33644(30-06-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso n.º 33644  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

                                  Aprobado acta N° 206.   

Bogotá, D. C., treinta (30) de junio de dos  mil diez (2010).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  FLAVIO   GONZÁLEZ  CRISTANCHO  contra  la  sentencia  del  30  de  octubre de 2009 mediante la cual el Tribunal Superior de  Cundinamarca,  tras revocar el fallo absolutorio proferido el 4 de mayo anterior  por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito de Chocontá, condenó al procesado a las  penas  principales  de  32  meses de prisión y 133.33 salarios mínimos legales  mensuales  de  multa,  así  como  a  la  accesoria  de  inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  igual lapso a la sanción  privativa  de  la  libertad,  como  autor responsable del delito de explotación  ilícita de yacimiento minero y otros materiales.   

HECHOS  

          El  26  de febrero de 2008 miembros del C. T. I. intimaron captura a  FLAVIO     GONZÁLEZ     CRISTANCHO    en  la  vereda  Las  Peñas,  sector  de  San  Luis del municipio de  Guachetá  (Cundinamarca),  sitio  donde  funciona  la  mina  de carbón mineral  denominada  “Carfrocol”,  con    sus    bocaminas    “Cisquera”     y     “El     Tesoro”.  La  aprehensión  obedeció  a  que  el  aludido  fue  hallado  realizando  labores  de  explotación  minera,  sin  contar  para  el efecto con  permiso de la autoridad respectiva.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. En audiencia preliminar realizada el 27 de  febrero  de 2008 ante el Juzgado Promiscuo Municipal de Guachetá, con funciones  de   control   de   garantías,   se   legalizó   la  captura  de  GONZÁLEZ  CRISTANCHO. En esa diligencia la  Fiscalía  le  formuló  imputación  por  el delito de explotación ilícita de  yacimiento  minero,  aun  cuando  el  juez se abstuvo de afectarlo con medida de  aseguramiento.   

2.  Presentado  escrito  de  acusación  y  resuelto   impedimento  promovido  por  el  juez  de  conocimiento  al  cual  le  correspondió  inicialmente  la  actuación, el 14 de octubre de 2008 el Juzgado  Penal  del Circuito de Chocontá llevó a cabo la audiencia de acusación, en el  curso  de  la  cual la Fiscalía atribuyó al imputado el delito de explotación  ilícita  de  yacimiento minero y otros materiales, previsto en el artículo 338  del Código Penal.    

3.  La audiencia preparatoria la realizó el  19  de  noviembre  siguiente y el juicio oral lo inició el 27 de enero de 2009,  culminándolo  el  24  de  marzo  postrero con el anuncio del sentido del fallo,  precisando que sería de carácter absolutorio.   

4. La sentencia la profirió el 4 de mayo del  precitado   año,   contra  la  cual  interpusieron  recurso  de  apelación  la  Fiscalía,  el  Ministerio  Público  y  el  apoderado de las víctimas. Como se  reseñó  en  el  acápite inicial, el Tribunal Superior de Cundinamarca revocó  la  decisión  de  primera  instancia,  condenando  al  procesado a las penas ya  reseñadas,  ante  lo  cual  el  defensor promovió el recurso extraordinario de  casación.   

LA  DEMANDA   

          Con  fundamento en la Ley 906 de 2004, la defensa formula dos cargos  contra  la  sentencia  del Tribunal, el primero por violación directa de la ley  sustancial y el segundo por violación indirecta.   

          En     el    primer    cargo,   luego   de  sostener  que  “la  vía  adecuada  para  plantear  en  casación  el fenómeno jurídico de aplicación o  interpretación  de  una  norma constitucional o legal… es la nulidad derivada  del  artículo  29  de  la Carta Política”, sostiene  que  el  Tribual  profirió  la  sentencia  de  condena  sin tener en cuenta los  procedimientos  previos  establecidos  en los artículos 306 y ss. de la Ley 685  de  2001,  los  cuales  están  relacionados  con  los  amparos  administrativos  mineros, de competencia exclusiva de los alcaldes municipales.   

          Considera  que  antes de iniciarse la investigación debió también  tenerse  en  cuenta  la  calidad bajo la cual el procesado se desempeñaba en la  mina  donde  fue capturado, así como establecer si el área en que se encuentra  la  misma está dentro de algún título minero inscrito en el Registro Nacional  de la materia.   

