32597(06-07-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     n°  32597   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta Nº225  

Bogotá  D.C., seis (06) de julio de dos mil  once (2011)   

VISTOS  

Decide  la Sala el recurso extraordinario de  casación   presentado   en   nombre   de  FREDY  OME  OME  contra el fallo del Tribunal Superior de Distrito  Judicial  de Neiva (Huila) que  confirmó  el  emitido en el Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de  esa  ciudad,  mediante  el  cual éste y Alberto Casas Perdomo fueron condenados  como   coautores   responsables  de  secuestro  extorsivo  agravado,  extorsión  agravada en modalidad de tentativa, terrorismo y rebelión.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.   En   Neiva  (Huila), mediante resolución  de  7 de septiembre de 2005, el Fiscal Cuarto Delegado ante los Juzgados Penales  del  Circuito Especializados ordenó interceptar el abonado celular Nº 3118843641,  con  base  en  la  solicitud  e  información presentada por el Comandante de la  Unidad    Investigativa   del   Grupo   de   Acción  Unificada   por   la  Libertad  Personal    (GAULA),  relacionada  con  las  llamadas de tipo extorsivo hechas a diferentes personas y  comerciantes   de   esa   región,  a  nombre  de  la  “Columna        Móvil        Teófilo         Forero”     de     las     autodenominadas  “Fuerzas     Armadas     Revolucionarias     de  Colombia”                (FARC)  por  un sujeto que se identificaba  con     el     alias    de    “GENARO”1.   

Atendidos  los  resultados  de  esa labor el  mismo  funcionario  judicial el 12 de octubre de ese año ordenó interceptar el  abonado    celular   Nº  3118239241, fundándose para  ello  en la solicitud e información aportada por el Jefe del GAULA de NEIVA, en  el  sentido  de  que  esa línea era también empleada por alias “GENARO”,  responsable  de  las llamadas  extorsivas  a  las  que  se  venía      haciendo  seguimiento2.   

Ese  trabajo de inteligencia facilitó a los  efectivos  del  GAULA  establecer  que  el  29 de octubre de 2005 la persona que  utilizaba  los  abonados  celulares  interceptados se hallaba en el municipio de  Campoalegre             (Huila),   en   un  establecimiento    comercial    ingiriendo   bebidas  embriagantes  con  otras personas, motivo por el que se dispuso un operativo que  en   horas   de  la  noche  permitió  la  “captura  administrativa”,   en   el   aludido   lugar,   de  FREDY  OME OME, quien tenía  en     su     poder     el     teléfono     con    la    línea    Nº        3118239241.   

Con  base en lo anterior, éste fue puesto a  órdenes  del  fiscal  que  venía  coordinando la labor policial, junto con las  llamadas  interceptadas  a  los referidos abonados, la transcripción de algunas  de  ellas  y  un  informe  detallado  de ese seguimiento, en el que se refieren,  entre  otros  sucesos,  las  exigencias  económicas formuladas a Zunilda Murcia  Vda.  de  González  por  alias  “GENARO”,  dama  que por no acceder a esas amenazas constrictivas sufrió  el  25  de  septiembre de ese año un atentado con una granada de fragmentación  en  su  casa,  y  luego  su  hijo Esper González Murcia y su cuñado José Heli  González,  fueron  retenidos  por  el  mismo sujeto entre el 10 y 16 de octubre  siguiente,  fecha última en la que los liberaron tras  el   pago  de  veinticinco   millones  de  pesos            ($25’000.000)3.   

2. El 31 de octubre  de   2005   el   Fiscal   Cuarto  Especializado  legalizó  la  aprehensión  de  FREDY OME OME con base en la  sentencia  de  la  Corte  Constitucional  C-024  de 27 de enero de 1994, ordenó  formal  apertura de la investigación por las conductas punibles expuestas en el  informe  policial, y con ocasión de tales sucesos vinculó mediante indagatoria  al  precitado,  lo  mismo que Alberto Casas Perdomo, para lo cual previamente se  ordenó  su captura debido a que en las diligencias fue identificado y señalado  como   partícipe   de   los   delitos   cometidos   por  alias  “GENARO”     a    nombre    de    las  FARC4.   

3.  Resuelta  de  manera  provisional  la  situación  jurídica  de OME  OME   y  Casas  Perdomo,  una  vez  perfeccionada  la  investigación,      tras      su      clausura5,  el  6  de  junio  de 2006 el  instructor  profirió contra los procesados resolución de acusación en calidad  de  coautores  de  las  conductas  punibles  de  secuestro  extorsivo  agravado,  extorsión   agravada,   concierto   para   delinquir,  terrorismo  y  rebelión  (Ley    599    de    2000,   169,   170-6,  244,  245-3,  340,  343  y  467, con  las  respectivas modificaciones de la Ley 733 de 2002),  pliego  de cargos que impugnado en apelación por el defensor del primero de los  citados  fue  confirmado  el  28  de  julio siguiente en la Unidad de Fiscalías  Delegadas  ante  el  Tribunal Superior de Distrito Judicial de Neiva6.   

4.  La  fase de la  causa  se  adelantó  en  el Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de  Neiva  (Huila), cuyo titular  el  13  de  noviembre  de  2007  profirió  sentencia  en la que absolvió a los  procesados  del  delito  de  concierto  para  delinquir  y  los declaró autores  penalmente  responsables  de  las  otras  conductas  punibles  atribuidas  en la  acusación,  con  la  aclaración  en cuanto a que la de extorsión procedía en  modalidad  tentada,  y  en tal virtud a cada uno le impuso las penas principales  de  cuarenta  (40)  años de  prisión   y   multa  equivalente  a  veintidós  mil  setecientos  (22.700)   salarios   mínimos  mensuales  legales  vigentes,  así  como  la accesoria de inhabilidad para el ejercicio de  derechos      y      funciones     públicas     por     veinte     (20)  años, además la de carácter civil  consistente  en  pagar  de  manera  solidaria en favor de las víctimas una suma  igual  a treinta (30) salarios  mínimos  mensuales  legales  vigentes  por  concepto  de  perjuicios  morales y  veinticinco   millones   de  pesos  ($  25’000.000) por  los            daños           materiales7.   

5. De la expresada  decisión  apelaron  tanto los enjuiciados como el defensor de ambos8, y el Tribunal  Superior      de      Distrito      Judicial      de      Neiva     (Huila),  mediante la suya de 6 de octubre  de  2008  la  confirmó  en  su integridad, fallo de segunda instancia contra el  cual  se  interpuso y sustentó en tiempo el recurso de casación únicamente en  nombre  de  FREDY OME OME9, respecto de cuya demanda, una  vez  admitida,  emitió  concepto  el Delegado de la Procuraduría General de la  Nación10.   

LA DEMANDA  

6. El censor propone  un   cargo  con  base  en  la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  de  casación  (Ley   600   de  2000,  artículo  207-1),  al  considerar  que  los  juzgadores  de  primero y segundo grado  incurrieron  en  violación indirecta de la ley sustancial, a consecuencia de un  falso   juicio   de   convicción,   porque   la  condena  contra  su  prohijado  “se  sustentó  de  manera exclusiva en informes de  policía  judicial  y  en  los audios (sic)   y  transcripciones  de  llamadas  telefónicas  interceptadas  y  gravadas,  que  si  bien  fueron  aducidos  a la actuación en forma regular, su  aptitud  probatoria  no  permite  estructurar el grado de certeza requerido para  una decisión de esa naturaleza”.   

Como normas vulneradas cita los artículos 29  de  la  Constitución  Política,  84,  232 262, 301, 314 y 316 de la Ley 600 de  2000,  después  de  cuya  transcripción y la de los apartes pertinentes de los  fallos  de  primero  y  segundo grado, concluye que los funcionarios pasaron por  alto  la  tarifa  negativa  de los elementos de prueba en los que sustentaron la  condena.   

En respaldo de su pretensión el actor trae a  colación  fragmentos  de  diversas decisiones de esta Corporación (auto   de  4  de  noviembre  de  2002,  radicación  16182,  y  las  sentencias  de  10  de  noviembre  de  2004,  radicado 20429, 15 de julio y 5 de  septiembre  de  2008,  radicados  28362  y  27508,  respectivamente).   

Sostiene el recurrente que con el oficio Nº  865  de  31  de  octubre  de  2005,  con  el  cual se dejó a disposición de la  fiscalía  a  su representado y se hizo entrega del informe policial de la misma  fecha  relatando  los  pormenores  de la captura de éste, también se aportaron  dos  discos  compactos  con las grabaciones de las llamadas interceptadas en las  líneas  telefónicas  celulares  3118843641  y 3118239241, así como cuarenta y  seis  (46) trascripciones de  los    diálogos    inherentes    a    la    primera    y    once   (11) de los correspondientes a la segunda,  precisando   a  continuación  que:  “esas  labores  previas  de  verificación  fueron adelantas en forma autónoma y por iniciativa  propia  por  el funcionario de policía judicial, sin que existiera ningún tipo  de   intervención  de  un  funcionario  judicial,  salvo  la  autorización  de  interceptación     de     dos     abonados    móviles    celulares”.   

En criterio del demandante las grabaciones de  llamadas  realizadas  desde  los  abonados  telefónicos  interceptados,  de una  parte,  no  son medios de prueba, sino instrumentos útiles para la consecución  de  éstas;  y  de otra, en el caso debatido, no son aptas para producir efectos  suasorios  porque  no  hacían  parte  de  ninguna  investigación  judicial  en  particular  y porque carecen de la demostración de su autenticidad, esto es, de  la  identificación  cierta  de  las personas que intervienen en las respectivas  llamadas,  conclusiones que asegura se desprenden de lo previsto en el artículo  301  de  la  Ley 600 de 2000 y lo consagrado de manera semejante en el 235 de la  Ley 906 de 2004.   

Agrega  que  en  razón  de lo anterior y de  acuerdo  con  los  artículos 251 y 252 del Código de Procedimiento Civil, así  como  262  de  la  Ley  600  de  2000,  las  aludidas grabaciones no reúnen las  condiciones  legales  para  ser  consideradas  documento  público  sino  apenas  simples  documentos  privados  que,  reitera,  carecen  de  autenticidad  y,  de  contera,  de  eficacia  persuasiva,  ya que en relación con ese material no fue  posible  técnicamente,  ni  por otros medios, identificar plenamente la voz del  acusado  como  la  de una de los hablantes, persistiendo la duda o incertidumbre  de  su  responsabilidad,  aseveraciones  que  considera  hallan  respaldo  en la  sentencia  de  esta  Sala  de  27 de octubre de 2004, radicado Nº 22.639, de la  cual transcribe varios fragmentos..   

Puntualiza  que  por  las mismas razones los  indicios  deducidos  contra  su  representado  en  el  fallo  de  primer  grado,  confirmado  en segunda instancia, son ineficaces porque se sustentan en un hecho  indicador  no demostrado, cual es que su defendido es alguna de las personas que  intervienen  en  las  llamadas  interceptadas y grabadas en los citados abonados  telefónicos  celulares,  perdiendo  en  consecuencia  respaldo  la decisión de  condena  emitida  contra  su  prohijado, por cuanto los elementos de persuasión  restantes no confirman la conclusión de los falladores.   

En relación con este último aspecto destaca  que  en  el  proceso  obran  las declaraciones rendidas ante la fiscalía por la  señora  Zunilda  Murcia  Vda. de González, Esper González Murcia y José Heli  González,  las  cuales  acreditan  la  ocurrencia  de los punibles de secuestro  extorsivo  agravado,  extorsión  en  grado de tentativa y terrorismo, empero de  las  mismas  no  se  desprende compromiso del acusado en esas conductas pues los  citados  no  se  refieren a él de manera directa o indirecta como partícipe de  esos sucesos.   

Y  en  cuanto  a  la  declaración  de Magda  Gissella  Sánchez  García, quien en calidad de reinsertada de las FARC señala  al  procesado  como  integrante de ese grupo armado al margen de la ley, refiere  que  ese  elemento de conocimiento también carece de eficacia porque a pesar de  que  el  órgano  judicial  competente  ya había asumido el conocimiento de los  hechos,  su  práctica  fue  realizada  por  la  Policía  Judicial  con base en  comisión  otorgada para tal efecto, actividad que de acuerdo con jurisprudencia  de  esta  Corte  citada  al  comienzo  de  la demanda no podía ser delegada sin  atentar contra el principio de inmediación.   

Con  base  en  la anterior argumentación el  recurrente  solicita  casar la sentencia impugnada y en su lugar proferir una de  carácter absolutorio en favor de su representado.   

CONCEPTO DE LA PROCURADURÍA  

7. El Procurador  Segundo  Delegado  para  la Casación Penal solicita no acceder a la pretensión  del  demandante,  porque  el reproche, además de su defectuosa formulación, en  el  fondo  carece de acierto toda vez que el informe de policía judicial con el  que  se  da  cuenta  de la captura del procesado y se aportan las grabaciones de  las  llamadas  telefónicas  interceptadas, con sus transcripciones, es fruto de  una   actividad   investigativa  que  contó  con  autorización  previa  de  un  funcionario  judicial,  y  por  lo  tanto  esos elementos de conocimiento están  revestidos  de  un talante distinto al de simples diligencias administrativas de  policía, es decir que gozan en verdad de capacidad probatoria.   

Agrega  que aun cuando es verdad que no fue  posible  el  cotejo  técnico  de  las  voces  de  los hablantes en las llamadas  grabadas  con  la  del  acusado,  esas escuchas telefónicas y su transcripción  arrojaron  datos  acerca  de  las  conductas  punibles  de  las que se ocupó el  proceso,  aspectos que fueron confirmados con las declaraciones de las víctimas  de esos sucesos.   

Destaca    que    la    condena    del  acusado  igualmente  está  respaldada  con  el  relato de Magda Gisela Sánchez, desmovilizada de las FARC,  quien  en su testimonio lo señaló como integrante de esa agrupación, de donde  se  desprende  que  el  aludido enjuiciado incurrió en los delitos achacados en  procura    de    brindar    apoyo   económico   a   la   citada   organización  insurgente.   

Por ultimo afirma que los indicios deducidos  por  los  juzgadores  se fundamentaron en hechos probados en el expediente y las  inferencias  extraídas  a  partir  de  los mismos no desbordan las reglas de la  experiencia común.   

Reitera, que en consecuencia la decisión de  condena  no  debe  ser casada pues está construida a partir de diversas pruebas  idóneas   que   respaldan   el   sentido   de   la  declaración  hecha  en  el  fallo.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

8. Es criterio de la  Sala  que  una  vez  la  demanda  se  ha  declarado ajustada la censura no puede  descalificarse  por  razones  de técnica y lo procedente es emitir decisión de  fondo,  como  en  efecto aquí lo acometerá, pues el caso ofrece la oportunidad  de  reiterar  la  jurisprudencia  de  la  Corporación  en  cuanto al tema de la  eficacia  probatoria  de  la  actividad  cumplida  por  autoridades  de Policía  Judicial,  en  la  medida  en  que  el  único  cargo postulado en la demanda se  reduce,  básicamente,  a  sostener  que  el  informe  de  31 de octubre de 2005  —y sus anexos—rendido   bajo   juramento   por   un  funcionario  investigador  del  GAULA  Regional  Neiva,  en  el  que se hace una  exposición  de los hechos determinantes de la aprehensión del aquí condenado,  carece     de    “valor    probatorio”  según  mandato  contenido en el artículo 324 de la Ley 600 de  2000.   

De ahí que con sustento en esa apreciación  el  demandante  endilgue  a  los fallos de primero y segundo grado la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  debido  a un error de derecho consistente en  falso  juicio  de  convicción, pues la condena de su representado tendría como  sustento  exclusivo  elementos  que  no  tienen poder suasorio para respaldar la  decisión de condena.   

9. Pues bien, impera  recordar  que  en  error  de  derecho por falso juicio de convicción incurre el  juez  cuando  desconoce  el  valor prefijado en la ley a la prueba o la eficacia  que  ésta  le  asigna,  o, dicho de otra manera, cuando la estima haciendo caso  omiso  del  crédito  predeterminado  por el legislador, circunstancia que cobra  gran  importancia en los sistemas de tarifa legal probatoria, y que por lo mismo  en  el  ordenamiento  procesal penal colombiano es de restringida configuración  dado  que  en  éste  desapareció, salvo casos puntuales como el aludido por el  censor.   

