36409(14-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     nº  36409   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

                            Magistrada Ponente:   

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

          Aprobado Acta N°. 331.   

Bogotá,      D.C.,      septiembre  catorce  (14)  de dos mil once  (2011).   

VISTOS  

Decide  la Sala sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado ELKIN  HUMBERTO  CORREA  TORO  contra  la  sentencia  de  segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Buga el 2  de  marzo  del año en curso, a través de la cual confirmó la dictada el 19 de  noviembre  de  2010  por  el  Juzgado Segundo Penal del Circuito con Función de  Conocimiento  de  Cartago  que  condenó  al  mencionado  como  autor penalmente  responsable  del  delito  de  homicidio  agravado  en la persona de Jorge Andrés López Pérez.   

HECHOS  

El  Tribunal  los  condensó de la siguiente  manera:   

“Se  establece en la acusación que en la  madrugada  del  2  de mayo de 2010, cuando el señor Jorge Andrés López Pérez  se  encontraba  departiendo  con  familiares  y  amigos  en  el  establecimiento  público  denominado  ‘el  kiosco’,  ubicado  en la  carrera  6ª  número  33-34  de  la  municipalidad  de Cartago, Valle, y siendo  aproximadamente  las  dos de la mañana sostiene una discusión con un individuo  llamado   Alex,   la   cual   no  trasciende  por  la  intervención  de  varios  amigos.   Este  momento  es  aprovechado  por  ELKIN  HUMBERTO  CORREA para  dirigirle  unas  palabras  a  Jorge Andrés, quien reacciona desafiándolo; acto  seguido  ELKIN  exhibe y lo intimida con un cuchillo, Jorge Andrés lo golpea en  la  cabeza  con una botella que tenía en la mano, ELKIN lo agrede propinándole  varias  heridas  en su cuerpo con el arma blanca que portaba, ante lo cual Jorge  huye  del  establecimiento,  mal  herido, cayendo al piso metros adelante, lugar  hasta   donde  lo  persigue  ELKIN  y  pese  a  encontrarlo  en  condiciones  de  inferioridad  le  lanza  más  puñaladas  a su humanidad, mismas que provocaron  posteriormente  su muerte”.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

Con base en los sucesos precedentes, ante un  Juzgado  Penal  Municipal con Función de Control de Garantías de Cartago, tuvo  lugar   audiencia   preliminar   durante  la  cual  se  formuló  imputación  a  ELKIN    HUMBERTO    CORREA    TORO    por  el  delito  de  homicidio  agravado, cargo que el mencionado no  aceptó.   

El 27 de mayo de 2010, la fiscalía presentó  escrito  de acusación en contra del procesado como presunto autor del delito de  homicidio  agravado  (art.  104  nums.  6  y 7 del C.P.), que luego ratificó en  desarrollo  de  la  audiencia de formulación de la acusación celebrada el 4 de  junio  ante  el  Juzgado Segundo Penal del Circuito con Función de Conocimiento  de la misma localidad.   

Este  último despacho, una vez tramitó las  audiencias  preparatoria  y  del  juicio  oral,  profirió  sentencia  el  19 de  noviembre  ulterior,  por  medio  de  la  cual  condenó al acusado ELKIN  HUMBERTO  CORREA  TORO  a  la pena  principal  de  cuatrocientos  (400)  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un  lapso  de  veinte  (20)  años,  al encontrarlo autor penalmente responsable del  delito de homicidio agravado.    

En  la misma decisión, además, le negó el  subrogado  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la pena y el  sustitutivo de la prisión domiciliaria.   

En desacuerdo con la anterior determinación,  interpuso  recurso  de  apelación en su contra la defensa del implicado, motivo  por  el  cual se pronunció el Tribunal de Buga el 2 de marzo del año en curso,  en el sentido de confirmarla.   

          Contra    esta    última    determinación,    interpuso    recurso  extraordinario  de  casación  nuevamente  la defensa, mediante el libelo que es  objeto de análisis.   

LA DEMANDA  

El   censor  formula  un  único      reproche     al   amparo   de   la   causal   tercera  de casación prevista en el artículo 181  de  la  Ley  906  de 2004, debido   al  “manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y  apreciación  de la prueba  sobre  la cual se ha fundado la sentencia…error    en    la   contemplación   material   de   la   prueba  (error       de  hecho)”.   

Para  sustentar  su  prédica, comienza por  evocar  algunos  argumentos del fallo impugnado y su conclusión en cuanto a que  “no      existe     demostrado     (sic)  que  el  acusado  fue  objeto del  comportamiento  ajeno,  grave e injusto, por que (sic)  palabras  más,   y  palabras  menos,  la  persona  que  preordenó  los  hechos, la que crea la iniciativa del hecho antijurídico, y la  que  insulta  inicialmente  y  posteriormente recibe el botellazo, y como contra  prestación  (sic) lesiona  mortalmente  a  la  hoy  víctima,  es el señor procesado ELKIN HUMBERTO CORREA  TORO”.   

Acto seguido, indica que en sus “primeras      versiones      o      declaraciones”,   los  hermanos  Alberto  y  Ancízar  Marín  Mesa  “hacen  un  relato  completamente distinto a lo que dijeron en el  juicio  oral,  hasta  el punto de reconocer el estado de ira e intenso dolor del  art.  57 del C. Penal y es de todos conocido que las pruebas mínimas recaudadas  en  el  curso  de la instrucción hacen parte de un todo en cuanto a las pruebas  demostrativas  como  tal”,  pruebas  que,  en  su decir, son legales por cuanto reúnen los presupuestos del  artículo  276  del estatuto procesal, al haber sido aportadas por el patrullero  Onésimo     Martínez     Sanclemente  “luego  por  que  (sic) no   se  analizó  la  prueba  en  su  conjunto  y  se  dedujo  una  conclusión   de  verdad  como  lo  exige  ala  (sic)  Sana  Crítica Según (sic)  los  términos  del  art.  404 del C.P.P.”.   

Señala,   igualmente,  que  “no  se  analizó el estado de sanidad mental de los testimonios.  Personas   que   estaban   libando   licor   desde   las   10  pm.  de  mayo 1 y los hechos sucedieron a las  2  am.  del  2 de mayo, cuatro horas, ingiriendo licor cerveza y aguardiente. No  se   le   aplicó   el  examen  reflexivo,  razonable,  y  lógico  (sic)  de  los  medios demostrativos, si  estos  se  hubiera  realizado, no se le hubiera dado el grado de certeza a estos  testimonios”,  pues  se  trataba  de  personas  “interesadas en las resultas  del   proceso,   y  por  tal  motivo  carentes  de  moralidad,  desprovistos  de  imparcialidad   en   efectuar   una  comunicación  cierta,  veras  (sic)   e  incuestionable”.   

Para  el recurrente los precitados testigos  reconocieron  la  atenuante  en  sus  primeras  versiones y se retractaron en el  juicio     oral     mintiendo     hasta    el    punto    de    señalar  que  el  occiso  desde la mesa en donde se encontraba lanzó un botellazo a su defendido,  lo  cual  se desvirtúa con la prueba científica de Medicina Legal que describe  unas  heridas  al  segundo incompatibles con el envío del objeto a esa  distancia;  por  el  contrario,  “es  el resultado del un golpe  (sic)   dado   a   corta  distancia,  por  mano  humana  de  arriba  hacia abajo, como sucedió en el caso  presente,    luego    en   donde   (sic)  queda  la apreciación no veraz de los  testigos   que   cuestiono,   no  están,  estos  en  contra  vía  (sic)   de   las   pruebas   tanto  de  inspección  judicial  como  lo  es  la  experticia  del  galeno,  como su misma  declaración   rendida   en   curso   de  la  audiencia  pública”.   

En  igual despropósito, agrega, incurrió  el     deponente     Juan    Manuel    Rodríguez  Moreno,   quien  da  cuenta  que  el  sindicado  se  incorporó   del   lugar  donde  se  encontraba  e  insultó  al  occiso  y  que  éste,    en    su  defensa,  le  lanzó  el  envase, contradiciendo de la misma forma al galeno.   

En  seguida,  refiere  a  las “pruebas   no   analizadas   por   el  Tribunal  aportados   (sic)    por    la  defensa”.   Así,  alude  a  los testimonios de Edward Hernández Porras  López,  Alonso  Giraldo  Aguirre,  José Gabriel Restrepo Gil, Alexander Ospina  Duque  y  Darío Fermín  Cifuentes  Gallego, en cuanto a este último advierte  que  “este  testigo nos  habla  que  le  pegaron  un  botellazo  a  un señor dentro del negocio a eso de  las dos (2) de la mañana  y  que  el  occiso estaba afuera del kiosco, luego se infiere que ELKIN HUMBERTO  CORREA  TORO,  jamás  se  dirigió  a la mesa en donde estaba la víctima, como  tampoco   que   hubiera   recibido   el   botellazo  en  la  calle,  todas  esas  inconsistencias  las  habría  podido  analizar  dentro  del  campo  de  la sana  crítica  el  ad-quem,  violando   con  ello  los  derechos de legalidad, e  igualdad   que   son   principio   (sic)  rectores  y  constitucionales,  en  contra  de los intereses del  condenado”.                

Después destaca que si el Tribunal hubiera  efectuado   un  estudio  conjunto  e  integral  de  la  prueba  recaudada “el  hoy  procesado  no  habría  sido  condenado  por  una  conducta en primer lugar  que  no  es  agravada,  toda  vez que ELKIN   HUMBERTO  CORREA  TORO,  actuó  dentro  de  los  parámetros del art. 57 del Código Penal, y por contar con una  favorabilidad  sustantiva  como  lo  indica  la  norma  el  precepto   (sic),  estaríamos  en presencia de un homicidio simple atenuado por el estado de ira e  intenso  dolor,  como fue inicialmente reconocido por el ente acusador, art. 250  del   (sic) la Carta  Política”.   

Con fundamento en lo expuesto, depreca casar  el  fallo  impugnado para, en su lugar, “se profiera  en   derecho   la   decisión   que  esa  malta  (sic)  corporación       considere       legal       y  ajustada”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         

1.  Según el artículo 181 de la Ley 906 de  2004,  el  recurso  extraordinario de casación tiene la connotación de control  constitucional  y  legal  de  las  sentencias proferidas en segunda instancia en  procesos  adelantados  por  delitos  cuando  quiera  que  concurra alguna de las  causales  expresamente  previstas  en  la  misma  disposición  y siempre que se  propenda  por  la realización de los fines para los cuales está previsto, esto  es,  la  efectividad  del  derecho material, el respeto de las garantías de los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  y  la  unificación  de  la  jurisprudencia, contemplados en el artículo 180 del mismo  estatuto.   

Tal  condición,  como lo tiene decantado la  Sala,  impone  colegir  que  el  medio  extraordinario de impugnación no es una  instancia  más del proceso a la cual se pueda acudir para cuestionar libremente  el  fallo  de segundo grado, ni para reprochar la valoración que de las pruebas  efectuaron  los  falladores  a  partir de simples discrepancias sobre su mérito  suasorio.   

La  anterior afirmación encuentra eco en el  texto     del     inciso     segundo     del    artículo    184    ibídem,  a través del cual se señalan  las  exigencias  que  debe  reunir  el  libelo  casacional para su admisión, al  prescribir lo siguiente:   

“No   será   seleccionada,  por  auto  debidamente  motivado que admite recurso de insistencia presentado por alguno de  los  magistrados  de  la  Sala  o  por el Ministerio Público, la demanda que se  encuentre  en  alguno de los siguientes supuestos:  Si el demandante carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal,  no desarrolla los cargos de  sustentación,  o cuando de  su  contexto  se  advierta fundadamente que no se precisa del fallo para cumplir  alguna de las finalidades del recurso”.   

Del contenido de  la    preceptiva    legal   transcrita,  se  deduce que los cargos contenidos en la demanda de casación  deben   contar  con  una  exposición  lógica  y  una  mínima  argumentación     que,          además,    ha    de    ser    coherente,  en  cuanto  no es labor de la Sala, dada la naturaleza  rogada       del      recurso,      desentrañar   propuestas  confusas,           ambiguas           o          ininteligibles.                

A   más  de  lo    anterior,    el    estatuto    por  cuyo  medio  se implementó el sistema penal acusatorio en el  país  introdujo  un  condicionamiento  fundamental  de  cara  a  la  concepción  sustancial  del recurso  extraordinario  en  el  sentido  de que la         demanda        también        debe        evidenciar         la  necesidad  de  proferir pronunciamiento de fondo con el objeto  de  cumplir  alguno  o  algunos  de  su fines   a  los  que  ya  se  ha  hecho  alusión,  hasta el punto de que, como ha sido clara  la   jurisprudencia   en   señalarlo,   la   Corte  puede   emitir  fallo  de  fondo  superando  los defectos lógicos y  argumentativos      que      exhiba.   

Contrario      sensu,  también  puede  abstenerse  de  proveer  el  fallo  aún si el  libelo  reúne   los  presupuestos    de  admisibilidad,  cuando  advierta  que  no  se cumpla  ninguno       los       fines      señalados   o   tampoco   surja  esa  posibilidad  de  la  revisión del trámite cumplido y del fallo que al mismo le  puso fin.            

Bajo  tal  entendimiento  del  recurso, se  procede  a  analizar  el  único  reparo  contenido en la demanda presentada por  el  señor  defensor  de  ELKIN     HUMBERTO     CORREA    TORO.   

          2.  La  única  censura  contenida  en  la  demanda no satisface los  presupuestos  indicados, al paso que tampoco expresa algún error con la entidad  de derruir el fallo.   

En tal dirección adviértase que aun cuando  señala  la causal de casación sobre cuya base endereza la censura, esto es, la  tercera  contenida  en  el  artículo  181 de la Ley 906 de 2004, por violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, no desarrolla error alguno compatible con su  naturaleza  de acuerdo con la jurisprudencia reiterada de la Sala (de hecho o de  derecho),  ni  con  la de ninguno que sea admisible en esta sede con la potestad  de derruir el fallo.   

    

Para  tal  efecto el demandante refiere a la  configuración  de errores de hecho en la apreciación probatoria, razón por la  cual  oportuno  se  ofrece  remembrar  lo  que  se  ha  dicho sobre sus diversas  modalidades  (falso  juicio  de  existencia,  falso  juicio de identidad y falso  raciocinio),  características esenciales y la carga argumentativa indispensable  para demostrarlos:   

        Así,  en  relación  con  el  error  de hecho por falso juicio de  existencia   tiene   dicho   la   Sala   que  se  presenta  cuando  (i)  una  prueba  no  es  apreciada de  ninguna      manera      (por      omisión     o  preterición)  pese a figurar en la actuación, esto  es,  se  estructura  la  providencia judicial con total marginación de un medio  probatorio   válidamente   practicado   o   aducido   al  proceso  que  resulta  trascendente  en  el  sentido  de la decisión o (ii)  cuando  se  supone o idea  a  pesar  de  no  existir  materialmente (por invención, suposición o ideación).   

   

Por   tanto,  cuando  se  invoca esta clase de censura al demandante le corresponde indicar el  medio    no    valorado   o   supuesto,   cuál   es   la  información  que  objetivamente    brinda    -en    el    caso    de  omisión-, o la     otorgada     -en    el    de  suposición-,  qué     mérito    demostrativo    debe    serle  asignado    o    se    le    concedió  y  cómo  su  estimación conjunta con el resto de elementos que  integran  el  acervo  probatorio  conduce a trastocar las conclusiones del fallo  censurado.   

         En  cuanto al error de hecho por falso  juicio  de  identidad  se  ha  precisado  que  tiene lugar cuando el juzgador al  considerar   el   medio   de   prueba  tergiversa  su  contenido  cercenándolo,  adicionándolo  o  distorsionándolo, caso en el cual compete al actor, mediante  el  cotejo objetivo de lo dicho en el medio probatorio y lo asumido en el fallo,  expresar  sin  ambages  qué  aparte  fue  omitido  o añadido a la prueba, qué  efectos  se produjeron a partir de ello y cuál es la trascendencia del yerro en  la  declaración  de  justicia  contenida en la parte resolutiva de la sentencia  atacada   

Y  acerca del falso raciocinio se ha sentado  que  se  configura cuando en la apreciación de un medio de prueba se desconocen  las  reglas  de  la sana crítica, entendidas por tales postulados científicos,  leyes  de  la  lógica o máximas de la experiencia, razón por la cual quien lo  invoque  debe  identificar  el medio, indicar qué dice de manera objetiva, qué  infirió  de él el juzgador, cuál mérito persuasivo le fue otorgado, señalar  en  concreto  el  postulado  de  la  lógica,  ley  de  la  ciencia o máxima de  experiencia  desconocida,  y  cuál  el  aporte  científico  correcto, la regla  lógica  apropiada  o  la  máxima  de  la  experiencia  que  debió  tomarse en  consideración,  además  de  demostrar  la  trascendencia  del error, indicando  cuál  debía  ser la apreciación correcta de la prueba cuestionada que habría  dado lugar a proferir un fallo diverso al reprochado.   

Frente  a todas estas hipótesis, como igual  ocurre  con  los  errores de derecho por falsos juicios  de  legalidad  o  de  convicción,  para  acreditar su  trascendencia,  es  imprescindible  evidenciar  cómo  condujo  a  la  falta  de  aplicación  o  a la aplicación indebida de la ley sustancial en el fallo, esto  es,  que  corregido el yerro, la prueba debidamente valorada en conjunto con las  demás     modifica    sustancialmente    el    sentido    de    la    decisión  reprochada.   

   

          De  lo anterior se colige que la esencia de estos yerros, como igual  ocurre  con  los de derecho, no guarda relación con la  exposición   subjetiva  del  criterio  del  impugnante  acerca  del  valor  que  corresponde al medio de prueba.   

Pues bien, en la primera parte de la censura,  confusa  y  deficientemente  redactada,  como  es la constante de la demanda, el  casacionista  discute  en torno de la valoración conferida a los testimonios de  los   hermanos   Alberto  y  Ancízar   Marín  Mesa  y  Juan    Manuel    Rodríguez    Moreno  así  como  frente  al  reconocimiento médico legal practicado al  procesado   por   el   facultativo   Héctor  Julián  López  del  Instituto  de  Medicina  Legal,  desde su  estricta  visión subjetiva, totalmente al margen de la esencia de cualquiera de  los  errores de hecho señalados o de cualquier yerro admisible en casación con  la entidad de resquebrajar el fallo.   

Dicha   actitud  resulta  contraria  a  la  naturaleza  extraordinaria  del  fallo al concebirlo como una tercera instancia,  donde  es  posible  proseguir con el debate abierto sobre la credibilidad de las  probanzas  y,  por lo mismo, desprovisto de la fuerza indispensable para derruir  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  que  gobierna  a la sentencia  recurrida en esta sede.   

De otro lado, las referencias insulares a la  violación  de  las  reglas  de  la  sana  crítica  resultan  irrelevantes para  demostrar  un error de esta índole, cuando ni siquiera se individualiza, según  se  precisó,  el  postulado  lógico,  la  ley de la lógica o la máxima de la  experiencia transgredida.     

Algo peor se constata en la segunda parte del  cargo,  en  el  cual  a  pesar de haber relacionado algunas pruebas “no   analizadas  por  el  Tribunal”,  hipótesis  que  pareciera  amoldarse  al  error  de  hecho  por falso juicio de  existencia  por  omisión,  se entremezcla con su apreciación violatoria de las  reglas  sana  crítica,  refulgiendo de tal enunciado un evidente contrasentido,  pues  si  las  pruebas  no  fueron  apreciadas  no se entiende cómo también se  apreciaron con violación de tales pautas.   

Para  colmo,  algunos  de  tales  medios  de  convicción  sí  fueron  valorados  por  los  juzgadores,  como  sucede con los  testimonios   de   Edwin   Hernando   Porras  López  y    Alonso    Giraldo  Aguirre,  ponderados  expresamente  por el fallador de  primera                  instancia1.  De  lo  anterior se infiere,  como  ocurre  en general con toda la censura, que la inconformidad se centra, ya  bajo  el  ropaje  de  violación  a  la  sana  crítica  o  de  una  inexistente  valoración,  a  que se valoró la prueba de forma distinta a su particular modo  de  ver,  orientado  a  que  se  reconozca la atenuante de la ira prevista en el  artículo 57 del Código Penal en favor de su defendido.   

A   propósito   de  dicha  degradante  de  responsabilidad      penal,    importa   advertir   que   la  censura  es absolutamente intrascendente en tanto no se preocupa  por  rebatir  los  argumentos  expuestos  por  los  juzgadores para descartarla,  fundamentalmente  por  aparecer  demostrado, a través de medios probatorios que  el   censor   ni   siquiera  enuncia,  que  el  comportamiento  de  ELKIN  HUMBERTO  CORREA TORO fue producto  de  un  sentimiento  vindicativo  hacia  Jorge Andrés  López   Pérez,  para  cuya  satisfacción  aprovechó  el  conato  de  riña que se suscitó la noche de los  hechos  en  el  establecimiento donde cada uno departía independientemente y en  el cual el procesado no estaba involucrado.   

Baste lo expuesto para colegir que el único  cargo  contenido  en  la  demanda  presentada  por  el  defensor de ELKIN  HUMBERTO CORREA TORO no reúne los  presupuestos  lógicos  y  de  adecuada  argumentación  exigidos legalmente, de  conformidad  con lo preceptuado en el inciso segundo del artículo 184 de la Ley  906   de   2004,   al   señalar   que  “no  será  seleccionada  por auto debidamente motivado… si el demandante… no desarrolla  el  cargo  de  sustentación…”, en armonía con el  183  ibídem, según el cual  dicho  escrito  debe  contener “de manera precisa y  concisa”  las  causales invocadas y sus fundamentos,  situación que, consecuentemente, determina su inadmisión.   

Lo anterior, amén de que del contenido de la  demanda  y  de la revisión de la actuación no se encuentra viable la necesidad  en  este caso de superar los defectos reseñados en procura de cumplir alguno de  los  fines del recurso extraordinario previstos en el artículo 180 ejusdem  o  de  casar  oficiosamente  el  fallo,  acorde  con  las  facultades con las que para tal efecto le asisten a la  Sala  en  salvaguarda  de  las  garantías fundamentales o cuando se trate de la  causal de nulidad.   

3.  Ahora  bien, habida cuenta que contra la  decisión  de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por la defensa  procede  el mecanismo de insistencia, conforme a lo previsto en el artículo 184  de   la  Ley  906  de  2004,  se  surtirá  el  trámite  establecido  por  esta  Sala2.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

        INADMITIR  la  demanda de casación    presentada    por    el    defensor   de   ELKIN  HUMBERTO  CORREA  TORO,  por  las  razones expuestas en la anterior motivación.   

        De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906  de   2004,  contra  esta  decisión procede el mecanismo de insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                   JOSÉ    LEONIDAS    BUSTOS    MARTÍNEZ                  

FERNANDO ALBERTO CASTRO  CABALLERO        SIGIFREDO                ESPINOSA  PÉREZ                      

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO                    MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ     DE     LEMOS            

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                    JULIO      E.      SOCHA     SALAMANCA          

       

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1  Ambos a folio 129 del c.o.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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