36299(15-02-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 36299  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

Aprobado acta N° 040.  

Bogotá  D.C., quince (15) de febrero de dos  mil doce (2012).   

VISTOS  

Celebrada la audiencia de sustentación oral,  procede  la  Sala  a  proferir  fallo con ocasión del recurso extraordinario de  casación   interpuesto  por  la  defensora  de  JEIMY  KATHERINE  FARFÁN VARGAS contra la sentencia del 30 de  noviembre  de  2010,  mediante la cual el Tribunal Superior de Florencia revocó  la  sentencia  absolutoria  proferida el 8 de septiembre anterior por el Juzgado  Tercero  Penal  Municipal  de  la misma sede y, en su lugar, condenó a la antes  mencionada,    así    como    a    Duverney   Zuleta  Núñez, imponiéndoles la pena principal de 110 meses  de  prisión  y  la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  idéntico  lapso,  como coautores del delito de hurto  calificado y agravado.   

HECHOS  

          El  16  ó  17  de  marzo  de  2008  varios sujetos, aprovechando la  ausencia  de  sus  moradores,  irrumpieron a la casa de habitación de propiedad  del   señor   José  Marcelino  Mopán,  situada     en     la     calle     12     No.    28    –   57   del  barrio  El  Paraíso  de  Florencia  (Caquetá),  de  la  cual se sustrajeron dos televisores, un DVD, una  cámara  de  video, un oftalmoscopio, un otoscopio, una plancha, zapatos y otras  pertenencias, avaluadas todas en la suma de $8.500.000.   

          Una  vez sacados los bienes de la mencionada residencia, los autores  del  ilícito,  entre  quienes  se  encontraba Duverney  Zuleta   Núñez,  los  trasladaron  en  un  vehículo  automotor  a  la  residencia de JEIMY CATHERINE FARFÁN  VARGAS,  donde  los  ocultaron  conforme  lo  habían  acordado     previamente     a    la    ejecución    del    delito.     

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  En audiencia preliminar promovida por la  Fiscalía  se dispuso la captura de, entre otros, JEIMY  CATHERINE     FARFÁN    VARGAS    y    Duverney Zuleta Núñez.   

2.  Producida  la  aprehensión de los antes  mencionados,  en  audiencia  realizada  el  10  de  julio de 2009 por el Juzgado  Segundo  Penal  Municipal  se  realizó su legalización. Allí mismo el órgano  investigador  les  formuló  imputación  por  el  delito  de hurto calificado y  agravado,  pero  el  titular  del despacho judicial se abstuvo de afectarlos con  medida de aseguramiento.   

3.  El  4  de  agosto  del precitado año la  Fiscalía  presentó  escrito de acusación, con base en el cual el Juez Tercero  Penal  Municipal  de  Florencia  celebró  el  30  de  septiembre  siguiente  la  respectiva  audiencia,  en  cuyo  desarrollo  se  atribuyó  a los procesados el  ilícito  considerado en la formulación de imputación, a título de coautores.   

4. La audiencia preparatoria la llevó a cabo  el  juez de conocimiento el 27 de noviembre postrero y el juicio oral lo evacuó  el  22  de  julio  de  2010,  a  cuyo  término  anunció  el sentido del fallo,  precisando que sería de carácter absolutorio.   

4. El 8 de septiembre siguiente profirió la  sentencia  anunciada.  La  decisión  de  primera  instancia  fue apelada por la  Fiscalía,  por  cuya vía el Tribunal Superior de Florencia la revocó para, en  su  lugar, condenar a los acusados como coautores del delito de hurto calificado  y agravado.   

5.  Inconforme  con  la decisión de segundo  grado,  la  defensora  de  FARFÁN VARGAS la    impugnó    a    través   del   recurso   extraordinario   de  casación.   

          6.  Mediante  auto  del  25  de  julio  de 2011 la Corte admitió la  demanda,  ordenando  realizar  la audiencia de sustentación oral regulada en el  inciso  final  del artículo 184 de la Ley 906 de 2004, celebrada la cual es del  caso emitir el fallo de rigor.   

LA  DEMANDA   

La  impugnante  formula un único cargo, por  violación  directa  de  la ley sustancial, merced a la aplicación indebida del  artículo  29  del  Código  Penal  de  2000,  el  cual  regula  la figura de la  autoría,  y  a  la  consecuencial  falta  de aplicación del inciso tercero del  artículo    30    de    la    misma    codificación,    que    trata   de   la  complicidad.   

