36875(18-04-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso nº 36875  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                     

Magistrado Ponente:  

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO   

                                     Aprobado Acta No. 139   

Bogotá, D.C., dieciocho (18) de abril de dos  mil doce (2012).   

VISTOS  

La Sala se pronuncia sobre la viabilidad de la  demanda  sustento  del  recurso  de  casación,  instaurado  por el apoderado de  LUIS  ÁLVARO VERA CIFUENTES,  contra  el  fallo  del  8 de abril de 2011 proferido por el Tribunal Superior de  Cundinamarca,  mediante el cual confirmó el emitido el 8 de febrero de ese año  por  el Juzgado Promiscuo del Circuito de Leticia, que lo condenó a prisión de  sesenta  y  cuatro  (64)  meses,  multa  de  66.666  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  un  período de ochenta (80) meses, al mismo tiempo que le negó  la   suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria,  al  hallarlo  autor  responsable  del  delito  de  violación del  régimen de inhabilidades e incompatibilidades.   

HECHOS Y ANTECEDENTES  

LUIS  ÁLVARO  VERA  CIFUENTES,  quien  desde  el  31  de  agosto de 2007 fungía como alcalde de  Puerto  Nariño  (Amazonas),  el  17  de  septiembre del mismo año, expidió la  orden  de  compra  0306 de materiales destinados al mejoramiento de la boca toma  del  acueducto  municipal,  planta  2,  a  nombre  del establecimiento comercial  Taller  Balarezo,  cuyo  propietario  Pablo  Tomás  Balarezo  es el padre de su  compañera  permanente,  la  cual  fue  pagada  el  día 21 de los citados mes y  año.   

El  11  de  agosto de  2010,    el       Fiscal       Seccional  03 ante los Jueces Penales del  Circuito   de   Leticia,  presentó  escrito  de  acusación contra VERA   CIFUENTES,   por  el  delito  de  violación   del  régimen  de  inhabilidades  e  incompatibilidades1.   

FUNDAMENTOS DE LA IMPUGNACIÓN  

En  la demanda, se proponen cuatro (4) cargos   

1.  Con  fundamento  en  el  numeral  3º del  artículo  181  de  la  ley 906 de 2004, aduce la violación indirecta de la ley  sustancial,  por  el manifiesto desconocimiento de las  reglas  de  apreciación  de  la prueba, derivado de un error de hecho por falso  raciocinio.   

Señala  que  el  único elemento de prueba,  sobre  el  cual  se  funda  la  sentencia,  se  encuentra  circunscrito al hecho  demostrado de la afinidad del acusado con el contratista.   

Considera  que el error se estructura, en la  fractura  de  la sentencia entre sus enunciados fácticos y sus conclusiones, al  abandonar  las reglas de la sana crítica, de la experiencia y en la definición  del dolo.   

A  su  juicio,  era  imperativo demostrar el  propósito  de  beneficiar  a  su afín, pues la interpretación juiciosa de las  reglas  de la sana crítica, seguramente habría determinado la existencia de un  error de prohibición y conducido a la absolución del acusado.   

Advierte que para comprender el fenómeno de  la  corrupción  en  la  contratación  pública,  debe  tenerse  en  cuenta  la  búsqueda  del poder, la obtención de un beneficio y el interés individual; en  el  asunto,  es  impensable  que la orden de compra por algo más de novecientos  mil  pesos,  guarde  relación  con  aquella  y  más  bien  muestra su afán de  solucionar un problema que agobiaba a la comunidad.   

El  error  recae  sobre los postulados de la  sana  crítica  y  la  indebida comprensión del tipo subjetivo del dolo, cuando  las  reglas  de  la  experiencia indican que algunos administradores municipales  asumen  el  manejo de la contratación, sin el conocimiento de las normas que la  rigen.   

2.  Error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad,  sustentado  en  el  cercenamiento de la declaración de VERA  CIFUENTES, toda vez que la orden no  sólo  fue  para  comprar  materiales  sino  también  para mejorar y adecuar la  bocatoma,  razón  por la cual insistió en que no había otra persona que   pudiera cumplirla.   

Al  ignorar  este  propósito,  el  Tribunal  admite  la  existencia  de otros proveedores en Leticia, tal como lo indicara el  CTI.   

Igualmente  omite  la declaración de Javier  Fernando  Sanabria,   testigo  que  en la audiencia del juicio oral, expuso  las  condiciones  en  las  cuales  se  encontraba el municipio y que llevó, por  primera  vez,  al  resguardo indígena a unirse a la autoridad local para buscar  soluciones  al  problema;  omisión  que  minimizó  la  crisis  vivida  por esa  población.   

En  su  opinión,  el Tribunal quebrantó el  artículo  402  de  la  ley  906  de  2004,   al  no  tener  en  cuenta  el  conocimiento  personal  de  los testigos, cuyas declaraciones cercenadas, fueron  ignoradas  como  en  el  caso  de  Sanabria  “y otro  (averiguar   nombre  en  la  sentencia)  (Sic)”.   

Por lo demás, señala la afectación de las  garantías  fundamentales, porque de haber atendido las reglas de valoración de  la   prueba   “serias   dudas   hubiesen  emergido  respecto  de la existencia  de    causales    de    ausencia    de    responsabilidad   penal”.   

3.  Con  sustento  en la causal “primera  del  artículo 207 de la ley 600 de 2000”,  aduce  la  violación indirecta de la ley por error de hecho por  falso   juicio   de  identidad  “con  relación  al  dolo”.   

El  Tribunal  al  hacerle  un  “agregado”  a  la prueba documental,  dedujo  el  dolo  de  ella.  Los  elementos  cognoscitivos  y volitivos del tipo  subjetivo,  deben  probarse,  pues  no  basta  con acreditarse la contradicción  formal entre el comportamiento y la norma.   

Por el contrario, la conducta del acusado se  encuentra  justificada  en  la necesidad de celebrar el contrato, para evitar un  daño  mayor  a  la  comunidad, esto es, un grave estado de emergencia sanitario  por falta de agua potable.   

Afirmación  que  sustenta en el hecho de la  existencia  de  un  único  proveedor en ese municipio, mientras que el Tribunal  acoge  un  informe  de  policía  judicial,  circunscrito a la demostración del  parentesco y nada más.   

Señala  los  hechos para demostrar el dolo,  critica  que  las  pruebas  de  la  defensa fueran descartadas por no haber sido  practicadas  por  la  fiscalía,  y  que  no se valorara si el acusado actuó al  amparo  de  una causal excluyente de la responsabilidad, especialmente porque se  tarifó la prueba.   

4.  Violación indirecta de la ley por error  de   hecho,   derivado   de   un   falso   juicio   de   identidad  “con    relación   a   la   antijuricidad   (sic)”,  la que no se estructura con la prueba  aportada a la actuación.   

A  continuación, reproduce una decisión de  la  Sala, para señalar que si formalmente se puso en peligro el bien jurídico,  desde  la  perspectiva  de  la  antijuridicidad  material  no hubo menoscabo del  mismo,  de  ahí  que  censura  al  Tribunal  por  no  indicar  las pruebas para  determinarla.   

Expresa que la conducta no estuvo orientada a  lesionar  el  bien  jurídico, pues la acción final fue encaminada a solucionar  un  problema  de  la  comunidad,  de modo que lo probado y percibido es el noble  querer  del  acusado  y  no la mecanicista y formalista constatación de la mera  contradicción entre conducta y bien jurídico.   

Reitera   que  la  falta  de  oferentes  y  proveedores,   demuestra  que  no  hubo  causación  de  daño  material  a  los  mecanismos  legales  en  los  procesos  de selección, e igualmente aduce que al  actuar  en  cumplimiento de un deber legal y de protección de bienes jurídicos  colectivos,  en  esa  tensión  el  acusado  optó por salvaguardar los derechos  fundamentales de la colectividad.   

CONSIDERACIONES  

         

La  demanda  no  reúne  los  presupuestos de  técnica  que  permita  disponer  su  admisión,  en  razón  a  que  los cargos  propuestos  en  ella,  no  cumplen  con  los  requisitos  formales  y materiales  previstos  en  los  artículos  183 y 184 inciso 2º de la ley 906 de 2004, como  también  omite  cualquier  referencia  a  las  finalidades  perseguidas  con la  casación.   

Es pertinente recordar que aunque la casación  sea  un control constitucional y legal a las sentencias de segunda instancia, no  quiere  significar  que  las  exigencias  de técnica propias de la impugnación  extraordinaria  hayan  desaparecido,  ni  que  la  demanda  mediante  la cual se  instaura sea un escrito de libre confección.   

En este sentido, la casación no ha perdido su  entidad  de  juicio  lógico  jurídico,  de modo que el recurrente en el libelo  está  obligado  a  observar  las  reglas  que la diferencian de los alegatos de  instancia,  mediante  la  proposición  de  cargos  claros  y precisos donde los  errores  sean  formulados objetivamente y sin contradicciones, bajo el entendido  que  la  interpretación  de  las  alegaciones  hechas en la demanda2, así como la  modificación  y  la  readecuación de los reparos, son ajenas a la impugnación  extraordinaria.   

En  general,  el  actor  desatiende  dichas  exigencias  en  la  demanda,  en  la  que  a  manera  de  un  alegato  expone su  inconformidad  con  la apreciación probatoria hecha por el Tribunal, la cual no  coincide  con  la  suya,  sin mostrar la existencia de los reparos enunciados en  ella,  olvidando que en esta sede se juzgan errores de juicio y no discrepancias  de criterio.   

El  reproche  de  un error de hecho por falso  raciocinio  se  queda en su simple enunciación, pues los motivos aducidos en su  desarrollo  ninguna relación guardan con las reglas de la sana crítica y de la  experiencia,  como  por  ejemplo,  cuando  considera  que  el  Tribunal tiene un  concepto     de     dolo     que     se     aparta     de     la    “definición”  del  artículo  22 del  Código  penal,  o  señala  que  la  interpretación  de  este  precepto impide  ubicarlo en el tipo objetivo de la conducta.   

Tampoco   señala   cuáles  reglas  de  la  sana   crítica  demostrativas  del  error de prohibición en que actúo el  acusado  no  fueron tenidas en cuenta por los juzgadores, como tampoco las de la  experiencia  en  los  casos  de  corrupción  administrativa, pues el fundamento  metodológico   para   comprender   este  fenómeno,  nada  tiene  que  ver  con  ellas.   

De  modo  que  la  búsqueda  del  poder,  la  obtención  de  un  beneficio  y  el  predominio  del  interés  individual  son  elementos,  que según el mismo actor,  identifican y explican ese problema  y  no  reglas de tal naturaleza, al igual que la afirmación hipotética, según  la   cual,   algunos   administradores   municipales  asumen  el  manejo  de  la  contratación sin conocimiento del tema.   

Esas   generalizaciones   sumadas   a   las  consideraciones  acerca  de  la  distorsión  de las reglas de la sana crítica,  develan  la  intención  de  trasladar  el  debate  probatorio  agotado  en  las  instancias  a  esta sede, sin que el cargo haya sido desarrollado de acuerdo con  la técnica exigida en la impugnación extraordinaria.   

Similares  cuestionamientos  cabe  hacer  al  segundo  cargo, en la medida que el recurrente no muestra el error, limitándose  a  hacer  reproches  al  Tribunal por tener en cuenta el parentesco y omitir las  otras    razones    aducidas    por    VERA    CIFUENTES    para   explicar   su  conducta.   

No  translitera como era su deber, las partes  supuestamente  desconocidas  ni  confronta la sentencia, para mostrar el error y  su  incidencia  en  ella,  conducta  que  no  modifica cuando en el mismo reparo  señala  el  desconocimiento de la declaración de JAVIER FERNANDO SANABRIA, sin  que  la  demanda  sea  clara  en  identificar si se trata de una omisión total,  supuesto en que la clase de error sería otro.   

Además  de  esa falencia, el actor limita su  actividad  a  presentar  el  entendimiento  de cada una de esas pruebas desde su  particular  punto  de  vista,  para  concluir  que  por esa vía se “desquició   el  artículo  402  del  Código  de  Procedimiento  Penal”,  sin  que  con  ello  haga evidente el error  reprochado a la sentencia.   

En relación con los cargos tres y cuatro por  falsos  juicios de identidad, referidos al dolo y a la antijuridicidad material,  su proposición por la vía seleccionada constituye un desacierto.   

Ambos   son   conceptos   jurídicos  y  no  probatorios.  Pero  si  lo  que pretendía mostrar era que el Tribunal dedujo el  dolo  de  la  prueba  documental,  le  correspondía  citar la que fue objeto de  tergiversación,  transliterar  la  parte de ella, confrontarla con la sentencia  para  hacer  evidente  el  error  y  su  trascendencia  en el fallo, sin que sea  suficiente  desarrollo  del  cargo la aseveración según la cual a la prueba se  le hizo un agregado indebido, porque con la misma nada dice.   

Afirmaciones,  según las cuales “Ninguna   de   las   pruebas  que  se  allegaron  al  expediente  demuestran  tal  acierto” o la evitación de un daño  mayor  a  la  sociedad ante un probable estado de emergencia sanitaria por falta  de  agua, demostraría “que  efectivamente   el   señor   VERA   CIFUENTES  actuó  sin  dolo”,  son  argumentaciones  del libelista ajenas a la prueba documental  sobre la que predica el error.   

Pero además, corresponden a apreciaciones del  demandante  cuya  crítica  al Tribunal, circunscrita al hecho de afirmar que da  por  demostrado  el  dolo con un informe del CTI que establece el parentesco del  acusado  con  el  contratista, sin tener en cuenta los supuestos que a su juicio  se  requerían  para probar el dolo, denota el desacierto en la proposición del  cargo.   

Ahora,  si  su  inconformidad es “porque   el   Tribunal  indebidamente  tarifó  la  prueba  para  demostrar  el  dolo”,  con  mayor  razón  ha debido  indicar  la  prueba  a  la cual el Tribunal le otorgó un valor que la ley no le  reconoce,  en  cuya  caso  le correspondía alegar un error de derecho por falso  juicio  de  convicción  y  desarrollarlo  conforme  a la técnica prevista para  él.   

Y  en relación con el cargo cuarto, no basta  con  reproducir  en  extenso la sentencia de octubre 19 de 2006, en virtud de la  cual  la  Sala aborda el tema de la antijuridicidad, para enseguida señalar que  “desde  la  antijuricidad   (sic)  material la  conducta    enrostrada    en    la    realidad   no   menoscabó   el   interés  jurídico”   y   que   el   Tribunal   “sin  mayor  disquisición y sin aclarar qué elementos de juicio  se  prevalió  para  concluir  en  la  lesividad  de  la conducta”,    toda    vez    que    no    indica    cuál    es   la   prueba  tergiversada.   

Como  tampoco es suficiente mencionar el bien  jurídico   tutelado   por   el  delito  de  violación  del  régimen  legal  o  constitucional  de  inhabilidades  e incompatibilidades, para advertir  que  en  este  caso  “la conducta que se imputa no estaba  dirigida   finalísticamente   a   conculcar   de   manera   material  ese  bien  jurídico” y “Sin  embargo  el  Tribunal,  de  manera lineal, mecanicista y en  exceso  formalista,  simplemente  se  limitó a constatar la mera contradicción  entre  el comportamiento y el bien jurídico tutelado y dedujo sin que la prueba  lo dijera”.   

Desde  esa  perspectiva,  el  recurrente  con  sustento  en opiniones personales expresa “que no se  causó  daño  material”,  como tampoco “aparece  que  mi poderdante hubiera actuado con la intención de  vulnerar”  los  principios  que  rigen el proceso de  contratación,  para  concluir  que “la subjetividad  de   los  fallos  de  instancia”  impidió  analizar  “que las anteriores circunstancias, justificaban la  conducta”        y        excluían        la  antijuridicidad.   

Lo  anterior  permite advertir, que el censor  desatiende  la  prueba  sobre  la  cual  se  sustenta la sentencia, toda vez que  limita  su actividad  a presentar, como ya se dijo, reflexiones sin mostrar  el   error   propuesto,   con   lo   cual   el  cargo  se  queda  en  su  simple  enunciación.   

También  omite indicar el fin perseguido con  la  casación  y argumentar en debida forma cuál o cuáles perseguía con ella,  esto  es,  si  era  la  efectividad  del  derecho  material,  el  respeto de las  garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a  estos o la unificación de la jurisprudencia.   

Por  último, como la sentencia atacada no se  manifiesta  injusta,  ninguno  de  los  motivos  previstos  en el inciso 3º del  artículo  184 de la ley 906 de 2004, permitirá superar los defectos anotados a  la demanda para decidir de fondo.   

En  consecuencia, la Sala no la seleccionará  ni  tampoco  dispondrá  su intervención oficiosa en este asunto, puesto que no  se  vislumbra  la  afectación  de  los  derechos  ni  la  vulneración  de  las  garantías fundamentales de los intervinientes.   

Contra  la  determinación  que  se adoptará  procede  el mecanismo de insistencia previsto en el inciso segundo del artículo  184  de  la  Ley  906  de 2004, cuyo trámite a falta de regulación legal es el  siguiente:   

“a-  …  sólo  puede  ser  promovida por el demandante dentro de los cinco (5) días siguientes  a  la  notificación  de  la  providencia que inadmite la demanda de casación u  oficiosamente  provocada  dentro del mismo lapso por alguno de los Delegados del  Ministerio  Público  para  la Casación Penal -en tanto no sean recurrentes- el  Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o  suscrito la inadmisión.   

b-  La respectiva solicitud puede formularse  ante  el Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal,  ante  uno  de  los  Magistrados que haya salvado voto respecto a la decisión de  inadmitir  o  ante  uno  de  los  Magistrados  que  no  haya  intervenido  en la  discusión.   

c- Es potestad del funcionario ante quien se  formula  la  insistencia  someter  el  asunto  a  consideración de la Sala o no  presentarlo  para su revisión y en este caso así lo informará al peticionario  en   un   término   de   quince   (15)   días”3   

.  

En   mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

Primero.-   No  seleccionar  la  demanda  de  casación,  presentada  por  el defensor de LUIS ALVARO  VERA CIFUENTES.   

Segundo.-  Contra  esta decisión procede el mecanismo de insistencia.   

Notifíquese  y  devuélvase el expediente al  tribunal de origen.   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                    

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO            FERNANDO  ALBERTO CASTRO  CABALLERO                    

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ                MARIA   DEL   ROSARIO   GONZALEZ  MUÑOZ                                        

AUGUSTO   IBÁÑEZ   GUZMÁN                             LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JULIO         E.        SOCHA  SALAMANCA                                                   JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                          

NUBIA YOLANDA  NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Folios 28 a 34 de la carpeta.   

2 Corte  Suprema de Justicia: radicado: 25.565 del 8 de junio de 2006.   

3Auto,  diciembre  12  de 2.005, radicación 24322; en el mismo sentido, auto, de mayo 4  de 2006, radicación 25006.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *