36334(14-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso nº 36334  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

                                  Aprobado acta N° 331.   

Bogotá, D. C., catorce (14) de septiembre de  dos mil once (2011).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala en relación con las  demandas   de   casación   presentadas   por  los  defensores  de  HÉCTOR  CARLOS POVEDA NOVOA y JUAN  SEBASTIÁN  MOSCOSO  CORREA contra la  sentencia  del  11  de  febrero de 2011 mediante la cual el Tribunal Superior de  Bogotá,  al  revocar  el fallo absolutorio proferido el 21 de enero de 2010 por  el  Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito  de  la  misma  sede, condenó a los  procesados  a  las  penas  principales de 424 meses de prisión y 34.66 salarios  mínimos  legales  mensuales de multa, así como la accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por el término de 20  años,   como  coautores  de  los  delitos  de  homicidio  agravado  y  lesiones  personales dolosas.   

HECHOS  

          Los resumió el Tribunal de la siguiente manera:   

          “El  diecisiete  (17)  de febrero de dos  mil  ocho  (2008),  siendo las 9:30 de la noche, fueron agredidos en la calle 57  con  carrera  16,  vía  pública,  los  hermanos  Jhon Sebastián y  Camilo Ossa Bermúdez, quienes estaban en  compañía  de  Diana  Valencia Echeverri, novia del primero, por miembros de un  grupo  de  las  barras  bravas  del  club  “Los  Millonarios” con quienes se  enfrentaron,  siendo  heridos  con  armas  cortopunzantes  en  varias partes del  cuerpo,  las  que ocasionaron el deceso de Jhon Sebastián y lesiones a Cristian  Camilo  que  ameritaron incapacidad médico legal de doce (12) días con secuela  deformidad   física   que   afecta   el   cuerpo   de   carácter   permanente,  identificándose  como  causantes de las mismas a JUAN SEBASTIÁN MOSCOSO CORREA  alias  la  “Brujita”  y  HÉCTOR CARLOS POVEDA NOVOA alias “Tabaco” y un  menor puesto a disposición de los Jueces de Adolescencia”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. En audiencia preliminar realizada el 14 de  abril  de  2008 ante el Juzgado Cuarenta y siete Penal Municipal de esta ciudad,  con  funciones de control de garantías, se legalizó la captura de MOSCOSO     CORREA     y    POVEDA   NOVOA.   En  esa  diligencia  la  Fiscalía  les  formuló  imputación  por  el  delito de homicidio agravado, en  concurso con lesiones personales dolosas.   

Por  el referido punible, el juez de control  de   garantías   los   afectó   con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva.   

2.   Oportunamente,  la  Fiscalía  Veinte  Seccional  presentó  escrito de acusación contra JUAN  SEBASTIÁN   MOSCOSO   CORREA   y  HÉCTOR  CARLOS  POVEDA  NOVOA,  atribuyéndoles  los  punibles  de  homicidio  agravado  y  lesiones  personales dolosas.   

3.  Correspondió  tramitar  la  fase  del  juzgamiento  al  Juez  Séptimo  Penal  del  Circuito  de  Bogotá, cuyo titular  realizó  la  audiencia  de  formulación  de acusación el 23 de junio de 2008.   

4. El Juez celebró la audiencia preparatoria  el  6 de agosto del precitado año e instaló el juicio oral el 10 de septiembre  postrero,  concluyéndolo  el  1º  de octubre de 2009, fecha en la que anunció  como sentido del fallo uno de carácter absolutorio.   

5. La lectura de la sentencia ocurrió en la  audiencia  que  realizó  el  21  de  enero de 2010, decisión contra la cual la  Fiscalía  interpuso  el  recurso  de  apelación,  por  cuya  vía  el Tribunal  Superior  de  Bogotá  la  revocó para, en su lugar, condenar a los acusados en  los    términos    referidos    en    el    acápite   inicial   del   presente  pronunciamiento.   

          6.   Contra  el  fallo  de  segundo  grado  los  defensores  de  los  procesados interpusieron el recurso extraordinario de casación.   

LAS  DEMANDAS   

          1.  Con  fundamento  en la causal tercera de casación de la Ley 906  de  2004,  el  defensor  de HÉCTOR CARLOS POVEDA NOVOA  formula  dos  cargos contra la sentencia del Tribunal,  el   primero   por   falso   juicio   de   identidad  y  el  segundo  por  falso  raciocinio.   

          Según  el  actor,  dichos  errores  recayeron en los testimonios de  Édison   Castillo   Olmos,   Yury   Tatiana  Suárez  y     Diana    Valencia  Echeverri.   Adicionalmente,   sostiene,  el  segundo  ocurrió  porque  se ignoró y no se dio credibilidad a los testimonios rendidos  por  Yenny  Cristina  Neuta Zabala, Yury Leny Alayón,  Johany  Enmanuel Suta Aguirre, Óscar Ricardo Amaya, Ronald Espinosa, Juan Pablo  Carvajal   y  Wilson  Arley  Mateus.   

         

          Para    sustentar    el    primer   cargo  el  demandante transcribe apartes del fallo de segunda  instancia,  al tiempo que destaca cómo el Tribunal no estableció ni la hora en  la   cual   los   testigos   Édison  Castillo  Olmos  y   Yury  Tatiana  Suárez  arribaron  a la calle 57 con carrera 16, ni tampoco el  bar  donde  ingirieron  licor,  aun  cuando, en gracia de discusión, admite que  estuvieron  en  el  “Bar Rana de la 57”,  pues  es  el  único  que funciona en ese sector, pero con todo y  ello,  señala,  desde  ese  lugar  no era posible ver hacia la tienda donde los  hermanos      Ossa      Bermúdez     compraron  licor, situado en la carrera 16 con calle 57, sitio en el  cual  se  presentó  la  riña,  según  así se desprende de los testimonios de  Wilson Arley Mateus, Yenny Cristina Neuta Zabala, Yury  Leny   Alayón   y   Ronald  Espinosa,     declaraciones    que    ignoró    el  fallador.   

          Considera  que  el  ad  quem  tampoco   estableció   con  qué  amigos  departieron  Édison    Castillo    y    Tatiana  Suárez  ni  el  lapso durante el  cual  ello  ocurrió,  de  cuyas circunstancias, sumadas a las antes reseñadas,  concluye  que esas personas no estuvieron en el lugar de los hechos o, al menos,  hay  duda  al  respecto,  habiendo  así  el juzgador distorsionado esas pruebas  testimoniales.   

            En  su  criterio,  confirma lo anterior las contradicciones en las  cuales  incurrieron  los aludidos deponentes en torno a la hora de ocurrencia de  los  hechos,  el  número  de  personas  que  intervinieron  en  la  riña y las  condiciones  de  iluminación  del  lugar  de los sucesos, entre otros aspectos,  amén  de  resultar  obvio  que  conocieran  a  los  procesados,  según así lo  afirmaron,   pues   integraban   la   misma  barra  del  equipo  “Los  Millonarios”  y se habían enterado  de   las   noticias   de  prensa  y  televisión,  así  como  de  los  retratos  hablados.   

          Tras  reproducir  algunos  segmentos del fallo de primera instancia,  el  censor  insiste en que el Tribunal tergiversó los pluricitados testimonios,  a  la  vez  que  destaca cómo “entre los aficionados  del  equipo  de  los  Millonarios  existen  problemas irreconciliables entre las  barras  por  el dominio de las mismas, tal como lo indicó el testigo JUAN PABLO  CARVAJAL.  Además,  tampoco olvidemos que estos dos testigos declararon bajo el  programa  de protección de la fiscalía y que por ganarse cualquier dinero, son  capaces de mentir”.   

          En  relación  con la declaración de Diana  Valencia,  el  libelista nuevamente transcribe apartes  del  fallo  de  segunda  instancia y luego demanda no otorgar credibilidad a esa  deponente,  por cuanto primero afirmó no reconocer a quien agredió a su novio,  pero  posteriormente  señaló  a  uno de los victimarios, mas no al otro con el  argumento  de  haberse  cortado  y  pintado  el  cabello.  Se  pregunta: ¿si no  reconoció  en  el  interrogatorio  a  HÉCTOR  CARLOS  POVEDA  NOVOA, cómo supo que tenía el cabello corto y  pintado?  Y  responde:  porque  no tomó parte en la riña ni en la muerte de la  víctima.  Considera  que  esta conclusión se corrobora con los fundamentos del  fallo   de   primera   instancia,  algunos  de  cuyos  segmentos  transcribe  en  extenso.   