Anunciando sujetarse a los hechos declarados  probados   por   el  Tribunal,  el  cual  halló  acreditado  que  la  procesada  FARFÁN  VARGAS  se limitó a  recibir   en   su  residencia  los  elementos  hurtados  sin  participar  en  la  sustracción  de los mismos, la demandante estima errada la postura del juzgador  de  atribuirle la condición de coautora cuando su intervención se redujo a una  ayuda  posterior  a  la  consumación  del  ilícito, situación que la torna en  cómplice.   

Con   cita   de   jurisprudencia  de  esta  Corporación,  hace  énfasis  en la accesoriedad de su contribución, en cuanto  de  suprimirse el comportamiento por ella realizado, esto es, el ocultamiento de  los  bienes  producto  del latrocinio, previo acuerdo con los autores del mismo,  el  hurto  se mantendría indemne, máxime cuando la consumación ocurrió antes  de producirse la intervención de la acusada.   

A este respecto, insiste en que la aludida no  participó  en  los  actos ejecutivos del hurto, en tanto ni tenía en sus manos  el  poder  de  hacer fracasar el propósito criminal o de impulsarlo, ni tampoco  de  dirigirlo, pues no estuvo en el lugar de los hechos, al punto que en momento  alguno   se   la   ha   considerado   como   “autora  intelectual”   ni   como   ejecutora  material  del  apoderamiento,  mucho  menos  como  campanera  o  vigilante,  y ni siquiera como  simple acompañante de los saqueadores.   

Para  la libelista, tampoco por vía de la  empresa  criminal  que  encontró  establecida  el  ad  quem,     resulta  dable  imputar  a  JEIMY CATHERINE  FARFÁN  la  condición  de  coautora, pues el acuerdo  entre  varios  sujetos para conformar una organización de esa naturaleza con la  finalidad  de  cometer  hurtos  indeterminados  con  división de trabajo, no es  “razón  suficiente  para atribuir responsabilidad a  uno  de  esos  concertados como autor de uno de los delitos que se cometieron en  desarrollo de la empresa…”.   

En  ese sentido, considera erróneo predicar  que  un  acuerdo  de  voluntades con tal propósito se adecua en la figura de la  coautoría  de un hurto determinado, en vez de configurar un concierto a modo de  delito  autónomo;  como  equivocado  le  parece,  igualmente,  afirmar  que una  colaboración   posterior   al   delito,   no  esencial  ni  necesaria  para  la  consumación  del  hurto,  constituya labor o fragmento del punible que lleve al  control compartido del mencionado ilícito.   

Lo  anterior  porque,  añade,  “si  sustraemos  del  comportamiento  total denunciado el hecho de  pertenecer  al grupo de concertados, simpatizar con ellos e incluso ayudarlos al  final  de  cada  empresa,  el delito de hurto cometido el 17 de marzo de 2008 en  casa  de  Marcelino  Mopán,  queda incólume: Aunque JAIMY CATHERINE no formara  parte  del  grupo  delictivo  el  hurto  a la casa de Mopán se habría cumplido  cabalmente.  Sin  ella  los  autores  falsean  las chapas, penetran al inmueble,  sustraen  los  elementos,  los empacan en bolsas, los echan al carro y salen con  ellos  por  las calles de la ciudad. Que no los guarden en casa de Jeimy sino en  otra,  o  que  no los guarden sino que los vendan o los repartan entre ellos sin  sacarlos  del  carro  o  en el extremo caso de que los boten, los regalen o sean  incautados  por  la  policía,  no significa en manera alguna que el hurto no se  haya cometido”.   

Solicitó,  de esa forma, casar la sentencia  impugnada  para  proferir  la  de  reemplazo, en la cual se condene a la acusada  como cómplice.   

INTERVENCIONES  DE  LOS  SUJETOS PROCESALES   

          1. La demandante:   

          Dijo atenerse a los términos de la demanda.   

          2. Defensor del procesado Duverney Zuleta Núñez:   

          Expresó  no  tener  nada  que  señalar,  en  cuanto  la demanda se  presentó  a favor de la acusada, sin que lo allí pedido cobije de alguna forma  a  su  representado.  De  todas maneras, solicitó casar la sentencia impugnada.   

          3. Fiscalía:   

          Impetra  no  casar  el fallo. Precisa que el motivo de disenso de la  libelista  se centra en el aspecto objetivo y en el nexo interno o subjetivo del  autor.  Estima,  sin  embargo,  que  dentro  de  la  demanda  no  se  exploró a  profundidad la decisión del Tribunal.   

          En  ese  orden, en relación con el primero de esos aspectos refiere  que  la  censora  se  limita  a  demostrar  la accesoriedad de la contribución,  otorgándole  el  carácter  de  colaboración,  sin  advertir  que la sentencia  destaca  cómo la labor de ocultamiento recayó sobre electrodomésticos de gran  y  mediana proporción que necesitaban ser sustraídos y ocultados de la acción  de  la  policía y del alcance de la víctima, por lo cual se requería utilizar  un inmueble para ese efecto.   

          Es  así,  añade,  como  la  acusada  permanecía  en  su casa para  prestar  la  colaboración  necesaria  en orden al perfeccionamiento y fin de la  conducta  delictiva,  la  cual  no era la primera vez que se realizaba, pues los  bienes  hurtados  siempre  tenían  como destino dicho lugar, por cuya razón la  función de la aludida era esencial y no meramente accesoria.   

          Respecto  del  nexo interno, es del criterio que del contenido de la  sentencia  y  de  las pruebas surge demostrado que la acción de la procesada se  sitúa  en  la coautoría, en cuanto quiso el hecho como suyo, apropiándose del  mismo,  lo  cual  se deriva de su aceptación dirigida a contribuir “al   iter   críminis   en   el   ocultamiento   de   los  bienes  hurtados”,     admitiendo    completamente    las  consecuencias  de  la  conducta delictiva, cuya realización, reitera, ya había  ocurrido  en  otras  ocasiones,  no  teniendo  entonces carácter accesorio sino  necesario.    

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          El  Tribunal  en su sentencia halló demostrado que la intervención  de   JEIMY   KATHERINE  FARFÁN  VARGAS  en  el  hurto  cometido  a  la  residencia  del  señor José   Marcelino   Mopán  consistió  en  prestar  su  casa  de  habitación  para  ocultar  los  bienes  producto  de esa  ilicitud,  labor  realizada  dentro  del  acuerdo común previamente celebrado y  dirigido a despojar de dichas pertenencias a su propietario.    

          El  demandante  acepta  la  ocurrencia de tales hechos, pero señala  que  los  mismos no dan lugar a atribuir a la acusada la condición de coautora,  conforme   lo   declaró   el   ad  quem,  sino  a  considerarla  solamente  como  cómplice. Por tal razón,  denuncia  la  indebida  aplicación  del  inciso  segundo  del  artículo 29 del  Código  Penal  y  la  falta  de aplicación del inciso tercero del artículo 30  ibídem.   

             La   primera   de   las  mencionadas  disposiciones  señala  que  “(s)on  coautores  los  que,  mediando  un  acuerdo  común,  actúan con división de trabajo criminal atendiendo la importancia del  aporte”.    

          De  la definición legal en mención la jurisprudencia y la doctrina  han  extractado  los  siguientes elementos de la coautoría: (i) acuerdo común,  (ii)  división  de  funciones  y  (iii)  trascendencia  del  aporte  durante la  ejecución del ilícito.   

          Como      lo      ha     expresado     la     Sala,     “acuerdo  significa     conformidad,     asentimiento,    reflexión    y    madurez    de  determinación.    A   su   turno,   “división  quiere  decir  separación, repartición”. Finalmente,   “aportar,   derivado   de  “puerto”,  equivale  a llegar o presentarse a un lugar, hacer algo en pro de  un             fin             común”1.   

En   relación   con  el  tercero  de  los  mencionados   presupuestos,   tradicionalmente  se  ha  discutido  sobre  si  es  necesario  que  el  aporte se preste durante la ejecución del delito, es decir,  antes  de  producirse  su  consumación  o  si  también resulta dable hablar de  coautoría   frente   a   contribuciones   posteriores  a  la  realización  del  punible.   

Así, esta Corporación inicialmente sostuvo  que  si  el  sujeto  activo está ligado finalísticamente a la ejecución de la  conducta,  en  forma  que  el  aporte  posterior  es  producto  de un compromiso  objetivo  y  subjetivo  con  sus  resultados, es perfectamente dable predicar la  existencia  de la coautoría en esos casos. Así lo señaló en la sentencia del  22        de        mayo        de        20032,  donde  sobre  el  particular  expuso:      

“Si el hecho punible fue consumado por otra  persona  -se  argumenta-,  no resulta razonable atribuirle la calidad de autor a  quien  presta  una  ayuda  posterior  al  directo  realizador de la conducta. Lo  sensato  –se  piensa-  es  asimilar  su actuación, por cuanto no fue esta persona la que realizó el verbo  rector del supuesto legal, a la del cómplice.   

Basta,  sin  embargo,  para  despejar  el  equívoco  y dejar en claro la objetividad legal de la distinción, precisar, en  uno  y  otro  caso,  si  el  actor  se  halla ligado finalísticamente o no a la  realización   de   la   conducta.   En  la  primera  hipótesis,  cuando  brinda  colaboración posterior a un hecho punible del cual  hace   parte,  por  razón  de  su  compromiso  objetivo  y  subjetivo  con  sus  resultados,  se  trata  de un coautor. Pero si esa ayuda es de mera coadyuvancia  externa  a  los  fines  de  los  integrantes  de la empresa común, despojada de  alianza  anímica  con  los  propósitos últimos de sus autores directos, quien  así  actúa es cómplice del hecho punible” (subraya  la     Sala,    en    esta    ocasión).    

         

La misma línea de pensamiento trazada en la  precitada  decisión  guió  la definición del caso juzgado en la sentencia del  17        de        agosto       de       20053,  pues  allí  con cita de ese  precedente se señaló lo siguiente:   

“En todo caso, por la forma como ocurrieron  los  hechos,  la  sincronizada actividad de los tres grupos que intervinieron en  la  realización  de  las  conductas ilícitas revela el acuerdo previo de todos  los  integrantes  de  la  empresa  criminal, elementos de la coautoría impropia  prevista  en  el  inciso  2º  del  artículo  29 del Código Penal a los que se  agrega  la  importancia  del  aporte,  pues  es  claro  que  los señores MEJÍA  estaban  finalísticamente  vinculados  al  acontecer  delictivo  en  desarrollo del cual realizaban un hecho propio aunque limitado al  papel  que les correspondió cumplir, dada la especial circunstancia de disponer  de  un lugar apto para guardar la mercancía hurtada”  (se   subraya  nuevamente).   

          Un  giro  parcial  en  relación  con  el  tema  dio  la Corte en la  decisión    del    26    de   octubre   de   20064, en cuanto en esta ocasión se  sostuvo  que  solamente  constituía  coautoría  el  aporte prestado durante la  ejecución del hecho. Sobre el particular se dijo:   

          “Y  el  aporte  durante  la  ejecución del hecho quiere decir que  la  prestación  que  hace  la  persona debe ocurrir,  total  o  parcialmente,  entre  el  momento en que se inicia la realización del  verbo   rector   que   guía   la   conducta   criminal   y   el   logro  de  la  consumación. De esta manera, el comportamiento frente  a  la  pura  ideación  delictiva  o  a  los  actos preparatorios, no constituye  coautoría,  como  tampoco  aquél  subsiguiente  a la consumación o al último  acto   en   materia   de   tentativa   de   delito5”         (se subraya).   

Se  señaló  que  el  giro tuvo carácter  parcial,  pues  allí  de  todas  maneras se evocó la jurisprudencia de la Sala  referida  a  la posibilidad de configurarse la coautoría con posterioridad a la  ejecución  del  punible.  Claro que tal cita se efectuó, según lo precisó la  Corte  en  esa  oportunidad,  con  el  objetivo  de diferenciar dichos conceptos  cuando  la  actuación  ocurre  precisamente  en  el  momento  consumativo de la  conducta punible. En efecto:   

“Para  diferenciar  los conceptos de   coautoría  y  complicidad,  particularmente cuando los protagonistas actúan en  el momento consumativo de la conducta punible la Sala ha precisado:   

“…  Basta, sin embargo, para despejar el  equívoco  y dejar en claro la objetividad legal de la distinción, precisar, en  uno  y  otro  caso,  si  el  acto  se  halla  ligado finalísticamente o no a la  realización   de   la   conducta.  En  la  primera  hipótesis,  cuando  brinda  colaboración  posterior  a  un hecho punible del cual hace parte, por razón de  su  compromiso  objetivo y subjetivo con sus resultados, se trata de un coautor.  Pero  si  esa  ayuda  es  de  mera  coadyuvancia  externa  a  los  fines  de los  integrantes  de  la  empresa  común,  despojada  de  alianza  anímica  con los  propósitos  últimos  de  sus  autores directos, quien así actúa es cómplice  del             hecho             punible6”.   

          La  postura  inicial  plasmada  respecto  del  límite  temporal del  aporte  fue  abandonada definitivamente por la Corte en el pronunciamiento del 2  de         septiembre         de         20097,  sobre  la base de considerar  “obvio”,  incluso,   entender   que  solamente  puede  catalogarse  como  coautores  a quienes intervienen durante la  ejecución  del delito, excluyéndose, por tanto, de tal calificativo todo aquel  que  presta una ayuda posterior, así actúe en desarrollo de acuerdo previo. De  la siguiente forma se construyó la variación jurisprudencial:   

“Lo  característico  de esta forma plural  está  dado  en  que  los intervinientes despliegan su comportamiento unidos por  una   comunidad   de   ánimo,   esto   es,   por   un  plan  común8,  además, se  dividen  las  tareas  y  su  contribución  debe  ser  relevante     durante     la    fase    ejecutiva9  pues  no cabe la posibilidad  de  ser  coautor  después de la consumación de la conducta punible.   

…  

La  contribución  de  esa  calidad  la que  implica   intervención   de   la   persona,   debe   darse   durante   la  fase  ejecutiva10   del  delito,  valga  decir,  entre  el  momento  en  que  se  inicia la realización del verbo rector que caracteriza la  conducta  punible  de que se trate, esto es, la fase tentada y el instante de su  consumación.   

Desde la teoría del delito, se entiende que  los  itinerarios  puramente  ideativos  de  los comportamientos ilícitos no son  punibles,  porque  ello  traduciría  penalizar las expresiones del pensamiento,  por  ello,  un  apoyo  en esta etapa no constituye coautoría, tampoco cuando se  evidencia en actos preparatorios.   

En    igual    sentido,    por  su  obviedad  no  puede  hablarse  de autoría compartida más  allá   de   la   consumación  o  del  último  acto  constitutivo    de    tentativa   de   la   conducta   punible”   (subrayado adicionado).   

            La  adopción  de  la nueva postura obedeció a las sobrevinientes  tendencias  que  sobre  el  tema  de  la  coautoría  y  participación  se  han  experimentado  a  nivel  doctrinal.  Así  la  Sala,  en  la  sentencia del 2 de  septiembre  de  2009,  tuvo  como fundamento para el efecto las siguientes citas  doctrinales:   

         Una:                         

“Respecto  a  la  primera  cuestión,  la  doctrina   y   la   jurisprudencia  han  venido  afirmando  tradicionalmente  la  posibilidad  de  que  la  intervención  del  coautor sucesivo se produjese más  allá  de  la  consumación  formal  durante el periodo temporal existente entre  ésta  y  la  terminación  o  consumación material del delito. Sin embargo, la  postura  anterior  se ha ido paulatinamente abandonando por la doctrina, que hoy  en  día  mantiene  mayoritariamente que no es posible que el acuerdo se origine  en  un momento posterior al de la consumación formal, es decir, a aquel momento  en  el  que  se  reúnen  todos  los elementos que conforman la descripción del  supuesto  de hecho del tipo penal. La consumación del delito se produce, cuando  se  satisfacen  todos  los  presupuestos exigidos por el concreto tipo penal, de  tal  forma  que  la  conducta  realizada  en  el  específico  supuesto de hecho  coincide  con  la  representación  abstracta  que  el legislador ha establecido  previamente  en  el  respectivo precepto penal. En el momento de la consumación  formal  se  encuentran, por tanto, presentes todos los requisitos que conducen a  la  punibilidad.  Por  su parte, esta nueva opinión doctrinal, considera que si  la  autoría  (incluida  la  coautoría) es definida como realización del hecho  delictivo  descrito en los preceptos de la parte especial del código penal, tal  y  como  se  establece  en  los  preceptos  reguladores  de la misma en la parte  general,  no puede admitirse que una intervención que  se  lleva  a cabo una vez finalizado el comportamiento típico pueda fundamentar  una   responsabilidad   a   título  de  autoría,  lo  contrario,  es  decir  aceptar  la  posibilidad de autoría tras la consumación  formal,   conllevaría   para   ésta   corriente   doctrinal,  una  ampliación  desmesurada  y  no permitida de la punibilidad, que infringiría el principio de  legalidad  penal  consagrado por la Constitución”11         (subraya la Corte).   

Y dos:  

“Tradicionalmente se ha venido defendiendo  por  la  doctrina mayoritaria que se puede intervenir en un delito más allá de  la  consumación  formal  del  mismo,  es  decir,  durante  el  periodo temporal  existente   entre   ésta   y   la  terminación  o  consumación  material  del  delito.   

Pero,    aunque    existe   una   línea  jurisprudencial  que  continúa pronunciándose en este sentido, dicho postulado  ha    comenzado    a    ser    rechazado    por    la   doctrina.   Actualmente  se  defiende  por  un  sector doctrinal que como regla  general,  no  es  posible  un  acuerdo  posterior  al momento de la consumación  formal,  es  decir,  al  momento  en el que se reúnen  todos  los  elementos  que  conforman  la descripción del supuesto de hecho del  tipo  penal.  En  mi  opinión,  habrá que establecer como norma general que no  cabe  la  posibilidad  de  autoría  ni  tampoco  de participación a partir del  momento  de la consumación del delito, pero dependiendo de las características  del     tipo     en     concreto,     habrá     que     admitir    determinadas  excepciones”12   (se  subraya).   

          En  esta  oportunidad,  se  considera necesario recordar que autores  tales  como  JOCOBO  LÓPEZ  BARJA  DE  QUIROGA, SANTIAGO MIR PUIG y CLAUS ROXIN  siguen  también  esa línea doctrinal. Es así como el primero de ellos comenta  lo siguiente:   

“Otra  cuestión  que  se  debe  tener  en  cuenta  es  la  del  momento  en  el que se produce la  aportación  del  interviniente:  el coautor tiene que  realizar  su  aportación en fase ejecutiva. En otras palabras, su contribución  tiene  que  ser  actualizada  al momento de la realización del tipo.  La  razón es clara, sólo así puede decirse que el sujeto tiene  el  dominio  del hecho. Esto conduce a que la misma contribución pueda tener un  significado   distinto  para  el  derecho  en  virtud  del  momento  en  que  se  produzca”13.   

MIR   PUIG,   a  su  turno,  ha  expuesto:   

“… La fenomenología de la codelincuencia  muestra  que  en  la  realización  colectiva  de  un hecho no siempre los actos  literalmente  ejecutivos  constituyen  la  parte más difícil e insustituible y  que,  en cambio, el éxito del plan depende de todos quienes asumen una función  importante  en  el  seno  del  mismo. Lo acertado es, pues, considerar coautores  no  sólo  a  los  que ejecutan en sentido formal los  elementos  del  tipo,  sino  a  todos  quienes  aportan una parte esencial de la  realización  del  plan  durante  la  fase ejecutiva. A  todos  ellos “pertenece” el hecho, que es “obra” inmediata de todos, los  cuales  “comparten”  su realización al distribuirse los distintos actos por  medio    de    los    cuales    tiene    lugar”14         (las  negrillas  son  del  texto original).   

          Finalmente, ROXIN ha expresado:   

“Lo   importante   es   saber   si   la  correalización  estructurante  del  hecho  tiene  lugar  en  la  preparación o  durante  la  ejecución  del  hecho.  Sólo en el último caso puede existir una  coautoría,…  mientras  que  en los restantes casos debe imponerse una pena de  cómplice”15.   

“Con  arreglo  a  dicha idea, es en primer  lugar   coautor  todo  interviniente  cuya  aportación  en  la  fase  ejecutiva  representa  un  requisito  indispensable  para  la  realización  del  resultado  pretendido,  esto  es,  aquel con cuyo comportamiento funcional se sostiene o se  viene  abajo  lo  emprendido. Nada importa al respecto su disposición subjetiva  hacia            el           acontecer”16   

          La  Sala, por tanto, ha de reiterar aquí el criterio según el cual  solamente  es  dable  reputar  como  coautores  a quienes intervienen en la fase  ejecutiva   del   delito,  no  así  quienes  actúan  con  posterioridad  a  la  consumación del mismo.   

          En  el  caso  materia de examen, está claro que la actuación de la  procesada  FARFÁN  VARGAS se  redujo  a  ocultar  en  su vivienda los bienes producto del latrocinio, luego de  ser  sustraídos  de  la  residencia  del  señor José  Marcelino Mopán.   

          Como  se  recuerda,  acerca del momento consumativo del hurto se han  expuesto  diversas teorías, empezando por la del simple contacto físico con la  cosa,  pasando  por  la  de su remoción y siguiendo por la de su aseguramiento.  Empero,   modernamente   se  tiene  por  aceptada  aquella  según  la  cual  la  consumación  ocurre  cuando  la  cosa  es  sacada  de la esfera de vigilancia u  órbita  de  custodia de su dueño, poseedor o tenedor. Es así como en reciente  decisión   se   condensó   esta   tesis  de  la  siguiente  manera17:   

          “Los  artículos 349 y 239 de los Códigos Penales de 1980 y 2000,  respectivamente,  exigen  para la configuración de la conducta punible de hurto  el  apoderamiento  de  cosa  mueble ajena, con el propósito de obtener provecho  para  sí  o  para  otro. Eso significa que el momento  consumativo  del delito se produce cuando el sujeto activo de la conducta extrae  el  bien  de la esfera de custodia de su dueño, poseedor o tenedor,  con  la  intención  de  lucro  pues de acuerdo con la norma no se  requiere  la  materialización o logro de la utilidad o ganancia”.18   

“El delito de hurto se consuma cuando  el  bien es sacado por completo de la esfera de dominio del  dueño,  tenedor  o  poseedor,  haciendo  que  pierda  cualquier     posibilidad     de    protegerlo”19          (Resaltado  añadido)   

          Visto  lo anterior, no surge hesitación alguna en el sentido de que  el  atentado  contra  el patrimonio económico se consumó cuando los asaltantes  extrajeron  los  bienes  de  la  casa del señor Mopán y huyeron de allí en un  vehículo  automotor,  momento  a  partir  del  cual  su  propietario perdió la  disponibilidad  de  los mismos, máxime cuando sus moradores estaban ausentes de  dicho lugar.   

          Es  evidente,  por  tanto,  que  la  intervención  de  la procesada  ocurrió   después   de  la  ejecución  del  punible,  luego  no  es  factible  considerarla  coautora  del  mismo.  En  cuanto  la contribución la prestó con  posterioridad  a  su  consumación, en virtud del concierto previo efectuado con  ese  fin,  no hay duda que su comportamiento se enmarca en la figura prevista en  el  inciso  3º del artículo 30 del Código Penal, es decir, obró a título de  cómplice.   

          Prospera   el   cargo.   En  consecuencia,  procederá  la  Corte  a  redosificar  la  sanción  impuesta  a  la prenombrada para reajustarla a la que  realmente corresponde.   

          El  Tribunal condenó a la acusada por el delito de hurto calificado  y  agravado,  cuyos  extremos  punitivos  van  de  108  a 294 meses de prisión,  seleccionando  el  cuarto  mínimo,  que oscila entre 108 y 154,5 meses, ámbito  dentro  del  cual fijó como sanción 110 meses, es decir, aumentó al mínimo 2  meses, de acuerdo con el artículo 61 del Código Penal.   

          Para  corregir  el  yerro  cometido,  le  será  necesario a la Sala  aplicar  a  los extremos inicialmente mencionados (108 a 294 meses) disminución  de  una  sexta  parte  a la mitad, la primera de esas proporciones a la frontera  máxima,  mientras  la  segunda  al  límite inferior, conforme los dictados del  parámetro 5º del artículo 60 de la codificación antes citada.   

          De  esa  forma,  los  extremos quedan en 54 y 245 meses, cuyo cuarto  mínimo  va  54  a  101,75  meses.  Como  al  extremo  inferior  el ad  quem  le  adicionó  2  meses, la Sala  proporcionalmente  incrementará 29 días a los referidos 54 meses, considerando  como  factor  para  el  efecto  el  equivalente  a  1,85%, resultando como total  cincuenta  y cuatro (54) meses y veintinueve (29 días  de  prisión,  que  será entonces la pena principal a  imponer  a  la  sentenciada,  en  vez  de  la irrogada por el Tribunal. En dicho  guarismo  también quedará la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos y funciones públicas, igualmente, aplicada a la aludida.   

          Como  la nueva sanción excede de 36 meses de prisión, no hay lugar  a  conceder  el  subrogado  de la suspensión condicional de la ejecución de la  pena,  tal  como  lo  decidió  el  ad quem.  Si  bien  la conducta punible, dada la condición de cómplice de  la  procesada,  queda  reprimida  con  una sanción mínima inferior a cinco (5)  años,  estima  la Sala que ésta tampoco se hace acreedora a la sustitución de  la  prisión  por  domiciliaria,  por no concurrir en su favor el presupuesto de  carácter  subjetivo contemplado en el numeral 2º del artículo 38 del estatuto  punitivo.   

          En    concreto,    el    desempeño    personal    de   FÁRFAN  VARGAS  no permite deducir que no  colocará  en peligro a la comunidad, pues intervino en la comisión del punible  para  facilitar  su agotamiento y propender con ello por la impunidad del mismo,  lo  cual  hace  que  su conducta se torne de singular gravedad, en cuanto de esa  forma   contribuyó  de  manera  decisiva  a  fomentar  la  repetición  de  tan  reprochables  actos delictivos.                  

          En  síntesis,  la  Sala casará la sentencia objeto de impugnación  para    condenar    a    JEIMY   KATHERINE   FARFÁN  VARGAS a la pena principal de  cincuenta y cuatro (54) meses y veintinueve (29) días  de  prisión  y a la accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo lapso, como  cómplice del delito de hurto calificado y agravado.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

Primero-. CASAR la  sentencia  impugnada,  en  el sentido de condenar   a  JEIMY    KATHERINE    FARFÁN    VARGAS  a  la  pena  principal  de cincuenta    y    cuatro   (54)  meses  y veintinueve (29) días de  prisión  y a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso, como cómplice  del   delito   de   hurto   calificado   y  agravado.   

Segundo-.   DECLARAR  que  los  restantes  ordenamientos  de  la  sentencia  impugnada se mantienen incólumes.   

