34755(06-07-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 34755  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº 225  

Bogotá, D. C., seis (6) de julio de dos mil  once (2011)   

VISTOS  

La  Corte  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de  Luis   Alberto  Lizarazo  Rodríguez   contra  la  sentencia  dictada  por  el  Tribunal Superior de Bogotá, el 3 de mayo de 2010,  mediante  la  cual  confirmó  la  proferida  por  el  Juzgado  Cuarto Penal del  Circuito  con  funciones de conocimiento de la misma ciudad, el 17 de febrero de  ese  año,  que  lo  condenó  como  autor  de la conducta punible de homicidio.   

HECHOS  

Fueron  sintetizados  por  el Tribunal de la  siguiente manera:   

“En  horas  de  la tarde del 17 de mayo de  2008,  frente  al  inmueble  ubicado  en la Calle 78 No. 102 A-06 de esta ciudad  capital  (Bogotá), cayó sin vida el cuerpo de EDWIN JAVIER ZÁRATE RUGE, quien  recibió  un  disparo  con  arma de fuego en su frente, luego de presentarse una  riña  entre  la  víctima y acusado, quien para la época fungía como sargento  de  la  policía,  y que vivía en la casa donde funcionaba un local comercial –  peluquería  -,  al que se acercó ZÁRATE en compañía de su novia DIANA PAÉZ  GAITÁN,  pidiendo  un  vaso  con  agua, el cual le fue negado al parecer por su  vestimenta  y  presentación  personal,  ya que se encontraba ingiriendo licor y  consumiendo pegante.   

“Estos  hechos  fueron  presenciados  por  una  menor  que  estaba  frente  a  la  casa donde se  presentó la reyerta, vecina del sector”.   

         

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  los anteriores hechos, la fiscalía  presentó  escrito  de  acusación  en  contra  de Luis  Alberto   Lizarazo   Rodríguez   por  el  delito  de  homicidio.   

2. Celebradas las audiencias preparatoria y  del  juicio  oral,  el  Juzgado Cuarto  Penal del Circuito con funciones de  conocimiento  de  Bogotá, el 17 de febrero de 2010, dictó sentencia de primera  instancia  en  la  que condenó a Luis Alberto Lizarazo  Rodríguez   a  la pena principal de 208 meses de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  término  de  10 años, como autor de la conducta  punible de homicidio.   

3.  Apelado el fallo por el  defensor,  el  Tribunal  Superior  de Bogotá, el  3  de mayo de 2010, al desatar  el recurso, lo confirmó en su integridad.   

Contra la anterior decisión, el defensor de  Lizarazo Rodríguez presentó  demanda de casación.   

S  Í  N  T  E  S  I S    D E  L    L I B E L O   

Al    amparo   de   la   “causal  tercera”  de  casación presenta  dos cargos, así:   

Primer cargo  

El  defensor  dice que el cargo principal lo  presenta  por  la  vía  de  la  causal  tercera  de  casación, “invocación  de  nulidad  a  la falta a un derecho de igualdad a las  partes en la audiencia del juicio oral”.   

Después  de reseñar el artículo 4° de la  Ley  906  de 2004, anuncia que en el presente trámite no se respetó el derecho  a  la  igualdad de las partes y, menos, con relación a la defensa, en la medida  en  que  sólo  se  tuvieron  en  cuenta los testimonios que desfavorecían a su  representado  para  proferir  sentencia  de  carácter condenatorio y no los que  rindieron    la    esposa    e   hija   de   Lizarazo  Rodríguez,   quienes   estaban   presentes   cuando  ocurrieron los hechos.   

Acota  que  su  teoría  del caso dentro del  trámite  del  juicio  oral  fue  la  de  plantear  la  causal  de  ausencia  de  responsabilidad  de  la  legítima  defensa,  pero no dio resultado, dado que el  Tribunal   no   hizo   un   estudio   “cuidadoso”  del material probatorio.   

Reitera  que  la causal en la que soporta la  censura  es  la  tercera  del artículo 181 de la Ley 906 de 2004, por cuanto se  desconocieron  las reglas de producción y apreciación de la prueba, recalcando  que  no hubo igualdad entre las partes frente a la actividad probatoria; de ahí  que  predique que hubo “ausencia de aplicación de la  ley sustancial”.   

Segundo cargo  

Acusa al Tribunal de haber violado, de manera  indirecta,  la ley sustancial “por error de hecho por  falso  juicio  en  cuanto  a  la  prueba  testimonial  de  Andrea Carolina Ramos  Morantes”.   

Anota  que  el  testimonio  de  la menor fue  cercenado   por   el   Tribunal,  lo  cual  condujo  que  se  concluyera  en  la  responsabilidad  de  su  procurado,  motivo por el cual trascribe los apartes de  esta versión que, en su sentir, no fueron tenidos en cuenta.   

Dentro  de  las múltiples aseveraciones que  hace  el libelista, afirma que la menor se encontraba a menos de 20 metros donde  sucedieron  los  hechos,  que  se tergiversó la prueba con relación a su   testimonio  y  que  la  deponente  no fue contundente, situación que lo lleva a  predicar  que    “demuestran  o  hacen ver  como   una   entrevista  arreglada  para  favorecer  a  la  víctima”,  para  lo cual procede a realizar una crítica probatoria de la  versión,  sin  dejar  pasar  por  alto  que  las instancias se apoyaron en este  testimonio,  el  cual  ponderaron,  sino  que  se  basaron  también en el de la  compañera  sentimental  de la víctima, cuyos contenidos fueron fusionados para  atribuir la conducta punible a su defendido.   

Luego de analizar el testimonio de Constanza  Pérez  Gaitán,  novia  del  occiso,  manifiesta  que  éstos eran personas que  buscaban  problemas  o  interrumpían la tranquilidad. Aduce que el argumento de  la   fiscalía,   según   el   cual,    Lizarazo  Rodríguez en su calidad de policía tenía qué saber  cómo  reducir  y  defenderse  ataques  sin  emplear  armas  de fuego, carece de  razón,  toda vez que una persona bajo la influencia de sustancias sicotrópicas  y alcohol se hace incontrolable.   

Expresa  que  lo  que  hizo su procurado fue  proteger  su  vida,  mostrando  su  arma  de fuego para  atemorizar  al  hoy occiso; empero, éste se abalanzó  contra  la humanidad de Lizarazo Rodríguez,  por  lo  que  ejerció  la  legítima  defensa, máxime cuando la  víctima  tenía  un  prontuario  judicial,  que la menor se encontraba diagonal al lugar donde sucedieron los  hechos y que la señora Pérez estaba en estado de alicoramiento.   

Recalca   que   el   Tribunal  no  valoró  completamente  los testimonios. Por tanto no se puede dar como probado, en grado  de  certeza,  la  participación  de  su  poderdante  como  autor de la conducta  punible.   

Después  de  enumerar los errores que, a su  juicio,  incurrió  el Tribunal al valorar el testimonio de la menor, insiste en  que  Lizarazo  Rodríguez   defendió  a  su  esposa  e  hija,  según  los  argumentos  expuestos anteriormente, yerros que conllevaron a que no se aplicara  el principio del in dubio pro reo.   

Por  lo  tanto  solicita a la Corte casar la  sentencia    impugnada    y,    en   su   lugar,   dictar   una   de   carácter  absolutoria.   

CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE   

1.   En el sistema procesal de 2004, la  casación  se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional y legal que  procede  contra  las  sentencias  dictadas  en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos  cuando  afectan  derechos  o  garantías  procesales.   

De  manera  que  se  puede  colegir que este  recurso  fue  concebido como control constitucional, dada la función que ejerce  la  Corte  Suprema  de  Justicia como Tribunal de Casación, según lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De acuerdo con lo que estatuye la citada Ley  906,  para  que la demanda sea admitida se requiere que el libelista, además de  contar  con  interés,   acredite  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,  para  lo  cual  también  deberá  formular  y  desarrollar  los  correspondientes   cargos   y,   por  supuesto, demostrar la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte  para  lograr  algunos  de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  Sala,  son  los  mismos  del  proceso  penal,  lo que explica que las  causales   de   casación   tengan   un   diseño   dirigido   a   lograr   esos  fines.   

Por    ello,    “el        recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que  por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la casación”.1   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con el debate fáctico y jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado  proceso,  razón por la cual no es procedente  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia adicional a las  ordinarias  del trámite, sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente  y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente  señalados   en   la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o  de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador,  procediendo a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia,  para de esa  manera  concluir  que  la  sentencia no es acorde con el ordenamiento jurídico,  cuya desvirtuación, se reitera, compete al libelista.   

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,  surge  nítido que el censor no cumplió con los anteriores presupuestos,  en  tanto  no  demostró  la existencia de los vicios que denuncia y, menos, los  conectó  con  los  fines  que  informan la casación, de acuerdo con el sistema  consagrado en la Ley 906 de 2004.   

No  obstante  lo  confuso de las censuras en  cuanto  a su enunciación, vale recalcar que la Sala ha puntualizado que si bien  la  acreditación  de la causal  segunda de casación es menos exigente que  la  demostración  de  las otras, lo cierto es que impone al demandante proceder  con  precisión,  claridad  y  nitidez  a  identificar la clase de irregularidad  sustancial  que  determina la invalidación, plantear sus fundamentos fácticos,  indicar  los  preceptos  que  considera  conculcados  y expresar la razón de su  quebranto,  especificar el límite de la actuación a partir del cual se produjo  el vicio, así como la cobertura de la nulidad.   

De  igual  manera,  al  casacionista compete  demostrar  que  procesalmente no existe manera diversa de restablecer el derecho  afectado  y,  lo  más  importante,  evidenciar que la anomalía denunciada tuvo  injerencia  perjudicial  y  decisiva en la declaración de justicia contenida en  el   fallo  impugnado  (principio  de  trascendencia),  dado  que  este  recurso  extraordinario  no  puede  fundarse  en especulaciones, conjeturas, afirmaciones  carentes de demostración o en situaciones ausentes de quebranto.   

De  otro  lado,  los errores en la actividad  probatoria  pueden  tener  como  génesis  yerros  de  hecho  o  de derecho. Los  primeros,  relacionados  con  la  contemplación  o  apreciación  del  medio de  prueba,  en tanto que se excluye un medio de convicción allegado validamente al  juicio  oral  o,  se supone otro que no desfiló en el debate, que se tergiversa  su  contenido  material haciéndose derivar una verdad que no emerge del mismo o  cuando  se  aprecia  en  abierta contrariedad con las reglas que rigen a la sana  crítica.   

En  cambio, el error de derecho se configura  en  dos momentos, a saber: cuando en el proceso de producción y aducción de la  prueba  se  desconoce el rito establecido en la ley que condiciona su validez, y  cuando  el  juzgador  al  valorar  la  probanza  se aparta de la tarifa legal de  pruebas o se inventa una que no regula la ley.   

Así mismo, en el punto de la postulación de  la  censura  el  actor  debe  enseñar  a la Corte la clase del error y el falso  juicio  que  lo  determinó.  De  igual  manera, respecto a la trascendencia del  vicio,  debe  evidenciar cómo los medios de prueba de haber sido incorporados y  valorados  correctamente,  necesariamente  el fallo habría sido favorable a los  intereses que representa.   

Y,  por  último, también debe indicar a la  Corte  cómo  el  citado  vicio incidió en la aplicación del derecho, esto es,  que  se  seleccionó  una norma que no era la llamada a gobernar el asunto   o,  que  se  excluyó  otra que sí resolvía todos los extremos de la relación  jurídico-procesal.   

En   lo   que   atañe   al   primer  cargo que el libelista postula, de  verdad  que  no  se  sabe  en  qué  causal de casación se apoyó, toda vez que  denuncia,  de manera simultánea, vicios de derechos y de actividad, avasallando  el  principio de autonomía, según el cual, al interior de un mismo cargo no se  pueden  mezclar  ataques  correspondientes  a  causales distintas, pues cada una  tiene  características  y  presupuestos  de  lógica  y  debida fundamentación  diferentes y producen diversas consecuencia jurídicas.   

La  Corte  arriba a la anterior conclusión,  habida  cuenta  que  el  libelista  invoca  la  transgresión  del  principio de  igualdad  de  las partes, lo cual se ve reflejado en el derecho de defensa, para  seguidamente  increpar  al  juzgador  por  no  haber  fundado  la  sentencia  en  testimonios  que  favorecían  a  su  procurado,  entre ellos, el de su esposa e  hija, quienes estaban presentes cuando se desarrollaron los hechos.   

De igual manera manifiesta que el Tribunal no  apreció  correctamente las pruebas que desfilaron en el juicio oral, público y  concentrado.  Y,  finalmente,  insiste  en  que  se  vulneró  el  principio  de  igualdad,   vicio   que   condujo  a  la  ausencia  de  aplicación de la ley sustancial”.   

Con    relación    al    segundo  cargo,  que esta vez presenta por  la  vía de la infracción indirecta de la ley sustancial, el actor se quedó en  el  simple  enunciado, por cuanto no presenta ningún argumento que permita a la  Corporación   inferir   en   qué   consistió   el   error   en  la  actividad  probatoria.   

En  efecto,  si bien es cierto que el censor  indica  que  la  prueba mal apreciada fue el testimonio de Andrea Carolina Ramos  Morantes,  también  lo es que las hipótesis argumentativas del reproche están  dirigidas  a  cuestionar  la  razones por la cuales las versiones de la esposa e  hija  del  acusado  no  fueron  aceptadas,  a  fin de reconocer que Lizarazo  Rodríguez  actuó en defensa de  su vida y la de sus familiares.   

En  esa  particular  labor  anuncia  que  se  tergiversó  el testimonio de Ramos Morantes, pero no da razones que lo llevan a  esa  conclusión,  máxime  cuando  el  discurso  lo  funda en que la entrevista  rendida  por ésta fue arreglada para favorecer a la víctima, que la novia y el  occiso  eran  personas  que  buscaban problemas o interrumpían la tranquilidad,  que   éste   tenía   prontuario   judicial   e  insiste  en  que  Lizarazo  Rodríguez actuó amparado en la  causal de ausencia de responsabilidad de la legítima defensa.   

Y,  por  último, reclama la aplicación del  principio de in dubio pro reo.   

Es  decir,  de  esa  amalgama  de argumentos  únicamente  se  evidencia  una  simple  disconformidad con el mérito dado a la  unidad  probatoria,  disparidad  de  criterios  que no constituye yerro para ser  postulado  en  casación,  a  menos que se transgreda las reglas que informan el  método de apreciación de la sana crítica.   

Así mismo, el censor desconoce que dentro de  la   actividad  probatoria,  el  sentenciador  debe  apreciar  en  conjunto  los  elementos  de  juicio  incorporados  al  trámite  del  juicio  oral, público y  concentrado,  y  no  de manera parcial como lo sugiere, sin que demuestre algún  vicio dentro  de esa labor.   

Por  tanto,  ante esa simple discrepancia de  criterios deviene la inadmisión de la demanda.   

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión   del   fallo impugnado o dentro de la actuación se violaron  los  derechos  o  las  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que tal  circunstancia  imponga  superar  los  defectos  del  libelo   para   decidir   de  fondo,   según  lo  dispone   el   inciso   3°   del   artículo  184  de   la  Ley  906 de  2004.   

Acotación final  

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir   la   demanda   de   casación  presentada  a  nombre  del  procesado  Luis    Alberto    Lizarazo   Rodríguez    procede el mecanismo de insistencia de conformidad con  lo  establecido  en  el artículo 186 de la Ley 906 de 2004, impera precisar que  como  dicha  legislación  no regula el trámite a seguir para que se aplique el  referido  instituto  procesal,  la  Sala  ha  definido las reglas que habrán de  seguirse       para       su       aplicación,2 como sigue:   

a)   La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Sala  decida  no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  ésta   reconsidere   lo   decidido.   También    podrá    ser   provocado   oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados  del Ministerio Público para la Casación   Penal   –siempre   que   el   recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por          el          Procurador          Judicial–,    el    Magistrado   disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya participado en los  debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)   La  solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

d)   El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  Luis Alberto Lizarazo Rodríguez.   

De   conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es viable la interposición del  mecanismo  de  insistencia  en  los  términos  precisados   atrás  por la  Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                           JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ           

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                        SIGIFREDO  ESPINOSA    PÉREZ                        

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          MARIA     DEL     ROSARIO    GONZÁLEZ    DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                                                                                                                   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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