35316(17-11-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     n.º  35316   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 371.  

Bogotá, D.C., diecisiete de noviembre de dos  mil diez.   

V    I   S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del procesado MARTÍN  RAMÍREZ  OSTOS,   contra  el  fallo de segunda instancia que profiriera el  Tribunal  Superior  de  Yopal,  fechado el 7 de julio de 2010,  mediante el  cual  confirmó  parcialmente  la  sentencia  emitida  por  el Juzgado Penal del  Circuito  Especializado  (en  descongestión)  de  esa  ciudad,  condenando a su  representado  legal  a   la pena de setenta y dos meses de prisión y multa  por  el equivalente a 1406.25 salarios mínimos legales mensuales, en calidad de  coautor  del  delito  de  extorsión  en  su  modalidad imperfecta de tentativa.  Además,  se  impuso  la  sanción  accesoria  de  interdicción  de  derechos y  funciones  públicas,  por  lapso  igual  a la pena privativa de la libertad, se  determinó  el  pago,  a  título  de  perjuicios morales, de cinco (5) salarios  mínimos  legales  mensuales,  y se le negaron al procesado los subrogados de la  suspensión   condicional   de   la   ejecución   de   la   pena   y   prisión  domiciliaria.   

En  esa  misma decisión de segundo grado de  revocó  parcialmente  el fallo de primera instancia, para efectos de absolver a  Ricardo Bernal Pinto de los mismos cargos.   

H E C H O S  

Fueron  narrados  en la sentencia impugnada,  del siguiente tenor:   

“Los  hechos  sucedieron en Yopal el 23 de  abril  de  2002, aproximadamente a las once y media AM. Llegó a la vivienda del  señor  GERARDO  VÉLEZ JIMÉNEZ, ubicada en el barrio Gabán de esta ciudad, un  sujeto  manifestando  ser  integrante  de  un  grupo armado al margen de la ley,  conocedor  del  patrimonio  económico  que  Vélez  posee y la ubicación de su  familia;  entregó  una  nota  de  carácter  extorsivo,  pues  allí  un  grupo  revolucionario  exigía el pago de veinticinco (25) millones de pesos, para cuya  entrega  debía  acudir a la vereda Picón de Yopal; el 26 del mismo mes y año,  el  señor  VÉLEZ JIMÉNEZ presentó denuncia ante el GAULA. Dos días después  –abril 28- en la residencia  de  Vélez, donde funciona a su vez una chatarrería, hacia las siete y media de  la  mañana,  se  presentó  un  individuo,  preguntó a JOSÉ GUILLERMO BERDUGO  BENAVIDES,  empleado  de  dicho  establecimiento, por VÉLEZ JIMÉNEZ, de manera  insistente   y   finalmente   el  visitante  entregó  un  sobre  cerrado,  cuyo  destinatario  era  GERARDO  VÉLEZ  JIMÉNEZ;  seguidamente, aquel empleado hizo  saber  el  hecho  a  su  empleador  y  decidieron hacer seguimiento al emisario,  ubicándolo  en  la carrera 14 N° 31-62, barrio Veinte de Julio de esta ciudad.  Dieron  parte  a  la Policía, que hizo presencia con funcionarios de la SIJIN y  aprehendieron  a quien resultó llamarse MARTÍN RAMÍREZ OSTOS e incautaron una  bicicleta,  en  la  que  se desplazaba. El capturado se exculpó diciendo que su  misión  fue  la  de  emisario,  a petición directa de RICARDO BERNAL PINTO. La  dirección  donde se produjo su aprehensión corresponde a la residencia de este  hombre,  pues  acudió  allí  para  informar  que  había cumplido su cometido.  Agrega  que  el lugar donde debía entregar el sobre fue señalado concretamente  por el emisor, desde el día anterior.   

DECURSO PROCESAL  

El  28  de  abril  de 2002, fue capturado el  procesado  MARTÍN  RAMÍREZ  OSTOS,  en  virtud  del operativo realizado por el  GAULA  de  esa  ciudad,  luego  de  que  los hechos fueran denunciados, el 26 de  abril, por la víctima, Gerardo Vélez Jiménez.   

Consecuentemente  con  lo anterior, el 29 de  abril  de  2002,  la Unidad de Fiscalías Especializadas de Yopal, abrió formal  instrucción,  disponiendo  escuchar  en  indagatoria  al  capturado y a Ricardo  Bernal Pinto.   

El  30  de  abril  de 2002, fue realizada la  diligencia  de  indagatoria con MARTÍN RAMÍREZ OSTOS. Acorde Con ello, el 3 de  mayo  de 2002, fue resuelta su situación jurídica, absteniéndose la Fiscalía  de imponer medida de aseguramiento en su contra.   

El  15  de  febrero  de 2006, fue cerrada la  investigación.  En  seguimiento de ello, el 22 de mayo de 2006, se calificó el  mérito  del  sumario,  profiriéndose  resolución  de  acusación en contra de  MARTÍN  RAMÍREZ  OSTOS  y  Ricardo  Bernal  Pinto,  a título de coautores del  delito  tentado de extorsión. Allí mismo se impuso en disfavor de estos medida  de  aseguramiento  de  detención preventiva sin beneficio de excarcelación. El  20 de julio de 2006, fue capturado RAMÍREZ OSTOS.   

En  contra  del  auto en cuestión interpuso  recurso  de  apelación el defensor de MARTÍN RAMÍREZ, el que fuera resuelto a  través  de  decisión  proferida  por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal de  Yopal,  el  23 de agosto de 2006, confirmando en todas sus parte lo decidido por  el A quo.   

Ejecutoriada  la  resolución de acusación,  el   proceso  le fue repartido para adelantar la fase del juicio al Juzgado  Único Penal del Circuito Especializado de Yopal.   

Previa  solicitud  de  la  defensa  en  tal  sentido,  el  despacho nombró perito para avaluar los perjuicios materiales, el  cual  rindió  concepto estimándolos en la suma de cien mil pesos. A su vez, en  auto  del  11  de  diciembre  de  2002, el juzgado fijó en ciento cincuenta mil  pesos los daños morales.   

Con consignación bancaria efectuada el 14 de  diciembre  de  2006,  los procesados pagaron la suma de doscientos cincuenta mil  pesos, en calidad de perjuicios materiales y morales.   

En  proveído  del  11  de enero de 2007, se  dispuso  la  libertad provisional de ambos procesados, dada la indemnización de  perjuicios,  pero  se  dejó  detenido a RAMÍREZ OSTOS, como quiera que en otro  proceso  por  similar  delito,  en su contra reposaba medida de aseguramiento de  detención preventiva.   

El  30  de  enero  de  2007,  tuvo  lugar la  audiencia preparatoria.   

La  audiencia  pública  de  juzgamiento  se  celebró el 26 de julio de 2007.   

El  8  de  julio  de  2008,  conforme  acto  administrativo  previo emanado de la Sala Administrativa del Consejo Superior de  la  Judicatura,  asumió  conocimiento  del asunto el Juzgado Penal del Circuito  Especializado de Descongestión de Yopal.   

Esa  oficina  judicial profirió el fallo de  primer  grado  el  21  de  agosto de 2009. Allí se condenó a ambos procesados,  MARTÍN  RAMÍREZ  OSTOS  y  Ricardo  Bernal Pinto, como coautores del delito de  extorsión en modalidad tentada.   

Los   defensores   de   los   procesados  interpusieron   recurso   de  apelación  contra  lo  decidido  por  la  primera  instancia.   

El 7 de julio de 2010, el Tribunal de Yopal,  confirmó  lo  resuelto  por  la  primera  instancia  en  lo que a la condena de  RAMÍREZ  OSTOS,  atiende,  y  absolvió  a  Ricardo Bernal Pinto, de los cargos  formulados en su contra por el delito de extorsión tentada.   

Oportunamente el defensor de MARTÍN RAMÍREZ  OSTOS,  interpuso y sustentó el recurso extraordinario de casación, en escrito  que ahora analiza la Corte en su debida fundamentación.   

LA DEMANDA  

Cargo Único  

Así    lo   rotuló   el  demandante  “Se  invoca  en  este  caso  la causal de casación  prevista  en  el  Art. 181 numeral 1° de la Ley 906 de 2004 del C. de P.P., por  aplicación  indebida  de  norma  del  bloque  constitucional llamada Violación  directa de la ley”.   

En desarrollo del cargo, se limita a afirmar  que  se  condenó  a  su  representado  legal  por  del  delito  de tentativa de  extorsión,  pese  a  que  ningún  daño  económico se produjo a la víctima e  incluso  existió  indemnización  integral  de perjuicios, circunstancia que no  tuvo  en  cuenta el Tribunal a efectos de realizar la correspondiente reducción  de pena.   

Pide   el   casacionista,  acorde  con  lo  sucintamente  argumentado,  que  se  case  la sentencia atacada “…y   como  consecuencia  se  disponga  el  fallo  de  reemplazo  y  consecuencialmente   se   hagan   los   ordenamientos   de  rigor”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         La  demanda  de  Casación,  como  ya amplia y reiteradamente lo ha  venido  significando  esta  Corporación,  no  representa  un  simple alegato de  instancia  ni  tiene  como  finalidad  ofrecer una nueva oportunidad para que se  contrapongan   los   argumentos   de   las   partes   a   efectos   de   obtener  satisfacción  a sus pretensiones.   

         Precisamente  por  su  connotación de mecanismo extraordinario, el  recurso   de   casación  implica  para  el  demandante  la  carga  procesal  de  fundamentar  adecuadamente  su  postulación,  dentro de precisos requisitos que  obedecen  a  principios lógicos y jurídicos universales, en el entendido que a  esta  sede  arriba  el  fallo  prevalido  de  un  doble  carácter  de acierto y  legalidad,  solo  destronable a partir de la definición precisa y objetivamente  fundamentada,  de  que  la  sentencia  comporta un yerro de tal magnitud, que su  manifestación  en  el  proceso  asoma  ostensible  y  tiene  por  sí  misma la  virtualidad  de  obligar  la  revocatoria  de  lo  decidido  o, cuando menos, su  modificación trascendente.   

         No   se   trata,  entonces,  de  que  la  parte  vencida  en  ambas  instancias,  o  en  la segunda, busque de nuevo traer a colación los argumentos  allí  planteados de forma infructuosa, con la esperanza de que ahora sí tengan  eco  ellos,  sólo  porque  se  contraponen  a  la decisión más autorizada del  fallador.   

         Ha  de  tenerse  en cuenta, así mismo, que si bien, las sentencias  de   primera   y   segunda   instancias,   cuando   resultan  uniformes  en  sus  consecuencias,  forman  una  unidad  inescindible,  para  efectos  del ataque en  casación  en  un  plano  de  estricto  apego  a  la  legalidad, la demanda debe  enfilarse  en  contra  del fallo de segundo grado, dado que es este el escenario  donde  se  consolida  la  afectación que faculta legitimación para recurrir, a  través  de  una  argumentación  que necesariamente debe abordar el contenido y  efectos  de  esa  sentencia, en aras de demostrar cómo ella consigna o avala el  yerro que repudia su legalidad y justicia.   

         Ello,  para  significar  la  abierta  improcedencia que comporta la  argumentación  que  presenta  el  recurrente,  precaria  en su fundamentación,  apenas  significando  que se pasó por alto tomar en cuenta la indemnización de  perjuicios  efectuada  por  su  representado legal, sin siquiera preocuparse por  definir  cuándo  o  cómo  ocurrió  ello,  o  qué  efectos tiene respecto del  proceso   o   la   situación   de   su   defendido,   cuando   menos citando la normatividad que referencia  el  beneficio  de atenuación punitiva por él postulado, o advirtiendo cuál en  concreto    fue    la    postura   de   las   instancias   sobre   tan   preciso  aspecto.   

         Esas  ostensibles  falencias  de  sustentación  asoman suficientes  para inadmitir el cargo.   

         Empero,  la corte, dentro de su labor de verificación de que no se  hayan  violado  derechos  fundamentales, una vez revisadas las piezas procesales  pertinentes,    advierte    que    carece    por    completo    de    fundamento  fáctico  el  cargo  propuesto  por  el  impugnante,  simplemente    porque,    a    pesar    de    lo   dicho   por   él,  efectivamente  la sentencia de primer  grado  tuvo  en  consideración esa indemnización pecuniaria y por ocasión     de    ello    disminuyó  sustancialmente la pena a descontar por el procesado.   

         En  efecto,  al momento de dosificar la sanción, puntualmente esto  consignó  el A quo, luego de señalar que la pena debe incrementarse por razón  de   haber   sido   los  procesados      miembros     de     la     Fuerza  Pública:   

“En   atención   a   los   parámetros  establecidos    por    el    art.    60   del   C.P.,   el   incremento  de  una  proporción  se aplica al mínimo y al máximo de la sanción básica, es decir,  el  intervalo  de  que  trata  el  art.  244,  queda de 192 a 256 meses de prisión y la multa estipulada en  el  art. 245, de 3.000 a 6.000 salarios mínimos legales mensuales vigentes; sin  embargo,  por  virtud  de la tentativa –art.  27  C.P.-,  la sanción no puede superar la mitad del mínimo  ni  exceder las tres cuartas partes del máximo, esto es, de noventa y seis (96)  a  ciento  noventa  y  dos  (192) meses de prisión y multa de un mil quinientos  (1.500)  a  cuatro  mil  quinientos  (4.500) salarios mínimos legales mensuales  vigentes.   

Adicionalmente,  los encartados acreditaron  el  pago  de  indemnización  integral  de  los  perjuicios  ocasionados  con el  delito,  que  a  la luz del art. 269 del C.P., genera  reducción  punitiva  de la mitad  a las tres cuartas partes y entonces ese  intervalo  de  que  se  viene  hablando,  se convierte a: cuarenta y ocho (48) y  ciento  cuarenta  y  cuatro  (144)  meses  de  prisión  y  multa de setecientos  cincuenta  (750)  a  tres  mil  trescientos  setenta  y  cinco  (3.375) salarios  mínimos legales mensuales vigentes.”   

         Es  claro  que  el  fallador sí tomó en cuenta la atemperante por  indemnización  integral  y  la  hizo valer en la dosificación punitiva, razón  suficiente  para  que  se  deseche el cargo propuesto por el demandante, ante la  evidente carencia de sustento  fáctico.   

DE LA CASACIÓN OFICIOSA  

         Si  bien  la  Sala, ante las inocultables  falencias  de  fundamentación, inadmitió la demanda  presentada  por el defensor del procesado, ello no implica que frente a su labor  de  velar  por  la  protección de garantías fundamentales, deba pasar por alto  las  evidentes  vulneraciones  en  que  incurrieron las instancias al momento de  dosificar la pena impuesta al procesado.   

         Son  tres,  al respecto, los yerros evidentes en que incurrió el A  quo:   

         1.   Vulneración  del principio de  congruencia   

         Ya  la  Corte tiene sentado de manera pacífica y reiterada, razón  por  la cual no se hace necesario, por farragoso, transcribir lo que debiera ser  suficientemente  conocido por las distintas instancias judiciales, que todas las  circunstancias  referidas  al  delito, con incidencia en la determinación final  de  la  pena  aplicable al procesado, han den ser incluidas en la resolución de  acusación,   pues,   sólo   así  se  garantizan,  además  del  principio  de  congruencia,  los  de  contradicción,  debido  proceso y derecho de defensa, en  tanto,  mal  puede  decirse  consonante  un  fallo  que  tome  en  cuenta,  para  desmejorar  la situación del acusado, elementos agravantes no consignados en la  acusación,  mismos  que,  por  lo demás,  no  fueron  objeto  de  controversia o contradicción,  en  tanto,  desconocidos  por el procesado y su defensor, en ese  sentido    sorprendidos   con   la   decisión   condenatoria   que   los   hace  valer.   

         Ello,   sobra   recordar,   dice   relación   no   sólo  con  las  circunstancias     que     modifican     límites     punitivos     –dígase  calificantes  o  agravantes  específicas  del  delito-, sino respecto de aquellas  que   facultan  la  definición  del  cuarto  dentro  del  ámbito  punitivo  de  movilidad  en  que ha de ubicarse el funcionario para  la  correspondiente  individualización  –vale      decir,     las   dispuestas   en   el   artículo  58 del C.P.-   

         De  esa  manera,  se  observa  que en el auto a través del cual se  calificó   el   mérito  del  sumario,  dentro  del  acápite  destinado  a  la  calificación  jurídica  del delito atribuido a los procesados, expresamente se  señala  tratarse  de  una  extorsión, consignada en el artículo 244 del C.P.,  (modificado  por  el  artículo  5° de la Ley 733 de  2002),  agravada  conforme  la  causal  establecida  en  el  numeral   2°   del  artículo  245  del  C.P.  (modificado  por  el  artículo  6°  de  la  Ley  733  de 2002), por haber sido  miembros de las Fuerzas Armadas los procesados.   

        A  su  vez,  se  advirtió  que  la conducta operaba dentro de las  circunstancias  de  atemperación  consagradas en el artículo 27 del C.P., dada  su modalidad imperfecta de tentativa.   

        En  ninguno  de  los apartes de la resolución de acusación (o de  la  segunda  instancia  en  la que el Ad quem la confirmó en su integridad), se  hace  mención  expresa  de  que  la  conducta  deba  agravarse  a  partir de la  circunstancia  genérica  establecida  en  el  numeral  10  del artículo 58 del  C.P.   

        Empero,  al  momento  de  dosificar  la  sanción,  el juez A quo,  expresamente       señaló      “Bajo  estas  circunstancias la conducta sometida a juzgamiento, se  ubica  en  el  cuarto  medio,  pues  se  trata  de una coparticipación criminal  –art.  58-10 CP-, esto  es,  de  72  a  120  meses de prisión y multa de 1.406´25 a 2.718´75 salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes”.   

        La  segunda  instancia, lejos de remediar el yerro de congruencia,  lo  ratificó,  pues,  aunque  absolvió al otro de los acusados, razonó que la  causal  de  mayor  punibilidad sigue vigente en atención a que se demostró que  otras  personas,  distintas  de los condenado y absuelto, también intervinieron  en la labor constrictora.   

        En  consecuencia, dada la flagrante violación de principios caros  al  proceso  penal,  la  Corte  habrá de casar oficiosamente la sentencia, para  eliminar  la  agravante  genérica en cuestión, procediendo después a  la  correspondiente redosificación.   

        2.  Indebida  tasación punitiva de la  atemperante por indemnización integral.   

        También  de  manera  amplia,  pacífica  y  reiterada, la Sala ha  significado  que las circunstancias post delictuales que dicen relación con los  actos  de  contrición o atemperación del daño efectuados por el procesado, en  cuanto  no  representan  aspecto  propio  del delito y su delimitación típica,  tampoco  se erigen en elementos que modifiquen los límites mínimo y máximo de  sanción  dispuestos  por  el  legislador  y,  en consecuencia, deben tomarse en  consideración   una   vez  el  fallador,  acorde  con  el  inciso  tercero  del  artículo 61 del C.P., ha  individualizado la sanción a cumplir por el acusado.   

        De  esta  manera,  erró profundamente el A quo cuando, verificado  que  los  acusados  habían  indemnizado  los  perjuicios  materiales  y morales  ocasionados  por  el  delito,  decidió  utilizar  esa  circunstancia  a modo de  modificadora  de  límites de pena, estableciendo unos nuevos parámetro mínimo  y máximo de la misma.   

        Lo  correcto era que, una vez modificados esos límites originales  del  artículo  244  del  C.P.,    en    atención   a   la   agravante   específica   del   artículo  245 ibídem, y el dispositivo amplificador del tipo del  27  ejusdem,  definiera el ámbito de movilidad punitiva, estableciera el cuarto  de  ubicación y finalmente discriminara la sanción a aplicar, para después de  ello,    ahí    sí,    aplicar    la   atemperante   de   la   mitad   de   pena   por  indemnización  integral.   

        Como  ello no fue lo ejecutado por el fallador de primer grado, la  Corte procederá a corregir el error.   

        Así    las    cosas,    conjugados   los   dos   errores   arriba  delimitados    (de  congruencia  y de dosificación), la Sala parte, para respetar el criterio del A  quo,  de  una  sanción  que oscila entre 96 y 192 meses de prisión  y  multa entre 1.500 y 4.500 salarios mínimos legales mensuales  (topes que operan una vez efectuadas, respecto de la  sanción  que consagra el tipo penal, 12 a 16 años de prisión y multa de 600 a  1.200  salarios  mínimos  legales  mensuales,  las  operaciones aritméticas de  incremento  por la agravante específica,  y  decremento  por  la tentativa,  conforme así lo desarrolló  el fallo de primer grado).   

        Como  no  existen  circunstancias  de mayor punibilidad, ya que se  debe  eliminar  la  de  coparticipación  criminal  deducida por el fallador sin  soporte  en  la  resolución  de  acusación,  la  pena debe operar en el cuarto  mínimo,  y  dado  que  el sentenciador decidió aplicar, una vez determinado el  cuarto,  el mínimo del mismo, elemental resulta afirmar que la pena es menester  fijarla   en   96  meses  de  prisión  y  multa  en  cuantía  de  1.500 salarios mínimos legales mensuales.   

        Ahora   bien,   en  tanto   los   procesados   indemnizaron  integralmente  los  perjuicios  ocasionados  con  el  delito,  a  esa  pena deducida se le hace una rebaja de la  mitad,  hasta derivar sanción final de 48 meses de prisión y multa en cuantía  de      750     salarios     mínimos     legales  mensuales.   

        De   esta   forma   se  modificará  lo  dispuesto  en  el  fallo,  advirtiendo  que  a  igual  lapso,  48 meses, se reduce la sanción accesoria de  inhabilitación     para     el    ejercicio    de    derechos    y    funciones  públicas.   

        3.  Imposibilidad  de  condenar  en el  pago de perjuicios morales   

        Si  claro  se  tiene  que  los  perjuicios  morales fueron tasados  previamente  al  fallo  por  el  juez de primer grado, quien por solicitud de la  defensa,  para  efectos de obtener beneficios liberatorios, los determinó en la  suma de ciento cincuenta mil pesos.   

        Si  además  se  conoce  que  por esas  mismas  circunstancias  el perito designado por el despacho tasó los perjuicios  materiales  en la suma de cien mil pesos.   

        Y,  por  último, si en el expediente reposa prueba incontrastable  de  que los procesados efectivamente pagaron la suma de doscientos cincuenta mil  pesos,  a  título  de  indemnización  integral, al  punto  que  obtuvieron  la  correspondiente  rebaja  punitiva  dispuesta  en  el  artículo  269  del  C.P.,  como  arriba  se destacó; mal puede el sentenciador  disponer,  como  así  lo hizo en las partes motiva y resolutiva de la sentencia  de  primer  grado,  prohijada  en  ese  tópico por el Ad quem, que los acusados  paguen,   a   título   de   perjuicios   morales,   el   equivalente   a  cinco  salarios mínimos legales mensuales.   

        Evidente  surge el exabrupto de lo ordenado en la sentencia, pues,  si  anticipadamente  se  fijó  el  tema  y se obtuvo la consecuente reparación  íntegra,  ya  no  era  posible revivirlo a través de una tasación que, por lo  demás,  ni  siquiera  explica  las  razones  para  desatender  lo  que el mismo  fallador previamente había dispuesto.   

        Ostensible   la   violación   del  debido  proceso  que  conlleva  la   orden  de  pagar  lo  ya  resuelto,  la  Corte  eliminará de la sentencia esa disposición.   

Página  contiene  parte resolutiva y firma de la Presidenta de la Sala   

Casación   N°  35.316   -Inadmite  demanda y Casa oficiosamente-  

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

R E S U E L V E  

          Primero.         INADMITIR         la    demanda    de    casación   presentada   por   el     defensor     del  procesado  MARTÍN       RAMÍREZ       OSTOS.   

Segundo.   CASAR    oficiosamente  el  fallo.  En  consecuencia,  la  pena  que  deberá  descontar  el  acusado  MARTÍN RAMÍIREZ OSTOS se reduce a CUARENTA Y OCHO (48)  MESES  DE  PRISIÓN  y  multa  en  cuantía  de  750  salarios  mínimos legales  mensuales.    A   su   vez,   se   REVOCA  la  condena  en  perjuicios  morales y se reduce al mismo lapso de  prisión  la  sanción  accesoria  de  interdicción  en  derechos  y  funciones  públicas.   

En  lo  demás  rige  lo  dispuesto  por las  instancias.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Comisión de servicio  

Página  contiene  firma de 7 Magistrados   

Casación   N°  35.316   -Inadmite  demanda y Casa oficiosamente-  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                             SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ   

Permiso  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                        AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

Permiso  

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                               JULIO        ENRIQUE        SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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