33520(12-05-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso n.º 33520  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

          Magistrado Ponente   

          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

          Aprobado Acta No. 152   

Bogotá  D.C.,  doce (12) de mayo de dos mil  diez (2010).   

VISTOS  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  requisitos  formales que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda de  casación  presentada  por el apoderado de OTTO ABEL ARENAS CARTAGENA, contra el  fallo  de  1°  de septiembre de 2009, mediante el cual el Juzgado Tercero Penal  del  Circuito  de Cartagena, confirmó la sentencia de primera instancia dictada  el  3  de junio del mismo año por el Juzgado Cuarto Penal Municipal de la misma  localidad,   que   lo   condenó   como   autor   del   delito  de  usura.   

HECHOS  

Así  fueron  relatados  por el ad quem:   

“La  presente  investigación  se  inició  en virtud de la denuncia   instaurada por  el  señor MARIO SUÁREZ DELGADO, el día 9 de julio de 2002 en la que ponía en  conocimiento  de  las  autoridades  el  constreñimiento  ilegal  del que estaba  siendo  víctima  el señor OTTO ARENAS CARTAGENA. Refiere que dichas amenazas y  constreñimiento  son  producto  de  un préstamo que el denunciante le hizo por  valor  de  doscientos  veinticinco millones de pesos ($225.000.000) garantizando  dicho  valor  en tres cheques de $100.000.000, $50.000.000 y $75.000.000.000, en  el que se pactó un interés usurero del 4% mensual.   

Comenta en su denuncia que el 19 de abril de  2002,  le  hizo  a  ARENAS CARTAGENA un abono de $40.000.000 a la obligación de  $75.000.000,  pero  sin  embargo valiéndose de su posición dominante y abusiva  tomó  la  suma  de  $15.000.000, para pagarse un dinero que le debía el señor  MARIO  AMAYA  quien  era  su  empleado,  habiendo  expresado  en ése momento el  procesado  que  debía  aceptar  dicho  procedimiento  pues  de  lo contrario lo  mataría.  Posteriormente  sigue diciendo que cuando le quiso pagar el saldo por  $50.700.000,  no  le  quiso recibir el cheque con el argumento de que ese no era  el   valor   adeudado.”   

ACTUACIÓN RELEVANTE  

1.  El  12  de  agosto  de  20021  se  vinculó  mediante  indagatoria  a  OTTO  ABEL  ARENAS  CARTAGENA,  diligencia donde se le  interrogó    de    manera    profusa,   entre   otros,   por   los   siguientes  hechos:   

“PREGUNTADO:  Asegura   el   señor  Mario  Suárez  Delgado  que  usted  lo  ha  constreñido  ilegalmente en tres ocasiones diferentes,   

primero  por  cuanto  cobrándole intereses  usureros   del   4%   mensual  sobre  el  préstamo  que  por  225  millones  de  pesos…(…)   

PREGUNTADO:  Asegura  igualmente  el señor  Mario  Suárez  Delgado  que  el interés del 4% mensual se lo ha venido pagando  religiosamente…”   

2.  El  2  de  diciembre de 20042, la Fiscalía  acusó  a  OTTO  ABEL  ARENAS  CARTAGENA,  como autor del delito de usura  y precluyó la instrucción por los  delitos  de constreñimiento ilegal, amenazas, abuso de  condiciones de inferioridad y extorsión.   

3.  Apelada  por  su  defensor  y enviado el  asunto  a  la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Cartagena, el 5 de  abril de 2006 fue confirmada.   

4.  Remitido el expediente para adelantar la  etapa  del  juicio,  el  14  de  febrero  de  2007 se llevó a cabo la audiencia  preparatoria;   el   13   y   20   de   abril   de   2009  se  verificó  la  de  juzgamiento3,  al  cabo  de  la  cual,  el 3 de junio del mismo año, el Juzgado  Cuarto   Penal   Municipal   de   Cartagena   condenó   a   OTTO   ABEL  ARENAS  CARTAGENA4,      como      autor      del      delito      de     usura  a  la  pena  de  seis  (6) meses de  prisión;  multa  de  mil  (1.000)  pesos;  la  inhabilitación  para ejercer de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo término de la privativa de la  libertad;  al  pago  de  daños  y  perjuicios materiales y morales por valor de  setenta    y    cinco   millones   setecientos   doce   mil   quinientos   pesos  ($75.712.500.oo);  y  le  concedió  la  sustitución  de  la  ejecución  de la  pena.   

5. Inconforme con esta decisión, el defensor  de  OTTO  ABEL  ARENAS CARTAGENA la impugnó y el 1° de septiembre del año que  transcurría,  el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de la misma ciudad la  confirmó5.   

6. En desacuerdo con el fallo, el apoderado  de   OTTO   ABEL   ARENAS  CARTAGENA  interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación.   

LA DEMANDA  

El   recurrente,   bajo   el   título  de  “HECHOS   Y  ACTUACIÓN  PROCESAL:”  realiza  una  reseña  del  trámite  y  tangencialmente  manifiesta  su  inconformidad por la  violación  al  debido proceso y el derecho de defensa del acusado, soportado en  la  omisión  de  la  formulación  de imputación por el delito de usura.   

Controvierte  el  argumento del ad  quem,  cuando  consideró  innecesario  contar  en  el  expediente con la certificación de la Superintendencia Bancaria  previa   a   la  ocurrencia  de  la  conducta  para  acreditar  el  ilícito  de  usura,  dado que al tratarse  de  un  tipo  penal  en blanco se podía tener en cuenta el hecho notorio de los  indicadores  económicos.  De  este  modo  señala,  se  convirtió en parte, en  razón   a  que  sólo  a  éstas,  les  corresponde  alegar  tal  circunstancia  probatoria.   

Expresa,  que contrario a lo declarado en el  fallo,  se  carece de certeza probatoria sobre la responsabilidad de OTTO ARENAS  CARTAGENA  en  la  comisión  de  la  conducta por la que fue condenado, pues lo  acontecido,  corresponde  a  la  celebración  de  diversos  negocios como el de  compraventa  de madera, ajenos a préstamos de dinero a interés monetario entre  el denunciante y el denunciado.   

Bajo  este  marco  formula  las  siguientes  censuras:   

Primer  cargo:  Violación directa de la ley  sustancial.   

-.  En  el fallo se incurrió en aplicación  indebida  del  artículo  191 del Código de Procedimiento Civil, según el cual  todos    los   indicadores   económicos   nacionales   se   consideran   hechos  notorios.   

Destaca,  que  en  materia  penal,  el hecho  notorio  no  se  debe  tener  en  cuenta  por  el juzgador cuando desfavorece al  procesado,   tampoco,   por   tratarse   de   un   tipo   penal   en   blanco  y  adicionalmente   porque en la decisión del juez a  quo tal evento no fue contemplado.   

Afirma  que, esta valoración probatoria por  parte  del fallador, vulnera el derecho de defensa por haber impedido argumentar  o discutir este tema dentro del proceso.   

Controvierte,  que  para  poder  proferir la  resolución  de  acusación por este punible, el fiscal necesitaba contar con la  certificación  de  la Superintendencia Bancaria, la que en ese momento procesal  era  inexistente  en  el  proceso,  pero  luego  del  cierre  de investigación,  ejecutoriado,   con   el   sumario   al   despacho,  el  documento  fue  anexado  irregularmente  y  con base en éste, acusaron y envían al juicio por el delito  de     usura    a    su  defendido.   

Luego, discute,  el juez ad  quem, decide apreciar los intereses a  partir  de  un  hecho  notorio, saca sus propios cálculos y establece una usura  extra  procesal,  los que la defensa no tuvo oportunidad de refutar, al resultar  del   producto   de  sus  operaciones  mentales  aritméticas  plasmadas  en  la  sentencia.   

Concluye, que si el fallador de segundo grado  antes  de  proceder  a declarar la existencia de un hecho notorio, lo hace de la  prueba  legal obrante en el proceso, no habría caído en la falsa confusión de  hallar responsable penalmente al acusado.   

