35343(09-03-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 35343  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado acta N° 078.  

Bogotá, D. C., nueve (9) de marzo de dos mil  once (2011).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  en su propio nombre por GARDEN  DORIS  PIEDAD  OLMOS CARDONA contra  la  sentencia  del  22 de julio de 2010 mediante la cual el Juzgado Cuarto Penal  del  Circuito de Descongestión de Santiago de Cali confirmó la proferida el 26  de  agosto de 2009 por el Juzgado Veintitrés Penal Municipal nominal adjunto de  la  misma  sede,  que condenó a la procesada a la pena principal de 12 meses de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  idéntico  término,  como  responsable del delito de  abuso de confianza.   

HECHOS  

          Los  que  declaró probados el juez ad quem  en  la  sentencia  impugnada  se  pueden resumir de la  siguiente manera:   

          La   abogada  GARDEN  DORIS  PIEDAD  OLMOS  CARDONA   representó  en  proceso  penal  al  señor  Gamber de Jesús Henao Henao,  quien  sufrió  lesiones  durante un accidente de tránsito. Proferida sentencia  condenatoria,  la  letrada  promovió  el correspondiente proceso ejecutivo, que  culminó  con  el pago total de la obligación mediante el sistema de dación en  pago  del  automotor  causante  de  las  lesiones.  Como para entonces el señor  Henao Henao había fallecido,  su  esposa  Martha  Cecilia  Reyes  Díaz autorizó  a  la  togada  vender  el vehículo, con cuyo producto se  cancelaría  el  monto de los honorarios, que ascendían al 40% de lo recaudado,  y la restante suma dineraria sería para el cliente.   

          La   doctora  OLMOS  CARDONA  inopinadamente,  el  3  de  julio  de  2004,  vendió  el rodante al  también   abogado   Gerardo  Antonio  Suárez  Lasso  por  $6.000.000,  a  quien  se lo entregó con el solo  pago  del  40%  de  su  valor,  suma  dineraria  que  la abogada tomó para sí,  acordando  los  dos  que el saldo pendiente por cancelar correspondía al dinero  perteneciente   a   la   viuda   del   señor   Henao  Henao,  sin  especificar cuándo y en qué forma se lo  desembolsaría,  conviniendo  sí  en  que  el comprador quedaba habilitado para  efectuar  al  vehículo  las  reparaciones  que  estimara necesarias, cuyo valor  correría a cargo de la vendedora.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Con fundamento en la denuncia presentada  por   la   señora   Martha   Cecilia   Reyes  Díaz,  la  Fiscalía  Local  de  Santiago  de Cali dispuso la  iniciación  de  investigación  previa,  al  término  de  la  cual  dispuso la  apertura  de  la  correspondiente instrucción penal, según decisión del 27 de  junio  de  2005,  en  cuyo  desarrollo  escuchó  en  indagatoria a GARDEN DORIS PIEDAD OLMOS CARDONA.   

2.  Mediante resolución del 5 de febrero de  2007,  el  fiscal  decretó el cierre de la instrucción, calificando el mérito  del  sumario  el  29  de  octubre siguiente con resolución de acusación contra  OLMOS  CARDONA por el delito  de  abuso de confianza, que apelada por la procesada, obtuvo confirmación el 22  de  enero  de  2008  por  la  Fiscalía  Delegada  ante  el Tribunal Superior de  Santiago de Cali.   

3. Correspondió tramitar la etapa del juicio  al  Juez  Veintitrés Penal Municipal de Descongestión de la mencionada ciudad,  cuyo   titular   llevó  a  cabo  las  audiencias  preparatoria  y  pública  de  juzgamiento,  tras lo cual el Juez Adjunto asignado a ese despacho puso fin a la  instancia  con  la  sentencia de fecha 26 de agosto de 2009, confirmada el 22 de  julio  de  2010  por  el Juzgado Cuarto Penal del Circuito de Descongestión, en  virtud  de  las  apelaciones  interpuestas  por  la  procesada, su defensor y el  apoderado de la parte civil.   

4.  Atendido el sentido del fallo de segunda  instancia,   la   propia   acusada   interpuso   el  recurso  extraordinario  de  casación.   

LA DEMANDA  

          Precisando  que  el  libelo  lo  instaura  por  vía de la casación  excepcional,  la  impugnante  pasa  a fundamentar su procedencia, y es así como  tras  señalar  que la misma resulta viable para desarrollar la jurisprudencia o  proteger  los  derechos  fundamentales, sostiene que en este caso su pertinencia  se  manifiesta  “por vía,  (sic)   respecto   de   la  costumbre   que   está   haciendo   carrera  en  los  estrados  judiciales  del  país”,    lo    cual  “se ha hecho más evidente  en     los     procesos     que     podríamos    llamar    como    ‘rezagados   de   la   ley   600   de  2000’,  generado  quizás  por  el  afán  de  descongestión  de  los  funcionarios y por la inminencia de  enfrentar   numerosas   estadísticas   que   les   exigen  un  gran  desempeño  laboral”.   

          Considera  que  dichas  circunstancias  no permiten percibir la mala  intención  de  personas  inescrupulosas  que  buscan hacerle daño a otras para  obtener  provecho  ilícito, como ocurre en el presente caso con la querellante,  quien  falsamente  y  de  mala  fe  manifestó  que  no  había  autorizado a la  procesada  a  vender el vehículo, sin allegar ninguna prueba para respaldar esa  acusación,  cuando  la  realidad  es  que  no  quiso recibir el dinero de dicha  negociación  con  el argumento de tratarse de una suma irrisoria, pese a que el  comprador  la llamó para entregarle la suma de $3.600.000, sin que el automotor  tuviera  un  precio  superior  al  valor  de  la  venta, dado su estado regular,  conforme   lo   dictaminó   el   perito  dentro  del  proceso  ejecutivo.    

          Según  la  demandante,  la  mala  fe  de la querellante también se  deduce  del hecho de perder interés en el proceso penal cuando advirtió que el  juez  desestimó  su  pretensión de obtener unos perjuicios onerosos. Y precisa  que  el  motivo para no recibir el dinero producto de la venta del automotor fue  haber   advertido  que  sus  familiares  más  cercanos  tienen  una  situación  económica muy buena.   

          En  ese  sentido,  considera  que  la  Fiscalía no supo interpretar  adecuadamente  este  caso,  mientras  los  jueces  de  instancia  sustentaron su  decisión  con  desatención  de lo dispuesto en el artículo 232 del Código de  Procedimiento  Penal,  conforme  al cual toda providencia judicial debe fundarse  en  pruebas  reales,  fidedignas,  contundentes  y  oportunamente  allegadas  al  proceso.   

          A  renglón  seguido la actora cuestiona la sentencia por vía de la  causal  primera de casación, acusando al Tribunal de violar directamente la ley  sustancial.  Y para sustentar el reproche, sostiene que el fallador incurrió en  vulneración  al  debido proceso, al hacer eco a lo planteado por la Fiscalía y  el  juez  de  primera instancia, quienes ignoraron las normas contempladas en el  Código de Procedimiento Penal.   

          En  su  criterio, con las pruebas allegadas a la actuación se puede  comprobar  la  veracidad  de  los  fundamentos  de  la demanda, es decir, que la  procesada  obró de buena fe, mientras la querellante trastornó todo el proceso  con  su  querella  falsa,  acomodada  y mal intencionada, ocasionando un colosal  fraude  para  de  esa  manera hacer incurrir en error de apreciación al juez de  primera  instancia,  el  cual se extendió al de segundo grado, funcionarios que  no repararon en sus alegaciones defensivas.   

          En  ese  sentido, señala que los sentenciadores la malinterpretaron  “por las tergiversaciones  y  distorsiones  del  contenido material de la prueba aportado por el adversario  de   la   suscrita   queriendo  sacar  beneficio  ilícitamente  de  oportunidad  (sic), al punto a que llevó  al  señor  juzgador  a mezclar el error de hecho por falso juicio de existencia  en  la transgresión del principio de investigación integral, cuya vulneración  se  debe  postular a través de esta instancia declarando una verdad distinta de  la  que revela el proceso,…  finalmente,  estimo que las conclusiones a las que llegó el juzgador vulneraron  los  postulados  de  la  sana  crítica por lo cual invoco el error de hecho por  falso           raciocinio…”.   

          Anotando,  por último, que no se le escuchó en debida forma, ni se  agotó  el  debido proceso y el derecho de defensa, solicitó casar la sentencia  para, en su lugar, dictar fallo absolutorio en su favor.   

PARA RESOLVER SE CONSIDERA  

         

De  conformidad  con  lo  establecido  en el  inciso  tercero  del  artículo 205 del Código de Procedimiento Penal de 2000 y  con  las  pacíficas  decisiones  producidas  al respecto por la Sala, cuando se  acude  a  la casación excepcional o discrecional el recurrente ostenta la carga  de  fundamentar  la necesidad del fallo impetrado, expresando si la finalidad de  la  impugnación  es desarrollar la jurisprudencia o preservar la intangibilidad  de los derechos fundamentales.   

          Sobre  el  particular, esta Corporación tiene dicho que si se trata  del  primero de esos aspectos, al demandante le corresponde exponer con claridad  y  precisión  los  motivos  por  los  cuales  debe intervenir la Corte, ya para  proveer  un  pronunciamiento  con  criterio  de  autoridad  respecto  de un tema  jurídico  especial,  ora  para  unificar  posturas conceptuales o actualizar la  doctrina,  bien  para  abordar  un tópico aún no desarrollado, con el deber de  indicar  de  qué  manera  la  decisión  solicitada  tiene  la dual utilidad de  brindar  solución  al  asunto  y  servir  de  guía  a  la  actividad judicial.   

          Por  su  parte,  si  la  pretensión  del  casacionista se orienta a  asegurar  la  intangibilidad  de derechos fundamentales, tiene la obligación de  demostrar  la  violación  e  indicar  las normas constitucionales o legales que  protegen  el  derecho  invocado,  así  como  su  desconocimiento  en  el  fallo  recurrido1.   

En  el  caso  materia  de  examen,  el actor  acertadamente  refiere  que  la  casación  excepcional  sólo  procede  por los  motivos  antes  referidos.  Sin  embargo,  no  clarifica cuál de ellos sirve de  fundamento  a  la  demanda,  pues  señala confusamente que su pertinencia lo es  “por   vía”  porque  en  los   estrados   judiciales   está   “haciendo       carrera” algo, sin precisar a qué clase de acción se refiere.   

          Aún  a  riesgo  de  desatender  el  principio  de  limitación  que  gobierna  el  recurso  de  casación,  el  cual  impide  a  la  Corte  entrar  a  desentrañar   la   voluntad   del   actor   frente  a  confusas  e  intrincadas  postulaciones,  del  libelo  pareciera entenderse que su pretensión es plantear  una  vulneración  de garantías fundamentales porque los juzgadores sustentaron  la  sentencia  condenatoria con desatención de lo dispuesto en el artículo 232  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  conforme al cual, según la demandante,  toda   providencia   judicial  debe  fundarse  en  pruebas  reales,  fidedignas,  contundentes y oportunamente allegadas al proceso.   

Pero,   pese   a  ello,  el  planteamiento  casacional  tampoco  encuentra  claridad  y  precisión,  pues omite exponer las  razones  por  las cuales considera que los medios probatorios sustento del fallo  se  allegaron  a  la actuación en forma irregular o sin apego a la normatividad  dispuesta  para  su  práctica  y  aducción,  según  los  alcances de la norma  procesal  antes  citada,  limitándose  a  señalar  de  manera genérica que la  denuncia   es   falsa   y  malintencionada  y  carece  de  respaldo  probatorio.   

Ahora bien, en la casación discrecional, de  acuerdo  con  el  inciso  tercero  del  artículo  205 de la Ley 600 de 2000, se  requiere  el  cumplimiento  de  los  demás presupuestos exigidos en la ley para  acceder  a  ese extraordinario recurso, es decir entre ellos, la estructuración  de  cargos  con sujeción a las causales previstas en el artículo 207 ibídem y  bajo  la  satisfacción  de las directrices que la jurisprudencia de la Corte ha  fijado  respecto  de  cada  uno  de los motivos casacionales, por cuya virtud le  corresponde  denunciar  entonces  la  violación  directa  o indirecta de la ley  sustancial,   o   la  inconsonancia  entre  la  acusación  y  la  sentencia  o,  finalmente,  la existencia de algún vicio procesal con capacidad para invalidar  la actuación.   

          En  el  caso  objeto  de  estudio,  si  bien  el  actor  denuncia la  violación  directa  de  la  ley  sustancial, al desarrollar la censura deja ver  graves  y  evidentes inconsistencias de fundamentación, pues en vez de plantear  la  discusión  jurídica  que  es  inherente a ese ataque, empieza cambiando el  sentido  del  mismo  para  afirmar  la vulneración del debido proceso, la cual,  empero,   tampoco   sustenta,   pues  inmediatamente  después  atribuye  a  los  juzgadores  la  incursión  en error probatorio, adentrándose de esa manera por  los senderos de la violación indirecta de la ley sustancial.   

          Y   en  armonía  con  ese  giro  argumentativo,  sostiene  que  los  sentenciadores  tergiversaron  y  distorsionaron  el  contenido  material  de la  prueba  y  además  mezclaron  en  ese  indebido análisis el error de hecho por  falso  juicio  de  existencia  para,  finalmente, formular unas conclusiones que  desconocieron los postulados de la sana crítica.   

          Es   decir,   confusamente   terminó   refiriéndose   a  las  tres  modalidades  del  error  de  hecho  manejadas  en sede de casación, pues alude,  respectivamente,  al  falso  juicio  de identidad, al falso juicio de existencia  por omisión, y al falso raciocinio.     

Recuérdese  que  el  primero  de  ellos  se  presenta  cuando  el  juzgador  distorsiona  el sentido material de la prueba en  cuanto  la cercena, adiciona o translitera. El segundo, esto es, el falso juicio  de  existencia se estructura cuando el sentenciador omite apreciar alguna prueba  legal   y   oportunamente   aportada  (existencia  por  omisión) o cuando para sustentar su decisión inventa  un  medio  probatorio  no  practicado  (existencia por  suposición).   

Finalmente, el falso raciocinio ocurre si el  fallador  vulnera  los principios de la sana crítica, integrados por las reglas  de   la   experiencia,   los   postulados   lógicos   y   las   leyes   de   la  ciencia.   

Como   se   anotó,  la  censora  menciona  indistintamente  los  fundamentos  que caracterizan a las tres clases de errores  de  hecho,  sin  que,  en todo caso, al desarrollar el reproche pueda concluirse  exactamente  a  cuál de ellos se refiere, no siendo, por demás, competencia de  la  Corte,  como  ya  se dijo, desentrañar la voluntad del demandante cuando la  expresa  de  manera  confusa,  ambigua  e  intrincada, conforme acontece en este  caso,  pues su obligación es presentar la censura en forma lógica y coherente,  de modo que no se remita a duda cuál es su intención.   

Es  tan  ambiguo  el reproche que la censora  fundamenta  el  falso  juicio  de  existencia  aduciendo  la  transgresión  del  principio  de  investigación integral, trasladando una vez más la postulación  a  los  terrenos  de  la  causal  tercera  de  casación, pues esa expresión se  relaciona  con  la existencia de vicios generadores de nulidad, ataque reiterado  al  finalizar  la  fundamentación del cargo cuando afirma que no se le escuchó  en   debida   forma,   ni   se   agotó  el  debido  proceso  y  el  derecho  de  defensa.   

En  otras  palabras,  a  lo  largo  de  su  disertación  no  sólo  incursionó,  sin  ningún  rigor técnico, en los tres  errores   de  hecho  propios  de  la  violación  indirecta  sino  que  trasegó  prácticamente  por  todos  los motivos de casación autorizados por la ley y la  jurisprudencia,  sin  lograr estructurar en forma adecuada ninguno de los yerros  que deshilvanadamente refiere en el libelo.   

          Como,  en consecuencia, la impugnante no satisface las exigencias de  fundamentación  requeridas  para  la casación excepcional, la Sala inadmitirá  la demanda objeto de examen.   

          Al  margen  de  lo  anotado,  la Corte no avizora la vulneración de  garantías  fundamentales,  que le impongan intervenir oficiosamente, en orden a  preservar su intangibilidad.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR la demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor de GARDEN  DORIS PIEDAD OLMOS CARDONA.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  estatuto  procesal  penal, contra esta decisión no procede  recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ               FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                   ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                         

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                AUGUSTO                                J.                               IBÁÑEZ  GUZMÁN                     

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS              JULIO                                ENRIQUE                               SOCHA  SALAMANCA                 

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Cfr.  Entre   otros,   auto  del  18  de  abril  de  2007,  radicación  26916,  entre  otros.     

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