36174(09-08-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     nº  36174   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta N° 281  

          Bogotá    D.C.,   nueve   (9)   de   agosto   de   dos   mil   once  (2011).   

VISTOS  

La  Sala  decide  sobre  la  admisión de la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensora del procesado  JAIME  WILLIAM  CAMARGO MARTÍNEZ con el  objeto  de  sustentar el recurso de casación interpuesto contra la sentencia de  segunda  instancia  proferida el 9 de noviembre de 2010 por el Tribunal Superior  de  Bogotá,  mediante  la  cual  confirmó  la dictada el 18 de diciembre de la  anualidad  anterior por el Juzgado Cuarto Penal del Circuito Adjunto de la misma  sede  que  condenó  al  mencionado como autor del delito de acto sexual abusivo  con menor de 14 años agravado.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los  primeros,  fueron  declarados  por  el  Tribunal, de la siguiente forma:   

“Entre  los  años  de 2000 y 2003, JAIME  WILLIAM  CAMARGO  MARTÍNEZ,  aprovechando  la  confianza de la que gozaba en la  familia  encabezada por María Argelia Parada López y la naturalidad con la que  sacaba  frecuentemente  a  pasear  al  menor  hijo de ésta Y.A.R.P.1,  en  tres  ocasiones  llevó  al  niño a su residencia, le besó la boca y los genitales y  frotó    los    suyos   contra   los   glúteos   del   impúber”.   

Con  sustento en lo anterior, se dispuso la  apertura  formal  de  instrucción  penal,  a  la cual fue vinculado     CAMARGO    MARTÍNEZ, mediante diligencia de indagatoria.   

Clausurada la fase instructiva, se calificó  su   mérito   el  9  de  noviembre  de  2006   con  resolución  de  acusación  como  presunto  autor  del  delito  de actos  sexuales  abusivos con menor de catorce años agravado (art.  211, nums. 2 y 4).   

Ejecutoriado el calificatorio, la actuación,  para  tramitar  la fase del juicio, le correspondió al Juzgado Cuarto Penal del  Circuito  de Bogotá, ante el cual se surtieron las audiencias preparatoria y de  juzgamiento,  a cuyo término el Juzgado Cuarto Penal del Circuito Adjunto de la  misma  ciudad  dictó sentencia el 18 de noviembre de 2009, por medio de la cual  condenó  al  acusado  a  la  pena principal de cincuenta y cuatro (54) meses de  prisión  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación en el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo tiempo, a la vez que le negó la condena de  ejecución condicional y el sustituto de la prisión domiciliaria.   

En desacuerdo con la anterior determinación,  la  defensa  del  procesado, de manera exclusiva, interpuso en su contra recurso  de  apelación,  el  cual  resolvió  el  Tribunal  Superior  de Bogotá el 9 de  noviembre posterior, en el sentido de confirmarla.   

El mismo sujeto procesal, inconforme con esta  última   decisión,  la  impugnó  a  través  del  recurso  extraordinario  de  casación,  para lo cual allegó demanda, sobre cuya admisión se ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

Formula un único cargo con fundamento en la  causal   primera,   cuerpo   primero,   del  artículo  207 de la Ley 600 de 2000, por violación directa de  la  ley  sustancial,  en  virtud  de  la “exclusión  evidente  del  art.  20,  232  y  251  de  la  ley  600  de 2000” y  “por  desconocimiento  del  deber de  fundar  la  sentencia  en  pruebas legalmente practicadas, esto es, la práctica  (sic) de las pruebas sin los  requisitos  observados  en  las  normas  internacionales  sino internas de orden  Constitucional  y  Legal  sino  por  errores  de  derecho  por  falso  juicio de  identidad  y  del  falso  raciocinio  por  omitir la apreciación de las pruebas  allegadas   que   debieron   ser   valoradas   por   aplicación   del  precepto  constitucional   y   legalidad   (sic)   de              investigación              integral”.       

En  los  fundamentos  del  cargo, señala la  recurrente  que  acude  a  la  causal  invocada “por  estar    incurso    el    fallo    de   segunda   instancia   con   (sic)  errores  en la apreciación de las  pruebas  y  por violar de manera directa lo previsto en el art. 20, 232 y 251 de  la  ley  600 de 2000”, en consonancia con lo previsto  en  el  artículo 29 de la Constitución Política, en el Pacto Internacional de  Derechos  Civiles  y  en  el artículo 8 de la Convención Americana de Derechos  Humanos.   

A  renglón seguido señala que “estos  yerros  no  son  sólo  en  la  producción  sino  en  la  apreciación  de  las  pruebas  recaudadas  en  el presente sumario y que fueron  determinantes  en el fallo no sólo proferido por la primera sino por la segunda  instancia”,       resultando       “más  grave  aun el hecho de que la suscrita hubiese demostrado,  no  sólo jurídicamente sino técnicamente, que efectivamente la producción de  la  prueba sicológica fue producida (sic) con  errores”.   

Señala,  a  continuación,  que  el informe  anexo  al recurso de apelación interpuesto contra el fallo de primera instancia  “servía   como   soporte   de  la  argumentación  sicológica  que  le  imprimió  la  suscrita  al  texto del recurso pero que en  violación  al  debido  proceso  el  Tribunal  pasó  por  alto  y no desvirtuó  jurídicamente,  …  tan  solo  se limito (sic) a mencionar que no se tomaba en  cuenta    por  ser  una  prueba  de  carácter  extemporánea  (sic)”.   

Enseguida  aduce  que se precisa de fallo de  fondo  para  proteger  los  derechos fundamentales de su asistido y “más   aún   cuando  se  hace  necesario  que  se  unifique  la  jurisprudencia  nacional sobre temas tales como la producción y apreciación de  las  pruebas  que  fueron  determinantes  para el fallo tanto de primera como de  segunda  instancia,  cuando  ellas  son  practicadas sin los requisitos mínimos  establecidos  en  cada  técnica  que se debe implementar en la práctica de los  experticios”.                         

Si  la  técnica  utilizada  en  el  aludido  dictamen  era  la  correcta,  añade,  no  le  quedaba  alternativa  distinta al  Tribunal  a  la  de  revocar  la  sentencia  apelada, a riesgo de transgredir el  artículo  251  sobre  los  requisitos  de  la  prueba  pericial;  sin  embargo,  “el  Honorable  Tribunal  omitió  la  valoración  jurídica    del    dictamen   pericial   el   cual   fue   tema   central   del  recurso”,  limitando  su análisis a la ponderación  de   los   testimonios   de   la   progenitora   del   menor,   de  Martha  Viviana  Ruiz  y  de Ana María Romero Parada.   

Con  ello,  prosigue, violó directamente el  artículo  20  del estatuto procesal, pues “no entro  (sic)  en un estudio claro y  preciso   de   la  argumentación  sobre  las  falencias  que  surgieron  en  la  producción  del  dictamen  pericial sicológico el cual fue fundamental para la  decisión  de  condena”,  pero  que  en  realidad no  aporta  certeza alguna, toda vez que “fue tomada con  posterioridad  a los presuntos hecho (sic) y  no  de  manera  inmediata, lo que permite concluir que el tiempo  transcurrido  es  la  verdad  que  se aleja y no como lo sostuvo el Tribunal que  esto     haya     quedado     en     la     mente    del    menor”.   

A  lo  anterior  se suma que los testimonios  recibidos   no   ofrecen   credibilidad   en   la  medida  en  que  “nada   conducen   a   la  certeza  del  hecho  enrostrado  a  mi  representado  ya  que  las  declarantes  no se encontraban presente (sic)    en    los    supuestos   actos  libidinosos”.   

Acto  seguido,  insiste  en  que  cuando  el  Tribunal  dejó  de valorar el informe que anexó  al escrito sustentatorio  del  recurso  de apelación, vulneró el debido proceso previsto en el artículo  29  de  la  Carta,  incurriendo  en  un  falso  juicio respecto de las probanzas  “que se practicaron en torno al experticio técnico  y  da validez a unas pruebas que tienen errores de derecho y por consiguiente no  procede  a  su  valoración  recayendo en un falso juicio de raciocinio sobre la  misma”.   

De  otro lado, en cuanto a la argumentación  del  ad  quem  en punto del  tiempo  transcurrido  desde  la  fecha  en que ocurrió el presunto suceso hasta  cuando   se   le  practicó  el  examen  al  menor,  sostiene  que  “no  es  cierto  que  ello permita concluir que este hecho lo que  hizo  fue  quedar  en  el  recuerdo  del menor”, pues  “la   perito   no   informa   como   (sic)  se  tuvo  en  cuenta  el  paso del  tiempo entre estos dos momentos”.   

Con fundamento en lo expuesto, colige, logró  demostrar    que    efectivamente    la    sentencia    impugnada   “se  basa  en  el dictamen y la misma viola la ley sustancial que  proviene  directamente  de un error de derecho no sólo en la apreciación de la  prueba  sino  en la producción de esta prueba” y que  en  la  apreciación  de  las pruebas testimoniales y documentales favorables al  procesado  se  incurrió  en yerros de derecho “toda  vez  que la misma va en contravía con lo normado en el art. 20 de la ley 600 de  2000  la  cual consagra que se debe investigar y por  ende valorar tanto lo  favorable  como  lo  desfavorable  a  los  intereses del imputado”, a lo cual se suma que no fueron apreciadas.   

Ocurre lo mismo, agrega, con las constancias  de  estudio  y trabajo del implicado porque “tampoco  fueron  potencialmente  ni  jurídicamente invalidadas por el Honorable Tribunal  sino  que  le  da  una interpretación que carece de fundamento conforme con las  reglas  de  la  sana  crítica y las reglas de la experiencia contraviniendo con  ello  la  norma sustancial”. Tal situación porque es  “ilógico  e  imposible  creer”, acota, que una persona en actividad laboral  tuviera  tiempo  para  permanecer  desocupada  a  las horas en que supuestamente  sucedieron  los  hechos,  lo  cual “permite concluir  que  la  apreciación de estas pruebas que fueron recaudadas con la legalidad de  los  procedimientos  no fue apreciada (sic)  ya que no se tuvo en cuenta las que lo favorecían”,     como     el     dictamen     sexológico     practicado     al  menor.            

Finaliza señalando que también se hizo una  valoración  errónea  de  dicho  dictamen en relación con los hechos, dado que  fue  practicado  el  26  de mayo de 2003, y “nada se  dice  con  relación  a  los  hechos  ocurridos  en  el año 2000”.   

Los  errores  denotados,  advera,  permiten  inferir  que  su  defendido  no  cometió  la  conducta  atribuida, “ya  que  las  pruebas sólo apuntaban a su inocencia y en reparo  de   ello   (sic)   a  la  aplicación  del  principio  constitucional  del in dubio pro reo”.   

Así     las    cosas,    “el  Magistrado  ponente  no interpreta exactamente las palabras,  las  fechas y las circunstancias mencionadas por los declarante por el contrario  tergiversan  (sic) la prueba  recaudada,  cambiando  el  sentido  de  las  palabras   utilizadas  por los  declarantes”.   

Con  fundamento en lo expuesto depreca casar  el  fallo  impugnado  y,  en  su  lugar,  absolver  a  su  prohijado  del  cargo  imputado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

El  único  reproche contenido en la demanda  objeto  de  examen  desconoce  las exigencias de lógica y debida argumentación  que    regulan    este    extraordinario    recurso,    lo    cual   impone   su  inadmisión.   

De  conformidad  con  el  numeral  3°  del  artículo  212  de  la Ley 600 de 2000, la demanda de casación deberá contener  “La enunciación de la causal y la formulación del  cargo,  indicando  en  forma clara y precisa sus fundamentos y las normas que el  demandante estime infringidas”.    

Pues  bien,  en  el  caso  de  la especie es  indiscutible    que    la    propuesta   de   la   defensora   de   JAIME  WILLIAM  CAMARGO  MARTÍNEZ  no se  presenta  de  acuerdo con los presupuestos que vienen de verse y que, por tanto,  se  ha  de  proceder  de conformidad con la consecuencia procesal prevista en el  artículo 213 ibídem.   

          Para  comenzar, empiécese por señalar que la censora no desarrolla  el reparo de acuerdo con la causal de casación invocada.   

          En  efecto,  para  sustentar la propuesta se acude al motivo primero  del   numeral   ídem  del  artículo  207 de la Ley 600 de 2000, esto es, a la causal de violación directa  de ley sustancial.   

De acuerdo con los derroteros de esta causal,  al  demandante  le  está vedado discutir en derredor de la prueba y los hechos,  en   tanto   la  polémica  se  suscita  directamente  sobre  la  aplicación  o  interpretación  del  precepto  sustancial,  pues  si  lo  que  se  pretende  es  controvertir  la  apreciación  de  la prueba que a su vez conduce a un error de  selección   del  precepto  sustancial,  para  ello  cuenta  con  la  causal  de  violación  indirecta, prevista en el motivo segundo de la disposición aludida.   

Dicho  de  otro modo, cuando el casacionista  acude  a  la  causal de violación directa de le ley sustancial debe aceptar los  hechos    y   las   pruebas   tal   como   fueron   apreciados   en   el   fallo  recurrido.   

Sin embargo, apartándose de las directrices  señaladas,  la  casacionista  invoca  la  causal  de violación directa y, acto  seguido,  desconoce  los  hechos  y  las  pruebas  aceptados  por  el  Tribunal.   

De cualquier manera, ninguna claridad aflora  del  contexto  del  cargo  en relación con el motivo o la causal que se invoca,  como  así  se  colige  de  la necesaria transcripción de algunos apartes de la  censura,  en  donde  de  forma  atropellada  y confusa inicialmente refiere a la  violación  directa de la ley sustancial, de acuerdo con el enunciado, pero acto  seguido  alude  a errores en la apreciación probatoria, cuya senda apropiada de  discusión,  como ya se dijo, es la violación indirecta, al paso que invoca las  dos  modalidades  de error en la apreciación probatoria -de hecho y de derecho-  y  casi  todos  los  falsos  juicios  valorativos,  esto  es,  de existencia, de  identidad,   raciocinio   y   legalidad,   incluso   respecto   de   las  mismas  pruebas.   

Para  rematar,  en  el  mismo cargo también  expone  argumentos  concernientes  a  la  causal  tercera  de  casación  por la  emisión  del  fallo  en un juicio viciado de nulidad, en razón a la violación  al  debido  proceso -según dice por la indebida valoración probatoria y por no  haberse  apreciado  un  documento  que  anexó  extemporáneamente al escrito de  sustentación  del  recurso  de  apelación  interpuesto  contra la sentencia de  primer    grado-    y    por   violación   al   principio   de   investigación  integral.   

Tal forma de concebir el ataque, acompañado,  por  lo  demás, de evidentes errores de redacción que dificultan en grado sumo  la  comprensión del escrito, configuran quebranto de principios basilares de la  actividad  casacional  en  procura  de  conseguir  demandas  que  satisfagan las  exigencias  argumentativas  propias de este medio extraordinario de impugnación  de  naturaleza  rogada, tales como los de sustentación suficiente, limitación,  crítica  vinculante, autonomía de las causales, coherencia, no exclusión y no  contradicción.   

          Los    dos   primeros   principios   (sustentación   suficiente   y  limitación),  consecuentes  con  el carácter dispositivo del recurso, implican  que  la  demanda  debe  bastarse a sí misma para propiciar la invalidación del  fallo  al  paso que la Corte no puede entrar a suplir sus vacíos, ni a corregir  sus deficiencias.   

          El  de  crítica  vinculante,  por  su  parte,  exige  de la censura  fundarse  en  las  causales  previstas  taxativamente y someterse a determinados  requisitos  de  forma y contenido dependiendo del motivo invocado. Y, conforme a  los  de  autonomía,  coherencia,  no  exclusión y no contradicción, sobre los  cuales  mucho  ha  insistido  la  Sala,  se  proyectan  en  el sentido de que el  discurso  debe  mantener  identidad  temática  y ajustarse a los requerimientos  básicos de la lógica.   

Contrario  a  lo  que  se persigue con estos  postulados,   en   el   único   reparo  formulado  se  entremezclan  propuestas  antagónicas,  como  lo  es la violación de la ley sustancial, en cualquiera de  sus  manifestaciones,  ya  sea  de  forma  directa  o indirecta, con la nulidad,  porque  en  el  primer  caso  se acepta la validez de la actuación procesal por  cuanto   el   ataque   se  circunscribe  a  errores  de  juicio  o  in   iudicando  en  los  que  incurre  el  sentenciador  al  momento  de fallar, mientras que en el segundo precisamente se  discute  ese aspecto a través de yerros in procedendo  o de procedimiento.   

Igual  ocurre cuando, según se precisó, en  la  misma  censura  se  plantean  las  dos  modalidades  de violación de la ley  sustancial,  dado  que  sus  presupuestos  son  excluyentes  e,  igualmente,  al  proponer  de forma coetánea, respecto de las mismas pruebas, errores de hecho y  de  derecho en su ponderación.  Tanto más, se añade, cuando frente a los  mismos  medios  de  convicción  se  alega  simultáneamente  falsos  juicios de  existencia, identidad, raciocinio y legalidad.   

Las  anteriores incorrecciones por sí solas  son  suficientes  para  desestimar  el único cargo planteado en la demanda, por  evidenciar  que  no  goza  de  la  indispensable presentación lógica, amén de  carecer,  igualmente,  de  una  argumentación  coherente  que  permita su cabal  comprensión.  A  tal  punto llega la confusión y la entremezcla conceptual, se  concluye,  que  finalmente  no  se  desarrolla  ninguno  de  los  tantos  yerros  adjudicados al fallo impugnado.   

Así   las   cosas,   la  conclusión  que  razonablemente  se  impone es la de inadmitir la demanda de casación presentada  por  la  defensora del procesado JAIME WILLIAM CAMARGO  MARTÍNEZ.   

         Casación oficiosa:     

De acuerdo con la potestad otorgada a la Sala  para  casar  oficiosamente el fallo en tratándose de la causal tercera o cuando  sea  ostensible  que  atenta  contra  garantías  fundamentales,  prevista en el  artículo        216        ejusdem,  se procederá  en   tal  sentido,  sin  necesidad  de  correr  previo  traslado  al  Ministerio  Público2.   

La   activación   del   mecanismo   está  relacionada  con  la aplicación del principio de favorabilidad por razón de la  entrada  en  vigencia  de  la  Ley  1236  de  2008, en tanto en su artículo 7°  modificó  el  211  de  la  Ley  599  de  2000  referido a las circunstancias de  agravación  punitiva de los delitos contra la libertad, integridad y formación  sexuales  y, específicamente, la contemplada en el numeral 4°, en el entendido  de  que  las  penas  para  estos delitos se aumentaran de una tercera parte a la  mitad, cuando:   

“4.  Se  realizare sobre persona menor de  catorce (14) años”.   

Esta   circunstancia  de  agravación  fue  debidamente  imputada  en  la  resolución  de acusación proferida en contra de  JAIME   WILLIAM   CAMARGO   MARTÍNEZ   el  9 de noviembre de 2006, fecha para la cual se encontraba vigente  la  disposición  original  del  artículo  211 de la Ley 599 de 2000, según la  cual  la  pena  para  estas  conductas  punibles  se  incrementaba  en  la misma  proporción cuando:   

“4.  Se  realizare sobre persona menor de  doce (12) años”.   

Pues bien, tanto la Corte Constitucional como  esta  Sala  se han venido pronunciando en el sentido de que la reforma del texto  en  cuestión  trajo como consecuencia la inaplicación de la agravante para los  delitos  sancionados  en  los  artículos  208  y 209 del estatuto represor, por  comportar  quebranto  del  principio  non bis in ídem  toda  vez  que  el  elemento normativo de estos tipos,  referente  a recaer sobre persona menor de catorce (14)  años, se repite en la modificación de la agravante.   

Ello condujo a que la Corte Constitucional, a  través   de   la  sentencia  C-521  de  4  de  agosto  de  2009,  declarara  la  exequibilidad  condicionada  del  numeral  que  contiene  la  agravante,  en  el  entendido  de  que “dicha causal no se aplica a los  artículos                         208               y               209”.    Tal   afirmación   se   basó,  fundamentalmente, en los siguientes aspectos:   

“Al  prohibir que una misma circunstancia  se  convierta  en elemento constitutivo del tipo penal y en causa de agravación  del  mismo,  el  principio  non bis in ídem persigue evitar que las causales de  agravación  se  impongan  de  modo  arbitrario  e  injustificado a quienes sean  responsables  de un delito. Los elementos constitutivos de una infracción penal  fundamentan  la  responsabilidad  penal.  Las  circunstancias de agravación, en  cambio,  modifican la responsabilidad penal. Por eso mismo las circunstancias de  agravación  se  justifican  en  la ley penal, cuando el ilícito es cometido en  determinadas  circunstancias  que  se  estiman  más  reprochables  porque,  por  ejemplo,  suponen  un  mayor peligro o lesión para el bien jurídico. De manera  que  no  es  justificable  una  agravación punitiva necesariamente imponible al  autor  del  delito,  pues  eso  supone  que en realidad no se aumenta la pena de  aquel  que cometa el comportamiento punible en ciertas circunstancias de tiempo,  modo  y lugar que demuestren una mayor lesividad del bien, sino que en todos los  casos    se    impondría    la    modificación    de    la    sanción   penal  imponible.   

(…)  

En  este  punto  es posible concluir que el  derecho  a  no  ser  juzgado  dos  veces  por  un  mismo  hecho, se desconoce al  consagrar  una  causal  de  agravación  basada  en una circunstancia que ya fue  tenida  en  cuenta como elemento del tipo.  Con todo,  aún  en  caso  de  que  se  infrinja  una prohibición de esta naturaleza, debe  verificarse el cumplimiento de otros dos requisitos.     

   

En   primer  lugar,  que  la  causal  de  agravación  aparezca  injustificada,  pues de otro modo el legislador actúa en  ejercicio  de su potestad de libre configuración normativa. Así lo expresó la  Corte  en  la  Sentencia  C-038  de  1998 en la cual estudiaba la validez de una  causal  de  agravación punitiva por la posición distinguida que el delincuente  ocupara  en  la  sociedad  por  su riqueza, ilustración, poder, cargo, oficio o  ministerio  En  segundo  lugar, es necesario verificar en esta hipótesis, si se  cumplen  los  requisitos  establecidos por la jurisprudencia constitucional para  identificar  la  violación del principio non bis in ídem en más de un proceso  jurisdiccional.   

(…)  

Hechas las anteriores precisiones, la Corte  procede  a verificar si la norma demandada viola el derecho a no ser juzgado dos  veces por el mismo hecho.   

Inconstitucionalidad  del  artículo  211,  numeral  4°,  del  Código  Penal,  por  agravar  la  pena imponible a un hecho  punible,  en  virtud  de  una  circunstancia  que  ya  fue tenida en cuenta como  elemento constitutivo del tipo penal   

(…)  

Tal  como  lo señala el demandante, en el  caso  del  artículo  211,  numeral  4°, el legislador consagró como causal de  agravación  punitiva –que  la  conducta  recaiga  sobre  persona  menor  de catorce (14) años – una circunstancia que ya había sido  tomada  en  cuenta  como elemento constitutivo de los tipos penales contemplados  en  los  artículos  208  y 209 del Código Penal. De conformidad con las reglas  señaladas  en  la  sección  5  de  esta  sentencia,  la  norma infringiría el  principio  non bis in ídem, al desconocer la prohibición enunciada en el punto  5.2.4.,  al establecer simultáneamente como elemento  del  tipo  y  como elemento para agravar la pena de los tipos básicos, la misma  circunstancia  de  hecho: que la víctima sea una persona menor de 14 años, sin  que exista una justificación para ello.   

La    norma    cuestionada    sería  inconstitucional   porque   (i)   el  comportamiento  agravado  ofende  el mismo bien jurídico que el comportamiento punible; (ii) la  investigación   y   la   sanción   a  imponer  se  fundamentan  en  idénticos  ordenamientos  punitivos;  y (iii) la causal de agravación persigue finalidades  idénticas a las buscadas con el tipo penal básico.   

En  efecto,  en  primer  lugar,  tanto  el  comportamiento  agravado como los hechos punibles de acceso carnal abusivo (art.  208,  Código  Penal) y acto sexual abusivo en menor de catorce años (art. 209,  Código  Penal), tendrían la virtualidad de ofender un mismo bien jurídico: la  libertad  e  integridad  en  la formación sexual de personas menores de catorce  años.  En  segundo  lugar,  tanto  las normas penales que consagran los delitos  básicos  y les fija una pena, como la causal de agravación tienen su origen en  el  ordenamiento  penal  colombiano,  luego  ambas comparten el mismo fundamento  normativo.   Y,  finalmente,  porque  la  norma  que  contempla  la  causal  de agravación persigue la misma finalidad que las normas  que  consagran  los  tipos  penales  de  acceso carnal  abusivo  y  acto  sexual  abusivo en menor de catorce años, es decir, reprochar  penalmente  los  contactos  o  las  relaciones  sexuales que una persona pudiera  tener con personas menores de catorce años.   

Adicionalmente,  tal  como  se  señaló  en  el  capítulo  5 de esta sentencia, las causales de  agravación  punitiva  deben partir de la base de que hay razones para modificar  la  responsabilidad,  o de lo contrario están injustificadas, y en este caso la  agravación  no  se  produce  en  virtud  de  la realización del comportamiento  típico  en  determinadas  circunstancias  de  tiempo, modo y lugar que la hagan  más  reprochable  o muestren su mayor lesividad, sino que simplemente se agrava  de  manera automática por el hecho de recaer sobre persona menor de 14 años y,  por  eso  mismo,  injustificadamente.  No ocurre lo mismo al aplicar esta causal  frente   a   los   otros   tipos   penales  previstos  en  los  artículos  205,  206,    207,    210 y  210     A  del  Código  Penal,  donde a la circunstancia de haber  realizado  el acceso carnal o el acto sexual realizado  con  violencia,  o en persona puesta en incapacidad de  resistir,  o  con  persona  incapaz de resistir, muestra una mayor lesividad que  justifica  su  agravación  cuando  la  víctima  es  una  persona  menor  de 14  años.   

En  consecuencia,  aplicar  la  causal  de  agravación  del  artículo  211,  numeral  4°,  a  quienes cometan los delitos  consagrados   en   los  artículos  208  –  Acceso  carnal abusivo con menor de  catorce     años-     y     209    –Actos    sexuales    con   menor   de   catorce   años–  viola el  derecho  fundamental  a  no  ser  juzgado dos veces por el mismo hecho (art. 29,  C.P.),  y  por  ese  motivo,  en  esas  circunstancias,  es inconstitucional. No  obstante,  como  quiera  que  la  causal  de agravación es aplicable también a  otros  artículos  del  Código  Penal  que no fueron  demandados  en  el  presente  proceso,  es  necesario  determinar  si  debe  ser  declarada  inexequible o si, por el contrario, procede declarar su exequibilidad  con algún condicionamiento.   

6.2.  A  juicio de la Corte, como la norma  demandada  es  inconstitucional  si  se  aplica  a  los artículos 208 y 209 del  Código  Penal,  pero  no lo es si se aplica a los demás artículos del Título  IV,  en  este  caso  no  procede  la  expulsión  del ordenamiento de esta norma  hallada  inconstitucional.  Tampoco  es posible hacer una integración normativa  de  la  causal  demandada  con  los  artículos  que consagran los tipos penales  básicos,  ya  que  la disposición cuestionada tiene un contenido deontológico  claro,  y  puede  ser  entendida  y  aplicada  sin  necesidad  de  acudir  a los  artículos  205,  206,  207,  210  y 210A de la Ley 599 de 2000, tal como fueron  modificados  por  la  Ley  1236  de  2008 y adicionados por la Ley 1257 de 2008.   

(…)  

En  suma,  los delitos de acceso carnal en  menor  de  catorce  años y de acto sexual abusivo en menor de catorce años, en  su  misma  descripción  típica  indican  que  la  lesividad del comportamiento  punible  estriba  en  que  se perpetran en personas menores de catorce años. Si  esto  es  así,  ninguno  de  los  comportamientos  requiere ser agravado cuando  recaiga  en persona menor de catorce años, pues la agravación ya fue tenida en  cuenta  en  la  descripción  típica.  En consecuencia, desde un punto de vista  teleológico,  el artículo 211 numeral 4° del Código Penal es constitucional,  al  interpretarlo  en el sentido de que no está llamado a agravar conductas que  no  requieren  agravación puesto que ya de suyo la lesividad del comportamiento  fue  valorada  por  el  legislador  en el tipo penal.  Pero, además, desde una  perspectiva  sistemática,  el  artículo 211 numeral 4° tiene un efecto útil,  ya  que  tiene  aplicabilidad,  siempre  que sea posible, en presencia de alguno  cualquiera    de    los    demás   artículos   del   Título   IV.’           (Subrayas fuera de texto).   

Esta  Sala,  por  su  parte,  con  la misma  visión  del  Tribunal  Constitucional,  también  ha  encontrado que la reforma  legislativa   a   la   circunstancia   de  agravación  en  comento  trajo  como  consecuencia  su  inaplicabilidad  para  los  delitos  referidos.   Así lo  expuso recientemente:   

“Es  cierto  que  la  aplicación  del  artículo  7º  de  la Ley 1236 de 2008 constituye una afrenta directa contra el  principio  constitucional  que  prohíbe  la  doble  incriminación por un mismo  hecho  –non bis in ídem-  pues  no  cabe  duda  que  la  modificación  que  el legislador introdujo en la  circunstancia  cuarta  de  agravación punitiva para los delitos previstos en el  título  IV  de los delitos contra la libertad, integridad y formación sexuales  resulta  inconstitucional frente a los delitos descritos en los artículos 208 y  209  del  Estatuto Penal, toda vez que las conductas punibles reguladas en estas  disposiciones  establecen  como elemento normativo del tipo en la condición del  sujeto  pasivo  de  la  infracción,  la minoría de 14 años, supuesto fáctico  idénticamente  considerado  en  la  nueva circunstancia de agravación punitiva  específica.   

En  efecto,  hasta  antes  de  entrar  en  vigencia   la  Ley  1236  de  2008,  cuya  filosofía  está  enmarcada  por  el  endurecimiento  de  las sanciones penales previstas para los punibles de entidad  sexual,  el  agravante establecido en el numeral 4º del artículo 211 de la Ley  599 de 2000 era del siguiente tenor:   

‘ARTÍCULO 211.  Las   penas  para  los  delitos  descritos  en  los  artículos  anteriores,  se  aumentarán  de  una  tercera  parte  a  la  mitad,  cuando:  (…)   4. Se  realizare   sobre   persona   menor   de  doce  (12)  años’.   

A  su  turno,  los delitos de acceso  carnal  abusivo  con  menor  de  catorce  años  y  actos sexuales con menor de catorce  años  regulados  en  los  artículos  208  y 209 del  Código  Penal con el incremento punitivo de la Ley 890 de 2004, vigente para la  época de los hechos, establecía:   

‘ARTÍCULO 208.  El  que  acceda carnalmente a persona menor de catorce  (14)  años,  incurrirá  en  prisión  de  sesenta y  cuatro (64) a ciento cuarenta y cuatro (144) meses.   

‘ARTÍCULO 209.  El  que  realizare  actos  sexuales  diversos del acceso carnal con persona  menor de catorce (14) años o en  su  presencia,  o  la  induzca  a prácticas sexuales, incurrirá en prisión de  cuarenta   y   ocho   (48)   a   noventa   (90)   meses”.  (Subrayado  por  la  Sala).   

Como se ve, hasta antes del 23 de julio de  2008  –fecha de entrada en  vigencia   de   la   Ley   1236-   no   existía   inconveniente   para  imputar  simultáneamente  alguna de las conductas descritas en los artículos 208 y 209,  y  la  circunstancia de agravación específica consagrada en el numeral 4º del  artículo  211,  pues  el  legislador  quiso  sancionar  con  mayor severidad la  comisión de tales comportamientos en personas menores de 12 años.   

Pero,  con  la modificación del agravante  por  el  legislador,  dada por la ampliación del ámbito de protección a todos  los  menores  de  14  años,  inadvirtió  que  antes  que hacer más gravosa la  conducta  para  quienes  abusaran o accedieran a menores de 14 años, infringía  directamente  la  Constitución  Política  al  sancionar  doblemente  una misma  situación fáctica.   

Siendo  ello así, desde la expedición de  la  Ley  1236  de 2008, no era posible imputar esta circunstancia de agravación  específica  para  las  conductas  regladas  en  los  artículos  208 y 209, sin  afectar    seriamente    el    postulado    constitucional   de   non   bis   in  ídem”       3.   

De  tal manera que en aquellos casos en que  se  haya  atribuido  la  causal  de  agravación, como ocurre en este asunto, ha  menester  marginarla  de la adecuación típica por aplicación del principio de  favorabilidad  y, desde luego, suprimir los efectos concretos que haya tenido en  la  punibilidad4.   

Sobre esto último, es preciso consultar los  parámetros  consignados  en  el fallo de primer grado, amén de que el Tribunal  confirmó, sin modificación alguna, esta providencia.   

En tal sentido, la primera observación que  se  debe  plasmar es que esta circunstancia, de conformidad con lo normado en el  artículo  60  del  Código  Penal, por ser específica de agravación punitiva,  tiene  repercusión  directa  en  la  determinación  de los límites mínimos y  máximos  de  la  pena  o  ámbito de dosificación punitiva.  Sin embargo,  ocurre  que  ella  no  fue  la  única circunstancia de agravación de esa misma  naturaleza  imputada  en  la  resolución de acusación por la que fue condenado  CAMARGO  MARTÍNEZ  en  los  fallos de instancia.   

En  efecto,  el  procesado  en mención fue  acusado  y  condenado  por el delito de actos sexuales con menor de catorce (14)  años  agravado  por  las  circunstancias  contenidas en los numerales 2 y 4 del  artículo        211        ibídem.       

Es decir que, por concurrir paralelamente la  circunstancia  del  numeral  2  de  la norma en cita, prevista  para cuando  “El   responsable   tuviere  cualquier  carácter,  posición  o  cargo  que  le  dé  particular  autoridad  sobre la víctima o la  impulse  a depositar en él su confianza”, por cuanto  se  trataba de una persona que gozaba de plena confianza por parte de la familia  de  la víctima, el marco de punibilidad, aún prescindiendo de la circunstancia  referida,  no  sufre  alteración alguna y cosa distinta hubiera sucedido si tan  sólo   se   hubiere   imputado   la  circunstancia  del  numeral  45.   

No  obstante lo anterior, los efectos de su  aplicación  pueden  verse  reflejados en la ponderación ulterior realizada por  el  juzgador  con  el  objeto de individualizar el monto de la pena, conforme al  artículo  61  ejusdem, una  vez  establecido  el  cuarto  de  dosificación  dentro  del  cual debe moverse,  atendidas   “la  mayor  o  menor  gravedad  de  la  conducta,  el  daño  real o potencial creado, la naturaleza de las causales que  agraven  o  atenúen la punibilidad, la intensidad del dolo, la preterintención  o  la  culpa  concurrentes, la necesidad de la pena y la función que ella ha de  cumplir sobre el caso concreto”.   

De  esa  forma, procederá establecer si la  concurrencia  de la circunstancia de agravación tuvo incidencia en el análisis  de  estos  criterios  por  parte del a quo.   Para  ello, recuérdese que tan pronto este juzgador ubicó  la  pena  en  el  primer  cuarto  de  movilidad, tras verificar que “no    le    fueron    imputadas   fáctica   ni   jurídicamente  circunstancias  de  mayor  punibilidad”, señaló lo  siguiente:   

“…En  este  orden   de ideas esta  agencia  judicial  estima  ajustado  a  derecho  imponer  54  meses de prisión,  teniendo  en  cuenta  que  el  daño  causado es mayor por la reiteración de la  conducta  y  porque no sólo era menor de 12 años la víctima, sino de una edad  muy  inferior,  lo  que  aunado  a las necesidades de prevención general que se  requieren  en  relación  con comportamientos como el que se juzgan (sic)  que  requieren  la  imposición de  penas  ejemplificadoras por el impacto social que causan, imponen separarnos del  mínimo”6   

Significa  lo expuesto que al monto mínimo  del  primer  cuarto de movilidad de cuarenta y ocho (48) meses de prisión,  se  incrementaron  seis (6) meses por razón de estos factores, para un total de  pena  a  imponer  de  cincuenta  y  cuatro  (54)  meses de prisión.     

Pues  bien,  sobre  esos  seis  meses  de  incremento  al  mínimo  de  pena  es  que  se  debe  ponderar  si  incidió  la  circunstancia  de agravación del numeral 4° del artículo 211. La respuesta es  afirmativa,   no   sólo   porque   es   un   tema   ligado  a  la  “gravedad  de la conducta” que para el  a  quo imponía una sanción  “ejemplificadora”,  sino por cuanto el factor de la edad de la víctima fue,  de  forma  expresa,  determinante para no sancionar con la pena mínima del  cuarto.  Por consiguiente, acudiendo al principio de proporcionalidad consagrado  en  el  artículo  3°  del  C.P.,  se estima que al ser excluida de la pena, se  traduce en un descuento efectivo de tres (3) meses de prisión.   

En consecuencia,  al  marginar  del proceso dosificativo de la pena la circunstancia aludida, cuya  incidencia    concreta   fue   de   tres     (3)  meses, la pena definitiva a  imponer   al   procesado  será  de  cincuenta  y  un  (51)   meses   de   prisión,   aclarando   que   en   igual  monto  se  fija  la pena accesoria de inhabilitación para el  ejercicio de derechos y funciones públicas.   

Resta  señalar que los demás aspectos del  fallo impugnado no se afectan con ocasión de lo aquí decidido.   

         

        En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

          1.-  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada   por  la  defensora  de JAIME WILLIAM  CAMARGO  MARTÍNEZ,  por las razones consignadas en la  anterior motivación.   

2.-    CASAR    OFICIOSA  y  parcialmente  el  fallo  de  segundo  grado  en  el sentido de  modificar  la pena principal impuesta a cincuenta y un  (51)  meses  de  prisión  y  a  igual  monto  la  pena  accesoria  de  inhabilitación     para     el    ejercicio    de    derechos    y    funciones  públicas.   

         3.        En lo demás, el fallo impugnado se mantiene incólume.   

Contra  esta  decisión no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese   y  cúmplase.   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                 JOSÉ    LEONIDAS    BUSTOS    MARTÍNEZ                  

FERNANDO ALBERTO CASTRO  CABALLERO           SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ                      

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO                     MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS            

                                                                                   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                     JULIO      E.      SOCHA     SALAMANCA          

      

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1 Como  esta  providencia  puede  ser  publicada,  se  omite  el  nombre  del  menor, de  conformidad  con lo normado en el numeral 8° del artículo 47 de la Ley 1098 de  2006  “por  la  cual  se  expide  el  Código de la  Infancia y la Adolescencia”.   

2 Cfr.  Decisión del 12 de septiembre de 2007, rad. 26967.   

3 Auto de 3 de diciembre de 2009, rad. 32972.   

4 Cfr.  auto de 28 de abril de 2010, rad. 32178.   

5 Cfr.  auto de 3 de diciembre de 2009, rad. 32972.   

6 Pág.  10 del fallo de primer grado.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *