35783(18-04-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado    Acta    No.   139.     

Bogotá, D. C., dieciocho (18)  de abril  de dos mil doce (2012).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  que  condicionan  su  admisión,  examina  la  Sala  la demanda de  casación  presentada  por  el defensor de PEDRO CLAVER  SALAZAR  ZULUAGA,  contra  el  fallo  proferido por el  Tribunal    Superior    de    Medellín1,  que  revocó la  sentencia        absolutoria        expedida  por  el  Juzgado Sexto Penal del  Circuito  de  esa ciudad, para en su lugar condenarlo  a  la  pena  de  64   meses   de   prisión   y    multa   de  $1’369.900,  por  el  punible de tráfico, fabricación o porte de estupefacientes,  en  la  modalidad  de  venta  y      como autor material.   

H   E   C   H  O  S   

El  9  de febrero de 2010, aproximadamente a  las  11:20  a.m.,  una  patrulla de la policía de la Sijin Meval, compuesta por  Andrés      Vargas      Muñoz      y   Luis   Barrera   Suárez,  la  cual  se  encontraba  en  labores  de  vigilancia  (control y  registro  visual  del sector) para ubicar posibles infractores de delitos contra  el   patrimonio   económico,   sorprendió   en   situación  de  flagrancia  a  PEDRO CLAVER SALAZAR ZULUAGA,  en  la carrera 54 No. 59-20 centro de la ciudad de Medellín, en momentos en los  que  había  vendido  una  “papeleta”  a  un  tercero, guarecido detrás de un poste de la energía y con  una  bolsa  plástica en la mano; una vez requisado el mentado ciudadano por los  uniformados,     hallaron     en     su     poder    seis    (6)    “papeletas”  en  papel  mantequilla,  contentivas  de  una  sustancia  de  color  habano  y,  con  base  en una prueba  preliminar  de  campo  (PIPH),  arrojó  un  peso neto de 1.2 gramos  y dio  positivo para cocaína.   

Los  policiales identificaron a Jorge  Armando  Rodríguez  Cadena, como la  persona  que  segundos  antes  había  adquirido  uno de los sobres que también  incautaron  y quien les informó que era reciclador, consumidor hace 15 años de  tales productos y que dormía en un centro de rehabilitación.   

A C T U A C I  Ó N    P  R O C E S A L   

1. El 10 de febrero  de  2010, ante el Juzgado Dieciséis Penal Municipal de  Medellín,    se    llevó   a   cabo   audiencia     preliminar    concentrada      de      legalización   de  captura,  formulación  de imputación (por el delito  de    tráfico,    fabricación    y    porte   de   estupefacientes2)     e  imposición  de  medida  de  aseguramiento  de  detención  domiciliaria contra PEDRO  CLAVER SALAZAR ZULUAGA.   

2. El 23 de febrero  siguiente,  la  Fiscal  203  Seccional  de Medellín,  presentó    escrito   de  acusación  contra  el  aludido  procesado  y  por  el  punible reseñado.   

3. El 5 de marzo del  año  citado,  se  llevó  a  cabo  la  formulación de  acusación,  donde  los intervinientes manifestaron no  tener  pretensiones  sobre  nulidades,  impedimentos  o recusaciones; los demás  temas  fueron  pospuestos  para  ser tratados en la siguiente fase procesal; sin  embargo,  el  escrito de acusación fue adicionado con el fin de aclarar que los  patrulleros  que  realizaron  la  captura  en  flagrancia  no  pertenecían a la  Estación de policía de San Javier sino a la Sijin Meval.   

4.  El  6 de abril  siguiente,        se        inició        la       audiencia       preparatoria,  en donde los intervinientes  descubrieron  sus  correspondientes  evidencias testimoniales como documentales;  por  otro lado, se estipuló como hecho probado la plena identidad del inculpado  y  la cantidad, calidad y mismidad de la sustancia incautada; al final, el Juez,  decidió  sobre  la  conducencia  y  pertinencia  de cada medio peticionado para  hacer  valer  en el juicio, aclarando que solo se trabará la controversia sobre  la  captura  como  tal.                  

5. Posteriormente,  se   llevó   a   cabo   en   varias  sesiones,  la  audiencia  de  juzgamiento,  para  luego  finiquitar  la  primera   instancia   con   la   lectura   de  fallo,  en  el  que  absolvió  a PEDRO  CLAVER  SALAZAR ZULUAGA del punible imputado, por ello,  ordenó que este continuara en libertad.   

