33640(03-08-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 33640  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta Nº 273  

Bogotá D.C., tres (03) de agosto de dos mil  once (2011).   

VISTOS  

Decide  la  Sala  acerca  de los fundamentos  lógicos  y  de  debida argumentación de la demanda de casación presentada por  el     defensor     de    WILLIAM    YESID    DUARTE  SÁNCHEZ contra la sentencia  del   Tribunal   Superior  del     Distrito  Judicial de Ibagué (Tolima),    que  confirmó  la emitida en el Juzgado Penal del Circuito  de  Lérida,  por  la cual fue condenado como autor del delito de actos sexuales  con    menor    de    catorce    años    agravado,    cometido    en   concurso  homogéneo.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  En  Lérida  (Tolima), el 21 de marzo de  2006,  Nelly  Urueña  Romero formuló ante la Unidad de Fiscalías Delegadas de  esa  localidad,  denuncia  penal  contra  su compañero permanente, WILLIAM  YESID  DUARTE  SÁNCHEZ, toda vez  que  de  acuerdo  con  lo narrado por su hija L. V. C.  R.1  quien  para  entonces  tenía  ocho  años de edad, éste venía sometiéndola a  caricias  lujuriosas  en  sus  partes  íntimas,  relato  que luego confirmó la  infante  en sendas declaraciones rendidas ante la citada autoridad, así como en  el  Instituto  Colombiano  de  Bienestar  Familiar  y  el  Instituto Nacional de  Medicina     Legal     y     Ciencias    Forenses2.   

2.  Abierta  la  investigación   por   esos  hechos  y  escuchado  en  indagatoria  DUARTE  SÁNCHEZ  en razón de los mismos,  tras  la  definición  provisional de su situación jurídica, el 22 de julio de  2006  fue  calificado  el  mérito  probatorio  del  sumario  con resolución de  acusación,  en calidad de autor del delito de actos sexuales abusivos con menor  de    catorce   años   agravado   y   en   concurso   homogéneo   (Ley  599  de  2000,  artículos  31,  209  y  211,  numerales  2 y  4),  pliego  de  cargos que apelado por el defensor de  aquél   fue   confirmado   el  19  de  septiembre  del  mismo  año3.   

3. La siguiente fase  se   adelantó  en  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Lérida  (Tolima),  cuyo  titular, el 22 de agosto  de  2008,  dictó  contra  el  procesado  sentencia condenatoria por la conducta  punible  atribuida en la acusación, y en tal virtud le impuso pena principal de  seis  (6) años de prisión,  y  las  accesorias  de  inhabilidad  para  el  ejercicio de derechos y funciones  públicas,  y  de  la patria potestad, tutela y curaduría por igual lapso, así  como  la  de  carácter  civil  consistente  en  pagar a favor de la víctima el  equivalente  a  treinta  (30)  salarios  mínimos  mensuales  legales  vigentes  por concepto de los perjuicios  morales  irrogados,  y  le  negó  los  mecanismos  sustitutivos  de la sanción  privativa        de        la        libertad4.   

4.  Del  anterior  pronunciamiento  apeló  la  asistencia  letrada  del  acusado,  y  el  Tribunal  Superior  de Distrito Judicial de Ibagué lo confirmó mediante el suyo de 24 de  septiembre  de  2009,  fallo de segunda instancia contra el cual el mismo sujeto  procesal   interpuso   el   recurso   extraordinario   de  casación5.   

LA DEMANDA  

5.  Dentro  del  término  del  traslado  para  sustentar  el  recurso  el  actor  presentó  dos  escritos,   en   distintas   fechas,   los   cuales   contienen  las  siguientes  pretensiones:   

5.1. En el primero  alega   la   “violación   indirecta   del  debido  proceso”   a  consecuencia  de  un  “error   de   hecho   por   falso  juicio  de  identidad”  debido  a  que  el  juzgador  de  segundo grado “…desdibujó  el  hecho  que  revela  la  prueba  al haber violado  directamente  la  ley  sustancial  por  exclusión  evidente  del  artículo 40,  numeral  cuarto,  del  Código  Penal  (artículo  32  de  la Ley 599 de 2000) y  aplicación  indebida  del  artículo  219 de la misma obra (artículo 286 de la  Ley 599 de 2000)…”.   

Luego   de   esa   proposición  jurídica  transcribe  un fragmento de jurisprudencia de ésta Corporación relacionada con  la  ausencia  de  culpabilidad  por  el  error  de tipo, y concluye que si en la  sentencia  atacada  no se hubiese desconocido la retractación de la denunciante  e  interpretado  algunos  elementos probatorios de espaldas a la realidad, no se  habría  violado  directamente  la ley sustancial por falta de aplicación de la  norma  relativa a la disminución de pena ni se habría condenado al procesado a  la  “exagerada e injusta”  sanción   de   seis   años   de   prisión,   motivo   por   el  que  solicita  casar  el  fallo y conceder  libertad inmediata al acusado.   

5.2. Posteriormente  allegó   otro   escrito   en   el   que  bajo  el  título  de  “CENSURA  ÚNICA”  aduce que el Tribunal  incurrió  en  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad  debido a que  “desdibujó  el hecho que revela la prueba al haber  violado  directamente la ley sustancial por exclusión evidente, al desconocer y  demeritar  la  prueba  que  constituye  una  ampliación  de  la  denuncia y que  contiene   la   retractación   de  la  misma,  infirmada  por  otros  elementos  probatorios  como  son  los  testimonios  del  padre  de  la menor presuntamente  ofendida  y  de  la  hermana  del  procesado, desconociéndose los principios de  investigación      integral…      y      de      imparcialidad…”.   

Básicamente   la   queja  del  censor  se  circunscribe  a  que  una  nota  allegada  durante  el  juicio,  en  la  cual la  progenitora  de  la  menor  víctima asegura que manipuló a su hija para acusar  falsamente     al     procesado,    a    pesar    de    estar    “autenticada”  ante notario público, se  le  restó  mérito como retractación que obligaba absolver al acusado, máxime  cuando  tales  aseveraciones,  según  el  actor,  fueron  corroboradas  con las  declaraciones  juradas  rendidas  ante igual funcionario por el padre biológico  de  la infante, un amigo del enjuiciado y una hermana de éste, desconocidas por  los  juzgadores,  en  las  que  dieron  cuenta  del comportamiento excesivamente  celoso  de  la  denunciante  y que, según el análisis del memorialista, fue la  causa determinante de la ficticia imputación contra su prohijado.   

Con  base  en  lo anterior solicita casar la  sentencia   recurrida  y  absolver  al  encausado  del  cargo  por  el  que  fue  condenado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

6.  Necesario  es  recordar  que,  en  cualquier  régimen, la casación  atiende  a  unos  fines  superiores  cuales  son  la reparación de los agravios  inferidos  con  la  sentencia recurrida a las prerrogativas fundamentales de las  partes  o  intervinientes, la efectividad del derecho material y la unificación  de la jurisprudencia.   

Sin embargo, ello de ninguna manera significa  que  este  mecanismo  sea  de libre configuración, desprovisto de todo rigor, y  que  tenga  como  finalidad  reabrir  un  espacio  procesal  semejante al de las  instancias  para prolongar el debate respecto de los puntos que han sido materia  de  controversia, pues ha de resaltarse que mediante la proposición del recurso  el  censor  debe  sujetarse  a  las  causales  taxativamente  señaladas  en  el  ordenamiento  procesal  y  con  observancia  de  los  presupuestos  de lógica y  argumentación  inherentes  a cada una, persuadir a la Corte de que con el fallo  de  segunda  instancia  se  ha  originado  el  quebranto  de  alguna de aquellas  finalidades.   

En efecto, dado que el recurso extraordinario  de  casación  es  de  naturaleza  rogada  y  está  sometido  al  principio  de  limitación,  la  demanda  tiene  que elaborarse con el debido acatamiento a los  requisitos  establecidos  en  el  artículo  212 de la Ley 600 de 2000, esto es,  respetando  las  reglas  de formulación, desarrollo y demostración del cargo o  los cargos de que trata el artículo 207 de la misma obra.   

Esas  exigencias  no  rinden  tributo  a  un  insustancial   formalismo,   sino  que  guardan  armoniosa  dependencia  con  el  carácter  restringido  de  este  instrumento de impugnación extraordinario, en  cualquiera  de  sus  modalidades,  en  el  que  la  pretensión  de  examinar la  legalidad  y constitucionalidad del fallo atacado no puede quedar circunscrita a  un  escrito  de  libre  formulación,  sino  que,  por  el contrario, debe estar  respaldada  por  un  contenido  mínimo  de  claridad  y  coherencia que permita  entender  el  vicio  o los vicios que se denuncian, así como la identificación  de sus consecuencias.   

7.  En el presente  asunto  es  obligatorio  precisar que de conformidad con lo normado en el inciso  1º  del artículo 205 de la Ley 600 de 2000, estatuto vigente para la época en  que  ocurrieron  los  hechos  debatidos,  el recurso extraordinario de casación  resulta  viable  contra  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por los  tribunales  superiores  de distrito judicial y por el Tribunal Penal Militar por  delitos  que  tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad  cuyo máximo  exceda de ocho (8) años.   

Cuando  el  fallo  de  segundo  grado  no es  emitido  por  los  aludidos despachos o el delito por el que se procede consagra  una  sanción privativa de la libertad de ocho años o  inferior,  el  inciso  tercero  del  citado  precepto  faculta     a     la     Sala     para     admitir  discrecionalmente   las  demandas  de  casación  que  cumplan   con   los  demás  requisitos,  siempre  que  sea  necesario  para  el  desarrollo    de    la   jurisprudencia   o   la   garantía  de  los  derechos  fundamentales.   

Como  la  conducta  punible  debatida  en  este  proceso  es  la  de actos  sexuales  con  menor  de  catorce  años,  agravado  (Ley  599 de 2000, artículo  209  y 211, numerales 2 y 4),  para      la      cual     estaba     prevista  una  pena  máxima  de prisión  apenas  de  siete (7) años y  seis  (6) meses, tal guarismo  resulta  inferior  al  límite  establecido en el artículo 205 de la Ley 600 de  2000,  luego el recurso extraordinario sólo era posible intentarlo a través de  la  casación  excepcional,  modalidad  a  la  que  no  hizo alusión la parte recurrente, bien al momento de  interponer  la  impugnación,  o en alguno de los dos escritos presentados en el  término de sustentación de la misma.   

En  los  memoriales  que  hacen las veces de  demandas  el  actor  no  hizo manifestación expresa de acudir al recurso por la  vía  excepcional,  sino  que  se  limitó  a  proponer  una aparente violación  indirecta   de   la   ley  sustancial  a  consecuencia  de  probables  errores de  estimación   probatoria,   sin  que  los  argumentos  consignados  en esos reproches permitan a la Sala advertir que su intención era  agitar  el  conocimiento de esta Sede para cumplir alguno de los propósitos por  los  que  resulta  viable  aquella  modalidad  del  mecanismo  extraordinario de  impugnación.   

De tiempo atrás tiene precisado la Corte que  una  disertación con la que se aspire a persuadirla acerca de la procedencia de  la  casación  discrecional,  debe  estar  dirigida a hacerle ver la necesidad de su pronunciamiento, en forma  tal  que  si  se  trata  de  reclamar la garantía de un derecho fundamental, le  corresponde  al  recurrente  señalar  el o los que fueron desconocidos, indicar  las  normas  constitucionales  y/o  legales que los protegen y la determinación  que  debe  adoptarse  para  su  salvaguarda.  Y  si  el  motivo  invocado  es el  desarrollo  de  la  jurisprudencia,  debe  puntualizar  el  tema  jurídico  que  requiere  definición  o  precisión,  sea  porque  es  nuevo  o  porque existen  posiciones  opuestas  que  deben  ser  unificadas para la acertada solución del  asunto debatido y frente a casos futuros.   

Adicionalmente,   dado   que   el  recurso  extraordinario  de  casación obedece al principio de limitación, y ostenta una  naturaleza  eminentemente  rogada, la demanda tiene que elaborarse con el debido  acatamiento  a  los  requisitos  formales  establecidos  en el artículo 225 del  Decreto  2700 de 1991 (equivalente al artículo 212 de  la  Ley 600 de 2000), esto es, respetando las reglas de  formulación,  desarrollo y demostración del cargo o los cargos de que trata el  artículo 207 ibídem.   

Lo  anterior  porque  no  podría entenderse  cumplido  el  requisito  de  sustentación,  de  manera  que  si  se  reclama el  pronunciamiento  de la Sala sobre la protección de los derechos fundamentales o  un  específico  tema,  es  apenas  elemental  que  la censura le permita a esta  Corporación  examinar  en  concreto  uno  o los dos puntos que la habilitan. En  otras  palabras,  debe  haber perfecta conformidad entre la justificación de la  casación    excepcional    (desarrollo    de    la  jurisprudencia   y/o   protección   de   garantías  fundamentales),  el  cargo  o  los  cargos  que se formulen contra el fallo y, por  consiguiente, el fundamento de los mismos.   

8.  Ahora bien, no  obstante  que  el  ostensible  incumplimiento  de  esa  carga  argumental  en el  presente  caso resulta suficiente para no admitir los respectivos libelos, si en  gracia  de  discusión se acepta que en la actualidad, por aplicación favorable  de  la  Ley  1236  de  2008,  artículos  5 y 7, atendido el incremento al marco  punitivo  para  el  delito  en  cuestión  previsto  en  las  señaladas  normas  (nueve   a   trece  años  de  prisión),  el recurso procedía por vía ordinaria, no es mejor la suerte de  la  queja  consignada  en  los  memoriales  con  los  que el defensor aspiraba a  sustentar  en  debida  forma  la  impugnación  por  la  senda  de la violación  indirecta de la ley sustancial.   

En efecto, atendido el fundamento inteligible  de  las  decisiones de primero y segundo grado, integradas como unidad jurídica  inescindible,  el  censor  estaba  obligado  a  enfrentar por separado esa doble  fundamentación,  y  a  demostrar  frente  a ambas, mediante la acreditación de  alguno  de  los errores típicos de la violación indirecta, que la apreciación  de   las   pruebas   ostentaba   vicios  por  errores  de  derecho  (falsos   juicios   de   legalidad  y  de  convicción),  o  hecho  (falso juicios de identidad,  existencia o raciocinio).   

Si pretendía aludir a la primera modalidad,  como  en  materia penal los diferentes medios de prueba no están sometidos a un  sistema  tarifado,  en principio, resultaba improcedente argüir un falso juicio  de   convicción,   luego  únicamente  cabría  proponer  un  falso  juicio  de  legalidad,  orientado  a  demostrar  que  los  juzgadores valoraron elementos de  conocimiento  que  carecían  de  requisitos legales en su aducción práctica o  incorporación,  o  que desestimaron los que si los reunían, entendiendo que no  satisfacían esos presupuestos.   

Y  si  el  ataque  se  dirigía a evidenciar  yerros  de  hecho,  en el desarrollo argumental estaba llamado a precisar si los  dislates  materializados  frente  a  cada  uno de los distintos medios de prueba  fueron  constitutivos  de falso juicio de existencia, falso juicio de identidad,  o falso raciocinio.   

El  falso juicio de existencia ocurre cuando  el  juez  deja  de  apreciar  el  contenido  de  un  medio  de  prueba  legal  y  oportunamente  adosado  a  la actuación (falso juicio  de   existencia  por  omisión),  o  hace  precisiones  fácticas  extrañas  a  los  elementos  de prueba obrantes, o que atribuye a un  elemento  de  persuasión  que en verdad no reposa en el expediente (falso    juicio   de   existencia   por   suposición).   

Por su parte, en el falso juicio de identidad  el  juzgador,  al  aprehender  el  contenido  de  un  medio de prueba le recorta  apartes  trascendentes de su literalidad (falso juicio  de    identidad    por    cercenamiento),   adiciona  circunstancias  fácticas  ajenas  a  su  texto (falso  juicio  de  identidad  por  adición),  o transforma o  cambia   el   sentido   fidedigno   de   su   expresión  material  (falso   juicio   de   identidad  por  tergiversación),  dislates con los que le hace decir a la prueba lo que en realidad  no afirma.   

Para  acreditar  los  citados  vicios, en el  primer  evento,  es  preciso indicar el lugar del proceso en el que se encuentra  adjunto  el  medio  de  prueba omitido y su contenido, o destacar la concreción  fáctica  plasmada  en  el  fallo  y que carece de acreditación con las pruebas  allegadas,   o  cuya  demostración  se  atribuyó  a  una  prueba  ajena  a  la  actuación;  y  en  el  segundo,  basta con hacer un ejercicio de confrontación  veraz  e imparcial entre el texto o tenor del medio de prueba y la síntesis que  de  su  contenido  postuló  el  juzgador,  en  aras de evidenciar alguno de los  dislates  atrás  singularizados (adición, supresión  o distorsión).   

Luego de lo anterior, en uno u otro caso, es  forzoso  ilustrar  cómo  ese  desacierto  fue  determinante  de una conclusión  jurídica  equivocada,  pues  la  corrección  de  tales desaguisados y la nueva  valoración  de  esas  pruebas,  en  conjunto  y de manera racional, lleva a una  solución favorable a la parte que alega tales vicios.   

En  el falso raciocinio, a diferencia de los  dos  anteriores  errores  de  hecho,  además  de no discutir la legalidad de la  prueba,  es  forzoso  aceptar  que  está  adosada  al  proceso y que su texto o  contenido  fáctico fue extractado de manera fidedigna por el fallador, toda vez  que  el yerro recae en las deducciones hechas a partir de su literalidad, cuando  las  mismas  entrañan  desconocimiento  de  los  postulados de la sana crítica  (leyes  de  la  ciencia,  reglas  de  la  lógica,  o  máximas de la experiencia).   

En  tales  eventos  le corresponde al censor  desarrollar  una  dialéctica  orientada  a  enseñar  cuál  fue  la  ley de la  ciencia,  regla lógica o máxima de la experiencia equivocadamente empleada por  el  funcionario,  y  cuál  es la que acertadamente corresponde utilizar, con el  fin  de  arribar  a  una  conclusión  jurídica  correcta  y  favorable  a  sus  intereses.   

9. Resulta palmario  que  en  los  escritos  analizados el actor no consignó un ejercicio argumental  semejante  al  atrás  esbozado, acerca de las exigencias para acreditar errores  de  hecho  o  de  derecho;  en  lugar  de  ello  el censor se limitó a poner de  presente   su   interesado   criterio  valorativo  con  la  pretensión  de  que  prevaleciera  frente  al  sentado  en  las  instancias, fin para el que no está  concebido el recurso extraordinario.   

Las  reflexiones del recurrente en el primer  escrito  son  ambiguas,  pues  como  normas  excluidas  por  errada  valoración  probatoria   cita   las  que  consagran,  en  la  anterior  como  en  la  actual  legislación  penal  sustantiva, una causal de inculpabilidad (el error de tipo)  lo  cual resulta contradictorio acerca de sus alegaciones dirigidas a evidenciar  una  ausencia  de  tipicidad  por  manipulación  de  la prueba o por las falsas  imputaciones  que  asegura  fueron  urdidas  por  la  progenitora  de  la  menor  agraviada.   

En el segundo escrito, aun cuando supera esa  incorrección,  la  queja  no pasa de una insustancial apreciación genérica de  los  hechos  y de los elementos de persuasión determinada por los intereses que  representa,  sin  lograr acreditar alguno de los errores de estimación típicos  de la violación indirecta.   

La  revisión  objetiva  y  fidedigna de las  consideraciones  hechas  en las sentencias de primer y segundo grado, apreciadas  como  unidad  jurídica inescindible, permite a la Corte advertir que, contrario  a  lo  sostenido  por  el censor, las pruebas se valoraron no de manera aislada,  sino  en  conjunto,  de  manera razonada y lógica, en particular respecto de la  misiva  a  la que el actor le atribuye la condición de declaración jurada ante  notario  público,  cuando  la  misma  no  pasa de ser un documento informal que  ostenta  apenas  un  sello  de  presentación  personal  ante  tal  funcionario,  elemento  de  conocimiento  que  de  todas formas fue tasado en contraste con la  denuncia  de la progenitora de la infante y la declaración de ésta, observando  los    funcionarios    más   consistencia   y   respaldo   en   esas   primeras  versiones.   

Y  si bien en los fallos no se hace mención  expresa  a  las  declaraciones  juradas  ante  notario  público  que  alude  el  demandante  como  excluidas,  y  que  fueron aportadas por éste a la actuación  mientras  se  surtía  la  apelación del pliego de cargos, igualmente es verdad  que  esos  elementos  por  haber sido allegados extemporáneamente al proceso no  podían  ser  considerados,  y  así  hubiesen  recibido  la  atención  de  los  juzgadores,   su   contenido   se   limita  a  poner  de  presente  un  supuesto  comportamiento  de  celos  de  la  denunciante respecto del acusado, y en manera  alguna  acredita  que  la  incriminación  penal  formulada  por  ésta  y luego  ratificada  por  la  menor  victima de los actos lascivos sea falsa u obedezca a  una proterva intención de su progenitora.   

10. En conclusión,  el  recurrente  no demostró, como lo exige la jurisprudencia en eventos como el  presente,  la  configuración  objetiva  de  vicios  de  apreciación probatoria  determinantes  de  una  equivocada  declaración de justicia, siendo forzoso, en  consecuencia,  reiterar  que  el  recurso  de  casación es en esencia un juicio  lógico  jurídico,  de  delicada  argumentación  y crítica vinculante, que se  emite  acerca  de  la  legalidad  de  la  sentencia  y  no puede entenderse como  instancia  adicional,  ni  como potestad ilimitada para revisar el proceso en su  totalidad,  en  sus  diversos  aspectos  fácticos  y normativos, sino como fase  extraordinaria, limitada y excepcional.   

Los  principios de sustentación suficiente,  limitación,  crítica  vinculante,  autonomía  de las causales, coherencia, no  exclusión  y no contradicción, ha sido dicho por la Corporación, en cualquier  régimen    gobiernan    la    casación.   Los   dos   primeros   (sustentación  suficiente  y limitación),  derivan  del  carácter  dispositivo del recurso, e implican que la demanda debe  bastarse  a  sí misma para propiciar la invalidación del fallo, y que la Corte  no    puede    entrar    a    suplir    sus   vacíos,   ni   a   corregir   sus  deficiencias.   

El  de crítica vinculante, presupone que la  alegación  debe  fundarse  en las causales previstas taxativamente por la misma  normatividad,  y  que  se somete a determinados requisitos de forma y contenido,  dependiendo  de  la  causal  invocada.  Y  los  de  autonomía,  coherencia,  no  exclusión   y  no  contradicción,  implican  que  el  discurso  debe  mantener  identidad  temática,  y  ajustarse  a  los  requerimientos  básicos de lógica  general y lógica jurídica.   

La inobservancia de esos requerimientos, como  en  el  asunto  estudiado,  impide  la  demostración  clara  y  contundente  de  cualquiera  de  los yerros previstos por el legislador como motivo enervante del  fallo,  y  veda  a la Corte el estudio de los fundamentos fácticos o jurídicos  de  la  decisión atacada, pues en atención al principio de limitación, y dado  el  carácter  rogado y dispositivo de la casación, las deficiencias del libelo  no  pueden  ser  enmendadas,  ni asignarse otro sentido a la expresa pretensión  del  demandante,  la  cual  debe  tener  un  objeto  preciso,  claro, definido y  coherente,  regido  por  causales específicas señaladas por la ley, con cargos  que  han  de adecuarse a éstas, los cuales se resuelven en una nueva sentencia,  diversa   en   objeto  y  contenido  de  la  proferida  por  los  falladores  de  instancia.   

Finalmente, la Sala no observa, con ocasión  del  trámite  procesal  o  del  pronunciamiento  atacado, se haya materializado  violación    de    derechos    o    garantías   del   procesado   WILLIAM  YESID  DUARTE  SÁNCHEZ, como para  que  se  haga necesario el ejercicio de la facultad legal oficiosa que le asiste  a fin de asegurar su protección.   

En  mérito  de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

NO   ADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  en  nombre  de  WILLIAM     YESID    DUARTE    SÁNCHEZ,   de   acuerdo   con   las   razones   plasmadas  en  el  presente  proveído.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                            JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS  MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO              SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                       Permiso   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                        MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                               JULIO       ENRIQUE      SOCHA  SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  El  nombre  de  la  víctima  se  mantiene  en reserva de acuerdo con la Ley 1098 de  2006, artículo 47.   

2  Cuaderno original # 1, folios 1-3, 8-11, 14-16, 59 y 114-116.   

3  Ídem,   6,   17,   19,   31-35,   36-40,   68,   91-101,   111,   112,   120  y  151-157.   

4  Ídem, folios 220-231.   

5  Cuaderno del Tribunal, folios 11-46 y 8-16 y 31-44.     

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