36709(07-07-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso n° 36709  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

                            Aprobado acta N° 230.   

Bogotá,  D.  C.,  siete   (7)  de  julio de dos mil once (2011).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  ÓMAR   DOMÍNGUEZ   MACÍAS   contra  la  sentencia  del  3  de  febrero  de 2011 mediante la cual el Tribunal Superior de  Ibagué  confirmó  la  sentencia proferida el 5 de marzo de 2009 por el Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Melgar (Tolima), que condenó al procesado a las penas  principales  de  25  meses  de  prisión,  privación  del  derecho  de conducir  vehículos  por  el  mismo  término  y multa equivalente a 20 salarios mínimos  legales  mensuales,  así  como  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por lapso igual al señalado para  la  sanción  privativa de la libertad, como responsable del delito de homicidio  culposo, en concurso con lesiones personales culposas.   

HECHOS  

          Se   resumieron   de   la   siguiente   manera   en  los  fallos  de  instancia:   

          “El 4 de agosto de 2002, aproximadamente  a  las  9:00  de  la mañana, en la vía que de Icononzo conduce a Melgar, en la  curva     de     la     entrada     de     la     urbanización     ‘El          Bosque’  de  esta  municipalidad (se   refiere  a  Melgar),  colisionó  la  motocicleta  de  placas  ZLD  42  conducida por el señor Diego Alejandro Aldana  Torres  y su acompañante la señora Claudia Rocío Moreno Cuervo, con el bus de  placas  SKI  900 afiliado a la empresa ‘AUTOFUSA        S.A.’,  guiado por el señor OMAR DOMÍNGUEZ MACÍAS, lo cual dejó, como  consecuencia,   la   muerte   al   primeramente  mencionado  y  lesiones  en  la  segunda”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Con fundamento en el informe rendido por  las  autoridades de tránsito, la Fiscalía 43 Seccional de Melgar dispuso, el 6  de  agosto  de  2002,  la  iniciación de la respectiva investigación penal, en  cuyo   desarrollo  escuchó  en  indagatoria  a  ÓMAR  DOMÍNGUEZ MACÍAS.   

2.  Mediante  resolución del 9 de agosto de  2005  el  fiscal  decretó  el cierre de la instrucción, calificando el mérito  del  sumario  el  31  de agosto del año siguiente con resolución de acusación  contra  DOMÍNGUEZ  MACÍAS,  por los delitos de homicidio y lesiones culposas.   

3. Correspondió tramitar la etapa del juicio  al  Juez  Penal  del  Circuito de Melgar, en el decurso de la cual llevó a cabo  las  audiencias preparatoria y pública de juzgamiento, a cuyo término puso fin  a  la instancia con la sentencia condenatoria del 5 de marzo de 2009, confirmada  por  el  Tribunal Superior de Ibagué en virtud de la apelación interpuesta por  la  defensa,  sujeto  procesal que después acudió al recurso extraordinario de  casación,   por   cuya   razón   el   proceso  se  remitió  a  sede  de  esta  Corporación.   

LA  DEMANDA   

          El   recurrente  instaura  la  demanda  por  vía  de  la  casación  excepcional,  aduciendo  la  vulneración  del  debido  proceso  y el derecho de  defensa,  sobre  la  base  de  atribuir  al  Tribunal  la tergiversación de las  pruebas.   

En ese sentido formula un único cargo contra  la   sentencia   impugnada,  denunciando  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error  de  hecho  proveniente  de  falsos juicios de identidad.   

          Según  dice,  el juzgador tergiversó el testimonio de Claudia  Rocío  Moreno  Cuervo, pues de su  contenido  surge  que  quien  infringió la norma de tránsito fue el hoy occiso  Diego Aldana, conductor de la  motocicleta.  Al  respecto,  transcribe  apartes  de  la  sentencia  de  segunda  instancia,  así como de la mencionada declaración, para concluir que cuando la  deponente    emplea    la   palabra   “desviamos”  es  para significar que se desviaron de la ruta normal  con  el  objetivo  de  adelantar una buseta que se estacionó, y cuando efectuó  esa maniobra de adelantamiento invadió el carril contrario.   

             Para  el  demandante,  en  consecuencia,  quien  invadió el  carril  del  otro  vehículo fue el conductor de la motocicleta, “puesto  que  estaba  DESVIANDO a la buseta que se detuvo y procedió  adelantarla  (sic)  por ello  paso  (sic)  por el pie de la  buseta  que se detuvo es cuando invade el carril del bus, el cual aparece en ese  instante  por  su  carril”. Sostiene que el Tribunal  cuando  apreció  el aludido testimonio, además de tergiversarlo, se apartó de  la  sana  crítica,  haciendo  un  análisis  parcializado  y  equivocado.    

          Otra  prueba  tergiversada,  expresa  el  actor, es el testimonio de  Miguel  Antonio Pinzón, pues  el  sentenciador  le  otorgó  plena  credibilidad,  a  pesar  de que la defensa  demostró  que  esa  persona no estaba en el lugar de los hechos cuando tuvieron  ocurrencia.  Al  respecto, pone de presente cómo si el testigo salió de Melgar  hacia  Icononzo  de  8:00 a 8:20 a.m. y ese recorrido se realiza en un tiempo de  50  a  60 minutos, cuando sucedió el accidente, esto es, entre las 9:00 y 9:20,  ya  estaba  en el lugar de destino o llegando al mismo, máxime si el declarante  manifestó  que  del  paradero al sitio del insuceso apenas había una distancia  de 10 minutos.   

          A  renglón seguido el censor cuestiona la validez de varias pruebas  por  vulnerar  el  debido proceso y el derecho de defensa. Se refiere, en primer  lugar,  al  testimonio  rendido  por  Indalecio  Rubio  Cendales,  en  cuanto  el  mismo se recepcionó en una  fecha  distinta  a  la  fijada mediante auto, no pudiendo la defensa ejercer los  derechos  de  contradicción  y  controversia,  ni  siquiera  a  través  de  la  ampliación  de  la  declaración,  pues el testigo no volvió a comparecer a la  Fiscalía,  a  pesar  de  las  varias  citaciones  que  se  le  hicieron para el  efecto.   

          Refiere,  de  otra  parte,  que  en  su  momento  tachó de falso el  informe  de  accidente  de  fecha  4  de  agosto  de  2002  suscrito por el S.I.  Fernando  Castillo  Triviño,  por  ser  imaginario  y corresponder a un invento suyo, como lo puso de presente  el  propio  procesado  en  la indagatoria en donde, entre otras irregularidades,  manifestó  que  la  huella de frenada nunca existió, conforme lo corroboran la  fotografías  que tomó en el lugar de los hechos 10 horas después de ocurridos  los hechos.   

          Según  el  demandante, la defensa en el curso del proceso solicitó  el   testimonio   de  Castillo  Triviño  para  que  ratificara el informe, pero no compareció a pesar de las  varias  citaciones  que se le enviaron. No se explica entonces por qué se tomó  dicha  prueba  documental  para  condenar  al procesado, máxime cuando la misma  defensa  demostró  que  el  uniformado no se encontraba en turno de seguridad y  vigilancia  y  era  además  apenas el conductor disponible, no obstante lo cual  firmó   el  informe  como  comandante  de  policía  de  tránsito  de  Melgar,  incurriendo así en una falsedad documental.   

          En  fin, para el actor, de apreciarse este expediente a la luz de la  sana   crítica,  se  evidenciarán  las  irregularidades  en  el  procedimiento  desplegado  por la Fiscalía y se advertirá la existencia de testimonios falsos  y  contradictorios,  así  como  la  demostración  de  la causal de ausencia de  responsabilidad  prevista  en  el  numeral  1º  del  artículo  32  del Código  Penal.   

          De  esa forma, tras citar sentencia de la Corte Constitucional donde  se  habla  de  la  nulidad  de  pleno  derecho,  el  libelista solicita casar la  sentencia impugnada para absolver al acusado.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

Acorde  con  el inciso tercero del artículo  205  del  Código de Procedimiento Penal de 2000 y con las pacíficas decisiones  producidas  al  respecto por la Sala, cuando se acude a la casación excepcional  o  discrecional  el  recurrente ostenta la carga de fundamentar la necesidad del  fallo  impetrado,  expresando  si la finalidad de la impugnación es desarrollar  la    jurisprudencia   o   preservar   la   intangibilidad   de   los   derechos  fundamentales.   

          Al  respecto,  esta  Corporación  tiene  dicho  que si se trata del  primero   de   esos   aspectos,   al   demandante  le  corresponde  exponer  con  claridad  y  precisión los  motivos   por   los  cuales  debe  intervenir  la  Corte,  ya  para  proveer  un  pronunciamiento  con  criterio  de  autoridad  respecto  de  un  tema  jurídico  especial,  ora  para  unificar  posturas  conceptuales o actualizar la doctrina,  bien  para  abordar  un tópico aún no desarrollado, con el deber de indicar de  qué  manera la decisión solicitada tiene la dual utilidad de brindar solución  al  asunto  y  servir  de  guía  a  la  actividad judicial. Por su parte, si la  pretensión  del  casacionista  se  orienta  a asegurar la garantía de derechos  fundamentales,  tiene  la  obligación  de demostrar la violación e indicar las  normas  constitucionales  o  legales que protegen el derecho invocado, así como  su   desconocimiento   en   el   fallo   recurrido1.   

En el caso objeto de estudio, el actor aduce  la  vulneración  del  debido  proceso y el derecho de defensa, sobre la base de  atribuir  al  Tribunal  la tergiversación de las pruebas, con lo cual pareciera  que  propusiera  la  casación excepcional en busca de obtener la protección de  garantías fundamentales.   

Sin  embargo,  se  limita  a  afirmar  tal  vulneración,  sin  explicar  la forma como se concretó la misma, distinta a la  de  denunciar,  aun  cuando con la variante que más adelante se mencionará, la  violación  indirecta  de la ley por la concurrencia de varios errores de hecho,  proponiendo  de esa manera una discusión netamente probatoria, la cual no tiene  cabida  en  los  terrenos  de  la  casación  discrecional  por  la  vía  de la  protección  de  garantías  constitucionales,  pues  la  censura  así esbozada  corresponde  a  un  vicio  in  iudicando  o  error de juicio, cuya controversia por ese conducto sólo resulta  viable,  como lo tiene ampliamente precisado la Sala2,  cuando  se trata de defectos  graves    de   motivación,   esto   es,   que   la   misma   sea   aparente,  falsa  o  ausente,  porque  en  esos  casos  se  vulnera el derecho de contradicción,  situación que en momento alguno se esboza en la demanda.   

Más aún, el censor en el cargo que propone  tampoco  satisface  los presupuestos de adecuada fundamentación previstos en el  numera  3º  del  artículo  207  de  la  Ley 600 de 2000 y desarrollados por la  jurisprudencia  de la Corte, a cuyo cumplimiento debe concurrir también aún en  los  casos  de  la  casación excepcional, tal como lo dispone el inciso tercero  del artículo 205 ibídem.   

          En  efecto,  denuncia  la  presencia de un falso juicio de identidad  que  hace  recaer  en  dos  pruebas,  esto  es,  los testimonios de Claudia    Rocío    Moreno    Cuervo   y  Miguel Antonio Pinzón.   

          Conforme  lo  tiene  precisado  la  jurisprudencia de la Sala, dicho  yerro  se  configura  cuando  el  juzgador distorsiona el sentido material de la  prueba  en  cuanto la cercena, adiciona o translitera. Su demostración requiere  que  el  actor identifique el medio sobre el cual recayó el dislate, realice un  cotejo  entre  su  contenido y aquel que le atribuye el fallador, precisando los  apartes  donde  se presenta la distorsión y luego acredite la trascendencia del  yerro.   

         

El   actor   no   cumplió  esa  carga  de  fundamentación,  pues  si bien identificó las pruebas en las cuales, según su  criterio,  se presentó la distorsión, no precisó el sentido equivocado que el  juzgador  le  atribuyó  a las mismas. Obsérvese cómo, en cuanto al testimonio  de    Claudia   Rocío   Moreno   Cuervo,  se  limitó  a  cuestionar  al  Tribunal  por  el  alcance  que le  imprimió  a la expresión “desviamos” utilizada  por  la  deponente,  argumentado  que esa palabra implica  concluir que quien invadió el carril contrario fue el hoy occiso.   

En  otras palabras, el impugnante acepta que  el  fallador  contempló  correctamente  el sentido material de la prueba, sólo  que  no  le  dio  el  alcance  persuasivo que, a su juicio, reviste la misma. Y,  ciertamente,  el Tribunal transcribió, incluso, el aparte del citado testimonio  donde  se  encuentra  la  expresión  en  cuestión. Sin embargo, a partir de su  valoración  en  conjunto  con las demás pruebas, entre las cuales se encuentra  una  posterior  versión  de  la  propia Claudia Rocío  Moreno,  no  le  dio el poder suasorio que pretende el  libelista, como se observa a continuación:   

“Ambas  manifestaciones  son  claras  en señalar que en los hechos, el procesado fue el  que  invadió el carril contrario y envistió a la víctima y a su acompañante.  No     es     posible     determinar     que    la    expresión    ‘desviamos    seguir    por    donde  era’ que fuera aludida por  la  última  de  las  mencionadas  en su primera afirmación, configura un   proceder  absolutamente  claro  en  relación con el compromiso que le asiste al  obitado,  tal  y  como  lo  pretende  el  impugnante, pues, no es viable inferir  conjeturas  en ese sentido cuando las aserciones apreciadas en su integridad, no  divergen  en  relacionar la trayectoria y el camino en el que los automotores se  desplazaban   momentos   previos   a   la   colisión   y  la  relación  de  la  responsabilidad  que  recayó  en el acusado y no en otra persona”3.    

          Presentándose  discusión  no  frente  al  contenido material de la  prueba  sino  al  mérito  apreciativo  de  la  misma, es claro el equívoco del  demandante  en  cuanto  al  motivo  casacional  seleccionado  para cuestionar la  sentencia,  pues debió acudir al error de hecho por falso raciocinio en orden a  demostrar  que  la  conclusión  del  juzgador  devino de la vulneración de los  principios    de    la    sana    crítica,    carga    argumentativa   que   no  emprendió.   

          Similar  desacierto  se  observa en relación con el ataque dirigido  contra   el  testimonio  de  Miguel  Antonio  Pinzón.  Aquí  tampoco  el  actor  identifica el aparte de esa  prueba  objeto  de  distorsión en el fallo. Se limita solamente a cuestionar al  ad   quem   por  otorgarle  credibilidad,  ataque  que  debió,  una  vez más, realizar a través del falso  raciocinio,  lo  cual  tampoco  hizo,  sin  que  resulte válido para ese efecto  postular,  como  lo  hace  el  libelista, su particular visión acerca del poder  persuasivo  de  la  prueba,  dada la doble presunción de acierto y legalidad de  que está dotada la sentencia de segunda instancia.   

          Aparte  de  las  incorrecciones anteriores, se advierten otras más.  En  primer lugar, no fundamentó la trascendencia de los errores, pues pasó por  alto  que  el  Tribunal  no basó su decisión exclusivamente en los testimonios  cuestionados,  sino  que sumó a ellos otras pruebas, como la versión posterior  rendida   por   la   misma   Claudia   Rocío  Moreno  y  las declaraciones de José  Indalecio  Rubio  Cendales,  Luis  Carlos Núñez, Jhon Lewis Restrepo Herrera y  Betty  Gaitán,  quienes  manifestaron también que el  conductor   del   bus   se   movilizaba  en  contravía  cuando  se  produjo  el  impacto.   

          En  segundo  lugar,  desbordó  los confines del motivo de casación  seleccionado  para  enunciar  el cargo, pues terminó cuestionando la validez de  algunas  pruebas, deslizando el discurso hacia los terrenos del error de derecho  por  falso  juicio de legalidad, con lo cual vulneró el principio de autonomía  que  rige  en  esta  sede  extraordinaria,  conforme  al  cual el ataque se debe  corresponder con la causal de casación que fundamenta el mismo.   

          De  todas  maneras,  el  libelista  tampoco se allanó a estructurar  adecuadamente  un  yerro  de la naturaleza antes aludida, pues, de una parte, se  abstuvo  de  fundamentar  por  qué  en este caso no pudo ejercer debidamente el  derecho    de   contradicción   respecto   del   testimonio   de   Indalecio  Rubio  Cendales  y el informe de  accidente  de  fecha  4  de  agosto  de  2002  suscrito por el S.I. Fernando  Castillo  Triviño  a través de  los  otros  mecanismos que para el efecto dispone la ley, pues la Sala de manera  invariable  tiene señalado que la contradicción de la prueba no necesariamente  se materializa mediante el contrainterrogatorio.   

Al respecto, existen otras formas de hacerlo,  que   son   también   constitucionalmente  válidas,  como  la  exposición  al  funcionario  judicial de los análisis efectuados por las partes respecto de las  pruebas  obrantes en el diligenciamiento, el cotejo del medio probatorio con los  demás,  la  facultad  de  impugnación  de  las  providencias  con  base  en la  demostración  por  parte del recurrente de yerros en las decisiones a partir de  una  indebida  valoración  de  los  elementos  de  convicción, la solicitud de  nuevas  pruebas  tendientes  a  desvirtuar  el aporte demostrativo de las que ya  aparecen    en    la    actuación,    entre   otras   posibilidades4.   

          De  otro  lado,  omitió también aquí fundamentar la incidencia de  los  errores, en cuanto dejó sin cuestionar las demás probanzas con las cuales  el  juzgador  llegó  a  la conclusión consistente en que quien creó el riesgo  jurídicamente  desaprobado  concretado  en  los resultados muerte y lesiones no  fue otro distinto al aquí acusado.   

          En  consecuencia,  ante  las  evidentes  y plurales deficiencias de  fundamentación  que  presenta  el  único cargo formulado, la Sala inadmitirá  la  demanda de casación instaurada por el defensor del  procesado ÓMAR DOMÍNGUEZ MACÍAS.   

          Al  margen  de  lo  anotado,  la Corte no avizora la vulneración de  garantías  fundamentales,  que le impongan intervenir oficiosamente, en orden a  preservar su intangibilidad.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  ÓMAR       DOMÍNGUEZ       MACÍAS.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  estatuto  procesal  penal, contra esta decisión no procede  recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                 JOSÉ                               LEONIDAS                              BUSTOS  MARTÍNEZ                

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO          SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                         

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO            MARÍA      DEL      ROSARIO     GONZÁLEZ     DE  LEMOS                                 

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                      JULIO            ENRIQUE            SOCHA            SALAMANCA                 

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr.  Entre   otros,   auto  del  18  de  abril  de  2007,  radicación  26916,  entre  otros.   

2  Sentencia  del  9  de  febrero  de 2006, radicación 23055. En el mismo sentido,  auto del 7 de febrero de 2007, radicación 26493.   

3 Pág.  12 del fallo del Tribunal.   

4 Cfr.  Sentencias  del  2  de octubre de 2001, radicación 15285, 1º de junio de 2005,  radicación 22893 y 19 de julio de 2006, radicación 21592.     

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