          En  el  anterior  sentido, argumenta que en el juicio oral demostró  con  pruebas  documentales y testimoniales que el acusado no era responsable del  delito  objeto de atribución, pues actuaba en calidad de empleado o subordinado  de  la  sociedad  cooperativa  Porvenir  Colombia  y, además, el área donde se  encontraba  corresponde  a la solicitud de legalización No. EKK-161 radicada en  la  autoridad  Minera  Nacional,  teniendo  así  derecho  a los “beneficios  determinados  en el artículo 165 de la Ley 685 de 2001,  dado  que el beneficiario de dicha legalización había autorizado a los dueños  de  la  explotación”  y  el  amparo  administrativo  minero  por  él  solicitado  con  base en el título C-3-081 estaba en curso al  momento  de  la  captura,  sin  que  se  hubiese  para  entonces  practicado  la  diligencia  establecida  en  el capítulo 27 del Código de Minas, de manera que  no   resultaba   procedente   ni   la   aprehensión   ni   la   imputación  de  cargos.   

          En  esas  condiciones,  considera  que  en este caso se incurrió en  irregularidad  generadora  de  invalidez  procesal,  por cuya razón solicita se  declare  la  nulidad  desde la diligencia realizada el 27 de febrero de 2008 por  el Juez Promiscuo Municipal de Guachetá.   

          En    el   segundo   cargo   empieza  señalando  que la sentencia se fundó en pruebas obtenidas  ilegalmente,  amén  de  que  en  la  valoración  probatoria allí efectuada se  incurrió  en  cuatro  errores  de  hecho  en  relación  con el “factor de la culpabilidad”.   

          Dichos  yerros,  según  dice, ocurrieron por apreciación errónea,  el  primero  en  relación  con  la “circunstancia de  realizar  la  captura  en  flagrancia  sin el cumplimiento de los procedimientos  previos”  previstos  en  el  Código  de  Minas.  El  segundo  respecto  “de la circunstancia de que en el  momento  de  los  hechos  el sentenciado estuviese desarrollando la actividad de  explotación   ilícita”,   lo   cual   sirvió  de  fundamento  para  predicar  el propósito de ilegalidad. El tercero en relación  con  “las  circunstancias  relativas a la naturaleza  desplegada  por  mi  defendido utilizado para inferir que con este se pretendía  una  explotación  ilegal de yacimiento minero”. Y el  cuarto   “de  la  circunstancia  de  que  la  prueba  obtenida  por  los  funcionarios  del  C.T.I.  con  la  cual  se  determinó  la  ocurrencia  de  los  hechos  en  el  sentido  de  establecer que daba lugar a la  presencia      de      culpabilidad     en     el     agente”     (sic).    

          Para  el  libelista,  la  incorrecta  apreciación  de los medios de  prueba  condujo  a  la  aplicación indebida del artículo 338 del Código Penal  que  tipifica el delito de explotación ilícita de yacimiento minero, así como  el  artículo  22  ibídem que trata de la culpabilidad dolosa. De igual manera,  añade,  se  incurrió  en la falta de aplicación del artículo 12 de la citada  codificación,  norma  que  proscribe  toda  forma  de responsabilidad objetiva.   

          En  tal  virtud, pidió casar la sentencia impugnada y, en su lugar,  proferir la de reemplazo de carácter absolutorio.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

La Corte no deja de insistir en señalar que  la  demanda  de  casación no es un escrito de libre elaboración sino que, dado  el  carácter  extraordinario  de ese recurso, debe cumplir unos presupuestos de  adecuada  y  lógica  fundamentación,  sin  los  cuales el libelo no podrá ser  admitido.           

         

          Esos  presupuestos, en el esquema procesal contemplado en la Ley 906  de  2004, surgen de lo dispuesto en los artículos 183 y 184, inciso segundo. La  primera  de  dichas  normas  exige  al censor presentar la demanda señalando de  manera  precisa  y concisa las causales invocadas y sus fundamentos. A su turno,  la  segunda  establece  que  no  se  seleccionará el libelo cuando, entre otros  casos,  se  prescinde  de  señalar  la causal o no se desarrollan los cargos de  sustentación.   

          Al  amparo de las mencionadas disposiciones la Sala ha expresado que  en  la  nueva  sistemática procesal penal al demandante le corresponde también  satisfacer,   al   formular   los   respectivos   cargos,   las  pautas  fijadas  tradicionalmente  por  la  jurisprudencia  frente  a cada una de las causales de  casación establecidas por la ley.   

          Al  examinarse la demanda instaurada por el defensor de FLAVIO  GONZÁLEZ  CRISTANCHO, concluye la  Sala   que   la   misma   no   cumple  las  exigencias  de  adecuada  redacción  indispensables   para   su   admisión  y,  antes  bien,  presenta  numerosos  e  insalvables  defectos  que  la tornan inepta para esos propósitos.            

          En  efecto,  el  primer cargo lo  apoya en el numeral 1º del artículo 181 de la Ley 906 de 2004,  es  decir,  denuncia  la violación directa de la ley sustancial. No obstante, a  renglón  seguido  aduce  que  la  vía  adecuada  para plantear en casación un  ataque  de  esa  naturaleza  es  la nulidad, olvidando que la violación directa  constituye   causal   autónoma,   destinada   a  la  acreditación  de  errores  concretados  en  la  falta de aplicación, indebida selección o interpretación  errónea  de una norma sustancial, mientras la nulidad busca, por regla general,  la   invalidación  de  la  actuación  por  la  existencia  de  irregularidades  procesales.  Es  decir,  mientras  la  primera  comporta  vicio in iudicando, la  segunda corresponde a un vicio in procedendo.   

         De  todas  maneras,  se  observa que el actor no atinó a sustentar  adecuadamente  el  cargo  por  ninguna  de las causales que menciona. En efecto,  acorde  con  la jurisprudencia de la Corte, cuando el  ataque   se   fundamenta  en  la  causal  primera  de  casación   le   está   vedado   al   libelista    desconocer   los   hechos  declarados  probados  por  el  sentenciador,  así  como controvertir el mérito  probatorio   asignado   en   el   fallo   a   las   pruebas  incorporadas  a  la  actuación.   

         En   consecuencia,   constituye   obligación  para  el  demandante  presentar   una   discusión   netamente   jurídica   orientada   a  establecer  el  error  de juicio en que  incurrió el fallador.   

          El  demandante  no  acató dicha regla casacional, pues cuestiona al  Tribunal   no  tener  en  cuenta  la  calidad  bajo  la  cual  el  procesado  se  desempeñaba  en la mina donde fue capturado, ni tampoco haber establecido si el  área  en  que  se  encuentra  la  misma  está  dentro de algún título minero  inscrito  en  el Registro Nacional de la materia. Estas afirmaciones se oponen a  las  conclusiones  probatorias de la sentencia de segundo grado, en tanto en esa  pieza  procesal  se  reconoció  que  el  acusado explotaba la mina a título de  administrador  de  terceras  personas  que no contaban con autorización para el  efecto,  cuya  concesión  o  título  minero estaba en cabeza de la firma IMKOQ  S.A.  y  de Jorge Enrique Torres González y Luis Ómar  Torres  González, según asignación de Ingeominas. De  ahí  que  el  ad  quem  haya  concluido en lo siguiente:   

          “Bajo   estas   circunstancias,   puede  afirmarse  que  FLAVIO  GONZÁLEZ  CRISTANCHO  en  su condición no discutida de  administrador  de  las  minas  La  Cisquera  y El Tesoro, en forma dolosa venía  desarrollando  y  dirigiendo  la  explotación ilícita del carbón que allí se  encontraba,  al  tener conocimiento se reitera, que él ni las personas para las  cuales  trabajaba directamente en la condición ya referida, contaba con permiso  de  autoridad  competente  para  el desarrollo de tal actividad propiciando así  una  afectación  indebida  de los recursos naturales no renovables, que como se  sabe  habían  sido  asignados  en  concesión  desde  el  año  2005 a terceras  personas”1.     

          Ahora  bien,  cuando  el ataque busca la nulidad de la actuación la  censura  debe contener, como mínimo, la identificación de la irregularidad, la  expresión  clara  de  sus  fundamentos,  el  señalamiento de si se trata de un  vicio  de  estructura o garantía, la indicación de la norma o normas violadas,  la  mención  del  momento  procesal en donde se presentó la anomalía y de las  actuaciones   afectadas   con   la   misma,  así  como  la  motivación  de  su  trascendencia.   

    

         En  ese  sentido,  se observa que si bien  el  demandante  reprocha  al  Tribunal  proferir  la  sentencia  de  condena sin  cumplirse  previamente los procedimientos previos establecidos en los artículos  306  y  ss.  de  la  Ley 685 de 2001, se abstuvo de fundamentar adecuadamente la  irregularidad  así  planteada,  pues  en  manera alguna acreditó que el amparo  administrativo   regulado  en  dichas  disposiciones,  previsto   a  favor  del  beneficiario  del  título  minero,  constituye  requisito de procedibilidad para  el   adelantamiento   de   la   acción   penal,  presupuesto  que  tampoco lo evidencia la Sala en dicha normativa.   

          En  relación  con lo anterior,  si bien el artículo 309 de la  citada  disposición  legal  establece  que  demostrada  la explotación ilegal,  “se  ordenará  el  desalojo  del  perturbador,  la  inmediata  suspensión  de los trabajos y obras mineras de éste, el decomiso de  todos  los  elementos  instalados  para  la  explotación  y  la entrega a dicho  querellante  de  los  minerales  extraídos” y, así  mismo,  “el  alcalde  pondrá  en conocimiento de la  explotación    ilícita    del    perturbador   a   la   competente   autoridad  penal”,  tal  disposición  no impide que la acción  penal  se promueva una vez se cometan los actos perturbadores, pudiendo entonces  la  justicia  aprehender  al  responsable,  formularle  imputación y condenarlo  penalmente   en   su   momento,   sin   que   se   haya   resuelto  el  trámite  administrativo.   

         En   el   segundo   cargo  el  censor acusa al juzgador de incurrir en violación indirecta de  la  ley  sustancial. Sin embargo, en el desarrollo del cargo no precisa la clase  de  yerro  que  atribuye al sentenciador y menos aún lo fundamenta.   

         Conforme  a la  jurisprudencia  de  la  Sala,  la violación indirecta  proviene  de error de hecho  o    de    derecho,    expresándose   el  primero  en  los  yerros denominados  falso  juicio de existencia, falso juicio de identidad  y   falso   raciocinio,   mientras   el  segundo  en  el    falso  juicio  de  legalidad  y  en  el falso  juicio de convicción.   

         El  actor, al enunciar el cargo, refiere que la sentencia se fundó  en   pruebas   obtenidas   ilegalmente,   con  lo  cual  pareciera  escoger   la   vía   del   error  de  derecho.  No  obstante,  sin  ofrecer  razón  alguna para sustentarlo,  de  inmediato  aduce  que  el  ad quem  incurrió  también  en  cuatro errores de hecho, los  cuales  de  todas  maneras  no identifica, limitándose  a  señalar  que  la apreciación errónea recayó sobre algunas circunstancias,  sin   plantear  argumento  alguno  orientado  a demostrar la presencia de un falso juicio de existencia, de  un    falso   juicio   de   identidad   o   de   un   falso   raciocinio.   

         Al   respecto,   se   recuerda   que   el   primero  de  esos  yerros se presenta cuando el fallador omite apreciar algún  medio   probatorio   o  supone  uno  no  obrante  en  el  expediente.  El  segundo, a su turno, cuando      valora      la  prueba, distorsionando su contenido fáctico para hacerle decir  lo  que  ella  no  expresa,  en  cuanto  la  cercena, adiciona o translitera. Y,  finalmente,  el falso raciocinio ocurre cuando vulnera  los  principios de la sana crítica integrados por las reglas de la experiencia,  los postulados lógicos y las leyes de la ciencia.   

         Se  insiste,  el  libelista  ni indicó en cuál de esas anomalías  incurrió  el Tribunal, ni expresó razonamientos encaminados a acreditar alguno  de ellos.   

         Siendo   así  la  situación,  como  el  principio  de  limitación  que  rige  en  sede  de  casación  impide a la Sala  completar  las  defectuosas  postulaciones  de  los sujetos procesales,  salvo  cuando  se trate de restablecer  derechos  fundamentales,  situación  no  evidenciada  en  este  caso,  la  Corte  inadmitirá  la  demanda  presentada   por  el  defensor  de  FLAVIO  GONZÁLEZ  CRISTANCHO.    

          Cuestión final.   

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación2   

, como sigue:  

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por  cuyo  medio la Sala decida inadmitir la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  – siempre que el recurso  de   casación   no   hubiera   sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial  –,   el   Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o suscrito la  providencia inadmisioria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

          iii)                      Es potestativo del Magistrado disidente, del que  no  intervino  en  los debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien  se  formula  la  insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la  Sala  o  no  presentarlo  para su revisión, evento último en que informará de  ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          iv)                       El  auto  a  través  del  cual  se  inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  FLAVIO  GONZÁLEZ CRISTANCHO,  por las razones expuestas en la anterior motivación.   

        De   conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  inciso  segundo  del  artículo  184  de  la  Ley 906 de  2004 y en los términos referidos en el  acápite   final   de   esta   determinación,   contra   la  misma  procede  la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS  MARTÍNEZ               SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ             

    

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                           AUGUSTO    J.    IBÁÑEZ  GUZMÁN                            

               

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                                       

JULIO  ENRIQUE   SOCHA   SALAMANCA                        JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

              Secretaria     

1  Páginas 25 y 26 del fallo de segunda instancia.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.   

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *