35814(15-02-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 35814  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

          Magistrado  ponente:   

     FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO   

      Aprobado   Acta   No.  047   

Bogotá, D. C., quince (15) de febrero de dos  mil once (2011).   

V I S T O S :  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos y de debida argumentación de la demanda de casación  presentada  por  el  defensor  de  CLAUDIA PATRICIA MARTÍNEZ BECERRA, contra la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal Superior de Bucaramanga que confirmó la  dictada  por  el  Juzgado  Segundo Penal del Circuito de esa misma ciudad que la  condenó  como autora responsable de la conducta punible de falsedad material de  documento público agravada por el uso.   

1. HECHOS  

1.  Fueron  tratados  en el fallo impugnado,  así:   

“Aproximadamente  a  las 10:15 de la noche del 10 de septiembre de 2003 CLAUDIA PATRICIA MARTÍNEZ  BECERRA  y  dos  Agentes de la Policía adscritos al CAI Cañaveral pretendieron  inmovilizar  el vehículo de placas BVO 310 de Turbaco (Bolívar) que se hallaba  en  la residencia de Leonardo Herrera Anaya -ubicada en el apartamento 804 torre  1   del   conjunto   residencial   Cerros   del   Campestre   del  municipio  de  Floridablanca-,  basados  en el oficio 533 del 14 de febrero de 2002 proveniente  del  Juzgado  Segundo  Civil  Municipal  de  Floridabalanca -actualmente Juzgado  Catorce  Civil  Municipal  de Bucaramanga-, emitido dentro del proceso ejecutivo  radicado  a la partida 2000-1366, promovido por Gustavo Suárez Muñoz, mediante  la  cual  se  comunicaba a la Dirección de Tránsito de esta ciudad, el embargo  del  vehículo de placa BWO 310 -no BVO 310-, diligencia no registrada porque la  cuenta  del  automotor  estaba  a  nombre  de  otra  persona y en una oficina de  tránsito            distinta”.   

2. ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.  El  6  de  febrero  de 2006 la Fiscalía  Veintidós  de  Bucaramanga  profirió  resolución de acusación contra CLAUDIA  PATRICIA  MARTÍNEZ  BECERRA,  como  presunta  autora  del  delito  de  falsedad  material  en documento agravado por el uso. Si bien es cierto contra el anterior  pronunciamiento  el  defensor  de la acusada interpuso el recurso de apelación,  el  23  de  febrero siguiente fue declarado desierto por falta de sustentación,  proveído que cobró ejecutoria el 7 de marzo de 2006.   

2. Correspondió al Juzgado Segundo Penal del  Circuito  de  Bucaramanga  adelantar  el  juicio. Llevadas a cabo las audiencias  preparatoria  y de juzgamiento, el 9 de junio de 2010 condenó a la acusada a la  pena  principal  de treinta y seis (36) meses de prisión, inhabilitación en el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas y la profesión de abogada por un  período  igual  al  de  la sanción privativa de la libertad, y le concedió la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena por un periodo de prueba de  dos (2) años, por el delito objeto de la acusación.   

3.  Esa  providencia  fue  recurrida  por el  procurador  judicial  de  la  procesada  y  el  17  de  septiembre  de esa misma  anualidad,  el Tribunal Superior de Bucaramanga la confirmó, no sin antes negar  la  nulidad  impetrada  por éste, decisión frente a la cual el sujeto procesal  ya  referenciado  interpuso  y sustentó el recurso extraordinario de casación.   

4.  Surtidos  los trámites pertinentes, las  diligencias  fueron  remitidas  a esta Corporación el 2 de febrero de 2011, las  cuales  fueron  repartidas y asignadas al Despacho del Magistrado que funge como  ponente de esta decisión, el 9 de febrero siguiente.   

LA         DEMANDA:   

Con  fundamento  en  el  numeral  1°  del  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000,  acusó la sentencia del Tribunal de  vulnerar    la    ley   sustancial   “proveniente      de     un     error     de     derecho”,  el  cual  consistió  “en   la  aplicación  de  la  prueba  indiciaria”, soslayando de  paso  el  derecho  fundamental  al  debido  proceso,  defensa  y el principio de  favorabilidad.   

Adujo   que   lo  procedente  era  que  el  ad quem revocara el fallo de  primera   de  primera  instancia  al  no  establecerse  en  la  instrucción  la  “autoría  material  en  cabeza  de CLAUDIA PATRICIA MARTÍNEZ BECERRA, que como hoy así se denomina era  la  única  prueba  reina,  que  sería  el  efecto de la práctica del dictamen  pericial,  el  que  en este  caso   no   arrojó   resultados  positivo  de  encartamiento  penal”,  además  insistió que, tal como lo  puso  de  presente  al  momento  de  sustentar  el  recurso  de  apelación,  la  actuación  penal  debió adelantarse bajo los postulados de la Ley 906 de 2004,  que no permite fundamentar la sentencia en prueba indiciaria.   

Solicitó  se  case  la  sentencia,  y en su  lugar, se profiera un fallo absolutorio.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

          1.  La  casación  es un medio extraordinario de impugnación y, por  tanto,  no  constituye  sede  adicional  para  prolongar  el  debate  probatorio  cumplido  en  las  instancias  ordinarias  y  concluido  con el fallo de segundo  grado,  por  el contrario, exige para la admisión de la demanda el cumplimiento  de  específicos  requisitos  formales  orientados  a  demostrar a través de un  juicio  técnico  jurídico  que  en la declaración de justicia allí contenida  -la  cual  llega  a  esta  sede  amparada  de  la  dual presunción de acierto y  legalidad-,  se  incurrió  en  errores  de  hecho  o  de  derecho ostensibles y  relevantes  o  se  profirió  en  un  juicio viciado, ocurrencias una y otra que  reclaman para sí el necesario correctivo.   

Las  reglas establecidas en artículo 212 de  la  Ley  600  de  2000  para  la  elaboración  del  libelo  son  de  ineludible  cumplimiento  y  cuando  se  soslayan  aquéllas  relacionadas  con  la adecuada  formulación  de  los  cargos  y  se  omite indicar con la claridad y precisión  debidas  sus  fundamentos,  la consecuencia procesal inmediata no puede ser otra  que             su            inadmisión1.   

2. Este marco teórico permite afirmar que si  bien  el  censor  acertó en la demanda identificar los sujetos procesales,  sintetizar   los  hechos  juzgados  y  relacionar  brevemente  los  antecedentes  procesales,  desatendió los principios que regulan el recurso extraordinario de  casación  orientados  a  conjurar confusiones argumentativas y conceptuales que  puedan entorpecer el entendimiento de la propuesta.   

3.  Las  siguientes  son las falencias de la  demanda  que  impiden  tener por cumplida la exigencia referida a la indicación  clara   y   precisa   de   los   fundamentos   del  cargo  único  formulado,  a  saber:   

          3.1.  Si  bien  en  la  parte  final  del libelo señaló las normas  sustanciales  supuestamente  transgredidas,  omitió  precisar  si lo fueron por  falta de aplicación o aplicación indebida.   

3.2.  Cuando se denuncia  la violación  indirecta  de la ley sustancial por error de derecho -que fue el yerro propuesto  por  el  censor-,  pasó  por  alto  que  esta clase de desaciertos entrañan la  apreciación  material de la prueba por el juzgador, quien la acepta no obstante  haber  sido  aportada al proceso con violación de las formalidades legales para  su  aducción,  o  la  rechaza porque a pesar de estar reunidas considera que no  las  cumple  (falso  juicio  de  legalidad);   también,   aunque   de   restringida   aplicación  por  haber  desaparecido  de  la  sistemática procesal nacional la tarifa legal, se incurre  en  esta  especie  de  error  cuando  el  juez desconoce el valor prefijado a la  prueba   en   la   ley,   o   la  eficacia  que  esta  le  asigna  (falso juicio de convicción).   

3.3. Ninguna precisión hizo el demandante al  respecto,  limitándose a expresar que el yerro de derecho se deriva de la   “apreciación    y  aplicación….   de  la  prueba            indiciaria”,  pasando a un desacierto de valoración  propio  de  la  violación  indirecta  de  la  ley sustancial por error de hecho  derivado  de  falso  raciocinio,  sin que frente a este aspecto indicara cuál o  cuáles   fueron   las   pruebas  sobre  las  cuales  los  jueces  de  instancia  desatendieron   las   reglas  de  la  sana  crítica  en  su  valoración  y  la  trascendencia del desafuero en el sentido del fallo.   

          3.4.  Si  su intención era alegar que se desconocieron sus derechos  fundamentales  al  debido  proceso y defensa, dejó el reproche en el enunciado,  pues  no  demostró  de qué manera se haya desconocido la estructura del debido  proceso  o  la  garantía  debida  a  cualquiera  de  la  partes,  toda  vez  la  investigación  y  el  juicio fueron adelantados por los funcionarios judiciales  competentes,  quienes  ajustaron  su  proceder  a derecho, habida cuenta que los  hechos  investigados  ocurrieron  en el 2003, esto es, en vigencia de la Ley 600  de  2000,  y  contrario  a  lo  señalado por el libelista, no es cierto, que el  indicio  haya desaparecido del sistema probatorio colombiano, como se verá más  adelante,   además   siempre   estuvo   asistida   por   un   profesional   del  derecho.   

3.5. En cuanto a la aplicación del principio  de  favorabilidad,  previsto en el artículo 29 de la Constitución Política el  cual  establece  que  “la  ley   permisiva   o  favorable,  aun  cuando  sea  posterior,  se  aplicará  de  preferencia  a  la restrictiva o desfavorable”, tampoco  se  advierte  cómo en la sentencia objeto de queja se haya quebrantado, además  que  se  abstuvo  de  acreditar la existencia de disposiciones que choquen entre  sí,  máxime  cuando  dicho postulado cumple la función de resolver conflictos  en  la  aplicación  de las leyes en el tiempo cuando éstas coexisten de manera  simultánea, que no es el caso planteado por el actor.   

El ad quem, frente al tema planteado le puso  de presente al recurrente que:   

“…carece  de  sustento  lo  expuesto  por  el recurrente, quien se atrevió a descalificar los  argumentos  del  a quo porque acudió a las reglas de la experiencia y a través  de  un  proceso  mental  acreditó  la   existencia  de  indicios graves de  oportunidad  para  delinquir,  obtención  del beneficio propio, de mentira y de  responsabilidad,  procedimiento  que  no  se  separa  del sistema de valoración  probatoria  reconocido  por  la  Ley  600  de 2000 y la Ley 906 de 2004, pues no  existen  diferencias  entre  dichos  conjuntos  normativos,  ni  preeminencia  o  favorabilidad  respecto  de  la  prueba  indiciaria,  lo cual indica que ante la  ausencia  de  algún  aspecto sustancial o procesal más favorable al enjuiciado  en  el  nuevo  ordenamiento  jurídico,  la  ley aplicable es aquella vigente al  momento  de  ocurrir los hechos -en el 2003-, a saber, la Ley 600 de 2000 y, por  lo  anterior,  en  estricta  aplicación  del  debido  proceso se concreta en el  respeto de las reglas propias de cada juicio.   

(…)   

En ese orden de ideas, la Sala avisora que no  existió  ningún  desconocimiento por parte de la juzgadora de primer grado del  principio  de  favorabilidad,  y en consecuencia, no existió quebrantamiento al  conjunto   de   garantías   constitucionales   establecidas   a   favor  de  la  procesada.   

3.6. Además, contrario a lo señalado por el  demandante  la sana crítica o persuasión racional es  el  sistema  de  valoración probatoria adoptado por el legislador colombiano de  20042,  método que no ha sido extraño a las codificaciones precedentes  porque,  por  ejemplo,  los  Códigos  de  Procedimiento Penal de 1991 y 2000 lo  recogieron  en sus artículos 254 y 238, respectivamente, y el estatuto procesal  civil que desde 1971 lo consagró en su artículo 187.   

La Sala ha dicho que  

La  sana  crítica  impone  al  funcionario  judicial  valorar la prueba contrastándola con los restantes medios, y teniendo  en  cuenta  la  naturaleza  del  objeto  percibido,  el estado de sanidad de los  sentidos  con  los  que  se  tuvo  la  percepción, las circunstancias de lugar,  tiempo  y modo en que se percibió y las singularidades que puedan incidir en el  alcance de la prueba examinada.   

El  examen  probatorio,  individual  y  de  conjunto,  además  de los criterios señalados, acude a los supuestos lógicos,  no  contrarios  con la ciencia, la técnica ni con las reglas de la experiencia,  para  inferir  la  solución  jurídica  que  la  situación  examinada amerita.   

En  consecuencia,  el  razonamiento  para  determinar  en  un proceso penal si un hecho dado ocurrió o no (facticidad), y,  en  la  primer  eventualidad,  las  posibilidades en que se ejecutó, solo puede  apoyarse  en  premisas  argumentativas  que  apliquen  las  reglas  de  la  sana  crítica,  en  los  términos  que  vienen  de  explicarse,  no  a través de la  personal   o   subjetiva   forma   de  ver  cada  sujeto  la  realidad  procesal  examinada3.   

3.7. Las   inferencias   lógico-jurídicas  a  través  de  operaciones  indiciarias  son  pertinentes  dentro  de  la sistemática procesal vigente para  permitirle     al     juez    un    “convencimiento  de  la responsabilidad penal del acusado, mas allá  de     toda    duda”  (Ley  906 de 2004, artículo 7°), que cuando ello se  alcanza   le   permitan   proferir   sentencia  de  condena  en  contra  de  los  acusados.   

La  prueba  indiciaria  surge  de  un hecho  indicador,  probado  en  el  proceso,  del  cual  el  operador  judicial infiere  lógicamente  la  existencia  de otro, es decir, el indicio es un hecho conocido  del  cual  se  deduce  otro  desconocido.  Así  pues, la operación del juez al  encontrarse  con  un indicio, consiste en tomar el hecho demostrado y analizarlo  bajo  las  reglas  de  la  experiencia  y de la lógica, para que como resultado  aparezca  la  conclusión  lógica  que  se  está buscando. Dicho de otro modo:   

Todo  indicio  se configura a través de un  hecho   indicador   singularmente  conocido  y  probado,  un  hecho  indicado  a  demostrar,  el que a través de un proceso de inferencia lógica permite deducir  la  autoría,  responsabilidad  o  las  circunstancias  en  que  se  ejecutó la  conducta                   punible4.   

La atribución de eficacia probatoria a los  indicios,  como  ocurre  con los medios de convicción en general, depende de su  confrontación  o cotejo con el conjunto del acervo probatorio y de su gravedad,  concordancia,   convergencia   y  relación  con  las  pruebas  que  hayan  sido  recolectadas      en      el     juicio     oral5.   

3.8. Quien  promueve  demanda de casación tiene una carga argumentativa  diversa  que  depende  de la orientación del ataque que dirige contra la prueba  de indicios. En este sentido tiene dicho la Sala que   

i).  Si  el error radica en la apreciación  del  hecho  indicador,  dado que necesariamente éste ha de acreditarse con otro  medio   de   prueba   de   los   legalmente   establecidos,  ineludible  resulta  postular   si  el  yerro  fue  de  hecho  o  de  derecho, a qué expresión  corresponde, y cómo alcanza demostración para el caso;   

ii).  Si el error se ubica en el proceso de  inferencia  lógica,  ello  supone partir de aceptar la validez del medio con el  que  se  acredita  el  hecho indicador, y demostrar al tiempo que el juzgador en  la   labor  de  asignación del mérito suasorio se apartó de las leyes de  la  ciencia,  los principios de la lógica o las reglas de experiencia, haciendo  evidente  en  qué  consiste  y  cuál  es  la operancia correcta de cada uno de  ellos, y cómo en concreto esto es desconocido. Y,   

iii) Si el yerro se presenta en la labor de  análisis  de  la  convergencia  y congruencia entre los distintos indicios y de  éstos  con  los  demás  medios,  o  al  asignar  la  fuerza demostrativa en su  valoración  conjunta,  es  aspecto  que  no  puede  dejarse  de  precisar en la  demanda,  concretando  el  tipo de error cometido, demostrando que la inferencia  realizada  por  el  juzgador  transgrede  los  postulados de la sana crítica, y  acreditando  que  la  apreciación  probatoria  que  se propone en su reemplazo,  permite   llegar  a  conclusión  diversa  de  aquella  a  la  que  arribara  el  sentenciador.   

3.9. El anterior recuento conceptual permite  señalar  que  carece  de razón el casacionista cuando descalifica la sentencia  del  Tribunal Superior, toda vez que al haberse alterado el contenido del oficio  No.  533  del  14  de febrero de 2003 -una letra de la placa del automotor allí  descrito-  suscrito  por  la  Secretaria  del Juzgado Segundo Civil Municipal de  Floridablanca,  Santander, en el proceso ejecutivo promovido por Gustado Suárez  Muñoz  y  las  inferencias  lógicas  que  se  hicieron  a  partir de ese hecho  demostrado,  permite  afirmar  sin  lugar  a duda que CLAUDIA PATRICIA MARTÍNEZ  BECERRA   es   responsable   del   delito   que   dio   lugar   al   pliego   de  cargos.   

3.10.   En  el  caso examinado si se entiende que el ataque se  dirige  contra  la  prueba  indiciaria,  la  que en parte sirve para edificar la  sentencia,  es evidente que no se logró acreditar por el recurrente el error de  derecho.   

4.  La  inconformidad del demandante con los  razonamientos  que llevaron a los jueces de instancia a inferir certeza sobre la  autoría  y  responsabilidad  de  su  prohijada  en  el  delito  por el cual fue  finalmente  condenada,  con el propósito de que la Corte escoja su criterio por  encima   del  expuesto  por  el  ad  quem,  lleva  a  una  tarea  de  improcedente  acogida  en  esta sede en  atención  a  que  los  fallos  de  instancia  llegan  precedidos  de  la  doble  presunción de legalidad y acierto.   

5.  Lo  que  sí  se  observa al examinar la  providencia  del  Tribunal  es  un  amplio,  detallado y completo estudio de los  hechos  juzgados  y  de la prueba aportada al proceso, motivo por el cual carece  de sustento material el planteamiento expresado por el libelista.   

6.  La  falta  de  claridad  en la propuesta  impugnatoria  se  evidencia  en  la  carencia  de  concreción  de  los  errores  probatorios  que  denuncia  y  los  medios sobre los que recaen, no demuestra su  incidencia  definitiva  en el proferimiento del fallo ni cómo su corrección en  sede  extraordinaria  daría  lugar  a  modificar  el  sustento  fáctico  de la  sentencia,   y,   en   consecuencia,   a   adoptar   una  decisión  en  sentido  sustancialmente  distinto  y  opuesto  al  de  la  ameritada,  con  lo  cual, en  últimas, queda sin demostración la violación de la ley.   

7.  Lo  anterior  significa  que  la demanda  presentada   por   el  actor  se  ofrece  inepta  y  hace  inviable  el  recurso  extraordinario,  de  manera  que  al no cumplir los requisitos de contenido y de  fundamentación,  de  conformidad  con  lo establecido en el artículo 213 de la  Ley  600  de  2000,  se inadmitirá y se devolverá el expediente al despacho de  origen,  siendo  de  añadir  que  tampoco  se advierte violación alguna de los  derechos  fundamentales  de  la procesada como para habilitar el ejercicio de la  facultad oficiosa a que se refiere el artículo 216 ibídem.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

Primero:  NO  ADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de CLAUDIA PATRICIA MARTÍNEZ BECERRA.   

Segundo:  ADVERTIR  a  que  contra  la  presente decisión no procede recurso alguno.   

Cópiese, notifíquese y cúmplase  

JAVIER DE J. ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                 FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

SIGIFREDO     DE     J.     ESPINOSA  PÉREZ                                  ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARIA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                   AUGUSTO                                J.                               IBÁÑEZ  GUZMÁN                           

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                         JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                    

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria.  

    

1 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, Auto del 13 de julio de 2005,  radicado 23.889.   

2  Véase  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  sentencia de  casación, 30 de marzo de 2006, radicación 24468.   

3 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, sentencia de casación, 25 de  mayo de 2005, radicación 21068.   

4 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, auto de 5 de octubre de 2006,  radicación 25582.   

5 En el  mismo  sentido  pero respecto del proceso civil, Corte Suprema de Justicia, Sala  de Casación Civil, Sentencia de 3 de marzo de 1984.     

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