          En    el    segundo    cargo,  como  se  dijo,  denuncia la presencia de un falso raciocinio, el  cual  hace  consistir  en  el hecho de otorgarse credibilidad, con violación de  “las   reglas   de   la   lógica   y  de  la  sana  crítica”,    a   los   declarantes   Édison   Castillo   Olmos,   Yury   Tatiana   Suárez  y   Diana  Valencia  Echeverri,   a   pesar   de   las  contradicciones  irreconciliables  en  que  incurrieron,  así  como  en  ignorarse  y  no  darse crédito a los testimonios  presentados   por  la  defensa,  especialmente  los  rendidos  por  Yenny  Cristina  Neuta  Zabala,  Yury  Leny Alayón, Johany Enmanuel  Suta  Aguirre,  Óscar  Ricardo  Amaya,  Ronald  Espinosa,  Juan  Pablo Carvajal  y     Wilson     Arley  Mateus.   

          Al  respecto,  no encuentra lógico que si los testigos Édison    Castillo    y    Tatiana  Suárez  no  tenían  dinero para  ingresar  al  Campín, tal como lo afirmaron ellos, se vinieran desde la carrera  30  con  calle  57, lugar donde está ubicado dicho estadio, hasta la carrera 16  con  calle  57,  es  decir,  14  cuadras a ingerir licor, sin contar con dinero,  máxime  cuando  dicha  clase de bebida es costosa en cualquier bar de Bogotá y  cuando   los   hechos  ocurrieron  entre  9:00  y  9:15  de  la  noche  y  ellos  presuntamente llegaron al lugar de destino a las 5:00 p.m.   

          Tampoco  considera lógico que esos dos testigos, pese a encontrarse  en  el  mismo  lugar  de ubicación, difieran tan ostensiblemente en cuanto a la  hora  de  ocurrencia de los hechos, la distancia en la cual estaban y el número  de    personas    que    lesionaron    al    occiso,   en   tanto   Castillo  dijo  que  sucedieron  entre las  9:00  y  9:15 de la noche, se encontraba a 10 metros y había de 7 a 8 personas,  mientras      Tatiana     Suárez     manifestó  que  ocurrieron  entre  las 5:00 y 6:00 p.m., se hallaba  como a 20 metros y eran entre 10 a 15 personas.   

          Estima,  igualmente, ilógico que mientras la novia y los agentes de  la  policía  que  realizaron  el levantamiento del cadáver informen que el hoy  occiso  cayó en la calle 54 con avenida Caracas, los testigos protegidos por la  Fiscalía afirmen que ello ocurrió en la calle 57.   

          En  relación  con  el  testimonio de Diana  Valencia, no encuentra lógico que si ella identificó  en  el  juicio al agresor de su novio, no lo haya podido reconocer en la fila de  personas,  máxime  si  dice  que  se  había  cortado  y  pintado  el  cabello.   

          En   su  criterio,  “las  reglas  de  la  experiencia  nos  indican  que  una  persona que interviene en una reyerta donde  participan  muchos sujetos de iguales características, es difícil (sic)  individualizar  a  cada  uno de los  intervinientes,  y  que  el señalamiento que hizo Diana en el juicio del señor  POVEDA  NOVOA, como partícipe de la reyerta, obedece a que ella lo vio la noche  de  los  hechos  en el CAI…, luego en televisión y prensa escrita, el día de  la  captura  y en las audiencias de legalización de captura, imputación…”.  Luego,  estima,  las  reglas de la experiencia indican  que   no   está  segura  de  la  participación  del  aludido  acusado  en  los  hechos.   

          Finalmente,   considera  que  el  ad  quem  ignoró  los  testimonios  presentados por la defensa,  quienes  coinciden  en afirmar que los procesados al momento de la ocurrencia de  los  acontecimientos  se  encontraban dentro del “Bar  Rana  de  la  57”, cuya puerta, por lo demás, estaba  con  candado  para impedir el ingreso de menores y la salida de los clientes sin  pagar  la  cuenta,  según  lo  declaró  Wilson Arley  Mateus,  administrador  de dicho bar. En su sentir, la  falta  de  valoración  de  esas  pruebas  lo  hizo incurrir nuevamente en falso  raciocinio.   

          De  la anterior forma, pidió casar la sentencia condenatoria objeto  de impugnación.   

          2.   El   defensor   del   procesado  JUAN  SEBASTIÁN  MOSCOSO  CORREA  presentó  la demanda por  fuera    de    término,    por   cuya   razón   la   Sala   se   abstiene   de  resumirla.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

          Sobre la demanda presentada por fuera de tiempo:   

         Sea  lo  primero  emitir pronunciamiento en relación con la demanda  allegada  extemporáneamente.  De  acuerdo con los registros procesales, para la  sustentación  del recurso extraordinario se contaba hasta el día 4 de abril de  20111.  No  obstante,  el  profesional  del  derecho  que  representa los  intereses  del  acusado  JUAN SEBASTIÁN MOSCOSO CORREA  presentó  el  respectivo libelo al día siguiente, es  decir,        el        5       de       abril2.   

          Quiere   decir   lo  anterior  que  el  mencionado  sujeto  procesal  sustentó  el  recurso  por  fuera  de  tiempo,  lo  cual  imponía  al Tribunal  declararlo  desierto  en  los términos del artículo 98 de la Ley 1395 de 2010,  modificatorio  del  artículo  183  de  la  Ley  906 de 2004. La Corporación de  segundo  grado,  empero, no adoptó dicha determinación, ante cuya eventualidad  la Corte procederá a subsanar la omisión advertida.   

          Sobre   los   requisitos   de   admisibilidad   de   la  demanda  de  casación:   

Conforme  reiteradamente lo viene señalando  la  Sala,  en  el  modelo  de  enjuiciamiento  regulado en la Ley 906 de 2004 la  admisión  de  una  demanda  de  casación, aparte de su presentación oportuna,  supone  que el actor ostente interés jurídico para recurrir, señale la causal  que  apoya  su pretensión, desarrolle adecuadamente los cargos de sustentación  y  justifique  la  necesidad  del  fallo de casación de cara al cumplimiento de  alguna  de  las  finalidades  del  recurso,  según así lo tiene establecido el  inciso segundo del artículo 184 de dicha disposición legal.   

          En  el  caso  sometido a estudio, el libelista ostenta interés para  recurrir  y  en  los  dos  reproches formulados señaló la causal de casación,  invocando  en  ambos  la  violación  indirecta  de la ley sustancial, es decir,  acude  a  la  causal  tercera  prevista del artículo 181 de la Ley 906 de 2004.   

          No  obstante,  se  observa que el impugnante no satisfizo los demás  presupuestos  requeridos  para  la  admisión de la demanda, pues no fundamentó  adecuadamente  los cargos de sustentación y tampoco justificó la necesidad del  fallo.   

          En  efecto, en el primer cargo predica  la  existencia  de  un  error  de hecho por falso juicio de  identidad,  anomalía que se presenta cuando el fallador, al apreciar la prueba,  distorsiona  su contenido fáctico para hacerle decir lo que ella no expresa, en  cuanto la cercena, adiciona o translitera.   

La  adecuada sustentación de esa especie de  error  de hecho le exige al censor identificar el medio sobre el cual recayó el  dislate,  realizar  un  cotejo  entre  su  contenido  y aquel que le atribuye el  fallador,  precisando  los  apartes  donde  se  presenta  la distorsión y luego  acreditar la trascendencia del yerro.   

          El  actor  no  acometió la fundamentación de tales presupuestos y,  antes  bien,  se dedicó a atribuir al sentenciador la incursión de toda suerte  de  errores de hecho, en cuanto empezó por predicar la falta de apreciación de  algunas  pruebas  testimoniales, trasladando de esa manera la postulación hacia  los  terrenos  del  falso  juicio  de existencia por omisión que, como lo tiene  dicho  la  jurisprudencia, se presenta cuando el juzgador deja de valorar algún  medio   de   prueba,  y  esa  omisión  resulta  trascendente  en  la  decisión  adoptada.   

          Más  adelante,  empero,  abandona  el referido dislate para retomar  aquel  que  sirvió  de  fundamento  al  ataque,  achacando entonces al Tribunal  distorsionar  o  tergiversar algunas pruebas testimoniales. De todas maneras, no  emprendió  la  tarea  de  rigor,  realizando  el  respectivo  cotejo  entre  el  contenido  de  los medios probatorios y la indebida valoración efectuada por el  fallador.   

          Lejos  de  cumplir  la  referida  carga  argumentativa, terminó por  pedir  no  otorgar  credibilidad al testimonio de Diana  Valencia,  oponiéndose así al mérito persuasivo que  el  ad  quem  atribuyó a esa  prueba,  sin  expresar  los  criterios  de  la  sana  crítica vulnerados por el  fallador,  modo  de  sustentar  el  error  de hecho por falso raciocinio, a cuyo  motivo  casacional  se  debe acudir cuando se cuestiona el alcance suasorio dado  en la sentencia a las pruebas.   

          Y,  en  realidad, a lo largo del reproche no se observa cosa diversa  a  la  presentación  de  la  postura  personal  del  censor  frente al poder de  convicción  del  conjunto  probatorio,  con  lo  cual  olvida  que esa clase de  discrepancias  no  está llamada a prosperar en sede de casación, dada la doble  presunción   de   acierto   y  legalidad  de  que  está  dotada  la  decisión  impugnada.   

          En    el   segundo   cargo   el  actor  persiste  en  su actitud de postular su propia visión de  las  pruebas,  pues si bien denuncia allí la existencia de un falso raciocinio,  no  expresa  los principios de la sana crítica que habría violado el fallador.  Como  se  sabe,  tales  principios  están  integrados  por  las  reglas  de las  experiencias, los postulados lógicos y las leyes de la ciencia.   

          El  libelista,  aparte  de  atribuir el quebrando de “las  reglas  de  la  lógica  y  de  la sana crítica”,  pasando  por  alto  que  aquéllas  corresponden  a  una  de  las  modalidades  de  los  principios  de  la sana crítica, se dedica a calificar de  ilógicas  algunas  situaciones  vivenciales  de  los  testigos  de  cargo,  sin  identificar  de  manera  concreta  los  postulados  lógicos  vulnerados  por el  ad quem.   

          Igual  defecto  se  evidencia cuando hace referencia a las reglas de  la  experiencia.  Al  respecto, omite precisar aquel comportamiento de carácter  generalizado  con  bases  empíricas  y pretensión de universalidad3   que   el  Tribunal hubo de desconocer cuando examinó el plexo probatorio.   

          El  impugnante  no  sólo  no sustentó el yerro denunciado sino que  entremezcló  en  el  ataque  otro  tipo de postulaciones, en particular, cuando  adujo  la  falta  de apreciación de los testimonios presentados por la defensa,  terminando  así  por  desatender  el  principio  de  autonomía que gobierna el  recurso  extraordinario,  conforme  al  cual el desarrollo de la censura se debe  corresponder con el motivo casacional invocado.   

          Al  desconocimiento  de dicho postulado se sumó la vulneración del  principio  lógico  de  no  contradicción  que también rige en casación, pues  predicó  la  falta  de  valoración  pero  a  su  vez  el  no  otorgamiento  de  credibilidad  respecto  de las mismas pruebas, aceptando con esto último lo que  inicialmente  cuestionó,  es decir, la no apreciación de los testimonios de la  defensa.    

Como   en   consecuencia,   los  dos cargos formulados por el actor no cumplen los presupuestos  de   adecuada   y   lógica  sustentación,  la  Sala  inadmitirá  la  demanda presentada por el defensor de  HÉCTOR     CARLOS     POVEDA    NOVOA,    máxime   la   no   presencia   de  circunstancias  vulnerantes  de  garantías  fundamentales, que impongan superar  los desaciertos técnicos para decidir de fondo.   

Se  precisará,  finalmente,  que  contra la  decisión  inadmisoria  del  recurso  de  casación  sólo  cabe el mecanismo de  insistencia,  conforme  lo  tiene  establecido el artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  cuya  interposición  procede  bajo  las reglas fijadas en jurisprudencia  reiterada         de         la         Sala4.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          1.-     DECLARAR    DESIERTO,   por   sustentación   extemporánea,  el  recurso  de  casación  promovido  por  el  defensor de JUAN SEBASTIÁN MOSCOSO  CORREA.   

2.- INADMITIR  la  demanda  de  casación    interpuesta    por    el   defensor   de   HÉCTOR   CARLOS  POVEDA  NOVOA,  por  las  razones expuestas en la anterior motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el inciso segundo del artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004 y en los términos referidos en el acápite  final  de  esta  determinación, contra la inadmisión  procede la insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                 JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO          SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                         

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO            MARÍA      DEL      ROSARIO     GONZÁLEZ     DE  LEMOS                                 

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                      JULIO            ENRIQUE            SOCHA            SALAMANCA                 

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Folio  96 del cuaderno original del Tribunal.   

2 Folio  204 cuaderno ídem.   

3  Condiciones de las reglas de la experiencia.   

4  Providencia del 12 de diciembre de 2005, radicación 24322.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *