36032(04-05-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso     n°  36032   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrados Ponentes:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Dr. ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Aprobado Acta No. 150.  

Bogotá,  D.C.,  cuatro  de  mayo  de dos mil  once.   

V    I   S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la  demanda de casación presentada por el defensor de HENRY ALBERTO HERRERA  TAUTIVA,   contra  el fallo de segunda instancia que profiriera el Tribunal  Superior  de  Bogotá,  fechado el 25 de octubre de 2010,  mediante el  cual  confirmó  integralmente  la sentencia emitida por el Juzgado 21 Penal del  Circuito  de  esta  ciudad,  a través de la cual se condenó al procesado, como  autor  del  delito de actos sexuales con menor de catorce años,  agravado,  a  la  pena  de  55  meses  de  prisión.  Allí mismo se impuso al procesado la  sanción  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas,  por  lapso  igual al de la pena privativa de la libertad; se ordenó  el  pago  de 4 salarios mínimos legales mensuales, a título de daño moral; y,  se  negaron  al  acusado  los  subrogados  de  la  suspensión condicional de la  ejecución de la pena y prisión domiciliaria.   

H E C H O S  

Fueron  narrados  en  la sentencia de primer  grado, del siguiente tenor:   

“A través de denuncia penal formulada por  la  señora  Adriana  Yaneth  Medina  López,  progenitora  de  la menor de edad  Y.L.C.M,  se  extracta  que  de  acuerdo  con la información que reposaba en el  diario  de  su  hija encontró que ésta relataba como había sido tocada en sus  zonas  íntimas  por  el  señor Henry Alberto Herrera, quien aprovechaba que su  compañera  permanente  no  se encontraba para atacar la integridad sexual de su  descendiente”.   

DECURSO  PROCESAL  

Conforme  denuncia  penal  instaurada por la  madre  de  la  víctima el 25 de julio de 2005, la Fiscalía dispuso la apertura  de investigación preliminar el 8 de agosto de 2005.   

El   22  de  agosto  de  2006,  se  abrió  instrucción  formal  en  contra  de  HENRY  ALBERTO HERRERA TAUTIVA, a quien se  dispuso  vincular mediante indagatoria, diligencia efectuada el 31 de octubre de  2006.   

El 21 de marzo de 2007 se decretó el cierre  de  la  instrucción.  Consecuentemente, el 18 de mayo siguiente se calificó el  mérito  de  la  instrucción dictándose resolución de acusación en contra de  HENRY  ALBERTO  HERRERA  TAUTIVA,  en  calidad  de autor del concurso homogéneo  sucesivo  de  delitos  de acto sexual abusivo con menor de 14 años, agravado en  virtud de los ordinales 2 y 4 del artículo 211 del C.P.   

Como  quiera  que  en  contra de lo resuelto  interpuso  recurso  de apelación la defensa, con fecha del  1 de noviembre  de  2007,  la Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Bogotá, confirmó en todas  sus partes lo dispuesto por el A quo.   

Ejecutoriada la resolución de acusación, el  asunto  le  fue  repartido,  para  adelantar  la  fase  del  juicio,  al Juzgado  Veintiuno  Penal  del  Circuito  de  Bogotá,  oficina  judicial que realizó la  audiencia preparatoria el 2 de julio de 2008.   

El  26  de  noviembre  de  2008,  fue negada  solicitud  de  prescripción  de la acción penal, presentada por la defensa del  procesado.   

La  audiencia  pública  de juzgamiento tuvo  lugar  los  días  19  de  febrero,  9  de  junio,  24  y  30  de septiembre, de  2009.   

El  fallo  condenatorio de primera instancia  fue  proferido  el  26 de marzo de 2010. La tasación de la pena, por entenderse  normatividad  más favorable al procesado, se hizo dentro de los parámetros del  Decreto    Ley    100    de    1980   –artículos  305  y 306-. El defensor del procesado interpuso recurso  de apelación, que sustentó oportunamente.   

Consecuente  con  ello,  el 25 de octubre de  2010,  se  emitió la sentencia de segundo grado, que confirmó íntegramente lo  dispuesto  por  el  A  quo,  adicionándolo  en  el sentido de negar también al  acusado el subrogado de prisión domiciliaria.   

Por  último,  el  defensor  del  procesado  HERRERA  TAUTIVA,  presentó  la demanda de casación que ahora se analiza en su  corrección argumental y debida fundamentación.   

LA DEMANDA  

    

1. Cargo Primero     

Dentro  de la causal primera referenciada en  el  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000,  el demandante acusa al fallo de  contener errores de hecho.   

En desarrollo del cargo, el recurrente afirma  que  el  Tribunal recayó en falsos juicios de existencia por omisión, dado que  dio  por  sentado  determinados hechos, conforme lo expresado por la madre de la  afectada,  pero  pasó por alto pruebas que refieren sucedidas en otro momento o  lugar las arremetidas salaces.   

Estima  el  impugnante,  entonces, que el Ad  quem  dio  plena  credibilidad  a  la  menor, sin ocuparse de las demás pruebas  engastadas en el informativo.   

Dice   el   recurrente   que  “No  es  del caso citar uno a uno los dichos de cada una de estas  personas,   pues   el   alegato   se   tornaría   de   instancia…”.   

En  punto  de  trascendencia,  advierte  el  casacionista  “previene  el  actor que la decisión  tomada,  se  torna  insuperablemente injusta, por cuanto de valorar la totalidad  de  testimonios,  el fallo hubiera sido absolver al señor HERRERA TAUTIVA, pues  la  realidad  fáctica  permite concluir que en realidad nunca se estableció el  espacio,  el  tiempo,  la  edad  de  la  menor  en la que ocurrieron los hechos,  generándose   de   contera  dudas  insuperables…”   

Entiende el recurrente que a consecuencia del  yerro  propuesto,  debe revocarse la sentencia de condena y en su lugar emitirse  decisión  absolutoria  a  favor  del  acusado,  en  aplicación  del  principio  in        dubio       pro       reo.   

    

1. Cargo Segundo     

También  dentro  de  la  causal primera del  artículo  207  de la Ley 600 de 2000, pero ahora en el ámbito de la violación  directa  por  interpretación errónea de la ley, el casacionista critica que se  hubiese  negado  a  su  representado legal el sustituto de prisión domiciliaria  dispuesto en el artículo 38 del C.P.   

En particular, se duele el impugnante de que  el  Tribunal  dijese  al  acusado  peligroso para la familia y la sociedad, dado  que,  en  su  sentir,  esas afirmaciones del Ad quem carecen de fundamento, dado  que  el  procesado  ya  no  hace parte del grupo familiar de la víctima y ésta  alcanzó la mayoría de edad.   

A  renglón  seguido, el casacionista ensaya  argumentos  encaminados a significar que su asistido no es delincuente habitual,  además   de   tratarse   de  una  persona  “proba,  trabajadora,  cumplidora  de  sus  deberes,  pues  es  padre de familia de hijos  mayores y menores de edad”.   

En  concordancia  con lo anotado, depreca el  recurrente,  se  modifique  lo decidió por el Ad quem, para en su lugar otorgar  al procesado el sustituto de prisión domiciliaria.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

En primer término, debe hacerse hincapié en  cómo  la  Corte,  de  manera pacífica y reiterada ha advertido la necesidad de  que  la  demanda  de  casación  comporte  un  mínimo rigor lógico jurídico y  argumental,  pues,  no  se trata de hacer valer una especie de tercera instancia  que  sirva  de  escenario  adecuado  a  la  controversia  ya  superada  por  los  falladores  de  primero  y  segundo  grados, en la cual se pretende anteponer el  particular  criterio  o valoración probatoria, a aquel que sirvió de soporte a  la  decisión  de los jueces A quo y ad quem, entre otras razones, porque a esta  sede  arriba  la  decisión  judicial  con  una  doble connotación de acierto y  legalidad.   

         Se  faculta,  por  ello,  que  la  dicha presunción sea quebrada a  través  de  criterios  claros,  lógicos,  coherentes y fundados, derivados del  compromiso  de  demostrar  la  violación  en  la  cual  incurrió  el fallador,  suficiente  para  echar  abajo  el  contenido  de  verdad de la sentencia, en el  entendido  que,  de  no  haberse  materializado  el  yerro, otra hubiese sido la  decisión  y  precisamente  así  se  ofrece  trascendente recurrir al mecanismo  extraordinario de impugnación.   

         Bajo  tan  precisos  presupuestos  se  analizarán  los  dos cargos  presentados  por  el defensor del acusado para derrumbar la sentencia de condena  emitida  en  contra  de  este  o,  cuando  menos,  amainar  el  rigor de la pena  impuesta.    

    

1. Cargo Primero     

         Evidencia   el   impugnante  un  completo  desconocimiento  de  los  mínimos  rigores  que  gobiernan  la  crítica  cuando  esta se enfila desde la  perspectiva  del  error  de  hecho, pues, omite significar cómo se presentó en  concreto  el  yerro y cuál puede ser la trascendencia del mismo, si se acogiera  su postura.   

         Para  ilustración  del demandante y con criterios pedagógicos, la  Corte  estima  tempestivo  traer  a  colación  lo  que ya de manera pacífica y  reiterada  ha  establecido  en  punto  de  la  forma  de argumentar lógicamente  respecto   de   la   supuesta   existencia   de   errores  de  hecho1:   

“Los  errores  probatorios  de  hecho,  a  diferencia  de  los  de derecho, obligan a quien los  invoca  a  aceptar que la prueba respecto de la que los alega fue reconocida por  el  funcionario  como  legal,  regular y oportunamente allegada al proceso, toda  vez  que  lo  discutido  constituye  vicios fácticos que se desarrollan en tres  modalidades:  falso  juicio  de  existencia,  falso  juicio de identidad y falso  raciocinio.   

Incurre  en  falso  juicio  de existencia el  fallador  que  omite  apreciar el contenido de una prueba legalmente aportada al  proceso  (falso  juicio de existencia por omisión), o cuando, por el contrario,  hace  precisiones  fácticas  a  partir  de un medio de convicción que no forma  parte  del proceso, o que no pertenecen a ninguno de los allegados (falso juicio  de existencia por suposición).   

El  falso  juicio de identidad se diferencia  del  anterior en que el juzgador sí tiene en cuenta el medio probatorio legal y  oportunamente  practicado,  pero,  al  aprehender  su  contenido,  le  recorta o  suprime   aspectos  fácticos  trascendentes  (falso  juicio  de  identidad  por  cercenamiento),  o le agrega circunstancias o aspectos igualmente relevantes que  no  corresponden  a  su  texto  (falso  juicio  de identidad por adición), o le  cambia  el  significado  a  su expresión literal (falso juicio de identidad por  distorsión o tergiversación).   

La  acreditación  de  un  falso  juicio  de  existencia  o  de  un falso juicio de identidad, por tratarse de vicios objetivo  contemplativos,   es   en  extremo  elemental.  En  el  primer  caso  basta  con  identificar  el  contenido  de  la  prueba omitida y el lugar en el que ésta se  halla  adosada  a  la  actuación,  o  con  señalar  la precisión fáctica que  corresponde  a  un medio de prueba extraño a la actuación o que no pertenece a  alguno  de  los  legalmente  aportados;  y  en  el segundo, es suficiente con la  comparación  de lo que de manera fidedigna revela la prueba, con la síntesis o  aprehensión  que  su  contenido  hizo  el funcionario, en aras de evidenciar el  cercenamiento, la adición o la tergiversación de su texto.   

Finalmente,  el  falso raciocinio difiere de  los  anteriores  en  que  el  medio  de  prueba  existe  legalmente y su tenor o  expresión  fáctica  es aprehendida por el funcionario con total fidelidad, sin  embargo,   al   valorarla,  al  sopesarla,  le  asigna  un  poder  suasorio  que  contraviene  los  postulados  de  la  sana  crítica, es decir, las reglas de la  lógica,  las  máximas  de  la experiencia o sentido común, o las leyes de las  ciencias,  y  en  tales  eventos  el  demandante corre con la carga de demostrar  cuál  postulado  científico,  o cuál principio de la lógica, o cuál máxima  de  la  experiencia  fue desconocido por el juez, e igualmente tiene el deber de  indicar  cuál  era  el  aporte  científico  correcto,  o  cuál  el raciocinio  lógico,  o  cuál  la  deducción  por  experiencia  que  debió aplicarse para  esclarecer el asunto.   

No  sobra destacar que, adicionalmente, como  es  sabido,  bien  se  trate de errores de derecho o ya de hecho, tras demostrar  objetivamente  el dislate, es perentorio acreditar su trascendencia o, lo que es  lo  mismo, que de no haberse incurrido en él, la declaración de justicia hecha  en  sentencia  habría  sido  distinta  y  favorable  a  la  parte  que alega el  respectivo desaguisado.”   

         Con  estos  derroteros,  es  claro para la Sala que el casacionista  lejos  de  fundamentar  adecuadamente  el  presunto yerro atribuido al Tribunal,  utiliza  la  denominación  del cargo como simple plataforma para introducir, en  típico  alegato  de  instancia  por  completo  ajeno  a  la sede casacional, su  particular  e  interesada  concepción  de  lo  que  la  prueba arroja, buscando  contraponer  sus  argumentos  a  los que se plasmaron por las instancias, con lo  cual  olvida  que  esas  sentencias  arriban  a la Corte prevalidas de una doble  connotación  de  acierto  y  legalidad  sólo  derrumbable  cuando se demuestra  ostensible y trascendente la existencia del vicio predicado.   

         Es  que,  si  se trata de demostrar a la Corte que efectivamente se  pasó  por  alto  considerar  prueba  de  valía  y que esta en sí misma obliga  modificar   la   sentencia  condenatoria,  lo  menos  que  puede  esperarse  del  impugnante    es   que   certifique   en   concreto   cuál   es   esa   prueba,  individualizándola,   señalando   el  lugar  donde  se  halla  adosada  en  el  informativo,   especificando   su   contenido  y,  por  último  pero  no  menos  importante,  realizando  una  diligente evaluación probatoria de conjunto en la  cual  delimite  claramente  cómo  ese  nuevo elemento suasorio desnaturaliza la  conclusión condenatoria criticada.   

         Lejos  de  ello,  el  recurrente  se  limita  a  señalar que otras  declaraciones  contradicen  lo  que la menor informó, sin preocuparse por citar  qué   dicen   esas   declaraciones  o  analizar  en  qué  específicamente  se  controvierte  a  la víctima o, con mayor precisión, por qué esas atestaciones  gozan de mayor credibilidad.   

         Pero,  además,  el  alegato  del  casacionista  asoma si se quiere  desleal,  por  completo  alejado a lo que informa una simple revisión de lo que  las instancias dijeron en sus fallos.   

         No  es  cierto,  y  en  ello hace énfasis la Corte, que se hubiese  omitido  o  pasado por alto examinar o dilucidar el efecto de pruebas tales como  el   Informe   Médico  Legal,  la  injurada  rendida  por  el  procesado  o  lo  testimoniado  por  la  señora  Luz  Dary  Ciro; ni tampoco que sólo se hubiese  tomado  en  cuenta  lo  dicho  por  la  víctima  o  se omitiese verificar otros  elementos suasorios.   

         Apenas  para  ilustración del demandante y concretamente en lo que  respecta  al  lugar  de  ocurrencia  de  los hechos y su tiempo, tópicos en los  cuales  basa  una  improbable  duda probatoria, esto se anota en la sentencia de  primer grado:   

“El  mismo  día, mes y año, la víctima  Y.L.C.M.,  compareció  ante el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses,  lugar  en  el  que  se  elaboró informe médico legal sexológico, en el que se  dejó  consignado  la  edad  de  la  compareciente  (12) años quien afirmó que  (“…”).  Tal  declaración  fue ampliada ante la Fiscalía 228 de la unidad  de libertad, integridad y formación sexual en el que Y.L.C.M.   

(…)  

Con  base  en  los  anteriores antecedentes  procesales,  se  tiene  en  primer  lugar  que las declaraciones surtidas por la  señora  Luz  Dary Ciro, son contradictorias entre sí, puesto que en su primera  delación  surtida  ante  la Fiscalía afirma que la menor en ningún momento se  quedó  a  pernoctar  en  la  casa  en la que residía en la época en la que se  cometieron  los hechos de los cuales se acusa a Henry Alberto herrera Tautiva y,  posteriormente  afirmó, en declaración surtida ante este despacho judicial que  la  menor  en algunas ocasiones se quedaba en su residencia en la habitación de  los  huéspedes,  hecho  que es corroborado por la menor y sus progenitores…lo  que  indica  que  sí  existe un criterio unívoco que permite determinar que el  posible   lugar   de  los  hechos  fue  el  apartamento  en  que  se  encontraba  domiciliada  junto con el implicado Herrera Tautiva.   

De  igual forma la declaración surtida por  la  señora  Ciro,  tía de la menor Y.L., no goza de plena credibilidad, ya que  se  debe recordar que las personas que resultan implicadas en los actos sexuales  y  acceso  carnal  abusivo  con  menor  de catorce (14) años, son su compañero  permanente  y  su descendiente, respectivamente, quienes se debe recordar fueron  denunciados por la señora Adriana Yaneth Medina López.   

Tampoco la señora María Bertilda Montes de  Ciro,  tiene  conocimiento directo de los hechos que motivaron la interposición  de  la  correspondiente  denuncia  penal,  puesto  que los que atañen al señor  Herrera  Tautiva  siempre  se manifestó tuvieron incidencia en la residencia de  su hija Luz Dary  (…)   

Ahora  la delación (sic) surtida por Henry  Alberto    Herrera    Tautiva    se    encuentra    desvirtuada:    en    primer  lugar….” .   

         Lo  anotado,  apenas  a título de ejemplo, pues, a lo largo de las  decisiones  de  las  instancias  se  detallan esos elementos de prueba que ahora  dice  desconocer  el  impugnante,  con  mención  expresa de las razones por las  cuales  no  se  otorga credibilidad a la exculpación vertida en su injurada por  el acusado.   

         Acorde  con  lo  anotado,  evidente  que  el  demandante  parte  de  presupuestos  fácticos  ajenos  a  la realidad y jamás precisa la existencia y  trascendencia del vicio propuesto, ha de inadmitirse el cargo.   

    

1. Cargo segundo     

         Desde   luego,  la  simple  lectura  del  cargo  propuesto  por  el  recurrente  advierte  que  no  se  trata  de controvertir la esencia de la norma  aplicada  y  la  lectura  que  el  Tribunal  dio a la misma, en aras de definir,  conforme  lo  postulado,  que se erró en su interpretación, sino de entronizar  la  particular  visión probatoria del defensor del procesado, dado que entiende  cubiertos los presupuestos subjetivos establecidos para el efecto.   

         Entonces,  no  es que el Tribunal haya leído mal o malinterpretado  la  naturaleza,  requisitos  y efectos de la norma que regula el sustituto de la  prisión  domiciliaria,  sino  que  a  sus  motivos para entender no cubierta la  exigencia subjetiva, opone el recurrente otros interesados suyos.   

         Es  por  ello  que en lugar de realizar, como el cargo lo exige, un  análisis  profundo y eminentemente jurídico de lo que la norma consigna, dando  por  ciertos  los hechos y pruebas tomados en consideración por los falladores,  dado  que,  se  reitera,  la  crítica obedece exclusivamente a la aplicación o  indebida  lectura  del  artículo  38  del C.P., ocupa su tiempo en controvertir  precisamente  esos  hechos  tomados  en  consideración  por  el  Ad  quem, para  significar  que,  en  contra  de  lo  sostenido por el fallador, el procesado no  representa  peligro  para  su  familia,  ya  que  actualmente  no convive con la  víctima y su madre.   

         Ese  tipo  de crítica, debe resaltarse, ha de ser ventilada por el  camino  de  los  errores  de  hecho,  aunque, sobra resaltar, con las exigencias  argumentativas  que  signan  ese tipo de cargos, de ninguna manera cubiertas por  el impugnante.   

         Así  las cosas, la fundamentación se reduce a que el defensor del  procesado  pretende  hacer  valer  su concepto por encima del más autorizado de  las  instancias sin alcanzar a perfilar, aunque fuese someramente, la existencia  de  algún  tipo de vicio trascendente que obligue la intervención de la Corte,  en sede extraordinaria de casación.   

          Como  está  claro  que  el mecanismo extraordinario de impugnación  escogido  por  el  demandante  no  se  halla  instituido como tercera instancia,  posibilitando  ese  alegato  de  libre  confección  propio de la apelación que  resume  sus  inquietudes,  y  dado  que  la  Sala  no  observa  la existencia de  circunstancias  que  hagan  imperiosa su intervención oficiosa, los ostensibles  yerros   de   fundamentación   de   la   demanda,   imponen   que  se  inadmita  ésta.   

          Eso  sí,  no  puede  la  Sala  pasar  por  alto el exabrupto en que  incurrió   el  funcionario de primer grado al tasar la pena, pues, a pesar  de  reconocer  que  se  trata  de  un concurso de delitos y advertir que, cuando  menos,  la  última  de las vejaciones se presentó en vigencia de la Ley 599 de  2000,  acudió  a  un  inexistente  principio de favorabilidad para dosificar la  sanción   respecto   de   la   totalidad   de   ilicitudes,   dentro   de   los  parámetros    punitivos   más   benignos   del   Decreto   Ley   100   de  1980.   

          Desconoció  flagrantemente  el  Juez  Penal del Circuito, que si se  trata  de  delitos  autónomos,  cometidos  en  vigencia  de  dos normatividades  distintas,  pues,  simplemente  los  anteriores  a  la  Ley  599  de  2000,  por  favorabilidad,  se regulan bajo la égida punitiva operante en ese momento, y el  posterior  o  posteriores  a  la  entrada  en  vigor  de  ese  cuerpo normativo,  necesariamente han de comportar la nueva penalidad.   

Página contiene parte  resolutiva y firma del Presidente de la Sala   

Casación   N°   36.032   –Inadmite demanda-  

          Esa   vulneración   ostensible  del  principio  de  legalidad,  sin  embargo,  no  puede  ser  corregida  ya,  como  quiera  que  se trata, aquí, de  resolver  el  recurso  presentado exclusivamente por el defensor del procesado y  cualquier  modificación que redunde en incremento punitivo vulnera el principio  de  no  reformatio in pejus,  entendido primordial por la Sala mayoritaria.   

          En   mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR  la  demanda de casación presentada en nombre de HENRY  ALBERTO  HERRERA  TAUTIVA, en seguimiento de  las motivaciones plasmadas en  el cuerpo del presente proveído.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                          JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO  A.  CASTRO  CABALLERO                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

         Salvo parcialmente el voto   

Página contiene firma  de 8 Magistrados   

Casación   N°   36.032   –Inadmite demanda-  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE L.   

  Salvo parcialmente el voto  

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Auto  del 10 de octubre de 2007, radicado 22.597     

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