34150(24-11-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

Proceso n.º 34150  

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

APROBADO ACTA Nº 385  

Bogotá, D.C., veinticuatro 24 de noviembre de  dos mil diez (2010).   

MOTIVO DE LA DECISION  

Mediante  sentencia del 28 de marzo de 2007,  el  Juez  Segundo  Promiscuo del Circuito de Corozal (Sucre) declaró penalmente  responsable  a  Germán  Segundo Hoyos Gil,  en  su calidad de autor, del delito de homicidio,  le impuso  174  meses  como  pena  de  prisión  y  de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas,  le  negó  la  suspensión condicional de la  ejecución  de  la  pena  y  la prisión domiciliaria1.  Al tiempo absolvió a Ángel  Aquilino Severiche Pérez del delito de encubrimiento.   

El  fallo  fue  apelado  por  la  defensa de  Germán Segundo Hoyos Gil. El  15  de  diciembre  de  2009  el  Tribunal  Superior  de  Sincelejo  ratificó la  condena2.   

A  través  de  su  defensor,  Germán   Segundo   Hoyos   Gil  interpuso  casación.   

La  Sala se pronuncia sobre los presupuestos  lógicos y argumentativos de la demanda presentada.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.   El  30  de  marzo  de 1997, siendo  aproximadamente  las  2:30  de  la mañana,  en el municipio de San Juan de  Betulia   (Sucre),   Estadero   Luzmi,  Germán  Hoyos  Gil,  accionó  un  arma  de  fuego y le propinó seis  disparos  a  Said Dajud Pérez, quien falleció como consecuencia de las heridas  recibidas.  El agresor huyó del sitio de los hechos.   

2.  Adelantada  la  investigación, el 12 de  enero  de  2001,  la Fiscalía acusó a Germán Segundo  Hoyos   Gil,   como   autor  del  homicidio,  con  la  circunstancia  de  agravación  contemplada  en  el  numeral 3 del artículo 324  (Código  Penal  de  1980),  en  perjuicio  de  Said  Eduardo  Dajud  Pérez, en  concurso,  con  porte  ilegal  de  armas de fuego de defensa personal; a, Ángel  Aquilino  Severiche  Pérez,  como autor del delito de encubrimiento.  Así  mismo,  precluyó  la  investigación  a favor de Francisco Javier Gil Gil, Luis  Carlos  Hoyos Angulo, Manuel Vicente Hoyos Pérez y Cesar Emilio Gil3.   

Al ser recurrido fue objeto de confirmación  por  la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Sincelejo el 11 de junio  de 20014   

.  

Luego  fueron  proferidas  las sentencias ya  indicadas.   

LA DEMANDA  

Único cargo: falso raciocinio.  

Al  amparo  de  la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  artículo  207  del Código de Procedimiento Penal de 2000, la defensa  acusó  la  sentencia  por  la  senda  de  la  violación  indirecta  de  la ley  sustancial,  error  de  hecho, al considerar que se vulneraron los postulados de  la   sana   crítica,   reglas   de   la   experiencia   y   postulados   de  la  ciencia.   

En lo que denominó demostración, destaca que  el  falso  raciocinio  recayó  sobre dos circunstancias: i) de la ausencia como  indicio  grave,  y  ii)  el  valor otorgado por los juzgadores a los testigos de  referencia.    

Destaca  que la máxima de la experiencia que  fue  desconocida por el juzgador “nos indican que la  ausencia  dentro  de  un  proceso es la inactividad del procesado para asumir la  defensa  material  y  la técnica”, postura que no le  es  imputable  al  acusado  como  que  se  “mantuvo  alrededor  de la actuación”, nunca estuvo distante y  otorgó    poder,    situación    distinta,   considera,   si   “fuera  declarado  persona  ausente”; por  lo  que  considera  que  aquella  nunca  fue desconocida lo que generó el falso  raciocinio alegado.   

Indica,  que con el propósito de recalcar la  inequívoca  valoración de las pruebas, transcribe in  extenso  la  denuncia  rendida por Jorge Alfredo Dajud  Ariza,  de  fecha  1 de abril de 1997; Berta Ligia Angulo Badel, del 14 de abril  de  1997, Ángel Aquilino Severiche, 21 de abril de 1997; Luzmila Avilez Pérez,  del  8  de  mayo  de  1997;  testimonios  que el censor califica de coincidentes  frente  al  contexto  fáctico,  toda  vez  “así lo  comentan  en  el  pueblo,  sin  dar  más  datos  de  la  forma  como  en verdad  ocurrieron”.   

