33190(20-01-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n° 33190  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado ponente  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobada Acta N° 07  

                             

Bogotá,  D.  C., veinte (20) de enero de dos  mil diez (2010).   

VISTOS:  

Define la Corte el  impedimento    manifestado    por    los   doctores  William      Eduardo      Romero     Suárez,  Augusto  Enrique  Brunal Olarte  e     Israel  Guerrero  Hernández,          Magistrados    de    la    Sala    Penal   del   Tribunal   Superior   de  Cundinamarca, para conocer  en    segunda    instancia    del   proceso   que   se   adelanta   contra    José   Hugo   Matíz   Obando  por     el      delito      de      violencia  intrafamiliar.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.  El   18  de  febrero de 2009 el Juzgado Tercero Penal Municipal de  Zipaquirá     profirió     sentencia    condenatoria    contra    José  Hugo Matíz Obando por el     delito     de     violencia intrafamiliar.   

2. A la diligencia  de  lectura  de  fallo,  que  había  sido  citada  para  las 2:00 p.m. pero que  realmente  se  inició  a  las  3:50 p.m., no asistió el defensor del procesado  Matíz  Obando,  motivo  por  el cual no pudo presentar el recurso de apelación  contra lo resuelto.   

3. Con motivo de lo  anterior  José Hugo Matíz Obando presentó acción de tutela por violación de  los derechos de defensa y debido proceso.   

4.  La  acción  constitucional  fue  tramitada  y  resuelta  por una Sala de Decisión Penal del  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca  integrada por los Magistrados William  Eduardo  Romero Suárez, Augusto  Enrique  Brunal  Olarte  e  Israel Guerrero Hernández.   

5.  El  Tribunal  mediante  fallo  de  25 de septiembre de 2009 amparó los derechos fundamentales  del  accionante  y dispuso “dejar sin efecto lo actuado en el proceso a partir  de  la  ejecutoria  del fallo cuya lectura se realizó el 18 de febrero de 2009,  dentro  del  radicado  258996000656200880240 que se adelantó en contra de José  Hugo Matíz Obando”.   

6. En cumplimiento  del   fallo   de  tutela  el  Juzgado  Tercero  Penal  Municipal  de  Zipaquirá  notificó  personalmente la  sentencia  penal  al defensor de Matíz Obando, oportunidad en la que manifestó  interponer  recurso de apelación contra la sentencia de condena, aduciendo como  uno  de los motivos del recurso la irregularidad en el trámite de notificación  del  fallo, motivo por el cual se concedió el recurso ante el Tribunal Superior  de Cundinamarca.   

7. Una vez arribó  la    actuación    al    Tribunal    los           doctores   William  Eduardo  Romero Suárez, Augusto Enrique Brunal Olarte  e    Israel   Guerrero  Hernández,  manifestaron  su  impedimento  porque  fueron quienes resolvieron la  acción  de  tutela  y en el proceso penal deben resolver cuestiones ya tratadas  en  el  en  la  providencia  de  25  de septiembre de 2009 referida supra.   

Por lo anterior,  se  dispuso  el  envío  de  la  actuación  a esta Sala de la Corte para que se  resuelva el impedimento planteado.   

CONSIDERACIONES DE  LA CORTE:   

1. De acuerdo con lo  previsto  en los artículos 57 y 341 de la Ley 906 de 2004, esta Corporación es  competente  para  resolver  el  impedimento  propuesto  por versar en un proceso  adelantado  bajo  el  trámite del sistema penal acusatorio y por tratarse de la  manifestación  que  hace  un  Magistrado del Tribunal Superior de Cundinamarca.   

2. Las instituciones  de   los  impedimentos  y  las  recusaciones  están  fijadas  constitucional  y  legalmente  para  la  preservación  y  defensa  del  derecho  a ser juzgado por  funcionarios  imparciales,  alcanzando  la  categoría  de  derecho  fundamental  porque   hace  parte  del  derecho  a  un  proceso  con  todas  las  garantías,  también   previsto  en  el  artículo  10  de la Declaración Universal de  Derechos  Humanos  y  en  el  artículo 14.1 del Pacto Internacional de Derechos  Civiles     y     Políticos    de    New    York1.   

3.  En esta materia  rige  el principio de taxatividad según el cual solo integra motivo de excusa o  de  recusación  aquel  que  de manera expresa se señala en la ley, lo que hace  exclusión  de la analogía, además que a los jueces les está vedado separarse  por  su  propia  voluntad  de  sus  funciones  jurisdiccionales  y a los sujetos  procesales  no les está permitido escoger a su arbitrio la persona del juez, de  manera  que  las  causas  que  dan  lugar  a  separar  del  conocimiento  de  un  determinado  asunto  a un funcionario judicial no pueden deducirse por similitud  ni  ser  objeto  de  interpretaciones subjetivas, en tanto se trata de reglas de  garantía   de  la  independencia  judicial  y  de  vigencia  del  principio  de  imparcialidad del juez.   

4.  Este axioma -o  derecho  a  un  tribunal  imparcial-  derivado  de los artículos 209 y 13 de la  Constitución  Política  en cuanto la función pública de administrar justicia  así  lo reclama lo mismo que el trato igual para todas las personas de parte de  las  autoridades, se ha concebido como esencial del debido proceso en el sentido  que  junto a dos partes parciales, tiene que existir un tercero imparcial,   extraño  a  la  causa y ajeno a las posiciones de intereses de ellas -el juez-,  principio  de alcance general puesto que tiene aplicación en todos los tipos de  procesos      y     sistemáticas     procesales2.   

En  correlación  con  que la jurisdicción  juzga  sobre  asuntos  de otros, la primera  exigencia respecto del juez es  la  que éste no puede ser, al mismo tiempo, parte en el conflicto que se somete  a       su        decisión.       La       llamada       impartialidad, el que juzga no puede ser  parte,  es  una  exigencia elemental que hace más a la noción de jurisdicción  que  a  la  de  proceso, aunque éste implique siempre también la existencia de  dos  partes parciales enfrentadas entre sí que acuden a un tercero impartial,  esto  es, que no es parte, y  que  es  el  titular de la potestad jurisdiccional. Por lo mismo la impartialidad   es  algo  objetivo  que  atiende,  más  que  a la imparcialidad y al ánimo del juez, a la misma esencia  de  la  función  jurisdiccional, al reparto de funciones en la actuación de la  misma.  En  el  drama  que  es el proceso no se pueden representar por una misma  persona  el  papel de juez y el papel de parte. Es que si el juez fuera también  parte  no  implicaría principalmente negar la imparcialidad, sino desconocer la  esencia  misma  de  lo  que  es  la  actuación  del  derecho  objetivo  por  la  jurisdicción     en     un     caso     concreto3.   

5.  Con  razón  a  dicho la Corte Interamericana de Derecho Humanos que   

la  imparcialidad  exige  que  el  juez que  interviene  en  una  contienda  particular  se aproxime a los hechos de la causa  careciendo,  de  manera  subjetiva,  de  todo  prejuicio y, asimismo, ofreciendo  garantías  suficientes de índole objetiva que permitan desterrar toda duda que  el  justiciable  o  la  comunidad  puedan  albergar  respecto  de la ausencia de  imparcialidad4.   

6. Para asegurar ese  apotegma  con  el  fin que las decisiones que se adopten durante el curso de los  procesos   que   conocen   los   jueces  respondan  a  la  independencia  de  la  administración  de justicia y el derecho fundamental de los asociados a obtener  un  fallo  proferido por un tribunal imparcial, se han instituido los mecanismos  del  impedimento  y  las  recusaciones  en  virtud  de  los  cuales el juez debe  separarse  del  conocimiento  de aquellos casos en donde por entrar en conflicto  sus  propios intereses o haber conocido en el fondo del asunto, se pierde el fin  de la recta administración de justicia.   

7.  La  Ley 906 de  2004  ha  establecido causales impeditivas que se refieren a posibles relaciones  del  funcionario  judicial  y  el objeto del proceso5   como   la   del   juez  que  cumpliendo  funciones de control de garantía quedará impedido para conocer del  fondo  del  asunto (arts. 39 y 56, numeral 13, Ley 906 de 2004) o cuando el juez  haya  conocido  de  la  solicitud de preclusión formulada por la Fiscalía y la  haya  negado,  caso  en  el cual quedará impedido para conocer del juicio (art.  56,  numeral  14, y art. 335) o la de los Magistrados para conocer la acción de  revisión   cuando  hayan  suscrito  la  decisión  objeto  de  la  misma  (art.  197)6. Como dice Montero Aroca,   

se trata de una lista cerrada de situaciones  objetivadas  que  convierten  al operador judicial en sospechoso, de modo que la  concurrencia  de  una  de ellas obliga al juez a abstenerse de conocer el asunto  en  aras  de  la  imparcialidad  que  debe  imperar  en  las  decisiones  de  la  justicia7.   

8.  La  causal  de  impedimento  invocada  en  el  sub examine,  está  prevista  en  el  artículo  56 numeral 4° del Código de  Procedimiento Penal, en los siguientes términos:   

Que el funcionario judicial haya  sido  apoderado  o defensor de alguna de las partes, o sea o haya  sido  contraparte  de  cualquiera  de  ellos, o haya dado consejo o manifestado    su    opinión   sobre   el   asunto   materia   del  proceso.   

9.  Los Magistrados  que  exteriorizaron  su  impedimento  lo  basaron en haber expresado su opinión  sobre  los  hechos que ahora debe resolver el Tribunal, porque el asunto materia  de  apelación fue considerado en providencia pretérita en donde se examinó de  fondo  el  problema  jurídico  que  ahora  llega nuevamente al conocimiento del  ad quem.   

10.  Frente a esta  causal  impeditiva  la  Corte ha precisado desde antaño que se configura por lo  general  cuando  ha  sido  emitida  extraproceso,  de  donde  deriva que aquella  producida  dentro  de la órbita de sus funciones judiciales, carece de eficacia  para  excusar  al funcionario de conocer del asunto. Tal entendimiento que asoma  lógico,  como quiera que siendo el mismo ordenamiento jurídico quien impone al  funcionario  judicial  como deber legal, adoptar las decisiones correspondientes  en  los  asuntos  de  su competencia, en las cuales plasma su criterio sobre los  temas  debatidos,  los  conceptos  así  emitidos,  no pueden tener la virtud de  impedirle el ejercicio de su función en otro proceso.   

No  constituye causal de impedimento aquella  opinión  expresada  por  el  juez  en ejercicio de sus funciones, exceptuado el  evento  de  “haber  dictado la providencia cuya revisión se trata”, porque ello  entrañaría  el  absurdo  de  que  la  facultad  que la ley otorga al juez para  cumplir  su actividad judicial a la vez lo inhabilitara para intervenir en otros  asuntos  de  su  competencia, procedimiento que ni la ley autoriza ni la lógica  justifica8.   

Además, ese concepto extraprocesal del que  se  exige identidad absoluta sobre el objeto de conocimiento, debe presuponer un  razonamiento   con  entidad  suficiente  para  sustentar  la  manifestación  de  impedimento,  esto  es,  que  traduzca  una  motivación profunda, un compromiso  intelectual  que  lo  vincule  a los hechos que son materia de juzgamiento, debe  ser  sustancial,  vinculante,  de fondo, que constituya una barrera que cerca la  prudencia   del   juzgador   y   le   impide   actuar  con  libertad9.   

11.  En el presente  asunto  los  Magistrados  que  hacen  la  declaración de impedimento expresaron  dentro  del  proceso  de  tutela  distinguido  con  el  número  de  radicación  25000220400020090027200,  que  se habían violado los derechos fundamentales del  procesado  al incumplirse el mandato legal de notificar a la defensa debidamente  el fallo de condena.   

12.  Ahora, dentro  del  proceso penal 258996000656200880240, que llega por primera vez al Tribunal,  deben  pronunciase,  entre  otros  problemas  jurídicos,  de  la  irregularidad  derivada  de la ausencia de notificación al defensor de la sentencia de condena  impuesta al procesado José Hugo Matíz Obando.   

13. Se colige de lo  expuesto  que  parte  de  los mismos hechos son puestos en consideración de los  Magistrados  que  se  declaran  en  causal  de  impedimento  porque ya emitieron  opinión sobre la materia jurídica a debatir.   

14.  Y revisada la  exposición  presentada  por los Magistrados en el pretérito pronunciamiento se  encuentra  que la acción de tutela versó sobre las consecuencias jurídicas de  la   omisión   judicial   de   notificar  un  fallo  a  la  defensa,  surgiendo  así  una  barrera  que  afecta  la  prudencia de los  juzgadores y les impide actuar con libertad.   

15.     La  manifestación  de  impedimento  resulta suficiente para verificar la existencia  de  una  condición  que  puede  incidir  sobre el juicio o imparcialidad de los  funcionarios  o,  cuando  menos,  en la confianza de los sujetos procesales y la  comunidad en general acerca de la justicia.   

16.  De acuerdo con  lo  expuesto  en  precedencia  y  como quiera que se configuran los presupuestos  exigidos  por  la causal invocada por los Magistrados para declararse impedidos,  se  tiene  por  fundado  el  motivo  alegado para separarse del conocimiento del  proceso.   

A  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

1°.    DECLARAR    FUNDADO      el     impedimento     manifestado     por     los        Magistrados             los  doctores  William   Eduardo   Romero   Suárez,  Augusto   Enrique   Brunal   Olarte   e   Israel   Guerrero  Hernández,  del  Tribunal   Superior   de   Cundinamarca,   para   conocer   del  recurso  de  apelación    interpuesto   contra   la  sentencia  proferida el 18        de        febrero     de     2009      por     el     Juzgado   Tercero   Penal   Municipal   de  Zipaquirá.   

2°.   DEVOLVER  INMEDIATAMENTE  las  diligencias  al Tribunal de origen a fin de que continúe con  el trámite del proceso.   

3°.  ADVERTIR   que   contra  la  presente  decisión  no  proceden  recursos.   

Cópiese  y cúmplase.   

  JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                                                               SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          MARIA  DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS   

  AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                  JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                                                           JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria.     

1 Por  ejemplo,  María  del  Carmen  Calvo  Sánchez,  «Imparcialidad:  abstención y  recusación  en  la  nueva  Ley de Enjuiciamiento Civil 1/2000, de 7 de enero»,  Responsa     iurisperitorum    digesta,  volumen II, Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 2001,  p. 90.   

2 Art.  73,  Ley  94  de  1938;  art.  78, Decreto 409 de 1971; art. 103, Decreto 050 de  1987;  art.  103, 

Decreto 2700 de 1991, modificado  por  el  art.  15 de la Ley 81 de 1993; art. 99, Ley 600 de 2000; y art. 56, Ley  906  de  2004.  Y,  providencias  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación  Penal,  20 de agosto de 1992, radicación 5044, 23 de marzo de 2000, radicación  14536,  8  de  noviembre  de  2000,  radicación  14078,  7  de  mayo  de  2002,  radicación  19300,  18  de  febrero  de 2004, radicación 21921, 16 de marzo de  2005,  radicación  23374,  30  de  noviembre  de 2006, radicación 26453, entre  otras.   

3 “Es  evidente  que  si  un  juez  puede  ser  también  parte en un proceso que ha de  tramitar  y decidir, aquél no actuaría con imparcialidad, pero con todo lo que  resultaría  vulnerado,  en  primer  lugar,  no sería la imparcialidad, sino el  requisito  de  la  jurisdicción  que  ha  de conocer de asuntos de  otros.  Naturalmente  no  es  lo  mismo  referir  la  alinieta  a la jurisdicción, como  función  del Estado, que al juez, considerado éste como persona, pero también  en  este segundo supuesto lo que  entra en juego no es tanto la parcialidad  como  la  negación  de algo que hace a la esencia de la  jurisdicción, la  denominada    parcialidad.    La   verdadera   imparcialidad,   en   tanto   que  desinterés   subjetivo,  no puede simplemente suponer que el titular de la  potestad  jurisdiccional  no  puede  ser  parte en el proceso de que está   conociendo,  sino  que  implica, sobre todo, que el juez no sirve a la finalidad  subjetiva  de  alguna  de las partes en un proceso, esto es, que su juicio ha de  estar  determinado  sólo  por el correcto cumplimiento de la función que tiene  encomendada,  es  decir,  por  la  actuación  del  derecho  objetivo en el caso  concreto,  sin  que  circunstancia  alguna  ajena  al  ejercicio de esa función  influya  en su decisión”. Juan Montero Aroca, Sobre  la    imparcialidad    del    juez    y   la   incompatibilidad   de   funciones  procesales,  Valencia,  Editorial  Tirant  lo blanch,  1999,  p.  186-188.   “Desde luego la imparcialidad no puede asimilarse a  neutralidad,  porque   al  contrario de otras actividades o disciplinas, la  del  juez  exige  un  compromiso con la verdad y la justicia, que a la postre se  expresa  en  juicio  de valor que cuestionan o controvierten la posición de las  partes”.  José Fernando Ramírez Gómez, Principios  Constitucionales  del  Derecho  Procesal  colombiano,  Medellín, Señal Editora, p. 130.   

4 Corte  Interamericana   de   Derechos  Humanos,  Caso  Apitz  Barbera  y  otros  (“Corte  Primera  de  lo Contencioso Administrativo”) vs.  Venezuela,   Sentencia  de  5  de  agosto  de  2008.  Consultar en http://www.corteidh.or.cr/   

5 Otras  causales  de  impedimento  tienen  que  ver  con las relaciones del juez con las  partes   del   proceso   (art.   56-1-2-3-4-5-9-10-11-15   de   la  Ley  906  de  2004).   

6 Esta  causal  se  refiere  a la posibilidad de error judicial y a la inconveniencia de  que  un  mismo  asunto  sea  examinado  por el juez que profirió la decisión a  revisar.   

7 Juan  Montero     Aroca,     Principios    del    proceso  penal, Valencia, Editorial Tirant lo blanch, 1997, p.  88.   

8 Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, auto de 19 de diciembre de 2000,  radicación 17844.   

9 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  auto  de  19 julio de 2000,  radicación 16947.     

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