando en    forma    clara   y   precisa   sus  fundamentos”  (numeral  3º  del artículo 212 de la  Ley  600  de 2000), máxime si se limita a exponer en forma imprecisa y bastante  confusa  su particular ponderación de las pruebas, proceder inadmisible en esta  sede  extraordinaria, en la cual es imprescindible denunciar y acreditar errores  de  los  falladores,  pues  no  está instituida para la mera contraposición de  criterios.   

Tampoco el defensor señala los preceptos que  considera  violados  indirectamente, de modo que se desentiende de la preceptiva  contenida  en  el  numeral  1º  del  artículo  207 de la referida legislación  adjetiva,    según    la    cual,    la   casación   procede   “cuando   la   sentencia   sea   violatoria   de   una   norma           de          derecho          sustancial”  (subrayas fuera de texto), cuya cita  resulta   imprescindible   (numeral   3º   del   artículo   212   ejusdem),  razón  de  más  para advertir  incorrecciones   lógicas   y   de   fundamentación  en  la  presentación  del  libelo.   

          De  conformidad con lo expuesto advierte la Sala que si el censor no  ajusta  su  demanda  a  las  mencionadas  exigencias  dispuestas para postular y  demostrar  los  reproches  contra  el  fallo  de  segundo grado y, en virtud del  principio  de  limitación  que  rige  el  trámite  casacional  la  Corte no se  encuentra  facultada  para  enmendar  las  fallas  de  aquella,  según  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  213  de  la  Ley 600 de 2000 se impone de plano su  inadmisión.   

Para  concluir  es  oportuno  destacar  que la Sala no observa en el curso  del  diligenciamiento  o  en  la providencia impugnada, violación de derechos o  garantías  del acusado, como para ejercer  la  facultad  oficiosa conferida por el  legislador     en     punto     de    asegurar    su  protección.   

          Cuestión final   

         En  atención  a que consigue verificarse  la  eventual  ocurrencia de dilaciones injustificadas  en  la  etapa  del juicio, así como en el trámite de la impugnación del fallo  de  primer grado, motivo por  el  cual  se cumplió el término de prescripción de  la  acción  penal  del delito de porte ilegal de arma  de  fuego  de  defensa  personal, se dispone compulsar  copias   ante   las   autoridades  disciplinarias  correspondientes,  a  fin  de  investigar  tal   situación   y  sus  posibles responsables.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

1.                DECLARAR       prescrita  la  acción  penal  derivada  del delito de porte  ilegal  de  arma  de  fuego  de defensa personal         por         el   cual   se  acusó  a  EDWIN   JAIR   HERNÁNDEZ.  Ordenar,  en  consecuencia,  la  cesación  del  procedimiento  adelantado  en  razón  de tal  conducta punible.   

2.            SEÑALAR que la  pena  correspondiente  al  mencionado  ciudadano,  en su condición de autor del  delito  de  hurto  calificado agravado es de cuarenta (40) meses de prisión. En  el  mismo quantum se dosifica la pena accesoria de inhabilitación de derechos y  funciones públicas.   

          3.        INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada    por   el   defensor   de   EDWIN   JAIR  HERNÁNDEZ,  conforme  a  las razones expuesta en esta  decisión.   

4.             COMPULSAR,  a  través  de  la Secretaría de la Sala, las copias dispuestas en la parte motiva  de este proveído.   

Sólo   procede  recurso  de  reposición  respecto   de   lo  decidido  en  los  numerales  1º  y 2 de esta providencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                            JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS  MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                      SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                        JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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