En  tratándose  del  valor probatorio de la  actividad   desplegada   por  autoridades  que  cumplen  funciones  de  Policía  Judicial,  bien  sea  previamente a la judicialización de una conducta punible,  en  casos de flagrancia y luego de que el competente ha asumido el conocimiento,  la  Corte  tiene  decantada  una  sólida  doctrina11  que  en  el pronunciamiento  aludido por el censor puntualizó en los siguientes términos:   

“[D]entro de las  funciones  que  el  artículo  250 de la Carta Política le fijó a la Fiscalía  General  de  la  Nación,  está  la  de  dirigir  y  coordinar las funciones de  policía  judicial  que  en  forma permanente cumplen la Policía Nacional y los  demás  organismos que señale la ley, tal como se dispone en el numeral 8º del  citado  precepto,  obligación que ya señalaba el numeral 3º de la misma norma  constitucional  antes  de  la reforma introducida a través del Acto Legislativo  03 de 2002.   

”A su vez, la Ley  270   de   1996,   Estatutaria   de   la  Administración  de  Justicia  precisa  que:   

‘ART.   33.  Dirección,  coordinación  y  control de las funciones de policía judicial. El  Fiscal  General  de  la  Nación  o  sus  delegados  tienen  a su cargo dirigir,  coordinar   y  controlar  las  funciones  de  policía  judicial  que  en  forma  permanente  cumplen  la Policía Nacional, demás organismos previstos en la ley  y  los  restantes  entes  públicos a los cuales de manera transitoria el fiscal  general  les  haya  atribuido  tales  funciones,  todas las cuales ejercerá con  arreglo  a  la  ley, de manera permanente, especial o transitoria directamente o  por conducto de los organismos que ésta señale.   

’La omisión en  el  cumplimiento  de  las  órdenes,  directrices, orientaciones y términos que  imparta  la  fiscalía  para  el  cumplimiento  de  las  funciones  de  policía  judicial,   constituye   causal   de   mala   conducta,   sin  perjuicio  de  la  responsabilidad administrativa, penal y civil del infractor.   

’El   Fiscal  General  de la Nación, bajo su responsabilidad, separará en forma inmediata de  las   funciones   de  policía  judicial  al  servidor  público  que  omita  el  cumplimiento  de  tales órdenes, directrices, orientaciones y términos. Si tal  servidor  no  es funcionario o empleado de la fiscalía, el fiscal que dirija la  investigación  lo  pondrá  a  disposición  de su nominador quien iniciará el  proceso   disciplinario   correspondiente,   sin   perjuicio   de   las   demás  investigaciones a que haya lugar.   

’Parágrafo.- Se  exceptúa  de  lo  dispuesto  en  este  artículo  la  estructura y funciones de  policía  judicial  de la Procuraduría General de la Nación, de acuerdo con lo  señalado  por  el  artículo  277  de  la  Constitución Política.’   

”Por su parte el  artículo  311  del Código de Procedimiento Penal que rige este asunto (Ley 600  de 2000), señala en el mismo sentido lo siguiente:   

’El   Fiscal  General  de la Nación o sus delegados tienen a su cargo dirigir y coordinar las  funciones  de  policía  judicial que en forma permanente o especial cumplen los  organismos  previstos  en la ley y los restantes entes públicos a los cuales de  manera  transitoria  el  Fiscal  General  de la Nación les haya atribuido tales  funciones.   

’El   Fiscal  General  de la Nación, bajo su responsabilidad, separará en forma inmediata de  las  funciones  de  policía  judicial  al  servidor  público  que  omita  o se  extralimite   en   el   cumplimiento   de   sus  funciones  para  el  desarrollo  investigativo   específico  que  se  le  haya  dado.  Si  tal  servidor  no  es  funcionario  o  empleado  de  la  Fiscalía General de la Nación, el Fiscal que  dirija  la  investigación  informará  de  inmediato  a  su nominador, para que  inicie la investigación disciplinaria que sea del caso.   

’Parágrafo. Se  exceptúa  de  lo  dispuesto  en  este  artículo  la  estructura y funciones de  policía  judicial  de la Procuraduría General de la Nación, de acuerdo con lo  señalado   en  el  artículo  277  de  la  Constitución  Política’.   

”Es   decir,  tanto  en  la Constitución  como en la Ley —con  las  salvedades  que  las normas  citadas   hacen   respecto   del   caso   de  la  Procuraduría  General  de  la  Nación— se establece que  las  funciones  de  policía  judicial  deberán estar efectivamente dirigidas y  coordinadas por el Fiscal General de la Nación o sus delegados.   

”Ahora bien, de  acuerdo  con  los  preceptos  procesales  que  regulan  la  intervención  de la  policía  judicial  en la investigación de los delitos, ésta puede ser de tres  clases:  (i)  de  verificación  previa,  con el fin de analizar la información  obtenida  en  relación  con  la  posible  comisión  de un delito, y recoger la  evidencia   que  permita  judicializar  el  caso;  (ii)  de  investigación  por  iniciativa  propia,  en  casos de flagrancia o de imposibilidad de intervención  inmediata  de  la fiscalía; y, (iii) de investigación por comisión del Fiscal  o el Juez.   

”Estos  tres  momentos,  además,  consagran distintas facultades de la Policía judicial, ora  para  practicar  cualquier  tipo de prueba, ya en aras de adelantar solo pruebas  técnicas,  o  con  la  misión  de  adelantar  diligencias interesantes para el  proceso.   

”Vale decir, no  en  todos  los  momentos  citados la Policía Judicial puede adelantar cualquier  tipo  de  actividad,  ni  es  posible  que la Fiscalía, cuando ya ha asumido el  control  y  dirección  de  la investigación, comisione a ese ente para todo lo  que estime menester.   

”Ello   se  desprende  de  la interpretación contextualizada de las normas regulatorias del  asunto,  donde expresamente el legislador establece diferencias puntuales que no  pueden soslayarse por la Fiscalía o la Policía Judicial.   

”Así,  en  ese  primer  momento  arriba  destacado,  que se rotula en el artículo 314 de la Ley  600  de 2000, como ‘Labores  previas      de      verificación’,  está claro que la Policía Judicial no practica ningún tipo de  prueba,   sino   que   se  ocupa  de  ‘allegar   documentación,   realizar   análisis   de  información,  escuchar   en   exposición  o  entrevista  a  quienes  considere  pueden  tener  conocimiento  de  la  posible  comisión  de  una  conducta  punible’.  Y ello, como también expresamente  lo   consagra   la   norma,  carece  de  valor  probatorio  (ni  testimonial  ni  indiciario),    dado   que   solo   sirve   de   criterio   orientador   de   la  investigación.   

”El artículo 315  ibídem,  relaciona el segundo momento de intervención de la Policía Judicial,  también  ajeno  a la dirección u orientación de la Fiscalía, en el cual, por  iniciativa  propia,  sea  que  se  trate  de  un caso de flagrancia o cuando por  fuerza  mayor  no  pueda  asumir  competencia inmediata el organismo instructor,  esos funcionarios de apoyo ordenan o practican pruebas.   

”En este caso, es  claro  que  directamente  se  le  atribuye  a la Policía Judicial una actividad  probatoria   que  incluso  supera  la  facultad  de  adelantar  directamente  la  práctica  y  se  extiende  a  la  posibilidad  de  ordenar su ejecución a otra  autoridad.  Para  citar  un ejemplo común, ello se evidencia en la orden de que  se  practique  la  necropsia  al  cadáver  del  interfecto,  o algún examen de  alcoholemia al indiciado.   

”No cabe duda de  que  en  estos  casos  los elementos de juicio practicados u ordenados practicar  por  la  Policía  Judicial,  tienen virtualidad probatoria y pueden servir, por  sí  mismos,  de  fundamento  para  la  demostración de la materialización del  delito  y la intervención del sindicado. En otras palabras, si se cumple con la  hipótesis  de  la  norma (flagrancia o imposibilidad de intervención inmediata  de  la  Fiscalía), en términos generales debe decirse que la prueba practicada  u   ordenada   practicar   por   la  Policía  Judicial,  es  legal,  regular  y  oportuna.   

”Mírese  cómo  esa   amplia   facultad   otorgada  a  la  Policía  Judicial  opera  de  manera  excepcional,  precisamente  porque  la  urgencia  del caso amerita que así sea,  entendido,  huelga  anotar,  que la potestad probatoria, en estricto sentido, se  halla radicada en cabeza de la Fiscalía General de la Nación.   

”Precisamente por  ello,  para  penetrar  en el tercero de los momentos antes referenciados, cuando  ya  la  Fiscalía  ha asumido formalmente la dirección de la investigación, la  facultad  de  la  Policía Judicial se restringe en enorme medida, al punto que,  como  lo  dispone  el  artículo  316  de  la Ley 600 de 2000, únicamente puede  actuar  por  orden del ente instructor ‘para  la  práctica de pruebas técnicas o diligencias tendientes al  esclarecimiento    de    los   hechos’.   

”Estima necesario  precisar  la  Corte  el  sentido  de  la frase citada, pues, se patentiza que la  actividad  de  la  Policía  Judicial, por comisión del Fiscal, opera dentro de  estrictos   límites   y   precisos  derroteros,  dada  la  excepcionalidad  que  comporta.   

”En este sentido,  es  tempestivo  denotar  que  respecto de las pruebas como tales, la facultad de  comisión    de    la    Fiscalía    hacia   la   Policía   Judicial,   remite  exclusivamente         a         aquellas       de      contenido         eminentemente        técnico        —dígase,  para  citar  un ejemplo, la  experticia     acerca     de     libros     contables     incautados—.  Y ello asoma si se quiere natural,  pues,  se  entiende  que  el  fiscal no posee esos conocimientos requeridos para  allegar  el  medio de prueba y debe recurrir al auxilio del personal de Policía  Judicial para el efecto.   

”A  renglón  seguido,  el  artículo  316  citado,  permite  que  se  comisione a la Policía  Judicial     para    desarrollar    ‘diligencias  tendientes al esclarecimiento de los hechos’.  Esas diligencias, estima la Corte,  no    dicen    relación    con    la    práctica   de   pruebas   —con  excepción,  desde luego, de las  técnicas,       como       se       anotó      en      precedencia—, pues, ello atenta no solo contra la  excepcionalidad  de  la  intervención  probatoria de la Policía Judicial, sino  con  el  tipo de actividad pesquisitoria propia de estos organismos, a partir de  los  cuales,  para  citar  algunos ejemplos comunes, debe recoger evidencias que  eventualmente  se requieran para demostrar los hechos, o acudir al lugar para la  verificación  de  quiénes  pueden  conocer  algo  de lo sucedido y podrán ser  citados  por  la  fiscalía a declarar, y en fin, esas labores investigativas de  campo  que  permiten  orientar  al  director de la investigación respecto de la  mejor   forma   de   abordar   la   demostración   del   objeto   del   proceso  penal.   

”Es esa una labor  de  apoyo  investigativo que no puede tornarse abierta, global o genérica, para  que  no  represente  en la práctica un desplazamiento del órgano que en la Ley  600  de  2000  está  directamente  vinculado  con  la  práctica probatoria, en  seguimiento  de  ese  principio  de inmediación relativizado allí consignado y  que  deriva  no  sólo  de  las  amplias  facultades  judiciales  otorgadas a la  Fiscalía, sino del principio de permanencia de la prueba.   

”Así   lo  entendió  el legislador, en seguimiento de ese procedimiento que algunos dan en  significar  mixto,  y  por ello, una vez asumida la investigación por el fiscal  encargado  del  caso,  no  corre de cargo de la Policía Judicial adelantar motu  proprio  la  tarea  investigativa,  ni  mucho  menos,  proceder  a una práctica  probatoria  que  en  la  generalidad  de  los casos, con excepción de la prueba  técnica,  corre  de  cargo  directamente  de  la  fiscalía, en cuanto órgano,  previo  al  Acto  Legislativo  03  de 2002, que modificó el artículo 250 de la  Carta  Política,  con  plenas  facultades judiciales en la fase instructiva del  proceso.   

”En   otras  palabras,  si  por virtud de sus amplios poderes judiciales, la Fiscalía, en la  investigación,    toma    decisiones   trascendentes   fundadas   en   pruebas,  particularmente  la que resuelve la situación jurídica del procesado y aquella  que  califica  el  mérito  del sumario, lo natural, en aplicación adecuada del  principio  de  inmediación,  es  que el funcionario  judicial  en  la generalidad de los casos practique la  prueba,  o  mejor,  para  precisar  el tópico testimonial, ante él concurra el  testigo  para  que  pueda  evaluarse  directamente por aquél su credibilidad, y  sólo  en  casos  excepcionales o puntuales plenamente justificados —entre  ellos  el  consagrado  por  la  norma   acerca  de  la  prueba  técnica,  dada  la  ausencia  de  conocimientos  calificados  del  fiscal—,  ello se delegue por vía de comisión a la Policía Judicial.   

”Y,   para  proseguir  con  el  argumento  de  principialística,  si esa normatividad ya en  camino  de  derogación,  consagra el principio de permanencia de la prueba, que  en  términos  elementales  conduce  a que el juez perfectamente pueda fundar su  fallo  en los elementos suasorios recogidos o practicados en la investigación o  incluso  dentro  de  la indagación preliminar, lo menos que cabe esperar es que  esa  prueba  sea  siempre  practicada por o ante el funcionario judicial (juez o  fiscal).   

”Ahora bien, esas  limitaciones   constitucionales  y  legales  explican,  dentro  de  la  obligada  contextualización  que  el  examen  del  tema  demanda,  lo  contemplado por el  artículo  84  de  la  Ley  600  de  2000,  regulatorio  del  instituto  de  las  Comisiones.   

”Allí, para lo  que al caso compete, el inciso quinto establece:   

‘Los funcionarios  de  la Fiscalía General de la Nación no podrán comisionar a las corporaciones  judiciales,  pero  podrán  hacerlo  para  la  práctica  de  cualquier prueba o  diligencia   a  otros  funcionarios  judiciales  o  con  funciones  de  policía  judicial, conforme a lo dispuesto en el presente código.   

’La  decisión  mediante  la  cual  se  comisiona debe establecer con precisión las diligencias  que    deben    practicarse    y    el    término   dentro   del   cual   deben  realizarse’.   

”En primer lugar,  respecto  de  lo  que la norma contempla, debe repararse en que si bien allí de  manera  genérica se establece la posibilidad de comisionar para la práctica de  ‘cualquier  prueba’,   a  renglón  seguido   precisa   que  ello  opera  ‘conforme   a   lo   dispuesto  en  el  presente  código’,  y  precisamente  el  artículo 316  posterior,  acota  las facultades de la Policía Judicial, delimitando que sólo  puede    comisionársele    para    realizar    pruebas    técnicas   y   otras  diligencias.   

”Así las cosas,  el  inciso  quinto  del  artículo  84,  en  concordancia  con el artículo 316,  conduce  a significar que si la comisionada es la Policía Judicial, ésta sólo  puede   practicar   pruebas   técnicas   o   diligencias   que   conduzcan   al  esclarecimiento  de los hechos. En cambio, sí puede comisionarse a ‘otros           funcionarios  judiciales’,   léase  jueces o fiscales, para la práctica de cualquier tipo de prueba.   

”A su vez, en lo  que  atiende al inciso sexto, definido el campo de acción dentro del cual puede  actuar  por comisión la Policía Judicial, también se torna necesario, para la  validez  de  su  actuación,  que  el  despacho comisorio contemple ‘con  precisión  las  diligencias  que  deben  practicarse  y  el  término dentro del cual deben realizarse’.   

”La claridad de  la  norma  no  admite  interpretaciones  subjetivas,  tornándose  imperioso  el  mandato  para  el  fiscal,  en  cuanto,  debe especificar cuáles diligencias es  menester   practicar   y   el   lapso   destinado  para  el  efecto.”12.   

En   conclusión,   de   acuerdo  con  las  respectivas  normas  (Ley 600 de 2000, artículos 314,  315  y  316)  y  la  doctrina invocada, las labores de  Policía  Judicial  que  en estricto rigor  carecen  de  poder  suasorio  son  las  entrevistas o exposiciones  recibidas  por  esos  órganos  a  personas que tengan conocimiento acerca de la  ocurrencia  de  una  conducta punible, bien sea que esa actividad la ejecuten de  manera  previa  a  la  judicialización  del  respectivo  comportamiento  o  con  posterioridad a ello.   

Lo anterior obedece, en el primer supuesto y  salvo  los  casos  de  flagrancia  en  el lugar de los hechos, cuando por fuerza  mayor   la   Fiscalía  General  de  la  Nación  no  asuma el inmediato conocimiento de un evento semejante,  a     que     por     expreso     mandato     legal     esas     “…exposiciones  [o entrevistas] no tendrán valor de testimonio ni  de   indicios   y  sólo  podrán  servir  como  criterios  orientadores  de  la  investigación”;  y  en el segundo, a que una vez el  ente  revestido  constitucional  y  legalmente  de  potestad  judicial  tiene el  dominio  del suceso, la Policía Judicial sólo puede actuar por orden y bajo la  dirección  del respectivo funcionario, y para la práctica de pruebas técnicas  o  diligencias  de  similar  naturaleza  orientadas  al  esclarecimiento  de los  hechos.   

10.  En  el  caso  analizado,  al  presentar  las razones que sustentan la censura el actor incurre  en  una  apreciación  sesgada de la actividad desarrollada por los funcionarios  del  GAULA Regional Neiva, esto es, la interceptación de los abonados celulares  311-8843641  y  311-8239241, la grabación y transcripción de las llamadas y el  análisis  del  contenido  de  los  respectivos  diálogos,  al afirmar que esas  fueron   “…labores   previas   de  verificación  adelantas  en  forma  autónoma  y  por  iniciativa propia por el funcionario de  policía  judicial,  sin  que  existiera  ningún  tipo  de  intervención de un  funcionario judicial…”.   

La  confrontación  objetiva  y  fiel  de la  actuación  enseña  que,  contrario  a  lo  sostenido  por  el  recurrente,  la  actividad  reprochada  se materializó no en el primero de los eventos a los que  alude  la  jurisprudencia  citada,  sino  en el marco de las expresas y precisas  facultades  reseñadas  en  el  tercero  de  los  momentos  a  que se refiere la  decisión parcialmente transcrita.   

En  efecto, mediante oficio Nº 691 del 7 de  septiembre  de 2005 el Jefe de la Unidad Investigativa  Gaula  Neiva (Patrullero Luis  Giovanny  Muñoz  Córdoba),  con  el  visto bueno del  Comandante  de  ese  organismo  (Capitán Jaime Hernán  Guzmán   Caicedo),  bajo  la  gravedad  de  juramento  enteró  al  Fiscal  Cuarto Especializado que en esa comprensión territorial un  sujeto   con   el   alias   de  “GENARO”,  a  nombre  de  las  FARC,  venía  haciendo  llamadas  de tipo  extorsivo  a diferentes personas de esa región, y con el fin de “identificar   e   individualizar”  esa  persona   y   “recolectar  las  pruebas”  que  permitan  aprehender  a los comprometidos en tal actividad  ilícita,  solicitó  a dicho funcionario ordenar la interceptación del abonado  celular  311-8843641,  empleado por dicho personaje, sometiendo el desarrollo de  tal   investigación   a   la   coordinación   de   esa   fiscalía13.   

Dicha  comunicación  equivale,  ni  más ni  menos,  a  la  noticia  criminal  acerca  de  la realización de comportamientos  delictivos  investigables  de oficio, denuncia que, por lo demás, satisface los  requisitos  previstos  en  los  artículos  27  y  29  de  la Ley 600 de 2000, y  obligaba  a  la  intervención  de un funcionario revestido de potestad judicial  para impulsar el esclarecimiento de los sucesos.   

Y  por  supuesto  así  ocurrió, pues en la  misma  fecha,  el  Fiscal  ante  quien  se  presentó  la  queja  penal, emitió  resolución  encaminada  a  agotar las finalidades previstas para la indagación  previa  en  el  artículo  322  del  anunciado  Código  Procesal,  esto  es, en  términos  generales,  determinar  las circunstancias de modo, tiempo y lugar en  que  ocurrieron  los  comportamientos  denunciados,  si  los  mismos  se  hallan  descritos   en   la   ley   penal   como   punibles,   y  la  identificación  o  individualización  de  sus  autores  o partícipes, para lo cual, en principio,  con  fundamento  en  el  artículo  301  ibídem,  autorizó  la interceptación  telefónica    solicitada,    por    un    lapso    de    sesenta   (60)   días,   a   cuyo  vencimiento  la  autoridad  de  Policía Judicial comisionada debía rendir un informe acerca del  resultado   de   esa  actividad,  aportar  las  grabaciones  y  sus  respectivas  transcripciones.   

Si  bien  es  cierto en la aludida decisión  rotulada     como     “interlocutoria”    dentro    del   “Radicado   Nº  100-07”       14  no se hace expresa mención  de  que  por  la misma se acometa el cumplimiento de los objetivos señalados en  la  Ley  600  de 2000, artículo 322, tal omisión en manera alguna le niega esa  naturaleza,  pues  la  orden de interceptar el abonado celular relacionado en la  denuncia,   con   el  declarado  propósito  de  lograr  la  ubicación  de  los  integrantes   de   la   “Columna  Móvil  Teófilo  Forero”  de  las  FARC  responsables de las llamadas  extorsivas  referidas  por  la  autoridad  policial,  cumple,  por  sí sola, la  función  iniciadora  de  la  investigación  previa15.   

Además  ese tipo de decisiones, esto es, la  apertura  de  investigación  previa  o  la  instrucción propiamente dicha, las  adopta  el  fiscal  competente mediante resoluciones (o  autos) de sustanciación, las cuales por su naturaleza  están  desprovistas de formalismos, sólo son susceptibles de notificación las  señaladas    expresamente   en   la   ley,  y  por regla general su finalidad es  disponer  un  trámite  que  impulsa  la actuación para evitar su paralización  (Ley  600 de 2000, artículos 169-3 y 4, 171, 176, 322  y 331).   

Lo  antes  puntualizado  en  cuanto a que la  actividad  de Policía Judicial censurada no fue previa a la judicialización de  los  hechos  reputados  como  delictivos, lo reitera la Sala con mayor razón en  cuanto  a  la  interceptación  del  celular 311-8239241, dado que la respectiva  solicitud,  materializada  en el oficio 789 de 12 de octubre de 200516,    se  desprendió   justamente  de  las  labores  adelantas  frente  a  la  línea  ya  intervenida,  y  el  mismo  funcionario  instructor,  con  base  en  las razones  argüidas  en  la  petición,  por  resolución de la anunciada fecha accedió a  ello,  también  por  un  plazo  de  sesenta  (60)  días,  al  cabo del cual el  comisionado  debía  rendir  informe acerca del resultado obtenido y aportar las  grabaciones,   así   como   las   correspondientes  transcripciones17.   

En  conclusión,  la actividad investigativa  desarrollada  por  agentes adscritos al GAULA Regional Neiva, bajo la dirección  o  coordinación  del  Fiscal  Cuarto Especializado, concretada en el informe de  Policía  Judicial de 31 de agosto de 2005, con el que fue puesto a disposición  el  aquí  procesado,  así como las grabaciones de las llamadas interceptadas y  la  trascripción  de  los  correspondientes diálogos, no constituyen elementos  carentes  de  valor  suasorio  en  los  términos  alegados por el censor, sino,  pruebas  legales,  regulares  y oportunamente allegadas, de carácter documental  específicamente   —como  ahora  se  expondrá—, cuya  apreciación  está  sujeta a los parámetros consagrados en el artículo 238 de  la  Ley  600  de 2000, es decir, a su valoración conjunta con los demás medios  de    conocimiento    y   con   acatamiento   de   las   reglas   de   la   sana  crítica.   

11.  El  segundo  argumento  esgrimido  por  el  demandante  para  reprobar el fallo condenatorio,  consiste  en  que,  aceptando  que  las  grabaciones  obtenidas  en virtud de la  interceptación  de  los  abonados celulares 311-8843641 y 311-8239241, contaron  con  autorización judicial, es decir, fueron legalmente obtenidas, y que en tal  medida   constituirían   documentos   privados,  su  eficacia  para  fundar  la  responsabilidad  del  acusado  se  ve  menguada  al  carecer  del  requisito  de  autenticidad,    postulación   que   respalda   en   jurisprudencia   de   esta  Corporación.   

La  Colegiatura en la providencia citada por  el recurrente acerca del referido tema señaló:   

“Ahora,  y  en  relación  con  lo  segundo,  esto  es,  la naturaleza y valor probatorio de las  grabaciones   magnetofónicas,   como   bien   lo  sostiene  el  demandante,  la  jurisprudencia  de  la  Sala ha sido reiterativa en sostener que se deben asumir  como   documentos   privados,   pues  ‘los   registros   históricos  así  obtenidos,  naturalísticamente  tienen  vocación probatoria, pues corresponden a medios de demostración de los  hechos,  según el reconocimiento que al efecto hace el legislador, a los cuales  les   da  la  categoría  de  documentos  privados  aptos  para  ser  apreciados  judicialmente,  conforme  lo precisa en los artículos 225 del C.P. y 251 del C.  de  P.C.,  cuyo  valor depende de la autenticidad, la  forma  de  aducción  al  proceso,  la  publicidad  del  medio y la controversia  procesal  del  mismo, así en él queden adicionalmente  impresas   voces  o  imágenes  ajenas’  (Sentencia  de  única instancia del 22 de octubre de 1.996, Rad.  9579).   [Las   negrillas   son   originales   en  la  transcripción].   

