35358(09-12-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 35358  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 413.  

Bogotá,  D.C., nueve de diciembre de dos mil  diez.   

V    I   S   T   O  S   

Decide la Corte sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  RÓBINSON  RODRÍGUEZ  BENAVIDES,  en contra de la sentencia de segundo grado proferida por  la  Sala  Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Neiva (Huila), el  31  de  agosto  de  2010,  confirmatoria  parcialmente  del fallo emitido por el  Juzgado  Tercero  Penal del Circuito Especializado con funciones de conocimiento  de  esa ciudad, el 22 de julio del mismo año, por medio del cual se condenó al  mencionado  procesado,  como  coautor  responsable  de  la  conducta  punible de  homicidio agravado tentado, a  la  pena  principal  de  21  años,  10  meses  y  15  días de prisión, y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por el término de 20 años.   

H E C H O S  

En  la  providencia  de  primer  grado,  se  consignaron de la siguiente manera:   

“La noche del 6 de agosto de 2009 cuando se  encontraban   los  soldados  profesionales  Andrés  León  Osorio  y  Edilberto  Alarcón  Sepúlveda  en  servicio de centinela en las casas fiscales del barrio  Capitán  Vera,  en  la  avenida  Bungaviles  de  esta  ciudad, concretamente en  inmediaciones  de  los  tanques  para  almacenamiento  de  agua del acueducto de  Neiva,  luego  de  ser  abordados  e inquirírseles por venta de tamales, fueron  objeto  de  sorpresivo  ataque  por  parte  de  tres  sujetos, produciéndose la  reacción  de  los uniformados y el cruce de disparos, que dio como resultado la  baja  de  uno  de  los agresores y la lesión del segundo de ellos, al igual que  los dos militares, siendo que el tercer agresor huyó del lugar.   

Ocurridos los hechos, el atacante lesionado,  quien  huía  del  lugar  y  fue interceptado por policiales siendo conducido al  Hospital  Universitario  de  Neiva, respondió al nombre de RÓBINSON RODRÍGUEZ  BENAVIDES, contra quien se libró orden de captura…”.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

Luego  de  la  aprehensión  de  RÓBINSON  RODRÍGUEZ  BENAVIDEZ, en audiencias preliminares llevadas a cabo el 8 de agosto  de  2009  ante  el Juzgado Único Promiscuo Municipal con función de control de  garantías   de  Rivera  (Huila),  se  legalizó  su  captura,  se  le  formuló  imputación   por  el  delito  de  homicidio  agravado  tentado,  y  se  le aplicó medida de aseguramiento de  detención preventiva en establecimiento de reclusión.   

Como  el  imputado  no  se  allanó al cargo  formulado,  la Fiscalía Cuarta Especializada de Neiva (Huila) presentó escrito  de  acusación  el  3  de  septiembre  siguiente,  en  el  cual  reiteró que se  procedía   por  el  ilícito  de  homicidio  agravado  tentado, tipificado en los artículos 103, 104-10 y 27  del  Código  Penal,  en concordancia con el artículo 14 de la Ley 890 de 2004.  De  igual  modo,  le atribuyó la circunstancia de menor punibilidad generada en  la  ausencia  de antecedentes penales, y la de mayor punibilidad originada en la  coparticipación  criminal,  en  los términos de los artículos 55-1 y 58-10 de  aquella codificación, respectivamente.   

El  conocimiento  de la etapa del juicio fue  asumido  por  el  Juzgado Tercero Penal del Circuito Especializado con funciones  de  conocimiento  de  esa  ciudad, despacho que luego de realizar las audiencias  públicas       de       formulación       de      acusación      –el  10  de  noviembre  de  ese  año-,  preparatoria  –el  27  de  noviembre  posterior-,  juicio  oral  –en   sesiones   del   20   de  abril  y  13  de  mayo  de  2010-,  e  individualización      de      la     pena     y     sentencia     –el  12  de  julio  siguiente-,  dictó  fallo  condenatorio  el  22  de  julio  de  la referida anualidad, declarando la  responsabilidad  penal del procesado RÓBINSON RODRÍGUEZ BENAVIDES en el delito  contenido en el escrito acusatorio.   

Consecuente   con  su  determinación,  el  A  quo  le  impuso las penas  principal  y  accesoria  reseñadas  en  la  parte inicial de este proveído, lo  condenó  a  pagar  el  equivalente a 60 salarios mínimos legales mensuales por  concepto  de  perjuicios  morales,  se  abstuvo  de condenarlo al pago de daños  materiales,   y   le   negó  los  beneficios  sustitutivos  de  la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena y prisión domiciliaria.   

Apelada dicha providencia por el defensor del  enjuiciado,  la  Sala  Penal  del Tribunal Superior de Neiva, mediante sentencia  del  31  de  agosto de ese año, la confirmó parcialmente, toda vez que revocó  la condena al pago de perjuicios morales.   

Posteriormente,  el  mismo  sujeto  procesal  interpuso   el   recurso   de   extraordinario   de  casación  y  presentó  la  correspondiente demanda.   

