36964(30-11-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 36.964  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

         

MAGISTRADO PONENTE  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

APROBADO ACTA N°. 425-  

Bogotá,  D.C., treinta (30) de noviembre de  dos mil once (2011).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Examina  la  Sala  las  bases  jurídicas  y  lógicas  de  la demanda de casación presentada por el defensor de Wilson  Alberto  Díaz  Criollo  contra la  sentencia  proferida  el  3  de marzo de 2011 por la Sala de Decisión Penal del  Tribunal  Superior  de  Ibagué,  que  confirmó  la  condena impartida el 23 de  febrero  de  2010 por el Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de esa  ciudad,  contra aquél y Jhonathan Ferney Díaz Criollo, al hallarlos penalmente  responsables  en  calidad  de  autores  del  delito  de  extorsión  agravada en  concurso con el mismo injusto en la modalidad de tentativa.   

HECHOS     Y     ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1.  A eso de las 4:00 p.m. del 3 de mayo  de  2004,  en  Ibagué,  el  médico  Rubén  Quintero  Calderón atendió en su  consultorio  ubicado  en  el  Barrió  Jordán Tercera Etapa de esa ciudad a una  paciente  de  aproximadamente  40  años  de edad, quien portaba una grabadora y  manifestaba  tener  un  retraso  menstrual;  tras  examinarla,  le  descartó un  embarazo, le limpió el útero y le formuló un medicamento.   

Cerca  de  una  hora  después, acudieron al  mismo  lugar  dos  sujetos  que  le hicieron creer al galeno y su secretaria que  eran  funcionarios del CTI de la Fiscalía. Uno de ellos entró al consultorio y  le  dijo  al  primero  que  la  madre  de  una paciente lo había denunciado por  practicarle un legrado y ella estaba grave.   

A   continuación,  le  hizo  escuchar  la  reproducción  de  un  cassette,  lo  amenazó  con  la posibilidad de perder la  licencia  profesional  y  de  atentar  contra  su  vida y la de su familia. Así  mismo,  le  exigió el pago de $2.000.000 que el médico retiró de su cuenta de  ahorros y le entregó personalmente.   

El 6 del mismo mes y año, el galeno formuló  denuncia  penal  ante  la  Unidad  Judicial  Gaula  Regional Ibagué1.   

Posteriormente,  el 10 del mismo mes y año,  los  referidos  individuos  regresaron  al  lugar, para exigir otros $2.000.000.  Previo   asesoramiento   del   Gaula,   el   médico   entregó  a  Wilson  Alberto  Díaz  Criollo un paquete  que  simulaba  dicha  suma,  cuando  éste a su vez le decía que todo se había  solucionado y le mostraba un documento espurio de la Fiscalía.   

Acto  seguido,  los  miembros  del  Gaula,  obtuvieron  la  captura  de  aquél  y  de Jhonathan Ferney Díaz Criollo cuando  éste intentaba huir.   

2.  Al  día  siguiente,  la  Fiscal Primera  Especializada  con  funciones  ante  el  Gaula  de Ibagué abrió formalmente la  instrucción   y   dispuso   la   vinculación   mediante   indagatoria  de  los  aprehendidos2.   

3.  El  17  de  mayo de 2004 el Fiscal Sexto  Especializado   de   la   misma  unidad  asumió  la  investigación3.   

4. Mediante resolución del 19 siguiente, se  definió  la situación jurídica de los hermanos Díaz  Criollo  con  medida  de  aseguramiento de detención  preventiva  en  calidad  de  coautores  del  punible  de  extorsión en concurso  homogéneo            y           sucesivo4.   

5.  El 4 de junio de 2004 el proceso pasó a  conocimiento  de  la  Fiscalía  Tercera  Especializada  de  Ibagué5.   

6. El ciclo instructivo se clausuró el 4 de  noviembre        del        mismo        año6  y  el mérito del sumario se  calificó  con  resolución  de  acusación del 1º de  abril    de        2005        en              contra   de  Wilson     Alberto     Díaz    Criollo,  y  Jonnathan  Ferney  Díaz  Criollo en calidad de coautores del  delito  de  extorsión  en  concurso  homogéneo  y  sucesivo  (artículos 244 y  245.87   del  Código  Penal,  –modificados  por los artículos 5º y 6º  de  la  Ley 733 de 2002, respectivamente-)8.   

7. El juicio correspondió al Juzgado Primero  Penal   del   Circuito   Especializado   de  Ibagué,  despacho  que  avocó  el  conocimiento  del  asunto  el  7  de  junio  de 20059.   

8. La audiencia preparatoria se surtió el 27  de      septiembre      del      mismo      año10    y    la   pública   de  juzgamiento,   se   llevó   a   cabo   el  5  de  febrero  de  201011.   

9.   Mediante  fallo  del  23  de  febrero  siguiente,  el  juez  condenó  a  Wilson Alberto Díaz  Criollo  y  a  Jonnathan  Ferney  Díaz Criollo a las  sanciones  principales  de  siete (7) años y seis (6) meses de prisión y multa  en  cuantía  de dos mil (2.000) salarios mínimos legales mensuales vigentes, a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones  públicas  por  el  lapso  de  la  pena  privativa de la libertad, en calidad de  coautores  responsables  del  delito  de  extorsión  agravada  y  consumada  en  concurso  homogéneo  con  el mismo reato en grado de tentativa. Así mismo, les  negó  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena y la prisión  domiciliaria12.   

10.  Inconforme  con  el  fallo  de  primera  instancia,  la  defensa  técnica  común interpuso recurso de apelación contra  aquél  y  el  3  de marzo de 2011 fue confirmado por la Sala Penal del Tribunal  Superior            de            Ibagué13.   

11.  Los   defensores  de  los  sentenciados  interpusieron  el  recurso  extraordinario          de         casación14,   pero   sólo   el   que  representa  a  Wilson Alberto Díaz Criollo          lo          sustentó15, por lo que por auto del 16  de  junio  de 2011 se declaró desierto el formulado a favor de Jonnathan Ferney  Díaz  Criollo16.   

12.   Aunque   el  28  de  junio  de  2011  Wilson Alberto Díaz Criollo  presentó  memorial de desistimiento del recurso de casación, mediante auto del  6  de  julio  siguiente  la  magistrada ponente de la Sala Penal del Tribunal se  abstuvo  de  darle  trámite  en  aplicación del artículo 127 de la Ley 600 de  200017.   

13.   El   asunto   fue   remitido   a  la  Corte.   

LA DEMANDA  

Tras identificar los sujetos procesales y la  sentencia  impugnada  y  hacer  una  síntesis  de los hechos y de la actuación  procesal,  al  amparo  de  la  causal primera del artículo 207 de la Ley 600 de  2000   el   censor   postula   un   cargo  por  la  ruta  del  falso  juicio  de  existencia.   

En desarrollo del reproche parte por indicar  que   este   se   reduce  a  “cuestionar  el  valor  probatorio”18     conferido    a    la  circunstancia  de  agravación  punitiva descrita en el artículo 245 modificado  por  el canon 6º de la Ley 733 de 2002, esto es, cuando el delito de extorsión  se  comete  “utilizando  orden captura o detención  falsificada  o simulando investidura o cargo público o fingiere pertenecer a la  fuerza    pública”19.   

Luego  de  citar un aparte del testimonio de  Cecilia     Palma     Quintero     –secretaria  del  médico  extorsionado-  y  otro  de  la denuncia y  referirse  al  contenido  normativo  de  los  artículos  232  y  5920 del Código  de  Procedimiento  Penal,  el  libelista  señala  que  no  es  cierto  que  sus  prohijados21  se  hayan  hecho  pasar  por  miembros  del  CTI pues el ofendido  declaró  que los incriminados nunca se identificaron como tales y su secretaria  a  su  vez  dijo  que  le  mostraron  una  escarapela  de  ese organismo pero la  guardaron  muy  rápido,  lo  que  para  el  abogado  no  es  claro, es dudoso y  “a la luz del derecho probatorio no debe tenerse en  cuenta”22.   

De  otro  lado,  denuncia  que se produjo un  falso  juicio  de  existencia  porque  no  se  le  concedió  a  su procurado la  “libertad      domiciliaria      o     libertad  provisional”23  bajo  el  argumento que la  naturaleza  y  modalidad  de la conducta punible lo impedían, pues a juicio del  fallador   los   acusados   “se  pretedestinaron  a  delinquir  y  para  obtener  su  propósito  elevaron  serias amenazas contra la  víctima  y  su  familia”  24,  lo  cual no está demostrado en el plenario con ningún medio de  prueba.   

Por  el  contrario, asegura el censor que de  acuerdo  con  las  constancias  de estudio y trabajo de su defendido se acredita  que  él  “se ha desempeñado como trabajador, no es  una  persona  que  genere  riesgo  para  la  sociedad, que no tiene antecedentes  penales     de    ninguna    índole”25,  lo  que  debe  ser  examinado conforme a los artículos 2, 295, 296, 308, 313 y 314 de la  Ley 906 de 2004.   

Solicita casar la sentencia del 23 de febrero  de  2010  proferida  por  el Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de  Ibagué  y  en  su  lugar, “se deje sin valor y/o se  abstenga  de  condenar  a  WILSON ALBERTO DÍAZ CRIOLLO y JONNATHAN FERNEY DÍAZ  CRIOLLO”26  en  los  términos  de ese  proveído.   

CONSIDERACIONES  

1. Cuestión previa.  

En   varios  apartes  de  la  demanda,  el  recurrente  dice  representar  los  intereses  de los hermanos Díaz Criollo, al  punto   que  solicita  dejar  sin  valor  y/o  abstenerse  de  condenarlos  como  consecuencia de prosperar el recurso de casación.   

Sin embargo, la verificación del expediente  permite  establecer  que ese abogado no está legitimado para ejercer en sede de  casación  la  defensa  técnica a favor de Jonnathan Ferney Díaz Criollo y que  sólo  le  asiste interés jurídico respecto de Wilson  Alberto  Díaz  Criollo, toda vez que el primero no le  confirió poder para ese fin, como si lo hizo el segundo.   

En  verdad, se evidencia que si bien durante  las  instancias los procesados estuvieron asistidos por un mismo profesional del  derecho,   quien  incluso  interpuso  el  recurso  de  casación  para  los  dos  enjuiciados,  solamente  Wilson  Alberto  cambió   de  defensor  a  efecto  de  que  presentara  la  demanda  correspondiente;  entre  tanto,  el  jurista  que  hasta  ese momento los había  agenciado,  no  sustentó  el  recurso, por lo que fue declarado desierto por el  Tribunal respecto de Jonnathan Ferney.   

Así  las  cosas,  se  debe  entender que la  demanda  que aquí se estudia únicamente vela por los intereses de Wilson Alberto Díaz Criollo.   

2. La inadmisión de la demanda.  

De  conformidad  con  el  artículo  213 del  Código  de  Procedimiento  Penal del 2000, la Sala inadmitirá el libelo porque  no  reúne  los  presupuestos, ni cumple las exigencias mínimas previstas en el  artículo 212 del mismo Estatuto.   

2.1.    Sobre    el    interés    para  recurrir.   

El artículo 213 de la Ley 600 de 2000 prevé  expresamente  que  “[s]i  el  demandante  carece de  interés  o  la  demanda  no  reúne  los  requisitos  se   inadmitirá   y  se  devolverá    el   expediente   al   despacho   de   origen.   (…)”.    (Subrayas   fuera   del   texto  original).   

Constituye presupuesto de procedibilidad del  recurso  extraordinario  de  casación  que  quien  promueve  la  demanda  esté  legitimado para incoar la impugnación.   

Dicha legitimación o interés jurídico para  recurrir  en casación se deriva del comprobado ejercicio del derecho de defensa  en  sus  componentes  de contradicción y doble instancia, materializado en tres  hipótesis:  i)  el  efectivo  agotamiento  del  recurso de apelación contra la  sentencia  de  primer nivel, ii) la correspondencia o sincronía temática entre  el  motivo  de  impugnación  elevado ante el juzgador de segundo grado y el que  soporta  la  reclamación en sede extraordinaria y, iii) la limitación del tema  de  disenso  a  la  dosificación  de la pena, los mecanismos sustitutivos de la  pena  privativa  de  la  libertad,  la  extinción  del derecho de dominio sobre  bienes  (artículo  40  de  la  ley 600 de 2000) y la vulneración de garantías  esenciales, cuando el procesado se acoge a sentencia anticipada.   

En  el  primer  caso,  la  interposición  y  sustentación  del  recurso  de  apelación contra el fallo de segunda instancia  constituye  un  imperativo  categórico para la parte o interviniente inconforme  con  la  decisión,  en  tanto  es  la inconformidad frente a lo resuelto por el  juzgador  de  primer  grado  que no encuentra eco en el de segundo nivel, lo que  habilita por esa razón a intentar la impugnación extraordinaria.   

La  ausencia  de  controversia  frente  a la  decisión  que  es  adversa  a las pretensiones absolutorias o condenatorias del  sujeto  procesal,  según  sea  el  caso,  cuando  ha  estado  en posibilidad de  hacerlo,  comporta  la  conformidad  del  mismo  con el pronunciamiento judicial  adoptado  e  impide  por  virtud  del principio de preclusión la posibilidad de  habilitar    otra    oportunidad    para    intentar   que   se   reexamine   su  situación.   

Ahora,  pese  a  la  aparente  rigidez de la  anterior  premisa, en aras de garantizar el efectivo acceso a la administración  de  justicia,  el proceso debido y la defensa es posible dar curso al recurso de  casación  formulado  por  quien  no  impugnó la sentencia de segunda instancia  cuando  i)  se  acredite  que  la  falta  de  ejercicio  del  derecho a la doble  instancia  obedeció a un acto arbitrario, ii) la sentencia de segunda instancia  modifique  en  sentido  adverso  la situación jurídica del recurrente, iii) se  trate  de  fallos  consultables  que causen perjuicio a la parte o interviniente  que  impugna  y,  iv)  el  fundamento  del  reproche casacional se soporte en la  violación  de garantías fundamentales que pudieran dar lugar a la declaración  de   nulidad27.   

El segundo evento, esto es, el relativo a la  unidad  temática  corresponde  a  la necesidad de que exista un mismo objeto de  debate  en los argumentos de la pretensión de la alzada y las causales y cargos  que  fundamentan  el  recurso  de  casación,  dado  que  si  el juez de segunda  instancia  no se pronuncia sobre el asunto en disputa porque la parte apelante a  su  vez  no se ocupó del asunto en el recurso de apelación, mal puede la Corte  invadir  la  esfera  decisoria  del  Ad  quem,  salvo  que  se trate de proteger  garantías  fundamentales,  caso en el cual estaría habilitada para conocer del  reproche  formulado  al  amparo de la causal tercera y emitir el pronunciamiento  de rigor.   

En   otras  palabras,  si  el  núcleo  de  argumentación  como  la pretensión formulada en la apelación son distintos de  los  presentados  en  sede  de  casación,  los  últimos  motivos de disenso no  podrán  ser  examinados  por  la Corte porque no fueron objeto de inconformidad  ante  la  alzada  y  por  lo tanto, tampoco pudieron ser tema de decisión en la  instancia.   

En todo caso, no ha de perderse de vista que  la  unidad  temática no supone congruencia exacta entre las manifestaciones que  soportan   uno   y   otro   disenso   –la  apelación  y la casación-, sino por lo menos, identidad en la  pretensión.   

En el asunto sometido a examen de admisión,  se  observa que si bien a favor de Wilson Alberto Díaz  Criollo,  la  defensa  técnica interpuso y sustentó  recurso  de  apelación  contra  la sentencia proferida el 23 de febrero de 2010  por  el Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de Ibagué, las razones  de  disenso  expuestas  en esa sede son diametralmente distintas a las invocadas  en la impugnación extraordinaria.   

En  efecto,  se  lee  en el fallo de segundo  grado  que  los  motivos  de inconformidad del defensor para con la sentencia de  primer  nivel,  estuvieron  todos  orientados  a  deprecar la absolución de los  procesados  por  atipicidad  de  la conducta y ausencia de prueba incriminatoria  que  pudiera  servir  de soporte a un juicio de responsabilidad penal contra los  acusados.   

Entre tanto, los reproches enervados en sede  de  casación  tienden  a  excluir  la  circunstancia de agravación específica  descrita  en el numeral 8º del artículo 245 de la Ley 599 de 2000 y a procurar  la  concesión  de  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena o la  prisión domiciliaria.   

Como  fácilmente  se advierte, unos y otros  motivos  de réplica son distintos, cuestión que indica que el Tribunal no tuvo  la  oportunidad  de  pronunciarse  en  el  fallo  de segunda instancia sobre las  inconformidades  que  ahora  plantéa  ante  esta  Corporación,  por  lo que es  manifiesta  la  falta de interés jurídico del libelista para incoar el recurso  de  casación, el que de ninguna manera puede ser asimilado a una instancia más  de decisión.   

Aunque lo dicho en precedencia es suficiente  para  no admitir a trámite la demanda, oportuno se ofrece precisar que tanto en  la  enunciación  como  en la postulación de los cargos el recurrente incurrió  en  protuberantes  defectos  lógico argumentativos que igualmente impedirían a  la Corte abordar de fondo el estudio del libelo.   

2.2.  Sobre  las  deficiencias  técnicas del  libelo.   

Bien sabido es que el recurso extraordinario  de  casación  debe  ser  elaborado  por  quien  demuestre  interés  jurídico,  respetando  las  formalidades técnico jurídicas previstas en la ley, según se  trate  de  cada  una  de las causales establecidas en el artículo 207 de la Ley  600  de 2000, pues lo pretendido con este mecanismo extraordinario es socavar la  doble  presunción  de  acierto  y legalidad que recae sobre el fallo de segundo  grado.   

Es  así que la demanda debe ser íntegra en  su  formulación,  suficiente,  clara  y precisa en su desarrollo y eficaz en la  pretensión.  Por  ello,  está sometida al rigor de los principios que soportan  la  impugnación extraordinaria (prioridad, autonomía, claridad, precisión, no  contradicción,  entre  otros)  y  a  las  pautas  lógicas que respecto de cada  sentido de error ha decantado la jurisprudencia.   

En el asunto de la especie se advierte que el  demandante   ignoró   las  reglas  de  argumentación  propias  de  este  medio  extraordinario  de  impugnación  y  concretamente  del  tipo  de  reproche  que  propone, como pasa a verse.   

En  efecto, desde la pretensión se advierte  la  insuficiencia  técnica  de la demanda ya que no ataca como debiera el fallo  de  segunda  instancia,  en  tanto  procura  que  se case el dictado por el Juez  Primero  Penal  del  Circuito Especializado de Ibagué y no la sentencia dictada  por la Sala Penal del Tribunal Superior de Ibagué.   

Así mismo, busca que la Corte deje sin valor  el  proveído  atacado  y/o  se  abstenga  de  condenar  a  su  procurado. Estas  peticiones  que  quebrantan el principio de no contradicción pues propuestas al  tiempo  se  repelen  ya  que  la  primera  de ellas sería la consecuencia de la  acreditación    de    una    nulidad    que   no   fue   alegada   –recuérdese  que  el error denunciado  es  un  falso  juicio de existencia- y contraería la necesidad de retrotraer la  actuación  al  momento  en  que  se haya producido la irregularidad sustancial,  mientras  que  la  segunda  devendría  de  la  comprobación  de  un  error  in  iudicando,    cuya   corrección   implicaría   la   emisión   de   fallo   de  reemplazo.   

Ahora  bien,  en  punto  de  la infracción  indirecta  de la ley sustancial por error de hecho en el sentido de falso juicio  de  existencia  se tiene que se incurre en él cuando el sentenciador desatiende  el  contenido  fáctico  de una prueba debidamente incorporada a la actuación o  supone  un  medio de persuasión no allegado al plenario, confiriéndole entidad  probatoria.   

Para  demostrar  esta  clase  de  error  el  recurrente  tiene  la  carga  de  señalar  la  prueba  materialmente  omitida o  supuesta  e  indicar, cómo de haber sido valorada o no apreciada, según sea el  caso,  al  tiempo con los demás medios de prueba, las conclusiones adoptadas en  el   fallo   habrían   sido   sustancialmente  diferentes  y  favorables  a  su  pretensión.   

En el caso sometido a examen de admisión, el  demandante  exhibe  un  profundo desconocimiento de la técnica que rige el tipo  de  reproche  que  propugna, pues antes que establecer con precisión los medios  de  conocimiento  en  que  habría  recaído  el  falso  juicio  de  existencia,  cuestiona  de  manera  confusa  “el valor probatorio  que   se   da   a   las   circunstancias   de  agravación  punitiva”28,  específicamente,  a  la  consagrada  en  el numeral 8º del artículo 245 del Código Penal, como si esta  fuera  una  prueba  sometida  a  apreciación  y  no, como lo es, un ingrediente  normativo que completa el tipo penal con efecto sustancial.   

Si lo pretendido era discutir la adecuación  que  de  los  hechos  hicieron  los  sentenciadores  en  dicha circunstancia, el  demandante   debía  aceptar  la  fijación  de  la  situación  fáctica  y  la  persuasión  que los medios de prueba le comportaron a los falladores y proponer  la  violación  directa de la ley sustancial en cualquiera de sus modalidades de  error:   aplicación   indebida,   falta   de   aplicación   o  interpretación  errónea.   

Pero  si  lo  procurado  era, como pareciera  serlo,  disentir de la apreciación que de los elementos de convicción hicieron  los   jueces  unipersonal  y  plural  –en  tanto  las sentencias mantienen el mismo sentido de decisión y  en  ese  orden,  son inescindibles-, la senda a postular sí debía ser la de la  violación   indirecta,  pero  indicando  el  medio  de  prueba  equivocadamente  examinado  y  la  norma de derecho sustancial que como consecuencia del yerro de  hecho o de derecho fue vulnerada.   

El censor, como se vio, no solo confunde las  normas  con  las  pruebas  sino  que  no  atina  a  demostrar el falso juicio de  existencia  que  denuncia  ya  que  no precisa si este se produjo por omisión o  suposición  y,  peor  aún, contrariando la esencia de esta modalidad de error,  esto  es,  la  de  demostrar que se omitió la valoración de un medio de prueba  debidamente  incorporado  al proceso o se supuso uno no practicado, reconoce que  el  testimonio  de  Cecilia  Palma  de  Quintero  y la denuncia formulada por la  víctima   fueron   apreciados,   como   en   efecto   lo   fueron  –así  se  observa  en  los  fallos-,  aunque,  en  sentido diverso al pretendido por el demandante. Esta proposición,  por lo tanto, descarta de plano la idoneidad del reparo.   

Ahora,  si  lo  intentado era criticar a los  juzgadores   por  desatender  ciertos  apartes  de  dicha  prueba  de  carácter  testimonial,  en concreto aquéllos en que la secretaria de la víctima dijo que  uno  de  los  encartados  le  mostró una escarapela de la Fiscalía pero que la  guardó   muy  rápido  y  el  médico  ofendido  manifestó  que  ellos  no  se  identificaron  como  funcionarios  de  esa entidad, debió acudir al sendero del  error de hecho por falso juicio de identidad.   

Aunque  si  lo  que  quería el defensor era  demostrar  que el mérito conferido a las referidas declaraciones contrarió las  leyes  de  la  sana crítica, porque existían contradicciones en los relatos de  uno  y  otro  testigo,  tenía  que  proceder  por la ruta del falso raciocinio,  precisando  el  principio  lógico,  la  ley  de  la  ciencia  o  la regla de la  experiencia  indebidamente aplicada y la que debió en cambio emplear, así como  revelar  la  trascendencia  del  dislate  en  el sentido del fallo. Nada de ello  realizó el libelista.   

De  otra  parte,  aduce  el  censor  que  se  incurrió  en  falso  juicio  de  existencia porque se tuvieron por probadas las  amenazas  contra  la vida del denunciante y de su familia, argumento que sirvió  de  base  para  negarle  a su procurado la “libertad  domiciliaria o libertad provisional”.   

Sin embargo, no indicó cuál fue el medio de  persuasión  que  los  juzgadores  habrían  omitido  o  supuesto para tener por  acreditadas   las   amenazas   que   los  habría  llevado  a  concluir  que  el  comportamiento  delictivo  desplegado  por  los acusados era grave e impedía la  concesión  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena o la  prisión       domiciliaria       –que  no  libertad  domiciliaria  como  impropiamente  lo  afirma el  censor-,     dejando     entonces,     huérfano    el    reproche    de    toda  fundamentación.   

Tampoco explicó cuál es la relevancia de la  prueba        documental        –constancias  de  trabajo  y de estudio- en aras de acreditar que de  haber  sido  apreciada,  la  determinación  en  punto  de  la  concesión de la  ejecución  condicional  de  la  pena  o  la  prisión domiciliaria hubiera sido  sustancialmente  diversa, sobre todo si se considera que la primera era inviable  por  el factor objetivo y respecto de la segunda, el A quo estimó que no estaba  satisfecho   el  elemento  subjetivo  dadas  las  amenazas  proferidas  por  los  procesados  contra  el  médico  ofendido  y  su familia, las que contrario a lo  dicho   por   el   censor,   sí   fueron   acreditadas  con  el  testimonio  de  aquél.   

En  suma, los errores advertidos hasta aquí  permiten  afirmar  que  lejos de confeccionar un cargo concreto que evidencie la  insoslayable   violación  de  la  Constitución  o  la  Ley  en  el  fallo  recurrido,  el  demandante  pretende  encontrar  un  escenario  que  a manera de  tercera   instancia,   lo  habilite  para  introducir  su  particular  análisis  probatorio   e   interpretación   normativa,   en  contravía  de  los  juicios  valorativos    expresados    por    los    juzgadores    en   las   providencias  atacadas.   

Por  manera  que  no  hay lugar a admitir la  demanda examinada.   

Finalmente,  la  Sala  no observa flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales,  causales  de  nulidad, ni motivos que  conduzcan  a la necesidad de un pronunciamiento profundo frente al expediente en  razón de las finalidades de la casación.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

Primero.  Inadmitir  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  Wilson  Alberto  Díaz  Criollo, contra la  sentencia  del  3  de  marzo  de  2011,  dictada  por la Sala Penal del Tribunal  Superior de Ibagué.   

Segundo.  Contra  esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ LUIS BARCELÓ  CAMACHO   

            

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO  ALBERTO  CASTRO CABALLERO   

            

SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ  

MARÍA DEL ROSARIO  GONZÁLEZ     MUÑOZ   

                    Comisión de servicio   

            

AUGUSTO J. IBÁÑEZ  GUZMÁN  

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO   

            

JULIO ENRIQUE SOCHA  SALAMANCA  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr.  folios 2-4 del cuaderno de la instrucción.   

2 Cfr.  folios 43-47 ibídem.   

3 Cfr.  folios 74-75 ibídem.   

4 Cfr.  folios 90-99 ibídem.   

5 Cfr.  folio 128 ibídem.   

6 Cfr.  folio 235 ibídem.   

7  Impera  precisar  que  si bien en la parte resolutiva del pliego de cargos no se  hizo  alusión  a  la  circunstancia  de  agravación específica descrita en el  numeral  8º  de  la  artículo 245 del Código Penal, en ella se señala que la  acusación  se  hace  en  los términos de la parte motiva de la providencia, la  que  en  el acápite relativo a la calificación jurídica provisional contempla  de forma expresa dicho agravante. Cfr. folio 249 ibídem.   

8 Cfr.  folios 248-255 ibídem.   

9 Cfr.  folio 8 del cuaderno original No. 2.   

10 Cfr.  Folios 21-22 ibídem.   

11  Cfr. folios 178-182 ibídem.   

12  Cfr. folios 183-209 ibídem.   

13  Cfr. folios 17-32 del cuaderno del Tribunal.   

14  Cfr. folios 44-45 ibídem.   

15  Cfr. folios 46-53 ibídem.   

16  Cfr. folios 86-88 ibídem.   

17  Cfr. folio 97 ibídem.   

18  Cfr. folio 50 ibídem.   

19  Ibídem.   

20 En  realidad  es  al artículo 59 del Código Penal al que alude el demandante, pues  se  refiere a los criterios de dosificación punitiva que no están descritos en  el  Código  de  Procedimiento  Penal,  sino  en  el  Código  sustantivo de las  penas.   

21 Se  precisa  que  de  conformidad  con  el poder obrante a folio 35 del cuaderno del  Tribunal,  el abogado casacionista únicamente representa a Wilson Alberto Díaz  Criollo.   

22  Cfr. folio 51 del cuaderno del Tribunal.   

23  Ibídem.   

24  Ibídem.   

25  Cfr. folio 52 ibídem.   

26  Cfr. folio 53 ibídem.   

27  Sobre  la necesidad de agotar la segunda instancia y sus excepciones, consultar:  auto  del  11  de febrero de 1999, radicación 9998; sentencia del 24 de febrero  de  2000,  radicación  10.809; sentencia del 13 de febrero de 2001, radicación  14.370,  auto  del   5 de diciembre de 2007, radicación 28759, auto del 23  de  enero  de 2008, radicación 28845, auto del 14 de julio de 2008, radicación  30002, entre otras decisiones.   

28  Cfr. folio 50 ibídem.     

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