6. El 10  de  noviembre  de  2010, el   Tribunal   Superior   de   Medellín,  revocó  el  fallo recurrido  por      la      Fiscalía,      en      el      sentido     de     condenar  a  título  de autor material al  procesado  PEDRO  CLAVER  SALAZAR  ZULUAGA,   a  la  pena  principal3   de  64  meses  de  prisión     y     multa    de    $1’369.900, por  el   punible   de  tráfico,  fabricación  o  porte  de estupefacientes,  en  la  modalidad  de venta; por último, le negó los subrogados  penales.   

7.   Contra  el  anterior  proveído,  la  defensa  técnica  interpuso recurso de casación y lo  sustentó  mediante  la presentación del respectivo libelo, que la Sala entra a  calificar.   

D   E   M   A   N   D  A   

Bajo   la   égida   de   la  Ley  906  de  2004, artículo 181, el profesional del derecho, elevó un  ataque    contra   la   sentencia   del   Juez   Colegiado,   por   falso  juicio  de  existencia  por  omisión  probatoria,    apoyado    en    dos   jurisprudencias4     en    punto    de    la  técnica.   

Una vez se refirió a algunos apartados de la  sentencia  condenatoria  expedida  por  la  segunda  instancia,  de  cara  a los  testimonios  de  los  uniformados,  a los cuales -dicho sea de paso- el Tribunal  les  brindó total credibilidad y, por el contrario, desechó la declaración de  Juan   Carlos   Rodríguez,  persona     –según  declaración  de  los  agentes  de  la  policía-,  que  momentos  antes  había  adquirido  una  papeleta  y,  en  el  juicio,  evitó a toda costa declarar como  testigo  de  la  fiscalía, para pasarse al lado de la defensa; por esa vía, se  retractó  y  negó  lo  manifestado  el  día  de  los hechos ilícitos, con el  argumento  de  tener  deficiencias  visuales,  motivo  por  el cual, no leyó el  contenido de la entrevista que firmara.   

El   recurrente  también  reprodujo  otro  párrafo  del  fallo  cuestionado,  en  especial cuando el Juez Plural le restó  credibilidad     al     declarante    Juan    Carlos  Rodríguez, al decir que él siempre presentó excusas  por  la  falta  de  lentes  y  que  en  realidad quería adquirir la droga, pero  alegando  que  el  mencionado  testigo, sí decía la verdad y los policías que  capturaron al aquí procesado no.   

En   la   demostración   del   cargo,  el  memorialista  indicó  que  también  se recibieron otros testimonios como el de  Aleida       Esneda       Calle      y      Jorge     Eliécer     Valencia  Sánchez,  los que en su opinión, no fueron objeto de  valoración   por   el   Juez   Plural;  y,  respecto  al  declarante  señalado  Juan   Carlos   Rodríguez,  aseguró el togado:   

A caso (sic) hay prueba de que se forzó la  presencia  de éste, cuando fue citado y requerido por la Fiscalía? No se puede  concluir  olímpicamente  que  éste testigo fue renuente cuando se citó por la  fiscalía,  y  por  ese  hecho también se concluye que al negar este testigo lo  afirmado  en la entrevista, pues él no leyó, son las  razones  por las que el Honorable Tribunal concluye erróneamente en el error de  hecho.   

Habló  también  de  los  miedos  de  los  ciudadanos   frente   a   los  procedimientos  de  las  autoridades  cuando  son  “interceptados” y se les  hace      alguna     “entrevista”,  poniendo en tela de juicio la capacidad de las mismas “para     leer     [por] sus propios medios lo que dijo en la entrevista”.   

La  retractación  del  testigo Juan  Carlos  Rodríguez de lo anunciado a  los  uniformados  en  la “entrevista” según  lo manifestó cuando declaró como testigo de la defensa, es  comprensible   si   se   tiene   presente   que   no  se  le  hizo  “un análisis profundo de la capacidad  mental  del  declarante,  persona  de la calle, el cual no tiene el más mínimo  grado  de  instrucción,  fácilmente intimidada porque su capacidad moral se lo  permite,  ya que no tiene ante cualquier otro ser vivo la misma consideración o  capacidad,  para  resolver  sus  asuntos”; por tales  razones,  el  Juez  Colegiado debió aplicar en todo su contexto el axioma de in  dubio pro reo.   

Indicó  que  la trascendencia del yerro por  falso  juicio de existencia, estaba dada al omitir el Juez Plural la valoración  de  las pruebas reseñadas, pues “el Tribunal llegó  a  una  interpretación  errónea,  o  aplicación indebida de una norma… esta  interpretación  errónea llevo al Tribunal… a dar una aplicación indebida al  artículo 376 del Código Penal”.   

Por  lo precedente, solicitó casar el fallo  recurrido,  para  en su lugar, la Sala “DICTE    SENTENCIA    CONFIRMATORIA    DEL    FALLO    DE   PRIMERA  INSTANCIA,    en    lo   que   corresponde   a   mi  defendido”.   

C  O N S I D E R A C I O N E S   

1. Cuestión previa.   

La Corte viene señalando, que con la entrada  en  vigencia del  sistema  procesal penal acusatorio previsto en   la    Ley   906   de  2004,   se   amplió  el radio de acción para acceder al  recurso  extraordinario  de  casación, pues en la actualidad la impugnación es  susceptible  contra  decisiones  de  segunda instancia dictadas por los diversos  Tribunales    de    Distrito    Judicial  asignados  en  el  territorio  nacional,  atacando  los  fallos de  condena   o   absolución,   sin  tener  en  cuenta  como  presupuesto  para  su  admisibilidad   el   quantum  mínimo  de  pena  descrito  en  cada  injusto  típico,  como  lo imponían las  legislaciones anteriores.   

En esencia, para ser admitida la demanda, el  censor  debe  tener  interés,  formular  y  desarrollar  los  ataques contra la  sentencia  de segundo nivel y, desde luego, acreditar la afectación de derechos  y  garantías  fundamentales.  Siendo  imprescindible,  además, materializar el  contenido  del  artículo  180  de  la  Ley  906  de  2004,  en el entendido que una de las obligaciones al  confeccionarla   es   demostrar   la   necesidad   de  intervención  de  la Corte para el logro de cualquiera  de los fines establecidos por el instituto.   

Siendo   ello   así,   el   Principio  de  Intervención  debe  ser el  norte  del  profesional  del derecho, pues integra cuatro aspectos teleológicos  que    se   traducen   en   el   espíritu   de   las   censuras:   (i)  la  efectividad del derecho material,  (ii)  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  (iii)   la   reparación  de  los  agravios  inferidos  a  las  partes  y  (iv)  la  unificación de la  jurisprudencia.   

Estos  propósitos  se  deben  conjugar,  en  armonía,  coherencia  total  y  avenencia  con  los progresos jurisprudenciales  cristalizados  en  punto de los supuestos requeridos para atacar y demostrar los  posibles  yerros  conculcados por los funcionarios judiciales, sin ser permitido  desligar,    apartar    o   separar   el   trípode   casacional:   fines,   causales  (debida  sustentación)  y   trascendencia;  excepto  cuando   la   Sala   advierta,   que  por  vigencia  de  derechos  y  garantías  fundamentales  constitucionales,  obviamente  quebrantados, deba casar de oficio  la  decisión  del  Juez  Colegiado, desde luego, con base en motivos diversos a  los expuestos en la demanda.      

El anterior criterio se consolida al entender  que  la  Corte de Casación Penal, jamás ha predicado la inexistencia, ausencia  o  falta de los requisitos formales para decidir de fondo el caso o el éxito de  la   demanda   en  el  nuevo  esquema  procesal  penal  acusatorio;    todo   lo   contrario,   el   recurso  extraordinario,   no  perdió  su  entidad  de  juicio  lógico-argumentativo,  pues el libelo deberá cumplir  pautas    que   impidan   concebirlo   como   tercera  instancia,  donde  los  reparos  compilen presupuestos  racionales  de no contradicción, claridad y precisión. Tampoco le corresponde,  en  consecuencia,  interpretar  las  alegaciones  de los recurrentes5,   rehacer,  modificar, readecuar o transformar el fondo de los ataques.   

