33097(24-02-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 33097  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado            Acta:  64        

Bogotá,  D. C., veinticuatro (24) de febrero  de dos mil once (2011).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Resuelve  la  Sala el recurso de casación,  interpuesto por el defensor de  CARLOS     ALFREDO    MEDINA    RINCÓN,     contra    el    fallo    expedido    por    el    Tribunal  Superior  de  Cali,  mediante el  cual  confirmó la  sentencia  adoptada  por  el  Juzgado  Noveno  Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad1,    que    lo   condenó   a   la   pena   principal   de  30  meses de prisión, por el  punible  de hurto agravado, en  concurso.   

H    E    C    H   O   S   

La     Compañía    de    PRODUCTOS   YUPI  S.A.,  de  Cali,  signó  contrató   laboral   con   CARLOS   ALFREDO   MEDINA  RINCÓN,  en el año de 1994, para que se desempeñara  en  el  cargo de vendedor mayorista. El 2 de octubre de 1996, fue denunciado por  cuanto    se    apropió    de    27’000.000  de  pesos,  para  lo  cual, cobraba a cada cliente, dineros  generados   por   el   sistema   de   “créditos” y,  una  vez  regresaba  a  su sitio de trabajo, con el capital que a diario le iban  entregando,       realizaba       “créditos           ficticios”  o  los reportaba como pendientes de cancelar, hasta el  tope   mencionado   al   ser   descubierto   por  la  empresa.      

A C T U A C I Ó N    P R O C E  S A L   

1. El 10 de julio de  2003,  la  Fiscalía Seccional 80 de Cali,      dictó      resolución      de  acusación   contra  CARLOS  ALFREDO   MEDINA   RINCÓN,   como   presunto   autor  responsable   del   punible   de   hurto,2  agravado3-4.   

2.  El  3  de  junio  de 2004, la Fiscalía   Delegada   ante   el  Tribunal  Superior  de  la  misma  ciudad, confirmó   la  anterior  decisión  al  desatar  el  recurso  de  apelación  interpuesto por la defensa técnica.   

3  El 5 de marzo de  2009,   el  Juzgado  Noveno  Penal  del  Circuito  de  Cali5,   condenó  a  CARLOS     ALFREDO    MEDINA    RINCÓN,  a  la  pena  principal  de  30 meses de  prisión,    por    el    delito   de   hurto   agravado   en   concurso  y  a  la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  término  igual  al  de  la  pena  privativa de la libertad.   

4.  El  29 de julio  siguiente,  el Tribunal de la misma ciudad,  confirmó  la  decisión apelada por la defensa contra la sentencia condenatoria.   

5.  El mismo sujeto  procesal,  impugnó  en casación el fallo de segundo grado, el que fue admitido  el  15  de  diciembre  de  2009  y,  una  vez  incorporado  a  la  actuación el  correspondiente  concepto  de  la  Procuraduría,  procede  la Sala a fallar, en  atención a las pretensiones consignadas en el libelo.   

D   E   M   A   N   D  A    

El cargo fue formulado por violación directa  de  la  ley  sustancial, en sentido de aplicación indebida de los tipos penales  base    de    la    sentencia   condenatoria   impartida   contra   CARLOS  ALFREDO  MEDINA RINCÓN y, en forma  correlativa,  por  falta  de  aplicación  del  delito  de  abuso  de confianza,  previsto  en  el  canon  358  del Decreto Ley 100 de 1980; codificación vigente  para la época de los acontecimientos ilícitos.   

Por  otro  lado,  al  final  de  la  censura,  peticionó   se   decretará   la   prescripción  de  la  acción  penal.    

Para demostrar sus pretensiones citó algunos  apartes  de  la  sentencia  condenatoria  impugnada,  luego  un radicado de esta  Sala6,  en donde puso de presente que no existe relación jurídica entre  procesado  y  empresa  para  la coexistencia del delito de hurto agravado por la  confianza.   

Acto  seguido,  indicó  que  el  Tribunal no  encontró  en  punto  del contrato individual de trabajo, la concreción expresa  de  las  funciones  del  enjuiciado;  y,  el  jefe  administrativo  de  la Firma  desfalcada,  Arjail  González  Hernández,   sostuvo   que  CARLOS  ALFREDO  MEDINA  RINCÓN,   “como  vendedor  sí  estaba  autorizado  para  recibir dineros, él  hacía  las  ventas  y  dentro de sus funciones estaban los recaudos, y a la vez  él     tenía    que    reportarlos”   al  departamento  de  cartera  de  la  compañía.   

Si  lo  anterior es cierto, para el libelista  existe  un  título  complejo  no traslaticio de dominio, por medio del cual, el  inculpado  estaba en la obligación de reportar y entregar dineros a la empresa,  por  cuanto,  nunca  se  le  transmitió el derecho de dominio sobre los mismos,  siendo  esto,  “un título  y     una     relación    jurídica”.   

El  contrato  y las funciones a él asignadas  demuestran  esa  relación no traslaticia de dominio; estas razones, en criterio  del  defensor, impiden aplicar al caso en estudio los preceptos sustanciales 249  y   351   del   Decreto   Ley   100   de   1980,  por  cuanto,  el  “vínculo     jurídico”  es  propio  del  delito  de abuso de  confianza,    “porque  también  lo es que en el delito de hurto agravado el bien jurídico puede estar  en  poder  del  agente  pero  sin  vinculo  jurídico sobre el mismo”.        

Y  como en las conclusiones de las instancias  se  dijo  que  su  mandante  no  recibió  la  cosa mueble por un título que le  confiere  la  custodia,  sino  para tenerla en su poder y luego hacer entrega de  ella,  en  tanto,  no  es  poseedor  o propietario de la misma, pues le falta el  ánimo  de  señor y dueño, según se acordó entre las partes; de allí emerge  la  confianza  entre  el  hoy  condenado  y la empresa, para que él cobrara los  dineros  adeudados,  de  forma  tal  que  no existió entrega de capital para su  administración,  custodia  o  inversión;  solo  el  recaudo de los dineros era  parte de sus funciones.      

Acto  seguido,  se refiere a las normas 765 y  775   del   Código   Civil   que   consagran   lo   relativo   al  “título      constitutivo      de  dominio”:   ocupación,  accesión  y  la prescripción (687, 713); en palabras del actor, se confunde el  “título”  con el modo, el que a su turno   realiza           el          “título”, con  el fin de adquirir el derecho real.    

Como  coexisten  vínculos  jurídicos  entre  víctima  y  procesado,  se  generó  la  indebida  aplicación  de  las  normas  relativas  al  hurto  y, por el contrario, debió adecuarse al caso en análisis  el     delito     de     abuso    de    confianza7  previsto  en el artículo 358  de  la  normatividad  sustancial  citada,  pues si su mandante no hubiese estado  autorizado  por la firma para cobrar esos dineros, estaría la tipificación del  mismo  en  el  punible  por  el  que  fue  condenado;  todo a tono con la línea  jurisprudencial  sobre los elementos que diferencian el hurto agravado del abuso  de   confianza8.    

En    punto    de    la    prescripción,  anunció el demandante que  como  los  hechos  ocurrieron  en el año de 1996 y la resolución de acusación  elevada  por  la  segunda  instancia  fue  del  3  de junio de 2004, aplican los  artículos  80  y  84 del Decreto Ley 100 de 1980, vigente para la época de los  hechos,  sobre  el  término  de  interrupción  de la misma, nunca inferior a 5  años.   

Teniendo  en  cuenta  que  la  pena  máxima  imponible  a  su  prohijado, con base en los preceptos 349 y 351 del Decreto Ley  100  de  1980, es de 7 años, se parte del 4-6-04 y como la mitad es inferir a 5  se  contabiliza  este  último  término,  el que venció el 4 de junio de 2009.   

Por tanto, solicitó casar el fallo impugnado,  dictando   la   Corte   el   que  corresponda  o  declarando  la  cesación  del  procedimiento   a   favor  de  CARLOS  ALFREDO  MEDINA  RINCÓN.   

M I N I S T E R I O    P Ú B L  I C O   

La   Procuradora  Tercera  Delegada  para la Casación Penal, después de  realizar  un  resumen  de los hechos, de la actuación procesal relevante, de la  demanda  y  luego de exponer sus argumentos, le sugirió a la Corte, no casar la  sentencia   objeto   de   impugnación,   en   ninguno   de   los  dos  sentidos  propuestos.   

Como     lo     ha     señalado     la  jurisprudencia9    entre    los    delitos    de   hurto  agravado   y   abuso   de  confianza         existen         similitudes   como   el  bien  jurídico  protegido     y,     desde    luego,    son    innegables    sus    diferencias:  el  verbo rector es diverso  entre  uno y otro; en el primero existe una relación de confianza y no se tiene  el  poder  jurídico sobre la cosa y en el segundo debe generarse entre ellos un  nexo  jurídico que los relacione con la cosa que se detenta y el título jamás  transfiere el dominio.    

El  problema  a  dilucidar  consiste en si el  procesado  contaba  con  la tenencia legítima de los dineros cobrados por él y  disponer       de      ellos      “fraudulentamente”  en  su  condición  de  vendedor  mayorista de la empresa, o si el  recaudo  en  esas  circunstancias,  cuyo  apoderamiento se demostró, no implica  relación  jurídica con el bien, aún persista el grado de confianza que le fue  depositado como empleado.   

Con  el  delito de hurto la situación con el  bien  se  circunscribe  a  una  simple  relación  fáctica y el agravante nace,  precisamente,  por  la  confianza  puesta  por  los  directivos de la empresa al  sujeto  activo  del  punible,  quien  se  aprovecha de sus funciones para lograr  apoderarse  del  dinero.  En  el  abuso de confianza, surge el vinculo jurídico  cuando  se  entrega un bien a título no traslaticio de dominio y no demanda, en  todos  los  casos,  “una  situación  de  confianza”  entre ellos.   

Al  inculpado aunque no se hayan previsto sus  funciones  como  tales  en el contrato de trabajo, los directivos declararon que  le  fueron  otorgadas  en  sus tareas diarias, esto es, la de recaudar dineros a  los  diferentes  clientes; ocasión aprovechada por el condenado para apropiarse  de  los  capitales  de  la  compañía,  por  la  proximidad con los mismos; sin  embargo,  yerra  el actor, al entender “que  tales valores le fueron entregados a título no traslaticio de  dominio,  ante  la  existencia  de  un  contrato laboral, vinculo del cual no se  puede    desconocer   su   existencia”.     

Solo  se  generó una relación laboral entre  patrono  y trabajador, sin vínculo entre sujeto y objeto (dineros en calidad de  tenedor  precario),  entregados  por  los  clientes  a título no traslaticio de  dominio,  para consolidar una legítima tenencia en punto del delito de abuso de  confianza.  La  labor del enjuiciado era de simple recepción de dineros, que no  fue  cumplida  al  apoderarse  de los dineros, de los cuales no estaba facultado  para  disponer  a su arbitrio de ellos –no  se  le  confió manejo- a ningún título de tenedor, la cual, a  las  voces  del  Código  Civil  se  ejerce  sobre  una  cosa,  en  nombre de su  propietario pero jamás como si lo fuera.    

Y  como  no  se  estructuran  los  elementos  esenciales  del  delito  de  abuso de confianza, porque el condenado jamás tuvo  algún  derecho  sobre  los  caudales por él apropiados, pues no los recibió a  título  no  traslaticio  de  dominio: “justamente,  la ausencia de ese vínculo jurídico con los dineros,  es  la  circunstancia  que  marca  la diferencia para que en el presente caso se  configure  el  delito  de  hurto  agravado  por la confianza y no el de abuso de  confianza”;  en tanto, su  relación  con  el  capital  la  marcó  el cargo que ejercía al interior de la  empresa  y  MEDINA RINCÓN, se  aprovechó  de  la  confianza  brindada  por  los  directivos  para  darle  otro  destino.    

Por   último,   existía  un  “vinculo”  laboral  entre  el  procesado  y  la  compañía,     más    no    un    “vinculo      jurídico”  con  los  dineros,  solo  era  una relación física, “lo  cual  facilitó el apoderamiento,  más     no     su     apropiación”.   

El  recaudo  de capital jamás constituía un  título  no  traslaticio  de  dominio,  el  acceso a los bienes fue producto del  ejercicio  de  su  cargo  como  vendedor;  dineros  de  los cuales él no podía  disponer  como  si  fuera  suyo,  porque  en todo momento sus superiores siempre  conservaron esa potestad.   

Por   todo,  no  existe  mérito,  para  la  Procuradora  Tercera  Delegada,  para  casar la sentencia, menos aún  para  acoger  la  solicitud  de  prescripción  de  la acción penal, por el delito de  hurto   agravado   en   concurso,  en  tanto,  es  la  calificación10 jurídica de  carácter  definitiva reprochada en la sentencia condenatoria el único factor a  tener en cuenta para contabilizarla.   

Como  el  delito consagrado en el Decreto Ley  100  determinaba  una  pena de 1 a 6 años por el hurto y para el hurto agravado  se  estableció un aumento hasta la mitad, es decir, 3 años más; sobre el cual  se  genera  la  agravante  del  372,  en  proporción de (1/3) parte a la (1/2);  entonces  el  resultado  en  meses  es de 162, que dividido en dos presenta como  resultado  81  meses  y desde la ejecutoria de la resolución de acusación de 3  de  julio  de  2004,  arroja  el  resultado  de  3 de abril de 2011, fecha de la  prescripción, tiempo que aún no se ha cumplido.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

1. La Corte advierte  que  al  haber  sido  admitida  la  demanda de casación en lo atinente al cargo  elevado  por  vía directa, se superaron los múltiples, exacerbados y complejos  defectos  lógico  argumentativos exhibidos en ella, con el exclusivo propósito  de   analizar   a   fondo  las  posibles  falencias  a  las  garantías  fundamentales  materializadas  en las  instancias,   sin   que   lo   precedente   (casar   el   fallo   por  ejemplo),  irremediablemente  desencadene  en  su declaratoria, máxime si se constata todo  lo  contrario;  es  decir, que no se presentó ninguna afrenta o vulneración de  entidad   trascendente   establecida   por   la   ley   y  desarrollada  por  la  jurisprudencia.   

2.    Así  mismo,     es    viable  aclarar  que,  el  concepto  presentado    por    la    Procuradora   Tercera   Delegada   del   Ministerio   Público,   compendiado   en  páginas  precedentes,  donde  solicitó  a  la  Corte  no  casar  la  sentencia  impugnada,  en  ninguno  de  los  dos  sentidos propuestos; es acogido de manera  puntual  y  hace parte esencial de este proveído, con la finalidad inmediata de  evitar repeticiones innecesarias.   

3.  Debe  tenerse  presente   también   el   postulado   de   unidad  de  decisiones  propio del recurso extraordinario, el cual  enseña  de  manera  suficiente,  clara  y  precisa  que,  tanto la sentencia de  primera  instancia  junto  con  la  de  segundo nivel, conforman un solo cuerpo,  unidad  e  integridad  sustancial  y  los  baches probatorios o sus valoraciones  omitidas   en  una  decisión  las  suple  la  otra,  de  cara  a  los  aspectos  –descriptivos, fácticos,  probatorios  o normativos- cuestionados e impugnados11     por    los    sujetos  procesales.   

4. Cuestión previa:   

Con    base    en    el    principio  de  prioridad desatendido por el  actor  así  como por la Procuradora Tercera, la Sala estudiará la petición de  prescripción  de  la  acción  penal,  pues  si bien, se salvaron los numerosos  defectos  en  su invocación, de prosperar habría que decretar la extinción de  la  acción  penal  y,  como  es  obvio,  las  demás pretensiones ya no serían  trascendentes.   

En   realidad   si   se   verifica  que  la  prescripción   operó,   cualquier   actuación   de   la   judicatura  deviene  transgresora  del  derecho  al  debido  proceso,  siendo inviable la emisión de  cualquier  otro pronunciamiento en tanto la consolidación de esta circunstancia  objetiva  de  inmediato  extingue  la  acción penal y el funcionario judicial a  cuyo  recaudo se encuentra el estudio del asunto, en este caso la Corte Suprema,  pierde jurisdicción para conocer de cualquier tema.   

4.1.     Sobre     la     prescripción  solicitada:   

El delito imputado por la Fiscalía fue el de  hurto  agravado  en concurso,  disciplinado  en  el Decreto Ley 100 de 1980, artículos 349, (351, 2) y 372 que  describe las siguientes penas   

Hurto: “…incurrirá  en  prisión  de uno a  seis  años”.   

Circunstancias     de     agravación  punitiva: “…  se  aumentará de una sexta parte a la  mitad”.   

Circunstancias     genéricas     de  agravación,  se aumentarán  de   una  tercera  parte  a  la  mitad”.   

Como   los   actos   antijurídicos  fueron  consumados   en   octubre   de   1996,  las  instancias,  no  le  dedujeron  las  modificaciones  de  la  Ley  890  de  2004,  artículo 14, de cara al aumento de  mínimos    y   máximos   punitivos   consagrados   en   el   respectivo   tipo  penal.   

Ahora  bien: el artículo 86 de la Ley 599 de  2000,  estipula  que  la  prescripción  de la acción  penal    se    interrumpe    con   la   resolución  de acusación o su equivalente  y,  una  vez ejecutoriada, se reinicia un nuevo término, el cual será igual al  consagrado  en el precepto 83, sin que pueda ser menor a cinco (5) ni superior a  diez (10) años.   

Por  tanto,  el  tiempo  prescriptivo  de  la  acción    penal,    en    punto    a   la   ejecutoria   de   la   resolución  de  acusación, se entiende en  dos  sentidos: (i) si se trata  de  un  servidor  público12         debe     contabilizarse,     como     lo     ha     explicando    la  jurisprudencia13  de  esta  Sala, en seis (6)  años  y  ocho  (8) meses, ii)  por  el  contrario,  si es un particular, el lapso tiene un límite de cinco (5)  años.    

Se tiene, entonces, que la  resolución  de  acusación expedida por el  Fiscal   Delegado   ante  el  Tribunal  Superior  de  Cali,   de   fecha   3  de  junio  de  2004,  la cual confirmó la decisión de primera instancia proferida por  el    Fiscal    Ochenta   Seccional,   quedó  ejecutoriada  el  día  3  del  mismo mes y año;   con  tal  proveído,  se  interrumpió  el  ciclo  prescriptivo;  iniciándose  un  nuevo  término  equivalente  a  la  mitad del señalado en el  artículo  83,  el  cual no puede ser inferior de seis (6) años ocho (8) meses,  en  relación  a  servidores  públicos, ni  menor de cinco (5) años, para  los  particulares,  con base en lo dispuesto en el aludido artículo 86, numeral  2;  el  último  evento,  es el que ocupa la atención de la Sala, por cuanto el  procesado  se  desempeñaba  para  la época de los hechos, como vendedor de una  empresa privada.   

Siendo  ello  así,  se  constatará  si  a  CARLOS     ALFREDO    MEDINA    RINCÓN,  le  aplicó o  no,  el  fenómeno  jurídico  de  la  prescripción  de  la acción penal en lo  concerniente  a  los  particulares,  con  ocasión  al  injusto  por  el que fue  condenado,  cuya  sanción  oscila entre 1 y 6 años, equivalente a 12          y         72   meses;   guarismo   base   que  debe  modificarse      por      las      “circunstancias       de       agravación      punitiva”  de  (1/6)  parte a la (1/2), para un  resultado    parcial   de   14   a   108   meses   y   como   también   se   imputaron   las   “circunstancias    genéricas    de  agravación”,  nuevamente  se  amplía  la  pena  de  (1/3)  parte  a  la (1/2), para un resultado final de  18.6 a 162 meses.   

Como el extremo máximo de la sanción fijada  dio  como resultado 162 meses, tal guarismo ha de dividirse en dos,  lo que  es   igual   a   81  meses  o su equivalente 6  años  9  meses: tiempo en el que debe  operar  la prescripción de la acción penal. La ejecutoria de la resolución de  acusación  de  segunda  instancia  fue  de  3  de  junio  de  2004,  día de su  expedición;  luego  la  fecha límite es el 3 de marzo  de  2011  y  no  el  3  de  abril del mismo año, como  equivocadamente  lo  plasmó  en  su  concepto  la Procuradora Tercera Delegada.   

En  estas  condiciones,  el Estado Colombiano  como  titular  de la gestión pública, todavía no ha perdido la potestad, para  investigar,  perseguir y sancionar a los infractores de la ley penal; motivo por  el cual, se desestimará la petición elevada por el defensor.   

Problema  jurídico  planteado.   

La  Sala determinará si el comportamiento de  CARLOS ALFREDO MEDINA RINCÓN  se  acopla,  en  palabras  del  actor,  a la descripción típica del injusto de  abuso de confianza y no al de  hurto agravado por el que fue  condenado,  en  cuanto, existió una relación jurídica entre el inculpado y la  empresa  de  Productos Yupi y los dineros recaudados no le fueron transferidos a  ningún título.     

Como los hechos se consumaron en vigencia del  Código  Penal anterior, esto es, el Decreto Ley 100 de 1980, la Sala examinará  los  preceptos  demandados  junto  con  el  quizás excluido de las valoraciones  judiciales,  con el fin de corroborar sus componentes descriptivos y normativos;  así  como  rememorar  el  criterio  jurisprudencial  sobre el particular.    

Hurto     (349):               “El     que     se     apodere  de una cosa mueble ajena, con el  propósito  de  obtener provecho para sí o para otro, incurrirá en prisión de  uno   a   seis   años”.   

Circunstancias     de     agravación  punitiva      (351,  2):    “La  pena  imponible  de  acuerdo  con los artículos anteriores, se  aumentará  de  una sexta parte a la mitad sí el hecho se cometiere…             2.              Aprovechando  la  confianza  depositada  por  el dueño, poseedor o  tenedor   de  la  cosa  en  el  agente”.    

Abuso   de  confianza  (358):  “El  que se  apropie  en provecho suyo o  de  un  tercero,  cosa  mueble  ajena,  que  se  le  haya  confiado  o entregado  por  un  título no traslativo de dominio,  incurrirá  en  prisión de uno a cinco años y multa de un mil a  cien          mil         pesos”.   

El hurto  es  un  tipo penal de resultado material y de lesión. A su turno,  el  sujeto  pasivo  se  identifica  con  personas  (naturales o jurídicas) y la  conducta  de  apoderamiento  expresa  la antijuridicidad requerida por la norma,  cuya  finalidad  se  cristaliza  con la obtención de  provecho, utilidad o  beneficio  para si o un tercero, en tanto, el elemento normativo trae consigo el  concepto de ajenidad del bien objeto de la transgresión.   

La  circunstancia  de  agravación  punitiva  se   concreta  en la confianza encomendada por el  dueño,  poseedor  o tenedor de la cosa al sujeto activo, quien a pesar de ello,  se  aprovecha  de tal situación, con el inmediato fin de apoderarse dolosamente  del bien confiado.   

El   abuso   de  confianza participa en términos generales de la misma  clasificación  normativa;  sin  embargo,  el agente conserva su calidad típica  dentro  de  un  plus  nominal  de  naturaleza  civil como el ser administrador o  depositario  del  bien;  en tanto, siempre será indispensable que se confíe la  mera  tenencia14  de  la  cosa  mueble  ajena  apropiada,  con la cual se consuma el  injusto  en  estudio;  luego, el elemento normativo se identifica con el título  no  traslaticio  de  dominio,  el  cual expresa que el depositario, por ejemplo,  siempre  interviene sobre el bien, sin ánimo de señor y dueño, por cuanto, no  se  realiza la transmisión de derechos a ningún título jurídico.     

En  el  hurto  el  bien  mueble  jamás  se recibe por algún  título  que  le otorgue la protección o cuidado del mismo; sin embargo, por la  confianza  depositada  en  él,  existe  una  relación  o  vínculo fáctico de  disposición.  En  el  abuso  de  confianza  siempre  concurre  el  agente de la  conducta  antijurídica  con  un  título  no  traslativo de dominio, como el de  tenedor  de  la  cosa  mueble  ajena  y,  desde luego, si se la apropia, en esas  circunstancias, consuma el punible indicado.    

Como  lo  señaló el Tribunal de Cali, en el  abuso  de confianza se agravia el derecho del tradente, quien busca afanosamente  que  el  objeto  le  sea  restituido  de  manos del tenedor precario, a quien le  confió  la  vigilancia  del  mismo;  en  el hurto agravado por la confianza, se  ataca   el   poder   de   disponibilidad   que   la   víctima  tiene  sobre  el  bien.   

El  criterio  jurisprudencial  respecto a las  similitudes  y diferencias de los dos injustos en estudio, viene siendo acuñado  desde   el   Código   Penal  de  1936,  con  las  consiguientes  modificaciones  legislativas, como es el caso del Decreto Ley 100 de 1980.   

Por  ello  la Sala hará un breve recuento de  algunas  decisiones,  con  el fin de seguir fijando la doctrina jurídica cuando  se  disputa  la  supremacía  del  punible de menor rango punitivo como lo es el  abuso   de   confianza   sobre   el   hurto   agravado,   justamente,   en  esas  circunstancias.   

En el radicado 22.412, de 24 de enero de 2007,  la Sala indicó:   

“Así  se puede  explicar,  mediante  una  primera aproximación, la razón por la que, pese a su  similitud  y  a  proteger un mismo bien jurídico, los  delitos  de  abuso  de  confianza  y  hurto  agravado  por la confianza terminan  distinguiéndose   como   expresiones   de  sentido  que  responden  a  diversas  estructuras  ontológicas  y  a  una concreta modalidad de afección,  las  cuales el legislador extrae de la realidad y las sanciona de  manera    diversa,    como    corresponde    a    sus    perfiles    óntico   y  valorativo.   

Por  eso,  nótese que la apropiación, como  núcleo   rector   del   tipo   penal   del  abuso  de  confianza,  contiene  un  juicio de valor que hace énfasis en la relación que  surge   entre   la  víctima  y  los  bienes  (la  mera  tradición),  mientras  que  en  el  hurto,  el apoderamiento, si bien también  corresponde  a  una  expresión  jurídica,  mira  más  a  la  ontología de la  conducta, a una relación fáctica.   

Si  se  quiere, en el abuso de confianza la  apropiación  tiene explicación en un marcado acento jurídico, pues ella surge  como  consecuencia de la entrega en confianza de un bien que se recibe a título  no  traslaticio  de  dominio,  mientras  que  el  apoderamiento en el hurto dice  relación  con  una  situación  con  acento fáctico que el derecho valora como  indeseable”.    

El 7 de marzo de 2007, en el radicado 24.793,  se dijo:   

“En  efecto, el  carácter  diferenciador del abuso de confianza, respecto del hurto agravado por  aprovechar  el  agente la confianza depositada por el dueño, poseedor o tenedor  de  la  cosa,  radica  en  que la acción de apropiación de aquella conducta se  hace  sobre  bienes  que  han entrado a la órbita de tenencia del sujeto por un  título  precario  o no traslaticio de dominio, ello implica en consecuencia, la  necesaria  entrega  de  la cosa mueble por parte del titular al agente, saliendo  así  el  bien  de  manera  voluntaria  de  su  esfera de custodia y vigilancia.  En tanto que en el hurto, que se agrava por razón de  la  confianza  depositada,  el sujeto activo no tiene una relación jurídica de  carácter  posesorio  con  los  bienes,  sino  meramente  física,  por ello, la  sustracción  se  facilita ante el acceso que tiene sobre los mismos”.   

A  su  turno,  en la casación 23.719 de 6 de  septiembre de 2009, se citó otra del 17 de enero de 1984:   

“Reiteradamente  ha  sostenido  la  jurisprudencia  de  esta  Corporación  que  son  varias  las  diferencias  que pueden establecerse entre los punibles de hurto agravado por la  confianza y abuso de confianza…   

En efecto, si bien es cierto que en el abuso  de  confianza la cosa mueble se halla en poder del sujeto por razón del título  que  sobre  ella  ostenta,  también lo es que en el delito de hurto agravado el  bien  puede  estar  en  poder  del  agente  pero sin vínculo jurídico sobre el  mismo,  ya que el apoderamiento se da cuando se toma para hacer propio el objeto  que  se  encuentra  en  la  órbita  de  disposición  de su titular, aun cuando  materialmente  se halle en manos del sujeto activo de la infracción.   

          Sobre este aspecto la Corte ha sostenido:   

          “Repetidamente  se  ha  dicho  por esta Corporación que tanto en el  hurto  como en el abuso de confianza se presenta el apoderamiento o apropiación  de  cosa  mueble  ajena,  el propósito lucrativo por parte del agente a más de  que los dos hechos punibles lesionan el patrimonio económico.   

          “A  pesar  de que son varias las diferencias que pueden establecerse  entre  estos  dos  hechos  punibles,  destácase  que  para la tipificación del  delito  de abuso de confianza la cosa ha debido entrar  a  la órbita del agente ‘por un título no traslaticio de dominio’; vale decir,  que  en  este  delito el sujeto tiene sobre el bien un poder precario reconocido  por  el  ordenamiento,  mientras  que  en  el  delito  de  hurto agravado por la  confianza  el agente carece por completo de poder jurídico sobre el objeto, aun  cuando  aparece  vinculado  por  razones  de  confianza  personal con el dueño,  poseedor o tenedor.   

          “El  actor  ha  querido  distinguir  estas  dos formas delictivas en  razón  de  la  exclusiva  interpretación de los verbos rectores, lo que apenas  debe  constituir  un  punto  de  partida,  pero  en  manera  alguna la solución  completa  de  la  cuestión  planteada.  En  efecto, si bien es cierto que en el  abuso  de  confianza  la cosa mueble se halla en poder del sujeto por razón del  título  que sobre ella ostenta, en el delito de hurto agravado también la cosa  puede  estar  en  el  poder  del actor, pero sin vínculo jurídico alguno sobre  ella,  pues  el  apoderamiento  se da cuando se toma para hacer propio el objeto  que  se  halla  en  la  órbita  de  disposición  de  su  titular,  aun  cuando  materialmente se halle en manos del agente.   

         

Siendo  ello  así,  aquí no se equivocó la  Procuradora  Tercera, en tanto, su concepto es claro en el sentido que el delito  que  consumó  el  procesado no es el abuso de confianza sino el hurto agravado,  por  cuanto  CARLOS ALFREDO MEDINA RINCÓN,  carecía  de  algún título sobre los dineros que paulatinamente  se  fue apoderando, aun cuando conservaba el vínculo de la confianza depositada  en  él  por  los  directivos  de  la  compañía, en su condición de vendedor.   

Con  todo,  no  existió ningún “título  complejo  no  traslaticio de  dominio”, como lo pregona  el  defensor,  generado  por  el  contrato de trabajo y las declaraciones de los  dirigentes de la compañía en donde le asignaron esas tareas.   

Olvidó el togado los argumentos expuestos en  el  fallo  de primer nivel, cuando se decidió de hurto  agravado  debía  ser  el  verdaderamente imputable al  infractor de la ley penal:   

“De igual manera  no  se  debe  confundir el agravante del hurto por la confianza, con el abuso de  confianza,  es  que  el  hurto  con  agravante,  la  cosa  no se le ha entregado  específicamente  al  ladrón,  con  desplazamientos  de  la tenencia, a ningún  título,   existe  en  el  hecho  un  apoderamiento  ilegítimo,  una  verdadera  sustracción,  que  se  facilita por el acceso que a los bienes tiene el sujeto,  por  voluntad  de  su  dueño  o  tenedor,  manifiesta,  expresa  o tácitamente  (…)   

En  el presente caso a estudio se tiene que  el  señor  CARLOS ALFREDO MEDINA RINCON (sic),  obraba  en la empresa YUPI, conforme al contrato laboral de  vendedor,  donde  vendía  los  productos  de  la  compañía  en mención a los  diferentes   clientes  quienes  de  contado  o  crédito  compraban  y  después  cancelaban  en dinero o en cheque al señor MEDINA RINCON (sic), pero ese dinero  el  propietario  bajo  ningún  título  traslaticio  se  lo  había  entregado,  es  por ello que en el presente evento se trata de un  delito  de  hurto  con  circunstancias  de  agravación  como lo es la confianza  depositada     por     el     dueño”.   

El  Tribunal  Superior  de  Cali,  sobre  el  particular, expuso:   

“Así entonces  lo   que   permite   asimilar   la   conducta   de   Hurto   Agravado   por   la  Confianza,  es el hecho que los dineros que el señor  MEDINA  RINCON (sic) recibió por la venta de los productos de su empleador YUPI  S.A.,  no  ingresaron  nunca  a las arcas de la empresa, ni se le entregó dicho  dinero  para  su  cuidado  o  custodia,  por  el contrario ingresaron a su haber  personal,  con base en la confianza depositada para ejercer el trabajo designado  y  concomitantemente con ello, apropiándose  directamente y para su propio  beneficio    de    los    que   le   habían   sido  entregados”.    

El  actor  se  limitó  a realizar un escueto  análisis  de  los  punibles,  para él en conflicto y, dejó a un lado, todo lo  expuesto  por  los  juzgadores respecto a la adecuación típica con los hechos,  en punto del hurto agravado por la confianza.    

No  se  puede  entender  que con la firma del  contrato  de  trabajo  y  las  funciones que le fueron asignadas por la empresa,  hubiese  existido  una relación jurídica con los dineros apropiados, pues ella  nunca  existió  al  modo como lo pretende el defensor; simplemente el inculpado  tenía  una  conexión fáctica con el bien y se aprovechó de esa circunstancia  para apoderárselo.   

Las   motivaciones   del   demandante   son  contradictorias,  pues  por un lado acepta que no hubo ningún vínculo entre su  prohijado  y el capital; por otro, destaca el elemento normativo requerido en el  abuso  de confianza, pero al ajustarlo al tipo de abuso de confianza, fallan sus  cálculos  jurídicos, cuando advierte que él solo los trasladaba de un lugar a  otro: esa era su función.    

En      conclusión,     CARLOS  ALFREDO  MEDINA RINCÓN, aceptó el  hecho  ilícito  como  suyo,  así como el plexo probatorio lo demostró; en ese  orden,  es  nítido que el capital fraccionado le fue entregado por los diversos  clientes  de  la compañía donde laboraba; dinero que estaba bajo la vigilancia  de los directivos o propietarios de la misma.   

Luego, el acriminado mediante acciones falaces  hacía  que  la  empresa  desviara  la  atención  en  cuanto  a las sumas a él  entregadas  y, por esa vía, mediante la confianza depositada en sus hombros, se  apoderó  de  los  millones denunciados por Yesid Díaz  Trejos;  en tanto, el procesado tenía la obligación,  una  vez  los  clientes  le  entregaran  los dineros, trasladarse a las oficinas  donde   funcionaba   la   Compañía  Productos  Yupi  S.A.,  entregarlo  en  el  departamento  de  crédito  de facturas o el que hiciera sus veces y reportar el  estado de cuenta de cada uno.    

La    censura,    en   consecuencia,   no  prospera.   

Con  fundamento  en lo expuesto, la   Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por autoridad de la ley,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero: No Casar el  fallo  de  segundo grado de fecha 29 de julio de 2009, proferido por el Tribunal  de Cali,  tal y como quedó plasmado en la parte motiva.   

Segundo:  Contra la  presente decisión no procede recurso alguno.   

Tercero:  Cópiese,  notifíquese, cúmplase y devuélvase al Tribunal de origen.   

JAVIER        ZAPATA   ORTIZ   

                                    

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ           FERNANDO     ALBERTO    CASTRO  CABALLERO   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                                                ALFREDO GÓMEZ QUINTERO    

Excusa justificada  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                    AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

                                                                        

JORGE      LUIS      QUINTERO  MILANÉS                                JULIO    ENRIQUE    SOCHA    SALAMANCA                                                                                   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria   

    

1 Las  decisiones  de  primera y segunda instancia se profirieron el 5 de marzo y el 29  de julio de 2009, respectivamente.     

2 Con  base  en  el  artículo  349  del   Decreto   Ley   100  de  1980:  “El  que  se  apodere de una cosa mueble ajena, con el propósito de  obtener  provecho  para  sí  o  para otro, incurrirá en prisión de uno a seis  años.   

3  ircunstancias    de    agravación    punitiva,    artículo    351,   2,  del D. L. 100 de 1980: “La  pena  imponible  de  acuerdo  con los artículos anteriores, se  aumentará   de  una  sexta  parte  a  la  mitad  sí  el  hecho  se  cometiere:  1…  2.  Aprovechando  la  confianza  depositada  por  el  dueño,  poseedor  o  tenedor  de  la cosa en el  agente”.    

4  ircunstancias    genéricas   de   agravación,      articulo      372,    de    la    misma   obra   sustancial   citada:   “.Las penas para los delitos descritos  en  los  capítulos  anteriores, se aumentarán de una tercera parte a la mitad,  cuando  el  hecho  se cometa: 1. Sobre una cosa cuyo valor fuere superior a cien  mil  pesos,  o  que  siendo inferior, haya ocasionado grave daño a la víctima,  atendida su situación económica.   

5 El 30  de   julio   de   2007,  el  mismo  Despacho  judicial,  revocó  la  medida  de  aseguramiento  que  pesaba  contra el procesado, para en su lugar, concederle la  libertad provisional.   

6 Corte  Suprema  de  Justicia,  No.  25.432  del  17  de septiembre de 2007: resaltó el  togado  lo  siguiente: “si  bien  es cierto que en el abuso de confianza la cosa mueble se haya en poder del  sujeto  por  razón del título que sobre ella ostenta, también lo es que en el  delito  de  hurto  agravado  el  bien  puede  estar en poder del agente pero sin  vínculo   jurídico  sobre  el  mismo”.   

7  Decreto  Ley  100 de 1980, artículo 358: “El  que se apropie en provecho suyo o  de  un  tercero,  cosa  mueble ajena, que se le haya confiado o entregado por un  título  no traslativo de dominio, incurrirá en prisión de uno a cinco años y  multa  de  un mil a cien mil pesos. Si no hubiere apropiación sino uso indebido  de  la  cosa  con  perjuicio  de  tercero,  la  pena  se  reducirá  hasta en la  mitad”.   

8 Citó  el   demandante   los  radicados:  13.139     (26-6-97),     11.093     (17-2-99),     22.412     (24-1-07),     24.793    (7-5-07)    y    23.719 (6-9-07).   

9  La  Procuradora  Tercera,  transcribió  algunas decisiones de esta Sala en punto al  tema  jurídico  en  reflexión;  sin  embargo,  omitió  identificarlas con sus  fechas  y  correspondientes  radicados,  solo  mencionó  una decisión de 1984.   

10  Citó  la  Delegada  el  auto  número  22.922  de  26  de enero de 2005, en ese  sentido.   

11  Como  es  obvio, el postulado en estudio, tiene plena vigencia si el funcionario  de  segunda  instancia,  confirma la decisión cuestionada; caso contrario, solo  prevalece la última.   

12  El  artículo  83  de  la  Ley 599 de 2000, inciso 5,  dice:   “el   servidor  público  que  en  ejercicio  de  sus  funciones,  de su cargo o con ocasión de  ellos,  realice  una  conducta  punible  o  participe  en  ella,  el término de  prescripción     se     aumentará    en    una    tercera    parte”;  esa  es  y  no  otra la razón del  incremento punitivo.   

13  Corte  Suprema  de  Justicia,  Radicación  25.767 (20-09-06); 25.149 (5-10-06);  20.673 (1-9-04).   

14  Código  Civil,  artículo  775.    Mera   tenencia:  “Se  llama mera tenencia  la  que  se  ejerce sobre una cosa, no como dueño, sino en lugar o a nombre del  dueño.  El  acreedor  prendario, el secuestre, el usufructuario, el usuario, el  que  tiene  derecho  de  habitación,  son meros tenedores de la cosa empeñada,  secuestrada  o  cuyo  usufructo,  uso  o  habitación les pertenece. Lo dicho se  aplica   generalmente  a  todo  el  que  tiene  una  cosa  reconociendo  dominio  ajeno”.     

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