34896(09-03-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 34896  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

         

Magistrado Ponente:  

                                                       ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

                                                       Aprobado Acta No. 78   

Bogotá,  D.C., nueve (9) de marzo de dos mil  once (2011)   

VISTOS  

La Sala se pronuncia sobre la viabilidad de la  demanda  sustento  del  recurso  de  casación  instaurado  por  el apoderado de  FABIO ENRIQUE USECHE MONTERO  contra  el  fallo  del 16 de abril de 2010 proferido por el Tribunal Superior de  Bogotá,  mediante el cual confirmó la sentencia dictada el 14 de septiembre de  2009  por el Juzgado Quinto Penal del Circuito de esta ciudad, que lo condenó a  prisión  de  cuarenta  y  ocho  (48)  meses,  multa  de  doscientos  mil  pesos  ($200.000),  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  un  periodo igual a la pena privativa de la libertad, le negó el mecanismo  sustitutivo  de  la  suspensión  condicional  de  la ejecución de la pena y le  concedió  el  sustituto  de la prisión domiciliaria, como autor de los delitos  de   falsedad   material   en   documento   público   agravada  por  el  uso  y  estafa.   

LOS HECHOS  

En  la sentencia de segunda instancia fueron  resumidos de la siguiente manera:   

“Los  hechos  fueron   puestos   en   conocimiento   por   parte   del   señor   LUIS  CARLOS  RINCÓN  LAMPREA  el  9 de  junio  de  2003,  en  su condición de abogado investigador de la Secretaría de  Educación   de  esta  ciudad,  señalando  que  el  docente  y  acá  procesado  FABIO     ENRIQUE    USECHE    MONTERO,  obtuvo  resoluciones de reconocimiento de ascenso del grado 7 al  13  en el escalafón nacional, habiendo aportado documentación falsa, lo que le  representó  un  incremento  en  la  asignación  mensual  y  en  la  escala  de  prestaciones  sociales.”1.   

El 25 de agosto de 2005, la Fiscal Setenta y  Seis  Delegada  de  la  Unidad de delitos contra el orden económico y social de  Bogotá,   acusó  a  FABIO  ENRIQUE  USECHE  MONTERO  como  determinador  del delito de falsedad material en  documento  agravada  por  el  uso  y  autor  de  la  conducta  punible de estafa  agravada.2.   

FUNDAMENTOS DE LA IMPUGNACIÓN  

En   la   demanda   se  postulan  dos  (2)  reparos.   

Cargo   Primero.  Violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  aplicación  indebida  de los  artículos 220, 222 y 356 del Decreto 100 de 1980.   

El  vicio  proviene del hecho probado que no  existió  la  falsedad  material  en  documento público, porque el procesado no  falsificó  ni  participó  en  la  falsificación  de  los  documentos,  siendo  víctima  de  la negligencia de los encargados del Centro Experimental Piloto de  Cundinamarca   y  del  desorden  administrativo  y  corrupción  de  esta  misma  entidad.   

El  hecho  que  el  procesado  no apareciera  relacionado  en  las  resoluciones  no  significa  que  no hubiera realizado los  cursos,   cuya   existencia  y  participación  en  ellos  se  acredita  con  su  indagatoria,  los  testimonios  de  Victoria  Castillo  Moncayo,  Ángel  Miguel  Waltero  Arguello  y  Dioselina  Amortegui  y  las declaraciones de docentes que  fueron investigados por las mismas conductas.   

Por lo demás,  dichos certificados le  fueron  entregados  por  el  señor  Carrero, conforme lo explicara USECHE  MONTERO  en su indagatoria y en la  audiencia pública.   

Tampoco  incurrió  en  uso  de  documento  público  falso,  porque el acusado desconocía su naturaleza espuria, presumía  su  legalidad  y  fue el señor Carrero quien lo convenció de su autenticidad y  lo instó a utilizarlos.   

Si    USECHE  MONTERO  no  participó  en  la  falsificación de los  documentos  ni  los  usó,  tampoco  obró de forma tal que en su comportamiento  surjan  nítidos  los  presupuestos  de la estafa, en tanto que el engañado fue  él  con las maniobras fraudulentas de Carrero, recordando el censor que en otro  caso  idéntico  al  de  aquél, la Fiscalía precluyó la instrucción, bajo el  supuesto    de    la    presunción    de   legalidad   que   ampara   al   acto  administrativo.   

Cargo segundo.  Violación  indirecta  de la ley  sustancial  por  falso raciocinio, debido al desconocimiento de las reglas de la  experiencia en la apreciación de las pruebas.   

Según    el   impugnante   “la censura propuesta en este cargo se  dirige  a  la  equivocación  del  fallador  en  la  apreciación  de  la prueba  indiciaria,  esto  es,  en  el  proceso  de  valoración conjunta al apreciar la  articulación,  convergencia  y  concordancia de los indicios entre sí, y entre  éstos   y   las   restantes   pruebas”.   

Luego  de citar los documentos que tienen el  carácter  de  públicos  y  señalar  que no cuestiona la existencia, validez y  contenido   objetivos   de   las  pruebas,  advierte  que  discute  “el     proceso    de    inferencia  lógica” al otorgar a esos  medios  de  prueba  un  mérito persuasivo del cual carecen, apartándose de las  reglas  de  la  sana  crítica  y  de  la experiencia, ocupándose en seguida en  demostrar el error denunciado.   

CONSIDERACIONES  

La demanda no reúne la técnica que en esta  sede  casacional  se  exige  para las censuras que se le hacen a la sentencia de  segundo  grado,  en  razón  a que la misma falta a los requisitos de claridad y  precisión  requeridos en su proposición y fundamentación, tal como se dispone  en el numeral 3 del artículo 212 de la ley 600 de 2000.   

Cuando  se denuncia la violación directa de  la  ley  sustancial  en  cualquiera  de  sus modalidades, el actor no sólo debe  aceptar  los hechos tal como fueron declarados probados por el fallador sino que  al  mismo  tiempo  debe  admitir  la  valoración que este hiciera de la prueba,  puesto  que  la  vía escogida corresponde a un juicio en puro derecho que recae  sobre la sentencia.   

Aun  cuando el actor advierte que acepta los  hechos  y las pruebas “tal  y  como  fueron  fijadas  en el litigio”,    en    el    desarrollo   del   cargo  primero  por  aplicación  indebida  de los artículos  220,  222  y  356 del Decreto 100 de 1980, bien pronto incumple ese requisito de  técnica  al manifestar que el acusado “no  falsificó  ni  participó  en  la  falsificación de documento  alguno”  sino  que  fue  víctima  de  la negligencia de los funcionarios del Centro Experimental Piloto,  que  con  el  desorden  administrativo  y  probada  corrupción  de  esa entidad  “omitieron  realizar  la  debida  inscripción”  de  USECHE MONTERO.   

Dando  por probado que el procesado realizó  los  cursos porque la omisión de su nombre en las resoluciones no significa que  no  los  hubiera  realizado,  sustenta aquellas afirmaciones con lo dicho por el  propio  USECHE MONTERO en su  indagatoria,  lo  manifestado  por  los  declarantes Victoria Castillo Moncayo y  Ángel  Miguel Waltero Arguello -en audiencia pública, Dioselina Amortegui y lo  expresado  por  Jesús  María  Avellaneda, Laudy Benjumea Castro, Isaac Enrique  Echeverría  y  Luis  Alberto  Medina,  injuradas que fueron incorporadas a este  proceso.   

Las  aseveraciones  del  censor,  según las  cuales   a  pesar  de  la  evidencia  “que   arrojan   estas   declaraciones   e  indagatorias”,    los   falladores   “ignorando    así    una   realidad  fáctica”  consideraron  que  el  acusado no realizó los cursos, cuando por el  contrario  fue  “víctima  del  engaño o la negligencia del entonces coordinador del instituto”,  concluyendo  luego que “no    está    probado”   que  hubiera  cometido  el  delito de falsedad, son demostrativas del equívoco en la  proposición del cargo.   

Apoyadas ellas en razones probatorias y no en  derecho  como  correspondía,  ha  debido optar por otra vía, pues es a través  del  análisis  de  la  prueba que concluye que la conducta es atípica al haber  sido  “engañado  en  su  buena    fe    y    víctima   del   desorden   y   la   corrupción”       porque       “nunca  falsificó ni participó en la  falsificación  de  ningún  documento”.   

A las mismas acude para señalar que como el  acusado  no es autor del delito de falsedad, tampoco podía atribuírsele el uso  del  documento  público  falso  pues  “desconocía   que   tenía   en   sus   manos   unos   certificados  falseados”,  en la medida  que  fue “engañado por el  señor  JANUARIO  CARRERO  quien  le  convenció  del  contenido  cierto  de los  mismos”.   

Finalmente,  el  mismo  camino  sigue  para  demostrar  la  indebida  aplicación  del  tipo penal que describe la estafa, al  sostener  que  USECHE MONTERO  actuo  convencido  de hallarse dentro de los márgenes legales, lo que significa  que  su  exclusión es a partir de lo probado y no porque finalmente sostenga la  tesis,  según  la  cual  el  concurso  entre  ambos  delitos  es  un  imposible  jurídico.   

Por  eso  al  concluir  que  no obró con la  intención   de   obtener   un  provecho  ni  acudió  a  maniobras  engañosas,  “sino   que,   por  el  contrario  presentó  unos  documentos  que aunque contenían datos inexactos se  presumían           actos          administrativos          legales”,   no   hace   cosa   distinta   que  sustentarla  en  la  prueba  y  no  en estricto derecho, por lo que el reparo es  inadmisible.   

Ahora  bien,  cuando se denuncia un error de  hecho  por  falso  raciocinio  en  la  apreciación  de la prueba indiciaria, el  impugnante   debe   precisar   si  el  error  lo  predica   de  los  medios  demostrativos  del  hecho  indicador,  de la inferencia lógica o del proceso de  valoración  conjunta  al apreciar la articulación, convergencia y concordancia  de   los   indicios   entre   sí   y   de   éstos   con   los   demás  medios  probatorios.   

De  acuerdo  con  ello, el reparo es confuso  porque  si  bien es cierto la censura la dirige contra el proceso de valoración  conjunta   de   los   indicios,  omitiendo  precisar  si  se  relaciona  con  su  articulación,  convergencia o concordancia, luego advierte que está encaminada  a  controvertir  el  proceso  de inferencia lógica, impidiendo con esa forma de  proponerlo  identificar  la  naturaleza  del ataque formulado en el cargo             segundo.   

Cuando  el  error  corresponde al proceso de  inferencia  lógica,  el  censor  acepta  la  validez  del  medio  de prueba que  acredita  el  hecho indicante, procediendo enseguida a demostrar que el juzgador  se  apartó  de  las  leyes  de  la  ciencia, los principios de la lógica o las  reglas  de la experiencia, con señalamiento preciso del contenido quebrantado u  omitido, así como de su correcto entendimiento u operatividad.   

Pero si el equívoco se presenta en la labor  de  análisis  de  la  convergencia  y congruencia de los diversos indicios y de  estos  con  las  demás  pruebas,  o  en su fuerza persuasiva con ocasión de su  apreciación  conjunta,  al impugnante le corresponde establecer que el fallador  desconoció  las  reglas de la sana crítica, acreditando que la corrección del  error  denunciado  conduce  a  conclusiones  diversas  de  aquellas a las que se  arribó en el fallo atacado.   

Sin embargo, el casacionista desconoce tales  presupuestos  al  advertir  que  la  inferencia  del  Tribunal según la cual el  acusado   no   realizó   los   cursos  de  capacitación  y  participó  en  la  falsificación  de los documentos públicos es equívoca, porque el hecho de que  no  aparezca  relacionado en las resoluciones de la Junta de Escalafón Docente,  puede  indicar  “que  el  estudiante     no    fue    inscrito”  por error imputable a la desorganización y corrupción del centro  educativo,     de    modo    que    “Se  omitió  así,  entonces,  valorar  conjuntamente  los indicios  entre sí”.   

Desacierto que se evidencia aun más, cuando  señala  que  se  omitió  el análisis conjunto de la prueba porque el juzgador  tuvo  en  cuenta  únicamente  el oficio de la Secretaría de Educación, con lo  cual    vulneró   “el  principio  de  investigación  integral”.   

Así  mismo,  el  impugnante  señala que la  prueba  testimonial  muestra  que  el  acusado participó en los cursos y que la  elaboración  de  los  certificados  era  competencia  del  Centro  Experimental  Piloto,  para  luego  agregar  que la inferencia del Tribunal falla “en el proceso de valoración conjunta  de  los  indicios  y  las pruebas testimoniales, pues no articula debidamente su  razonamiento        con        los       testimonios       recibidos”,  haciendo  notoria  la  ausencia  de  técnica  en  el  desarrollo del cargo, al no precisar en qué consiste el error  en  la  inferencia  e  indebidamente  referirlo  a  un  defecto en el proceso de  valoración   conjunta   de   los   indicios   y   de   estos   con   la  prueba  testimonial.   

Esa  argumentación  revela  que  el  censor  quiere  anteponer su particular punto de vista al del Tribunal, en la medida que  se  ocupa  de  consideraciones  probatorias  ajenas  a este sede que no muestran  ningún  falso  raciocinio  en  la  apreciación  de  la prueba indiciaria, como  cuando  hace  afirmaciones  según  las  cuales la inexactitud o falsedad en los  certificados  son  responsabilidad  de  los funcionarios del Centro Experimental  Piloto   y   por  tanto  el  acusado  “no      incurrió      en     falsificación     alguna”  y,  el  desorden administrativo y la  corrupción    son    las    que    “explica[n]  que  no  apareciera  en  los  libros  de  la  Junta  de  Escalafón  Docente”, por  “está[r]  probado  con  inspecciones   judiciales   y  administrativas  que  miles  de  personas  fueron  afectadas”.   

Por  eso, expresiones tales como el Tribunal  “omitió    valorar  conjuntamente  los  indicios  entre sí”,    “se  equivocó  en  el  proceso  de valoración conjunta de los indicios y las demás  pruebas”  “el  juez  arribó  a  una conclusión  fáctica  desacertada”  y  “las   reglas   de  la  experiencia           son           completamente          ignoradas”,    dejan    al    descubierto   la  inconformidad  del  impugnante  con   la valoración probatoria hecha en la  sentencia y no porque exista el error denunciado.   

De  ahí  que  frente  al  delito  de estafa  señala   que   los   falladores  se  “valen  de  un  razonamiento  errado  con respecto al mérito de los  medios  probatorios”, que  la  inferencia  lógica  confunda  el  propósito de obtener incremento salarial  “con el objeto de acceder  a  una  beneficio  patrimonial  ilícito,  que  constituye  un  elemento  de  la  estafa”  y  que  si  los  jueces   “no  hubieran  incurrido  en  los  errores  de  hecho”  en  relación  con  la  falsedad  tampoco lo habrían hecho con la  estafa.   

Menos aún, cuando pide acatar como regla de  la  experiencia  una solicitud de un fiscal en otro proceso, por un caso similar  a  este,    concluyendo  que “los  graves  errores de hecho en la apreciación del mérito de los  medios    probatorios”  indican  una  “falta    de    certeza”    de   la   conducta   y   de   la  responsabilidad  del acusado en los hechos, dando al traste con la admisibilidad  del  reparo, puesto que la sentencia amparada en la doble presunción de acierto  y  legalidad,  impone  la  carga  al censor de desvirtuarla con la demostración  concreta de haber incurrido el juzgador en el error denunciado.   

La  Sala  inadmitirá  la  demanda  por  la  manifiesta  falencia de técnica, la cual no puede entrar a subsanar, corregir o  enmendar  en virtud del principio de limitación -artículo 216 de la ley 600 de  2000- y de la naturaleza rogada de la impugnación extraordinaria.   

Tampoco  dispondrá su trámite oficioso con  fundamento  en  la misma disposición, por cuanto de la revisión del proceso no  se  observa  la  afectación  o  vulneración de garantías fundamentales de los  sujetos procesales.   

En  mérito  de  lo  expuesto,   la   SALA   DE   CASACIÓN   PENAL   DE   LA   CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,   

RESUELVE  

Inadmitir la demanda  de   casación   presentada   por   el   apoderado  del  procesado  FABIO ENRIQUE USECHE MONTERO.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Notifíquese  y devuélvase el expediente al  tribunal de origen.   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                  FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO     

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ                                                     ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                        

MARIA    DEL    ROSARIO   GONZALEZ   DE  LEMOS                    AUGUSTO IBÁÑEZ GUZMÁN   

                                                  

JORGE        LUIS       QUINTERO  MILANÉS                                                 JULIO                                  E.                                  SOCHA  SALAMANCA               

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  abril  16  de 2010; folios 4, cdno original de  segunda instancia.   

2  Folios 95 a 100, cdno original 4.     

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