Con    la    pretensión    –fallida-   de   continuar   con   el  desarrollo  de  su  censura,  precisa  que el Ad quem dejó de aplicar la duda a  favor  del  procesado,  se  le imponía no darle valor probatorio a los testigos  de   referencia, “por cuanto de conformidad con  el  método  valorativo  de  la  sana  crítica las reglas de la experiencia nos  indican    un    estándar    distinto   para   dicha   apreciación”.   

El  Tribunal, enfatiza el casacionista, mutó  lo  esencial  por lo accidental, lo fundamental por lo simplemente casual.   Se privilegió la prueba indiciaria sobre la directa.   

Son estas las razones que lo llevan a invocar  se  case  el  fallo  injusto  y  en  su  lugar  se  absuelva  al  acusado de los  cargos.   

LAS CONSIDERACIONES  

1.   Prescripción de la acción penal  frente al delito de porte ilegal de armas.   

Una precisión necesaria:  

Si  bien,  el  Juez  Segundo  Promiscuo  del  Circuito  de Corozal, Sucre, al emitir el fallo de segunda instancia en su parte  motiva,  precisó  la necesidad de la declaración de prescripción frente a los  delitos  de  porte  ilegal  de  armas  de fuego y favorecimiento, por los que se  acusara   –frente   al  primero-  a  Germán Segundo  Hoyos    Gil    y,   -el  segundo- a Ángel Aquilino Severiche, al haber perdido  el  Estado  la  facultad  del ius puniendi,   merced   al   obligado   paso   del   tiempo,  concurrieron  dos  situaciones:   

Primera.-   En  un  lapsus  calami no lo  declaró  así  en  la  parte  resolutiva  respecto  al atentado de la seguridad  pública,  lo  que  hace  necesaria la intervención de la Corte, no obstante no  haber  sido alegada ora valorada por el Tribunal, ello no constituye óbice para  su declaratoria.   

La  segunda  conducta  imputada  al  acusado  Germán  Segundo  Hoyos  Gil,  porte  ilegal  de  armas de fuego de defensa personal, de conformidad con la Ley  100   de   19805,   artículo  201,  establece  una  pena  de  prisión  de  1  a  4  años.   

Según el artículo 83 de la Ley 599 de 2000,  la  acción  penal  prescribe en un tiempo igual al máximo de la pena fijada en  la  ley,  sin  que  sea menor de 5 años, ni exceda de 20, salvo las excepciones  allí señaladas.   

La  iniciación del término de prescripción  comienza  a  contarse,  para  los  delitos  instantáneos,  desde  el día de la  consumación6.  Este  tiempo  se  interrumpe  por  la  resolución de acusación,  debidamente  ejecutoriada,  y comienza nuevamente a correr por un tiempo igual a  la  mitad del señalado en el artículo 83, pero no puede ser inferior a 5 años  ni superior a 10.   

Por consiguiente, para efectos de contabilizar  la prescripción de la acción penal, tenemos:   

La pena, de prisión de 1 a 4 años, término  que  se interrumpió con la resolución de acusación cuya ejecutoria se produjo  el       11      de      junio      de      20017.   Principió nuevamente,  y  al  ser  reducido a la mitad en los términos del artículo 86, indica que en  juicio  prescribiría  en un término no menor de 5 años, lapso que se cumplió  el  10  de  junio  de  2006,  fecha  para la cual el proceso se encontraba en el  Juzgado  Segundo Promiscuo del Circuito de Corozal (Sucre), pues su conocimiento  fue aprehendido el 20 de mayo de 2002.   

Frente  al  tema  de  la  prescripción de la  acción, la Sala tiene dicho:   

“…La prescripción desde la perspectiva  de  la  casación  puede  producirse:  a)  antes  de  la  sentencia  de  segunda  instancia;  b)  como  consecuencia  de  alguna  decisión  adoptada  en ella con  repercusión  en  la  punibilidad; o c) con posterioridad a la misma, vale decir  entre el día de su proferimiento y el de su ejecutoria.   

Si  en las dos primeras hipótesis se dicta  el  fallo,  su  ilegalidad  es  demandable  a  través del recurso de casación,  porque  el mismo no se podía dictar en consideración a la pérdida  de la  potestad punitiva del Estado originada en el transcurso del tiempo.   

Frente a la tercera hipótesis la solución  es  diferente.  En tal evento la acción penal estaba vigente al momento de  producirse  el fallo y su legalidad en esa medida resulta indiscutible a través  de  la  casación,  porque  la  misma  se  encuentra  instituida  para juzgar la  corrección  de  la  sentencia y eso no incluye eventualidades posteriores, como  la    prescripción    de    la   acción   penal   dentro   del   término   de  ejecutoria.   

Cuando así suceda, es deber del funcionario  judicial  de  segunda  instancia  o de la Corte si el fenómeno se produce en el  trámite  del recurso de casación, declarar extinguida la acción en el momento  en  el  cual  se  cumpla  el  término  prescriptivo, de oficio o a petición de  parte…8”·.   

En  ese  orden  de ideas se ha de declarar la  extinción  de  la  acción  penal  por  prescripción  y  la  cesación de todo  procedimiento  a favor de Germán Hoyos Gil  por  razón del cargo de porte ilegal de armas de fuego de defensa  personal.   

Segunda.-  en  lo  relacionado  con  la  situación  de  Ángel Aquilino Severiche, quien fuera  acusado  por  el delito de favorecimiento, respecto del cual igualmente el A quo  en  la  parte  motiva consideró que operó el fenómeno de la prescripción, la  situación  se  ofrece  distinta,  y  por  contera ha de comportar una solución  diversa,   pues   el   juez   en   la   parte  resolutiva  de  la  sentencia  lo  absolvió.   

Cómo  fácilmente se advierte, sin requerir  de  esfuerzo  alguno,  la medida que se le imponía adoptar al juez no era la de  la  absolución  sino  la  de  cesación  de  procedimiento  por  virtud  de  la  prescripción  de la acción penal, sin embargo, la jurisprudencia de la Sala ha  considerado  que  cuando  se  encuentren  enfrentados  dos  derechos  se  ha  de  privilegiar  aquel  que le comporte una solución benéfica para el acusado, que  para  el  caso  no sería distinta a la de la absolución.  En este sentido  ha    sido    el    pensamiento    de    la    Sala9:   

“…De  tal  manera  que  si,  al  resolver  la casación, la exoneración de responsabilidad  declarada  en  las instancias permanece incólume, debe hacerse prevalecer ésta  sobre  la  prescripción,  pues  aquella determinación es benéfica frente a la  última  que simplemente declara la extinción por el paso del tiempo. Solamente  cuando  al  resolver  la  impugnación  se concluya que ella es perjudicial debe  operar la prescripción”.   

Son estas las razones que llevan a la Corte a  abstenerse de intervenir oficiosamente en este aspecto.   

2.    De   la   inadmisión   de  la  demanda.   

De  conformidad  con  el  artículo  213 del  Código  de  Procedimiento Penal del 2000, la Sala inadmitirá la demanda porque  no  satisface  los  presupuestos  lógicos  y  argumentativos  allí  previstos.   

Las siguientes son las razones:  

1. Si el censor invocó como norma violada el  artículo  29  de la Constitución Política, la técnica manda que en principio  debió  atacarse  el  extraordinario  bajo  la  égida  de la Ley 600 de 2000 ha  debido  rituarlo por la senda de la causal tercera del artículo 207 del Código  de Procedimiento Penal.   

Y  es que, la contradicción es patente, pues  simultáneamente  se  reclama  fallo  de  reemplazo  (esa  es la consecuencia de  invocar  la  violación  indirecta)  y  retrotraer  el trámite (solución a las  faltas  al debido proceso), posturas que por repelerse no pueden ser presentadas  en el mismo cargo, sino separada y subsidiariamente.   

Esa irregularidad por sí sola daría lugar a  la  inadmisión  de  la  demanda, empero, teniendo en cuenta, como la Sala tiene  dicho,  que  las  causales  de  casación  no  son un fin en sí mismas, sino un  instrumento  a  través  del  cual  se  advierten las garantías de los derechos  fundamentales  vulnerados,  es  que  la  Corte  se  ocupa de analizar los cargos  invocados.   

2.  El    demandante    no    se   ocupó   de   precisar   –lo   que   le   resultaba   forzoso-                      cuál  de  los  fines consagrados en el artículo 206 del Código de  Procedimiento    Penal,    Ley    600    de    200010  es  el  perseguido  con  el  libelo,  limitándose  tan  solo  a  invocar  un fallo absolutorio a favor de su  asistido.   

3.  De  la  misma  manera  desatendió  el  recurrente  otro  de  los  requisitos  formales,  si  bien  el  actor  considera  vulnerados   indirectamente   los  artículos   7  y  232  del  Código  de  Procedimiento  Penal, normas que aun cuando procesales comportan el carácter de  sustanciales  en  virtud  a  la consagración de derechos, igual, se le imponía  hacer  mención  de  los   preceptos  sustanciales  irrespetados,  pues tal  falencia  desatiende  la  contenida  en  el  numeral  1  del artículo 207 de la  referida  legislación,  según  la  cual,  la  casación  procede  “cuando  la  sentencia  sea  violatoria  de  una norma de derecho  sustancial”,   cuya   cita  resulta  imprescindible  (numeral  3  del  artículo  212  ejusdem),  razón  de  más  para  advertir  incorrecciones  lógicas  y de  fundamentación en la presentación de los cargos.    

4.  Frente  al  error de hecho por falso  raciocinio la Sala ha señalado:   

“…La  Corte  ha  sido  insistente  en  sostener  que  el  error  de  raciocinio  es  un error de hecho, que se presenta  cuando  el  juzgador,  al  valorar  el  mérito  de  la  prueba,  o  al realizar  inferencias  lógicas  de  carácter probatorio, desconoce las reglas de la sana  crítica,  debiéndose  entender  por  tales,  los principios de la lógica, las  máximas  de  la  experiencia, o los postulados de la ciencia que deben gobernar  en  cada  caso  el  discurso  argumentativo  para que sea formal y materialmente  correcto.   

Siendo   esta   su  conceptualización  o  contenido,  quien  pretenda  demostrar un error de esta naturaleza en casación,  debe  empezar  por  señalar  la prueba o la inferencia lógica en la  cual  recayó  el  error,  y  por  identificar  el principio lógico, la máxima de la  experiencia  o  el  postulado científico que los juzgadores desconocieron en el  proceso  de  valoración  de la prueba,  con indicación clara y precisa de  las   razones  por  las  cuales  su  aplicación  resultaba  necesaria  para  la  corrección de la conclusión cuestionada en el caso concreto.   

Realizado  este  ejercicio, que en técnica  casacional  corresponde  específicamente  a  la  fase  de  la acreditación del  error,  el demandante debe demostrar su trascendencia, requerimiento que implica  acreditar  dos  supuestos.   Uno, que el contenido de la inferencia lógica  obtenida,  o  el  valor  otorgado  a la prueba indebidamente apreciada, habrían  sido  distintos  de  no  haberse presentado el error.  Dos, que valorado de  nuevo  el acervo probatorio en su conjunto, con las correcciones que imponen las  reglas  de  la  sana  crítica,  se  llega a una conclusión diferente de la que  contienen  los  fallos  objeto de cuestionamiento…11”.   

Entonces,  quien  cuestiona un fallo por esta  vía  está  en el deber de acreditar que el juzgador, al realizar el proceso de  apreciación  o  análisis  de  la  prueba,  se  apartó de los principios de la  lógica,  de  los  postulados de la ciencia o de las reglas de la experiencia, y  como  consecuencia de ese error llegó a una conclusión totalmente contraria al  ordenamiento jurídico.   

Es  indispensable  exponer  de manera clara y  precisa  cuáles son las reglas de la experiencia, los principios lógicos o las  directrices   científicas  dejadas  de  lado  por  el  fallador;  cuál  es  la  conclusión  o  la  inferencia  equivocada,  e  indicar las reglas, principios o  directrices   que,   en   el   caso   concreto,   deben  ser  utilizados  y  por  qué.   

A  juicio  del  casacionista,  el  error  del  Tribunal   consistió,   en   que  desconoció  la  máxima  de  la  experiencia  “…nos  indican  que  la  ausencia  dentro  de  un  proceso  es  la  inactividad  del  procesado  para  asumir la defensa material y  técnica”.  La  falta  de rigor conceptual se ofrece  palmaria  al  no   ocuparse de referenciar de dónde provienen las notas de  generalidad  y  reiteración  (de  su  esencia para que puedan considerarse como  tales),  pues  de su lectura fácil es advertir que lejos está de constituir su  postulación  una  regla  de  la  experiencia,  posa más como una inferencia de  quien la proclama en aras de sacar avante la tesis que promueve.   

Cuando  se  alega que el error tuvo lugar por  violación  de  una  regla  de  la  experiencia,  en  esos  eventos es necesario  demostrar  que  esa  máxima  existe  y  que  se  aplica  de  forma más o menos  uniforme12.   No se puede fundar en la percepción particular de quien la  formula  o  en  especulaciones  personales carentes de objetividad, que es en lo  que se traduce la anunciada por el demandante.   

Se insiste, no se ocupó de mencionar por qué  esa  máxima  se  aplica  de  manera  más  o  menos  generalizada, cuál fue la  utilizada  erradamente  por el Tribunal y por qué, en su lugar, debió acudir a  la  propuesta  por  él,  y el motivo por el que ese yerro por sí mismo resulta  significativo para variar el sentido del fallo.   

Las  reglas  de  la  experiencia  tal como lo  presentó  la  Corporación  en  anterior oportunidad13  determinan que “siempre   o   casi   siempre   que  se  da  A,  entonces  sucede  B”.   Premisa que aplicada al caso no encuentra  direccionamiento  alguno  en  la  demanda.  Ninguna  generalidad  enseña que la  ausencia  del  procesado  es  la  inactividad  para asumir la defensa material o  técnica,  ella,  constituirá, de seguro, el derecho que le asiste a permanecer  ausente.   

La ausencia de formulación de una verdadera  regla  de  la  experiencia  por  parte del casacionista impide establecer si los  juzgadores  incurrieron  en  falso  raciocinio  en el proceso de evaluación del  mérito   persuasivo   que   les   comportó  el  material  probatorio  acopiado  válidamente  al proceso, omisión que de manera alguna la Corte puede suplir en  la   medida   en   que   ello   sería   invadir   el  campo  argumentativo  del  recurrente.   

5.  Una  censura adicional, limitada como las  demás  a  su  mera enunciación: el Tribunal estaba impedido de otorgarle valor  probatorio  a  los testigos de referencia.  En efecto, en manifiesto olvido  de  la  presunción de acierto y legalidad que cobija los fallos de instancia al  arribar  a  la  Corte, el impugnante pretende que sin desarrollo alguno, tal vez  con  la  pretensión  de  que  la  Corte desentrañe el verdadero sentido de sus  propuestas  se  atiendan sus súplicas. No de otra manera se comprende, cómo, a  la  manera  de un alegato libre de formalidad, más propio de las instancias que  de  casación  bajo  un único supuesto de ataque entremezcle reparos distintos.   

Igual,  y en forma velada, no señaló que la  certeza  del  Tribunal  se basó en la versión rendida por quienes presenciaron  en  forma directa los hechos, que no por testigos de referencia como lo presenta  en  la  demanda,  testimonios  que  bajo  el  estricto  rasero de la persuasión  racional    le    otorgaron   al   juzgador   la   certeza   declarada   en   la  decisión14:   

“…Son  todas  estas circunstancias, las  que  permiten  asegurar  con  certeza,  que  los  testigos de cargo no mintieron  cuando  señalan  que el autor del homicidio de la persona de SAID DAJUD PÉREZ,  fue el procesado GERMAN SEGUNDO HOYOS GIL…”.   

No  es  admisible, como lo hace el libelista,  refutar  los  razonamientos  del fallador a partir de trascripciones incompletas  de  testimonios  y de interpretaciones acomodadas y sesgadas, consideración que  se  hace con relación a la transcripción de las declaraciones de Jorge Alfredo  Dajud  Ariza,  Berta  Ligia  Angulo  Badel,  Ángel Aquilino Severiche y Luzmila  Avilez  Pérez,  pues  como bien lo determinó el Tribunal el relato vertido por  los  testigos  de  oídas  o  indirectos  no  constituyeron de manera insular el  soporte  del  fallo de condena, sino que soportaron lo que los testigos de cargo  Luis  Ricardo  Mendoza  Hernández,  Orlando Antonio Gil Pérez y Camilo Ernesto  Torres  Díaz, ya habían informado sobre la responsabilidad del acusado, por lo  que    se   ofrece   intrascendente   el   reproche15:   

“…luego no sustenta la certeza en cuanto  a  la responsabilidad penal del procesado en los mencionados testigos de oídas,  luego  cualquier  reproche  que  de la sentencia de condena se haga de acuerdo a  los  mismos,  así  como  en  la  razón de la denuncia del señor JORGE ALFREDO  DAJUD ARIZA, carece de razón…”.   

6.   Si  la  pretensión  de  la defensa  estaba  dirigida  a  atacar en sede extraordinaria los indicios a través de los  cuales  el  juzgador  había construido el juicio de reproche, repudió en forma  abierta  la  forma  como  ha  dicho  la  Sala  han de ser atacados en casación,  exigencias que definitivamente no satisfizo de ninguna manera.   

La  Sala  no  observa  un  mínimo  de  las  exigencias  de  técnica  requeridas,  sino  tan solo el particular criterio del  censor   enfrentado  a  la  valoración  probatoria  que  les  comportó  a  los  funcionarios  de  instancia  la  responsabilidad  del  acusado  soportado en los  distintos   elementos  válidamente  acopiados  para  llegar  a  la  certeza  de  responsabilidad del acusado.   

7.  Su  desconocimiento  y desatención no se  quedaron  allí,  pues  sin  formular  cargo  diverso como era su deber, bajo el  mismo   enunciado   –con  abierta  vulneración  al  principio  de  autonomía  que  rige  el  recurso  de  casación-  sostiene  que  se desconoció el principio de la duda y se violó la  presunción  de  inocencia,  considerando,  con evidente informalidad, que basta  para  ello citar e invocar la vulneración de los artículos 7 y 232 del Código  de Procedimiento Penal.   

Lo  primero que se ha de advertir, es que la  metodología  que gobierna su ataque en casación, le impone al censor deslindar  dos  puntuales  aspectos: (i)  si  sucede  que  el  fallador  reconoció  la  existencia de duda, y sin embargo  condenó,  la  vía  de  impugnación  es  la  directa,  precisamente porque ese  reconocimiento  implica  aplicar  la  norma  que  demanda absolver; (ii)  si  el  Tribunal  advirtió  que no  existe  duda,  ha  de  acudirse al mecanismo indirecto por errores de hecho o de  derecho,  menesterosos  de desarrollar en su adecuada fundamentación.  Una  vez  determinado,  elegir  la  senda  de  ataque ya por la vía de la violación  directa  o  la  indirecta.   De  lo  dicho,  fácilmente se advierte que la  desatención es palmaria.   

El  recuento  que hace el defensor del fallo  del  Tribunal  niega  el  reparo,  por cuanto, en efecto, la Corporación jamás  concluyó  la  existencia  de  duda  insalvable,  contrario  sensu, ratificó la  presencia  de  prueba  que le generaba certeza y, por ende, confirmó la condena  en  su  contra. Esto es, por ninguna parte el fallo de segundo grado admitió el  estado  de  incertidumbre  respecto del acusado, una muestra de ello16:   

“…Siendo   entonces  suficientes  las  pruebas  que  obran  en  el  expediente para superar cualquier duda favorable al  procesado  y  en  consecuencia para condenarlo por los hechos por los cuales fue  juzgado,”.   

Entonces,  los funcionarios de instancia, una  vez  agotadas  las  etapas  propias  del  proceso  hasta  llegar  a la sentencia  condenatoria  obtuvieron  el  conocimiento  más  allá de toda duda frente a la  existencia  del  delito  y  la  responsabilidad  penal  del acusado,   tal   circunstancia   le  imponía  al  demandante  el  desarrollo por la senda de la violación indirecta, sin embargo,  como viene de verse se quedó en la simple enunciación.   

Estas  las  razones  que  llevan  a la Sala a  desestimar el único cargo elevado.   

3.  La casación oficiosa   

La    Corte    advierte    –como  ya  lo  ha  efectuado  en  otras  oportunidades-17  la  necesidad  de acudir a la facultad oficiosa que le confiere el  artículo  216  de  la  Ley 600 de 2000, ante la infracción de la garantía del  debido proceso en su manifestación del principio de favorabilidad.   

El    problema    jurídico          que  se  plantea  la  Sala,  se  resume  en  la aplicación indebida del artículo 52, inciso 3°  de  la  Ley  599  de  2000,  al  desconocer  los  juzgadores  los  principios de  legalidad,  proporcionalidad,  razonabilidad  y  el momento en el que sucedieron  los   hechos18;  disposición  que  definitivamente  no era la más favorable para  regir  el caso, al haberse desbordado el límite máximo de duración de la pena  accesoria     de    “interdicción”  hoy  inhabilitación  en  el  ejercicio  de  derechos  y funciones  públicas.  Los  falladores tenían la obligación de utilizar, en consecuencia,  el  artículo  44  de  la  Ley  100  de 1980, modificado por la Ley 365 de 1997,  vigente,  insiste  la  Corte, al momento de ocurrencia de los hechos19.   

Y, es que, el imponer al acusado Germán  Hoyos  Gil,  una pena accesoria de  174   meses   de  prisión,  desbordó  el  límite  máximo  permitido  por  la  normatividad al momento en que ocurrieron el insuceso.   

De la misma manera, se ha dicho, que cuando se  trate  de ejercer su función oficiosa –como  en  este  caso-  no  será necesario el traslado al Ministerio  Público  merced  a  los  postulados  de  pronta  y  eficaz  administración  de  justicia20.   

Principio    de    favorabilidad.   Ultractividad de la ley penal   

Por expreso mandato constitucional, contenido  en  el artículo 29 de la Carta, inciso tercero, “en  materia  penal,  la  ley  permisiva  o  favorable,  aun cuando sea posterior, se  aplicará   de   preferencia  a  la  restrictiva  o  desfavorable”.   

Precepto,  que  como  ya la Sala ha tenido la  oportunidad   de   apuntalar  guarda  perfecta  armonía  con  los  instrumentos  internacionales suscritos por Colombia:   

“…Disposición   que  se  acopla  con  aquellos  Instrumentos  Internacionales,  como  la  Convención  Americana sobre  Derechos  Humanos,  suscrita  en la Conferencia de los Estados Americanos de San  José  de Costa Rica, el 22 de noviembre de 1969 y adoptada en Colombia mediante  la  Ley  16  de  1972, artículo 9.- Principio de Legalidad y de Retroactividad:  “Nadie  puede  ser  condenado  por  acciones  u omisiones que en el momento de  cometerse  no  fueran  delictivos  según el derecho aplicable.  Tampoco se  puede  imponer  pena  más  grave que la aplicable en el momento de la comisión  del  delito.  Si con posterioridad a la comisión del delito la ley dispone  la  imposición  de  una  pena  más  leve,  el  delincuente  se beneficiará de  ello21”   

Referentes  normativos  que  le  imponen a la  Corporación,  en  la  hora de ahora, ante la inadvertencia de los juzgadores de  instancia,  cotejar  las  dos  disposiciones  coexistentes  entre  la  fecha  de  ocurrencia  de  los hechos (30 de marzo de 1997) y los fallos, con el propósito  de   verificar  cuál es  la  norma  que  le  resulta  más  favorable  a  los intereses del acusado en un  acatamiento expreso del principio de favorabilidad.   

Artículo  44  de  la  Ley  100  de  1980,  modificado  por la Ley 365-3° de 1997. “La duración máxima de la pena es la  siguiente:  Prisión  hasta  sesenta  (60)  años. Arresto hasta ocho (8) años.  Restricción     domiciliaria    hasta    cinco    (5)    años.    Interdicción  de  derechos  y  funciones públicas hasta diez (10)  años   (…)”.   (Subrayado fuera de texto).   

Artículo  52,  inciso  3  de la Ley 599 de  2000.  Penas  accesorias:  “(…)  En todo caso, la  pena  de  prisión conllevará la accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas,  por  un tiempo igual al de la pena a que  accede”.   

Ha  sido  criterio  decantado  de  la  Sala  que   “no  se remite a duda que la aplicación  favorable  de la ley penal derogada opera sólo si el delito se cometió bajo su  vigencia,  de manera que ella, en caso de ser más benigna, extiende sus efectos  en  el  tiempo  cuando  quiera  que  haya sido reemplazada por una de la cual se  derive   desventaja   o   disfavor   para   el  reo22”.   

Es  éste  el derrotero que debe orientar la  actividad  del  juzgador al momento de efectuar el trabajo de dosimetría penal,  de   donde   fácilmente   se   advierte  que  debe  aplicársele  al  condenado  Germán  Hoyos Gil, en lo que  tiene  que  ver  con la pena accesoria, la disposición consagrada en la Ley 100  de  1980,  artículo 44, modificada por la Ley 365 de 1997, por ser más benigna  a  sus  intereses,  toda  vez  que el A quo al referirse a la pena accesoria, la  hizo  extensiva al mismo tope asignado a la pena principal, esto es 170 meses de  prisión,   proceder  con  el  que  violó  el  principio  de  legalidad  de  la  pena.   

Se  dispondrá  entonces,  de  oficio, casar  parcialmente    la    sentencia    impugnada   para   imponer   a   Germán  Hoyos Gil, quien fue condenado por  el  delito de homicidio a una pena de prisión de 174 meses de prisión, la pena  accesoria  de  inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones públicas  por un término legal de diez (10) años.   

En  lo  demás  rige  sin  limitaciones  la  sentencia examinada.   

Finalmente  la Sala dispondrá la expedición  de  copias ante la Sala Jurisdiccional Disciplinaria del Consejo Seccional de la  Judicatura  de  Sucre,  para  que  se investigue la conducta de los funcionarios  judiciales  que  conocieron  del  juicio  y  que originó la prescripción de la  acción  penal  frente  al  delito  de porte ilegal de armas de fuego de defensa  personal que resulta de costosa valía para la sociedad.   

4. Una anotación final.  

La  Sala  eleva  un  respetuoso  aun  cuando  vehemente  llamado  de atención a los funcionarios judiciales que intervinieron  en  la  actuación,  pues  a  no  dudarlo  el trámite adelantado en el presente  asunto  no  constituye  un ejemplo a seguir, como que aunado a que el expediente  permaneció  durante  seis  años ante el juez de conocimiento quien no declaró  la  prescripción  de la acción penal no obstante haberla reconocido, igual, se  advierten irregularidades censurables.   

Si la Fiscalía General de la Nación acusó a  Hoyos  Gil  por el delito de  homicidio,  agravado  bajo  la  circunstancia  contemplada  en  el numeral 3 del  artículo  324  de  la  Ley  100  de  1980  (vigente  al momento de los hechos),  calificación  jurídica  que no comportó variación alguna en la audiencia, lo  propio  sería  que  el  juez  adoptara  decisión  respetando tal calificación  jurídica,  o,  hacerlo  por  una  conducta de menor entidad, si era que así lo  consideraba  y  como  finalmente  ocurrió  al  tasar  la  pena por un delito de  homicidio simple.   

Sin  embargo,  en  uno  u  otro  caso,  se le  imponía  exponer  la  razón  de  tal  actividad,  y no como sucedió ya que no  obstante señalar:   

“…”El   homicidio  se  encuentra  reprimido  con pena de prisión de 13 a 25 años de prisión, en el Art. 103 del  Código  penal,  ley 599 del 2000, con circunstancias de agravación punitiva de  que  trata  el  Art.  104  No  7,  la  pena  se  tasará  entre 25 y 40 años de  prisión”.   

Tal forma de exponer, conllevaría a sostener  que  la tasación de la pena lo sería para un delito de homicidio agravado, sin  embargo  a  la  hora  de  materializar  tal actividad, se quedó en un homicidio  simple.   

En  ello, descansa el lamento de la Sala, sin  que  igual se ofrezca dable soslayar que impedido estaba el juez de condenar por  el  homicidio agravado, como que la circunstancia imputada en la acusación y la  derivada por el juez se ofrecían distintas.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero.-        Declarar  la  extinción  de la acción penal y la cesación de todo  procedimiento   a   favor  de  Germán  Segundo  Hoyos  Gil  por  razón del cargo de porte ilegal de armas de  fuego de defensa personal.   

Segundo.-  INADMITIR  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  Germán Segundo Hoyos Gil.   

Tercero.-     Casar     oficiosa     y  parcialmente  la  sentencia  impugnada  para imponer a  Germán    Segundo    Hoyos    Gil,    quien  fue  condenado  por  el  delito  de  homicidio  a una pena de  prisión  de  174  meses de prisión, la pena accesoria de inhabilitación en el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por un término legal de diez (10)  años.  En todo lo demás la sentencia permanece incólume.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso.   

Cuarto.-        Expedir   las   copias   disciplinarias   ordenadas   en   la  parte  motiva.   

En     consecuencia,     DEVOLVER  la  actuación  al  Tribunal  de  origen.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS        

    JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS  MARTÍNEZ               SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

Cita medica  

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                           AUGUSTO                                J.                                IBAÑEZ  GUZMÁN                     

                                 

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                           JULIO            ENRIQUE          SOCHA  SALAMANCA                  

JAVIER  ZAPATA  ORTÍZ   

                                                                              

         TERESA RUIZ NUÑEZ   

         Secretaria     

1 Cfr.  folios  120-33 cuaderno de primera instancia.   

2 Folios  11-37 cuaderno del Tribunal.   

3 Cfr.  folios  483-494 cuaderno de la Fiscalía.   

4 Cfr.  fl.    1   cuaderno   de   la   Fiscalía   de   segunda   instancia.   

5  Normatividad vigente al momento de los hechos.   

6  Artículo 84 de la Ley 599 de 2000 y 83 Decreto Ley 100 de 1980.   

7 Fecha  en  que  se  profirió la decisión de segunda instancia a cargo de la Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Sincelejo  por virtud del recurso de  apelación interpuesto contra la resolución de acusación.   

8  Radicación 25422, 4 de mayo de 2006.   

9  Sentencia 27494, 27 de mayo de 2009.   

10  “…La  casación  debe  tener por fines la efectividad del derecho material y  de  las  garantías  debidas  a  las  personas  que intervienen en la actuación  penal,  la  unificación  de la jurisprudencia nacional y además la reparación  de    los    agravios    inferidos    a    las    partes    con   la   sentencia  demandada…”.   

11  Sala de casación Penal, 8 de noviembre de 2007, radicación 25123.   

12  Auto del 30 de junio de 2006 (radicado 21.321).   

13 Cfr.  radicación 16.472, 21 de noviembre de 2002.   

14 Cfr.  página 23 decisión de segunda instancia.   

15  Folio 14 fallo del Tribunal.   

16 Cfr.  página 25 sentencia de segunda instancia.   

17 Cfr.  entre otras, radicación 26122, 2 de julio de 2008.   

18  Valoración   que   sí   les  comportó  cuando  de  la  pena  de  prisión  se  trataba.   

19 La  Sala  destaca  que  entró  a  regir  a  partir  de su publicación en el Diario  Oficial, esto es, el 21 de febrero de 1997.   

20  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación  Penal,  radicación  25.700,  sentencia  del 26 de agosto de 2009: “…Este criterio del ejercicio inmediato  de  la  facultad  oficiosa  de  la Sala Penal de la Corte sin previo traslado al  Delegado  de  la  Procuraduría,  hasta  ahora  permanece invariable en procesos  regidos  por la sistemática procesal establecida en los Decretos 2700 de 1991 y  Ley  600 de 2000, e incluso en aquellos tramitados con sujeción a los preceptos  del  nuevo modelo de enjuiciamiento oral, es decir, el previsto en la Ley 906 de  2004”.   

21 Cfr.  radicación 25722, 27 de octubre de 2008.   

22 Sala  de Casación Penal, radicado 23790, 7 de septiembre de 2006.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *