34252(01-06-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso n° 34252  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado  acta Nº  188   

Bogotá  D.C.,  primero  (1°)  de  junio de dos mil once  (2011).   

V   I   S   T   O  S   

La Sala resuelve la admisibilidad formal de  la   demanda   de   casación   presentada  por  la  defensora  de  Jorge   Luis  Vital  Padilla  contra  la  sentencia  dictada por el Tribunal Superior Militar, el 30 de noviembre de 2009,  mediante  la  cual  revocó la proferida por el Juzgado 155 de Primera Instancia  del  Departamento  de  Policía  de  Nariño,  el  16  de  febrero de 2009, y lo  condenó  por  los  delitos de peculado sobre bienes de dotación y abandono del  puesto.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                      

1.  Los primeros fueron sintetizados por el  Tribunal Superior Militar  de la siguiente manera:   

Según  informe  elevado  por el CT. Javier  Humberto  Gaitán  González,  quien  denuncia  ante  este  despacho  la novedad  ocurrida  con el señor PT. Vital Padilla Jorge Luis, siendo aproximadamente las  02:00  fue  alertado  por  el señor MY. Arnulfo Novoa Piñeros Comandante de la  Base  de  Antinarcóticos  de  Tumaco, de la novedad presentada hacía las 00:30  respecto  del  presunto  abandono  del  puesto  y  hurto  del material de guerra  realizado  por  parte  del señor PT. Vital Padilla Jorge Luis, quien se hallaba  de  turno  de  centinela  en  las  instalaciones  del aeropuerto de Tumaco en la  plataforma  del  mismo  a  cargo  de  los  químicos  propios  de  las tareas de  aspersión  aérea del programa de fumigación; se tenía la información de que  había  huido en un vehículo taxi y que se ocultó en una residencia del barrio  de  invasión  Exporcol que colinda con el aeropuerto La Florida de este puerto;  se  adelantaron  las  diligencias pertinentes para ubicarlo, siendo las 10:20 se  escuchó  la  algarabía  de  la  gente  pidiendo apoyo policial, ya que habían  detectado  a  una  persona  en  la  zona de bajamar, metida dentro del agua, los  policiales  de Antinarcóticos confirmaron que quien se hallaba metido dentro de  una  de  las  casas  era  el  patrullero Vital Padilla, se procedió a buscar un  balsero  y  se  extrajo  al  funcionario  de las aguas con evidentes señales de  padecer  hipotermia,  dado  el  largo  tiempo que estuvo debajo del agua vestido  únicamente con un pantalón jean y unos tenis grises.   

2.  Por  los  anteriores  hechos,  la   Fiscalía  158 Penal Militar, el 22 de septiembre de 2008, profirió resolución  de   acusación   contra   Jorge   Luis  Vital      Padilla      por  las conductas punibles de abandono del puesto y peculado sobre  bienes de dotación.   

3.  El  expediente  pasó al Juzgado 155 de  Primera  Instancia  del  Departamento  de  Policía  de Nariño que, después de  tramitar  el  juicio,  el  16  de  febrero  de 2009, dictó sentencia de primera  instancia   en   la   que   absolvió  a  Jorge  Luis  Vital   Padilla  de  los  cargos  atribuidos  en  la  resolución de acusación.   

4.  Apelado el fallo por la Fiscalía Penal  Militar,  el  Tribunal  Superior Militar, el 30 de noviembre de 2009, al desatar  el  recurso,  lo  revocó  y,  en  su  lugar,  condenó a Jorge Luis  Vital Padilla a la pena principal de 1  año  y 5 meses y a las accesorias de separación absoluta de la fuerza pública  e  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas por tiempo igual al de la  sanción privativa de la libertad.   

Contra  la  anterior decisión la defensora  del sentenciado  interpuso recurso de casación.   

L  A        D    E    M   A   N   D   A       

La citada profesional del derecho basada en  la   causal   primera   presenta   un   único   cargo   contra   la  sentencia,  así:   

Único cargo  

Acusa   al   Tribunal  de  haber  violado  indirectamente  la  ley sustancial por error de hecho por falso raciocinio, toda  vez  que el juzgador acogió la tesis del fiscal, consistente en que la historia  clínica  y  el  reconocimiento  médico hecho al procesado, evidencia que éste  recibió  una  lesión en la cabeza “sin demostrarse  que  la  misma  se  le  hubiere  ocasionado un desconocido y, menos, que ello le  hubiere   causado   un   estado   de   amnesia   o   inconciencia”.   

Manifiesta  que  el  Tribunal  apoyó,  sin  fundamento  alguno, la tesis en que el fiscal edificó los argumentos en orden a  sustentar  el  recurso  de apelación interpuesto contra la sentencia de primera  instancia,  dado  que  se  afirmó  que  el golpe que recibió el patrullero fue  producto   de   una   auto   laceración   al   momento   en   que   iba  a  ser  aprehendido.   

Asevera que el sentenciador de segundo grado  nunca  desvirtuó la afirmación de su representado, según la cual, el golpe le  produjo  un estado de inconciencia, por lo que se debió aplicar el principio de  in dubio pro reo.   

Destaca  que  el  error  de hecho por falso  raciocinio   se   fundamenta   en   que   el   juzgador   otorgó   “valor  probatorio”  a  los informes  técnicos  médico  legales  visibles  a  los  folios 96 y 308, en especial este  último,  máxime  cuando su procurado en la diligencia de indagatoria adujo que  el golpe lo hizo perder el conocimiento.   

Expone que según el dictamen médico legal,  el  edema  derivó  de  una  lesión  producida  por un elemento contundente por  efecto  de golpe directo, lo cual, en su criterio, demerita la posibilidad de un  auto   laceramiento   y   cobran   vigencia   las  explicaciones  dadas  por  su  representado.   

Anota  que  de  acuerdo  con  las  pruebas  allegadas  al  diligenciamiento, en especial los informes técnicos médicos, se  colige  que  la  lesión  fue  grave, al punto que ameritó una atención por el  término  de  seis  días,  “con inmovilización de  área  afectada  y  tratamiento  con  terapias  físicas  y  calmantes  para  el  dolor”.   

En  tales  condiciones,  asevera  que  el  juzgador  no  le otorgó ningún mérito persuasivo a la experticia, sino por el  contrario,  “manifiesta  acoger en su integridad la  prueba  testimonial  que  examinada  en  conjunto  con  la documental, le brinda  certeza      para     proferir     sentencia     condenatoria     en     segunda  instancia”.   

Argumenta  que  conforme a las reglas de la  sana  crítica,  los  principios  que  las  sustentan  son  los  límites que el  juzgador  tiene  que  respetar. En el presente asunto, continua, la sentencia es  arbitraria,   en  la  medida  en  que  no  se  dio  tratamiento  adecuado  a  la  controversia,  puesto  que  se  hizo  un  análisis  parcial  y  aislado  de los  elementos    de   juicio,   motivo   por   el   cual   no   se   desvirtuó   su  eficacia.   

Dice  que  los  testimonios  de  Ever Roger  Cabrera  y Jhon Hanner Ceballos Márquez carecen de sustento fáctico jurídico,  habida   cuenta   que   fueron  incorporados  a  la  actuación  de  un  proceso  disciplinario,  sin  que el funcionario se haya tomado el trabajo de analizar la  procedencia  de  una  ampliación de los mismos, a fin de confirmar la veracidad  de sus dichos.   

Después de reiterar lo expuesto, solicita a  la  Corte casar la sentencia impugnada, reconociendo la infracción de la ley y,  consecuentemente, absolver a su representado.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

         De la casación excepcional   

1.  De  conformidad  con  lo previsto en el  artículo  205  de la Ley 600 de 2000, que rige a esta actuación, al recurso de  casación se accede de dos maneras, a saber:   

a)  La  ordinaria,  que  procede contra las  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas  por los Tribunales Superiores de  Distrito  Judicial y el Tribunal Penal Militar, por delitos sancionados con pena  privativa de la libertad superior a 8 años; y   

b)  La  excepcional, que procede contra los  fallos  de segunda instancia dictados por las mismas corporaciones por conductas  punibles  castigadas  con  pena  privativa  de  la libertad igual o inferior a 8  años,  y por los jueces penales del circuito por cualquier delito, evento en el  cual  la  Sala  podrá  admitir  la  demanda cuando lo considere preciso para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales,  siempre que reúna las demás formalidades.   

En el supuesto que ocupa la atención de la  Corte  resulta  claro  que  las  conductas  punibles por las que fuera condenado  Vital  Padilla  contemplan  penas máximas privativas de la libertad que no  superan  los  8 años, según así lo prevén los artículos 124 y 180 de la Ley  522  de  1999,  razón  por  la cual en este evento sólo procedía la casación  excepcional.   

         En  efecto,  la  conducta  punible  de abandono de puesto regla una  sanción  de  1  a 3 años de arresto. Por su parte, la de peculado sobre bienes  de  dotación  tiene  una pena de 1 año y 4 meses (mínimo) y 7 años y 6 meses  (máximo).   

Como   también   lo   tiene   dicho   la  jurisprudencia  de  la  Corte,  cuando  de  la casación excepcional se trata el  demandante  debe  exponer  así  sea de manera sucinta pero clara qué es lo que  pretende  con  el  recurso,  teniendo  como  norte que solamente procede para el  desarrollo    de    la   jurisprudencia   o   para   garantizar   los   derechos  fundamentales.   

En tratándose del primer punto, esto es, el  desarrollo  de  la jurisprudencia, el recurrente debe mencionar en la demanda si  con  la  impugnación  de  la  sentencia  de segunda instancia persigue unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina, ora para abordar un tópico  aún  no desarrollado, precisando la manera en que la decisión solicitada tiene  la  utilidad  simultánea  de brindar solución al asunto y a la par,   servir  de  guía  a  la  actividad  judicial.   

Y,  respecto  de  la  protección  de  los  derechos  fundamentales,  el  casacionista  está  obligado  a  desarrollar  una  argumentación  lógica  dirigida  a  evidenciar el desacierto, siendo imperioso  que  demuestre  el  desconocimiento  de  una garantía por quebrantamiento de la  estructura  básica  del  proceso  o por violación de un derecho fundamental, e  indicar  las  normas  constitucionales  que  protegen  el  derecho invocado y su  concreto conculcamiento con la sentencia.   

Además,  las  razones  que  debe aducir el  libelista  para  persuadir  a  la Corte sobre la necesidad de admitir la demanda  deben  guardar  correspondencia  con los cargos que formule contra la sentencia.   

En  otras  palabras,  debe  haber  perfecta  conformidad  entre  el  fundamento de la casación excepcional (desarrollo de la  jurisprudencia  y/o  protección  de  garantías  fundamentales), el cargo o los  cargos  que se presenten contra el fallo y, por consiguiente, la postulación de  los mismos.   

2.  En lo que atañe a la demanda objeto de  examen,  la  Sala  advierte  que  la demandante no indicó el motivo por el cual  acudió   a   la  casación  excepcional,  ni  menos  presentó  los  argumentos  tendientes  a  evidenciar  el por qué la Corte debe conocer del asunto a fin de  proteger    lo    derechos    fundamentales    y/o    el    desarrollo   de   la  jurisprudencia.   

3.  Lo  anterior  seria  suficiente  para  inadmitir  la  demanda.  Sin  embargo,  desde  el punto de vista de la lógica y  debida  fundamentación,  la  Corte  deduce  que  el  cargo  presentado  por  la  libelista   contra   la  sentencia  de  segunda  instancia  tampoco  reúne  los  requisitos de claridad y precisión. Veamos:   

De  acuerdo con los postulados que informan  la  violación  indirecta  de la ley sustancial, al demandante incumbe indicar a  la  Corporación  la  clase de error en la apreciación probatoria, es decir, si  fue  de  hecho  o de derecho y el falso juicio que lo determinó, esto es, si de  existencia, identidad, raciocinio, legalidad y/o convicción.   

Una  vez  cumplido  con lo anterior y en el  punto  de  la trascendencia, igualmente debe demostrar cómo el yerro en el acto  de  la  apreciación  de  las  pruebas  condujo  a aplicar una norma extraña al  debate  y/o  a  excluir otra que resultaba pertinente para con los hechos objeto  de  controversia.   

De  manera  que  si  no  se  cumple con los  anteriores derroteros, sin duda, deviene la inadmisión del libelo.   

         Con  relación  al único cargo que se presenta contra la sentencia  de  segunda  instancia, la demandante no demuestra que efectivamente el Tribunal  incurrió  en  un  error de hecho por falso raciocinio, toda vez que no señaló  cuál  fue  la regla de la lógica, el principio de la ciencia y/o la máxima de  la  experiencia  quebrantada, de qué manera lo fue y su incidencia con la parte  resolutiva del fallo.   

         La  labor  argumentativa  la  Casacionista  la  hizo  consistir  en  oponerse  a las conclusiones probatorias derivadas del análisis que el juzgador  hizo   de   la   unidad   probatoria   incorporada   válidamente   al  proceso,  advirtiéndose  únicamente  una  disparidad  de criterios que, como se sabe, no  constituye vicio en orden a ser postulado en casación.   

De tal manera, deviene la inadmisión de la  demanda.   

           Resta  señalar  que  no se observa que con ocasión del fallo impugnado o dentro de la  actuación  se  hayan  violado derechos o garantías de los intervinientes, como  para  que  tal  circunstancia imponga superar los defectos del libelo en orden a  decidir  de  fondo,  según  lo  dispone  el  artículo  216  de  la  Ley 600 de  2000.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada   por   la   defensora   de  Jorge  Luis Vital Padilla, por lo anotado  en la motivación de este proveído.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Cópiese,   comuníquese   y   cúmplase.  Devuélvase al Tribunal de origen.   

                                                   JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                           JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ           

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO          SIGIFREDO  ESPINOSA    PÉREZ                        

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          MARIA     DEL     ROSARIO    GONZÁLEZ    DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                                                                                                     

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

                                                                 Secretaria   

    

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