35402(09-03-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

Proceso n.º 35402  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº 078  

Bogotá, D. C., nueve (9) de marzo de dos mil  once (2011)   

VISTOS  

La  Corte  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de  Juan  Carlos Varón Lombana contra la sentencia dictada  por  el  Tribunal Superior de Bogotá, el 26 de agosto de 2010, mediante la cual  confirmó  la proferida por el Juzgado Diecisiete Penal del Circuito de la misma  ciudad,   el  16 de marzo del mismo año, y lo condenó a la pena principal  de  56  meses  de prisión y a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el mismo lapso de la privativa de la  libertad,  como coautor de las conductas punibles de hurto calificado agravado y  fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o municiones.   

HECHOS  

Fueron  sintetizados  por  el Tribunal de la  siguiente manera:   

“EI 5 de marzo de  2009,  siendo aproximadamente las 22:55 horas del día, en la calle 45 con calle  72  sur  barrio  Boitá,  dos  (2)  hombres  mediante el empleo de arma de fuego  despojaron  a  Ricardo  Becerra  Aya del vehículo automotor marca Toyota, color  gris,  de  placas  NMA-944;  posteriormente,  agentes  de  la  policía  que  se  encontraban  de  vigilancia  por  el  mismo  sector  solicitaron  el  pare  a un  vehículo  que  se desplazaba a alta velocidad y en contravía, al notar que sus  características  concordaban  con  las  del  automotor referido como hurtado en  precedencia.   

“ En  consecuencia,  emprendieron la persecución logrando dar alcance  al  rodante  a la altura de la calle 56 b, sitio en el que uno de los individuos  que  se  encontraba  dentro  del  vehículo  esgrime  arma  de  fuego y realizó  disparos   contra   la   patrulla   policial,   huyendo  nuevamente  del  lugar;  posteriormente,  los individuos abandonan el automotor a la altura de la carrera  84  A  con  calle  56 A BIS sur, continuado a pie por la avenida ciudad de Cali,  situación  que  fue  advertida  por los policiales que reportaron igualmente el  acontecer  a  la  central  de  radio  policiva  lo  que implicó que la patrulla  Britalia  I  de la misma institución, más adelante lograra dar captura a quien  se  identificó  con  el  nombre  de  JUAN  CARLOS VARÓN LOMBANA, a quien se le  encontró  en posesión de la suma de $910.000 pesos en efectivo que guardaba en  el  bolsillo  derecho  de  su  pantalón  y  que  era  señalado como uno de los  partícipes  en  el  referido  reato  del  automotor de placas NMA-944, que a la  postre   logró   ser  recuperado  y  restituido  a  su  propietario”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  los anteriores hechos, la fiscalía  presentó   escrito   de   acusación   en   contra    de   Juan   Carlos   Varón   Lombana   por  los  delitos de hurto calificado  agravado  y  fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas de fuego o municiones.   

2. En virtud a la aceptación de cargos hecha  por  el  acusado,  el Juzgado Diecisiete Penal del Circuito de Bogotá, el 16 de  marzo  de  2010, dictó sentencia de primera instancia en la que condenó a Juan  Carlos  Varón  Lombana  a  la  pena  principal  de  56 meses de prisión y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso de la privativa de la libertad, como coautor de  las  conductas  punibles de hurto calificado agravado y fabricación, tráfico y  porte de armas de fuego o municiones.   

3.  Apelado  el  fallo  por  el defensor, el  Tribunal  Superior de Bogotá, el 16 de junio de 2010, al desatar el recurso, lo  confirmó.   

Contra  la  anterior  decisión,  la defensa  técnica de Varón Lombana presentó demanda de casación.   

S  Í  N  T  E  S  I S    D E  L    L I B E L O   

El  defensor, al amparo de la causal primera  de casación presenta dos cargos, así:   

Primer cargo  

Acusa al Tribunal de haber violado, de manera  directa,  la ley sustancial, toda vez que el juzgador omitió dar aplicación al  artículo  34  de  la Ley 1142 de 2007,  que incluyó el artículo 68 A del  Código  Penal,  toda  vez que su procurado no tiene antecedentes penales en los  últimos  cinco  (5)  años  contados  a  partir  del  día de ocurrencia de los  hechos, esto es, el 5 de marzo de 2009.   

Segundo cargo  

Acusa al Tribunal de haber violado, de manera  directa,  la  ley sustancial por falta de aplicación de la Ley 750 “que  trata  sobre  derechos  de  padre  cabeza         de         familia…”,  en tanto su procurado es progenitor  del  menor  Juan  Andrés  Varón  Arévalo,  quien  nació el 9 de diciembre de  2004.   

De  igual  manera  acusa  que en este asunto  tampoco  se  aplicó  lo  reglado  en  los  artículos  44  de  la Constitución  Política   y  38  del  Código  Penal,  preceptos  que  protegen  los  derechos  fundamentales  de  los  niños.  Y,  por  último,  también acusa la exclusión  evidente  de  la  Ley  1098  de  2006, en especial los artículos 8°, 9° y 11,  respectivamente.   

En  otro  acápite  dice  que los yerros son  trascendentes  y  depreca  a  la  Corte  casar parcialmente el fallo impugnado y  emitir           uno          “modificatorio”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.  En  el Código de Procedimiento Penal de  2004,  la  casación  se concibe como un medio de control constitucional y legal  que  procede contra las sentencias dictadas en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos  cuando  afectan  derechos  o  garantías  procesales.   

De  manera  que  se  puede  colegir que este  recurso  fue  concebido como control constitucional, dada la función que ejerce  la  Corte  Suprema  de  Justicia como Tribunal de Casación, según lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De acuerdo con lo que estatuye la citada Ley  906,  para  que la demanda sea admitida se requiere que el libelista, además de  contar  con  interés,   acredite  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,  para  lo  cual  también  deberá  formular  y  desarrollar  los  correspondientes  cargos  y,  por   supuesto,  demostrar  la  necesidad  de  intervención  de la Corte para lograr algunos de los fines establecidos para la  casación,  según  lo  previsto  en  el  artículo  180 de esa normatividad, es  decir,  la efectividad del derecho material, el respeto de las garantías de los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y la  unificación  de  la  jurisprudencia,  propósitos  que,  como lo tiene dicho la  Sala,  son  los  mismos  del  proceso  penal, lo que explica que las causales de  casación tengan un diseño dirigido a lograr esos fines.   

Por     ello,     “el          recurso   extraordinario    de    casación    no    puede    ser  interpretado  sólo  desde,  por  y  para  las causales, sino también desde sus  fines,  con  lo cual adquiere una axiología mayor vinculada con los propósitos  del   proceso   penal   y   con   el   modelo   de  Estado  en  el  que  él  se  inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines      de      la     casación”.1   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con el debate fáctico y jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado  proceso,  razón por la cual no es procedente  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia adicional a las  ordinarias  del trámite, sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente  y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente  señalados   en   la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o  de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador,  procediendo a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia,  para de esa  manera  concluir  que  la  sentencia no es acorde con el ordenamiento jurídico,  cuya desvirtuación, se reitera, compete al libelista.   

2.  En  primer  lugar,  se  hace  necesario  establecer  si  la defensa del procesado tiene interés para acudir a esta sede,  en tanto el acusado aceptó la comisión de los hechos.   

De  acuerdo con el recuento de la actuación  procesal  surge claro y evidente que el procesado una vez celebrada la audiencia  de  formulación de acusación aceptó los cargos imputados por la fiscalía por  los  delitos de hurto calificado agravado y fabricación, tráfico y  porte  de  armas  de  fuego  o  munición,  a  cambio  de  la correspondiente rebaja de  pena.   

De  manera  que  la  defensa del sentenciado  sólo  tiene  interés para controvertir a través de los recursos (apelación o  casación)  la  vulneración  de  sus garantías fundamentales, el quantum de la  pena,  los  aspectos  referidos  a su determinación, lo referente a la prisión  domiciliaria  como  sustitutiva de la prisión y a la suspensión condicional de  la ejecución de la pena.   

En   el   evento   que   ocupa   la   atención   de  la  Sala y en la medida en  que  la  inconformidad  de  la  defensa radica en el otorgamiento de la prisión  domiciliaria,  pues  no  comparte que a su representado no se le halla otorgado,  surge  fácil advertir que tiene interés para discutir dicho aspecto en sede de  casación.   

En    lo    relativo   al   primer  cargo  que  el libelista propone a  fin  de  denunciar una infracción directa de la ley sustancial por cuanto en la  elaboración  de juicio de derecho, el sentenciador inaplicó lo relacionado con  la  exclusión  de beneficios y subrogados, el actor lo dejó a mitad de camino,  toda  vez  que  no  presenta argumento referente a que no obstante la hipótesis  fáctica  jurídica  plasmada en la sentencia conducía necesariamente a aplicar  el  contenido  del  artículo  68  A del Código Penal  y el Tribunal no lo  hizo,  se  quedó  en  el  simple  enunciado puesto que no presenta ningún otro  argumento que confirme su denuncia.   

Sólo   basta   revisar   la   lacónica  argumentación  de  la  censura  para  concluir  que  la  misma  es huérfana de  demostración.   

Igual   acontece   con   el   segundo  cargo  también  postulado por la  vía  de  infracción  directa  de  la ley sustancial, habida cuenta que tampoco  presenta   argumento   que  demuestre  que  el  juzgador  de  segunda  instancia  efectivamente  excluyó  lo  contemplado  en la Ley 705 de 2002, toda vez que en  Juan  Carlos  Varón Lombana se daban todos lo requisitos para reconocer que era  padre  cabeza  de  familia  y,  sin  embargo,  no  se  le  reconoció el mentado  beneficio.    

Como  en  el  anterior  reproche,  el  actor  tampoco  presentó  argumento  de  su  tesis  en que funda el reproche contra el  fallo del Tribunal.   

En   tales   condiciones,   se  impone  la  inadmisión del libelo.   

Sin  embargo,  si  se  revisa  la  sentencia  recurrida  se  concluye  que el juzgador de segunda instancia desató el recurso  de    apelación     resolviendo   los   motivos   de   inconformidad   del  casacionista.   

Con  relación  a  que el procesado es padre  “cabeza      de  familia”,  el Tribunal fue  enfático  en  sostener  que  el  expediente sólo contiene un registro civil de  nacimiento  y  una  declaración  juramentada hecha por la señora Peña Ureña,  quien  dice  conocer  al  acusado  hace  10  años  y  que  le consta el mentado  adjetivo.   

Con  otras  palabras,  en  este asunto no se  demostró  “debidamente que  el  procesado  sea quien responde, no solamente desde lo económico, sino que es  único  sustento  afectivo,  familiar  del menor, por ausencia de otros miembros  del   núcleo   familiar   en   capacidad   de   asumir  su  cuidado”.   

Y, lo referente al artículo 68 A del Código  Penal,  también fue objeto de pronunciamiento por parte del juzgador de segunda  instancia,  en  torno  a  que  el  recurrente desconoce que el sólo hecho de no  tener  antecedentes  penales no habilita al procesado para hacerse acreedor a la  prisión  domiciliaria,  pues  su  estudio  debe  hacerse  con  la  legislación  correspondiente y no con el artículo 68 A del citado estatuto.   

Resta  señalar  que  no   se    observa   que   con   ocasión   del   fallo  impugnado  o  dentro  de la actuación se violaron los derechos o las garantías  de   los   intervinientes,   como   para  que  tal  circunstancia  imponga   superar    los    defectos    del   libelo   para   decidir   de   fondo,    según    lo    dispone    el   inciso    3°   del   artículo   184    de   la    Ley   906  de  2004.   

Acotación final  

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir  la demanda de casación presentada a nombre del procesado  Varón  Lombana  procede el mecanismo de  insistencia  de conformidad con lo establecido en el artículo 186 de la Ley 906  de  2004,  impera  precisar  que como dicha legislación no regula el trámite a  seguir  para  que se aplique el referido instituto procesal, la Sala ha definido  las   reglas   que   habrán   de   seguirse  para  su  aplicación,2    como  sigue:   

a)   La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Sala  decida  no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  ésta   reconsidere   lo   decidido.   También    podrá    ser   provocado   oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados  del Ministerio Público para la Casación   Penal   –siempre   que   el   recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por          el          Procurador          Judicial–,    el    Magistrado   disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya participado en los  debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)   La  solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

d)   El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR   la  demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Juan  Carlos  Varón  Lombana.   

De   conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es viable la interposición del  mecanismo   de   insistencia   en   los   términos  precisados  atrás  por  la  Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                            ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO                         

MARIA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS               AUGUSTO  J. IBAÑEZ GUZMÁN            

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                                                                                                                   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *