36541(01-06-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n° 36541  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado    acta    N°    188   

Bogotá,    D.    C.,    primero (1°) de junio de dos mil once (2011)   

V   I   S   T   O  S   

La  Corte resuelve de plano la solicitud de  cambio   de   radicación  presentada  por  la  defensora  de  Nelson  de Jesús  Gómez  Manco, procesado  por  el delito de rebelión en la causa radicada bajo el  No.  2022  que  el  Juzgado Promiscuo del Circuito de  Riosucio  (Chocó)  adelanta en su contra.   

HECHOS Y ANTECEDENTES PROCESALES  

De la actuación que ha llegado a la Sala se  desprende  que  con  posterioridad  al  2  de  marzo  del año en curso, una vez  finalizada  la  etapa  de  investigación  tramitada  por la Fiscalía 8ª de la  Unidad  de  Derechos  Humanos y Derecho Internacional Humanitario de Bogotá, el  proceso   seguido   contra   el   mencionado   Gómez  Manco  por  el  delito  de  rebelión fue asignado al  despacho judicial enunciado en precedencia.   

PETICIÓN      DE     CAMBIO     DE  RADICACIÓN   

La  defensora  peticionaria  plantea que la  grave  situación de orden público en que se encuentra el municipio de Riosucio  afecta  la independencia e imparcialidad de la administración de justicia en el  caso  que  se  sigue  contra  Nelson de Jesús Gómez  Manco,  así  como  sus  garantías  procesales,  la  publicidad  del juzgamiento, la seguridad e integridad de los sujetos procesales  y funcionarios judiciales.   

Agrega  que  la juez a cargo del proceso ha  emitido  decisiones  injurídicas  en  contra  de  la  comunidad  de  los  ríos  Jiguamiandó  y  Curvaradó,  “pasando  incluso por  encima  de las resoluciones del Incoder y la propiedad colectiva sobre la tierra  de  los  miembros  de  los  consejos  comunitarios”,  situación  que  califica  de  ilógica  y  que,  según  dice,  ha requerido la  intervención de la Corte Constitucional.   

Así, la memorialista se remonta al año de  1911  hasta  nuestros  días  para  describir  el  origen de las comunidades que  habitan  en  la  cuenca  de  los  ríos Curvaradó y Jiguamiandó y su posterior  desplazamiento  forzado  por  razón  de  los  enfrentamientos entre las Fuerzas  Armadas  y  grupos  ilegales,  así como por la influencia de la industria de la  ganadería  y la palma de aceite. Reseña que su retorno a los lugares de origen  se  ha  visto  afectado  por la estrategia paramilitar, la usurpación ilegal de  tierras,  la  muerte  violenta  de  sus miembros y el uso de montajes judiciales  contra  sus  líderes,  en  especial en el municipio de Riosucio.  Recuerda  que  dicha  situación ha sido observada por la Corte Constitucional, Consejo de  Estado,  Corte  Suprema  de  Justicia  y  por  los organismos internacionales de  Derechos  Humanos  y  Derecho  Internacional  Humanitario,  en  especial  por la  Comisión  Interamericana de Derechos Humanos que ha otorgado medidas cautelares  a dichas comunidades.   

En lo referente a la necesidad del cambio de  radicación,  insiste  en  los  actos  de  violencia, persecuciones por parte de  grupos  de  autodefensas en contra de los miembros de la comunidad aludida y sus  defensores,  en  particular  por  su  condición  de  denunciantes y testigos en  procesos  que  se siguen contra los cultivadores de palma, detrás de quienes se  hallan  grupos  armados  al  margen  de  la  ley.  Enfatiza, además, en la  violencia  que  han  generado  las  nuevas  bandas  emergentes, así como en las  amenazas   que   representan  al  ecosistema,  puesto  que  los  grupos  armados  irregulares  han  ampliado  la frontera agrícola. Dice que la aplicación de la  Ley  de  Justicia y Paz en esos territorios ha fracasado por el temor y falta de  garantías de las víctimas para hacerse parte en los procesos.   

Con   fundamento   en   los   anteriores  razonamientos,  la  peticionaria  le pide a la Corporación que ordene el cambio  de  radicación  del  proceso seguido contra Nelson de  Jesús   Gómez   Manco   al  Distrito  Judicial  de  Bogotá.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

1.  Competencia  y  trámite  del cambio de  radicación   

El  propósito de la solicitud de cambio de  radicación,  según  lo  expresa  la  defensora  solicitante,  es  el  traslado  a   un   distrito   judicial   distinto  de  la  causa  que  por  el  comportamiento  punible de rebelión  adelanta   el  Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  de  Riosucio  (Chocó)  contra  Nelson    de    Jesús   Gómez   Manco.  La referida pretensión, de conformidad con lo establecido en el  numeral  8  del  artículo  75  de  la  Ley  600  de  2000, le otorga a la Corte  competencia para conocer de la misma y resolverla de plano.   

Ahora  bien,  en  la actuación que en esta  ocasión  ha  llegado a la Corte no consta que se hubiera dado curso al trámite  previsto  en  el  artículo  86 del Código de Procedimiento Penal de 2000, esto  es,  que  la  solicitud  de  cambio  de radicación se hubiere formulado ante el  funcionario judicial a cargo del proceso.   

No   obstante   lo   anterior,   dada  la  trascendencia  de  la dinámica de violencia que afecta a las comunidades de las  cuencas  de  los  ríos  Jiguamiandó  y Curvaradó, la vigilancia que sobre ese  fenómeno  ejerce en la actualidad el Sistema Interamericano de Derechos Humanos  y  el  compromiso  del  Estado Colombiano para atender los requerimientos de los  organismos  internacionales  para la protección de las garantías fundamentales  de   los  ciudadanos,  la  Sala  entrará  a  resolver  de  plano  la  solicitud  impetrada.                                    

2.  Naturaleza  y finalidades del cambio de  radicación   

La  Colegiatura debe recordar que el cambio  de  radicación de un proceso penal, como excepción a las reglas de competencia  por  el  factor territorial, procede cuando se acredita, en debida forma, que en  el  lugar  donde  se  ventilan las diligencias existen circunstancias que puedan  afectar   el   orden  público,  la  imparcialidad  o  la  independencia  de  la  administración  de  justicia,  las  garantías  procesales,  la  publicidad del  juzgamiento,  la  seguridad o integridad personal de los sujetos procesales o de  los  funcionarios  judiciales,  tal  como lo contempla el artículo 85 de la Ley  600  de  2000,  norma  que  rige  el  trámite  de  esta  particular  actuación  procesal.   

En  otras  palabras,  el cambio de sede del  proceso  es  siempre  de  carácter  extremo y residual, de manera que solamente  procede   en   los   casos   taxativamente   señalados   en   la   disposición  citada.   

Así mismo, se ha indicado que la labor del  peticionario   debe   centrarse  en  demostrar,  de  manera  clara  y  evidente,  cualquiera  de  las  circunstancias en precedencia citadas para que la Corte, en  cumplimiento   de  lo  normado  en  las  disposiciones  legales  enunciadas,  se  pronuncie    sobre    la   viabilidad   o   no   del   cambio   de   radicación  solicitado.   

3. El caso concreto  

Vistos los presupuestos anteriores, la Sala  encuentra  que  la petición que formula la defensora del encausado Nelson  de Jesús Gómez Manco, encuentra  justificación  en  las  especiales circunstancias externas dentro de las que ha  avanzado   el   devenir   procesal   de   la  actuación  que  se  sigue  en  su  contra.   

En  efecto,  son  de  sobra  conocidos  los  obstáculos  que  surgen  para  conseguir  el cumplimiento de las finalidades de  verdad,   justicia   y   reparación,   dentro  de  las  actuaciones  judiciales  encaminadas  a  esclarecer  comportamientos  punibles  acaecidos  en  zonas  del  territorio  nacional afectadas por graves alteraciones del orden público.    

Más  aún,  el  deber  de  una imparcial y  cumplida   administración   de   justicia  al  que  tienen  derecho  todos  los  intervinientes  en  el  proceso penal, debe asumirse con mayor rigor en aquellos  casos   en  los  que  se  involucran  –ya  sea  como  víctimas,  procesados, testigos o en cualquier otra  forma-  individuos  que  se  hallan  en una manifiesta situación de desventaja,  como  es  el  caso  de  quienes de largo tiempo atrás han sido afectados por el  fenómeno del desplazamiento forzado.   

Tal  es el caso que aquí se presenta, toda  vez  que de la petición de cambio de radicación que se analiza se desprende la  pertenencia  del  enjuiciado  Nelson de Jesús Gómez  Manco  a  las Comunidades de los Ríos Jiguamiandó y  Curvaradó,  grupos  humanos  que han sido víctimas del desplazamiento forzado,  particular  y  violentamente  afectados  por  grupos  armados  al  margen  de la  ley.   

El  caso  que ocupa la atención de la Sala  resulta  especialmente  sensible,  en  la  medida  en  que,  como  lo sostiene y  demuestra  la  defensora  peticionaria,  la  Corte  Interamericana  de  Derechos  Humanos,  a  través  de  resolución  del  17  de noviembre de 2004, dispuso la  adopción  “de  las  medidas  que fueran necesarias  para  proteger  eficazmente  la  vida  e integridad personal de los miembros del  Consejo  Comunitario  del Jiguamiandó y las familias del Curvaradó”.   

En  este  sentido, a través de Resolución  del  7  de  febrero  de  2006,  la  Corte Interamericana de Derechos Humanos, se  pronunció  sobre  el  alcance,   naturaleza  y  finalidades de las medidas  cautelares,  en particular las que amparan a los ciudadanos pertenecientes a las  Comunidades  de  los  Ríos Jiguamiandó y Curvaradó, y fue así como advirtió  lo siguiente:   

“Que  en  el  Derecho  Internacional  de los Derechos Humanos las medidas provisionales tienen  un  carácter  no  solo  cautelar  en el sentido de que preservan una situación  jurídica,   sino   fundamentalmente   tutelar   por  cuanto  protegen  derechos  humanos.   Siempre  y  cuando  se  reúnan  los  requisitos  básicos de la  extrema  gravedad  y  urgencia  y de la prevención de daños irreparables a las  personas,  las  medidas  provisionales se transforman en una verdadera garantía  jurisdiccional de carácter preventivo.   

Que  para  tornar  efectivos  los  derechos  consagrados  en  la Convención Americana, el Estado Parte tiene la obligación,  erga  omnes,  de  proteger  a  todas  las  personas  que  se  encuentren bajo su  jurisdicción,  no  sólo en relación con el poder del Estado, sino también en  relación  con  actuaciones  de  terceros particulares, inclusive grupos armados  irregulares  de  cualquier  naturaleza.   La  Corte  observa que, dadas las  características  especiales  del presente caso, y las condiciones generales del  conflicto  armado  interno en el Estado, es necesario mantener la protección, a  través  de  medidas  provisionales, de todos los miembros de las Comunidades, a  la   luz   de  lo  dispuesto  en  la  Convención  Americana  y  en  el  Derecho  Internacional Humanitario.”   

En  lo referente al caso de las comunidades  aludidas,   el  organismo  internacional  de  Derechos  Humanos  recavó  en  la  obligación  que  pesa  sobre el Estado Colombiano, conforme lo dispuesto en las  aludidas  resoluciones  del  6 de marzo de 2003, 17 de noviembre de 2004 y 15 de  marzo  de  2005;  fue  así como precisó la obligación que le asiste al Estado  Colombiano de:   

“adoptar medidas  necesarias  para proteger la vida e integridad personal de todos los miembros de  las  Comunidades  del  Jiguamiandó y del Curvaradó y asegurar que ellos puedan  seguir   viviendo   en   su   residencia   habitual1   

, sin ningún tipo de coacción o amenaza, y  que  los  desplazados  regresen  a  sus hogares o a las “zonas humanitarias”  establecidas  por  estas  Comunidades.   Igualmente,  debe  investigar  los  hechos   que   motivaron   la  adopción  y  el  mantenimiento  de  las  medidas  provisionales  con  el  fin  de  identificar a los responsables e imponerles las  sanciones correspondientes”.   

Ahora  bien,  la  Corte  Interamericana,  a  través  de  su  Resolución del 7 de febrero de 2006, denunció que las medidas  adoptadas  a  favor de las Comunidades de los Ríos Jiguamiandó y Curvaradó no  han sido eficaces, toda vez que:   

“según  la  información  presentada  por la Comisión y los representantes, los miembros de  las  Comunidades  continúan  siendo objeto de numerosos actos de hostigamiento,  detenciones  arbitrarias,  desapariciones  forzadas,  asesinatos  e  intentos de  asesinato  realizados supuestamente por la fuerza pública, o por grupos armados  irregulares.”   

Por otra parte, no se debe perder de vista,  además,  que  la  Corte  Constitucional,  en  el  auto  del 18 de mayo de 2010,  referido  a  la  implementación  de lo dispuesto en el fallo de Tutela T-025 de  2004   (que  declaró  el  estado  inconstitucional  de  cosas  respecto  de  la  situación    de   las   víctimas   de   desplazamiento   forzado),   constató  “que  los  derechos fundamentales prevalecientes de  los  individuos y las comunidades afrocolombianas ubicadas en las cuencas de los  ríos  Curvaradó  y  Jiguamiandó  continúan siendo masiva y sistemáticamente  desconocidos”.   

Más recientemente, a través de Resolución  del  17  de  noviembre  de  2009,  la  Corte  Interamericana de Derechos Humanos  adoptó  medidas  provisionales encaminadas, entre otras finalidades, a proteger  la  vida  e integridad de todos los miembros de las comunidades constituidas por  el  Consejo Comunitario del Jiguamiandó y las familias de Curvaradó, así como  a  garantizarles  su  permanencia  sin  coacción  en  los lugares que habiten e  investigar  los  hechos  que  motivan  la  adopción  de  las  aludidas  medidas  provisionales.    

En  estas condiciones, surge nítido que en  el  presente  caso,  la actuación muestra diversas circunstancias -entre ellas,  el  persistente  hostigamiento  en  contra de los miembros de las comunidades de  los   ríos   Jiguamiandó   y   Curvaradó   por   parte   de   grupos  armados  ilegales­-  las  cuales,  analizadas  en su conjunto, ofrecen un panorama de evidente gravedad que amenaza  la  recta  y  cumplida administración de justicia en el distrito donde cursa el  proceso en cuestión.    

El   Estado   Colombiano  ha  asumido  la  obligación  de  acoger  las  conminaciones  de  la CIDH, las cuales incluyen un  amplio  espectro de protección, dentro del cual sin duda caben aquellas medidas  encaminadas  a  tutelar  el acceso a una pronta y cumplida justicia, ejercida de  manera  imparcial,  ya  sea que el ciudadano protegido sea víctima de conductas  punibles,  o  bien  sujeto  pasivo del proceso penal, toda vez que su situación  jurídica  es  una  más de las aristas en que se plasma el deber de protección  del  Estado y, de manera correlativa, el derecho que les asiste a los ciudadanos  afectados  por  el desplazamiento forzado de permanecer en el territorio que les  pertenece.   

5. Conclusión  

Como  corolario  de lo anterior, la Sala de  Casación   Penal   estima   que,  en  este  caso  particular,  el  cambio  de  radicación  constituye  una  medida  de  razonable  eficacia,  encaminada  a  garantizar  la recta y cumplida  administración  de  justicia  en  el  proceso  que se sigue contra Gómez  Manco,  en  la  medida en que se  sustrae  la  actuación  del  entorno que afecta los derechos y seguridad de los  sujetos  procesales  y  de la administración de justicia, e impide realizar los  fines del proceso penal.    

Por  lo  tanto, con el fin de preservar los  intereses  y  fines  de  la  administración de justicia, su independencia, así  como   las   garantías   fundamentales  de  los  sujetos  procesales  y  demás  intervinientes,    se   accederá   al   cambio   de  radicación   solicitado   por   la   defensora   de  Nelson   de   Jesús   Gómez   Manco   y,  en  consecuencia, con apoyo en lo normado en el artículo 88 de  la  Ley  600  de  2000,  se  ordenará  trasladar  la  actuación  procesal  que se sigue en su contra por el  delito  de rebelión a uno de los despachos judiciales  del  Circuito  de  Medellín  que sea competente, por  razón de la naturaleza de las conductas punibles investigadas.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E   

PRIMERO:  ORDENAR  el  cambio  de  radicación del  proceso  que  adelanta  el  Juzgado  Promiscuo del Circuito de Riosucio (Chocó)  contra  Nelson  de  Jesús  Gómez  Manco     al     Distrito    Judicial    de  Medellín.   

SEGUNDO:   En  consecuencia,  remítase  de  inmediato  el  expediente al reparto de los jueces  penales  del  circuito  competentes  de  esa ciudad, según la naturaleza de las  conductas punibles investigadas.   

Comuníquese  esta  decisión  al Juzgado Promiscuo del Circuito de  Riosucio (Chocó) y a los sujetos procesales.   

Contra  esta  determinación  no  procede  recurso alguno.   

Comuníquese y cúmplase.  

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                               JOSÉ   LEONIDAS  BUSTOS     MARTÍNEZ                     

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                            SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ            

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                              MARÍA  DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                                                           

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1                     Cfr.,  inter  alia,  Caso de las Comunidades del Jiguamiandó y del  Curbaradó,   supra  nota  1,  considerando  décimo;  Caso  de  la  Comunidad  de  Paz  de  San  José  de  Apartadó,  supra  nota  1,  considerando  octavo,  y  Caso      Giraldo      Cardona,      Medidas    Provisionales.     Resolución    de    la    Corte  Interamericana  de  Derechos  Humanos  de  5  de  febrero  de 1997, considerando  quinto.     

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