La  Sala,  por  tanto, viene sosteniendo que  para  admitir  o  seleccionar  una demanda  con el objeto de decidir de fondo el problema jurídico planteado,  ella  deberá sujetarse al cumplimiento de los presupuestos formales consagrados  en  el  artículo  184,  ordinal 2° de la Ley 906 de 2004, con el propósito de  demostrar    la    evidente    vulneración   a   los   derechos   fundamentales  constitucionales  de  los  intervinientes  con  la actuación penal; siendo ello  así,   se   deben  tener  siempre  presentes  los  principios  de  taxatividad,          claridad,        autonomía,       razón       suficiente,       no  contradicción,              limitación,          objetividad,  comprensión  y  precisión,  entre  otros,  para  –de la  mano  con  ellos-  desplegar  una  argumentación  puntual  y  razonable, habida  consideración  de  compendiar  en  el  ataque,  aquellos errores de juicio o de  actividad  en  los  que  pudieron  haber  incurrido  los  falladores,  a  fin de  evidenciar,  por  ejemplo, la efectiva e indiscutible normatividad jurídica que  debió  regir  el  asunto,  la  adecuada  y  legal  valoración  de  los  medios  probatorios    o    desentrañar   manifiestos   desfases   contra   el   debido  proceso.      

También  ha  indicado la jurisprudencia, en  diversas     oportunidades    que    (i)    la    correcta    selección    de   la   causal,   (ii)  el  interés del actor, (iii)   la   coherencia   de  los  cargos  aducidos,  (iv)  la  puntual  fundamentación   fáctica  y  jurídica,    (v)   el  cumplimiento  de  al  menos uno de los fines del instituto; marcan la pauta para  declarar  la  inconstitucionalidad  o  ilegalidad  del  fallo  en  atención  al  artículo 184, 3 de la Ley 906 de 2004.   

De  cara al segundo referente inmediatamente  disciplinado,  se tiene que el  “interés” se  halla íntimamente relacionado al concepto de agravio, perjuicio  o  daño  que,  desde luego, tiene que afectar los derechos fundamentales de las  partes  con  la  decisión  por  ellos  recurrida  en  sede  extraordinaria; sin  embargo,  si  el  interviniente no sufrió ningún menoscabo real u objetivo con  el    fallo    atacado,   tampoco,   como   es   obvio,   tendrá   “interés”  en  cuestionarla, justamente, porque no habrá ninguna garantía que subsanar ni  se  podrá, por ende, restablecer alguna norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional  o  legal de las llamadas a regular el caso, sencillamente porque  no   existe   vulneración   a   la   legalidad  del  proceso  en  sus  diversas  manifestaciones             cognoscentes6.   

2.    Ley    1395    de   2010.   

El      artículo      98    de   la  citada   normatividad   instrumental,   modificó  el  precepto    183   de   la  Ley  906 de 2004, en punto de  las  exigencias  procesales  para  iniciar  el  trámite  de  casación, por tal  razón,  la Sala constata, que en el presente caso, se dio estricto cumplimiento  a  los presupuestos allí plasmados, motivo esencial y suficiente para continuar  el estudio del libelo.   

3.     Caso     concreto.   

De entrada es posible aseverar que la demanda  es  cuna  de  misceláneos  yerros  lógico argumentativos que hacen inviable su  admisión;  además,  el  desorden  y  la anarquía son signo de distinción del  escrito,  pues fue diseñado de manera tal, que el sentido de ataque elevado por  falso  juicio  de  existencia por omisión probatorio lo hizo confluir con otras  censuras.   

3.1. Sobre el falso  Juicio de identidad.   

El   error  de  hecho  aludido  se presenta cuando los falladores omiten  apreciar  un  determinado  medio  probatorio  legalmente  aportado  al proceso o  suponen   uno,  que  por  el  contrario,  no  fue  válidamente  incorporado  al  expediente  y,  en esas condiciones, fundamentan la decisión de responsabilidad  penal o inocencia.   

Siendo   ello   así   es  imprescindible:  (i)  determinar  la  prueba  dejada  de  apreciar  o imaginada por los funcionarios que administran justicia,  (ii)   sopesarla   en   su  integridad,  sin fraccionarla  o  limitar su contexto hermenéutico, (iii)  apreciarla en cuanto a su convergencia o divergencia junto con los  demás    medios   probatorios   y   (iv)  acreditar  la  trascendencia  del  daño expresando los motivos de  manera  objetiva del por qué la ausencia de valoración de ese medio de prueba,  presentado  como  tal  o aquel objeto de fantasía, incidieron de forma decisiva  en el sentido del fallo.   

3.2.    Son  múltiples,   complejos   y   exacerbados   los   desafueros   que  presenta  el  libelo:   

Primero:  estas  precisas  pautas  fueron  ignoradas por la memorialista, pues se desprende de lo  precedente  una  escasa  identificación de los contenidos objetivos de los  medios  citados  -con  el  agravante  que  los  ataques sólo fueron parciales-,  dejando  por  fuera de contexto la integridad material de la prueba o peor aún,  fraccionándola  en  exclusivo beneficio del defensor, para rechazar de plano lo  sostenido en el fallo condenatorio.   

Sin  que  se  entienda como una respuesta de  fondo  a los planteamientos esbozados por el profesional del derecho, la Sala en  virtud   del   ejercicio  pedagógico  que  viene  impulsando  por  vigencia  de  garantías  fundamentales  constitucionales,  traerá a colación algunos de los  argumentos expuestos por el Tribunal, en punto a lo alegado:   

A nuestro juicio, la versión dada por JUAN  CARLOS  RODRIGUEZ  (sic)  en  el  juicio oral, es acomodada a las circunstancias  pues  frente a todos los cuestionamientos, simplemente saca excusas pero siempre  reconociendo  que  él  sí  pensaba  comprar  droga  y  ante  lo plasmado en el  documento,  se  escuda  en su necesidad de lentes para leer para dejar entonces,  como    premisa   tácita,   que   la   Policía   Judicial   mintió   en   ese  documento.   

Por  el contrario, al oír las versiones de  los  agentes  del orden, su dicho se ofrece espontáneo y genera la credibilidad  que  trae la Sala el conocimiento más allá de cualquier duda acerca de que, en  efecto,  el  día  de  marras,  PEDRO  CLAVER SALAZAR ZULUAGA, tomando una bolsa  plástica   que   tenía   oculta   en   un   poste   de   la  luz  –actividad  que  no es extraña en los  denominados  ´jibaros’-  entregó  una dosis personal a JUAN CARLOS RODRÍGUEZ quien por ella iba a pagar  la suma de mil pesos.   

Hay,  en  la exposición de los policiales,  una  cadencia  lógica  en el desarrollo de los sucesos pues, siendo JUAN CARLOS  RODRÍGUEZ  un  consumidor, era perfectamente viable que adquiriera la sustancia  y,  en  realidad  la  negociación  se  efectuó  al  punto  que  los policiales  requirieron  a  RODRÍGUEZ  quien  ya  tenía  en  su poder la droga.   

A  nuestro  juicio,  el comportamiento del  testigo  RODRÍGUEZ y su retractación –que  eso  fue  lo  que  aconteció  en el juicio oral- debilitan su  dicho  y  ello  hace  que  la  declaración  de  los  Agentes de la Policía que  realizaron  el  procedimiento gane credibilidad y genere, como ya lo dijimos, el  conocimiento…para…  emitir  juicio  de  reproche  en  contra de PEDRO CLAVER  SALAZAR ZULUAGA.   

Por último, tampoco entiende la Sala como,  si  la  señora  Juez  no  puso en tela de juicio la tenencia por parte de PEDRO  CLAVER  SALAZAR  ZULUAGA, de la droga incautada -1,2 gramos de sustancia base de  cocaína-,    ningún    análisis    realizó    en    relación    con    esta  conducta.   

Segundo:  tampoco  trabajó   el   libelista   los   contenidos   incriminatorios  base  del  fallo  condenatorio  atacado,  como por ejemplo, la tenencia en poder del hoy condenado  de  la  sustancia  prohibida, que no fue rechazada por la defensa ni mucho menos  cuestionada  en  sede  extraordinaria;  con  esta omisión sustancial, cualquier  arremetida  se  muestra  vacía y sin piso jurídico como para pretender cambiar  el sentido del fallo.   

Tercero: anuncio el  recurrente  que  la  instancia  superior  no  tuvo  en  cuenta las declaraciones  traídas   por  la  defensa  de  Aleida  Esneda  Calle  y  Jorge  Eliécer  Valencia  Calle;  sin  embargo,  tal  afirmación la dejó en la  simple     enunciación,     sin     adentrarse,    verbigracia,    1)  traer  la integralidad de las pruebas,  2) analizarlas en punto de su  convergencia  y divergencia con los otros medios legalmente controvertidos en el  proceso,  3) verificar cómo  cambia,  transmuta  o  varía  la  decisión  cuestionada  frente  a  los medios  incriminatorios,  4) estudiar  las  consecuencias  con  todo el plexo probatorio a fin de demostrarle a la Sala  su   importancia,   necesidad   y   trascendencia   de   cada   una   de   tales  declaraciones.     

Absolutamente  nada de lo expuesto explicó  el   memorialista,  en  tanto,  si  se  hubiese  percatado  que  los  anunciados  testimonios  no  neutralizan  la  prueba  incriminatoria,  más bien, en algunos  apartes  la  fortalecen  y,  en  otros, jamás revelan por qué su amigo, el hoy  procesado,  tenía  en  su  poder cocaína, en papeletas en una bolsa plástica,  parado   al   lado   de   un   poste  de  luz,  si  su  profesión  –como   ellos   dijeron-,  era  la  de  vendedor  de  repuestos:  estas falencias aunadas al silencio del jurista frente  al  hecho  que  su mandante en el año 2009 fue condenado por el mismo delito de  porte  de  estupefacientes  como  el  no  trabajar desde dos años atrás, en el  negocio aludido, tornan la censura insustancial.   

Cuarto:  un nuevo  desquicio   presenta   la   demanda,  el  que  se  identifica  con  la  evidente  vulneración  del  postulado de autonomía  que  rige  el  recurso  de  casación, al sustentar el defensor el  yerro   propuesto   por   falso   juicio   de  existencia,  en  un  mismo  texto  argumentativo,  con  errores propios de la vía directa de violación de la ley,  en  sentido  de interpretación errónea que hace parte exclusiva de un desatino  de  derecho,  en  tanto, combinarlos, trae consigo, el caos y la anarquía; pues  por  un  lado,  se  pretende  enderezar  un  yerro  de  juicio en la aplicación  normativa  al caso y, por el otro, de actividad probatoria: si se conciertan los  dos  en  una  misma  censura,  la  lógica  argumentativa  deviene absurda y sin  ningún sentido epistemológico, tal y como ocurrió aquí.   

Quinto:   el  abandono,  contradicción  y  mixtura de los argumentos contenidos en el libelo,  según  se  viene  explicando,  muestran  que  el  censor  solo se contentó con  esgrimir  algunas  ideas  de  por sí disgregadas, confusas y fuera de contexto,  para  fomentar  una  exclusión  probatoria  que  jamás  desarrolló según las  pautas          jurisprudenciales          atrás         reseñadas.   

Sexto: el jurista  inundó  el libelo, con criterios generales, subjetivos, hipotéticos y fuera de  contexto,  los  cuales  son  inadmisibles  en casación, en tanto, la demanda se  transmuta  en  un  escrito  de  libre importe, como cuando afirmó: 1)  No se puede  concluir  olímpicamente  que  éste testigo fue renuente cuando se citó por la  fiscalía,   2)      ni  tampoco  se  puede  condenar  a  su mandante porque el  testigo   no   leyó   la   entrevista  y  3)  se  dejó de  realizar  “un  análisis  profundo  de la capacidad  mental  del  declarante,  persona  de la calle, el cual no tiene el más mínimo  grado  de  instrucción, fácilmente intimidada porque  su  capacidad  moral  se  lo  permite, ya que no tiene  ante  cualquier otro ser vivo la misma consideración o capacidad, para resolver  sus  asuntos”. (Todos los subrayados fuera de texto).   

Séptimo: el togado  no  expuso como lo exige la jurisprudencia, las consecuencias de las violaciones  a  la  ley  sustancial  por  él demandadas, contra el fallo del Juez Colegiado.   

Con tal proceder  adecuó  sus  propuestas  al  sofisma de petición  de   principio,  el  cual  enseña,  en  sus  diversas  manifestaciones  epistemológicas,  que no se puede dar por demostrado lo que le  es  exigible  probar  al recurrente en sede extraordinaria, por ello, dejó a un  lado  la  parte  más  fundamental de los ataques. En efecto: el profesional del  derecho     ignoró     por    completo    el    postulado    de    trascendencia,  en  la censura alegada, en  cuyo  efecto, abandonó su cometido desde la misma presentación, luego, siempre  será,  en  esas  precisas condiciones, imposible constatar alguna proposición,  pensamiento,  teoría  o  premisa  jurídica;  menos aún, las confutó  de  manera  lógica  argumentativa  con  el  plexo  probatorio en el caso de la vía  indirecta  las  cuales  dejó totalmente inanes, y, por el contrario, empantanó  el  escrito  de  cavilaciones  individuales  e  hipotéticas:  con  esa omisión  sustancial,   dejó   anodina   la  eficacia  de  sus  expectativas  jurídicas.   

