33216(21-04-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 33216  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado acta N° 120.  

Bogotá,  D.  C., veintiuno (21) de abril de  dos mil diez (2010).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  ARACELLY     DEL    CARMEN    MARTÍNEZ    ORDÓÑEZ    contra  la  sentencia  del  15  de  mayo de 2009 mediante la cual el  Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito  de San Juan de Pasto, al revocar el fallo  absolutorio  proferido el 15 de abril de 2008 por el Juzgado Promiscuo Municipal  de  Sandoná  (Nariño),  condenó  a la procesada a las penas principales de 42  meses  de  prisión  y  $11.424.000  de  multa,  así  como  a  la  accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  idéntico  término  al  señalado  para  la  privativa  de  la  libertad,  como  responsable del delito de lesiones personales.   

HECHOS  

          Los   resumió  el  ad  quem  de la siguiente manera:   

          “Conforme lo obrante en el plenario, se  tiene  que  los  sucesos  fácticos  tuvieron  ocurrencia el día 15 de enero de  2006,  aproximadamente  entre  las  seis  y media y las siete de la noche, en la  carrera  5ª   Barrio  Campo  Alegre  del  municipio  de Sandoná, Nariño,  cuando  la  señora  ARACELLY  DEL  CARMEN  MARTÍNEZ  ORDÓÑEZ  agredió a las  señora  Ruth Rodríguez Guerrero, causándole lesiones en diferentes partes del  cuerpo”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Producida  la  captura  de  ARACELLY  DEL  CARMEN MARTÍNEZ ORDÓÑEZ y  puesta  a  disposición  de  la  autoridad  judicial respectiva, la Fiscalía 27  Local  de  Sandoná  dispuso  el 16 de enero de 2006 la apertura de instrucción  penal,  en  cuyo  desarrollo  la escuchó en indagatoria, al término de la cual  ordenó su libertad.   

2.  Mediante  resolución del 9 de junio del  precitado  año  el fiscal decretó el cierre de la instrucción, calificando el  mérito  del sumario el 13 de septiembre siguiente con resolución de acusación  contra  MARTÍNEZ  ORDÓÑEZ,  por el delito de lesiones personales.   

3. Correspondió tramitar la etapa del juicio  al  Juez  Promiscuo  Municipal  de  Sandoná,  cuyo  titular  llevó  a cabo las  audiencias  preparatoria  y  pública de juzgamiento, tras lo cual puso fin a la  instancia  con la sentencia absolutoria del 15 de abril de 2008, revocada por el  Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito  de  San  Juan  de  Pasto, en virtud de la  apelación  interpuesta  por  el  apoderado  de la parte civil, para en su lugar  condenar  a  la  procesada en los términos señalados en el acápite inicial de  la presente providencia.   

4.  Atendido el sentido del fallo de segunda  instancia,    la    defensa    interpuso    el    recurso    extraordinario   de  casación.   

LA DEMANDA  

          Precisando  que  el  libelo  lo  instaura  por  vía de la casación  excepcional,  el  impugnante  formula  un  único  cargo contra la sentencia del  ad  quem, en el cual denuncia  la  violación  indirecta  de  la  ley  derivada de error de hecho, “por   desfiguración   del   sentido  objetivo  de  la prueba, falso raciocinio, al darle valor probatorio al dictamen  pericial  emitido  por siquiatra forense sin aplicación en su valoración de la  sana  crítica  y debiendo tener en cuenta la totalidad probatoria obrante en el  expediente”.            

          Al  desarrollar  la  censura  precisa  que  el juzgador incurrió en  error  in  procedendo cuando  valoró  la  prueba  pericial  proveniente  del  psiquiatra  forense, pues no la  apreció  en  consonancia con la lógica y con los demás elementos probatorios,  como  es  el  caso  de  la  denuncia  instaurada  por  la  señora  Ruth  del Carmen Rodríguez Guerrero, quien  en  esa  diligencia no aludió al hecho de sufrir algún tipo de padecimiento de  orden  psicológico,  aspecto  frente  al cual la procesada hizo referencia a la  existencia  de  disgustos  públicos  entre  aquélla y su esposo, sin que de la  constancia  expedida  por  el secretario de gobierno municipal de Sandoná pueda  tampoco  inferirse  la  presencia de alguna alteración en la vida laboral de la  denunciante.   

          Señalando  que  la  razón  de la ciencia del dicho de Adriana  Cerón Mora, compañera de trabajo  de  Ruth  Rodríguez,  no es  satisfactoria  porque  no  explica  la  condición a la cual hace referencia, el  actor  sostiene  que  esta  última  incurrió  en  contradicciones  durante  el  desarrollo  de  las  valoraciones  psiquiátricas  a  las cuales se le sometió,  incoherencias              “aparentemente   simples   pero   que  sumadas  todas  dan  una  real  dimensión  de los hechos”.   

Por eso le parece importante tener en cuenta  en  este  caso el dictamen pericial rendido por el médico forense el 7 de marzo  de    2006,    donde   el   perito   manifiesta   no   evidenciar   “en  el  momento del examen componentes  depresivos”,  pese  a  lo  cual     optó     por     remitirla    a    psiquiatría    forense.   

          En  fin,  considera  que de haberse desestimado el dictamen pericial  no  se habría aplicado el artículo 115 del Código Penal sino el artículo 112  ibídem,   pues   la   incapacidad  sería  solamente  para  trabajar,  pero  no  perturbación   síquica   de   carácter  permanente,  conduciendo  así  a  la  imposición de una pena más benévola.   

          Justificó,  finalmente,  la  casación  discrecional señalando que  pretende  una  actualización  jurisprudencial  sobre el punto específico de la  manera  como  debe  realizarse  la  valoración  probatoria,  en particular para  determinar  si  la  prueba  pericial, cuando se trata de dictamen psiquiátrico,  constituye  una  camisa  de  fuerza  para  el  juez, como lo quiere hacer ver el  ad  quem  con  fundamento en  sentencia       de       esta      Corporación1. En su criterio, si bien dicha  probanza  tiene  una  fundamentación científica, su conclusión debe revisarse  con  lupa, pues el perito dispone de una parte de la verdad, pero el juez cuenta  con  una  visión  más  amplia,  provista  por  todos los elementos probatorios  allegados a la actuación.   

PARA RESOLVER SE CONSIDERA  

         

De  acuerdo  con  el  inciso  tercero  del  artículo  205  del  Código de Procedimiento Penal de 2000 y con las pacíficas  decisiones  producidas  al  respecto por la Sala, cuando se acude a la casación  excepcional  o  discrecional  el  recurrente  ostenta la carga de fundamentar la  necesidad  del fallo impetrado, expresando si la finalidad de la impugnación es  desarrollar  la  jurisprudencia  o  preservar  la intangibilidad de los derechos  fundamentales.   

          Al  respecto,  la  Sala  tiene  dicho que si se trata del primero de  esos  aspectos,  al  demandante le corresponde exponer con claridad y precisión  los  motivos  por  los  cuales  debe  intervenir  la  Corte,  ya para proveer un  pronunciamiento  con  criterio  de  autoridad  respecto  de  un  tema  jurídico  especial,  ora  para  unificar  posturas  conceptuales o actualizar la doctrina,  bien  para  abordar  un tópico aún no desarrollado, con el deber de indicar de  qué  manera la decisión solicitada tiene la dual utilidad de brindar solución  al asunto y servir de guía a la actividad judicial.   

          Por   su  parte,  ha  expresado  también  la  Corporación,  si  la  pretensión  del  casacionista  se  orienta  a  asegurar  la  intangibilidad  de  derechos  fundamentales,  tiene  la  obligación  de  demostrar  la violación e  indicar  las normas constitucionales o legales que protegen el derecho invocado,  así  como  su desconocimiento en el fallo recurrido2.   

En  el  caso  objeto  de  estudio,  el actor  señala  que su pretensión es obtener “una            actualización            jurisprudencial” en relación  con  el  tema  de la valoración del la prueba pericial en orden a determinar si  en  tratándose de dictamen psiquiátrico sus conclusiones atan al juez, como lo  quiso  hacer  ver  el ad quem,  cuando  en  realidad  el  perito  tiene  una parte de verdad y es el funcionario  judicial  quien  dispone  de  una visión más amplia, pues cuenta con todos los  elementos probatorios recaudados en la actuación.   

Se  observa,  sin embargo, que sobre el tema  cuya   actualización   jurisprudencial   pretende   el  actor,  la  Sala  tiene  consolidada  una posición invariable, en cuanto ha señalado al respecto que el  juez  cuenta  con  amplias  facultades para ponderar los dictámenes periciales,  limitado  solamente  por  los  principios  de la sana crítica. Precisamente, el  juez  ad  quem  recordó ese  criterio cuando citó el siguiente aparte jurisprudencial:    

          “La  prueba  pericial debe valorarla el  juez  con  apego  a los criterios previstos en el artículo 257 de la Ley 600 de  2000  (vigente  para el momento de los fallos de primero y segundo grado), norma  de    acuerdo    con    la    cual   “[a]l  apreciar  el  dictamen  se  tendrá en cuenta la idoneidad del  perito,  la  fundamentación  técnico-científica  que sustenta el dictamen, el  aseguramiento  de  calidad aplicado, el sistema de cadena de custodia registrado  y   los  demás  elementos  probatorios  que  obren  en  el  proceso…”.   

Resulta incuestionable que los argumentos de  autoridad  científica, técnica, profesional o humanística son de recibo en el  proceso  penal, por la innegable realidad de la división del trabajo y las cada  vez  más  urgentes  especializaciones  en  el desenvolvimiento del hombre en la  sociedad,  el  curso  de  ésta  y el tratamiento de los problemas o conflictos,  empero, lo que no puede aceptarse ni tolerarse es una  actitud  pasiva  o  de  irreflexiva aprobación del fallador frente al dictamen,  dado  que fácilmente puede potenciar y acoger errores de fundamentación en que  haya     incurrido     el     perito    (destaca      la     Sala,     en     esta     ocasión).   

De  modo  que  cuando  el  juez  simplemente  describe  las  premisas  y  se  adhiere  a  las  conclusiones de la pericia, sin  abordar  la calidad epistemológica de las mismas desde el punto de vista de las  reglas  de  experiencia  común o científica, de la probabilidad estadística o  de  la  lógica,  con  más  veras  cuando  un mínimo de cuidado en tal sentido  podría  revelar  un error a la luz de comprobaciones estables difundidas por la  comunidad  científica,  entonces  incurre  en  un  error  de  hecho  por  falso  raciocinio”3.   

Ahora bien, no es cierto que el juzgador haya  “querido” hacer ver lo  contrario  cuando  aludió  a  la  sentencia del 28 de septiembre de 2006. Antes  bien,  su  invocación  se  encaminó  a  resaltar la confiabilidad del dictamen  psiquiátrico  examinado, en la medida de cumplir la exigencia legal de contener  los  elementos de juicio y las investigaciones con las cuales se fundamentan sus  conclusiones,    como    así    se    prohija    en    el   citado   precedente  jurisprudencial.   

Tampoco  es  verdad  que  el  juez  no  haya  apreciado  el  dictamen en conjunto con las demás pruebas allegadas al proceso,  pues,   contrariamente,   consideró  además  las  declaraciones  rendidas  por  Adriana  Mercedes  Cerón  y  Jarold  Danilo Chamarro, así  como  la  constancia  expedida  por  el  secretario  de  gobierno  municipal  de  Sandoná,  pruebas  con  sustento  en  las  cuales,  sumadas  a  la  experticia,  concluyó  acerca  de  la  alteración psíquica sufrida por la denunciante como  consecuencia de las lesiones infligidas por la procesada.   

Lo  anterior  significa  que el libelista no  satisfizo  la  exigencia  argumental  remitida  a  acreditar  que  la  decisión  casacional  requerida reviste la dual utilidad de servir de guía a la actividad  judicial  y  brindar  solución  al asunto, pues, de una parte, el tema sobre el  cual  solicita  el pronunciamiento ya está ampliamente clarificado por la Corte  y,  de  la  otra,  el contenido del fallo impugnado deja ver de forma manifiesta  que el juzgador no se apartó de esa pauta jurisprudencial.   

Por  lo  demás,  olvida el censor que en la  casación  discrecional,  de  acuerdo con el inciso tercero del artículo 205 de  la  Ley  600  de  2000,  se  requiere el cumplimiento de los demás presupuestos  exigidos  en  la  ley  para acceder a ese extraordinario recurso, es decir entre  ellos,  la  estructuración  de  cargos con apego a las causales previstas en el  artículo  207  ibídem  y  bajo  la  satisfacción  de  las  directrices que la  jurisprudencia  de  la  Corte  ha  fijado  respecto  de  cada uno de los motivos  casacionales,  por  cuya  virtud le corresponde denunciar entonces la violación  directa  o  indirecta  de  la  ley  sustancial,  o  la  inconsonancia  entre  la  acusación  y la sentencia o, finalmente, la existencia de algún vicio procesal  con capacidad para invalidar la actuación.   

          En  el  caso  objeto  de  estudio,  si  bien  el  actor  denuncia la  violación  indirecta derivada de error de hecho, desde la misma enunciación de  la  censura deja ver graves y evidentes inconsistencias de fundamentación, pues  indiscriminadamente  refiere  que  el yerro es consecuencia de la desfiguración  del  sentido objetivo de la prueba, por incurrirse en falso raciocinio al violar  el  fallador  los  principios  de  la  sana  crítica, así como por no tener en  cuenta la totalidad de las pruebas recaudadas   

          Es  decir,  confusamente se refiere a las tres modalidades del error  de  hecho  manejadas en sede de casación, pues alude, respectivamente, al falso  juicio  de  identidad,  al  falso raciocinio y al falso juicio de existencia por  omisión.     

Recuérdese  que  el  primero  de  ellos  se  presenta  cuando  el  juzgador  distorsiona  el sentido material de la prueba en  cuanto  la  cercena,  adiciona  o  translitera.  El  segundo,  esto es, el falso  raciocinio  ocurre  si  el  fallador vulnera los principios de la sana crítica,  integrados  por  las  reglas  de  la  experiencia, los postulados lógicos y las  leyes de la ciencia.   

Finalmente, el falso juicio de existencia se  estructura   cuando  el  sentenciador  omite  apreciar  alguna  prueba  legal  y  oportunamente      aportada     (existencia     por  omisión) o cuando para sustentar su decisión inventa  un  medio  probatorio  no  practicado  (existente  por  suposición).   

Como   se   anotó,   el  censor  menciona  indistintamente  los  fundamentos  que caracterizan a las tres clases de errores  de  hecho,  sin  que,  en  todo  caso,  al desarrollar el cargo pueda concluirse  exactamente  a  cuál de ellos se refiere, no siendo, por demás, competencia de  la  Corte  desentrañar  la  voluntad del demandante cuando la expresa de manera  confusa,  ambigua  e intrincada, como acontece en este caso, pues su obligación  es  presentar  la censura en forma lógica y coherente, de modo que no se remita  a duda cuál es su intención.   

Es tan ambiguo el reproche que el impugnante  al   fundamentarlo   atribuye   al   juzgador  incurrir  en  error  in   procedendo,  con  lo  cual  terminó  trasladando  la  postulación  a los terrenos de la causal tercera de casación,  pues  esa  expresión  se relaciona con la existencia de vicios de procedimiento  generadores de nulidad.    

          Como,  en  consecuencia, el libelista no satisface las exigencias de  fundamentación  requeridas  para  la casación excepcional, la Sala inadmitirá  la demanda objeto de examen.   

          Al  margen  de  lo  anotado,  la Corte no avizora la vulneración de  garantías  fundamentales,  que le impongan intervenir oficiosamente, en orden a  preservar su intangibilidad.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR la demanda  de  casación  interpuesta  por el defensor de ARACELLY  DEL CARMEN MARTÍNEZ ORDÓÑEZ.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  estatuto  procesal  penal, contra esta decisión no procede  recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ               SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ             

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                        AUGUSTO                                J.                               IBÁÑEZ  GUZMÁN                            

               

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                                       

JULIO          ENRIQUE           SOCHA   SALAMANCA                        JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

               Secretaria     

1  Se  refiere   a   la   sentencia   del   28   de  septiembre  de  2006,  radicación  26613.   

2 Cfr.  Entre   otros,   auto  del  18  de  abril  de  2007,  radicación  26916,  entre  otros.   

3  Sentencia  del  22  de  mayo  de  2008,  radicación  27357. En el mismo sentido  sentencias  del  7  de  marzo  y 16 de mayo de 2002, radicaciones 14043 y 12843,  respectivamente.     

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