35294(09-12-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso n.º 35294  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado   acta   Nº   411   

         

Bogotá,   D.   C.,    nueve (9) de diciembre de dos mil diez (2010)   

V   I   S   T   O  S   

La Corte resuelve la admisibilidad formal de  la   demanda   de   revisión   presentada   por  el  defensor  de  Fredy  Manuel  Estrada  Herazo  contra la  sentencia  del  Tribunal  Superior  de  Sincelejo  del  6  de junio de 2008, que  confirmó  la  dictada  por  el  Juzgado  Primero Penal del Circuito de la misma  ciudad,  proferida  el  20  de  junio de 2007, mediante la cual lo condenó a la  pena  principal de 78 meses de prisión y a la accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo lapso de la  privativa  de  la  libertad,  como  autor  de  la  conducta punible de homicidio  preterintencional.   H   E   C   H   O  S   

El  juzgador  de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“El día 26 de abril de 2003, a eso de las  8:00  p.m,  en  momentos en que Richard David Miranda Guerrero se desplazaba por  una  de  las calles del barrio Bogotá de esta ciudad (Sincelejo), en compañía  de  otros  amigos  y  rumbo a una fiesta, estuvieron a punto de ser atropellados  por  una motocicleta en la cual se transportaba FREDY MANUEL ESTRADA HERAZO como  parrillero.  De  inmediato  el  grupo  de  jóvenes  reaccionó  y  le  reclamó  verbalmente  al  conductor  si  era  que  los  iba a atropellar, Hernando Sierra  Atencia,  su  conductor,  de  inmediato  detuvo  la  motocicleta, situación que  aprovecha  el  parrillero  para bajarse y discutir verbalmente con los jóvenes,  quienes  siguen  caminando  rumbo a su destino dándole de esta forma la espalda  al  conductor  y  al  parrillero  del  velocípedo,  pero  mirando  hacia atrás  esporádicamente  para  ver  qué  actitud  tenían  éstos,  oportunidad que es  aprovechada  por  Fredy  Manuel  para  sacar  de  la  pretina  un arma hechiza y  accionarla  contra  éstos,  siendo  alcanzado RICHARD MIRANDA en la espalda. El  procesado  espera a ver la reacción de éstos y luego se sube a la motocicleta,  a  la  que  el  conductor  previamente le había dado la vuelta, emprendiendo la  huida  rumbo  contrario  al  que inicialmente llevaban, dejando abandonado en el  suelo al herido.   

“Como  consecuencia de la herida, MIRANDA  GUERRERO   debió   ser   intervenido  quirúrgicamente,  siendo  realizada  una  laparoscopia   abdominal   (exploración   del   abdomen)   y   finalmente   una  nefrectomía,  extirpándole  el  riñón derecho, lo que le dejó como secuela,  la  perturbación  funcional  en  forma  permanente  del  órgano  de excreción  urinaria.   

“A  los  pocos  días  y  debido  a  la  infección  que  le  sobrevino  por  la múltiples perforaciones sufridas en los  intestinos  durante  la trayectoria del proyectil, Richard debió ser operado en  varias  oportunidades,  debiéndose  ésta  vez  realizar una colecistectomía o  extirpación  de  la  vesícula  biliar  y una colostomía o extirpación de una  parte  de  su  colon  (intestino grueso); también una abertura artificial en su  abdomen  para que pudiera eliminar hacia el exterior, en una bolsa, los desechos  producidos por el cuerpo (heces y orina).      

“El 9 de noviembre de 2004, RICHARD DAVID  MIRANDA  GUERRERO  es  hospitalizado  por presentar dolor abdominal y mal estado  general  a  raíz  de  la infección purulenta de la cavidad abdominal y aparato  digestivo,  produciéndose  finalmente  su  deceso  después  de varios días en  coma, el día 21 de noviembre de 2004”.   

L  A      D  E  M A N D  A   

El defensor del citado sentenciado basado en  las  causales  3°  y 6° consagradas en el artículo  192  de  la Ley 906 de 2004,  presenta demanda de  revisión de la siguiente manera:   

Luego de reseñar los sujetos procesales que  intervinieron   en  el  trámite  penal,  de  resaltar  los  hechos  materia  de  juzgamiento  y  de  realizar  una síntesis de la sentencia impugnada, anota que  acude  a  la  acción de revisión por dos razones, a saber: la primera de ellas  porque  considera que en este supuesto se adecua la causal tercera de revisión,  habida  cuenta  que  en  la  actualidad  en  contra de los galenos cursa proceso  administrativo  de  reparación  directa  interpuesta  por Luz Daris Guerrero de  Miranda  y  Manuel  Agustín  Miranda  Hernández contra el Hospital Regional II  Nivel  de Atención de Sincelejo y el Hospital Regional de Corozal por la muerte  de  su  hijo,  en tanto hubo negligencia médica, según actuación que adelanta  el Juzgado Tercero Administrativo de Sincelejo.   

Anota  que  en ese trámite “se  trata de demostrar” que la causa de  la  muerte  de  la  víctima  fue  en  virtud  a  una  cirugía  mal practicada.  “De  modo  que  la  causa inmediata de la muerte no  pudo  ser  las  lesiones causadas por Fredy Estrada Herazo, pues los demandantes  manifiestan  en el proceso antes referenciados que la causa fue la negligencia y  la  mala  praxis”  de  las citadas instituciones de  salud.   

Comenta que la radicación del expediente es  el  No.  2006-1087-00,  razón  por  la  cual  sostiene  que  dicha prueba no se  conocía   al   momento   de   proferirse   la  sentencia  en  la  jurisdicción  penal.   

Y,  el otro motivo que lo lleva a instaurar  la  presente acción es por que considera que el fallo de carácter condenatorio  se fundamentó, en todo o en parte, en prueba falsa.   

Luego  de reseñar los hechos y de resaltar  algunos  fragmentos  de  las  explicaciones  dadas por su representado, Hernando  Antonio  Sierra  Atencio,  Luis  Roberto  Aponte  Álvarez y Edwin Ariel Estrada  Pedrosa,  destaca  que la única prueba en que se fundó la sentencia de condena  fue  la  de  carácter testimonial rendida por dos acompañantes de la víctima,  esto  es, Deyner Bello Hernández y Miguel Antonio Montiel Gaviria, para lo cual  copia unos segmentos de sus versiones.   

Acota  que los citados deponentes hablan de  un   revolver,   arma   de   fuego   que   nunca   fue   hallada   porque  nunca  existió.   

Recuerda que su procurado dijo que disparó  con  un  arma  hechiza  en  forma de lapicero, “y si  realmente  los  hechos  fueron  como los relata el señor Miguel Antonio Montiel  Gaviria,  éste  se  habría  percatado  del  arma,  pues  dice que el condenado  disparó  a  una  distancia  aproximada de 2 metros a Richard Miranda Guerrero y  ellos  se  quedaron  parados mirando al señor Estrada Herazo, quien seguía con  el  supuesto  revolver en la mano. De modo que ante tantas contradicciones no se  justifica  cómo  se  le dio crédito a lo relatado por dos de los acompañantes  de  la  víctima, y se elaboró una teoría del crimen sólo en esta prueba, que  a todas luces es falsa, ya que no existió ninguna otra”.   

Además,  sostiene  que  su protegido en el  acto  de  la  indagatoria confesó el delito y explicó la forma como sucedieron  los  hechos;  de  ahí  que  se pregunte por qué no se le otorgó crédito a su  versión?.    

En otro capítulo aduce que a Estrada Herazo  no  se  le  reconoció  la  rebaja  de  pena por confesión y que al trámite se  vincularon  otras  personas,  pero  no fue objeto de pronunciamiento respecto de  ellas    en    la   resolución   de   acusación   proferida   en   contra   su  defendido.   

Como elementos de prueba anota que incorpora  con  la  demanda  copias  autenticadas  de los fallos proferidos en contra de su  representado  y  que  se  solicite  al  Juzgado  Primero  Penal  de Circuito, al  Tribunal  Superior,  al  Juzgado Tercero Administrativo y a la Fiscalía Primera  Seccional,  todos de Sincelejo, copias de los correspondientes expedientes a que  se han hecho referencia.    

Por lo expuesto, solicita a la Corte que se  dejen  sin  valor  los  fallos  de instancia al reconocerse la existencia de las  causales de revisión.   

CONSIDERACIONES     DE    LA    CORTE   

1. Recuérdese, en primer término, que como  lo  ha  reiterado  la  Sala  en  múltiples  ocasiones  al  ser  probable que la  sentencia  condenatoria  o  absolutoria,  o  las  providencias  de preclusión o  cesación  de  procedimiento  que  se  encuentran  ejecutoriadas no contengan la  verdad  histórica,  o  que  posteriormente a su emisión la Corte haya cambiado  favorablemente  el  criterio  jurídico  que  sirvió de sustento, originándose  así  una  injusticia,  el  legislador  penal instituyó la acción de revisión  como  mecanismo  idóneo  para  remover  la cosa juzgada y declarar sin valor el  fallo   objeto  de  la  acción,  dictando  la  providencia  que  corresponda  o  disponiendo  tramitar  nuevamente el proceso desde el momento en que se indique,  según la causal invocada y que la Corporación encuentre fundada.   

Así, la remoción de la cosa juzgada sólo  es  posible  cuando  frente  a  la  demostración  de  alguna  de  las  causales  taxativamente   señaladas   en  la  ley,  se  evidencia  que  se  cometió  una  injusticia.   

Destáquese  que esta clase de acción debe  ser  incoada con sujeción a los parámetros legales y con respeto a la causal o  causales  en que se apoya, pues, no es dable que la demanda se confeccione, como  en  el  caso  objeto de estudio y respecto de la prueba falsa, con el propósito  de  que  se reexamine los elementos de convicción que sirvieron de fundamento a  una  decisión  que  ha hecho tránsito a cosa juzgada y que, como tal, tiene el  carácter  de  definitiva  e  inmutable,  lo  que  constituye  un  desafuero  al  desnaturalizar los fines de la revisión.   

2.  En segundo lugar, aclárese que como el  proceso   cuya   revisión  se  solicita  se  adelantó  bajo  el  procedimiento  establecido  en la Ley 600 de 2000, lógico resulta concluir que el actor debió  acudir  a  las causales regladas en el artículo 220 de la citada ley y no a las  consagradas en la Ley 906 de 2004.   

   

Ahora  bien,  aparte  de  lo  anteriormente  expuesto,  cuando  la  acción  se funda bajo la causal tercera de revisión, es  decir,   la   aparición  de  hechos  o  pruebas   respecto   de   las    cuales    el    sentenciador   no   tuvo   oportunidad  de  pronunciarse  por  no  haberlas  conocido,  y que de haberlo hecho habría   llevado  definitivamente a la absolución o a la declaración de inimputabilidad  del  procesado  frente  al acontecer fáctico por el que fue  condenado, al  accionante le corresponde que así lo acredite.   

De  ahí  que  constituya  un  deber  del  demandante  no  sólo  relacionar  y   allegar  al  libelo  los  medios  de  convicción  en que funda su pretensión, sino también demostrar cómo de haber  sido  oportunamente conocidas en el curso de los debates ordinarios del proceso,  la  solución  del  asunto  habría  sido  la  absolución  o la declaración de  inimputabilidad  del  sentenciado  dada  la  contundencia  demostrativa de tales  pruebas.   

Por  último,  cuando se trata de la causal  prevista  en  el  numeral quinto del artículo 220 de la Ley 600 de 2000, según  la  cual,  cuando  “se  demuestre,  en sentencia en  firme,  que  el  fallo objeto de pedimento de revisión se fundamentó en prueba  falsa”,  al actor le compete que anexe al libelo el  correspondiente  fallo  ejecutoriado que demuestre que efectivamente el medio de  convicción  en  el  que se sustentó la sentencia que se pretende que se revise  se fundó sobre prueba falsa.   

3.  Aclarado  lo anterior y con base en los  argumentos  expuestos por el demandante, surge incuestionable que la prueba y el  hecho  sobre  la  cual  se   sustenta   uno   de   los   pedidos   de   revisión   (causal tercera),  no  tiene  el   carácter   de   nuevo   que   pueda   desquiciar  los  fundamentos  de  la  sentencia.   

En  efecto,  de  acuerdo  con las precarias  fundamentaciones  en  que  se apoya el accionante, resulta evidente concluir que  la  causa  de  la muerte de la víctima dentro del trámite penal por el que fue  condenado   Estrada   Herazo,   no   se  encuentra  desvirtuada  en  el  proceso  administrativo  de  reparación directa que interpusieron los padres de ésta en  contra  de  las  instituciones  de  salud  de  los  municipios  de  Sincelejo  y  Corozal.   

Es decir, que en el citado diligenciamiento  no  hay  decisión  judicial  en  firme que indique que la causa de la muerte de  Miranda  Guerrero fue por negligencia médica y no por las heridas que le causó  Estrada Herazo.   

De  tal manera que en el presente asunto no  se  puede  predicar  la  existencia  de  prueba  nueva,  y que la misma tiene la  trascendencia   suficiente   para   derrumbar  las  conclusiones  probatorias  y  jurídicas   adoptadas   en   el   fallo   de   condena  en  contra  de  Estrada  Herazo.   

Además, el libelista olvida que la acción  de  revisión  no  es  el  escenario  natural, por regla general, para denunciar  errores  de  derecho  o  de  actividad cometidos dentro del trámite penal, pues  para  ello  el  legislador estatuyó los recursos ordinarios y el extraordinario  de casación.    

Es decir, el demandante no pone en evidencia  la  existencia  de  prueba  nueva  en  que funda el pedido de revisión bajo los  lineamientos   de   la   causal   tercera,   por   las   razones   anteriormente  expuestas.   

Con  relación  a  la  causal  quinta,  el  accionante  no  incorporó  con el libelo, como era su deber, el correspondiente  fallo   ejecutoriado   que   pusiera   de   manifiesto   que  las  informaciones  suministradas   por  los  deponentes  Bello  Hernández  y  Montiel  Gaviria  no  merecían  credibilidad,  en  la  medida  en  que  fueron  condenados  por falso  testimonio.   

La actividad fundamentadora de dicha causal,  el  actor  la  centra  solamente  en  oponerse  al  grado de credibilidad que el  Tribunal  le otorgó a los citados declarantes, pero no cumplió con la carga de  evidenciar que el fallo de condena se fundamentó en prueba falsa.   

Por  lo  anotado anteriormente se impone la  inadmisión de la demanda.    

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

1.  INADMITIR  la  demanda  de  revisión  contra  el  fallo  proferido por el Tribunal Superior de  Sincelejo,  el  6  de junio de 2008, mediante el cual se condenó a Fredy   Manuel  Estrada  Herazo  por  el  delito de homicidio preterintencional.   

2. Contra esta decisión procede el recurso  de reposición.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

              EXCUSA JUSTIFICADA   

MARIA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                        AUGUSTO  J. IBAÑEZ GUZMÁN            

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

                                                                                                                                   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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