Siendo  ello  así,  el  daño propuesto se  muestra  efímero,  por  cuanto  el  aludido principio jamás se acredita con la  repetición  de  los argumentos diseñados en la parte motiva del libelo y menos  aún  –como en el presente  caso-  dándolos por acreditados o excluyéndolos en forma total o parcial de la  argumentación;  la  demostración  del  yerro  evocado, será, pues, el reflejo  latente  de  las consecuencias jurídicas reveladas con la violación demandada,  para  luego,  correlacionarla,  en  su  esencia,  con  un precepto del Bloque de  Constitucionalidad,  la  Constitución  o   la  norma  llamada a regular el  caso.   

Así  las  cosas  y  como  quiera  que  el  recurso   extraordinario  de  casación  está  regido, entre otros, por el  principio de limitación, las  deficiencias  de  la demanda jamás podrán ser remediadas por la Corte, pues no  le  corresponde  asumir  la  tarea  cuestionable  propia  del  recurrente,  para  complementarla,  adicionarla  o  corregirla,  máxime  cuando es antiquísimo el  criterio  de  la  Sala,  de  ser un juicio lógico-argumentativo regulado por el  legislador  y  desarrollado  por  la jurisprudencia, con el propósito de evitar  convertirla en una tercera instancia.   

Otro   de   los  postulados  del  recurso  extraordinario        de        casación        es        el       dispositivo,  con el cual, lo acometido en  el  libelo  convoca  inexorablemente  a  su  restricción. Sin que pueda ni deba  hacerse,  una readecuación de las censuras y sus fundamentos, para así cumplir  con  la  forma  y  luego  de  fondo,  dictar  la sentencia correspondiente. Esto  concitaría  a  actuar  en  dos  extremos  excluyentes y exclusivos, en donde se  unificarían   las  pretensiones  contenidas  en  el  escrito  con  el  criterio  jurídico  de  la  Sala al enmendarlas, perfeccionarlas y, desde luego, dejarlas  trascendentes  para  fallar  en  consecuencia. Por tanto, si se admite un libelo  que  incumpla elementales presupuestos de lógica y debida argumentación, no se  combate  ningún  agravio sino se promueve la impugnación, usurpando facultades  inherentes  a las partes, en una actuación penal, lo cual es inadmisible.    

Por esta potísima razón, se insiste en la  consagración  de  algunos  requerimientos  sin  los  cuales el recurso se torna  inane  y  queda  convertido  en  un  simple  alegato  de  instancia –como  en  el  caso de análisis- donde  sólo  impera la exclusiva voluntad del demandante, más no se exponen de manera  trascendente  la  injuria, vilipendio o afrenta a la ley, la  Constitución  o al Bloque de Constitucionalidad.   

No    es    que    la    “técnica”  por  si  misma tenga como  fin   enervar   los   derechos   adquiridos   a  los  intervinientes,  ni  pueda  reflexionarse  siquiera  que  los  yerros  conducen  a  la  Corte  a  desconocer  situaciones  fáctico-jurídicas  de  mayor  relevancia;  por  tanto, si la Sala  entra  a  solucionar  todos  los  defectos  contenidos en el libelo –admitiéndolo-  se  le irrogaría a la  Judicatura  un  poder  absoluto  y  arbitrario al reconfeccionarlo y adecuarlo a  posturas  argumentativas  decantadas  por  las  partes en el proceso, para luego  entrar  a  decidir  el  problema  de  fondo: lo cual es absurdo, inconveniente e  incorrecto.   

Se  verifica,  entonces,  que el impugnante  presentó  alegaciones  producto  de  su  exclusiva percepción del derecho, los  hechos  y  las  pruebas  contra lo afirmado por los funcionarios judiciales, sin  ninguna   prevalencia  en  la  lógica-jurídica  requerida  para  sustentar  la  censura,  con lo cual sus pretensiones se alejan de la filosofía que irradia el  instituto   casacional;   circunstancia   por   la  cual,  la  Corte  inadmitirá el libelo presentado a nombre  de    PEDRO   CLAVER   SALAZAR   ZULUAGA.   

Por  otra  parte,  no  se  advierte  que  con  ocasión a la decisión de  segundo  nivel  impugnada  o dentro de la actuación hubiese existido violación  de  derechos  fundamentales  constitucionales  o  garantías  inherentes  al hoy  sentenciado  PEDRO  CLAVER SALAZAR ZULUAGA,  como para superar de inmediato los defectos y decidir de fondo el  asunto,  según  lo  impone la preceptiva del inciso 3º del  artículo 184  de la Ley 906 de 2004.   

4. Mecanismo de insistencia:  

Teniendo  en cuenta que contra la decisión  de   inadmitir  o     no     selección    de  la  demanda  procede  el  mecanismo de  insistencia  de  conformidad  con lo establecido en el  artículo   186   de   la   Ley   906   de   2004,  cuyo  trámite  no   fue  regulado,  pero  para  tornarlo  operativo,  la  Sala  ha  definido  las  reglas  que habrán de seguirse para su  aplicación7, como pasa a indicarse:   

4.1.  La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo puede ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación   de   la  providencia  por  medio  de  la  cual  la  Sala  decide  inadmitir  o  no  seleccionar  la demanda  de  casación, con el objeto de reconsiderar lo decidido. También  podrá  ser  provocado  oficiosamente,  en  el mismo término, por alguno de los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación  Penal,  salvo  que el  Procurador  Judicial  Delegado ante el Tribunal Superior fuese el demandante. El  mecanismo,  entonces, opera para el Procurador Judicial, el Magistrado disidente  o  el  que  no  haya  participado  en  los  debates  y  suscrito  la providencia  inadmisoria.   

4.2.   Es   potestativo   del   Magistrado  –en los casos indicados- o  del  Delegado del Ministerio Público ante quien se formula la insistencia optar  por  someter  el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su  revisión.  En  este  último  evento  informará  de ello al peticionario en un  plazo de quince (15) días.   

4.3.  El auto a través del cual se inadmite  la  demanda  de  casación  trae como consecuencia la firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

4.4.    También   viene   precisando   la  Corte8  que  la audiencia de sustentación prevista en el artículo 185 de  la  Ley 906 de 2004, no se dispondrá su celebración, por cuanto su procedencia  está circunscrita a los casos de admisión de la demanda.   

Con fundamento en lo expuesto, la   Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:  Inadmitir  la  demanda   de   casación   presentada  a  nombre  del  sentenciado  PEDRO  CLAVER  SALAZAR  ZULUAGA,  por  las  razones aducidas en la parte motiva del presente proveído.   

Segundo:  Contra  la no  selección      procede     el     mecanismo     de  insistencia  de  conformidad  con  el  inciso  2° del  artículo  184 de la Ley 906 de 2004, en los términos detallados en el acápite  final de esta determinación.    

Tercero:   Cópiese,  comuníquese,   cúmplase   y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

             

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                              FERNANDO   ALBERTO  CASTRO  CABALLERO              

                                  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ   

AUGUSTO       J.       IBAÑEZ  GUZMÁN                                                  LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JULIO     ENRIQUE    SOCHA     SALAMANCA                                                                                                                JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

                            Secretaria   

    

1 Las  decisiones  de primera y segunda instancia se promulgaron el 29 de julio y 10 de  noviembre de 2010, respectivamente.   

2  Artículo 376 de la Ley 599 de 2000: “   

3  Ni  dijo  nada  el  Juez  Colegiado respecto a la inhabilitación en el ejercicio de  derechos y funciones públicas.   

4  Radicado 23.157 (30-5-07) y 19.733 (12-5-04).   

5 Corte  Suprema  de  Justicia:  radicado:  25.565 (8-6-06).   

6 Corte  Suprema     de     Justicia,     igual     sentido:     radicado    25.248     (10-5-06),    15.488    (16-7-01)   y   24.026 (20-10-05).   

7 Corte  Suprema de Justicia. Radicado: 24.322 diciembre 12 de 2005.   

8 Corte  Suprema de Justicia: radicado 28.059 de agosto 23 de 2007.     

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