RESUMEN DE LA IMPUGNACIÓN  

Luego  de  referirse  a la acreditación del  agravio   producido   con   el   fallo   impugnado1,   la   legitimación   para  interponer            el           recurso2   y   la  procedencia  de  la  casación3,  dos  cargos  postula el defensor del acusado RÓBINSON RODRÍGUEZ  BENAVIDES, los cuales rotula y desarrolla de la siguiente manera:   

Cargo      primero:     “violación      indirecta      por     suposición     de     la  prueba”.   

Como  punto  de  partida,  el  casacionista  asegura  que  las  instancias  condenaron  a  su  defendido  sin  prueba alguna,  desconociendo  las  garantías  del  debido  proceso  y defensa. Por tal razón,  precisa,  acusa  a  las sentencias de “error de hecho  por  suposición  de  la  prueba,  falsos  juicios de  existencia,  falso  juicio  de  identidad,  falso  razonamiento, falso juicio de  legalidad   y  falso  juicio  de  convicción,  configurándose  una  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  al  suponer  la  condición de un agravante  genérico      y      sin      prueba      que     lo     establezca”.   

Como  normas  infringidas, cita seguidamente  los  artículos  103,  104-10  y  27  del  Código  Penal, aludiendo también al  artículo  381  de  la  Ley  906  de  2004  sobre el conocimiento para condenar,  insistiendo   que   en   este   evento   no   se  verificó  la  ocurrencia  del  delito,  “menos  aún si el imputado o acusado no se  allanó  a  cargos,  pues  el  Juez  de  conocimiento  o  colegiado  debe  hacer  prevalecer el derecho sustancial”.   

Para  el  demandante,  aunque los diferentes  informes  de  campo  y  laboratorio,  asi  como los testimonios escuchados en el  juicio  oral,  sustentan  un  fallo  absolutorio,  los  juzgadores  “supusieron   la   existencia”  de  la  prueba  en  contra  de  RODRÍGUEZ  BENAVIDES, incurriendo así en la denunciada  violación indirecta de la ley sustancial.   

En  soporte de sus asertos, trae a colación  dos  breves  fragmentos del fallo de primer grado, con el propósito de destacar  que  la  defensa,  tomando  como  referencia  lo manifestado por los deponentes,  demostró  lo  contrario  a  lo  que  allí  se indica, en donde es claro que se  soslayaron  sus dichos y se les desnaturalizó. Para el efecto, resume y comenta  la  testificación  de  Luz Stella Cubillos Rubiano, concluyendo que el Tribunal  incurrió en el mismo error de apreciación probatoria.   

Acto  seguido,  el  memorialista asevera que  también  discrepa  de  las  consideraciones del juez A  quo  en  torno  a  la declaración del soldado Andrés  León   Osorio,   en  el  que  centró  su  atención  probatoria  y  fundó  la  responsabilidad  del  procesado.  Cita, igualmente, el apartado pertinente de la  providencia,  el  cual refuta afirmando que con la testificación del cabo Edwan  Castro Garzón, queda desmentida la del primero.   

Luego,  hace saber que las imprecisiones que  se  presentaron en lo tocante a “la forma como estaba  vestida       la      persona”      –las   cuales  enuncia-,  ni  siquiera  fueron  tenidas  en  cuenta por los falladores, y que respecto a la malla que se  ubica  en  la  escena  del  crimen,  a  la cual aluden aquellos, para la defensa  “no  existe”, pues, así  se  desprende  del informe fotográfico y la prueba documental aportadas por los  investigadores  de  campo  Raúl  Puentes  Perdomo  y Jorge Mauricio Chaux Polo,  quienes  en tal sentido depusieron en el juicio oral. La existencia del mallado,  explica  finalmente,  es  para la defensa “una de las  pruebas      más     exigentes     en     materia     probatoria”.   

De  lo  anterior, concluye el impugnante que  desvirtuada  la  existencia  de la malla y acreditadas las contradicciones entre  los   testigos,  las  instancias  en  la  apreciación  probatoria  “dan    un    valor   inexistente   a   la   prueba”,  incluyendo  el  examen  del experticio balístico, según el cual  RODRÍGUEZ  BENAVIDES  era  el  portador de la pistola con la que se disparó en  contra del soldado Andrés León Osorio.   

Así, consigna sus propias impresiones sobre  el  informe  técnico  pericial y la prueba documental de balística, destacando  que  el  informe  de  residuos  de disparo en la mano de su representado arrojó  resultados  negativos,  pero  no  obstante  ello,  en  las sentencias, a las que  censura  porque  conjugan mas disparidades que similitudes, se dio como un hecho  probado  y  se  descartó  dicha  prueba  con  el  argumento  de  que  el tiempo  transcurrido  entre  la  ocurrencia  de  los  sucesos  y  la toma de la muestra,  fácilmente  pudo  haber  dudo lugar a la desaparición de los rastros, sumado a  las condiciones en que se produjo la huída del acusado.   

En conclusión, para el recurrente los fallos  demandados   “entran  en  pugna  y  riñen  con  la  verdad”,  respecto  a  lo  acreditado  por la prueba  mencionada.  Por  esa  razón, estima, la Corte debe absolver a su defendido, ya  que  no  logró  identificarse e individualizarse a la persona que participó en  los   hechos,   siendo   claro   que   RODRÍGUEZ   BENAVIDES  no  intervino  en  ellos.   

En ese sentido, entonces, pide que se case la  providencia del Tribunal.   

Cargo   segundo:  violación  directa  por  aplicación indebida de una norma legal.   

Insistiendo en que su prohijado fue condenado  por  el  delito  de  homicidio sin prueba para ello y con desconocimiento de las  garantías      del      debido     proceso     y     defensa,     el     censor  considera       –aclarando   que   sin   admitir   su  responsabilidad-,  que la adecuación típica fue desproporcionada y rebosó los  límites  constitucional y legal, ya que la misma debió ajustarse a la conducta  punible  de lesiones personales, tipificada en el artículo 111 de la ley 599 de  2000.   

Por  ello, acusa a la sentencia del Tribunal  por  violar  directamente  la  ley  sustancial, al aplicar en forma indebida una  norma legal no llamada a regular el caso.   

En  orden  a  fundamentar  su  reproche,  el  libelista   sostiene   que  los  juzgadores,  conforme  ha  sido  decantado  por  jurisprudencia  de la Sala que trae a colación, debieron analizar estrictamente  las    imputaciones    formuladas,    para    hacer    prevalecer   el   derecho  sustancial.   

Pide,  a  renglón  seguido,  que se case el  fallo  demandado, para adecuar la sentencia al delito de lesiones personales, lo  cual   sustenta  citando  varios  preceptos  nacionales  e  internacionales  que  considera  quebrantados,  y  aduciendo,  genéricamente,  la  violación  de los  principios de igualdad y congruencia.   

Para terminar, el actor vuelve a solicitar la  casación  del  fallo  recurrido, esta vez para abogar por sentencia sustitutiva  de carácter absolutorio.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. Cuestión previa.  

De  la sola lectura de la demanda presentada  por  el  defensor  del  procesado  RÓBINSON RODRÍGUEZ BENAVIDES, claramente se  advierte  el  absoluto  desconocimiento de las normas y principios que gobiernan  el ataque casacional.   

Por  ello,  previo  a  examinar  los  cargos  presentados  por  él en contra de la sentencia objeto de censura, debe reiterar  la    Corte4  cómo,  con  el  advenimiento de la Ley 906 de 2004, se ha buscado  resaltar   la   naturaleza   de   la   casación  en  cuanto  medio  de  control  constitucional  y  legal  habilitado  ya  de  manera  general  contra  todas las  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas por los Tribunales, cuando quiera  que   se  adviertan  violaciones  que  afectan  garantías  de  las  partes,  en  seguimiento  de  lo  consagrado por el artículo 180 de la Ley 906 de 2004, así  redactado:   

“Finalidad.  El  recurso  pretende  la  efectividad  del  derecho  material,  el  respeto  de las  garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a  estos, y la unificación de la jurisprudencia”.   

En  la  sentencia  C-590  de  2005, la Corte  Constitucional  resaltó  la mayor amplitud que tiene la casación en el sistema  acusatorio,  en  cuanto  decididamente  se  prevé  como  medio protector de las  garantías fundamentales:   

“(…)  la  afectación  de  derechos  o  garantías  fundamentales  se  convierte  en  la  razón  de  ser  del juicio de  constitucionalidad  y  legalidad  que, a la manera de recurso extraordinario, se  formula  contra  la  sentencia.  O  lo  que  es  lo  mismo,  lo  que legitima la  interposición  de  una  demanda  de  casación  es la emisión de una sentencia  penal  de  segunda  instancia  en  la que se han vulnerado derechos o garantías  fundamentales.   Precisamente   por   ello   se   ha   presentado  también  una  reformulación   de  las  causales  de  casación,  pues  éstas,  en  la  nueva  normatividad,  sólo  constituyen supuestos específicos de afectación de tales  garantías o derechos…”.   

La  Ley  906  de 2004 especificó el ámbito  normativo  respecto  del  cual  se  ejerce  el  control de las sentencias de los  jueces,  incluyendo no sólo las infracciones a la ley, sino también a la Carta  y   a   las   normas   del   llamado   “bloque   de  constitucionalidad”.   En   este   punto,  como  lo  advirtió  la  Corte Constitucional en el citado fallo C-590 de 2005, si bien no  puede  afirmarse que ese parámetro de control no se observara en los anteriores  regímenes  de la casación, es claro que la expresa configuración legal de ese  ámbito  normativo,  evidencia  el  propósito  que  ha  tenido el legislador de  adecuar  el  instituto  de manera más directa a referentes constitucionales, lo  cual    resulta    comprensible    en    la   dinámica   de   las   democracias  constitucionales.   

Y  es  evidente  que para el cumplimiento de  esos  fines  constitucionales,  el llamado sistema acusatorio oral de la Ley 906  de  2004,  dotó a la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia de  una  serie  de  facultades  realmente  especiales,  como  lo  hizo  con  aquella  consagrada  en  el  artículo  184,  a  saber,  la  potestad  de “superar    los    defectos   de   la   demanda   para   decidir   de  fondo” en las condiciones indicadas en él, esto es,  atendiendo  a  los  fines  de  la  casación,  fundamentación  de  los  mismos,  posición  del  impugnante  dentro  del  proceso  e  índole  de la controversia  planteada;  y la referida en  el   artículo   191,   para   emitir   un   “fallo  anticipado”   en  aquellos  eventos en que la Sala mayoritaria lo estime necesario  por  razones  de  interés  general,  anticipando  los turnos para convocar a la  audiencia de sustentación y decisión.   

Dentro de ese nuevo contexto normativo, ha de  aceptarse  que  la  inadmisión de una demanda de casación por parte de la Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia  debe basarse en tres  aspectos  esenciales:  en principio, cuando el demandante no tenga interés para  acceder   al  recurso;  en  segundo  lugar,  cuando  se  trate  de  una  demanda  infundada,  es  decir que su  fundamentación   no   evidencia   una   eventual   violación   de   garantías  fundamentales;  y,  por  último,  cuando  de  su inicial estudio se descarte la  posibilidad   de  desarrollar  en  la  sentencia  alguno  de  los  fines  de  la  casación.   

En  efecto, el artículo 184, inciso 2º, de  la  Ley  906  de  2004,  autoriza  a  la  Corte  para  no  seleccionar,  en auto  debidamente  motivado,  aquellas  demandas  de  casación  que  se encuentren en  cualquiera de los siguientes supuestos:   

“si  el  demandante  carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal, no desarrolla los cargos de sustentación o  cuando  de su contexto se advierta fundadamente que no se precisa del fallo para  cumplir algunas de las finalidades del recurso”.   

De  allí  que  bajo  la óptica del sistema  acusatorio  penal,  el libelo impugnatorio tampoco puede ser un escrito de libre  elaboración,  en  cuanto  mediante su postulación el casacionista concita a la  Corte  a  la  revisión  del  fallo  de  segunda instancia para verificar si fue  proferido o no conforme a la constitución y a la ley.   

Por  lo  tanto, sin perjuicio de la facultad  oficiosa  de  la  Corte  para prescindir de los defectos formales de una demanda  cuando  advierta la posible violación de garantías de los sujetos procesales o  de  los  intervinientes, de manera general, frente a las condiciones mínimas de  admisibilidad, se pueden deducir las siguientes:   

1. Acreditación del agravio a los derechos o  garantías fundamentales producido con la sentencia demandada.   

2. Señalamiento de la causal de casación, a  través  de  la  cual  se  deja  evidente  tal  afectación, con la consiguiente  observancia  de los parámetros lógicos, argumentales y de postulación propios  del motivo casacional postulado.   

3.  Determinación  de  la  necesariedad del  fallo  de  casación  para alcanzar alguna de las finalidades señaladas para el  recurso en el ya citado artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De otro lado, con referencia a las taxativas  causales  de  casación  señaladas  en  el  artículo 181 del nuevo Código, se  tiene dicho que:   

a)  La  de  su  numeral  1º  –falta  de aplicación, interpretación  errónea,  o aplicación indebida de una norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional  o  legal, llamada a regular el caso-, recoge los supuestos de la  que  se  ha  llamado  a  lo  largo  de  la  doctrina  de  esta Corporación como  violación directa de la ley material.   

b) La del numeral 2º consagra el tradicional  motivo     de     nulidad     por     errores     in  procedendo,  por  cuanto  permite  el  ataque  si  se  desconoce  el  debido proceso por afectación sustancial de su estructura (yerro  de  estructura)  o  de  la garantía debida a cualquiera de las partes (yerro de  garantía).   

En  tal caso, debe tenerse en cuenta que las  causales  de nulidad son taxativas y que la denuncia bien sea de la vulneración  del  debido  proceso  o  de  las  garantías,  exige  claras  y  precisas pautas  demostrativas5.   

Del  mismo modo, bajo la orientación de tal  causal  puede  postularse  el desconocimiento del principio de congruencia entre  acusación           y           sentencia6.   

c) Finalmente, la del numeral 3º se ocupa de  la   denominada   violación   indirecta   de  la  ley  sustancial  –manifiesto   desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y apreciación de la prueba sobre la cual se ha fundado  la  sentencia-;  desconocer  las  reglas  de  producción alude a los errores de  derecho  que  se  manifiestan  por  los falsos juicios de legalidad –práctica  o  incorporación  de  las  pruebas   sin  observancia  de  los  requisitos  contemplados  en  la  ley-,  o,  excepcionalmente  por  falso  juicio  de convicción7,     mientras     que    el  desconocimiento  de  las reglas de apreciación hace referencia a los errores de  hecho   que  surgen  a  través  del  falso  juicio  de  identidad  –distorsión   o   alteración  de  la  expresión  fáctica  del  elemento  probatorio-, del falso juicio de existencia  –declarar un hecho probado  con  base  en una prueba inexistente u omitir la apreciación de una allegada de  manera    válida    al   proceso-   y   del   falso   raciocinio   –fijación  de  premisas  ilógicas  o  irrazonables    por    desconocimiento    de    las    pautas    de    la   sana  crítica-.   

La invocación de cualquiera de estos errores  exige  que  el  cargo se desarrolle conforme a las directrices que de antaño ha  desarrollado   la   Sala,  en  especial,  aquella  que  hace  relación  con  la  trascendencia  del  error,  es  decir,  que  el mismo fue determinante del fallo  censurado.   

2. El caso concreto.  

2.1. Cargo primero: “violación indirecta  por suposición de la prueba”.   

Establecidas  las  premisas  básicas  de  evaluación,  bien  poco  tiene que responder la Corte a la propuesta casacional  del  actor,  por  elemental sustracción de materia, pues, y en ello estribó la  razón  para transcribir vastos apartados de su confuso alegato, no se indica de  manera  concreta la finalidad de la casación, tampoco especifica causal alguna,  se  deja  de  fundamentar  la  postura  e incluso, se omite señalar cuál es el  yerro  en  el  que  pudo  incurrir  el  Tribunal  o  cómo  lo solicitado por el  recurrente encuentra eco en los hechos evaluados en el expediente.   

En  suma, del inconexo escrito allegado por  el  libelista  se  puede  adivinar,  con  bastante  esfuerzo, que no comparte la  valoración  probatoria  de  las instancias, buscando con ello la absolución de  su representado.   

Así  lo  plantea  desde  el comienzo de su  deshilvanado  y  farragoso  discurso,  en  el  que  asevera  que  las instancias  condenaron    sin    prueba    y    por   ello   incurrieron   en   “error  de  hecho  por suposición de la  prueba,   falsos  juicios  de  existencia,  falso  juicio  de  identidad,  falso  razonamiento,   falso  juicio  de  legalidad  y  falso  juicio  de  convicción,  configurándose  una  violación  indirecta  de la ley sustancial, al suponer la  condición  de un agravante genérico y sin prueba que lo establezca”.   

Pero,  a  la  hora  de  sustentar semejante  aserto,  en  el  que  ni  siquiera  discrimina  a qué tipo de error de hecho se  refiere,  no desarrolla ninguno de ellos, ya que se limita a consignar su propio  análisis de la prueba.   

En  efecto,  el  defensor hace afirmaciones  genéricas,  sin  ningún tipo de argumentación o respaldo demostrativo, lo que  es  más que suficiente para desatender el cargo propuesto, en cuanto, no cumple  los  mínimos  presupuestos de fundamentación exigidos en esta sede, además de  que  nunca  da  a  conocer  cuál  en  concreto es la  violación trascendente que se reputa de los fallos de instancia.   

Para  ello, no bastaba con que criticara de  manera  aislada  y  descontextualizada la apreciación probatoria que realizaron  los  juzgadores  sobre  las pruebas testimoniales, documentales y periciales, ni  que  dijera,  según  su  particular  percepción,  cómo  debió  valorarse  el  conjunto probatorio.   

Esta  postura  obliga  a hacer hincapié en  cómo  la  Corte,  de  manera pacífica y reiterada ha advertido la necesidad de  que  la  demanda  de  casación  comporte  un  mínimo rigor lógico jurídico y  argumental,  pues,  no  se trata de hacer valer una especie de tercera instancia  que  sirva  de  escenario  adecuado  a  la  controversia  ya  superada  por  los  falladores  de  primero  y  segundo  grados, en la cual se pretende anteponer el  particular  criterio  o valoración probatoria, a aquel que sirvió de soporte a  la   decisión   de   los   jueces  A  quo  y Ad quem, entre  otras  razones,  porque  a  esta sede arriba la decisión judicial con una doble  connotación de acierto y legalidad.   

Se   faculta,  por  ello,  que  la  dicha  presunción  sea  quebrada a través de criterios claros, lógicos, coherentes y  fundados,  derivados  del  compromiso  de  demostrar  la  violación  en la cual  incurrió  el  fallador,  suficiente para derrumbar el contenido de verdad de la  sentencia,  en  el  entendido de que, de no haberse materializado el yerro, otra  hubiese  sido  la  decisión y precisamente así se ofrece trascendente recurrir  al mecanismo extraordinario de impugnación.   

Lejos de ello, en la demanda que se examina,  el  casacionista,  por  lo  demás  de  manera  absolutamente confusa, con total  desconocimiento  de  los mínimos rigores lógicos que gobiernan cada una de las  causales  de  casación  reguladas  en  el  artículo 207 de la Ley 600 de 2000,  denuncia  de forma genérica violaciones indirectas de la ley sustancial pero se  abstiene de concretar el error.   

Si  se  asume  que  la  crítica casacional  demanda  de  criterios  objetivos a partir de los cuales se permita conocer a la  Sala  cuáles  en  concreto  son los yerros ostensibles que por su trascendencia  demandan   derribar   el   fallo,  lo  menos  que  puede  esperarse  es  que  la  demostración  asuma  en  concreto lo expresado por la prueba y el análisis que  de  ella  hicieron las instancias, para evitar, como evidentemente sucede aquí,  que  el  soporte de la controversia sean apenas las lucubraciones o conclusiones  meramente  subjetivas  del  demandante,  entre  otras razones, porque si ello es  así,  se  trata  apenas  de  anteponer sus particulares inferencias, a las más  autorizadas  del  Ad quem, las  cuales,  se  repite,  llegan  a  la  sede  casacional  provistas  de  una  doble  connotación de acierto y legalidad.   

Para  ilustración  del  memorialista y con  criterios  pedagógicos,  la Corte estima tempestivo traer a colación lo que ya  de  manera uniforme ha reiterado en punto de la forma de argumentar lógicamente  respecto  de  la supuesta violación indirecta de la ley sustancial, por errores  en       la       apreciación       probatoria8:   

“2. En efecto,  la  violación  indirecta  de la ley sustancial, vía de ataque preferida por el  libelista   para  censurar  el  fallo  de  segundo  grado,  está  ligada  a  la  materialización  de vicios de naturaleza probatoria de dos clases distintas: de  derecho y de hecho.   

Los  errores  de derecho se subdividen en:  falso  juicio  de  legalidad  y  falso  juicio  de  convicción  vicios  que son  ontológicamente  diferentes. El juicio de legalidad se relaciona con el proceso  de  formación  de  la prueba, con las normas que regulan la manera legítima de  producir  e  incorporar  la  prueba al proceso, con el principio de legalidad en  materia  probatoria  y  la  observancia  de  los presupuestos y las formalidades  exigidas  para  cada  medio,  de  suerte  que el dislate se cristaliza cuando el  fallador  valora  o  aprecia  un  medio  de  prueba que desconoce alguna de esas  ritualidades,  o porque califica de ilegal una que sí las satisface y por tanto  es válida.   

El  juicio  de convicción consiste en una  actividad  de  pensamiento  a través de la cual se reconoce el valor que la ley  asigna  a determinadas pruebas, presupone la existencia de una “tarifa legal” en  la  cual  por voluntad de la ley corresponde a las pruebas un valor demostrativo  predeterminado  o  de  persuasión  único  que  no  puede  ser  alterado por el  intérprete;  en  consecuencia,  se  incurrirá  en  error  por  falso juicio de  convicción  cuando  se niega a la prueba ese valor que la ley le atribuye, o se  le  hace  corresponder  uno  distinto.  Sin  embargo,  al  desaparecer la tarifa  probatoria  en  materia  procesal  penal,  sustituida  por el sistema de la sana  crítica  previsto  en  los  artículos  238,257,  277, 282 y 287 del Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de  2000), en principio, no es posible para los  jueces  incurrir  en  errores  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción,  porque   la  legislación  penal en materia de pruebas no somete, por regla  general,   su  raciocinio  a  evaluaciones  dependientes  de  una  tarifa  legal  probatoria.   

Los  errores  probatorios  de  hecho,  a  diferencia  de  los  de  derecho,  obligan  a  quien los invoca a aceptar que la  prueba  respecto  de  la  que  los  alega fue reconocida por el funcionario como  legal,  regular  y  oportunamente allegada al proceso, toda vez que lo discutido  constituye  vicios  fácticos  que  se  desarrollan  en  tres modalidades: falso  juicio de existencia, falso juicio de identidad y falso raciocinio.   

Incurre  en  falso juicio de existencia el  fallador  que  omite  apreciar el contenido de una prueba legalmente aportada al  proceso  (falso  juicio de existencia por omisión), o cuando, por el contrario,  hace  precisiones  fácticas  a  partir  de un medio de convicción que no forma  parte  del proceso, o que no pertenecen a ninguno de los allegados (falso juicio  de existencia por suposición).   

El falso juicio de identidad se diferencia  del  anterior en que el juzgador sí tiene en cuenta el medio probatorio legal y  oportunamente  practicado,  pero,  al  aprehender  su  contenido,  le  recorta o  suprime   aspectos  fácticos  trascendentes  (falso  juicio  de  identidad  por  cercenamiento),  o le agrega circunstancias o aspectos igualmente relevantes que  no  corresponden  a  su  texto  (falso  juicio  de identidad por adición), o le  cambia  el  significado  a  su expresión literal (falso juicio de identidad por  distorsión o tergiversación).   

La  acreditación  de  un  falso juicio de  existencia  o  de  un falso juicio de identidad, por tratarse de vicios objetivo  contemplativos,   es   en  extremo  elemental.  En  el  primer  caso  basta  con  identificar  el  contenido  de  la  prueba omitida y el lugar en el que ésta se  halla  adosada  a  la  actuación,  o  con  señalar  la precisión fáctica que  corresponde  a  un medio de prueba extraño a la actuación o que no pertenece a  alguno  de  los  legalmente  aportados;  y  en  el segundo, es suficiente con la  comparación  de lo que de manera fidedigna revela la prueba, con la síntesis o  aprehensión  que  su  contenido  hizo  el funcionario, en aras de evidenciar el  cercenamiento, la adición o la tergiversación de su texto.   

Finalmente, el falso raciocinio difiere de  los  anteriores  en  que  el  medio  de  prueba  existe  legalmente y su tenor o  expresión  fáctica  es aprehendida por el funcionario con total fidelidad, sin  embargo,   al   valorarla,  al  sopesarla,  le  asigna  un  poder  suasorio  que  contraviene  los  postulados  de  la  sana  crítica, es decir, las reglas de la  lógica,  las  máximas  de  la experiencia o sentido común, o las leyes de las  ciencias,  y  en  tales  eventos  el  demandante corre con la carga de demostrar  cuál  postulado  científico,  o cuál principio de la lógica, o cuál máxima  de  la  experiencia  fue desconocido por el juez, e igualmente tiene el deber de  indicar  cuál  era  el  aporte  científico  correcto,  o  cuál  el raciocinio  lógico,  o  cuál  la  deducción  por  experiencia  que  debió aplicarse para  esclarecer el asunto.   

No sobra destacar que, adicionalmente, como  es  sabido,  bien  se  trate de errores de derecho o ya de hecho, tras demostrar  objetivamente  el dislate, es perentorio acreditar su trascendencia o, lo que es  lo  mismo, que de no haberse incurrido en él, la declaración de justicia hecha  en  sentencia  habría  sido  distinta  y  favorable  a  la  parte  que alega el  respectivo desaguisado.”   

Ninguno de los anteriores derroteros cumple  el  recurrente  en  la  fundamentación  del  cargo propuesto, pues, no concreta  yerro  alguno  de los anteriormente mencionados, denuncia de manera genérica la  violación  indirecta  de  la ley sustancial y simplemente pretende anteponer su  criterio  probatorio, al de los juzgadores de primer y segundo grados, dado que,  a  lo  largo  de  su  libelo  se limita a criticar sus razonamientos en torno al  valor  suasorio  de  los  medios  de  convicción  allegados,  y a consignar los  propios.   

El  cargo  primero, por consiguiente, será  rechazado.   

2.2.  Cargo segundo: violación directa por  aplicación indebida de una norma legal.   

A  juicio  del  libelista,  la  violación  directa  se  presenta  por  la  indebida selección de las normas que regulan el  delito   de   homicidio  agravado  tentado,  lo  cual  fue  desproporcionado,  ya  que  la adecuación típica  debió  realizarse por la conducta punible de lesiones personales, tipificada en  el artículo 11 del Código Penal.   

Pero,  no explica las razones de su aserto,  pues,  se  limita a consignar las normas que estima vulneradas, aclarar que ello  no  implica  admitir  la  responsabilidad  de  su  prohijado  y destacar que los  juzgadores  deben  analizar  estrictamente  las  imputaciones.  Y,  a la hora de  concretar  su  petición,  ni  siquiera guarda coherencia, dado que, mientras en  uno  de  los  apartados  solicita  fallo  de  reemplazo  condenando  por  aquél  ilícito, en otro aboga por la emisión de sentencia absolutoria.   

El  cargo,  entonces, apenas fue enunciado,  habida  cuenta  que  el casacionista en ningún momento explica el porque no era  viable  condenar  por  el  ilícito  de  homicidio  y  sí  por  el  de lesiones  personales.   

El  demandante,  vale  decir,  tenía   la   obligación,   lo   cual   omitió,  de  realizar  un  exhaustivo  análisis  jurídico  sobre  el  delito de  lesiones  personales  reclamado,  pues  acá la discusión es de puro derecho, y  dar   a   conocer   y   confrontar,  igualmente,  los  argumentos  que  esgrimieron los falladores para estructurar la conducta punible  de homicidio.   

No  bastaba, entonces, con exteriorizar su  desacuerdo  y  sustentar  su  postura  con afirmaciones genéricas, dado que, un  planteamiento  en  estos  términos, insiste la Sala9,  desconoce  la esencia de la  formulación  de  un  cargo  por violación directa, en la cual el impugnante no  puede  referirse  al  material  probatorio  de forma fragmentaria, ni menos aún  elaborar  su  propia  versión en la que valore y sopese desde un punto de vista  diferente,  fijándole  un  sentido y grado de convicción que varíe los hechos  y,  sobre  esa creación propia, fundamentar el ataque a la sentencia, pues esta  forma  de  elaborar  la censura no demuestra la comisión de ningún error, sino  la  simple  manifestación  de  discrepancia  con  la  tesis  elaborada  por  el  Tribunal.   

Aquí  resulta  necesario destacar que ese  desacuerdo  con  el  criterio del fallador no está previsto como un motivo para  recurrir  al  recurso  extraordinario  de casación, dado que el fallo proferido  por  el  Ad  quem, arriba a  esta  sede,  como  se dijo anteriormente, prevalido de una doble connotación de  acierto  y  legalidad  que  implica  otorgarle  mayor  validez, no importa cuán  profundos  puedan asomar las argumentaciones en contrario del recurrente, que en  estos   casos   no   pasa   de  constituir  un  típico  alegato  de  instancia,  completamente      intrascendente      a      los      fines     del     recurso  extraordinario.   

En  la  violación directa, se reitera, el  censor  debe  tomar  el  texto  de  la  sentencia  y sobre su construcción, sin  referirse  a  los  hechos  establecidos,  los  cuales  debe  aceptar a plenitud,  mostrar  el  error  de juicio en que incurrió el sentenciador, fenómeno que no  acontece  en  el  evento  que  nos ocupa, en tanto que el actor no expone razón  alguna  y  tampoco  confronta  los  razonamientos  y  relaciones  argumentativas  contenidas  en  la  sentencia, por manera que el ataque resulta ininteligible y,  en  consecuencia,  se  demanda  imperiosa  su  desestimación,  ante la falta de  claridad y precisión en su indicación, exposición y fundamento.   

Además,  la  omisión  de  transcribir  lo  disertado  por  las  instancias, impide a la Corte conocer el contenido íntegro  de  los  razonamientos  de  los  juzgadores  y,  en  especial,  la  forma en que  abordaron  el  análisis de la figura delictiva por la que finalmente condenaron  al procesado.   

Por  las razones señaladas en precedencia,  también  se  inadmitirá  el  cargo  segundo  y,  en su conjunto, la demanda de  casación    presentada    a    favor   del   procesado   RÓBINSON   RODRÍGUEZ  BENAVIDES.   

2.3. Por último,  ha  de  manifestarse que revisada la actuación en lo pertinente, no se observó  la  presencia  de  ninguna de las hipótesis que permitirían a la Corte superar  los  defectos  de  la  demanda  para  decidir  de  fondo,  de conformidad con el  artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

3.     Cuestión    final.   

Habida cuenta de que contra la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  procede  el  mecanismo  de insistencia de  conformidad  con  lo  establecido  en  el Art. 186 de la Ley 906 de 2004, impera  precisar  que como dicha legislación no regula el trámite a seguir para que se  aplique  el  referido  instituto  procesal,  la  Sala ha definido las reglas que  habrán    de   seguirse   para   su   aplicación10 como sigue:   

         a)  La  insistencia  es  un  mecanismo  especial que sólo puede ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de la providencia por cuyo medio la Sala decida no seleccionar la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  por alguno de los Delegados del  Ministerio  Público  para  la  Casación  Penal  -siempre  que  el  recurso  de  casación   no   hubiera  sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial-,  el  Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates y  suscrito la providencia inadmisoria.   

         b)  La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio  Público  a  través de sus Delegados para la Casación Penal, o ante uno de los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a la decisión mayoritaria de  inadmitir  la  demanda  o ante uno de los Magistrados que no haya intervenido en  la discusión.   

         c)  Es potestativo del Magistrado disidente, del que no intervino en  los  debates  o  del  Delegado  del Ministerio Público ante quien se formula la  insistencia,  optar  por  someter  el  asunto  a  consideración de la Sala o no  presentarlo  para  su  revisión,  evento  último  en que informará de ello al  peticionario en un plazo de quince (15) días.   

         d)  El  auto  a  través  del  cual  no  se selecciona la demanda de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de casación, salvo que la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

R E S U E L V E  

1.   INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  en  nombre  de  RÓBINSON  RODRÍGUEZ BENAVIDES, en seguimiento de las motivaciones plasmadas en  el cuerpo de este proveído.   

Página continuación  parte resolutiva y firma de los 8 Magistrados   

Casación   sistema   acusatorio   N°  35.358  -Inadmite la demanda-  

2.  De  conformidad  con lo dispuesto en el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es facultad de la demandante elevar  petición de insistencia en relación con el punto.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Al  efecto,   enuncia   las   garantías   que   estima   conculcadas   –destacando  las  del debido proceso y  legalidad-,  y  el  sustento normativo –nacional   e   internacional-   de  las  mismas.   

2 Sobre  el  particular,  señala  que  su finalidad “es el respeto de las garantías y  derechos fundamentales y una aplicación armónica de la Ley”.   

3  Considera,  con apoyo en los numerales 2° y 3° del artículo 181 de la Ley 906  de  2004  y  en  precedentes  de  la Sala, que la denunciada vulneración de las  garantías  de  su  defendido  debe  conducir a que los fallos de las instancias  sean  revisados y sustituídos, para en su lugar absolverlo del delito imputado,  por no haberse configurado ni probado.   

4 Autos  del  13  de  junio  y  25  de  julio  de  2007, Radicados 27.537 y 27.810, entre  otros.   

5 Auto  de casación del 24 de noviembre de 2005, Radicado 24.323.   

6 Auto  de casación del 24 de noviembre de 2005, Radicado 24.530.   

7 Ib.  Rad. 24.530.   

8 Autos  del  10  de  octubre  de  2007 y 4 de agosto de 2010, Radicados 22.597 y 34.442,  respectivamente.   

9  Providencias  del  1  de  febrero  de  2007  y 3 de diciembre de 2009, Radicados  23.541 y 33.036, respectivamente.   

10  Providencias  del  12  de diciembre de 2005 y 6 de septiembre de 2007, Radicados  24.322 y 27.946, respectivamente.     

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