No   eleva   solicitud   concreta   a   la  Corte.   

Segundo cargo: Violación indirecta de la ley  sustancial.   

Los   falladores   incurrieron   en  falso  raciocinio  por  quebranto  de las reglas de la sana crítica en la apreciación  “de  los  testimonios  y  demás  medios  probatorios,  como el de haber omitido  el  análisis  de  otros  medios  de  prueba tales como el dictamen contable del  C.T.I.  que favorece a mi asistido y por consiguiente  la inaplicación del in dubio pro reo.”   

Destaca  que existe duda probatoria, la cual  por  mandato  del  artículo  7°  del  Código  de  Procedimiento Penal se debe  resolver  a  favor  del  procesado  y  así  cumplir  con  la  garantía  de  la  presunción  de  inocencia,  que  hace  parte del debido proceso contenido en el  artículo 29 de la Constitución Política.   

Refiere  que  su  poderdante, desde la etapa  instructiva  y  en  su  intervención  durante  el  juicio  explicó la clase de  negocios  realizados,  los  que  corresponden  a  la  venta  de  maderas, no, al  préstamo  de  dineros  con  interés,  “simplemente  que  le  deben dinero que se lo dio a una persona para  que      trabajara      con      el     y     no     le     cumplió…”;  y  el  juez  dice,  que existe un  mutuo    entre    éste   y   el   denunciante,   razonamiento   que   considera  inadecuado.   

Reseña,  que  en  el  expediente  obra  el  peritaje  del  CTI donde se dictamina la imposibilidad de establecer el monto de  perjuicios,  motivo por el que se debió dictar sentencia absolutoria, pero esta  prueba no fue valorada en el fallo.   

El a quo  dejó  de  apreciar  las circunstancias personales del denunciante  como  son  el  tratarse  de  un  hombre  fracasado  en los negocios, en quiebra,  desesperado  y  rechazado en el gremio comercial, condiciones antagónicas a las  de  su  defendido  quien es una persona próspera, reconocido internacionalmente  en  el comercio, exportador, serio, carente de antecedentes penales y respetuoso  de la ley.   

          Dice,  que  el  fallo desconoció los principios rectores del debido  proceso,  legalidad,  presunción de inocencia al emitir una decisión basada en  conjeturas  y  pruebas  ilegalmente allegadas al proceso, desconoció las reglas  de  la  sana  crítica,  cuando  al avizorar la duda sobre la responsabilidad de  OTTO  ABEL ARENAS, la aplicó en su contra.   

Realiza  critica de los testimonios de Mario  Suárez  y  José  Rigoberto  Bedoya,  respecto  de los cuales afirma no merecen  credibilidad.   

A  título de conclusión alega que de haber  valorado  el ad quem de manera  correcta   la   prueba   testimonial  –no   precisa   cuál-   “no   habría   caído   en  la  falsa  conclusión…  y por ende,  violar la ley por falso raciocinio…”   

No   eleva   solicitud  específica  a  la  Sala.   

Tercer cargo: Nulidad.  

Acusa la sentencia del Juzgado Tercero Penal  del  Circuito  de  Cartagena  por  haber  dictado  el  fallo dentro de un juicio  viciado,  el  cual  se  generó,  en  la  omisión  de  la  formulación  de  la  imputación  por  el  delito  de usura, pues la investigación estuvo encaminada  por  los  delitos  de extorsión, constreñimiento ilegal y abuso de condiciones  de inferioridad.   

Refiere, que se desconoció el debido proceso  y  el  derecho  de  defensa, porque el acusado durante el transcurso del proceso  “…no   tuvo   pleno  conocimiento  de  los  hechos  atribuidos  en  la  resolución  de  acusación y  sentencia…”,  y  de  esta  manera  no  tuvo  consecuentemente, la oportunidad de  defenderse.   

Omite  elevar  una  petición  concreta a la  Corte.   

Cuarto cargo: Nulidad  

Dice el recurrente, que Mario Suárez Delgado  no   denunció   el   delito   de   usura,  punible  que es querellable, deficiencia advertida en el contenido  de  la  denuncia, pues en ella no lo menciona, así, la sentencia está viciada.   

La  noticia  criminal  está  formulada por  constreñimiento  ilegal, sin  que  la  acción  vaya  dirigida  a  investigar  un  posible  cobro  excesivo de  intereses.   

Destaca que los delitos querellables como la  usura  dependen  de la voluntad de las partes y su promoción no es oficiosa, de  esta  manera, resulta extraño que precluida la investigación por otra clase de  ilícitos,  se  proceda por la fiscalía a expedir resolución de acusación por  un punible respecto del cual inexistía la querella.   

Como conclusión refiere, que al quejoso no  le  interesaba  adelantar una acción por cobro excesivo de intereses, por ello,  la sentencia está viciada de nulidad.   

Solicita  casar la sentencia y en su lugar,  se absuelva a OTTO ABEL ARENAS CARTAGENA.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Ante  la  presencia  de variados errores de  lógica  argumentativa,  la  demanda  presentada  por  el apoderado de OTTO ABEL  ARENAS  CARTAGENA  será  inadmitida, conforme lo dispone el artículo 212 de la  Ley 600 de 2000 y por las siguientes razones:   

1.   El  artículo  205  del  Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de 2000),  establece  que  la  casación  procede  por  delitos  que  tengan  señalada  pena  privativa de la libertad cuyo máximo exceda de ocho (8) años,  aún   cuando   la   sanción  impuesta  haya  sido  una  medida  de  seguridad,  procedibilidad  que  se  extiende a los delitos conexos, aunque la pena prevista  para éstos sea inferior.   

El     delito     de     usura   se   encuentra   descrito  en  el  artículo  235 del Decreto Ley 100 de 1980 con prisión de seis (6) meses a tres  (3)  años de prisión y en el artículo 305 de la Ley 599 de 2000, de dos (2) a  cinco (5) años.   

La  precisión  de  las  dos normatividades  resulta  oportuna,  pues  tienen que ver, con el descarte de la viabilidad de la  aplicación  del  principio  de  favorabilidad para establecer la procedibilidad  del  recurso  extraordinario  por  la  vía  ordinaria,  teniendo  en cuenta dos  aspectos  del  factor  temporal,  consistentes  en  que:  i) los hechos tuvieron  ocurrencia  el  22 de mayo de 1999 durante la vigencia del primer estatuto y ii)  las  sentencias  de  primera  y segunda instancia fueron proferidas -3   de  junio  y  1°  de  septiembre  de  2009,  respectivamente-  en rigor del segundo ordenamiento.   

Sin embargo, advierte la Sala, que tanto en  uno  como  en el otro conjunto normativo, para el caso bajo examen, la casación  común  es  improcedente, pues la sanción máxima para esta conducta delictual,  en  los  dos  ordenamientos  sustantivos  no  excede  los  8  años de prisión.   

2.   Por  tanto,  era  necesario  que  el  impugnante  acudiera a la casación excepcional, en los términos del inciso 3°  del   artículo   205   del   Código   de   Procedimiento   Penal  (Ley  600  de  2000),  no  como  un  mero  enunciado,  sino  con la demostración de la necesidad de su acogimiento para el  desarrollo  de la jurisprudencia o la garantía de los derechos constitucionales  que  hubieren  sido  transgredidos en el trámite ordinario del proceso, únicos  motivos  por los que puede ser admitida, pues le corresponde decidir a la Corte,  en   ejercicio   de  la  potestad  que  la  ley  le  otorga,  si  la  concede  o  rechaza.   

No  basta,  sin  embargo,  que el libelista  afirme  sin  respaldo  argumentativo,  que  es  preciso restablecer los derechos  fundamentales  y  se  requiere desarrollar la jurisprudencia, sin indicar algún  tema específico.   

Se  trata  de  dar  a conocer a la Sala las  razones  por  las  cuales  el  demandante  piensa  que  el  recurso de casación  excepcional  debe ser aceptado, razones que no siempre pueden confundirse con el  desarrollo  de  los  cargos  concretos  que se eleven por alguna de las causales  contra  el  fallo  de  segundo  grado, pues si así fuere, no existiría ninguna  diferencia     entre     la    casación    discrecional    y    la    casación  corriente.   

Ello  implica  que  el  estudio  acerca del  aspecto  formal  de  la  demanda  se  efectuará  a posteriori, siempre y cuando  previamente  la  Corte  haya  arribado  a  la  conclusión  de  que es necesario  tramitar,  por  excepción,  el  recurso extraordinario en pro de las garantías  fundamentales o con miras a desarrollar la jurisprudencia.   

3. Cuando se aboga por la efectividad de los  derechos  fundamentales,  al  recurrente le corresponde identificar la garantía  objeto  del  quebranto denunciado, así como la norma superior que la protege; y  vincular  su  afectación  con  las actuaciones del respectivo proceso; esto es,  señalar  en  forma  específica  en  qué  consistió la vulneración alegada y  luego,  a  partir  de  esta plataforma, proponer los cargos en directa conexión  con  los motivos aducidos para la procedencia de la excepcional vía, pues de lo  contrario  haría de la demanda un alegato carente de coherencia argumentativa y  consecuencia lógica.   

En    lo    relativo    al   desarrollo  jurisprudencial,  es  deber  del impugnante indicar si lo pretendido es fijar el  alcance  interpretativo  de alguna disposición, o la unificación de posiciones  disímiles  de  la Corte, o el pronunciamiento sobre un punto concreto que no ha  sido  desarrollado,  o  la actualización de la doctrina, al tenor de las nuevas  realidades   fácticas   y  jurídicas;  y,  además,  es  preciso  resaltar  la  incidencia  favorable  de  la  pretensión doctrinaria frente al caso y la ayuda  que   prestaría   a   la   actividad   judicial,   por   trazar  derroteros  de  interpretación auxiliares de dicha actividad.   

4. En el presente caso, el apoderado de OTTO  ABEL  ARENAS  CARTAGENA,  interpone  la  casación sin desarrollar alguno de los  tópicos  anunciados: Es más, ni siquiera de modo elemental expresa acudir a la  vía  excepcional,  motivo  suficiente  para  desde ya inadmitir el libelo, pues  desconoce  que  el  recurso  extraordinario  exige  profundidad argumentativa en  todos sus aspectos.   

Adicional  a  esta  insalvable omisión, el  escrito  que  contiene la demanda, sufre errores lógico argumentativos que aún  cuando  superada la falencia del basilar presupuesto, conllevaría a su rechazo,  pues   se   vulneran  los  principios  de  claridad,  precisión,  incorrección  material,   identidad,   no   contradicción,  autonomía  y  prioridad  de  los  cargos.   

4.1.  Es así, como para el primer reproche  formulado  por  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial soportado en la  indebida  aplicación  del  artículo 191 del Código de Procedimiento Civil, la  jurisprudencia  de  la  Sala ha venido reiterando, que esta vía de ataque tiene  como  presupuesto el deber del impugnante en aceptar los hechos y la valoración  de  los elementos de persuasión realizada por las instancias, pues el debate se  centra en estricto rigor jurídico.   

Por  ello,  no  resulta  correcto  en  el  desarrollo  de  la  censura  proponer  la controversia probatoria consistente en  señalar  como  irregular, que al momento de la expedición de la resolución de  acusación  por  parte  de  la Fiscalía se contaba con una certificación de la  Superintendencia  Bancaria  sobre el tema de la fijación del interés corriente  autorizado,  pero  que  su  producción  procesal  es  irregular,  por cuanto la  aducción  del  documento  se  verificó  luego  de clausurado y ejecutoriado el  cierre  de  la  investigación,  con  el  expediente al despacho del funcionario  judicial  para  decidir,  como  si  de  argumentar  un  reparo por la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  falso  juicio  de legalidad se tratara,  circunstancias  que  lo  hacen ambiguo y contradictorio, además de entremezclar  otra forma de dislate.   

La  confusión  del  libelista  es tal, que  luego  lleva  la  discusión  al  plano  de  controvertir  al  juez ad  quem,  por  apreciar  el  tema de los  intereses  a  partir  de  cálculos  producto  de  sus  operaciones  mentales  y  aritméticas  plasmadas  luego  en  la sentencia para establecer una usura extra  procesal,  los  cuales  dice,  no tuvo oportunidad de refutar, los que considera  errados,  como si se tratara de plantear un falso raciocinio por desconocimiento  de  las reglas de la sana crítica el que, también deja a medio camino, como un  simple enunciado.   

4.2. Con el segundo cargo ofrecido por falso  raciocinio,  el  galimatías  es aún mayor, pues luego de expresar el quebranto  de  las  reglas  de  la  sana crítica, respecto de las que no dice a cuáles se  refiere  en  la  apreciación  de  testimonios  y medios probatorios que tampoco  identifica,  combina el reproche con lo que podría llegar a ser un falso juicio  de  existencia,  cuando alega, que el tribunal dejó de valorar otros, de manera  específica,  el  dictamen  contable  del  C.T.I.,  todo  presentado  de  manera  fragmentaria y conclusiva, con pleno soslayo de su demostración.   

La contradicción de la postulación se hace  evidente,  pues  olvida  el  libelista que cuando se plantea la primera clase de  error,   es   presupuesto   lógico,  que  con  relación  a  los  elementos  de  conocimiento  sobre  los  que  recae  el  yerro no se discute su existencia y la  valoración  de  ellos por parte del juzgador, pues la controversia se dirige de  manera  exclusiva  en  demostrar que al realizar tal actividad los falladores se  equivocaron  al  tener en cuenta u omitir una regla de la experiencia, principio  de   la   lógica   o   regla   de   la   ciencia,   labor   que   tampoco   fue  emprendida.   

El  principio  de  identidad  exige, que al  elaborar  una  premisa,  dentro  del mismo surco temático no es posible afirmar  que  una  cosa es y no lo es al mismo tiempo. Así, el censor no podía aseverar  que  se  incurrió  en  falso  raciocinio en la valoración de unos elementos de  persuasión   y   a   la   vez   expresar   que  no  fueron  valorados  por  los  sentenciadores.   

También  se  ofrece  oportuno  recordar al  recurrente,   que   la  discusión  probatoria,  conforme  a  la  jurisprudencia  reiterada       de       esta      Corporación6,   resulta   ser   un  motivo  inviable para la casación excepcional.   

Sobre  el  tema  de  manera muy puntual, ha  dicho  la  Corte7:   

“(…)  en  principio,  las  posibilidades  reconocidas  en la jurisprudencia para acceder a la casación discrecional no se  extienden  a  las  hipótesis  planteadas en la demanda, es decir, a discutir la  valoración  judicial  de  los elementos de convicción, porque en esa labor los  jueces   cuentan   con  la  relativa  libertad  que  se  desprende  de  la  sana  crítica,   a   no  ser  que  se  proponga  que  sus  deducciones  son producto de una motivación aparente, falsa o ausente, supuesto  que  determinaría,  en  caso  de  que  se  demuestre  y aparezca concretado, la  consolidación  de  un  quebranto a las garantías, en  cuanto  obedecerían  tales  deducciones  a  la arbitrariedad -ajena a un estado  democrático  y  constitucional-  y  no  a la razón y a la justicia”.  (negrilla  fuera de texto).   

Como se reseña de la demanda, es claro que  el  impugnante  en  los  dos  primeros ataques bosqueja yerros con ocasión a la  valoración  de  los  medios de convicción, donde de manera específica discute  la  declaración  de  un  hecho  notorio  y  la aparente ilegalidad de la prueba  documental  aportada  en  la instrucción  contentiva del certificado de la  Superintendencia  Bancaria  sobre  los  intereses  corrientes  autorizados  y la  omisión   de  los  juzgadores  para  valorar  un  sinnúmero  de  elementos  de  conocimiento,   sin   que  tales  temáticas,  correspondan  a  ninguna  de  las  hipótesis  consideradas por la Sala como susceptibles para ser estudiadas en la  vía discrecional.   

4.3. La tercera y cuarta censura se soportan  en  la  causal  de  nulidad  por  los  motivos  de: i) violación del derecho de  defensa   ante  la  inexistencia  de  formulación  de  cargos  por  los  hechos  constitutivos  del delito de usura y ii) transgresión del debido proceso por el  desconocimiento  del  presupuesto  de  procedibilidad de la acción penal por el  mismo  punible  el  cual  requiere  para su promoción, de querella de parte, la  cual inexiste en la denuncia formulada por Mario Suárez Delgado.   

Encuentra  la Sala, que adicional a carecer  de   desarrollo,   los   dislates   enunciados,   no   soportan  su  corrección  material.   

En  efecto,  de  la necesaria revisión del  expediente,  para  el  primer  evento,  se  verifica  que  el  12  de  agosto de  20028  se  vinculó  mediante  indagatoria  a OTTO ABEL ARENAS CARTAGENA,  diligencia    donde   se   le   interrogó,   entre   otros   temas,   por   los  siguientes:   

“PREGUNTADO:  Asegura   el   señor  Mario  Suárez  Delgado  que  usted  lo  ha  constreñido  ilegalmente   en   tres   ocasiones   diferentes,   primero   por   cuanto  cobrándole  intereses  usureros  del  4%  mensual sobre el  préstamo  que por 225 millones de pesos…(…)   

PREGUNTADO:  Asegura  igualmente el señor  Mario  Suárez  Delgado  que  el interés del 4% mensual se lo ha venido pagando  religiosamente…”   

Para  el  segundo, en la denuncia formulada  por        Mario        Suárez        Delgado9   en   los   hechos   2  y  3  expresa:   

“2.- La persona  a  quien  denuncio me impuso que debía aceptarle como  intereses  por concepto de préstamo el 4% mensual, lo  que  no  fue  posible  lograr que me rebajara, y ante la necesidad de inyectarle  capital  a  mi negocio contra mi voluntad tuve que acceder. Los dichos intereses  vengo   religiosamente   pagándoselos,  sin  que  haya  fallado  un  solo  mes,  y  sin  que  haya  sido  posible que me los rebaje al  interés  corriente bancario, lo que prácticamente me  ha  llevado  a  la  ruina,  ya  que en la fecha de hoy , en que se presenta esta  denuncia   ,   le   he   cancelado   más  de  doscientos  sesenta  millones  de  pesos.   

3.   Fácil   es  apreciar,  que  Arenas  Cartagena,  incrementó  su  capital  a  costa  de afectar el mío. La  usura  voraz  lo ha conllevado a que me haya ocasionado lesión  enorme…”   (negrillas  fuera de texto).   

De  este  modo  se  evidencia que el libelo  además  de la corrección formal, tampoco soporta su corrección material, pues  diferente  de lo afirmado por el recurrente, refulge con claridad que al acusado  sí  se  le  formularon  cargos  por  los cuales fue condenado y respecto de los  hechos  se  cuenta  con  la  denuncia  que  como  querella de parte también los  contiene.   

De  la  misma  manera,  si  el  deseo  del  recurrente  era proponer vicios invalidantes en la misma demanda junto con otras  formas   de   error,   debió   hacerlo   con   acatamiento   del  postulado  de  prioridad10,  según  el  cual,  los cargos deben presentarse de acuerdo con la  naturaleza  de las causales invocadas en el libelo y con las consecuencias de la  incorrección  alegada. En otras palabras, cuando se ataca la sentencia con base  en    la    primera    -violación    de   la   ley  sustancial-      y      tercera      –nulidad-, es  lógico  que  el  reproche  principal debe ser el de nulidad, pues de prosperar,  por regla general, haría inane el estudio de los demás reparos.   

Olvida el demandante que cuando se proponen  varias  causales,  la  lógica  del  recurso  de  casación exige seleccionar en  primer  orden la de mayor alcance, donde las restantes se deberán plantear como  subsidiarias.  Del  mismo  modo,  no es viable mezclar simultáneamente y dentro  del  mismo  cargo  varias  censuras por nulidad en igualdad de condiciones, pues  allí  también  debe  indicar  el orden de preferencias a seguir por la Sala al  momento de realizar el estudio de fondo de la sentencia.   

Igualmente  y  en  materia  de nulidades es  carga  del libelista, indicar a la Sala, al prosperar el ataque formulado, cuál  es  el momento procesal a partir del cual se debe invalidar la actuación. Dicho  de  otra  manera,  desde qué instante del trámite se debe rehacer para superar  el vicio, tarea que tampoco se cumplió.   

5.  Como  reiteradamente  se  desconoce  el  principio  de autonomía, es oportuno recordarle al libelista de la prohibición  al  interior  de una misma censura para entremezclar ataques propios de causales  diferentes,  al tener cada una distintas características y parámetros lógicos  de    demostración    con    diversas    consecuencias   jurídicas11.  Es que la  decisión  a  adoptar  por  la  Corte en caso de prosperidad del cargo formulado  contra  la  sentencia,  debe  compaginar  con  el  motivo  invocado  y  el error  aducido12.   

Esta  incongruencia  se  verifica  en  la  demanda,  cuando  luego  de requerir en los reparos por nulidad, la invalidez de  lo  actuado  a partir de la audiencia del juicio para rehacer el trámite, eleva  como  petición  final  a la sala, se case la sentencia para en su lugar, emitir  otra  donde  se declare la absolución de OTTO ABEL ARENAS CARTAGENA, como si de  convalidar  lo  primeramente  expuesto se tratara, en total exclusión del vicio  denunciado  por omisión en la formulación de cargos por el punible de usura al  acusado    o   la   deficiencia   de   la   querella  como  presupuesto  de  procedibilidad de la acción penal se tratara.   

6.   En  cumplimiento  del  principio  de  limitación   propio   del  recurso  de  casación,  no  le  es  dable  a  la  Corte,  suplir  las omisiones  argumentativas  del  escrito  de  sustentación.  Por  tanto, no puede corregir,  complementar  o  de  cualquier  otra  forma  suplantar  al  casacionista  en  la  construcción  de  la  demanda;  no  obstante,  cuando  atendiendo los fines del  extraordinario   recurso   y   en  procura  de  la  defensa  de  las  garantías  fundamentales   deba   hacerlo,   evento   que   -se  repite- aquí no acontece.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

1.  Inadmitir  la  demanda  de casación presentada por el  defensor   de   OTTO   ABEL   ARENAS   CARTAGENA,  conforme  a  lo  expuesto  en  precedencia.   

         2.    Contra    la    presente    decisión   no   procede   recurso  alguno.   

         

         3.  Cópiese,  notifíquese,  cúmplase y devuélvase al Tribunal de  origen.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ    LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ                                                   SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                   AUGUSTO J.  IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                                        YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS                                                                

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                                        JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria.    

1 Folio  11, cuaderno No. 1.   

2 Folio  157, cuaderno No. 1.   

3  Folios 286 y 285, cuaderno No. 1.   

4 Folio  296, cuaderno No. 1.   

5 Folio  4, cuaderno de segunda instancia.   

6 Autos  de  casación  de de 20 de febrero de 2008, radicaciones No. 29008 y 28767; 5 de  diciembre  de 2007, radicación No. 28564, 26 de septiembre de 2007, radicación  No.  28030,  19  de  septiembre  de  2007,  radicación  No. 28127, entre otros.   

7 Autos  de  casación  de de 20 de febrero de 2008, radicaciones No. 29008 y 28767; 5 de  diciembre  de 2007, radicación No. 28564, 26 de septiembre de 2007, radicación  No.  28030,  19  de  septiembre  de  2007,  radicación  No. 28127, entre otros.   

8 Folio  11, cuaderno No. 1.   

9 Folio  1, cuaderno No. 1.   

10  Sentencia  de  casación  de 8 de noviembre de 2000, radicación No. 14078; auto  de 10 de febrero de 2010, radicación No. 32766.   

11  Sentencia   de   casación   de   22   de   agosto   de  2002,  radicación  No.  11963.   

12  Sentencia   de   casación   de   11   de   julio   de   2002,  radicación  No.  13988.     

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