34578(09-03-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 34578  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

APROBADO ACTA Nº. 78  

Bogotá,  D.C., nueve (9) de marzo de dos mil  once (2011).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

La  Sala examina los presupuestos jurídicos,  lógicos  y  argumentativos  expuestos  por  el  señor  apoderado  de  la parte  civil, con el fin de resolver  sobre  la  admisión de la demanda de casación promovida contra la sentencia de  segunda  instancia de fecha 17 de febrero de 2010, dictada por la Sala Penal del  Tribunal  Superior  de  Santiago  de  Cali,  que  confirmó  la proferida por el  Juzgado  9 Penal del Circuito de la misma ciudad, a través de la cual absolvió  a  Saúl  Salcedo Rincón, de  los   cargos   que   por   el  delito  de  homicidio  culposo  le  habían  sido  elevados.   

HECHOS  

El 22 de agosto de 2003, sobre la vía que de  Dagua  conduce  a  Cali,  kilómetro  45  +  322  metros, fue arrollado el joven  ciclista  Diego  Mauricio  Ordóñez  Burbano, quien perdió la vida en el acto,  por  el  camión  de placas VPA-007 conducido por Saúl  Salcedo Rincón.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Mediando  diligencia de levantamiento del  cadáver  correspondiente  al menor Diego Mauricio Ordóñez Burbano1,  el  22  de  agosto  de  20032  la  Fiscalía 155 Seccional, dispuso la apertura de instrucción y  la  vinculación  mediante indagatoria de Saúl Salcedo  Rincón3.   

2.  Por resolución del 14 de agosto de 2006  el  órgano  instructor  lo  llamó  a juicio como presunto autor del punible de  homicidio  culposo,  tipificado  en  el  artículo  109, agravado, por la causal  segunda  del  artículo 110 del Código Penal de 20004.   

3.   Recurrida  esta  providencia por la  defensa,  fue  confirmada  con  resolución  del  18  de  octubre  de 2007 de la  Fiscalía  Delegada ante el Tribunal Superior de Cali5.   

4.   El 15 de julio de 2009 el Juzgado 9  Penal   del   Circuito   de  Cali  profirió  sentencia  absolutoria6.   

4. La decisión fue apelada por la parte civil  y  confirmada  el  17 de febrero de 2010 por la Sala Penal del Tribunal Superior  de  la misma sede7.   

LA DEMANDA  

El señor apoderado de la parte civil formula  dos  cargos, con fundamento  en  la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  violación  indirecta,  conforme  al  artículo  207 del Código de Procedimiento Penal; previo a su desarrollo invoca  la  casación  por  la vía excepcional en aras a la protección de los derechos  al debido proceso y al acceso a la administración de justicia.   

Primer    cargo.    Falso    juicio   de  identidad.   

Normas aplicadas indebidamente: artículos 1,  2,  29  y  229  de la Constitución Política, 25 de la Convención Americana de  Derechos  Humanos,  18  de  la Declaración Americana de Derechos Humanos, 238 y  287  de  la  Ley 600 de 2000, 149 de la Ley 769 de 2002; inaplicadas: artículos  109 a 112 de la Ley 769 de 2002 y 109 y 110 del Código Penal.   

El  reproche  lo  finca  en el testimonio del  único    testigo    Alberto    Castillo    Rengifo   y   en   el   Informe   de  Tránsito.   

Frente al primero, y previa transcripción de  apartes  del  mismo,  destaca que el juzgador suplantó y seccionó lo expresado  por  el  declarante, lo que se concretó en la respuesta subjetiva emitida en la  sentencia     “luego  entonces,  pudo  suceder  que  del  susto  no  pudo  maniobrar su bicicleta y se  desplazó  hacia  el  mismo lado por donde transitaba el camión, lo que motivó  la   colisión8”;  se  hace necesaria la intervención  de  la  Corte, toda vez que la versión es coherente, no se muestra vacilante ni  contradictoria,  ofrece  información detallada de las circunstancias de tiempo,  modo  y lugar en que ocurrió el hecho.  Concluye:   “para indicar  con  claridad  que  el  vehículo   se ahorilló  (sic)  y  encerró  al  menor ciclista con las consecuencias fatales9”.   

En  lo  que  tiene  que ver con el Informe de  Tránsito       número       93-0007938,       lo       acusa      –igual-  de  haber  sido  distorsionado  por cercenamiento y tergiversación en su contenido,  pues  en  su  sentir,  y  contraviniendo  lo  afirmado por el Tribunal, el mismo  “sí  permite  afincar,  -como  se viene alegando-, certeza de la infracción por parte del procesado del  deber  objetivo  de  cuidado, quien con su obrar imprudente y transgresor de las  normas  de  tránsito  causó  el  fatal  accidente10”.   

El casacionista destaca que la inexistencia de  causa  probable  a  la  que  hace referencia el informe de tránsito, alude a la  bicicleta  y  no  al  vehículo  automotor,  y  que  esta es la lectura que debe  hacerse  al  documento conforme a la Resolución número 004010, del 22 de marzo  de 2002, expedida por el Ministerio de Transporte:   

“…acápite de  causas  probables,  establece  que  es  al  vehículo que haya aportado la causa  probable  del  accidente al que se le consignará en su casilla correspondiente,  y  en  el  caso concreto es claro que como el vehículo que aportó la causa del  accidente    emprendió    la   huida,   no   pudo   ser   relacionado   en   el  informe11”.   

El  juzgador desconoció su valor probatorio,  pues  de  los  dos medios reseñados se desprende que el acusado adelantó en un  trayecto   de   curva   señalizada  con  doble  línea  continua,  cerrando  al  ciclista12:   

“…el hecho se  presentó  por  atropellamiento  en  una  curva  de doble sentido, demarcada con  doble    línea    central    continua    y    línea    de    borde…”.   

Finalmente,  destaca que este medio de prueba  fue  legalmente  producido  y  aducido  al  proceso,  suscrito  por  un servidor  público,  de donde se presume su autenticidad, por lo que se hace necesario por  la Corte corregir el yerro en que se incurrió.   

Segundo   cargo.    Falso  juicio  de  existencia por omisión de valoración de la prueba indiciaria.   

El Tribunal omitió valorar los  indicios  graves  de  responsabilidad  que  reposaban en contra del conductor, tales como:   

i)  Alejarse  del  lugar:  el  sujeto  causante del siniestro -tal como se desprende del informe de  tránsito- huyó del sitio.   

ii)  Tratar  de  ocultar  la  evidencia:  el camión fue ubicado posteriormente por agentes de la  Policía,   a   través  de  los  datos  suministrados  por  el  único  testigo  presencial,   momentos   en   que   sus   ocupantes   trataban   de   cerrar  la  carpa.   

iii)   Las  manifestaciones  incoherentes y mentirosas del sindicado en la indagatoria, pues  en  tanto  sus  acompañantes  manifestaron  que  su  presencia  obedecía a que  venían  a  cargar chocolates, aquél informó sobre una carga distinta: afrecho  de arroz o de cebada.   

Estos  indicios  llevan  al  casacionista  a  concluir  que13:   “si  el  inculpado  Saúl  Salcedo,  no  suministró  explicaciones  satisfactorias de su  presencia  en  el sector, ni durante la actuación penal hizo nada por demostrar  algunas   de   sus   inaceptables,   ambiguas,   inventadas   y   mendaces   sic  manifestaciones  es  lógico  que con su actuar erigió el andamiaje que sostuvo  la  plataforma donde camufló su conciencia de culpabilidad por haber infringido  el  deber objetivo de cuidado que le obligaba su actividad peligrosa de conducir  un  vehículo automotor, cuando de manera imprudente y vulneradora de las normas  de  tránsito  optó  por  adelantar  y  en  esa maniobra cerrar al ciclista que  sobrepasaba  en  un  tramo de vía que prohibía dicha acción como se desprende  de   los   medios   de   prueba   tratados   en   el   primer  cargo”.   

Peticiona,  casar  por  vía  excepcional  la  sentencia  de  segunda  instancia,  para  en  su lugar, dictar la que en derecho  corresponda  y  aplicar  debidamente  los  artículos  1,  2,  29  y  229  de la  Constitución  Política,  25  de la Convención Americana de Derechos Humanos y  18   de   la   Declaración   Americana   de   los   Derechos   y   Deberes  del  Hombre.   

LAS CONSIDERACIONES  

1.       Parte     civil.   Legitimidad.   

En  el  presente  asunto,  fácilmente  se  advierte  que  pleno  interés  le  asiste al señor apoderado de la parte civil  para  acudir  al  recurso  extraordinario  de casación, por cuanto, de un lado,  apeló  la  sentencia  de  primera  instancia,  y  de  otro, porque la decisión  absolutoria  afectó  sus intereses en forma desfavorable en la medida en que se  ve    frustrada    su    posibilidad    de    obtener    verdad,    justicia   y  reparación.   

2.  De la inadmisión.  

De  conformidad  con  el  artículo  213  del  Código  de Procedimiento Penal de 2000 la Sala inadmitirá la demanda porque no  reúne   las   exigencias   previas   del  artículo  212  del  mismo  Estatuto.   

Las razones son las siguientes:  

1.   Casación   discrecional.   

i)  En  el  caso  analizado,  el  recurso de  casación  procedía  por  la  vía  excepcional,  no  la  ordinaria  o  común,  situación  que  si bien fue advertida por el casacionista, se quedó en su mera  enunciación,     pues     no    se    ocupó    de    demostrar    –lo      que      le     resultaba  forzoso-  su  necesidad.  En efecto, el artículo  205  del  Código  de  Procedimiento Penal del 2000 habilita la casación común  contra las sentencias.   

“proferidas en  segunda  instancia  por los tribunales superiores de distrito judicial… en los  procesos  que  se  hubieren adelantado por los delitos que tengan señalada pena  privativa   de  la  libertad  cuyo  máximo  exceda  de  ocho  años”.   

La  acusación y las sentencias adecuaron el  comportamiento  al delito de homicidio culposo, previsto en el artículo 109 del  Código  Penal14,  que  tiene  señalada  una pena de prisión de dos (2) a seis (6)  años,  conforme  a  los cargos elevados en la resolución de acusación. De tal  manera   que   no   era   admisible   la   casación  común.   

ii)  La  única  posibilidad  de  acudir  al  recurso    extraordinario    era    a    través   de   la   vía   discrecional      o      excepcional.   Esa  institución  se  encuentra  regulada  en  el  inciso 2° del artículo 205 procesal citado, de la  siguiente forma:   

“De  manera  excepcional,  la  Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, discrecionalmente,  puede  admitir  la  demanda  de casación contra sentencias de segunda instancia  distintas  a las arriba mencionadas, a la solicitud de cualquiera de los sujetos  procesales,   cuando   lo   considere   necesario   para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia   o   la  garantía  de  los  derechos  fundamentales”.   

Del  mandato  legal  deriva  que para que la  Corte   pueda  admitir  la  impugnación,  se  impone  que  el  sujeto  procesal  inconforme  presente los argumentos jurídicos a través de los cuales demuestre  que  acceder  a  su  pedido interesa para que la Corporación se pronuncie sobre  uno   de   los   presupuestos  allí  reglados:  para  desarrollar  la  jurisprudencia nacional o para     garantizar    los    derechos    fundamentales.   

iii) El demandante, al interponer el recurso  se  limitó  a  hacer alusión a la vía excepcional. La Sala de Casación Penal  ha  admitido, por excepción, que cuando quiera que el recurrente no invoque esa  especie  de  la  casación,  el  requisito  puede  tenerse  por  superado si del  contexto  del  libelo surge alguna de las vías que posibilitan el estudio de la  Corte.   

Esa  no es la hipótesis del caso estudiado,  en  tanto  la  totalidad  del  escrito  de  sustentación  constituye,  única y  exclusivamente,  el  entendimiento  del señor apoderado de la parte civil sobre  la forma en que ha de fallarse el proceso.   

El impugnante no presenta argumentos sobre la  necesidad  de un pronunciamiento de la Corte en uno de los dos sentidos a que se  refiere  el  artículo  205  procesal; no prueba la vulneración a una garantía  superior,  ni  la  necesidad  del desarrollo de la jurisprudencia. Y la Sala, en  virtud   del   principio  de  limitación,  no puede suponer los aspectos que harían viable la admisión del  libelo, circunstancia que lleva a su inadmisión. Adicional a ello:   

Si el demandante invocó como norma violada el  artículo  29  de la Constitución Política, la técnica manda que en principio  debió  atacarse  el extraordinario -bajo la égida de  la  Ley  600 de 2000- por la senda de la causal tercera  del artículo 207 del Código de Procedimiento Penal.   

Y  es que, la contradicción es patente, pues  simultáneamente  se  reclama  fallo  de  reemplazo  (esa  es la consecuencia de  invocar  la  violación  indirecta)  y  retrotraer  el trámite (solución a las  faltas  al debido proceso), posturas que por repelerse no pueden ser presentadas  en el mismo cargo, sino separada y subsidiariamente.   

Esa irregularidad por sí sola daría lugar a  la inadmisión de la demanda.   

iv)  En  el  supuesto  de que se obviase ese  presupuesto  necesario,  el  rechazo,  igual  devendría  como  única solución  posible.   

2. El censor no cumplió con las exigencias  lógicas     y     argumentativas     reclamadas     por    la    ley    y    la  jurisprudencia.   

i)  No satisfizo en lo más mínimo los  requisitos  formales para la presentación de la demanda: si bien se refirió al  primer  motivo  de  casación  y  escogió la vía indirecta, error de hecho por  falso  juicio  de  identidad,  faltó  a  la técnica, pues señaló como normas  infringidas  los  artículos  238  y 287 del Código de Procedimiento Penal (Ley  600  de  2000),  preceptos  que  lejos  están  de ser considerados de carácter  sustancial.   

ii)  Lo presentado como yerro no es más que  su  particular  percepción  de  la  forma  en  que  ha  debido  ser  fallado el  proceso.   

Ese  ejercicio,  eventualmente,  puede  ser  admisible  en  sede  de  las dos fases que conforman la estructura básica de un  proceso  como  es  debido,  pero  es  extraño en la del recurso extraordinario,  precisamente  por  esta  condición, que lo descarta como una tercera instancia,  en  donde la Corte no cumple como un superior funcional de los jueces llamados a  dirimir los conflictos entre los asociados.   

Así,  la  casación constituye un juicio de  legalidad  contra  la  sentencia  del  Tribunal,  si  se demuestra que de manera  frontal,  patente  o  manifiesta,  ha  desconocido  la  Constitución  o la ley,  verificación  que  se  logra  exclusivamente  con  la  indicación  y prueba de  precisos  errores,  lo que no sucedió en este caso. Cuando la sentencia llega a  la  Sala  de  Casación  Penal se encuentra cobijada por la doble presunción de  acierto  y  legalidad,  como  que  válidamente  puede inferirse que hubo muchas  oportunidades  para  que  los  jueces,  ya  de  oficio, ora por petición de los  sujetos   procesales,   corrigieran  las  irregularidades  que  hubiesen  podido  cometerse.   

En  ese  contexto,  es  carga del impugnante  derruir  esa  doble  presunción,  lo  cual no puede hacer a través de posturas  subjetivas,  sino  con  la  indicación  y demostración precisa de específicos  errores cometidos y su trascendencia en el sentido de la decisión.   

iii)   En  su  planteamiento entremezcla  diversas  formas  de  ataque  al  interior  de un único reparo: falso juicio de  identidad      –el  elegido-     y     de    raciocinio    –el       argumentado-,  pues  no  obstante  anunciar  ataque  por  vía  del  primero, e  inobservando  de  esta  forma  el  principio  de  autonomía  de  los  cargos en  casación,   parte   de   su   argumentación   pretendió   efectuarla  por  el  segundo.   Una  muestra  de  ello  es  cuando  se ocupa de emitir su propia  valoración    del    testimonio   de   Alberto   Castillo   Rengifo15:   

“…pues  este  medio  de  prueba,  además de contener detalles de las circunstancias del hecho  como  se  observa de la transcripción hecha; es  coherente y no vacilante,  ni  contradictorio  en  sus términos para indicar con claridad que el vehículo  se  ahorilló  (sic)  y encerró al menor ciclista con las consecuencias fatales  conocidas dentro del proceso…”   

“…Respecto del  Informe  de  Tránsito (…)  Este  elemento  material  de  prueba  de  tipo  documental,  titulado Informe de  Accidente,  en  contraposición  con  lo  planteado  por el ad quem, sí permite  afincar,  -como  se  viene  alegando-,  certeza  de la infracción por parte del  procesado  del  deber  objetivo  de  cuidado,  quien  con  su obrar imprudente y  transgresor  de  las  normas  de tránsito causó el fatal accidente16”.   

El  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad   se   presenta   a   través   de   tres   formas:  (i)  por  cercenamiento:  cuando al aprehender  su  contenido  se prescinden o suprimen aspectos sustanciales; (ii) por  adición: si se le agregan, anexan o  complementan  cuestiones ajenas al texto, y, (iii) por  distorsión:  siempre que se tergiversa el significado  de su expresión literal.   

La  jurisprudencia  de  la Sala tiene sentado  desde             tiempo            atrás17,   que  éste  se  presenta  cuando  el  juzgador  al  apreciar  la  prueba  le  pone  a  decir  lo  que ella  materialmente  no  dice.   Es  de  carácter  objetivo,  y su demostración  implica   hacer   evidente   no  sólo  que  los  fallos  apreciaron  la  prueba  contrariando      su     materialidad,  sino  que  este  desacierto condujo a una decisión contraria a la  ley. Nada de ello sucedió en este caso.  Véase:   

Primero:   el  casacionista  limitó su argumentación, como ya se dijo, a postular y pretender  imponer  por  vía del recurso extraordinario, su particular visión frente a la  valoración  probatoria,  por lo que insiste la Sala, no es el personal criterio  que  se  tenga acerca del análisis y estimación de los medios de prueba lo que  configura  el  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad, sino    la    distorsión    del   contenido   material de la prueba por parte del fallador.   

Segundo: cuando se  cuestiona  en  sede  de  casación  el  mérito  otorgado  por  el juzgador a un  determinado  medio  probatorio,  su  reproche  se impone por vía de un error de  hecho  por  falso raciocinio, que no, como equívocamente lo entendió el censor  por   la   senda   del  falso  juicio  de  identidad18:   

“…El  falso  raciocinio  obliga  igualmente  a  reconocer  que  el  dislate  se manifiesta en  relación  con  un medio de prueba cuya existencia material y jurídica no está  en  discusión, pero, además, también es forzoso para el censor aceptar que la  contemplación  o aprehensión del contenido de éste la hizo el funcionario con  exacta  y  precisa adhesión a su tenor literal, con total apego a su dimensión  fáctica,  toda  vez  que  el dislate consiste en que el operador jurídico hace  deducciones  a  partir  del  elemento  de  convicción,  o  le asigna un mérito  persuasivo,  que  transgrede las reglas de la lógica, las leyes de la ciencia o  las  máximas de la experiencia o el sentido común, postulados que conforman la  sana    crítica    como    método    de   valoración   probatoria…”.   

Tercero: el informe  de   tránsito   constituye   un  elemento  de  prueba  documental  aportado  al  expediente,  cuyo  contenido  le  permitió  al Tribunal apuntalar -aun más- la  inexistencia  de certeza sobre la responsabilidad del conductor investigado, sin  que  se  discuta  que  las causas probables se le consignan al vehículo que las  aportó,     de    donde    no    resulta    acertado    afirmar    –en      los     términos     del  casacionista-   que  como  el  rodante  causante  del  siniestro  había  desaparecido, tal circunstancia le impidió al funcionario de  policía   plasmarlas.  Esa  lectura  es  incorrecta19:   

“CAUSAS  PROBABLES.  Se  refiere  a las hipótesis, circunstancias objetivas relevantes o  actuaciones,  que  posiblemente  dieron  origen  al accidente, se debe registrar  obligatoriamente  al menos una causa. (…).  Una  vez  levantado  el  accidente  y  hechas  las indagaciones  preliminares,  usted  debe  estar  en condiciones de determinar por lo menos una  HIPÓTESIS.   

No  diligencie  la  casilla  asignada  como  numero  vehículo,  teniendo  en  cuenta  que  las  causas no son exclusivamente  atribuibles  a  los  automotores,  estas  pueden ser atribuibles a la vía, a la  victima,  al conductor o al vehículo, registre solo el código de la hipótesis  en la casilla correspondiente según lo verificado por usted.   

La  versión  del  conductor  no se deberá  registrar acorde con las disposiciones legales vigentes.   

NOTA:  la  causa  descrita   por  la  autoridad  de  tránsito  no  corresponde  a  un  juicio  de  responsabilidad  en  materia  penal. La importancia de registrar la causa, está  dada  con  el  fin  de  determinar estadísticamente cuál es el factor de mayor  incidencia  en  los  accidentes,  realizar programas de prevención, estudios de  seguridad  vial  y todas aquellas acciones que permitan disminuir los accidentes  de     tránsito     y/o    su    impacto    a    nivel    nacional.”   

La   Sala   insiste,   no   es  el  recurso  extraordinario   de  casación  una  tercera  instancia  a  donde  pueda  acudir  libremente  el  censor  para  plantear  nuevamente sus distintos puntos de vista  sobre la valoración probatoria.   

Pero aún hay más: para formular una censura  exitosa  el impugnante debió esforzarse en demostrar o que de las pruebas no se  desprende  el  estado  de duda declarado por el sentenciador, caso en el cual el  cargo  habría estado bien orientado por la causal primera cuerpo segundo; o que  la  norma  jurídica  que  establece  el  principio in  dubio  pro reo no cobija las situaciones condicionantes  propias  del  proceso, como que se impone la declaración de responsabilidad, en  cuyo  evento  el  cargo  ha debido orientarse por la causal primera, pero por la  vía directa.  El reproche se ha de desestimar.   

Segundo cargo.  

La  Corte  ha  dicho  que el falso juicio de  existencia  por  omisión  se  presenta cuando el juez olvida valorar una prueba  que  materialmente  se halla dentro de la actuación, no hace referencia a ella;  guarda silencio sobre su existencia.   

Respecto  de la prueba indiciaria y su forma  de    ataque    en    casación,    ya    la   Sala20   tiene  establecido  desde  antaño lo siguiente:   

“Y  cuando  de  ataque  a  la  apreciación  de  la  prueba  indiciaria se trata, el censor debe  informar  si  la  equivocación se cometió respecto de los medios demostrativos  de   los  hechos  indicadores,  la  inferencia  lógica,  o  en  el  proceso  de  valoración  conjunta  al apreciar su articulación, convergencia y concordancia  de  los  varios indicios entre sí, y entre éstos y las restantes pruebas, para  llegar a una conclusión fáctica desacertada.   

“De  manera  que  si  el  error  radica en la apreciación del hecho  indicador,  dado  que  necesariamente  éste ha de acreditarse con otro medio de  prueba,  necesario resulta postular  si el yerro fue de hecho o de derecho,  a   qué   expresión   corresponde,  y  cómo  alcanza  demostración  para  el  caso.   

“Y si el error  se  ubica  en el proceso de inferencia lógica, ello supone partir de aceptar la  validez  del  medio  con  el  que se acredita el hecho indicador, y demostrar al  tiempo  que el juzgador en la  labor de asignación del mérito suasorio se  apartó  de  las  leyes de la ciencia, los principios de la lógica o las reglas  de  experiencia,  haciendo  evidente  en  qué  consiste  y cual es la operancia  correcta   de   cada   uno   de   ellos,   y   cómo   en   concreto   ésto  es  desconocido.   

“Si   lo  pretendido  es  denunciar  error  de  hecho  por  falso juicio de existencia por  omisión  de un indicio o un conjunto de ellos, lo primero que debe acreditar el  censor  es  la  existencia  material  en  el  proceso  del  medio con el cual se  evidencia  el  hecho indicador, la validez de su aducción, qué se establece de  él,  cuál mérito le corresponde, y luego de realizar el proceso de inferencia  lógica  a  partir  de tener acreditado el hecho base, exponer el indicio que se  estructura   sobre  él,  el  valor  correspondiente  siguiendo  las  reglas  de  experiencia,  y  su articulación y convergencia con los otros indicios o medios  de  prueba  directos. Si el ataque se orienta por falso juicio de existencia por  suposición  de la prueba del hecho indicador, es deber del demandante concretar  el  aparte  del  fallo  donde el juzgador supuso existente el medio sobre el que  hizo   la  inferencia,  y  demostrar  cómo  de  no  haber  incurrido  en  dicho  desacierto,  la  solución  del  caso  habría  sido  sustancialmente distinta y  opuesta  a  la  contenida  en  la  parte  resolutiva  de la sentencia materia de  impugnación.       

“Además, dada  la  naturaleza  de  este  medio  de  prueba, si el yerro se presenta  en la  labor  de  análisis  de  la  convergencia  y  congruencia  entre  los distintos  indicios  y de éstos con los demás medios, o al asignar la fuerza demostrativa  en  su  valoración  conjunta, es aspecto que no puede dejarse de precisar en la  demanda,  concretando  el  tipo de error cometido, demostrando que la inferencia  realizada  por  el  juzgador  transgrede  los  postulados de la sana crítica, y  acreditando  que  la  apreciación  probatoria  que  se propone en su reemplazo,  permite   llegar  a  conclusión  diversa  de  aquella  a  la  que  arribara  el  sentenciador,  pues  no   trata  la  casación  de dar lugar a anteponer el  particular  punto  de  vista  del  actor  al  del  fallador,  ya  que  en  dicha  eventualidad  primará  siempre  éste, en cuanto la sentencia se halla amparada  por  la  doble  presunción  de acierto y legalidad, siendo carga del demandante  desvirtuarla  con  la  demostración  concreta  de  haberse  incurrido   en  errores  determinantes de violación en la declaración del derecho.     

       

“Es  en  este sentido que el demandante debe indicar en qué momento  de  la  construcción  indiciaria  se produce, si en el hecho indicador, o en la  inferencia  por  violar las reglas de la sana crítica,  para lo cual ha de  señalar  qué en concreto dice el medio demostrativo del hecho indicador, cómo  hizo  la  inferencia  el  juzgador, en qué consistió el yerro, y qué grado de  trascendencia  tuvo  éste  por  su  repercusión  en  la  parte  resolutiva del  fallo”   

La    prueba   indiciaria   –como  se  sabe-  surge  de  un  hecho  indicador  probado  en  el  proceso,  del  cual  el  operador  judicial  infiere  lógicamente  la  existencia  de otro, es decir, el indicio es un hecho conocido  del  cual  se  deduce  otro  desconocido.  Entonces, la operación del juez  (ejercicio  valorativo)  al  encontrarse  con  un  indicio, consiste en tomar el  hecho  demostrado  y  analizarlo  bajo  las  reglas  de  la  experiencia y de la  lógica.   

El yerro lo hace descansar el casacionista en  la  omisión  de  valoración  por  parte del juzgador de los indicios graves de  responsabilidad,    referidos   a:   (i)    alejarse    del    lugar    de    los    hechos,    (ii)  tratar  de  ocultar la evidencia y,  (iii)  las  manifestaciones  incoherentes  y mentirosas del procesado.  Postura frente a la que la Sala,  declara su ineptitud. Estas son:   

i)  Falta  a  la  lógica  el  censor  en  la  presentación  del  cargo,  el  motivo  es  palmario:  si  el  reproche  lo hace  descansar  el  casacionista  en  que  a  pesar  de que la prueba indiciaria obra  materialmente  en  la  actuación,  el  juez no efectuó el ejercicio valorativo  argumentativo  que  se  le  imponía, el que como se sabe es el resultado de una  labor  intelectual,  no  le  era posible denunciar un falso juicio de existencia  por  omisión  respecto  de  ella,  justamente  porque  los  indicios que afirma  excluidos  no  fueron  deducidos por el Tribunal. Además, recuérdese que en la  hipótesis  de  haber  sido  construidos  la  ruta  conducente  para postular el  reproche lo seria el error de hecho y de falso raciocinio.   

ii)    Los   juicios   valorativos   ora  argumentativos   presentados   por   el   demandante  como  indicios  graves  de  responsabilidad,  devienen  de  su  creación  personal,  son el resultado de su  propio  raciocinio,  postura  que  resulta  inadmisible  en  sede  de casación.   

Frente  a lo que apuntaló el libelista como  indicio  de  huida  o de manifestaciones incoherentes o mentirosas por parte del  procesado,  lo  cierto  es  que  al juzgador no le mereció tal elaboración, lo  cual  no  significa  que  haya  dejado  de  valorar  la  totalidad  del material  probatorio;  nótese  que  si  bien  el ad quem declaró no probada que la causa  única  del  siniestro  fuera  la  culpa  exclusiva  de la víctima, como sí lo  había  entendido  el  a  quo,  y  que “los    descargos    del    justificable    se   han   colocado   en  entredicho”, admitió como  probable la versión exculpativa del procesado:   

“Ahora, El hecho  de  que  el  procesado  en  su  injurada haya expresado que no se dio cuenta del  atropellamiento  o  de  haber  colisionado  con  un  ciclista,  versión que fue  respaldada   por   los   ayudantes…”.   

En  otro  aparte21,   

“También existe  la  posibilidad de que el procesado hubiera extremado los cuidados, respetado la  distancia  reglamentaria  para adelantar y que el ciclista, en una desatención,  se  desviara  de su recorrido, impactara con un lado del camión, rebotando para  quedar  sobre  la  berma,  lo  que  podría  explicar  que las manchas de sangre  quedaran      en     la     calzada”.   

Igualmente  pudo  suceder  que  el  vacío  producido  por  el paso del camión, succionó al ciclista haciéndole perder el  equilibrio  y  por  eso  se  golpeó  con la parte trasera del mismo”.   

De  ahí,  que  no  resulte admisible que el  censor  invoque  omisión  de  valoración  de  la  prueba  indiciaria  ante  un  razonamiento   distinto   por   parte  del  juzgador  de  los  distintos  hechos  indicadores,  pues lo que fácilmente se advierte es el designio inequívoco del  demandante  de  imponer  su  particular  forma  de  valoración.  Una muestra de  ello22:   

“pues  si  no  hubiera  adelantado en una curva señalizada con doble línea continua y cerrado  al   ciclista,   no   se  hubiera  presentado  el  resultado  lesivo,  así  el  occiso se desplazara sobre el carril o sobre la berma,  situación  que  frente  al  presente  asunto  se  hace  irrelevante”.(subraya  fuera del texto).   

iii)  El  razonamiento  del  funcionario de  segunda  instancia,  contrario a la tesis del demandante, frente a la existencia  de        la        duda        “exclusivamente,  en  lo  referente a que no se logró desvirtuar la  presunción  de  inocencia  del implicado, por no existir prueba que nos permita  tener   la   absoluta   convicción   de   cuál  fue  la  causa  eficiente  del  siniestro23”,  lejos  está  de ser considerado un  yerro  de  existencia  por omisión, pues, se insiste, la totalidad del material  probatorio fue debidamente valorado.   

iv)  Con  total  desapego  a  la  técnica  casacional,  el  censor  parte  de  la  hipótesis  de  que el juez de casación  necesariamente  admita  como irrefutable su apreciación probatoria y le imponga  determinado          valor         probatorio24:   

“…es lógico  que  con su actuar erigió el andamiaje que sostuvo la plataforma donde camufló  su  conciencia  de  culpabilidad por haber infringido el deber de cuidado que el  obligaba  su  actividad  peligrosa  de conducir un vehiculo automotor, cuando de  manera  imprudente y vulneradora de las normas de tránsito, optó por adelantar  y  en  esa  maniobra  cerrar al ciclista que sobrepasaba en un tramo de vía que  prohibía  dicha  acción  como se desprende de los medios de prueba tratados en  el primer cargo”   

De  los  cargos  y su desarrollo, fácil es  advertir,  que  el  libelo  está  dirigido  a  hacer  prevalecer  su particular  valoración  respecto  al testimonio de Alberto Castillo Rengifo y al informe de  tránsito,  sobre la argumentación del Tribunal, con la pretensión de alcanzar  un  fallo  de  naturaleza condenatoria, tesis inadmisible en tanto los análisis  de   las   partes   solamente   son  eso  y  en  modo  alguno  demostración  de  equivocaciones u omisiones de quien concluye en sentido diverso.   

         

v) La Sala inadmitirá el escrito porque la  revisión  del  proceso,  como  acabó  de verse, tampoco muestra que se hubiera  incurrido  en  causal de nulidad o vulnerado alguna garantía fundamental, luego  no hay lugar a la intervención oficiosa.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación    Penal    de    la    Corte    Suprema    de    Justicia,   

RESUELVE  

INADMITIR la demanda  de   casación  presentada  por  el  apoderado  de  la  parte  civil.   

En     consecuencia,     DEVOLVER  la  actuación  al  Tribunal  de  origen.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ   

            

FERNANDO  ALBERTO  CASTRO CABALLERO  

SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ             

ALFREDO  GÓMEZ  QUINTERO  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

            

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

JORGE LUIS QUINTERO  MILANÉS             

JULIO ENRIQUE SOCHA  SALAMANCA  

TERESA  RUIZ NÚÑEZ   

Secretaria  

           

1 Cfr.  folios 1-7 del cuaderno original número 1.   

2 Cfr.  folio 15 ibídem.   

3 Cfr.  folio 22-23.   

4 Cfr.  folio 110-120.   

5 Cfr.  folios 170-176.   

6 Cfr.  folios 274-290 ibídem.   

7 Cfr.  folio 324 cuaderno del Tribunal.   

8 Cfr.  folio 366 de la demanda.   

9 Cfr.  folio 367.   

10  Id.   

11  Cfr. folio 368 cuaderno original número 2.   

12  Cfr. folio 368 cuaderno del Tribunal.   

13  Cfr. folio 370.   

14 La  Sala  destaca  que  sin  el aumento de la pena previsto en el artículo 11 de la  Ley 890 de 2004.   

15  Cfr. folio 368, cuaderno original 2.   

16  Cfr. folio 367 cuaderno original 2.   

17  Consultas entre otras, radicación 10.297, 7 de abril de 1.995.   

18  Sala de Casación Penal, radicación 27281, 13 de junio de 2007.   

19  Conclusión  válida conforme al MANUAL PARA EL DILIGENCIAMIENTO DEL FORMATO DEL  INFORME  POLICIAL  DE  ACCIDENTES DE TRANSITO ADOPTADO SEGÚN RESOLUCIÓN 004040  DEL  28  DE DICIEMBRE DE 2004 MODIFICADA POR LA RESOLUCIÓN 1814 DEL 13 DE JULIO  DE   2005,   texto   al   que   con   tanta   insistencia   hace  referencia  el  casacionista.   

20  Sentencia del 26 de junio de 2002, radicado 11.451   

21  Cfr. folio 33 cuaderno original 2.   

22  Cfr. folio 371 cuaderno del Tribunal.   

23  Cfr. 331 id.   

24  Cfr. folio 371 cuaderno del Tribunal.     

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