34957(21-09-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 34957  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta No. 299.   

          Bogotá, D.C., veintiuno de septiembre de dos mil diez.   

VISTOS  

         

Conforme  a lo reglado en el numeral 4° del  artículo  32  de  la  Ley  906  de 2004, define la Corte, cuál es la autoridad  competente   para   conocer   de    la   solicitud  de  preclusión  de  la  investigación  elevada  por  la  Fiscalía  39  Seccional de Mocoa, a favor del  indiciado JOSÉ IGNACIO MONROY PERALTA.   

ANTECEDENTES DEL CASO  

1.  Los hechos que  motivaron  el  presente  trámite, fueron narrados por el Fiscal Treinta y Nueve  Seccional  Delegado  ante  los Juzgados Penales del Circuito de Mocoa, Putumayo,  en  el escrito de solicitud de preclusión presentado el pasado 26 de julio ante  el  Centro  de  Servicios Administrativos y Judiciales de Mocoa, de la siguiente  manera:   

“El   3   de  noviembre  de  2009,  el  señor  JOSÉ IGNACIO MONROY PERALTA se presentó ante  unidades   de   la  Policía  Nacional  con  sede  en  VILLAGARZÓN  (PUTUMAYO),  manifestando  su  deseo  de  acogerse  al  programa  de atención humanitaria al  desmovilizado,  dice  haber militado en la Compañía ARTURO MEDINA de las FARC,  la  cual  antecedió a la organización del Frente 32 de ese grupo rebelde, dice  haber   pertenecido   al  Partido  Clandestino  Comunista  de  Colombia,  siendo  encargado  de  la  parte política e ideológica de la guerrilla, agrega que fue  reclutado   hace   aproximadamente   18   años   por   el   Comandante  ALDEMAR  OSORIO.   

“La  Fiscalía  General  de  la  Nación  solicitó  al  Comité  Operativo  para  la  Dejación  de las Armas estudiar la  viabilidad  de  certificar  al señor JOSÉ IGNACIO MONROY PERALTA en calidad de  desmovilizado,   para  lo  cual  se  anexó  la  documentación  e  información  pertinente  (INFORME  DE  ENTREGA VOLUNTARIA, ENTREVISTAS MILITARES, ÓRDENES DE  BATALLA),  es  así  como  el Comité para la Dejación de las Armas expidió el  certificado  número  73-2010  fechado  11  de febrero de 2010, mediante el cual  CERTIFICA  que  JOSÉ  IGNACIO  MONROY  PERALTA  perteneció a una organización  armada  al  margen  de  la  ley,  se  desmovilizó  y  manifestó su voluntad de  abandonarla”.   

Con base en esa información, la Fiscalía en  cuestión,  invocando  el  artículo  332  del  Código  de Procedimiento Penal,  solicita  se  decrete la preclusión por la imposibilidad de iniciar o continuar  el   ejercicio  de  la  acción  penal,  teniendo  en  cuenta  que  “JOSÉ  IGNACIO MONROY PERALTA fue certificado como desmovilizado  de   una  organización  armada  al  margen  de  la  ley,  en  consecuencia  nos  encontramos  ante  una  amnistía  reconocida  por  el  Estado Colombiano a todo  ciudadano  que  decida  abandonar  las  filas  de  grupos  armados ilegales y se  comprometan  a  reincorporarse  a  la vida civil, recordemos que la amnistía es  una   causal   de   extinción   de  la  acción  penal  (Art.  82  Ley  599  de  2000)”.   

Pidió,  además,  que copia de la decisión  preclusiva  al  Programa  de Atención Humanitaria al Desmovilizado en la ciudad  de Bogotá, para los fines previstos en la Ley 418 de 1997.   

2. La petición fue  repartida  al  Juzgado  Segundo Penal del Circuito con Funciones de Conocimiento  de  Mocoa,  despacho  que en curso de una audiencia celebrada el 23 de agosto de  2010,  resolvió  declarar  que  carecía  de  competencia  para pronunciarse al  respecto  y  remitió  la  actuación  a  la Sala Penal del Tribunal Superior de  Pasto.   

Los argumentos que expuso la señora Juez al  adoptar    tal   determinación   se   pueden   sintetizar   de   la   siguiente  forma:   

2.1. El artículo 50  de  la Ley 418 de 1997 (modificado por el artículo 19  de  la  Ley  782  de  2002), establece que el Gobierno  Nacional  podrá  conceder  en  cada caso particular el indulto a los nacionales  condenados  mediante  sentencia ejecutoriada, por hechos constitutivos de delito  político,  cuando  voluntariamente  abandonen  las actividades como miembros de  grupos  armados  ilegales  y  demuestren su voluntad de reincorporarse a la vida  civil.   

Destaca  que  el artículo 60 de la referida  ley  prevé  que  también  puede  concederse  la cesación de procedimiento, la  preclusión  de la instrucción o la resolución inhibitoria a quienes confiesen  y  hayan  sido o fueren denunciados o procesados por hechos constitutivos de los  delitos  a  que  se  refiere  el  título  correspondiente  y no hayan sido aún  condenados  mediante  sentencia ejecutoriada, siendo competente para resolver de  plano sobre esos aspectos, la Sala Penal del respectivo Tribunal.   

2.2. Como sustento  de  sus  argumentos, cita el auto proferido por esta Sala el 28 de septiembre de  2006  dentro  del expediente radicado con el número 25.830, mediante el cual se  definió   la   competencia  para  resolver  una  solicitud  de  preclusión  de  investigación  a  favor  de una persona que se separó de las actividades de un  grupo  armado  al  margen de la ley, en el que esta Corporación señaló que en  “Aquellos  asuntos  relacionados con la aplicación  de  los  beneficios  contemplados  en la Ley 782 de 2002 para delitos políticos  (…),  le corresponde, según el estado del proceso, resolverlos a los fiscales  competentes  una  vez  reciban  la  petición  de  la  Dirección  de fiscalías  correspondiente,  o  a  los Tribunales Superiores de Distrito Judicial, mediante  un  trámite  de  simple  constatación  que amerita que la decisión se tome de  plano (…).”   

2.3.  En razón de  ello,  consideró  que carecía de competencia para constatar la procedencia del  beneficio  reclamado  a  favor de JOSÉ IGNACIO MONROY PERALTA y ordenó remitir  el  expediente  a  la  Sala Penal del Tribunal Superior de Pasto, por considerar  que esa Colegiatura era la que debía pronunciarse al respecto.   

3. Llegado el asunto  al  Tribunal  Superior de Pasto, en auto del 3 de septiembre de 2010, dispuso la  remisión  de  las diligencias a esta Corte, argumentando que de conformidad con  el  artículo 32,  numeral 4º, le corresponde a la Sala de Casación Penal  definir  la  competencia  en  el  presente  asunto,  en la medida en que el Juez  consideró  que  la  misma  recae  en  un  Tribunal,  cuyo superior funcional es  precisamente esta Corporación.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

De conformidad con las reglas establecidas en  los  artículos  32-4  y  54 de la Ley 906 de 2004, esta Sala es competente para  conocer  de  la  presente definición de competencia, toda vez que el Juez Penal  de  Mocoa  ha  señalado  que  el  competente  para  conocer  de la solicitud de  preclusión   a   favor   de   JOSÉ  IGNACIO  MONROY  PERALTA  es  un  Tribunal  Superior.   

En  este  específico  asunto,  se ha podido  constatar  que  el  3  de  noviembre  de  2010,  JOSÉ IGNACIO MONROY PERALTA se  presentó  ante  la Policía Nacional, manifestando su intención de acogerse al  programa  de atención humanitaria al desmovilizado, pues decidió abandonar las  filas   del   grupo   guerrillero   FARC,   al   que  pertenecía  desde  hacía  aproximadamente 18 años.   

Previa  solicitud de la Fiscalía General de  la  Nación,  el  Comité  Operativo  para  la Dejación de las Armas certificó  desde  el  11  de  febrero de 2010, que JOSÉ IGNACIO MONROY PERALTA  perteneció  a una organización armada  al   margen   de   la   ley,   se  desmovilizó  y  manifestó  su  voluntad  de  abandonarla.   

Atendiendo  a  que  la  Ley  418  de  1997  –cuya  vigencia,  con  la  introducción  de  algunas  modificaciones,  fue prorrogada por las leyes 548 de  1999,  782  de  2002  y  1106  de  2006–  consagra unos beneficios para los integrantes de grupos armados al  margen  de  la ley, refiriéndose concretamente a la cesación de procedimiento,  la  resolución  de preclusión de la instrucción o la resolución inhibitoria,  para  quienes  confiesen  y  hayan  sido  o  fueren denunciados o procesados por  delitos  políticos  y  no  hayan  sido  aún  condenados  mediante  sentencia ejecutoriada, la Fiscalía 39  Seccional  de  Mocoa  radicó  la  petición  de  preclusión  ante  el Juez del  Circuito de la misma ciudad.     

En la sistemática procesal actual, conforme  lo  ha  sostenido  esta  Corporación, la preclusión no puede ser decretada con  efectos  de  cosa  juzgada  por  la  Fiscalía  General  de la Nación, pues, el  artículo  331  de la Ley 906 de 2004 faculta al fiscal para solicitarla ante el  juez  de  conocimiento, por las causales taxativamente previstas en el artículo  332  ibídem,  cuando  no  existiere  mérito  para  acusar;  y,  en la fase del  juzgamiento,  por  los  motivos  señalados  en  los  numerales 1° y 3° de esa  disposición  que, para esos precisos casos, autoriza la intervención, además,  del Ministerio Público y de la defensa.   

No  obstante,  tratándose de los beneficios  señalados  en  la Ley 418 de 1997, modificada por la Ley 782 de 2002, razón le  asiste  a  la  señora  Juez Segunda Penal del Circuito de Mocoa, cuando señala  que  la  competencia  para resolver sobre tales efectos radica en los Tribunales  Superior  de  Distrito  Judicial,  toda vez que el artículo 60 de la mencionada  Ley  418 de 1997, le asigna tal función a las Salas Penales de esos Tribunales,  que  deben  resolver  en  el improrrogable término de tres (3) meses contados a  partir del día siguiente al recibo del expediente.   

Con  base en esa preceptiva, las solicitudes  de  preclusión que implican la terminación del proceso, en los términos de la  Ley  782  de  1997,  han  estado  y  están  a cargo de las Salas Penales de los  Tribunales                 Superiores1,  siempre y cuanto se trate de  un   delito   político,   como   lo   advirtió  esta  Corporación2:   

“1. El Estado colombiano, con el objetivo  de   alcanzar   la   desmovilización  de  los  grupos  armados  ilegales  y  la  consolidación  de  un  proceso  de  paz,  ha  diseñado  diversos  mecanismos y  proferido distintas normas, entre las que se destacan:   

“Ley 418 de 1997 (diciembre 26), “Por la  cual  se  consagran  unos  instrumentos  para la búsqueda de la convivencia, la  eficacia de la justicia y se dictan otras disposiciones”.   

“-. Como dicha Ley tenía una vigencia de  dos  años  a  partir  de  su  promulgación  y  no  alcanzaron  a  lograrse sus  cometidos,  fue  prorrogada  sucesivamente,  con la Ley 548 de 1999 y con la Ley  782   de   2002,   normas   éstas   que,   a   su   vez,  introdujeron  algunas  modificaciones.   

“-.  La  Ley  782  de  2002, contempla el  indulto,  como beneficio posible para los condenados con sentencia ejecutoriada;  y  para  los procesados, según el estadio procesal, la resolución inhibitoria,  la   preclusión   de   la  investigación  o  la  cesación  de  procedimiento.  (Artículos  23  y  24, que modificaron los artículos 57 y 60, respectivamente,  de la Ley 418 de 1997”).   

“Esos  beneficios  están  previstos para  conductas  constitutivas de delito político, salvo actos atroces de ferocidad o  barbarie,  terrorismo, secuestro, genocidio, homicidio cometido fuera de combate  o  colocando  a  la  víctima en estado de indefensión. (Artículo 50 de la Ley  418 de 1997, modificada Ley 782 de 2002).   

“Como  lo  estipula  la  misma  Ley  782:   

“Para  estos  efectos,  se  tramitará la  solicitud  de  acuerdo  con los artículos anteriores y, una vez verificados los  requisitos,  el  Ministerio  de Justicia y del Derecho remitirá la solicitud al  Tribunal  correspondiente,  o  a  la  Dirección  de  Fiscalía  ante la cual se  adelante  el  trámite,  quienes  deberán  emitir  de plano, la providencia que  decida  la  respectiva  solicitud,  en  los  términos  legales,  observando  el  principio  de  celeridad.”  (Artículo  60, Ley 418 de 1997, modificada por la  Ley 782 de 2002.)   

“Como  se  observa,  quien  aspire  a los  beneficios  de la Ley 782 de 2002, debe iniciar el trámite correspondiente ante  el  Ministerio  del  Interior  y de Justicia, con el lleno de los requisitos que  esa  norma  exige.  Sólo  después  de  ese  trámite,  la  autoridad  judicial  competente,  en  ejercicio  de  sus  funciones,  determinará  si  el  beneficio  concreto  (indulto,  resolución  inhibitoria,  preclusión o cesación) es o no  procedente.   

“2.  Vino  posteriormente  la  Ley 975 de  2005,  “Por  la  cual  se  dictan  disposiciones  para  la reincorporación de  miembros  de  grupos armados organizados al margen de la ley, que contribuyan de  manera  efectiva  a  la  consecución  de  la  paz  nacional  y  se dictan otras  disposiciones.”   

“La   Ley   975   de  2005,  denominada  comúnmente  “de  justicia  y paz”, no prevé beneficios como el indulto, la  resolución  inhibitoria,  la  preclusión o la cesación de procedimiento; sino  una  pena  simbólica  alternativa,  muy inferior a la que correspondería a los  delitos  si  se  juzgaran  por  fuera  del  proceso  de  paz con la legislación  ordinaria.   

“Quien pretenda los beneficios que la Ley  975  de  2005  ofrece,  debe  sujetarse  a  los  requisitos  establecidos en los  artículos   10°   y  siguientes  de  la  misma;  y  son  competentes  para  su  conocimiento,  exclusivamente  la Unidad Nacional de Fiscalías para la Justicia  y  la  Paz  y  los  Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial en materia de  Justicia y Paz -en primera instancia-.   

“Y más adelante se agregó:  

“6.1  Los  beneficios  consistentes  en  indulto,  resolución  inhibitoria, preclusión de la investigación y cesación  de  procedimiento,  que  establece  la  Ley  782 de 2002, según el estado de la  actuación,  sólo  son procedentes por los delitos políticos; y concierto para  delinquir  simple (artículo 340-1 de a ley 599 de 2000), utilización ilegal de  uniformes  e  insignias  (346  ídem),  instigación  a  delinquir simple (348-1  ibídem),   fabricación,   tráfico   y   porte  de  armas  y  municiones  (365  ídem).   

“La  competencia  para  decidir  sobre su  concesión,  radica en las Fiscalías delegadas según su especialidad, o en los  Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial,  mediante  un trámite de simple  constatación  que  amerita  que la decisión se tome de plano (artículo 24 ley  782  de  2002),  constatación  que se efectuará después de agotar el trámite  administrativo en el Ministerio del Interior y de Justicia.   

“Por  disposición del artículo 24 de la  Ley  782 de 2002 (que modificó el artículo 60 de la Ley 418 de 1997), en tales  eventos  son  imprescindibles varias exigencias: i) la confesión del implicado;  ii)  el  trámite  de  la  solicitud ante el Ministerio del Interior y Justicia;  iii)  que  este  Ministerio  remita  el resultado favorable de la solicitud a la  Dirección  Nacional de Fiscalías o al Tribunal Superior correspondiente; y iv)  sólo  al  final  de ese recorrido, el Fiscal delegado a quien se le asigne o el  Tribunal Superior adoptarán la decisión “de plano”.   

“6.2  Cuando  los  implicados,  por  la  naturaleza  del delito cometido, no puedan acceder a los beneficios previstos en  la  Ley  782  de 2002 (indulto, resolución inhibitoria, preclusión o cesación  de  procedimiento), pueden considerar la posibilidad de acogerse a la Ley 975 de  2005  “de  justicia  y paz”, caso en el cual deben satisfacer los requisitos  establecidos en los artículos 10° y siguientes de esta Ley.   

“Cuando  los  implicados  sólo  puedan  acceder  a  los beneficios previstos en la Ley 975 de 2005, la competencia recae  exclusivamente  la Unidad Nacional de Fiscalías para la Justicia y la Paz y los  Tribunales   Superiores   de   Distrito   Judicial  en  materia  de  justicia  y  paz.”   

Por  lo tanto, el competente para conocer de  la  solicitud  de  preclusión  en  los  términos  de la Ley 782 de 2002, es el  Tribunal  Superior  de Pasto, por lo que se impone remitir el diligenciamiento a  la  Sala  Penal  a  la  que  con anterioridad se le había asignado, debiéndose  informar    lo   decidido   al   Juzgado   Segundo   Penal   del   Circuito   de  Mocoa.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  SALA  DE  CASACIÓN PENAL DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA,   

RESUELVE:  

1. Declarar que la competencia para conocer  de  la solicitud de preclusión a favor de JOSÉ IGNACIO MONROY PERALTA radicada  en  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Pasto, a donde de inmediato se  remitirán las diligencias.   

2.  Comunicar  lo  decidido  a las partes e  intervinientes  en  este  trámite  judicial  y  al  Juzgado  Segundo  Penal del  Circuito de Mocoa.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cúmplase.  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                             SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

Comisión de servicio  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                                   AUGUSTO     J.  IBÁÑEZ     GUZMÁN                  Comisión de servicio                                                   Excusa  justificada   

         

JORGE       LUÍS       QUINTERO  MILANES                       YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                                                                  JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  El  artículo 24 de la ley 782 de 2002, dispone:   

La  Sala  Penal  del  Tribunal  respectivo  deberá  resolver dentro de los tres (3) meses siguientes, contados a partir del  día  siguiente  al  recibo  del  expediente.  Este  término  es improrrogable.   

2 Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, auto de segunda instancia del 23  de  mayo  de  2007, radicación 27213. Posición ratificada en el auto del 11 de  julio de 2007, radicación 26.945     

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