”Este criterio,  que  ha  sido  en  idénticos  términos  reiterado  en las sentencias de única  instancia  15  de noviembre de 2.000, Rad. 10.656 y la del 18 de julio de 2.001,  Rad.  14.661,  los fallos de casación del 20 de noviembre de 2.001, Rad. 13.948  y  del  21  de  noviembre de 2.002, Rad. 13.148, no es de ningún modo novedoso,  pues,  precisamente en la sentencia que cita el casacionista como antecedente, y  que   data   del   16   de   marzo  de  1.988,  ya  la  Corte  había  precisado  que:   

‘Ocurre  sin  embargo,  que  ha  sido  permanente  motivo  de  discrepancia  jurisprudencial y  doctrinal  si  una  grabación es o no medio de prueba y cuál su naturaleza. En  Colombia,  a  partir  de  1.971  con  la  adopción del Código de Procedimiento  Civil,  se  despejó  dicha  problemática  al consagrar en el artículo 251 que  ‘…son  documentos  los  escritos,    impresos,    planos,   dibujos,   cuadros,   fotografías,   cintas  magnetofónicas,   radiografías,  talones,  contraseñas,  cupones,  etiquetas,  sellos  y,  en general …’  por  cuanto  no  es imperioso identificar como documento todo aquello que conste  por  escrito,  sino el hecho que sobre el mismo se haya representado alguna cosa  a  través  de  los signos gráficos que constituyen la escritura o que permitan  que  su  contenido  se perciba directamente, es decir, sin pasar a través de la  mente  del  hombre,  como  lo  serían  por  ejemplo,  las  fotografías  y  las  grabaciones magnetofónicas.   

’Por  ello, las  grabaciones  magnetofónicas  que  constituyen  una  clase de documento privado,  resulta  apto como medio de prueba al tenor de lo preceptuado por los artículos  262  del  Código de Procedimiento Penal anterior y 258 del actualmente vigente,  cuyo  valor  depende  de  su  autenticidad, aducción, publicidad y controversia  procesal.’  (M.  P., Dr.  Lisandro Martínez Zúñiga).   

”Bajo  tales  premisas,  entonces,  como  dentro  de  los  criterios de valoración forzoso es  tener  en  cuenta  su  autenticidad,  publicidad  y  controversia procesal, debe  precisarse  que  para este evento específico, al disponer el inciso tercero del  artículo     351     del     Decreto     2700     de     1.991     –y  el cuarto del 301 de la Ley 600 de  2.000  en  idénticos  términos-  que ‘el   funcionario   judicial  dispondrá  la  práctica  de  pruebas  necesarias  para  identificar  a las personas entre quienes se hubiere realizado  la     comunicación     telefónica’,  está  supeditando  la  validez de la  prueba  a la demostración de su autenticidad, no solo  porque  en  estos  casos su producción se lleva a cabo sin el consentimiento ni  el  conocimiento  de  la  persona  o  personas en cuya intimidad se entromete el  Estado  pero  con  un  fin  legítimo  y  en  los  casos  y bajo las condiciones  impuestas  en la constitución y la ley, sino porque apriorísticamente no puede  servir de sustento a una imputación.   

”En realidad, se  trata  de  una prueba de producción compleja, pues no se limita a la captación  magnetofónica   de  las  voces,  labor  que  implica  una  actividad  operativa  simplemente  mecánica,  como  es  adaptar  los  dispositivos  del  caso para su  grabación,   por   supuesto,   previa   autorización   judicial,  para  su  perfeccionamiento  requiere  del  funcionario judicial la  identificación  de  los  autores de las mismas, salvo  que  aquellos  contra  quien se opongan no desconozcan antes de la finalización  de    la    audiencia    pública,   ‘su   conformidad   con   los   hechos   o   con  las  cosas  que  se  expresan’,  tal  como lo  disponía  el  artículo 277 del Decreto 2700 de 1.991 y actualmente lo reitera,  en  términos  similares  el artículo 262 de la Ley 600 de 2.000, al regular lo  pertinente  al  reconocimiento tácito, precisamente, en el capítulo pertinente  a     la    prueba    documental.”    (Negrillas     ajenas    al    texto)18.   

Igualmente,  en  situaciones  como  la aquí  debatida,  cuando  por la deficiente calidad del material auditivo no es posible  establecer  a  través  de  medios  técnicos la autenticidad o identidad de los  hablantes19  y  además contra quienes se aducen los contenidos magnetofónicos  empleados  para sustentar la imputación de un comportamiento delictivo rechazan  ser  los autores o intervinientes de los respectivos diálogos, la Corte hizo la  siguiente     precisión,     también    traída    a    colación    por    el  recurrente:   

“[E]sto en modo  alguno  significa  que  por defectos en el recaudo de la prueba, o por yerros en  el  proceso  investigativo  a  efectos  de establecer la autenticidad del medio,  los  cuales le restan eficacia probatoria,   como   en  tal  sentido  ha  sido  declarado  por  la  Sala  en  pronunciamiento  invocado  por  el  recurrente  (cfr.  cas. de marzo 27/03. Rad.  17247),  el  juez  no  pueda  establecer,  a partir de la confrontación con otros  medios  válidamente recaudados, la verosimilitud de sus contenidos siguiendo lo  dispuesto  por  las  reglas  de la sana crítica en orden a adoptar la decisión  que  en  justicia corresponda, pues no puede olvidarse  que   en   nuestro   sistema   no   existe   tarifa  legal  y  que  ‘los  elementos  constitutivos  de  la  conducta  punible, la responsabilidad del procesado, las causales de agravación  y  atenuación  punitiva,  las  que excluyen la responsabilidad, la naturaleza y  cuantía  de los perjuicios, podrán demostrarse con cualquier medio probatorio,  a  menos  que  la  ley  exija  prueba  especial, respetando siempre los derechos  fundamentales’  según  previsión  al efecto contenida en el artículo 238 del Código de Procedimiento  Penal.”20(Negrillas    ajenas    al  texto).   

12. En el presente  asunto,  el  contenido de las grabaciones magnetofónicas obtenidas a través de  la  intercepción  de la línea celular 311-8843641, cuya transcripción se hizo  de  manera  parcial  (apenas  46  de  las 138 llamadas  monitoreadas) y se aportó debidamente certificada con  el  informe  de  Policía Judicial de 31 de octubre de 2005, ilustra          el         obrar  de  un  individuo   que   reconociendo   ser  miembro  de  la  “Columna   Móvil   Teófilo   Forero”  de  las  FARC, e identificándose indistintamente con los alias  de      “Genaro”,  “Carlos”      o  “Super”,  desde  fechas  anteriores   a   aquélla  en  la  que  se  intervino  el  abonado  (septiembre  7 de 2005), venía sometiendo,  entre  otras  personas, a Zunilda Murcia Vda. de González, a exigencias de tipo  extorsivo,  y  al  no  acceder  ella  a  esos  ilícitos requerimientos el 25 de  septiembre  de  2005  fue objeto en su residencia de un atentado con una granada  de  fragmentación,  para  luego,  entre  el  10  y  16 de octubre siguiente ser  secuestrado  su  hijo  Esper  Gonzáles Murcia y su Cuñado José Heli González  (sólo   de   ellos   se   ocupó   esta   parte  del  proceso)21.   

Esos   sucesos   se   encuentran   además  corroborados  con la denuncia presentada por la primera de las citadas víctimas  con  ocasión del atentado terrorista con la granada22  y los testimonios que ella,  los  otros  dos ofendidos y sus familiares, rindieron, primero ante funcionarios  del  GAULA  de  acuerdo  con  comisión  conferida por el instructor23, y después  directamente        ante       el       Fiscal24 y el Juez de conocimiento en  la            audiencia           pública25,  pruebas  éstas en las que  se  hacen  cargos  tanto  a  Alberto  Casas Perdomo como contra el sujeto que se  identificaba      como      “Genaro”,         “Carlos”       o      “Super” en calidad de partícipes de ese devenir delictivo.   

En   efecto,  según  la  referida prueba  testimonial, éste  fue  el  encargado  de  llevar  en  su  vehículo  (placa  ACD-151) a la señora Zunilda, las  veces  que  fue citada por los extorsionistas, hasta un paraje agreste en el que  se   entrevistó   con   aquéllos   para   concretar  la  exigencia  económica  ($    15’000.000);   luego  trasladó  a  los  dos plagiados al sitio donde los  retuvieron,  y  finalmente movilizó a los familiares de Esper al lugar donde se  hizo      el      pago      ($     25’000.000)  a  cambio  de  su  liberación  y  la  de  José Heli, sosteniendo durante todo ese  tiempo   el   citado   implicado   comunicación  con  el  celular  311-8843641 desde el cual “Genaro”,         “Carlos”      o      “Super”   lo  llamaba  al  315-2435731,  aparato hallado en poder de  la   esposa   de   Casas  Perdomo  cuando  se  acercó  a  visitarlo   el   día  de  su  captura26,  aspecto  igualmente   corroborado  con  el  contenido  de  los  audios  Nº  3,   6,   8,   9,   15,  21,   43,   45,   46,   48,  50,  53,  95,  98,   112,  113  y  11427,   así   como   con   las  respectivas              transcripciones28,  y  el registro de llamadas  facilitado    por    los   operadores   de   telefonía   celular   COMCEL        y        MOVISTAR29.   

De lo anterior se desprende que la veracidad  o  autenticidad  de  las circunstancias de modo, tiempo y lugar de las conductas  punibles  con  las  que  se relacionan las aludidas grabaciones está acreditada  con  otros  medios  de  persuasión  como  lo son los testimonios de las citadas  víctimas  y  sus  familiares, pues con los mismos, de una parte, se confirma la  ocurrencia  de  los  hechos  delictivos,  y  otra, que en la ejecución de tales  comportamientos  intervinieron  como  partícipes en calidad de coautores, de un  lado  Casas  Perdomo en los términos atrás señalados, y de otro el sujeto con  el  alias  de  “Genaro”,  “Carlos”      o  “Super”, siendo éste el  autor  de  las  llamadas  extorsivas y quien en otros audios interactuaba con el  otro   procesado   para   estar   al   tanto   del   desarrollo  del  itinerario  criminal.   

La  inconformidad  esgrimida  por la defensa  para  negar  el poder suasorio de las grabaciones en cuestión, radica en que no  fue  posible  confirmar técnicamente que la voz del individuo que fungió en la  realización    de    los    delitos    con   los   alias   de   “Genaro”,         “Carlos”      o      “Super”,   correspondía   con   la  de  FREDY  OME  OME, además que  éste       rechazó       ser      interlocutor     en     las              conversaciones,  empero  tal  falencia fue superada con el análisis  hecho en las instancias.   

En   efecto,  de  acuerdo  con  la  prueba  testimonial  relacionada  con  las  conductas  punibles  de que fueron víctimas  Zunilda,  Esper  y  José  Heli, las llamadas presionando la entrega ilícita de  dinero  o  el  pago del rescate de los dos últimos, fueron formuladas por alias  “Genaro” de parte de la  “Columna   Móvil   Teófilo   Forero”  de  las  FARC,  circunstancia de objetiva comprobación con los  registros  magnetofonitos  y  correspondientes transcripciones que dan cuenta de  esa  actividad  constrictiva,  no sólo en relación con los arriba citados sino  también  respecto  de  los  otros  afectados  de  los  que  no  se  ocupó este  proceso30.   

Igualmente   es   un   hecho  de  objetiva  comprobación  que  la misma persona que utiliza el abonado celular 311-8843641  con  el  que se hacían las  llamadas  extorsivas  atrás  aludidas, cuando desde éste se comunica con otros  partícipes   en   esos   hechos,   emplea  él  los  alias  de  “Super”      o      “Carlos”,  como,  por  ejemplo,  cuando  hablaba  con  Casas  Perdomo,  según  se  aprecia  en los registros citados con  anterioridad  en  relación  con  la participación de ese procesado31.   

Precisamente  en una de esas comunicaciones,  con  exactitud, en la llamada interceptada el 11 de octubre de 2005 a las 16:39,  originada    desde   el   abonado   Nº   311-8843641  hacia  el  Nº  310-8077974,      alias     “Genaro”      o      “Carlos”   dialoga   con  otro  de  los  partícipes  en  el secuestro de Esper y José Heli, acerca de las negociaciones  y  suma  exigida  por  la  liberación  de ellos, y le suministra otro numero de  teléfono  celular  al  que  se  puede  comunicar  con  él,  consistente  en el  311-823924132.   

Al  aquí  procesado,  en  el  momento de su  captura,  le  fue  hallado  un  teléfono  celular  correspondiente  a la citada  línea,  en  relación  con  la  cual, en un principio, aseguró ser su único y  exclusivo  usuario,  sin  embargo,  cuando  le  fueron  puestos  de presente los  registros  escritos  y  auditivos  obtenidos  a  través  de  su interceptación  legítima,    en    los   que   quien   se   identifica   como   “Fredy”  dialoga  con  otra  persona  de  nombre   “James”,  en  lenguaje  cifrado,  acerca  un  negocio  de  droga  (se  refieren  a  la  adquisición  de  “mil  cabezas de  ganado”,    de    las    que   necesitan   primero  “cien”  y  una  muestra  para  saber si es “pura”,  discuten  su  precio  dependiendo  de  si es entregada en una o en otra parte, y  ofrecen  acompañamiento  para  sacarla  hasta  cierto  lugar, etc.),  negó  ser  interviniente en esas conversaciones pretextando, sin  justificación  valida  ni respaldo, que no sabía si la esposa de él cuando se  quedaba   con   dicho   celular   lo   prestaba   a   otra   persona33.   

Pero  no  sólo  lo  anterior  confirma  la  identidad    entre    el    sujeto    con    los    alias   de   “Genaro”,         “Carlos”      o      “Super”  autor  de las llamadas a que se  ha  hecho  referencia  y  el  acusado  OME  OME, sino que otros aspectos así lo  ratifican.  Obsérvese  que el citado en la injurada reconoció ser participe de  un   diálogo   sostenido   con  su  cónyuge  a  través  del  abonado  celular  Nº  311-8239241, el 23 de  octubre   de   2005,  a  las  “15:35:52”,  acerca  de la posible adquisición de un vehículo de servicio  público,    negocio    al    que    aluden    los    sujetos    “Fredy”      y      “James”  en  llamada interceptada en esa  línea    el   29   de   octubre   a   las            “09:25:40”,  y   que   igualmente  es  mencionado   por   el   individuo   que   empleaba   el   abonado   Nº   311-8843641   para  ejecutar  las  conductas  punibles  de  marras, en comunicación captada el 25 de septiembre, a  las  “10:48”34.   

Finalmente,  también  en  las instancias se  destacó   que   en   las   llamadas   hechas   desde  el  abonado  Nº  311-8843641, su usuario terminó por  revelar  su identidad, ya que en la correspondiente al 30 de septiembre de 2005,  sostenida   con   uno   de   los   partícipes   en   los  delitos  —en  la que éste último le suministra  el  celular  Nº 310-8077974, al que luego se comunicaría el 11 de octubre para  comentar   pormenores   del  secuestro—,  cuando  el  interlocutor  le  envía  una  razón  a  otro de los  comprometidos   en   las   conductas   punibles   refiriéndose  al  mismo  como  “Fabián”,  en  el otro  extremo   el   llamante   le   replica  con  preocupación  que  “No   nombre   los   santos”35.   

Esa misma expresión es empleada cuando el 19  de   octubre   de   2005,   desde   el  abonado  Nº  311-8843641,   el   usuario   se   comunica   en  dos  oportunidades  distintas,  a  las “09:49”   y   a   las   “11:19”   con   una   mujer   y  ésta  abiertamente  lo  reconoce  como  “Fredy”,  frente  a  lo  cual  el  llamante  le replica con preocupación “No  nombre   el   santo…   No   nombre   los  santos”,  “No,  no,  no me diga ahí el nombre… oiga cuando  hable  con  el man que que de pronto habla con usted no lo nombre…”36.   

Además,  tal  identidad  que ya había sido  revelada    por   el   mismo   usuario   del   citado   teléfono   —seguramente  por  descuido— en llamada del 14 de octubre de 2005,  hecha  a  las “12:15”, en  la      que      expresamente     se     identifica     como     “Fredy”   y   le   solicita   al   otro  interlocutor  dos  tarjetas de telefonía celular de cincuenta mil pesos para la  “patrona”, y nombre que  es  puesto  de  presente otra vez en el registro magnetofónico de 16 de octubre  de    ese    año,    a   las   “08:56”,  en el que mientras los plagiarios esperan respuesta del enlace  de  ellos  en  una  oficina  de  TELECOM  a  la que debían llegar los familiares  de   las  víctimas  con  el  dinero del rescate, una persona que lo acompaña  le  dice  “…póngame cuidado Fredy…”  y  lo  instruye  para  enviarle una razón a la esposa de Esper  Gonzáles  con el fin de que se acerque a dicha oficina a recibir una llamada de  ellos37.   

En  conclusión,  el  referido análisis, el  cual  concuerda  con  el  plasmado  en  los  fallos  de primero y segundo grado,  permite  concluir  de manera razonada y coherente, como igual lo advirtieron los  juzgadores,   que   el  sujeto  “Genaro”,         “Carlos”       o      “Super”,  autor  de  las  llamadas  extorsivas  a  las que aquí se hace  referencia,   no   es  otra  persona  que  FREDY  OME  OME, quedando de esa manera acreditada la autenticidad  de  los medios de prueba de orden documental analizados en precedencia, y que lo  comprometen en los delitos dilucidados en la presente actuación.   

13.  Resta  por  analizar  el  falso  juicio de convicción predicado respecto de la declaración  de    Gissela   Sánchez   García   —quien  como  reinsertada  de  las  FARC  señaló  al precitado como  integrante    la    “Columna    Móvil   Teófilo  Forero”       de      las      FARC—,  censura  que  no  obstante resultar  acertada,    pues    dicho    testimonio    lo    recibió    el    GAULA  en  cumplimiento  de una comisión  conferida  por  el instructor, sin ser ello jurídicamente posible conforme así  lo  tiene  decantado  la jurisprudencia de la Sala, no es suficiente para variar  el  sentido  del  fallo,  como  quiera que aún prescindiendo de ese elemento de  conocimiento  los demás medios de persuasión valorados en acápites anteriores  son suficientes para mantener la incolumidad de la sentencia.   

Por  último  la  crítica  genérica  del  recurrente  en  cuanto  a  los  indicios  deducidos  contra  el procesado, no es  afortunada  dado que el hecho indicador sí está demostrado de manera autónoma  con  pruebas  legales,  regular y oportunamente allegadas, ya que: el de mentira  lo  dedujo  el  sentenciador a partir de la indagatoria del procesado por cuanto  éste  a  pesar  de  reconocer  que  era  el  usuario  de la línea Nº       311-8239241,  cuando le fueron puestos de presente los diálogos sostenidos con  “James”  en  los que el  otro       interlocutor       se       identifica      como      “Fredy”,  rechazó  haber intervenido en  esa  conversación  con  una excusa inverosímil; y el de huellas materiales, lo  construyó  a  partir  del  hallazgo  en poder del acusado del citado abonado el  cual  según  los  registros  magnetofónicos  está relacionado en las llamadas  extorsivas    hechas    desde    el   celular   Nº  311-8843641.   

14. En conclusión,  la  revisión  objetiva  y  fidedigna  de  la actuación procesal enseña que la  declaración  de justicia expresada en las  sentencias de primera y segunda  instancia  se  sustenta  en  pruebas  que no están afectadas por algún tipo de  tarifa  negativa,  y  que  al  valorar  todos  los  elementos de persuasión los  juzgadores  de  manera conjunta y con estribo en los postulados señalados en la  ley,  encontraron  que  los mismos ofrecían credibilidad y coherencia, al punto  que   los  condujeron  a  la  certeza  de  la  existencia  del  hecho  y  de  la  responsabilidad del procesado.   

Dicho  de  otra  manera,  los sentenciadores  abordaron  la  totalidad  del  universo  probatorio  allegado,  sin  que  en  su  análisis   se   aprecie   algún  razonamiento  desconocedor  de  la  eficacia,  regularidad   o  legalidad  de  los  elementos  de  convicción,  ni  un  juicio  desquiciado  o  apartado de las reglas de la sana crítica. Por el contrario, la  valoración  recaída  en  los  diferentes  elementos probatorios responde a una  sana  crítica,  toda  vez que desplegaron sereno y ponderado escrutinio de cada  uno  de  ellos  para fijar conclusiones acompasadas con la verdad que informa la  actuación y que no se advierten ilógicas, absurdas o caprichosas.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la    Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

NO    CASAR    la    sentencia  atacada    en    razón    de    la   improsperidad      del   cargo  formulado  en  la     demanda    presentada    en    nombre    de    FREDY     OME    OME,    de    acuerdo    con    lo  aquí  puntualizado.   

Contra  esta  providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese  y  devuélvase  al Despacho de  origen.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS  MARTÍNEZ   

FERNANDO ALBERTO  CASTRO             CABALLERO              SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                       MARÍA DEL ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                              JULIO      ENRIQUE      SOCHA  SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

     

1  Cuaderno original # 1, folios 165-168.   

2  Ídem, folios 169-171.   

3  Ídem, folios 1-164.   

4  Ídem,   folios   173,   174,   177,   186-188,   193-203,  206-214,  222-229  y  241-243.   

5  Ídem, folios 245-264 y 300.   

6  Cuaderno  original  #2,  folios  259-276,  y  Cuaderno  2ª Instancia Fiscalía,  folios 3-11.   

7  Cuaderno original # 4, folios 5 y 185-229.   

8  Ídem, folios 242-253, 255-264, 265-300 y 301-363.   

9  Cuaderno  del  Tribunal,  folios  5-31,  35-39,  52,  54, 62-111, 120-122, 125 y  126-129.   

10  Cuaderno de la Corte, folios 6-11.   

11  Cfr.  Sentencias de 6 de octubre de 2005, 23 de agosto de 2006, 23 de abril y 28  de  mayo  de  2008,  11  de marzo y 17 de junio de 2009, radicaciones Nº 21196,  24898, 24102, 22959, 23410 y 27816, respectivamente.   

12  Cfr. Sentencia de 5 de noviembre de 2008, radicación Nº 27508.   

13  Cuaderno original # 1, folio 165.   

14  Ídem, folios 166, 167 y 168.   

15  Cfr.  En  igual  sentido,  auto de segunda instancia de 11 de noviembre de 1986,  radicación 1986.   

16  Cuaderno original 1, folio 169.   

17  Ídem, folios 170 y 171.   

18  Cfr.  Sentencias  de 27 de marzo de 2003 y 12 de diciembre de 2006, radicaciones  Nº 17247 y 23357, respectivamente.   

19  Cuaderno  original  Anexos,  Dictamen  Nº 269787 de 20 de enero de 2006, folios  2-11,  y  Cuaderno  original  #  4,  Dictamen Nº 321888 de 15 de enero de 2997,  folios 87-90.   

20  Cfr. Sentencia de 27 de octubre de 2004, radicación 22639.   

21  Cuaderno original # 1, folios 2-94, 184 y 185.   

22  Ídem, folios 284-287 y Cuaderno original # 2, folios 133-138.   

23  Cuaderno  original  #  1,  folios  172-175,  217-221,  231-240;  Cuaderno  original  #  2,  folios  61-63  y  155-157.   

24  Cuaderno original # 2, folio 78, 79, 196-202 y 206-216.   

25  Cuaderno original # 4, folios 94-95.   

26  Cuaderno Original # 1, folios 186-192 y 273-275.   

27 CD  # 1.   

28  Cuaderno   original   #   1,   folios   45-52,  55-58,  81,  82,  87-91,  184  y  185.   

29  Ídem, folios 126-131.   

30  Ídem,  folios  25-31,  35-44,  48-50,  53-54,  56,  59, 60, 66, 69, 72, 74-80 y  83-84.   

31 CD  #  1,  audios Nº 3, 6, 8, 9, 15, 21, 43, 45, 46, 48,  50,   53,   95,  98,  112,  113  y  114  del  celular  311-8843641  y  Cuaderno original # 1, folios 45-52, 55-58, 81, 82, 87-91, 184 y  185.   

32 CD  # 1, audio Nº 56, Cuaderno original # 1, folio 61-63.   

33  Cuaderno   original  #  1,  folios  99,  104-109  y  193-205.  CD  #  2,  audios  interceptados  a  la  línea  celular 311-8239241 en octubre 26 a las 14:04:24 y  14:38:28, octubre 28 a las 19:39:59, y octubre 29 a las 09:25:40.   

34  Cuaderno  Original  # 1, folios 95 y 96. CD# 2, audios interceptados a la línea  311-8239241  en octubre 23 a las 115:35:52 y octubre 29 a las 09:25:40. CD. # 1,  audio # 13.   

35 CD  # 1, audios Nº 26 y 56.   

36 CD  # 1, audios 135 y 137.   

37 CD  # 1, audios 83 y 111.     

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