33111(21-04-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 33111  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

          Aprobado Acta N°. 120.   

Bogotá D.C., abril veintiuno (21) de dos mil  diez (2010).    

VISTOS  

Se pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  del   libelo   de   casación   presentado   por  el  defensor  de  MARY   LUZ  MONTES,  alias  “Liliana”,   para  sustentar  el  recurso  de  casación  interpuesto contra la sentencia de segunda instancia proferida por el  Tribunal  Superior  de  Manizales  el  26  de mayo de 2009, a través de la cual  confirmó  la  de  primer  grado  dictada el 2 de febrero de 2007 por el Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  la misma sede que la condenó,  junto   a  Héctor  Julio  Loaiza  Pérez,       alias       “Alfonso”,  como  coautora  de  los  delitos  de  homicidio  en persona protegida, homicidio  agravado, terrorismo y lesiones personales agravadas.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Los  hechos  que  motivaron  el  presente  diligenciamiento   fueron   declarados   por   el   Tribunal,  de  la  siguiente  manera:   

“Ocurrieron el  pasado  4  de  marzo  de  2006,  cuando  subversivos  del Frente 47 de las FARC,  incursionaron  en  el  corregimiento de Montebonito, jurisdicción del municipio  de   Marulanda,   Caldas,   y   atacaron   el   Comando  de  Policía  de  dicha  localidad.   En la acción delictiva, resultaron varias personas asesinadas  (civiles  y  servidores  públicos)  y  otras  lesionadas  con  arma  de  fuego,  esquirlas y perdigones.   

Dicha arremetida terrorista, también dejó  innumerables  pérdidas  estructurales  en  las  viviendas y establecimientos de  comercio,  aledaños al comando policial. Finiquitado el ataque, los subversivos  emprendieron  la  huida  y  para asegurarla dinamitaron el puente de la vía que  del  corregimiento  se  dirige hacia la carretera  Panamericana, dejando al  pueblo incomunicado.   

En el lugar de los hechos, los efectivos de  la  Sijín,  encontraron  entre  los destrozos, incontables elementos de prueba,  que  permiten  entender  la  magnitud  de lo ocurrido, ya que se encontraron con  partes  de  cilindros bomba y cartuchos de varios calibres, lo que da a entender  que  para  lograr  su objetivo, ese grupo guerrillero utilizó armamento de alto  poder”.   

Con   fundamento   en   los   anteriores  acontecimientos,  el  14 de septiembre siguiente la fiscalía radicó escrito de  acusación  en  contra  de LUZ MARY MONTES,       alias       “Liliana”,              y     de  Héctor     Julio     Loaiza    Pérez,       alias       “Alfonso”,  pues  según  informaciones  habrían  participado  en  la  toma  guerrillera al  municipio  en  mención, por  los  delitos de terrorismo (art. 343 C.P.), homicidio agravado (arts. 104, nums.  8,    9    y    10    ib.),    lesiones   personales   agravadas   (“por   las   mismas   circunstancias  contempladas  en  el  art. 104 del C.P.”)  y homicidio  en persona protegida.   

El  29 de septiembre de la misma anualidad,  ante  el  Juzgado  Primero  Penal del Circuito Especializado de la misma ciudad,  tuvo  lugar  audiencia  de formulación de acusación en cuyo desarrollo el ente  acusador    ratificó    los    cargos    comprendidos    en   el   escrito   de  acusación.   

Ante   el   mismo  despacho  judicial  se  tramitaron   las        audiencia  preparatoria  y  del  juicio  oral.  Al  finalizar  este última, realizada el 18 de enero de 2007, el  juzgador anunció el sentido condenatorio del fallo.    

Posteriormente,  el  2  de febrero de 2007,  profirió  sentencia,  por  cuyo  medio condenó a LUZ  MARY  MONTES  y a      Héctor      Julio     Loaiza  Pérez  a las penas principales de sesenta (60) años  de  prisión y multa por valor de 3.3316 salarios mínimos legales mensuales y a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones  públicas  por  un  lapso  de  20  años,  al  encontrarlos coautores penalmente  responsables  de los delitos de terrorismo, homicidio agravado (arts. 104, nums.  8,  9 y 10 ib.), lesiones personales agravadas y homicidio en persona protegida.  En  la  misma oportunidad, les negó la suspensión condicional de la ejecución  de la pena y el sustitutivo de la prisión domiciliaria.   

Apelada esta decisión por el representante  del  Ministerio  Público  y  por  la  defensa  de  los  procesados, el Tribunal  Superior  de  Manizales se pronunció el 26 de mayo de 2009 confirmándola, pero  con  la  aclaración,  consignada  en  la  parte resolutiva, de que “en  punto  de  la  indemnización  de  daños  y  perjuicios  y  conforme  se anunció supra, tendrán las víctimas un  término  de  treinta  (30)  días  siguientes a la ejecutoria de esta sentencia  para  que  den  inicio  al  incidente de reparación integral con los consabidos  pretensos”.   

Contra   esta   última   decisión,   de  manera    exclusiva  el defensor de LUZ MARY  MONTES  la  recurrió  extraordinariamente,  mediante  demanda  sobre cuya admisibilidad, en punto del cumplimiento de los presupuestos  de lógica y adecuada argumentación, se pronuncia la Sala.   

LA DEMANDA  

         El  defensor  de  la procesada formula dos censuras contra el fallo  con  fundamento  en  las causales segunda (nulidad por violación del derecho de  defensa)  y  tercera  (violación  indirecta  de  la ley sustancial por error de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad)  del  artículo  181  de la Ley 906 de  2004.   

         Dada   la  similitud  de  yerros  en  los que se incurre en la  formulación  de  las  dos censuras, aun cuando son propuestas con fundamento en  causales  de  casación diversas, se abordará su estudio de manera simultánea,  lo   cual   no   obsta  para  reseñar  algunas  falencias  individuales  de  su  contenido.   

         1.  Primer cargo (principal). Causal segunda (nulidad por violación  del derecho de defensa).     

         Sostiene  el  actor  que  se  transgredió  esta garantía al   haberse  impedido  a su prohijada intervenir como testigo en el juicio oral, con  lo  cual  se vulneró el artículo 29 de la Constitución Política y normativas  de carácter internacional.   

         Señala,  en  la  demostración  del  cargo,  que  disiente  de  lo  expuesto  por  el  juez  de  conocimiento  para  negar la práctica de la prueba  aduciendo  que  no  fue solicitada en la audiencia preparatoria, criterio frente  al cual también se opuso el delegado del ente acusador.   

         Para  el  censor,  el  testimonio de MARY  LUZ  MONTES no era un medio de convicción cualquiera,  en   tanto   “era   el  mecanismo  por  el  cual la procesada podía ejercer de manera eficaz su defensa  material”,  como así lo  entendió  la  Corte  Constitucional  en  la  sentencia SU-014/01 al destacar la  relevancia  de  la  intervención  del procesado en las diligencias judiciales y  desconociendo  el  criterio  de  esta Sala cuando ha insistido en la posibilidad  con  que  cuentan  los  procesados  a renunciar al derecho a guardar silencio en  desarrollo del juicio oral.   

         Con  fundamento  en  lo  expuesto, solicita casar el fallo y, en su  lugar,   declarar   la  nulidad  de  lo  actuado  a  partir  de  esa  audiencia.   

          2.   Segundo   cargo   (subsidiario).   Causal  tercera  (violación  indirecta de la ley sustancial).     

         El  censor  comienza  por  indicar  que  en  el  juicio  oral  se  recibió  el  testimonio de Edison    de   Jesús   Rúa   Cataño,  acreditado  como  veterano  guerrillero de las filas insurrectas, quien luego de  retirarse   fue   acucioso  colaborador  de  los  organismos  de  seguridad  del  Estado.   

         Este  deponente,  añade, en su exposición se refirió a la manera  cómo  en  las  organizaciones insurgentes los combatientes de bajo rango no son  informados  con  anterioridad  por  sus  superiores  de las actividades que va a  desplegar la organización.   

         Esta  situación  fue  la  que,  según  este  deponente,  ocurrió  respecto  de  su  defendida, al decir que, junto con otros recién incorporados,  no cumplió ninguna función en la toma por no estar preparados.   

         Sin  embargo, a juicio del actor esta declaración fue tergiversada  en  su  alcance  por los juzgadores, tornándose ello trascendente, “toda vez que en virtud del escrutinio  hecho  por  el  juzgador  al testimonio del señor Rúa Cataño se determinó la  responsabilidad  de  mi  asistida en calidad de coautora de los punibles por los  cuales      se      le      profirió     sentencia     condenatoria”.   

         Por  razón  de lo anterior, solicita se case el fallo impugnado y,  en    su    lugar,    se   profiera   fallo   absolutorio   en   favor   de   su  defendida.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1. Conforme al inciso segundo del artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  en  el  cual se establecen los presupuestos de  admisión   del  libelo  casacional,  “no  será  seleccionada,  por  auto debidamente motivado que admite  recurso  de  insistencia  presentado  por alguno de los magistrados de la Sala o  por  el  Ministerio  Público,  la  demanda  que  se  encuentre en alguno de los  siguientes  supuestos:   Si  el demandante carece de interés, prescinde de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos  de sustentación,  o  cuando  de su contexto se advierta  fundadamente  que no se precisa del fallo para cumplir alguna de las finalidades  del recurso”.   

El   artículo  183  del  mismo  estatuto  complementa  la  anterior  disposición  al  señalar previamente que el recurso  extraordinario      de      casación      se      interpondrá     “mediante   demanda   que  de  manera  precisa  y  concisa señale las causales invocadas y sus fundamentos”.   

Una  interpretación  armónica  de las dos  preceptivas  permite  colegir  que,  a  efectos  de  su  admisión,  los  cargos  contenidos  en la demanda de casación, como también se exige frente a los más  recientes  estatutos  procesales,  deben contar con una argumentación mínima y  coherente orientada a ofrecer las razones de disenso.   

Además  de  lo  anterior,  como al recurso  extraordinario,  concebido como control constitucional y legal de los fallos, se  lo  dota  ahora  de una función teleológica, en tanto sólo es viable proferir  pronunciamiento  de  fondo  si  se  avizora  necesario  para   cumplir  alguno  de  los  fines  del  recurso,  a  los  cuales  refiere  taxativamente el  artículo  180  ibídem, es  preciso  y  así  lo  ha  reiterado la Corte que ello se demuestre o que, por lo  menos, surja de su contenido.   

Tal   la   razón  para  que  esta  misma  Colegiatura  esté  facultada  legalmente  para,  so  pretexto  de  velar por la  aplicación  de  estos  fines  deba,  cuando  así  sea  necesario,  superar los  defectos  de la demanda para decidir de fondo, según lo prevé el artículo 184  ibídem.   

2.  De  modo  pues  que,  cuando  en  los  reseñados  artículos  183  y 184 se dice que la demanda debe exponer de manera  precisa  y  concisa  sus  fundamentos  y  que  debe  desarrollar  los  cargos de  sustentación,  no  está  diciendo  otra cosa a que la argumentación que sustenta la pretensión debe ser  completa,  esto  es,  que no basta con enunciar el supuesto defecto que derrumba  el  fallo,  sino  su  trascendencia  en  ese sentido, exponiendo las razones que  conducen a esa conclusión.      

Así,  si  se trata de la causal de nulidad  contemplada  en  el  numeral segundo del artículo 181 del estatuto procesal por  desconocimiento  del debido proceso, por afectación sustancial de su estructura  o  por  vulneración  de  garantías  procesales,  invocada a través del primer  cargo   de   la   demanda   presentada   por   el   defensor   de   MARY  LUZ  MONTES, en correspondencia con  el  principio  de trascendencia que rige su declaratoria, ha menester que a más  de  esbozar  el  vicio  que  invalida  el fallo impugnado, demuestre por qué se  justifica acudir a este remedio extremo.   

Y  si  lo  que se plantea es un defecto del  juzgador  en  la  labor apreciativa de las pruebas, causal de casación recogida  en  el numeral tercero de la misma preceptiva por violación indirecta de la ley  sustancial,  postulada  por  el  actor en el segundo cargo de la demanda bajo la  modalidad  del  error de hecho por falso juicio de identidad, que compromete una  probanza  vital  para  sostener  el  fallo,  para  lo cual ha de exponer que las  demás,  de  obrar,  están  despojadas  de  la  entidad o fuerza necesaria para  preservarlo,  por  lo  que  el  sentido  de  la decisión debe mutarse de manera  favorable                    para                    quien                    lo  alega.                  

Pues  bien, es precisamente en este aspecto  de  la  demostración de la trascendencia en donde el actor no realizó esfuerzo  alguno  en  orden  a  derrocar  los  fundamentos del fallo impugnado, tanto para  justificar  el decreto de nulidad de la actuación procesal, como lo pretende en  la  primera  censura,  como  para  concluir  que  se  incurrió en un defecto de  apreciación  probatoria con la entidad de variar lo decidido, según lo propone  en la segunda.   

En  efecto,  recuérdese  que, en el primer  cargo  el demandante expone la necesidad de disponer la nulidad de la actuación  procesal  porque  no  se  recibió  el  testimonio de la procesada y apela, para  justificar  la importancia de esa prueba, a generalidades tales como lo asentido  por        la       Corte       Constitucional1  y  por  esta Sala, acerca de  que  tal  posibilidad,  en el marco del sistema penal acusatorio, constituye una  manifestación    concreta    del    derecho    de    defensa    material    del  procesado.   

La  Sala  en  esta  oportunidad ratifica su  jurisprudencia   en   ese   sentido,  como  así  lo  ha  consignado  en  varias  decisiones2,    pero    ello   no   implica,   per  se,     que  la  ausencia de este medio de prueba desencadene automática e  ineluctablemente  la  invalidez de la actuación, como lo pretende erróneamente  el   defensor   de   MARY   LUZ   MONTES.     

Ciertamente, como también se ha reseñado,  en  tales  eventos  es  preciso  que  el  casacionista  indique  la conducencia,  pertinencia  y  utilidad  de  la  prueba  para  el  caso concreto, además de su  incidencia  favorable  a  los  intereses del procesado frente a las conclusiones  del fallo.    

         Dicho  de  otro  modo: cómo la realización de ese medio de prueba  en   el   caso  concreto  tenía  la  entidad  de  desvirtuar  las  imputaciones  existentes,  fundamentalmente  para  demostrar que la procesada, a diferencia de  lo  que  se  sostiene en los fallos, no fue coautora de los delitos de homicidio  en   persona   protegida,  homicidio  agravado,  lesiones  personales,  también  agravadas  y  terrorismo,  por su intervención en la toma guerrillera llevada a  cabo  por  el  grupo  insurgente  de  la  FARC  al  corregimiento  de  Puente de  Montebonito,  jurisdicción  del  municipio  de  Marulanda, Caldas, el día 4 de  marzo de 2006.   

Nada  dice el casacionista al respecto, con  la  convicción  errada  de que bastaba invocar la importancia general del medio  de  prueba como ejercicio del derecho de defensa material para justificar acudir  al  remedio  extremo  de  la nulidad, sin indicar de qué modo la versión de la  procesada  podía  desvirtuar  los  sólidos  argumentos  del fallo condenatorio  impugnado,  fruto  del  sopesamiento  de  pruebas  acopiadas de forma legal a la  actuación,  especialmente  por  lo  aseverado  por algunos ex integrantes de la  mencionada  organización  al margen de la ley en derredor de la función que la  procesada cumplió en la toma.       

Lo  mismo debe acotarse en relación con la  segunda  censura,  fundada  exclusivamente  en  el  error  de  apreciación  del  testimonio  rendido  durante la audiencia del juicio oral por el ex militante de  las  FARC  Edison  de Jesús Rúa Cataño,  por falso juicio de identidad, sin que nada adujera en relación  con  los  demás  medios  de prueba que también sustentaron el fallo, valorados  principalmente  en  el  fallo  de  primer  grado,  el  cual  conforma una unidad  jurídica inescindible con el proferido por el Tribunal.   

Así, dicha decisión se basó igualmente en  lo  declarado por el también ex integrante del grupo armado al margen de la ley  Fabio    Nelson    Aguirre   Aguirre   y  en  el  del  investigador José Jonson  Gallego,  ante  quien  la  procesada  admitió  haber  intervenido  en la toma cumpliendo la función de repeler una eventual reacción  aérea  de  la Fuerzas Militares.  Sin embargo, sustrayéndose totalmente a  la  obligación  que surgía de involucrarlos en el cuestionamiento, como única  forma   de   lograr   el   decaimiento   del   fallo,   optó  por  soslayar  su  crítica.        

Pero  además,  el  reparo planteado por el  libelista  en  este  reproche  no  se  compagina con la verdadera naturaleza del  error  de  hecho  por  falso  juicio  de identidad propuesto, en el entendido de  que,   como  de manera pacífica lo tiene precisado la Sala, es un error de  contemplación   material   frente   al   medio   de   prueba  originado  en  la  tergiversación o distorsión de su contenido.   

Al  margen  de  la  esencia de este tipo de  yerro,   lo   que  subyace  en  su  exposición  es  su  disentimiento  con  las  conclusiones  del  fallo  tras valorar la prueba y así lo expresa taxativamente  al   señalar  que  “fue  distorsionada    en    sus   alcances…  toda  vez  que  en virtud del escrutinio hecho por el juzgador al  testimonio  el  señor  Rúa  Pacheco  se  determinó  la  responsabilidad de mi  asistida   en   calidad   de  coautora”.   Realmente,  entonces, su pretensión apunta a discrepar de  la  aptitud  demostrativa de la prueba, pero no  a partir de su distorsión  objetiva,  sino  de  su alcance, para lo cual ha debido encaminar la censura por  el  denominado error de hecho por falso raciocinio, corroborando que en la labor  apreciativa  de  la prueba se desconocieron las pautas de la sana crítica, esto  es, reglas científicas, de lógica o máximas de la experiencia.   

Empero,  como  el  actor ninguna referencia  hace  al  respecto,  se tiene que su verdadera pretensión está orientada a que  prevalezca  su  criterio  personal  valorativo  de  la  probanza sobre el de los  falladores,  actitud  incompatible  con la naturaleza extraordinaria del recurso  de   casación   y   que   ninguna   mella   produce   a   las  presunciones  de  constitucionalidad, legalidad y acierto de la sentencia impugnada.   

Las  falencias  indicadas  desdibujan  la  aptitud  argumentativa  de  las dos censuras del libelo, tanto para sustentar su  fundamento  como para desarrollar en debida forma las causales invocadas, razón  por  la  cual  se torna ineludible su inadmisión, de conformidad con lo normado  en los artículos 183 y 184 de la Ley 906 de 2004.   

Sin  embargo,  la  Corte  observa  que  el  sentenciador  de  segundo grado pudo vulnerar el debido proceso y las garantías  que  le asisten a las víctimas, pues, una vez anunciado el sentido condenatorio  del  fallo de primer grado, no se surtió en su totalidad el término consagrado  en  el  artículo  106 de la Ley 906 de 2004 para incoar el respectivo incidente  de  reparación  integral,  situación que no remedió adecuadamente el Tribunal  cuando  advirtió  que una vez lograra ejecutoria el fallo se surtiría el lapso  previsto para tal efecto.   

Por   tanto,  como  ya  lo  ha  hecho  en  pretéritas               oportunidades3,  la  Sala  ordenará que una  vez   cobre  ejecutoria  la  presente  decisión  y  se  resuelva,  en  caso  de  interponerse,  lo relacionado con el mecanismo de insistencia que procede contra  la  providencia  inadmisoria  de la demanda, vuelva el proceso al Despacho de la  Magistrada  ponente  para  de oficio proferir, en su momento, el pronunciamiento  de rigor.   

         

          Cuestión final.   

Habida cuenta de que contra la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación4,    como  sigue:   

         i)                      La  insistencia  es  un  mecanismo especial que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante, dentro de los cinco (5) días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la Sala decida  inadmitir  la demanda de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere  lo  decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno de los Delegados del Ministerio Público para la Casación  Penal  –siempre  que  el  recurso   de   casación   no   hubiera   sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial–, el Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o suscrito la  providencia inadmisoria.   

         ii)                     La solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

iii)          Es potestativo del Magistrado disidente,  del  que no intervino en los debates o del Delegado del Ministerio Público ante  quien  se  formula  la insistencia, optar por someter el asunto a consideración  de  la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en que informará  de ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

iv)          El  auto a través del cual se inadmite  la  demanda  de  casación  trae como consecuencia la firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

         INADMITIR   la   demanda   de  casación  presentada  por el defensor  de   la   procesada   MARY   LUZ  MONTES,     por     las    razones    consignadas    en    la    anterior  motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el inciso segundo del artículo  184  de  la  Ley  906 de  2004 y, en los términos referidos en el acápite  final    de    esta   determinación,   contra   esta   decisión   procede   la  insistencia.   

2.  Ejecutoriada  la  presente  decisión y  resuelto,  en  caso  de  interponerse, el mecanismo de insistencia, volverá  el  proceso  al  Despacho de la  Magistrada  ponente, a fin de que la Sala provea de manera oficiosa acerca de la  posible  vulneración de garantías fundamentales, conforme lo expresado en esta  providencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

           JOSÉ   LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                     SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                         AUGUSTO                                J.                               IBÁÑEZ  GUZMÁN                                   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                          YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                

JULIO         E.        SOCHA  SALAMANCA                   JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Cfr.  Sentencias SU-014 de 2001 y T-589 de 2000.   

2 Por  ejemplo,  se  pueden  confrontar al respecto autos del 29 de julio de 2009, rad.  31519   y  del  26  de  octubre  de  2007,  rad.  27608.       

3 Cfr.  Auto del 2 de septiembre de 2008, radicación 30267.   

4  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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