32910(18-11-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n° 32910  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº 360  

Bogotá  D.C., dieciocho (18) de noviembre de  dos mil nueve (2009).   

V   I   S   T   O   S   

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de  casación  interpuesto  por  el defensor de Albeyro  Rodríguez  Perdomo  contra  la  sentencia  de segunda  instancia  proferida  por  el Tribunal Superior de Neiva, el 8 de junio de 2009,  mediante  la  cual  confirmó  la  dictada  por el Juzgado Segundo Promiscuo del  Circuito  de La Plata (Huila), el 20 de marzo del mismo año, y lo condenó a la  pena  principal de 70 meses de prisión y a la accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo lapso de la  sanción  privativa  de la libertad, como autor de la conducta punible de acceso  carnal abusivo con menor de catorce años agravado.   

H E C H O S  

El   juzgador   de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“Conforme se colige de las diligencias, los  hechos  tuvieron  lugar  el  23 de enero de 2006 cuando la menor M. M. N. -de 11  años  de edad- se encontraba en su vivienda ubicada en la calle 10 No. 9-25 del  municipio  de  La  Plata  (Huila)  y  al salir de la ducha fue halada con fuerza  desde  fuera  de  la  ventana  de su habitación por parte de ALBEYRO RODRÍGUEZ  PERDOMO,  quien con una mano la tomó de la parte superior de la toalla y con la  otra,     le    introdujo    un    dedo    en    sus    genitales    causándole  sangrado”.          

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  los  anteriores hechos, la Fiscalía  Veintitrés  Delegada  ante los Jueces Penales del Circuito de La Plata (Huila),  el  17  de  abril  de 2008, acusó a Albeyro Rodríguez  Perdomo  por  la  conducta  punible  de  acceso carnal  abusivo con menor de catorce años agravado.   

2. La etapa del juicio la tramitó el Juzgado  Segundo  Promiscuo  del  Circuito  de  La  Plata (Huila), que, el 20 de marzo de  2009,  dictó  sentencia  de  primera instancia en la que condenó a  Albeyro  Rodríguez  Perdomo  a  la pena  principal  de  70  meses de prisión y a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el mismo lapso de la sanción  privativa  de  la  libertad,  como autor de la conducta punible de acceso carnal  abusivo con menor de catorce años agravado.   

3.  Apelado  el  fallo  por  el  defensor del  procesado,  el  Tribunal  Superior de Neiva, el 8 de junio de 2009, lo confirmó  en su integridad.   

Contra  la  anterior  decisión,  el defensor  de      Rodríguez      Perdomo      interpuso recurso de casación.   

L  A      D  E  M  A N D  A   D E   C A S A C I Ó N   

El  censor,  basado  en la causal primera de  casación,  según  la  sistemática procesal de la Ley 600 de 2000, presenta un  único   cargo   contra   la   sentencia,   cuyos   argumentos   se  sintetizan,  así:   

Único cargo  

Acusa al Tribunal de haber violado, de manera  indirecta,  la  ley  sustancial por “falso raciocinio  en  la  apreciación de las pruebas que condujo a la aplicación indebida de los  artículos  208  y  211,  numerales  2°  y  4°  del  Código Penal…; lo cual  conllevó  a  la inaplicación del artículo 7°, sobre presunción de inocencia  e  in  dubio pro reo, 232 sobre la prueba para condenar, 236 apreciación de las  pruebas,   244   y   245  inspección  judicial  del  Código  de  Procedimiento  Penal”.   

Anota  que  la  sentencia  impugnada  no  es  acertada,  en  la  medida  en  que  vulneró  el  principio  de confianza que se  encuentra reconocido en la Constitución Política y la ley.   

Agrega que cuando el procesado compareció a  la  diligencia de inspección judicial estaba convencido de su inocencia, motivo  por el cual fue al acto.   

Asevera  que  en  ese  acontecer  la  menor  agredida  rindió versión y, como consecuencia, la fiscal negó “la  posibilidad  del  hecho;  pero  su  comportamiento ulterior, que  tiene  como  venero, no el testimonio de la infante, sino su recelo, su malicia,  deja  constancia  de  lo contrario, contrariando el principio citado y afectando  el  valor  de justicia, el debido proceso y el derecho de defensa, que pública,  patente  y  paladinamente,  surgió, de la actuación desprevenida de la menor y  de él con su participación voluntaria”.   

Manifiesta  que  el  funcionario  judicial  inicialmente  le  otorgó  confianza  al  acusado  y,  por lo mismo, le hizo dar  esperanza  de  su  inocencia;  “dada  la  situación  generatriz,  de  una  expectativa verosímil, razonable y legítima basada en la  autoridad  que con su actuación realizó la fiscalía,  y que dio lugar, a  la  constancia  de  imposibilidad  del  suceso;  donde  la actuación de Albeyro  Rodríguez no puede tener calificativo diferente a la buena fe”.   

Destaca  que la experiencia judicial, según  los  artículos  244,  245 y 246 del Código de Procedimiento Penal, indican que  la  mentada  diligencia  tiene  por objeto verificar los lugares y otros efectos  materiales.  Afirma  que  en virtud a ese mandato el acusado compareció al acto  con  el  ánimo  que  el  elemento  de  juicio  comprobaría  su inocencia, pero  “no   la   subjetividad,   ni  el  capricho  de  la  funcionaria”.   

A  continuación  pasa  a  referirse  a  los  razonamientos  que  se  deben tener en cuenta para otorgar crédito al dicho del  menor agredido.   

Sostiene  que  en  este particular asunto se  debe  restablecer  el derecho vulnerado, habida cuenta que se le profirió fallo  de  condena  con  base  en la inspección judicial cuyas presuntas realidades no  emergen de la prueba.   

Luego  de  reseñar algunos fragmentos de la  inspección  judicial  y de las constancias dejadas en el acta, insiste en que a  su defendido se le vulneró el principio de confianza.   

Anota que no es afortunada la inferencia del  Tribunal,  en  tanto  la  sana crítica no le da el carácter de secundario a la  percepción  directa  del  acusador  “originada en la  versión  de  la  víctima,  cuando ella comporta el núcleo central del aspecto  fáctico  y,  a  ese  aspecto  se  refirió  la  infante,  en  presencia  de  su  progenitora,  a  los pocos días del acontecer, tratándose por consiguiente del  aspecto esencial de la acusación”.    

Después  de  insistir  en  lo anteriormente  expuesto  y  de  referirse  a  los  testimonios  de  Hermes Augusto Mendoza, Ana  Cecilia  Ramos  de  Clavijo  y  Maidy  Yulieth  Rodríguez Naranjo, acota que la  prueba  pericial  y  las  otras  que obran en el proceso no conducen al grado de  conocimiento  de  certeza,  pues aquella se opone a la diligencia de inspección  judicial.   

De  manera  que solicita a la Corte casar la  sentencia      impugnada      y,     consecuentemente,     absolver     a     su  representado.   

CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE   

1.  El  libelo  con  el  cual  se pretende la  casación  de  la sentencia debe ser un escrito lógico tendiente a demostrar el  yerro  denunciado,  razón  por  la  cual  el mismo debe contener la causal, sus  fundamentos  jurídicos  y, por supuesto, la trascendencia frente a las plurales  decisiones adoptadas en el fallo.   

Como quiera que la casación es un recurso de  naturaleza  rogada,  compete  al actor que indique en qué consistió el yerro y  cómo el mismo incidió en el resultado final del proceso.   

Ahora  bien,  en  cuanto  a  la  infracción  indirecta  de  la  ley  sustancial,  motivo  de  la causal primera de casación,  según  la  sistemática  de  la  Ley 600 de 2000, el yerro que se le señala al  juzgador  ocurre  de  manera mediata, es decir, en la elaboración del juicio de  hecho  derivado  de  errores en la apreciación de la prueba, falencia que se ve  reflejada en la aplicación del derecho.    