          Contra la presente sentencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO              FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO            

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ              MARÍA        DEL       ROSARIO       GONZÁLEZ  MUÑOZ                      

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                      LUIS     GUILLERMO    SALAZAR    OTERO               

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                    JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Sentencia del 21 de agosto de 2003, radicación 19213.   

2  Radicación 17457.   

3  Radicación 21382   

4  Radicación 22733.   

5 CORTE  SUPREMA    DE    JUSTICIA,    Sent.-   Cas. Agosto 21 de 2003, rad. 19213.   

6 CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala de Casación Penal, Sent.  Cas. Mayo 22 de 2003, rad. 17.457.   

7  Radicación 29221.   

8  Aunque  enseguida  conoceremos  las  excepciones,  es algo generalmente aceptado  que,  para  que  haya  coautoría,  debe  existir, como nexo subjetivo entre los  actuantes,  un  plan  común,  entendido éste como un mínimo acuerdo entre los  coautores,  una coincidencia de voluntades, una resolución común del hecho, en  definitiva,  un  dolo  común  en  el  sentido en que hablé de tal al tratar la  teoría  del  acuerdo  previo,  sin  que  sea  necesario  un detallado plan o un  acuerdo  previo.  Miguel  Díaz y García Conlledo, La  autoría  en  derecho penal, Barcelona, Editorial PPU,  1991, página 65.   

9  En  segundo  lugar,  debe mediar una contribución, un aporte objetivo y esencial al  hecho,  de  tal  manera que éste sea producto de la división del trabajo entre  todos  los  intervinientes, por ello se requiere un dominio funcional del hecho,  pues  cada  uno  debe  ser  una  pieza  fundamental  para  llevar a cabo el plan  general.  Por lo tanto, no se precisa que cada concurrente realice totalmente la  acción  típica,  pero  si  es necesario a no dudarlo que el aporte esencial se  lleve  a  cabo  en  la  fase  ejecutiva  de  la  misma,  pues de lo contrario se  estarían  penando aportaciones en las fases previas en contravía de un derecho  penal     de     acto.     Fernando    Velásquez    Velásquez,    Derecho   Penal,  Medellín,  Editorial  Comlibros, 2009, página 902.   

10 El  proceso  de desarrollo constituye lo que los prácticos denominaban iter  criminis  y corresponde al proceso  psicofísico  del  delito, que tiene su iniciación en la mente del hombre y que  acaba  con  la  concreción  de  lo  que aquel se había propuesto. Las diversas  etapas  pueden  estar  conformadas  por  el  planeamiento,  la  preparación, la  ejecución,  la  consumación y el agotamiento. Las figuras descritas por la ley  se  presentan  normalmente como consumadas, salvo excepciones en que acciones de  preparación  o  de  principio  de  ejecución  son descritas en sí mismas como  delitos.   Los   delitos  se  reprimen  desde  que  el  legislador  lo  señala,  esto   es   desde  que  se  comienza  la  ejecución  –tentativa- de  manera  que  cada  tipo  del  C.P.  debe entenderse constituido  conforme  al  art.  7º  por  su  consumación  y  por  las etapas anteriores de  ejecución   referidas  en  el  artículo  citado.   Mario  Garrido  Montt,  Etapas   de   ejecución   del  delito.  Autoría  y  Participación,  Santiago,  Editorial  Jurídica  de  Chile, 1984, página 46.   

11   Maria   Gutiérrez   Rodríguez.   La  responsabilidad   penal   del   coautor,   Valencia,  Editorial Tirant lo Blanch, 2001, páginas 167 y 168.   

12  Victoria  García del Blanco. La coautoría en derecho  penal,  Valencia,  Tirant  lo  Blanch,  2006,  pág.  458.   

13  Autoría  y participación. Ediciones Akal S.A. 1996. Madrid, España, págs. 66  y 67.   

14  Derecho   penal,   parte   general.   5ª   edición,   Barcelona,  2002,  pág.  389.   

15  Sobre  la  autoría  y participación en derecho penal. Problemas actuales de la  ciencias  penales  y la filosofía del derecho (Homenaje al profesor Jiménez de  Asúa), Buenos Aires, 1970, pág. 68.   

16  Autoría  y  dominio  del  hecho  en  derecho  penal.  Marcial  Pons,  ediciones  jurídicas y sociales S.A. Madrid, 2000, págs. 310 y 311.   

17  Auto del 14 de marzo de 2011, radicación 36019.   

18  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal.  20 de septiembre de  2005, Radicado: 21558   

19  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal.  15 de septiembre de  2005, Radicado: 15225     

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