36639(05-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     nº  36639   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

          Aprobado Acta N° 315.   

Bogotá D.C., septiembre cinco (5) de dos mil  once (2011).    

VISTOS  

Acomete  la  Sala  el  análisis  sobre  la  admisibilidad   del   libelo   de  casación  presentado  por  la  defensora  de  J.A.P.G.1 contra la sentencia de segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal Superior de Bucaramanga -Sala de Asuntos  Penales  para  Adolescentes-  el  14 de marzo del año en curso, a través de la  cual  revocó  la  de  primer  grado  dictada el 13 de diciembre de la anualidad  anterior  por  el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  para Adolescentes con  Funciones  de  Conocimiento  de  la  misma  sede, que lo absolvió del delito de  homicidio  agravado  en  concurso  con porte ilegal de armas de fuego de defensa  personal.     

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Los  primeros  fueron declarados por el ad  quem, en los siguientes términos:   

“El  3  de agosto de 2010 en la cancha de  fútbol    del    barrio    Las    Hamacas    de    esta   ciudad   (Bucaramanga,  se aclara) fue ultimado con  dos  disparos  de armas de fuego quien respondía al nombre de Arquímedes Ruíz  Duarte,          alias         ‘Pirulo’.   

Al  día siguiente, 4 de agosto de 2010, el  comandante  del  CAI  Kennedy dejó al adolescente J.A.P.G. a disposición de la  Fiscalía  de  Infancia y Adolescencia, relatando mediante escrito, que el joven  se  presentó  en  el  comando  en  compañía de su hermana M.A.P.G. y la mujer  informó  que  el  adolescente  había  sido  quien  le quitó la vida al hombre  conocido          como         ‘Pirulo’, en  hechos  ocurridos  el  día  anterior  en  la  cancha  de fútbol del barrio Las  Hamacas    y   entregó   un   revólver   Smith   &   Watson   (sic)  calibre 357 semipavonado, cachas de  nácar    sin    serie,    con    un    cartucho   sin   percutir”.      

          Por  razón  de  lo  anterior,  el  6  de  agosto siguiente, ante el  Juzgado  Primero  Penal  Municipal  para Adolescentes con Función de Control de  Garantías  de  Bucaramanga,  se  formuló imputación en contra de J.A.P.G.,  por  los  delitos de homicidio  agravado  en  concurso  con  porte ilegal de armas de fuego de defensa personal,  por  los  cuales  fue  afectado  con  medida  de internamiento preventivo por el  término de 4 meses en Hogares Claret.   

El 3 de septiembre ulterior, el ente acusador  presentó  escrito de acusación en contra de J.A.P.G.  por los delitos de homicidio agravado (arts. 103-104.7  del   C.P.)  y  porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de  defensa  personal  (365  ib.),  cuyo  conocimiento  correspondió  al  Juzgado  Primero  Penal  del Circuito para Adolescentes de la  misma  ciudad,  ante  el  cual  se llevó a cabo la audiencia de formulación de  acusación el 24 de septiembre subsiguiente.   

Agotadas  las  audiencias preparatoria y del  juicio  oral,  este último despacho judicial de conocimiento dictó fallo el 13  de   diciembre   posterior,   por   cuyo   medio  absolvió  de  los  cargos  al  acusado.   

Inconforme con la anterior determinación, el  representante  de la Fiscalía interpuso en su contra recurso de apelación, del  cual  conoció  la  Sala  de  Asuntos  Penales  para  Adolescentes  del Tribunal  Superior  de Bucaramanga el 14 de marzo del año en curso, en sentido de revocar  la     absolución     y,    en    su    lugar,    condenar    a    J.A.P.G.   por  los  delitos  objeto  de  acusación  a la sanción de privación de la libertad en el Centro de Atención  Especializado  de  Hogares  Claret  de  Piedecuesta  por el término de seis (6)  años.   

    

Contra  esta  providencia  la  defensora  de  J.A.P.G.  interpuso recurso  extraordinario   de   casación,  para  lo  cual  allegó  demanda,  sobre  cuya  admisibilidad,  en  punto  del  cumplimiento  de  los  presupuestos de lógica y  adecuada argumentación, se pronuncia la Sala.   

LA  DEMANDA   

          Al  amparo  de  la causal tercera del artículo 181 de la Ley 906 de  2004,  plantea  un  cargo contra el fallo impugnado, por violación indirecta de  la  ley  sustancial derivada de un “error manifiesto  de  hecho  por  falso juicio de raciocinio por los desconocimientos (sic)   de  los  postulados  de  la  sana  crítica”,   que   condujo  a  dar  aplicación  al  “artículo 404 del Código Penal, modificado por la  ley  890  de  2004,  y  dejar  de  aplicar  el  artículo 29 de la constitución  nacional  (sic),  y 7 y 381  del  Código  de  Procedimiento  Penal”.         

         En  desarrollo  del  reparo  la  recurrente  señala que el Tribunal  otorgó  credibilidad  al  testigo  Éver Fabián Pico  Manco    cuando    no    la   merece,   “pues  de acuerdo a la entrevista y a lo manifestado en el juicio  va  contra  la  lógica  y no lleva a la    verdad”.   

          Además,   el   juzgador  no  tuvo  en  cuenta  que  este  deponente  “apareció  de  la  nada”,  no  fue  incluido  por  Policía  Judicial en la  recopilación  efectuada  el  día  de  los sucesos y es una persona drogadicta,  quien  “seguramente en una afán de protagonismo le  dio  la  entrevista  a  Policía  Judicial,  pero  cuando empezaron a citarlo al  juzgado  sintió miedo de las mentiras que había dicho, esa es la razón por la  cual  no  quería  acudir  a  declarar,  esa es la razón por la cual se muestra  grosero en la audiencia pública”.   

Además,  afirma que la Fiscalía pretendió  se   lo  declarara  “testigo  hostil”,  pero  esta figura no existe en el estatuto procesal, a la vez que  impugna  su  credibilidad  “pero  este en el juicio  oral  y bajo juramento señala que nada le consta, además de ello dice no estar  amenazado”.   

Con  sustento  en  lo  expuesto,  concluye,  “dejo   sentado   el   recurso  extraordinario  de  casación”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Para  que  la  demanda  de  casación  sea  admitida,  acorde  con  las preceptivas previstas en la Ley 906 de 2004, resulta  imperativo  el  cumplimiento  de  una  serie  de  presupuestos  orientados a que  contenga  una  exposición  lógica  y  debidamente  argumentada,  como  así se  desprende,  en  primer  lugar,  de lo normado en el inciso segundo del artículo  184, según el cual:   

“(N)o   será  seleccionada,  por  auto  debidamente  motivado que admite recurso de insistencia presentado por alguno de  los  magistrados  de  la  Sala  o  por el Ministerio Público, la demanda que se  encuentre  en  alguno de los siguientes supuestos:  Si el demandante carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal,  no desarrolla los cargos de  sustentación…”.   

Igualmente,  de lo advertido en el artículo  183  del mismo estatuto, conforme al cual el recurso extraordinario de casación  se interpondrá:   

“(M)ediante demanda que de manera precisa  y  concisa  señale  las  causales  invocadas  y  sus fundamentos”.   

A   los  criterios  contenidos  en  estas  disposiciones,  se  aúna  la  necesidad  de  proferir el fallo con el objeto de  cumplir    alguno    de   los   fines   del   recurso,   a   los   cuales      refiere     la  última  parte  del segundo inciso del mencionado artículo 184  de  la  misma  codificación, al señalar que también se inadmitirá la demanda  “cuando de su contexto se  advierta  fundadamente  que  no  se precisa del fallo para cumplir alguna de las  finalidades  del recurso”,  no  otras que las         establecidas  en  el  artículo  180  ejusdem.   

Esta  concepción  teleológica  del recurso  también  ha llevado a exigir que, para su admisión, de la demanda debe aflorar  la  necesidad  del  pronunciamiento  de  fondo  para satisfacer alguno de dichos  fines.   En  su  ausencia,  por  consiguiente,  se optará por inadmitirla.   

Sobre  este  particular,  comiéncese  por  precisar  que  en  la demanda ningún esfuerzo se realiza, ni ello tampoco surge  de  su  contenido,  en  orden  a  demostrar ese aspecto, defecto suficiente para  arribar a la decisión de inadmitir.   

Empero, también refuerza esa determinación  el  hecho  de  que  la  única  censura  contenida  en el libelo no demuestra el  pretendido error de hecho por falso raciocinio que se invoca.   

Según  criterio  reiterado  de  la Sala, se  incurre  en  esta  modalidad  de  yerro  cuando  el  juzgador  valora  un  medio  probatorio  desconociendo  las  pautas  de la sana crítica, esto es, postulados  lógicos, leyes científicas o máximas de la experiencia.   

Por  tanto, para que una propuesta basada en  esa  modalidad  de  error  tenga  asidero,  el  demandante está compelido, como  primera  medida,  a identificar la prueba sobre la cual recae el yerro; luego, a  establecer  el  mérito  otorgado al medio de convicción en la sentencia y a la  vez  a  señalar  cuál  es  el  postulado  de  la  sana crítica en su criterio  vulnerado,  esto  es,  el  principio  lógico, la máxima de la experiencia o la  regla científica quebrantada.   

Acto  seguido,  debe proceder a vincular esa  apreciación  con  la  pauta  aludida demostrando en dónde radica el desvío y,  por  último,  está  obligado a precisar la trascendencia del error frente a la  ley  sustancial, lo cual le exige exponer los argumentos conducentes a demostrar  que  la sentencia impugnada se debe modificar en favor del interés representado  como  consecuencia  necesaria  del  error,  tarea que, ineludiblemente, entraña  abordar   la   totalidad   de  los  medios  de  persuasión  en  los  cuales  se  sustenta.            

         

En  el  reproche  objeto  de  estudio  no se  discute  que la defensora identifica el medio de prueba de carácter testimonial  sobre  el  cual  recae el pretextado vicio valorativo, esto es, la deponencia de  Éver   Fabián   Pico   Manco.    No  obstante,  la  revisión  del fallo impugnado permite evidenciar  que   si   bien   esta   declaración   sirvió   de  fundamento  al  juicio  de  responsabilidad,  no  fue el único elemento considerado y que, por lo mismo, la  censura se torna intrascendente.   

Así,   en  la  sentencia  se  infiere  la  responsabilidad  del adolescente J.A.P.G. no  sólo a partir de lo atestado por Pico  Manco,  sino  que  “esta  prueba  de  cargo  encuentra corroboración con otro elemento probatorio como el  informe  del  comandante del CAI de Kennedy, introducido a través de su testigo  de  acreditación,  es  decir el ST diego Alejandro Ladino Robayo, donde se dice  que  el  4  de  agosto  acudió  al  CAI  el adolescente implicado, junto con su  hermana  y  ésta  indicó  que  J.A.P.G.  era  quien había causado la muerte a  ‘Pirulo’  haciendo  entrega del arma de fuego  utilizada        para        ese        fin”2.   

Al  hecho  aludido  de no involucrar toda la  prueba  sobre  la  cual se sustentó el fallo condenatorio, aspecto que redunda,  como  ya se advirtió, en perjuicio de su trascendencia y, por ende, de su cabal  demostración,  se  aúna que la censura en toda su extensión tampoco compagina  con  la naturaleza del error invocado, acorde con los parámetros reseñados, en  tanto   únicamente   subyace   el   propósito   de   imponer  su  criterio  de  valoración.        

De  esa forma, todo se resume en que para la  demandante  la  valoración  del  juzgador  no  consulta con la lógica simple y  llanamente  porque  no  coincide  con  su parecer personal sobre cómo ha debido  apreciarse   el  testimonio  de  Éver  Fabián  Pico  Manco,   sin   que   en   momento   alguno   exprese,  concretamente, cuál es la regla de la sana crítica transgredida.   

Entonces,  al  constatarse que la censora se  limita  a  exponer  abiertamente su criterio personal en punto de la valoración  de  las probanzas, resulta evidente que deja sin demostrar el error formulado y,  además,  atenta  contra  la  naturaleza extraordinaria del recurso de casación  –en cuanto se concentra en  la  producción  de  errores  que  afectan la constitucionalidad o legalidad del  fallo-  sin  lograr  derruir  la doble presunción de acierto y legalidad que lo  gobierna  -en cuya virtud prevalece el juicio del sentenciador sobre la opinión  subjetiva del recurrente-.   

Los  defectos  argumentativos  puestos  de  manifiesto,  permiten a la Sala razonablemente concluir que la demanda no cumple  con  las  exigencias  contenidas en las normas transcritas al inicio de la parte  considerativa   de   esta   decisión,   motivo   por   el  cual  se  impone  su  inadmisión.   

Se  arriba a idéntica conclusión, además,  porque  del  contenido  de  la  demanda  y  de  la revisión de la actuación no  encuentra  procedente  la Sala la necesidad en este caso de superar los defectos  reseñados  en procura de cumplir alguno de los fines del recurso extraordinario  previstos en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

             Cuestión final.   

Habida  cuenta de que contra la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación3,    como  sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por  cuyo  medio la Sala decida inadmitir la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  –siempre que el recurso de  casación  no  hubiera  sido  interpuesto por un Procurador Judicial–,   el   Magistrado  disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en los debates o suscrito la providencia  inadmisoria.   

         

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

iii)          Es potestativo del Magistrado disidente,  del  que no intervino en los debates o del Delegado del Ministerio Público ante  quien  se  formula  la insistencia, optar por someter el asunto a consideración  de  la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en que informará  de ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

iv)           El auto a través del cual se inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada   por   la  defensora  de  J.A.P.G., por  las razones consignadas en la anterior motivación.   

         Contra  esta  decisión procede el mecanismo de insistencia, en los  términos señalados.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                 JOSÉ    LEONIDAS    BUSTOS    MARTÍNEZ                  

FERNANDO ALBERTO CASTRO  CABALLERO           SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ                      

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO                     MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS            

                                                                                    

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                     JULIO      E.      SOCHA     SALAMANCA          

      

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1 Como  esta  providencia  puede  ser  publicada,  se  omite  el  nombre  del  menor, de  conformidad  con lo normado en el numeral 8° del artículo 47 de la Ley 1098 de  2006  “por  la  cual  se  expide  el  Código de la  Infancia y la Adolescencia”.   

2  Págs. 10 y 11del fallo de segunda instancia.   

3  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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