De  manera que en el plano de la postulación  el  casacionista  debe  enseñar a la Corte  en qué consistió el error en  la  apreciación  de  la  prueba,  es  decir, si fue de hecho o de derecho, como  también  el  falso  juicio  que  lo  determinó,  esto  es,  si  de existencia,  identidad,  raciocinio, legalidad o convicción. Y, por último, debe evidenciar  cómo  el  mentado vicio incidió en la aplicación del derecho, en la medida en  que  se  seleccionó  una norma que no era la llamada a gobernar el asunto o, se  excluyó  otra  que  sí  resolvía todos los extremos de la relación jurídico  procesal.   

En  consecuencia, si la demanda no cumple con  los  anteriores  parámetros  de  lógica y debida fundamentación, sin duda, la  decisión a adoptar es la inadmisión del libelo.   

2.  La  Sala  advierte  que  el  único    cargo    presentado   por   el  casacionista  contra  la sentencia de segunda instancia no reúne los requisitos  de claridad y precisión. Veamos:   

El  actor  postula la censura por la vía del  error  de hecho por falso raciocinio. Sin embargo, se advierte que desconoce los  anteriores   parámetros,  en  la  medida  en  que,  como  lo  ha  señalado  la  jurisprudencia,  debe  enseñar  a la Corte cuál fue la regla de la lógica, el  principio  de  la  ciencia  y/o  la máxima de la experiencia vulnerada, de qué  manera  lo  fue  y  su  incidencia  con  la  parte  dispositiva  de la sentencia  impugnada,  ejercicio  en  el cual se deben tener en cuenta las demás probanzas  en que se fundamentó el juicio de responsabilidad.   

En  el  supuesto que ocupa la atención de la  Sala  si  bien  es  cierto que el censor señala que se vulneró el principio de  confianza,  de  todas  maneras  de su discurso no se advierte que este postulado  forme  parte  de la sana crítica ni tampoco cómo se avasalló en el acto de la  apreciación de la prueba.   

En  efecto,  el  discurso argumentativo sólo  evidencia  una  inconformidad del libelista frente a los resultados obtenidos de  la  diligencia  de  inspección  judicial  y  de la cual se sirvió el fallador,  entre  otras  razones,  para concluir que efectivamente los hechos sucedieron de  la  manera como fue narrada por la víctima, en tanto que el acusado compareció  a ese acto con el objeto de demostrar su inocencia.   

En  otras  palabras, las hipótesis en que se  soporta  el  único  cargo  postulado  contra  la sentencia de segunda instancia  evidencian  una  discrepancia  en torno al resultado de la inspección judicial.  Así  mismo,  el actor muestra inconformidad respecto al mérito que el juzgador  le  otorgó  a la unidad probatoria, pues, en su criterio, no emerge el grado de  conocimiento  de  certeza, sin que se advierta en qué consistió el error en la  estimación de las probanzas.   

En  consecuencia,  el  libelista  no  ofrece  argumentos  que  permitan  a la Corte advertir la existencia del invocado yerro,  razón por la cual la demanda se inadmitirá.   

Vale recordar que del estudio del proceso no  se  vislumbra  violación  de  derechos  fundamentales  o  garantías  de algún  interviniente  que  determine  el  ejercicio  de la facultad oficiosa de índole  legal   que   al  respecto  le  asiste  a  la  Sala  en  punto  de  asegurar  su  salvaguarda.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

          RESUELVE   

INADMITIR la demanda  de  casación presentada a nombre de Albeyro Rodríguez  Perdomo,  por  lo  anotado  en  la motivación de este  proveído.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                          SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Comisión    de    servicio                                                                                           Permiso   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                          JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                        JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                    

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

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